La vida moderna: la dimensión francesa



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Así explicaba que «mediante líneas horizontales y verticales, construidas consciente pero no calculadamente, dirigidas por una elevada intuición y guiadas hacia la armonía y el ritmo, estas formas básicas de belleza… se pueden convertir en una obra de arte tan impactante como auténtica». Es lo que Mondrian llamó neoplasticismo, una nueva forma de crear arte a través de elementos básicos irreductibles, porque veía la abstracción pura en profunda sintonía con la conciencia moderna. Su composición de 1920 en el Stedelijk Museum es un ejemplo temprano de lo que se convertiría luego en un típico Mondrian. La cuadrícula de barras rectangulares, cortadas abruptamente, coincide con rectángulos planos de colores primarios acompañados por blanco, negro y gris. Sabemos, por sus cuadros no terminados, que la inexplicable perfección del equilibrio se consigue fatigosamente tras un nervioso proceso de maniobras experimentales. Los cuadros de Mondrian desprenden una gran sensación de «corrección».

Más extremo aún es el Cuadrado negro de Kazimir Malévich, pintado en 1915, época de agitación política y cultural en Moscú, donde las innovaciones del cubismo fueron recibidas con avidez por los artistas de vanguardia. Ese mismo año, Malévich fundó el movimiento suprematista como colectivo artístico. Igual que ocurría con De Stijl, el suprematismo quería reducir la pintura a los elementos básicos de la forma y el color de un modo que sus partidarios consideraban una experiencia visual enriquecedora: «Toda forma real es un mundo. Cualquier superficie plástica está más viva que una… cara desde la cual nos miran un par de ojos y una sonrisa». La superficie plástica del Cuadrado negro (ahora bastante agrietada) es una afirmación extrema de que la obra de arte es un campo abierto a la interpretación. También es una afirmación contundente de que una obra de arte es todo aquello que el artista decida llamar «obra de arte». Malévich tomó la noción tradicional de lo sublime, desarrollada en relación con nuestra experiencia de la naturaleza a finales del siglo XVIII, y la abstrajo como forma de contemplación mental pura. Así estableció un programa inflexible.



Piet Mondrian, Composición con amarillo, rojo, negro, azul y gris, 1920



Kazimir Malevich, Cuadrado negro, 1915




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