La vida moderna: la dimensión francesa



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La insustancialidad del impresionismo de Monet era un problema que molestaba a algunos integrantes de la vanguardia tanto como a los tradicionalistas. El propio Monet era consciente de ello cuando emprendió su serie de pinturas de la catedral y los almiares de Ruán en la década de 1890. Pero siguió siendo dogmáticamente antiteórico.

Edgar Degas, Place de la Concorde, 1875

El intento más notable de transformar el impresionismo en un sistema cuasicientífico fue el «divisionismo» de Georges Seurat, ejemplificado en lo que se podría considerar su obra-manifiesto: Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, cuya laboriosa ejecución se prolongó desde 1884 hasta 1886. En algunos aspectos, esta obra es un retroceso. De casi dos por tres metros y serena monumentalidad, desafía a las grandes machines históricas de la Academia y se aparta de las obras a escala doméstica que habían llegado a convertirse en la norma para los impresionistas. En 1886 dominó el Salón de la Société des artistes indépendants, que Seurat había ayudado a fundar. Cézanne y Gauguin participaron en él.

Vale la pena empezar por el contenido, pues todos los comentarios tienden a desviarse hacia su técnica del color. La burguesía parisina se exhibe al sol de la cuidada isla con sus mejores atuendos de domingo, comportándose con una formalidad afectada que Seurat subraya mediante el uso insistente de perfiles. La escala y la perspectiva de las figuras y los árboles como columnas recuerdan al arte clásico, sobre todo el del Renacimiento. Seurat pertenecía a ese mundo de modales formales pero albergaba ideas anarquistas, y percibimos la ironía con que se burla de los convencionalismos que una clase social emergente exhibe durante una tarde alejada del trabajo, la religión y la política.

Para este tema moderno, la técnica de color es también muy moderna. Seurat ha transformado los brochazos inconexos del impresionismo en un método establecido que aspira a aprovechar las ideas científicas más actuales sobre la percepción del color. Al parecer, su fuente más respetada fue el científico estadounidense Ogden Rood. Seurat pretende mezclar los colores no en la paleta, ni tampoco en el lienzo, sino ópticamente, basándose en la distinción, relativamente nueva, entre primarios sustractivos y aditivos. Los pigmentos trabajan absorbiendo selectivamente los colores del conjunto que forma la luz blanca. Los tres colores primarios básicos de los pigmentos, el amarillo, el rojo y el azul, sustraen cada uno bandas distintas del espectro. Cuanto mayor es el número de pigmentos mezclados, más oscura se vuelve la combinación. Con el empleo de luces coloreadas se realiza una mezcla aditiva de color, y si tal mezcla es suficiente producirá luz blanca. Mediante su técnica de aplicar una multitud de puntos de colores definidos, cada uno reflejando una luz coloreada, Seurat aspiraba a mezclar la luz en el aire y en el ojo del observador. También trabajaba con el contraste de colores complementarios (rojo con verde, azul con naranja), y realzando los bordes oscuros con franjas claras y viceversa. De este modo, lo que él llama «naranja solar» destaca al colocarse ante unas sombras azuladas. Las formas oscuras están rodeadas por halos claros. Aunque el resultado parece menos radiante y luminoso de lo que Seurat deseaba (sobre todo debido al deterioro de los pigmentos más importantes), el enorme lienzo todavía resplandece. También habría que decir que Seurat no aplica en el lienzo una serie de puntos de color uniformes. La dirección de las cortas pinceladas responde a las formas, y por tanto hay una buena cantidad de bosquejo encubierto. Sin embargo sigue siendo un cuadro cautivador, social y técnicamente.



Georges Seurat, Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, 1884-1886

Otros miembros de la Sociedad de Artistas Independientes siguieron caminos distintos. El de Paul Cézanne ha resultado ser uno de los más apreciados y difíciles de describir. Hay una serie de declaraciones que suelen citarse para explicar lo que Cézanne estaba haciendo. Se dice que «quería […] hacer del impresionismo algo sólido y duradero, como el arte de los museos». «Imaginemos a un nuevo Poussin que toma por única base la naturaleza». «No quiero reproducir la naturaleza, quiero recrearla». «Interpretar la naturaleza en términos del cilindro, la esfera, el cono; ponerlo todo en perspectiva, de modo que cada lado de un objeto, de un plano, retroceda hacia un punto central». Cézanne aparentemente dijo todo esto, sobre todo según relata el pintor Émile Bernard, quien quería enfatizar la naturaleza clásica, poussinista, del trabajo de Cézanne. Los héroes de Cézanne eran escultores (Miguel Ángel por encima de todo), y también Rubens y Delacroix. Al parecer, Cézanne era no-programático y pragmático.

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