Las Pruebas por Declaración de Parte y la necesidad de superar los fósiles jurídicos


Requisitos para la validez de la confesión



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2.2.2. Requisitos para la validez de la confesión


Como señalamos al comenzar con el desarrollo de los requisitos de la confesión, en ciertas ocasiones la ausencia de alguno de ellos vicia de nulidad la declaración, lo cual implica privar al acto confesional de sus efectos propios, en este caso, probatorios. No es necesario que el juez declare expresamente la nulidad de la confesión, le basta con negarle valor como medio de prueba al tiempo de apreciar el material probatorio.

Sin embargo, esa confesión puede ser saneada. Para ello, es menester que sea sustanciada nuevamente, observando en su génesis todos los requisitos legales, a fin de garantizar su obtención libre de vicios. Si la confesión se obtuvo a través de prueba de posiciones o de interrogatorio libre, el juez, de oficio o a pedido de parte, debe ordenar repetir la diligencia. Dado que se trata de prueba ya decretada o admitida, no queda impedido el saneamiento por haber fenecido los tiempos para solicitar pruebas, si todavía es posible su práctica.

De esta manera, para evitar la nulidad, en la confesión deberán verificarse los siguientes requisitos:

A. Plena capacidad en el confesante, salvo excepción legal: ya vimos que la ausencia total de capacidad en el confesante era causal de inexistencia de la confesión; empero, cuando se trata de incapacidad relativa, era la validez de la declaración la que sucumbía. Es acertado aquí hablar de declaración, puesto que la capacidad no es una exigencia de la confesión que obedezca a una disposición o renuncia directa de un derecho del confesante; sino que se requiere porque la contra se pronuntiatio se incluye dentro del género de las declaraciones, y éstas, en tanto actos jurídicos, tienen como condición de validez ese presupuesto de capacidad.

Cabe preguntarnos entonces, cuál es la capacidad para confesar que se requiere. Y la respuesta no puede ser otra que la misma aptitud civil general o, lo que es igual, la capacidad procesal para demandar y ejecutar actos procesales válidamente.

En el caso de los menores de edad adultos, aquellos que tuvieran entre catorce y dieciocho años de edad (arts. 126 y 127 CC), pueden confesar cuando hayan obtenido autorización de quien ejerce sobre ellos la patria potestad o, si éstos se negaren, venia judicial (art. 282 CC). No obstante, en ambos supuestos, si bien la autorización dada para comparecer a juicio comprende la habilitación para realizar todos los actos procesales que en el marco del expediente puedan requerirse, la confesión sólo es válida con respecto a los hechos que se ventilan en ese concreto litigio autorizado.

Los menores que han obtenido título habilitante para el ejercicio de una profesión pueden, sin necesidad de permiso previo, estar en juicio civil y, por consiguiente, confesar en las acciones vinculadas a ello (art. 128 2° párr. CC). En sentido similar, el menor autorizado para el ejercicio del comercio podrá confesar de conformidad a lo prescripto por los artículos 10 a 12 del Código de Comercio; y, en materia laboral, surge la posibilidad para los menores que sean parte de un contrato de trabajo, de comparecer en el proceso en lo relacionado con dicho litigio laboral (art. 204 Ley 20.744, y art. 34 Ley 18.345).

La modificación introducida por la Ley 26.579 al régimen de minoridad, por la cual se redujo a dieciocho años la edad para alcanzar la plena capacidad civil, quitó aplicabilidad a la institución de la “habilitación de edad”, otorgada a los menores adultos que hubiesen alcanzado los dieciocho años, pues no tiene sentido habilitar a quien ya ha alcanzado la mayoría. Por esa razón, sólo cabe mencionar la emancipación para aquellos menores que contraigan matrimonio con asentimiento de sus padres, de quienes ejerzan la patria potestad sobre ellos, de sus tutores o, en su defecto, del juez (art. 168 CC). Quienes son emancipados por esta vía adquieren plena capacidad, y con ello aptitud para confesar en juicio, salvo en lo relativo a los actos a que hace referencia el art. 135 CC.

Otros incapaces relativos, como los fallidos y concursados no pueden confesar sobre hechos relativos a los bienes desapoderados (art. 1.160 CC, y art. 110 Ley 24522), pero es válida si la confesión tiene por objeto hechos ajenos a la quiebra o al concurso, vinculados a su vida como hombre, como ciudadano, como miembro de una familia. Por otro lado, los penados con prisión o reclusión por más de tres años, quedarán sujetos a las incapacidades que determina el art. 12 del Código Penal91.

Finalmente, en cuanto a los inhabilitados del art. 152 bis del Código Civil, la capacidad para comparecer y declarar en juicio por sí mismo dependerá del tipo de inhabilitación y la limitación de los actos que la sentencia haya establecido. Con relación al caso concreto del pródigo la doctrina ha disentido, ya que para algunos juristas aquel que es declarado interdicto por dilapidador queda excluido de la limitación para confesar, es decir, su capacidad procesal no se vería afectada92; mientras otros autores sostienen la asimilación de este inhabilitado al supuesto del fallido, debiendo declarar a través del curador designado en la sentencia93.



  1. Libre voluntad del confesante: la confesión debe surgir animada por un espíritu libre de coacción física, psíquica o moral que afecte la voluntad de declarar. Cuando la persona declara de modo consciente, es decir, con pleno entendimiento de lo que hace y dice, pero bajo los efectos del dolor, del agotamiento o la coacción moral o psicológica, existe un acto jurídico-procesal de confesión, mas el mismo nace viciado de nulidad. Toda confesión obtenida por medios violentos carece de efectos probatorios, fundamentalmente por lesionar la dignidad humana, pero también por la falta de garantía de seriedad y verdad de esa declaración.

Existe unanimidad en la doctrina respecto del reconocimiento de este requisito indispensable de la confesión. No obstante, algunos autores diferencian el supuesto en el que la coacción sea de tal magnitud que ocasione la inexistencia total de voluntad, de libertad de elección y, con ello, la ausencia de confesión por faltar un mínimo estado de conciencia. Igualmente, en ambos casos se trataría de una prueba ilícita, carente de valor y significado probatorio.

  1. Cumplimiento de las formalidades procesales de tiempo, modo y lugar: por supuesto que ésta es una condición de validez de las declaraciones judiciales, ya que la confesión extraprocesal puede ser realizada en cualquier momento, espacio físico y modo. Más aun, es dable afirmar que en particular el requisito se aplica especialmente a las confesiones provocadas, pues las partes pueden confesar de manera espontánea hasta el tiempo de la sentencia, de modo escrito u oral, sin específicos requisitos formales que hagan a la validez de la prueba.

El requisito de tiempo u oportunidad significa que debe producirse en momento procesal adecuado, esto es, durante toda la etapa probatoria o en diligencia apta y legalmente concedida para ello (v.gr. audiencias de conciliación). Si el juez interroga a las partes en una oportunidad no contemplada por la ley, la declaración carecerá de valor.

El modo de la declaración involucra el conjunto de requisitos formales exigidos por las normas procesales, esenciales para el acto. Sin embargo, consideramos aconsejable que este sea un elemento examinado con un criterio amplio, pues como señalamos en puntos anteriores, la formalidad extrema con la que se revistieron las declaraciones de parte ha atentado contra la efectividad y utilidad del medio probatorio. De manera tal, sólo la carencia de aquellas formalidades esenciales debe ser considerada causal de invalidez; por ejemplo, si la ley prohibiera al juez la interrogación de oficio y, en absoluta contraposición a ello, el magistrado lo hiciera, la confesión sería nula.

Por último, el requisito del lugar no es menos importante, ya que el mismo garantiza la realización en un ámbito seguro e imparcial, evitando prácticas extorsivas, violentas o coactivas, para la obtención de confesiones, actos ilícitos demasiado comunes en algunas épocas. Generalmente la diligencia se practicará en el edificio de tribunales, siendo óptima la designación de un espacio específicamente acondicionado para ello.


  1. Que no existan otras causales de nulidad procesal: en principio, si la confesión reúne los requisitos para su existencia y validez, la nulidad del proceso en el que aquella recae, no afecta a esa contra se pronuntiatio. Mas, en ciertas ocasiones, dada la magnitud del vicio que invalida el proceso, la invalidez se extiende a todos y cada uno de los actos “fruto” de ese “árbol envenenado”, incluso a la confesión resultando igualmente nula.





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