La vida moderna: la dimensión francesa



Descargar 1,02 Mb.
Página5/14
Fecha de conversión31.05.2017
Tamaño1,02 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14


Mirando la Naturaleza muerta con botella y cesta de manzanas, que se expuso en París en 1895, podemos percibir la firmeza con que definió los contornos, y las atrevidas pinceladas sueltas y breves, los sombreados y los arcos quebrados de color impactante, y cómo todo ello da a los objetos una cualidad casi física… pero nos resulta difícil explicar por qué. ¿Cómo es que la grieta descendente del tablero de la mesa, a la izquierda de la cesta, consigue reafirmar el contenido caído de la misma? ¿Por qué es tan adecuado que la botella de vino se incline hacia la cesta? ¿Por qué la línea superior del borde más cercano de la mesa, a la derecha, ayuda a que la única fruta que está aislada y sola (¿una pera?) remate el conjunto de una manera tan efectiva? ¿Cómo consiguen las arrugas rígidas de la tela blanca que las manzanas parezcan tan rosadas y definidas? ¿Por qué las galletas así apiladas son tan tangibles? De alguna manera, las vivas pinceladas se convierten en un agente activo en el acto de ver, al igual que Cézanne contempló largamente y con intensidad la arquitectura de este cuadro artificioso, creando la estructura a base de color. Nosotros también necesitamos mirar con intensidad, unirnos a Cézanne en su exploración visual, conscientes de que su manera de ver y representar sigue siendo provisional. Siempre queda lo que él llamaba un «residuo de lo inexplicable». De nuevo se redefine la tarea del espectador.

Paul Cézanne, Naturaleza muerta con botella y cesta de manzanas, 1895

El ennoblecimiento de las cosas sencillas era un aspecto fundamental del legado de Courbet y de Champfleury. Lo «primitivo» y lo «alternativo» podían ser sencillos y franceses, o bien exóticos en tiempo y lugar. Vincent van Gogh, al igual que otros artistas en la estela de las revoluciones realista e impresionista, apuntaba en ambas direcciones. Fue la búsqueda de algo sencillo, básico y sincero, tras pasar dos años en el sofisticado París, lo que llevó al holandés Van Gogh, antiguo marchante de arte y misionero, a la ciudad sureña de Arles en febrero de 1888. Allí esperaba recuperar la salud, renovar su visión artística y encontrar una colonia de artistas de ideas afines a las suyas. Así fue a vivir a una casita amarilla en una esquina de la place Lamartine, en el número 2. Y ese fue el comienzo de dos años de intensa creatividad, alegría, esperanza, angustia y problemas mentales. De entre sus conocidos parisinos, el primero que quiso visitarlo fue Paul Gauguin. Van Gogh empezó entonces a hacer planes entusiastas y pintó un cuadro de su famosa serie de Girasoles para la habitación del amigo. El 17 de octubre de 1888 escribió a Gauguin sobre un cuadro de su propio dormitorio:

Y he pintado, de nuevo como decoración personal, un lienzo del número 30 de mi dormitorio con los muebles de madera blanca que ya conoces. Sí, bueno, me ha divertido enormemente pintar ese interior tan desnudo. Con una sencillez a lo Seurat. Con colores planos, pero con pinceladas gruesas, muy empastadas, las paredes de un lila claro, el suelo de un rojo irregular y desvaído, las sillas y la cama amarillo cromo, las almohadas y las sábanas verde limón muy claro, la colcha rojo sangre, la mesita de noche naranja, el lavabo azul, la ventana verde. He querido expresar el «máximo reposo» con todos esos tonos distintos, ya ves, entre los cuales el único blanco es la pequeña nota que da el espejo con un marco negro (para incluir también el cuarto par de complementarios).

Esta primera versión se estropeó en una inundación y el artista empezó una segunda, que actualmente se encuentra en Chicago, muy similar a la primera pero con el suelo de un tono más claro. Los colores no se correspondían literalmente con la realidad; los asignaba para captar la esencia emocional de la habitación mediante parejas de «opuestos» que se realzaban entre sí: lila y amarillo cromo, verde limón y rojo, naranja y azul, y negro y blanco. Cada uno de los componentes de color principales está colocado dentro de unos contornos enérgicos, de modo que resuenen como instrumentos diferenciados que interpretan un pasaje melódico en una banda musical. El interés de Van Gogh por los planos de color lisos y perfilados encontró estímulo en las xilografías japonesas, que le descubrieron también formas alternativas de representar el espacio.

El espacio de la La habitación de Van Gogh en Arles no habría conseguido la aprobación de ningún teórico de la perspectiva, pero es menos excéntrico de lo que parece. La pared del fondo realmente estaba torcida y en ángulo. Los muebles ocupan el espacio con una convicción mucho más obstinada que si hubieran sido presentados con perfecta exactitud geométrica, pero no se violan las reglas de manera extrema. La innovación más clara es el diseño del suelo en la base del marco, que se alza en diagonal hacia el borde derecho cuando el pintor gira la mirada para abarcar el máximo posible de aquel espacio angosto.



Llegó Gauguin, pero la relación se deterioró con rapidez; hasta tal punto que culminó en el legendario incidente en el cual Van Gogh acabó con un trozo de oreja cortado, probablemente en un acto de automutilación. En cualquier caso, Gauguin volvió a París y el sangrante Van Gogh fue hospitalizado.


1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal