Las masas y la vida musical


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Portia White y el pianista chileno Tapia Caballero figuran entre los artistas cuyas actuaciones son más elogiosamente comentadas.


FRANCIA
La Dirección General de Artes y Letras del Ministerio de Edu­cación Nacional prosigue su tesonera labor por extender la cultura y las actividades musicales a todo el país, rompiendo con la perni­ciosa tradición que hizo de París, tal vez el principal centro musical europeo, pero asimismo la única ciudad de Francia donde se man­tenía con brillo la vida de este arte.

En una información anterior dimos cuenta del plan que se halla en práctica para producir lo que con justeza se ha calificado de una «descentralización del arte lírico. En lo que respecta a la música sinfónica, en estos momentos se procede a la constitución de orquestas de esta clase, con un centenar de ejecutantes por término medio, en las ocho principales capitales de provincia. La mayoría de los miembros que se están seleccionando para estas orquestas son primeros premios del Conservatorio y artistas ya renombrados que asegurarán la alta calidad que se persigue para estos conjuntos. El plan de trabajo cuidadosamente establecido para las nuevas or­questás, asegura la ejecución de un concierto quincenal durante diez de los doce meses del año y su participación en representacio­nes de ópera, audiciones radiales, etc. En el Presupuesto del Mi­nisterio de Educación se han consultado ya las cantidades necesa­rias para subvencionar a las sinfónicas de provincias.


ITALIA
Francesco Malipiero ha sido nombrado Director del Conserva-torio Nacional de Venecia. Recientemente ha sido estrenada una Sinfonía de este maestro en la ciudad de Turín, bajo la dirección de Scherchen.

Luigi Cortese se destaca en la primera línea de grandes músicos de la nueva generación. En 1943, toda la crítica italiana lo concep­tuó como a un verdadero maestro, después del estreno de su orato­rio «David» para solos, coros y orquesta. Al ser liberada Italia, Luigi Cortese, que mantuvo un voluntario retiro de las actividades musicales durante la ocupación alemana, ha ofrecido nuevas obras de su creación, entre las que se encuentran «Prometeo», drama mu­sical en tres actos, un Salmo para canto, piano y pequeña orquesta y numerosas otras composiciones para conjuntos de cámara.

Eri Milál ha comenzado la publicación de la nueva revista «Corriere Musicale», que dirige el crítico F. M. Ciceri. En el pri­mer libro se incluyen trabajos sobre la música inglesa de Locks­peiser y Dent y una selección de cartas inéditas de Bellini. La acre­ditada revista «Rassegna Musicale», que dirige Guido Gatti, ha anunciado su reaparición para fecha inmediata.

En los Festivales Internacionales que han tenido lugar en Ro­ma, se han interpretado, entre diversas óperas del repertorio tradi-

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cional,

INGLATERRA
El acontecimiento musical de mayor importancia que ha tenido lugar en Inglaterra desde el fin de la guerra, lo representa el Vigé­simo Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporá­nea, que se desarrolló durante diez días en los del mes de Julio.

Se inició con un recital de música sacra inglesa, en la Catedral de San Pablo, a cargo del organista Dr. John Dykes Bower. Esa misma tarde, la Orquesta Sinfónica de la B. B. C. dió el primero de sus dos conciertos sinfónicos en el Covent Garden. El programa comprendió «Stadtpfeifermusik» de Richard Mohaupt (Alemania-EE. UU.) dirigido por Gregor Fitelberg, «Tres Preludios Orquesta-les» de Elisabeth Lutyens (Inglaterra), interpretados por Edward Clark, y

Dos conciertos de cámara fueron ofrecidos en el Goldsmith's Hall durante la semana del 8 de Julio. En el primer programa figu­raron obras de Jerzy Fitelberg, de Polonia (Quinto Cuarteto de Cuerdas), Albert Moeschinger, de Suiza (Sonata para Clarinete) y Sten Broman, de Suecia (Segundo Cuarteto de Cuerdas); el coro de la B. B. C., dirigido por Ernest Anserment, ejecutó las «Cancio­nes del Cautiverio» de Luigi Dellapiccola, y el acto terminó con dos obras de bien conocidos maestros: Sonata para Dos Pianos, de Stravinsky, y Cuarteto de Cuerdas, en Mi bemol, de Hindemith. El segundo programa, que fué presentado dos días más tarde, fué compuesto con cuatro obras: el Séptimo Cuarteto de Cuerdas, de Ernst Krenek (Austria-EE. UU.), Pequeño Suite para Violín y Piano de Jos. Zavadil (Checoeslovaquia), el «Cuarteto para el Tiempo Final», de Oliver Messiaen (Francia) y «Oda a Napoleón Bonaparte», para recitante, cuarteto de cuerdas y piano, de Schoenberg. Los participantes, en estos dos conciertos, fueron Frederick Thurston, Kendall Taylor, Joan y Valerie Trimble, Else Cross, Cuthbert Kelly, Richard Zika y Karel Reinel, y los cuar­tetos de cuerdas Aeolian y el Húngaro de Blech.

El Viernes 12 de Julio, la orquesta de cuerdas Boyd Neel cola-



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boró con varios solistas en un Concierto Orquestal de Cámara, también en el Goldsmith's Hall. Boyd Neel dirigió la Sinfonía para Orquesta de Cuerdas, de William Schuman (EE. UU.); se escuchó también la cantata de Webern para soprano, coro y orquesta, in­terpretada por Emilie Hooke y el coro de la B. B. C., bajo la direc­ción de Karl Rankl. La música inglesa estuvo representada en un concierto, el 9 de Julio, dedicado exclusivamente a las obras de Henry Purcell. Este acto fué presentado por Mr. Gerald Cooper, y los solistas fueron Margaret Field Hyde, Ena Mitchell, Alfred Hep­worth y Robert Irwin. En el Oratorio de Brompton, el organista Ralph Downes ejecutó diversas piezas de música religiosa inglesa, el 14 de Julio. El Festival se concluyó al siguiente día, con el estre­no de la nueva ópera de Benjamín Britten, «El Rapto de Lucrecia», en el Glyndebourne Opera House, teatro que reabría sus puertas después de prolongada clausura, impuesta por la guerra. Con este acontecimiento quedó iniciada, por otra parte, la temporada de Glyndebourne. Los directores fueron Ernest Ansermet y Reginald Goodall. No han sido muy numerosos los conciertos sinfónicos en Londres, durante el último mes, debido a las reparaciones con que el Albert Hall está siendo preparado para los Promenade Concerts. La serie realizada últimamente en dicho local, finalizó con la actua­ción de la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por Antal Do­rati, quien desarrolló un variado programa, en el que se incluyeron la Quinta Sinfonía de Tschaikovsky y las Variaciones sobre un Tema de Haydn, de Brahms.

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Los conciertos de música de cámara han sido muy frecuentes en Agosto y Septiembre. Diversos solistas y conjuntos han actuado en el Wigmore Hall casi todas las tardes. El mes de Agosto se inició con un recital de piano por John Hunt, que dió a conocer la Sonata en Re menor, de William Wordsworth. En la misma sala hubo, además, recitales de piano a cargo de Shepherd Munn, James Ching y de la pianista uruguaya Mercedes Olivera. Una semana antes, Antonio Brosa y Gerald Moore habían ejecutado el Dúo Concertante de Stravinsky y el Concierto en Sol menor para violín, de Max Bruch. Janet Hector, la pianista neozelandesa, desarrolló en la Royal Empire Society, un programa compuesto de obras de Handel, Beethoven, Brahms, Fauré y Chopin. También hubo, en el Wig­more Hall, recitales de canto a cargo de Olavi Karmala, Joyce Sutton, Edric Connor, Valentine Aksarova y Frederick Fuller. En el cuadragésimo concierto de música francesa, se escucharon obras de Debussy y Poulenc, ejecutadas por Pierre Barbizet, Genevieve Touraine e Irene Aitoff.


ESPAÑA
Al cerrarse la temporada de conciertos de invierno se señalan como las principales obras estrenadas, de músicos españoles resi-

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dentes en España, las siguientes: Ernesto Halffter, «Dulcinea», farsa heroica para escena (Orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la dirección del autor); Jesús Guridi, «Sinfonía Pirenaica», (Orquesta Municipal de Bilbao, dirigida por el maestro Arambarri) ; Julio Gómez, «Concierto Lírico» para piano y orquesta, (Orquesta Sin-fónica Nacional, con José Cubiles al piano); Beltrán Pagola, «Sin­fonía en Do menor, N.° 2», sobre materiales del folklore vasco (Or­questa Filarmónica de Madrid, dirigida por Pablo Sorozábal) ; Joaquín Rodrigo, «Capricho» para violín, homenaje a Sarasate, in­terpretado por Enrique Iniesta y «A la sombra de Torre Bermeja», para piano, dedicado a Ricardo Viñes, ejecutado por José Cubiles.

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Para sustituir en la dirección del Orfeón Catalán de Barcelona al maestro Francisco Pujol, que dirigió a este conjunto vocal hasta su muerte, ocurrida en fecha cercana, ha sido nombrado Luis María Millet, hijo del famoso músico que fué director y fundador del Orfeón Catalán. Para la subdirección han sido nombrados los maestros Juan Tomás y José Jorge Llongueras.

La Junta Directiva de la Royal Musical Association de Lon­dres, fundada en 1874, acordó por unanimidad nombrar Miembro de Honor al musicólogo español Padre Higinio Anglés, conservador de la Sección de Música de la Biblioteca Central y Director del Ins­tituto Español de Musicología.

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En la Iglesia de Santa María en Elche, templo en el que desde la Edad Media venía celebrándose la representación del famoso Misterio de la Asunción de la Virgen, al que acompaña la más in­teresante muestra de la música vernácula española, se están lle­vando a cabo reparaciones de los daños sufridos por bombardeos aéreos durante la guerra de España. El templo se halla en la zona que dominaba el Gobierno de la República (provincia de Alicante). En la actualidad se procede a la instalación de un órgano monumen­tal, que consta de treinta registros y dos mil tubos.


HUNGRIA
En Budapest se ha fundado una Academia de Música Bartók, consagrada al triple objetivo de proseguir los estudios sobre arte, ciencia y pedagogía de la música que iniciara el prestigioso músico. Como Presidente de la Academia Bartók ha sido nombrado Zoltan Kodály. En el directorio figuran asimismo Sándor Veress y Alexan­der Jemnitz.

El Cuarteto de Budapest se ha constituido con los siguientes



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músicos: Tossy Spivakovsky (violín), Artur Balsam y Andor Fol­des, (pianistas) y Enid Szantho (contralto). Se presentó en el Times Hall de Nueva York, en un concierto organizado por Ameri­can League of Composers. El programa lo formaron primeras au­diciones de obras de Béla Bartók.


UNION SOVIETICA
Sobre la obra maestra de León Tolstoi, (La Guerra y la Paz», ha compuesto Sergio Prokofieff una ópera, estrenada a fines del año pasado. El plan de la ópera presenta una gran originalidad. Consta de un epígrafe coral y obertura sinfónica y de cuatro actos. Los dos primeros corresponden a los tiempos de paz. La acción se concentra en torno al episodio de los amores de Príncipe André Bol­konski y de Natacha Rostova. Los dos últimos actos muestran el cuadro de la invasión de Rusia por el Gran Ejército de Napoleón y la reconquista por las tropas patriotas. Ya en el tercer acto se consagra un cierto número de escenas a pintar el ambiente que pre­cede a la batalla del Moscova, para presentar después la lucha y el incendio de Moscú, con el cuartel general de Napoleón en esta ciu­dad como centro de la acción. Un epílogo o quinto acto, reanuda, con el encuentro del Príncipe Bolskonski con Natacha, estando aquél mortalmente herido, la línea lírica capital del drama. Mien­tras se suceden los cuadros de la famosa retirada y aniquilamiento, de las fuerzas del General del Siglo.

Sobre la partitura de Prokofieff, los críticos soviéticos hacen notar que mantiene una estrecha relación entre los dos géneros clá­sicos de la ópera rusa: el drama lírico de Tchaikowsky y el drama popular de Mussorgski. El espíritu de este genio se hace presente en todas las escenas con grandes masas populares, en el tratamiento de los coros y en su peculiar épica eslava. Los caracteres del Prín­cipe Bolkonski y de Natacha Rostova, los cuadros de ambiente social,— bailes en los grandes salones de Petersburgo y Moscú, es-cenas en las extensas propiedades de la nobleza en el campo,—animan una resurrección del estilo de Tchaikowsky.

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Nikolai Miaskowsky, el fecundo sinfonista que en las días de la guerra compuso su Sinfonía N.° 24, ha estrenado a comienzos de 1946 en Moscú un Cuarteto de Cuerdas que tiene el número de Op. 67, escrito en la tonalidad de Mi bemol mayor. Este cuarteto es el duodécimo de los escritos para cuerdas por Miaskowski. En su estructura se produce conforme a los modelos de la música clásico-romántica; es de advetir, que Miaskowski, aunque en cierto tiempo enrolado en los movimientos de vanguardia, hace años demostró no ser precisamente un compositor extremista, volviendo al cultivo de los grandes géneros sinfónicos y de cámara del Siglo XIX, den­tro de su peculiar lirismo.



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TOCAR CON ESPIRITU
Mi padre no me permite estudiar hasta «matarme>, sino más bien me educa y me forma para llegar a tocar con el espíritu y el alma puestos en las interpretaciones. Respecto a esta cues­tión, se expresó mi padre, en Viena, du­rante una discusión con Andrés Stein, de la siguiente manera: «Según todos los indicios, mi hija Clara llegará a ser una excelente pianista, porque tiene una pulsación segura y un gusto mu­sical propio...

Sin embargo, no quisiera que estu­diara hasta «matarse'ésta es mi expresión—, porque casi todos nues­tros virtuosos han estudiado hasta «matarse'— me refiero, sobre todo, a los pianistas varones—, y el resultado de esta «muerte» es que carecen de alma...».

Mi padre, que había esperado en va-no un cambio por mi parte, volvió a advertir hoy que seguía siendo aún tan perezosa, tan negligente, tan desorde­nada, tan caprichosa, tan desobedien­te, etc., como de costumbre; me oyó tocar de modo tan descuidado las nue­vas «Variaciones» Op. 26 de Hünten, que, desesperado porque no repetí la primera parte, cogió el ejemplar y lo rompió en mil pedazos, diciéndome des­pués que de hoy en adelante no me de­jaría tocar nada más que escalas, los «Estudios» de Cramer y los .Ejerci­cios de trino» de Czerny, anunciándo­me, además, que ya no volverla a dar-me clase. (De Clara a Roberto) ... También he de registrar un fenómeno notable: un padre trajo a mi casa a su hija, maravillosa pianista, alada intér­prete de las más difíciles composiciones; la niña, camino de París, me obsequió con música francesa; para mí, este esti­lo es completamente nuevo y, al pa­recer, requiere una gran perfección in­terpretativa; sin embargo, encontré esta música alegre y ágil; se la sigue con gusto y se escucha con agrado. Como tú conocerás mejor que yo esta música nueva, te ruego que me expliques algo de ella... (De Goethe a Zelter, sobre Clara Schumann).
«PAPILLONS». TARJETA POSTAL
El tiempo está tan deliciosamente lleno de perfumes hoy que lo único que podría desear es un carro hecho de ro­sas, arrastrado por un ejército de ma­riposas, cuyos arneses fueran hilos de oro y plata. ¡Así, volarían hacia mi hogar! Entonces les diría: Llevad mis «Papillons» a Teresa, a Rosalfa y a

Emilia y revolotear alegremente en tor­no de ellas, tanto como queráis. Decid a mi querida, anciana madre que el enviaría una larga y alegre carta con una paloma mensajera... Decid a mis hermanos que pienso en ellos con ter­nura y espero que sus vidas continúen tan felices como vuestro volar. Decid-les que me habéis encontrado en una florida pradera y en tranquilos valles y que pronto me acompañaréis hasta mi casa, en la Pascua o Pentecostés. Des­pués, contadles que para la última es-cena del «Flegeljahre' de Jean-Paul, se ha hecho un censo de mariposas para que lleven a cabo la representación de esta mascarada.



(De Schumann a su madre).
CONSEJO A LOS JOVENES IN­TERPRETES
Tocad siempre como si estuvieseis en presencia de un maestro.

Cuando avancéis en edad, no os ocu­péis de las cosas del mundo. El tiempo es precioso. Nos sería preciso vivir cien vidas para conocer cuanto hay de bue­no en el arte.

No difundáis jamás las malas com­posiciones; ayudad, al contrario, a su­primirlas con toda vuestra energía. No debéis nunca interpretar la mala mú­sica ni escucharla, sino cuando a ello os veáis forzados.

Considerad como lo más odioso, cam­biar cualquier cosa que sea en las obras de los maestros, omitir o agregar nada nuevo. Sería ésta la mayor injuria que podríais ocasionar al arte.

Todo lo que nos llega del mundo, se va con él. Si no os consagráis a ejecu­tar más que aquello que está de moda al envejecer, os haréis insoportables a todo el mundo y por nadie seréis es-timados.

Si todos los artistas quisieran ser primeros violines, no se podrían orga­nizar las orquestas. Así, respetad la po­sición que ocupa cada músico.

Descansad de vuestros estudios mu­sicales en la lectura de lo buenos poe­tas. Pasear asiduamente por los cam­pos.

Pensar que no estáis solos en el mun­do: sed, por tanto, modestos. No olvi­déis que no hay nada todavía de lo que pensáis o descubrís que otros no hayan descubierto o pensado antes que vos-otros. Y si realmente ocurre que sois vosotros los primeros en hallarlo, consi­deradlo como un don del cielo, que de­béis compartir con los demás.

Escuchad las canciones populares, son un manantial inagotable en el que

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se encuentran las más bellas melodías, en el que se os ofrecen los caracteres de cada pueblo.

Nada grande se ha llevado a cabo en el arte, sin entusiasmo.

No podréis haceros dueños del espí­ritu de una obra, sin dominar su forma. Tal vez sólo al genio está reservado comprender al genio.

Jamás se acaba de aprender. (Artículos de Schumann en su revista de música).
PRESENTIMIENTOS
En la noche del 17 al 18 de Octubre de 1833, me ásaltaron los pensamientos más aterradores que puede concebir una criatura humana, el más terrible castigo que puede infligir el cielo: ¡el temor de perder la razón! Este horri­ble pensamiento se adueñó de mí con tal violencia que rechacé todo consuelo, toda plegaria. Después, ¡la angustia me acosaba en todas partes! No alentaba ante la idea de que si aquello ocurría tú no podrías pensar ya más en mí. Clara, quien ha sufrido tal quebranta-miento, no conoce ningún pesar, ningún mal, ninguna esperanza. Arrastrado por esta angustiosa emoción, corrí a casa de un médico, a quien se lo confié todo: que con frecuencia experimentaba el abandono de todo juicio; que no sa­bía a qué podría arrastrarme este su­frimiento; que en este estado de depri­mente irresponsabilidad podría incluso poner fin a mi vida...

(De Roberto a Clara, en 1858).

LA MUERTE DE SCHUMANN Y LA AMISTAD DE BRAHMS

23 de Agosto de 1856.

Mi querida Emilia:

Cuántas cosas desearía contarte en estos instantes. Pero no puedo hacer más que agradecerte tu cariño infinito, tu honda participación en mi dolor... Si quisiera describirte lo mucho que he sufrido y cuánto ha padecido él, el es-poso tan amado, necesitaría mucho pa­pel, y, además, no puedo reflejar aque­llas horas, semanas, aquellos dos años y medio; ha sido demasiado. Me queda un consuelo: en los últimos días pude estar a su lado, me reconoció unas cuantas veces, me abrazó con esa ter­nura tan propia de él mirándome con todo el amor de su corazón; estas mira-das, mi querida Emilia, no se olvidan nunca; estoy segura de que me acom­pañarán durante toda mi vida...

. Brahms es, en estas circunstancias y desde que empezó la dolorosa enfer­medad de Roberto, mi más incondicio­nal amigo y apoyo; desde el comienzo de la enfermedad no me ha abandona-do. Todo lo ha pasado con nosotros; todo lo ha sufrido como un amigo de verdad, y ahora también se ha puesto a mi disposición para acompañarme enel viaje. Están conmigo él, su herma­no y mis dos hijos mayores. Queremos trasladarnos, para pasar cuatro sema­nas en cualquier rincón de Suiza, porque tengo una ineludible necesidad de repo­ner un poco mis nervios.. .

De cualquiera manera, en Abril tengo intención de volver a Inglaterra, donde he obtenido grandes éxitos, si bien es cierto que no es posible con­quistar el mundo de golpe aunque me han asegurado que yo he sido la única pianista que ha ganado algún dinero en su primer viaje por Inglaterra; normal-mente, a los artistas les cuesta algo de su bolsillo el dar los primeros conciertos en tierra inglesa. Por otra parte, el re­cibimiento que me han tributado ha sido realmente magnífico.

(De Clara a Emilia Liszt).

, MUSICA IN-MORAL

18 de Noviembre de 1858.

. No me tengas en cuenta el silen­cio; realmente no me fué posible escri­birte, porque he pasado un verano in­fame, y en Septiembre, cuando estuve en Düsseldorf en casa de la señorita Leser, sufrí mucho durante cuatro se-manas, sobre todo de los nervios, hasta el extremo de no poder hacer nada en absoluto. Desde principios de No­viembre vuelvo a sentirme un poco me­jor, más fuerte, y como podrás obser­var, prosigo mi vida de errante pere­grina...

. He dado un concierto en Viena, con gran éxito, y pienso dar otro allí el 5 de Diciembre, aunque antes he de tocar aquí. En Budapest encontré a Paulina Viardot, que está aquí dando un ciclo de canciones... ¡Sigue siendo la misma de siempre; tan magnífica co­mo ninguna!

. P. D. Día 19.

Ayer me molestaron: primero, una visita; después «Los Hugonotes> que no había vuelto a oír desde hace trece años; ¿te acuerdas de lo que escribió Roberto a propósito de esta ópera? Hoy, aquella crítica se me antoja dema­siado suave y benévola; verdadera-mente, podría decirse que es música Inmoral...



(De Clara a Brahms).

DUDA EL MAESTRO

.. ..Joachim se ha llevado, por unos días, mi «Cuarteto>. Me es su­mamente grato el tener noticias suyas por escrito, más frecuentes cada vez. Cuando me lo devuelva podría enviár­telo, si quieres. Parece, a primera vista, muy dificil de tocar. ¿Tienes tiempo y oportunidad de probarlo y estudiarlo? ¡A ver si no suena de un modo espan­toso!...

(De Brahms a Clara).

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EL RINCON DE LA HISTORIA

EL EXOTISMO AMERICANO EN LA ÓPERA

El erudito estudio de Gilbert Chinard sobre «América y el sue­ño exótico en la literatura francesa de los siglos XVII y XVIII», podría tal vez amplificarse con referencia a la música. Así como «los buenos salvajes americanos», descritos por los viajeros, influen­ciaron la filosofía de Juan Jacobo Rousseau y le ayudaron a concebir la Arcadia idílica de la vida natural y espontánea en contraste con el refinamiento de la corte de los últimos Luises, la música quiso traducir parejos sentimientos que se transparentan en Las In­dias Galantes, de Jean Phillipe Rameau, representadas en París el 23 de Agosto de 1735. Era el tipo del ballet tradicional, y en sus tres actos se codeaban, en decorativo desfile heterogéneo, el Amor y Osman-Pachá, los Salvajes y los Incas del Perú, en un escenario de ubérrimas flores y tentadoras odaliscas, apoyado en un texto de suave mezcla de mitología y galantería, a la usanza de una época cortesana en que el arte musical se enderezaba más bien hacia la complacencia sensual de los ojos que al refinamiento melódico del oído.

Con mayores razones que en Francia, la sugerencia de América, el sortilegio del lejano Reyno de Chile, que moviera la pluma de Lope de Vega en los Romances glosados de La Araucana del Ca­pitán Trovador don Alonso de Ercilla y Zúñiga, continuó latente en la literatura española, y vino a renacer con nuevos bríos en el siglo XVIII. En 1792, Joseph Lidon, organista y vice-maestro de la Real Capilla de su Majestad, puso música a un «drama heroico castellano Glaura y Cariolano, uno de los primeros ensayos en nues­tro idioma—así se lee en el prólogo—de la grande ópera seria ita­liana». El argumento se basaba en uno de los episodios de La Arau­cana, y sus personajes Cariolano, Glaura, Tegualda y don Alonso de Ercilla, con el concurso de un coro de «salvajes, indios y negros», cantaron las ocho escenas líricas, interpretadas por la Compañía Ribera en el Coliseo del Príncipe, una noche madrileña de Octubre de 1793.

Si esta obra no tuvo la menor resonancia como nos informa Cotarelo y Mori, en cambio el embeleso exótico de las Indias quedó vibrando en la literatura europea. La generación que leía a Mar­montel y sus peinados Incas neo-clásicos (1777), fué reemplazada por la de los jóvenes sentimentales que soñaban con las praderas americanas bañadas por la luna romántica de Chateaubriand. Y romanticismo y libertad, campearon en las estrofas de Piron, y en la partitura de Luigi Gaspar Spontini, la ópera Hernán Cortez o La Conquista de Méjico (1809), que Napoleón, con astucia de corso, estimulaba en su representación para difundir los sentimientos anti‑





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