Las incoherencias epistémicas en los constructos científico-contables guillermo León Martínez Pino



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L as Incoherencias Epistémicas en los Constructos Científico-contables

LAS INCOHERENCIAS EPISTÉMICAS EN LOS CONSTRUCTOS CIENTÍFICO-CONTABLES

Guillermo León Martínez Pino

“La ciencia más que un cuerpo de conocimiento, es una manera de pensar: La manera de pensar científica es imaginativa y disciplinada al mismo tiempo. El método aunque sea indigesto y espeso, es mucho más importante que los descubrimientos de la ciencia”.

(Carl Sagan, en “El Mundo y sus Demonios).
“El sentido humano y el papel social de la ciencia, sus consecuencias militares y comerciales, su significación política, lo que está experimentando una revaloración confusa. Mucho que ha pasado por “ciencia” se tiene ahora por filosofía dudosa; mucho que se considera como “verdadera ciencia” se cree que solo proporciona fragmentos confusos de las realidades entre las cuales viven los hombres.
Está muy difundido el sentimiento de que los hombres de ciencia ya no tratan de representar la realidad como un todo o de trazar un esbozo real del destino humano. Además, la “ciencia” les parece a muchos no tanto un ethos creador y una orientación, como un juego de máquinas científicas manejadas por técnicos y controladas por hombres economistas y militares que ni encarnan ni comprenden la ciencia como ethos y orientación”..
“Entretanto, los filósofos que hablan en nombre de la ciencia con frecuencia la convierten en “cienticismo”, sosteniendo que su experiencia es idéntica a la experiencia humana y que únicamente con sus métodos pueden resolverse los problemas humanos”. .
(C.Wright Mills, en “La Imaginación Sociológica”)

Una teoría no es el conocimiento; permite el conocimiento. Una teoría no es una llegada; es la posibilidad de una partida. Una teoría no es una solución, es la posibilidad de tratar un problema. Dicho de otro modo, una teoría sólo cumple su papel cognitivo, sólo adquiere vida con el pleno empleo de la actividad mental del sujeto. Y es esta intervención del sujeto, la que le confiere al término de 'método' su papel indispensable.


(Edgar Morin )

Resumen
Este es un título demasiado ambicioso para un trabajo tal vez que exige mayores niveles de profundización. Pero grafica de alguna manera el perfil del estado del arte en que la disciplina contable se halla ubicada; el juego de tensiones sobre el cual se debate la discusión sobre el estatuto de cientificidad de la contabilidad. Estas tensiones en último término son epistemológicas, pues pretenden iluminar la manera cómo la contabilidad debe abordar su desarrollo, desde una postura de mayor rigurosidad interpretativa, superando las precariedades de una disciplina tributaria del positivismo económico normativo, que la ha subsumido en una perversa inercia crítico interpretativa.

1. Presentación
Diversas publicaciones sobre lo contable, registran en las últimas décadas, un interesante debate sobre posturas epistemológicas, que desde la intrincada red conceptual tienen la pretensión de acercarse a lo contable para explorar caminos de interpretación, a partir de recrear espacios de mayor rigurosidad teórica y metodológica.
A pesar de estos esfuerzos, el problema de la disciplina contable reside, en la falta de una consistente y coherente discursividad epistémica, visualizada en la dispersión epistemológica o en la insuficiencia teórica del edificio conceptual, en el cual se soporta. Tales precariedades, se revelan en construcciones extrateóricas, que rayan en el eclecticismo o en apreciaciones ideologizantes1, entendido lo ideológico como imagen invertida de la realidad; que en nada contribuyen a desbrozar el camino de la construcción del estatus científico de la contabilidad.
Resultaría imprudente y atrevido no reconocer la largueza temática del asunto, por esta razón a sabiendas de los errores y las dificultades que conlleva cualquier ejercicio de síntesis, el ensayo intentará seducir al lector a la indagación y a la reflexión, que al margen de una validez estricta despierte la discusión académica sobre esta problemática al parecer esotérica para gran parte de la comunidad contable.
Es necesario reconocer que toda reflexión sobre lo disciplinar contable, emerge y está determinada por el conjunto de factores económico-sociales que la condicionan. De esta forma el surgimiento del núcleo problemático de esta disciplina, responde al conjunto de intereses que subyacen de la evolución del capitalismo como sistema planetario.
La historia de la contabilidad, como campo de conocimiento, está imbricada en la historia del capitalismo, en tanto, ésta sirve como sustrato que provee al capital, de cierta “racionalidad científica” para dar solución a las nuevas demandas surgidas del mundo de la modernidad, expresadas entre otros, por la conformación de “un mercado mundial siempre en expansión que lo abarca todo, capaz del crecimiento más espectacular, capaz de un despilfarro y una devastación espantosos, capaz de todo salvo de ofrecer solidez y estabilidad” (Berman,1991:5).
Es en la fracturación o ruptura del orden feudal, donde se crean nuevas necesidades económicas y sociales de información que reclaman coetáneamente la emergencia de innovadoras formas de conocer, al igual que herramientas técnicas para la manipulación de los escenarios transacionales del nuevo mapa económico y empresarial. Por otra parte, es necesario recabar cómo el conocimiento contable desde su período de gestación se comprometió menestralmente con un pensamiento netamente utilitarista y pragmático, donde la perspectiva asumida quedó circunscrita a la dimensión técnico-instrumental de los haceres, donde se fue instalando una forma unidimensional de juzgar y evaluar los resultados de un conocimiento cuyos vectores tenían que ver con la acción de un mundo eficiente y práctico, sin tomar en consideración el valor fundamental del conocimiento de, crear a la usanza Kantiana un “mundo para sí”, en donde, a la par que se transforme el mundo material, se transforme también el mundo subjetivo y autónomo del conocer.
La contabilidad desde su proceso de gestación como disciplina, escamoteó y desarrolló posteriormente su práctica a través de la experiencia. Por ello, la reflexión contable situó su preocupación sobre la construcción de las aplicaciones contables, antes que en la centralidad de la reflexión epistemológica, para desde la construcción teórica rigurosa problematizar el campo de su actuación. Considera, entonces, su quehacer como el paso de los “hechos” de la realidad a los conocimientos y bien es conocido que el empiroinductivismo, no reconoce un hecho en la ciencia como dependiente de las teorías y de los sistemas de reglas metateóricas.



  1. Dimensiones Problemáticas en la Construcción del Conocimiento Científico

Sergui Bagú al plantearse el problema de las ciencias sociales ha dicho:


en ciencia, como en la vida humana toda, hay una relación dinámica entre lo que se sabe y lo que se ignora. A medida que se amplía el terreno que se conoce por la vía científica, se mejora la aptitud para descubrir e interpretar lo que aún se ignora y se comprende mejor la dinámica de la fracción que ya se conocía. Más aún, se amplía la visión de lo sustantivo, es decir, se agrega un capítulo, o siquiera un párrafo a la teoría” (Bagú, 1997:115).

Construir ciencia – y especialmente ciencia social - no es un ejercicio que refleje una visión del conocimiento por yuxtaposiciones progresivas y acumulativas de verdades acopiadas a lo largo de la historia, que devengan de observaciones desprovistas de contextualizaciones y recontextualizaciones2 permanentes del saber, en donde trágicamente se caiga en lo que el epistemólogo Gastón Bachelard ha dado en denominar obstáculos epistemológicos, que no son otra cosa que la recreación de las imágenes reflejas de lo llamativo, curioso, pintoresco y barroco, sin mayores esfuerzos de problematización y de rupturas afectivas e intelectuales.


Construir conocimiento científico, es aprender a pensar lo no pensado, lo cual supone un rompimiento de los modelos iniciales que entregan verdades estáticas, provenientes de resultados que tienen carácter aproblemático derivados de constructos ateóricos que devienen de estereotipos que vinculan la cientificidad con la aplicación de en método universal y ahistórico de ciencia denominado “método científico”, cuya aplicación algorítmica entrega por arte de magia los nuevos conocimientos apoyados en el criterio restringido de observación y experimentación.
Ahora bien, la actividad cognoscitiva no está controlada por lo aparente, por lo obvio, por lo visible e inmediato, ni por la observación individual directa. El hombre, en su afán cognoscitivo tiene la capacidad de simbolizar y construir universos de representación y formas de representar, abstrayéndose de la impresión directa y, cuando realiza este ejercicio crítico moldea y organiza tanto la realidad extrasubjetiva como su propia subjetividad. Solo en este estadio, se puede decir, que se ha asumido el reto de la problematizar la realidad, que no es otra cosa que, construir objetos del conocimiento.



    1. La Organización del Conocimiento Científico: El Objeto y el Método

Una ciencia es en esencia un objeto de conocimiento y un método para su aprehensión, aproximación, interpretación y análisis; método que será definido por la naturaleza misma del objeto de investigación. Esto es, todo método depende del objeto de investigación el cual está mediado por procesos de significación, intencionalidades, simbolizaciones e intereses de los sujetos epistémicos que los construyen. El método, se traduce, entonces, en un conjunto de postulados, reglas, normas, institucionalizadas - por lo que Thomas Khun a dado en denominar - comunidad científica socialmente reconocida.


La investigación científica, se organiza entonces, en torno a objetos construidos que no tienen nada en común con aquellos fenómenos aparentes, delimitados por la percepción ingenua y espontánea; por lo cual se puede inferir que, la ciencia tiene una logicidad dialéctica, cuando construye su objeto en contra del sentido común; esta premisa implica correlativamente superar las nociones comunes, esto es por ejemplo, el conocimiento incipiente o rudimentario de objetivaciones lingüísticas; para determinar de manera contundente que un objeto de investigación, por parcial o parcelario que parezca, no podrá ser definido, delimitado y construido, sino, a la luz y en función de una problemática teórica, que permita someter de manera rigurosa a un sistemático examen todos los aspectos de la realidad puestos en escena para su aouscultamiento. Solo una visión mutilada y bisoña de la construcción científica, puede hacer de la subordinación a los hechos el imperativo por excelencia para la definición del estatuto de cientificidad.
Cualquiera sea el estatus que se le asigne al mundo de la realidad fáctica, en los planos culturales, sociales, materiales o temporales, la construcción de los objetos como abstracciones, no procede de una amalgama y colección de hechos autoevidentes que poseen universalidad per-se para todos los observadores. Por tanto, como lo argumenta el profesor Gallego Badillo,
un objeto de conocimiento es un ámbito construido y delimitado por la mente del sujeto cognoscente, en plan de hacer un mundo para sí, por lo que existen dichos objetos en la medida en que se posea una ambición y un interés intelectual (contrastar las hipótesis o predicciones que se hacen desde el saber que se sabe) que pretenden elaborar un espacio para la intervención, el control, la transformación, y el dominio, como garantía sin la cual ese hacer un mundo para sí no es más que una retórica. De esta manera, palabras más palabras menos, el conocimiento como una actividad humana es eminentemente intencional, lo cual supera la vieja concepción aristotélica de un conocer que obedece a la mera curiosidad”, (Gallego, 1996:301).
En este sentido, serán dables tantos objetos de conocimiento cuantas intencionalidades cognoscitivas posea el investigador o el colectivo epistémico.
La ciencia, por tanto, no comienza con el hecho, sino con los problemas y con el esfuerzo por resolverlos desde el plano de las abstracciones que constituyen pisos autorreferidos para sus confirmaciones o nuevas distinciones, es decir que la realidad científica, es una construcción ininterrumpida, en donde lo real nunca tiene la iniciativa, en tanto, solo puede dar respuestas en la medida en que proceda a interrogársele. Dicho en palabras Bachelardianas, el vector epistemológico va de lo racional a lo general y no a la inversa.
En conclusión, los hechos no hacen diferenciables los conceptos, aún cuando, siempre es necesario, como elemento subsidiario, un referente empírico. Los conceptos se diferencian y caracterizan en virtud de las relaciones mutuas que establecen entre las diversas abstracciones pertenecientes a una red conceptual; luego entonces, los conceptos son en cierto sentido “objetivos” y eficaces, no en razón exclusiva de su caracterización externa, sino gracias a su posición relativa dentro de un entramado conceptual o sistema teórico.



      1. El Método: Más allá del Falso Tecnicismo y de la Dicotomía Epistemológica

Entre los teóricos que abocan el análisis de la problemática relación entre ciencia y método, existen dos tendencias marcadas: en primer lugar, los que desde una postura excluyente descalifican la discusión sobre un cierto pluralismo metodológico y, defienden la existencia de un método único (el método científico)3, que se aferra a la concepción de la unidad de la ciencia soportada en el criterio del monismo metodológico y la unidad doctrinal, que posibilita la validación de una sola forma de hacer ciencia y; en segundo lugar, aquellos que aceptan la existencia de dos métodos científicos, uno encargado de operacionalizar el funcionamiento de las ciencias naturales y exactas y otro que reclama la autonomía de las ciencias sociales, humanas o del espíritu.


Los primeros, exigen que los métodos sean rigurosos y, esta rigurosidad deviene de la permanente experimentación y matematización de la realidad, que es lo que en últimas entrega el estatus de “objetividad” científica tanto a las ciencias naturales como a las sociales. Quienes adhieren a estos postulados no aceptan otras variables de construcción científica, en tanto éstas comprometen el rigor científico y una supuesta neutralidad axiológica o valorativa.
Silvio Sanchez Gamboa, al referirse a este tema controversial, plantea:
El método, considerado como único criterio de objetividad, transforma el objeto a sus códigos, lo reduce, lo diseca, lo divide en sectores, lo suma, lo interrelaciona y lo sacrifica al rigor lógico. La primacía del método, sea como lógica de la razón, método de la experiencia, o método lógico matemático, es cuestionada hoy en día, ante la desvirtualización del objeto, cuando se piensa que éste debería tener la primacía frente al método y la objetividad debería centrarse en el objeto y no, como lo constatado en nuestro estudio, el la validez de los instrumentos, en la exactitud de la definición operacional de los términos o en la rigidez del proceso lógico racional”. (Sánchez, 1998:37).
Los segundos, se apartan de ese trasteo mecánico, lineal y automático, que desde las ciencias naturales se pretende extrapolar metodológicamente hacia las ciencias sociales y, defienden la autonomía de estas últimas, buscando una orientación metodológica desde núcleos de comprensión y de interaccionismo simbólico, en otras palabras, la estructuración de un método diferente que permita dar tratamiento específico a la subjetividad.
Este dualismo metodológico, se expresa en la polaridad que emerge de la dicotomía: objetividad-subjetividad y explicación-comprensión. Las primeras están enraizadas en las posturas que devienen de los enfoques positivistas y las segundas que tienen como matriz analítica la fenomenología y la hermenéutica. La diferencia entre una u otra postura se encuentra instalada en los presupuestos gnoseológicos y epistemológicos, que cada cual maneja con referencia a la relación dialéctica sujeto-objeto. Jerarquizar una de ellas, determina serias implicaciones para todo proceso de investigación: Si el proceso del conocer se centraliza en el objeto, se estaría hablando de una observación controlada, cuantitativa y unívoca; si por el contrario, la jerarquización se traslada al sujeto, el proceso cognoscitivo estaría mediado por la comprensión sensorial, el análisis cualitativo, en desmedro de la observación controlada. Visto lo anterior, puede decirse que,
el método amenaza con fetichizarse y fetichizar también su objeto, por tal motivo se torna necesario reflexionar sobre el mismo, cuestionando sus propios fundamentos. Interrogar los métodos utilizados en la investigación científica, es una tarea histórica de la filosofía que nos ayuda a tomar consciencia de su importancia, sus limitaciones, sus implicaciones y contradicciones”(Sánchez, 1997:27).
En términos científicos, el gran “paradigma” metodológico de occidente muestra hoy su insuficiencia para abocar la complejidad, en tanto, se ha pasado del mundo finito de las certezas, certidumbres, control y seguridades; a un entorno de fugacidad, la ambigüedad, descontrol e inseguridad; donde la incertidumbre emerge como la única certeza posible.
La ciencia moderna que se configuró bajo la racionalidad cartesiana objetivada sobre el presupuesto de la exactitud y sobre el criterio epistemológico del monismo metodológico y causalista del positivismo de viejo y nuevo cuño, conllevó obviamente a un progreso inmenso de los conocimientos y de manera correspondiente al acrecentamiento del progreso de la vida y la sociedad. La pregunta que aflora inmediatamente es ¿por qué entonces a colapsado ese modelo interpretativo?. Y la respuesta es sencilla, porque el método con el cual se abocó la interpretación reduce todo a la simplicidad algorítmica, que deja al descubierto ahora su minusvalidez para abocar lo complejo; sus carencias para aprehender lo no pensado, su ceguera de ocultación de lo real. Quizá cabe pensar que esa racionalidad inaugurada por la modernidad, ha devenido fatalmente en una racionalización, que no dialoga con lo irracionalizable. Edgar Morín, de manera brillante argumenta refiriéndose a este aspecto:
La racionalidad es el juego, el diálogo incesante, entre nuestro espíritu, que crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo, y que dialoga con ese mundo real. Cuando ese mundo no está de acuerdo con nuestro sistema lógico, hay que admitir que nuestro sistema lógico es insuficiente, que no se encuentra más que con una parte de lo real. La racionalidad, de algún modo, no tiene jamás la pretensión de englobar la totalidad de lo real dentro de un sistema lógico, pero tiene la voluntad de dialogar con aquello que lo resiste” (Morin, 1984:102).
La racionalización, es entendida entonces, como el encasillamiento de la realidad en estructuras y sistemas formalizados y coherentes; todo aquello que se ubique al margen de esta lógica estructural y sistémica queda por fuera de cualquier lectura interpretativa seria y rigurosa. Hace falta, por tanto, que la razón que sigue siendo un soporte privilegiado para desarrollar conocimiento, luche contra esa tendencia mitificadora y omnicomprensiva de sí misma.
Ya, Wallerstein ha advertido sobre esta dicotomía perversa, cuando aboca el análisis sobre el contexto en que se realiza el trabajo intelectual y las plataformas epistémicas sobre las cuales se soportan los resultados de las investigaciones y sus correspondientes validaciones. En el primer aspecto, hace un llamado a desarmar las fronteras disciplinarias, a desdibujar esas nocivas clasificaciones jerárquicas entre ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades (ciencias duras y blandas), que conducen a las especializaciones en compartimentos estancos. En el segundo aspecto, sugiere redefinir la relación investigador-investigador, en dirección a “derribar las fronteras entre los seres humanos y la naturaleza”, toda vez que ambos forman parte del mismo universo en la línea del tiempo. También propone la introducción de las categorías de tiempo y espacio como elementos constitutivos del análisis y no como simples agregados externos a la reflexión y, finalmente, plantea superar la falacia que separa y otorga autonomía a lo político, económico, social y cultural (Wallerstein,1999:76-84).

3. El Papel del Entorno en la Modelación de lo Disciplinar Contable
La contabilidad como práctica reguladora de las relaciones comerciales, solo aparece embrionariamente en la edad media y, en concreto en el siglo XII; precisamente en una sociedad de intercambios limitados, en un marco dominado todavía por una economía señorial constituida aún como la antípoda de la economía de intercambio. Pero las categorías económicas vr.gr.: economía de intercambio, por si solas, son incapaces de dar explicación al desarrollo de lo contable; se requiere para ello, sin prejuicio de abocar el análisis de estas categorías; recabar sobre el devenir de la historia social pero sobre todo de la historia política. En este sentido, puede decirse, que el desarrollo vertiginoso del quehacer contable, estuvo unido correlativamente a la formación y primer ascenso de la burguesía, es decir, a una civilización burguesa y urbana en la que se concibe un nuevo espíritu de empresa y una nueva organización de los negocios. Y, si se quiere penetrar en una explicación más pormenorizada del asunto, es procedente relacionarlo con las transformaciones políticas promovidas por esta civilización burguesa y urbana.
La contabilidad, entonces, toma cuerpo como una práctica del mundo de los negocios, cuando se dan las condiciones, ausentes hasta entonces, para que el sujeto de las relaciones comerciales se convierta en clase política activa con capacidad de ejercer influencia decisiva sobre la regulación de aquellas relaciones empresariales que adquieren de suyo otra dimensionalidad. Los albores de estos cambios, empiezan a perfilarse hacia los siglos XI y XII, verdaderos mojones de la crisis del sistema feudal, en el orden de lo político y en el declinar de la economía señorial. Esta crisis interna que comporta las relaciones feudales, desbroza el camino para la pervivencia no solo de la iniciativa económica, sino también de nuevas formas de relacionamiento político, jamás conocidas hasta entonces. Por el contrario el siglo XIV por todo lo que comportó, se le considera el “otoño de la edad media”.
No cabe duda, de la importancia sustantiva que poseen los entornos en la modelación de estructuras contables. La contabilidad, no tendría justificación práctica, sino en función de un determinado marco entornal en donde encuentre su aplicación y verificabilidad. La partida doble, por ejemplo, nacida en los estertores de la edad media,
es producto de una época y se difunde rápidamente porque responde a los valores imperantes en la misma. La óptica dual con que contempla una transacción, así como la manera en que describe las notas esenciales presentes en todo hecho económico, se identifican con la mentalidad del hombre de negocios. Pero, al mismo tiempo, la utilización de la partida doble potencia esta visión organizada y organizadora de la actividad mercantil” (Tua:s.f:21).
Así mismo, una vez institucionalizada una práctica como la contable, se requieren herramientas para su reproducción social y, por esa razón, de forma concomitante nacen una serie de instituciones formales, comprometidas no solo con la operatividad y fortalecimiento del proceso empresarial, sino con la apropiación y masificación de una estructura instruccional, que garantice la pervivencia social espacio - temporal, de las prácticas y actividades conexas a la entidad contable, esto es, la formación de agentes replicadores del modelo contable de información, no de otra manera se puede explicar como en Venecia funcionaba,
en aquel tiempo, integrado, un edificio para almacenamiento y venta de mercancías, una bolsa de valores, un banco, un lugar de alojamiento. Esta institución era también una escuela mercantil en donde estudiaba y se formaba la clase comercial y los hijos de los burgueses alemanes venían a aprender gramática, cálculo, teneduría de libros y práctica de los negocios”(Rincón, 1984:10).
Estos fenómenos, evidencian una relativa simetría correlacional entre el sistema contable y el entorno socioeconómico donde este opera y, es precisamente en esta relación necesaria donde empiezan a configurarse conceptos como el de “entidad contable”, que con posterioridad connotará diferentes acepciones, dependiendo de la lente con que sean observados y de los intereses particulares o generales que representen. Así por ejemplo, para Jorge Tua Pereda:
la contabilidad puede manejar muy diferentes definiciones de la entidad o, más concretamente, de la empresa, desde las que conciben a esta última al servicio exclusivo de los propietarios, hasta las que definen el marco de responsabilidad social frente a todos los estamentos concurrentes e interesados en su actividad” (Tua,s.f.:23).
Quiérase o no, es imperativo aceptar que no solo este concepto, sino muchos otros, que luego adquieren relevancia en la praxis-normativo contable, son acuñados en los albores propios del desarrollo del gran capital. Precisamente, esas transformaciones suscitadas en ese periplo de la historia producen profundos cambios de concepción en el trabajo, en el saber, en la técnica, en la cultura y en las formas de representación y organización social y empresarial; por ejemplo, es en este tramo, donde se desarrolla la “commenda”4 y surgen en su sentido moderno, instituciones y figuras representativas para la contabilidad, como las sociedad colectiva y la comanditaria; la letra de cambio; una visión diferente sobre la banca, los libros de contabilidad; emergen nuevas y más perfeccionadas formas de registro de la información económica a la par con la necesidad de avanzar sobre abstracciones como la teoría de las cuentas5; se afirma la unidad jurídica del ente comercial, desde donde se plantean aspectos importantes como la logismografía, que estipula que la contabilidad tiene como finalidad el reconocimiento de responsabilidades jurídicas derivadas de la gestión patrimonial.
Siguiendo esta línea de análisis, en donde los cambios socioeconómicos determinan los avances contables, es procedente inferir que el ejercicio y cualificación de los instrumentos de registro y manejo de la información contable, aparece no como un requerimiento nacional de un Estado, ni como un sistema uniforme elaborado por varios Estados; sino como un cuerpo de costumbres y prácticas de una “clase social”: Los comerciantes, que paulatinamente compartían unos referentes, en términos de mentalidad de negocios, deseos y necesidades. Este tipo de “comunidades imaginadas”, incluso de distintas nacionalidades van perfilando un nuevo quehacer contable, que aún cuando limitado en su desarrollo conceptual, pretendía constituirse en una herramienta para mejorar los sistemas operativos e instrumentales de manejo de información empresarial.

Sin embargo, la evolución de lo contable no debe apreciarse con una visión sincrónica del desarrollo mercantil, sino con una perspectiva diacrónica que muestra la interacción de diferentes variables conjugadas en las relaciones económicas de la época.


No obstante, parece que existían diferentes sistemas operativos de acumular la información obtenida. En esta época se dan posiblemente muchas prácticas contables por partida simple y algunos negocios ya llevan su contabilidad por partida doble, como consecuencia directa de la evolución natural de la partida simple.
Ello demuestra que la contabilidad era una actividad dinámica que debía progresar en la misma forma que progresaban o se complicaban las operaciones de las empresas y las necesidades de información que requería el hombre. En otros términos, ya existe un sujeto en el cual se genera la información, una persona que valúa, registra e informa, y un usuario de esa información que la utiliza para determinar qué tiene, qué debe, y cuánto gana en un periodo, convirtiéndose, por tanto, en una importante herramienta de medición que permite calcular la rentabilidad de un negocio” (Vlaemminck, citado por Caldón , s.f.:17).
Hacia mediados del siglo XV, empiezan a percibirse las primeras aproximaciones conceptuales, sobre la contabilidad, obras como “Della Mercatura e del Mercante Perfecto”, escrita por Benedito Cotrugli Rangeo, hacia 1458; pero publicado hacia 1573, manifiestan que mucho antes de Paciolo ya existían preocupaciones por darle una organicidad y sitematicidad a la contabilidad, elementos estos que se constituyen en los primeros destellos para la construcción epistémica del saber contable, esto es, el inicio embrionario de una mutación que permita “pasar de los estadios de mínimo conocimiento a los estadios de conocimiento más riguroso”.
Como corolario, entonces se puede decir que, la práctica contable se ha desarrollado en tres dimensiones fundamentales; una primera la dimensión económico-social, una segunda dimensión histórica que recoge el legado conceptual y; una tercera la dimensión epistemológica. Esta presentación esquemática no supone una parcelación de cada una de las dimensionalidades; al contrario, la concreción de los avances disciplinarios solo serán posibles mediante la interacción de los factores enunciados, en donde el contexto de justificación se corresponda con el contexto de descubrimiento.

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