La ética como filosofía moral1



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Ética ingenieril5


Todas las personas listadas en el registro de FEANI lFederación Europea de Asociaciones Nacionales de lngenierosl tienen la obligación de ser consc.entes de la importancia de la ciencia y la tecnología para la humanidad y de sus responsabilidades sociales en el desempeño de sus actividades profesionales.
Código de Conducta Feani (1988

El papel central y la responsabilidad de los profesionales técnicos en los problemas de ética de la ciencia y la tecnología, tal como se ejemplifica en el código ético de la ACM, ha sido desarrollado fundamentalmente por la profesión ingenieril. Además, la ética ingenieril, más que cualquier otra discusión acerca de aspectos de la ética y la tecnología, ha surgido del desarrollo de la ingeniería como profesión.

Desde los inicios de la ingeniería como disciplina profesional en el siglo XIX hasta la última parte del siglo XX, se supuso normalmente que la responsabilidad principal de un ingeniero era hacia quien le proporcionaba empleo y que la ética ingenieril se agotaba, más o menos, en lo que podríamos caracterizar como etiquette profesional. En la primera mitad del siglo XX se comenzó a cuestionar tal presuposición, y desde diversas versiones de lo que en Estados Unidos se denominó «movimiento tecnocrático» se intentaron formular ideales definitorios para la práctica ingenieril como tal. Donde se decía que los científicos en tanto que científicos persiguen la verdad (véase Merton, por ejemplo), que los abogados en tanto que abogados persiguen la justicia, y que los médicos en tanto que médicos persiguen la salud, se propuso que los ingenieros en tanto que ingenieros persiguieran la eficacia.

El reconocimiento de que la eficacia (por no hablar de la verdad, la justicia y la salud) es dependiente de contexto hizo que, en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, los ingenieros desarrollaran progresivamente un ideal de responsabilidad social. Especialmente durante los años setenta, este movimiento se asoció con el desarrollo de tecnologías alternativas, y con los intentos de proteger a los ingenieros del poder de los empleadores, dos lineas de acción que no obtuvieron éxitos totales.

La ética ingenieril como responsabilidad social ha estado, sin embargo, sujeta tanto a interpretaciones estrechas como demasiado amplias, especialmente en los libros de texto sobre el tema que surgieron durante los años ochenta y noventa. El libro Ethics in Engineering de Mike W. Martin y Roland Schinzinger (1989), por ejemplo, define la ética ingenieril como «1) el estudio de los problemas y decisiones morales a los que se enfrentan los individuos y organizaciones involucradas en la ingeniería y 2) como el estudio de las cuestiones relacionadas con la conducta moral, el carácter, los ideales y las relaciones de las personas y las organizaciones involucradas en el desarrollo tecnológico». La definición 1) limita la ética ingenieril a las preocupaciones de los ingenieros profesionaies, mientras que la definición 2) incluye las preocupaciones de todos aquéllos involucrados con los ingenieros en elaborar y utilizar la tecnología moderna, por lo que se debería llamar más bien «ética de la tecnología». Con respecto a la primera definición, Deborah Johnson enfatiza en Ethical Issues in Engineering (1991) que la ética ingenieril también incluye tanto cuestiones teóricas al estilo de «¿cuáles son las responsabilidades sociales de los ingenieros?» como problemas prácticos del tipo de «¿cómo podemos conseguir que los ingenieros se comporten de formas socialmente responsables?»

Reflejando su interpretación más amplia, Martin y Schinzinger comienzan su análisis (primera parte) con una discusión general de la teoría y el razonamiento moral, después defienden (segunda parte) una comprensión de la ingeniería como experimentación social. Esto conduce a discusiones más específicas acerca de la medida apropiada de la preocupación del experimentador ingenieril-social por la seguridad, seguida de consideraciones (tercera parte) acerca de diversas cuestiones ligadas a las relaciones entre los ingenieros profesionales y aquellos que los emplean. Estas cuestiones incluyen la autonomía profesional, la lealtad a los empleadores, los conflictos de intereses, la confidencialidad, las «llamadas de alerta» y otros asuntos relacionados con éstos. En la conclusión (cuarta parte), Martin y Schinzinger abordan los temas del empleo en empresas multinacionales, las relaciones entre la ingeniería y los ordenadores, así como la ética ambiental, la influencia de lo militar en la ingeniería y el futuro de la profesión ingenieril.

Reflejando su concepción más estrecha, Johnson, tras unas lecturas introductorias (primera parte) acerca de las cuestiones planteadas a los ingenieros por el desastre del Challenger, la Iniciativa de Defensa Estratégica y los problemas de la responsabilidad colectiva frente a la responsabilidad individual en ingeniería, añade lecturas (segunda parte) que colocan la práctica de la ingeniería en contextos históricos, profesionales y corporativos. La parte central de libro se dedica a discusiones sobre códigos de ética ingenieril profesional (tercera parte), la responsabilidad social de los ingenieros (cuarta parte), las obligaciones respecto a los empleadores (quinta parte), y las obligaciones respecto a los clientes (sexta parte). Estos dos últimos conjuntos de lecturas se ocupan de los temas de la lealtad a la compañía, la «llamada de alerta», el secreto de empresa, los conflictos de intereses y el soborno. Las tres lecturas finales (parte séptima) consideran el futuro del desarrollo de la ingeniería profesional.

Ambos libros de texto coinciden, de este modo, en que para la ética ingenieril son centrales cuestiones tales como:

— la tensión entre la lealtad a la compañía y la autonomía profesional, incluyendo el desacuerdo y la «llamada alerta»;

— los conflictos de intereses; y la confidencialidad.

Existe también consenso, sin embargo, en que estas cuestiones específicas dependen de concepciones más amplias de la auto-comprensión de la ingeniería como una profesión y de la responsabilidad social. La diferencia radica en que Martin y Schinzinger van más allá, implicando que la auto-comprensión profesional adecuada también depende de una teoría ética general acerca del lugar de la tecnología en la sociedad y los asuntos humanos.

    1. Ética de la tecnología6


La definición más amplia de ética ingenieril, que incluye a quienes están involucrados en la elaboración y uso de la tecnología moderna, se puede denominar con mayor propiedad «ética de la tecnología». La ética de la tecnología se refiere al intento general de adaptarse a la tecnología como un todo, y no solamente a las armas y las centrales nucleares, la contaminación industrial, la biomedicina de alta tecnología y los medios de comunicación electrónicos. La ética de la tecnología busca sintetizar todas las discusiones de ámbito más restringido, incluyendo contribuciones relevantes de diversos campos de la ética aplicada que no se tratan aquí, como la ética agrícola, los derechos de los animales, la ética de la energía, a ética del desarrollo, la ética de los lugares de trabajo, la ética en los negocios y lo militar, y otras.

La ética de la tecnología se funda sobre un amplio cuestionamiento moral de la tecnología científica. En sus términos más generales, este cuestionamiento descansa sobre el reconocimiento de que el desarrollo tecnológico, simplemente, no puede continuar como lo ha hecho en los últimos trescientos años (véase, e.g., Donella Meadows et al., 1973, y Garret Hardin, 1993). De un modo más específico, la discusión de la ética en ciencia inicia tal cuestionamiento al considerar la medida en que la conducta científica profesional ideal se vive realmente en la práctica, y más en general, al considerar el poder y la responsabilidad de los científicos. Las impurezas expuestas en la práctica científica obligan a la reconsideración de las relaciones apropiadas entre ciencia y sociedad, especialmente la denominada autonomía de la ciencia, a la luz de la economía de la ciencia y la tecnología una vez terminada la guerra fría.

Al mismo tiempo, los físicos nucleares y los ingenieros parecen reivindicar el ethos científico ideal precisamente en sus confrontaciones con los políticos y sus apelaciones a elevados principios y prácticas éticas en los problemas internacionales como únicas formas de abordar las amenazas y riesgos de un futuro puesto en peligro por las armas nucleares. Pero esta misma comunidad de físicos e ingenieros ha sido mucho más honorable en su promoción tecnocrática y en el desarrollo de la energía nuclear.

El único reto de la ética nuclear es extender las reflexiones morales para incluir el pensamiento acerca de ese futuro puesto en peligro. Esto se complementa en la ética ambiental con el reto de pensar no sólo a más largo plazo, sino también con mayor amplitud de miras, con el fin de extender la reflexión moral de modo que incluya no sólo a los seres humanos sino también al mundo no humano de animales, plantas y ecosistemas. Los riesgos de la destrucción nuclear (por las armas) y la contaminación nuclear (por las centrales nucleares) se extienden a los riesgos de la contaminación química y el cambio ambiental global.

Los retos morales de la medicina de alta tecnología y biotecnología, así como los de los ordenadores y la tecnología de la información, invitan a una apreciación más profunda de aspectos previamente desatendidos de lo humano, los primeros en relación con el cuerpo, los segundos en relación con la mente. La autonomía y la privacidad se convierten en asuntos cada vez más preocupantes en los tratamientos médicos del cuerpo humano y en la manipulación informática de datos personales. Las tecnologías médicas avanzadas, además, redefinen las cuestiones de riesgo e incertidumbre en términos de los conceptos de vida y muerte, y se centran en cómo distribuir los recursos médicos, mientras que la tecnología informática hace lo mismo en relación con programas tan complejos que su comprensión es teóricamente imposible.

La ética ingenieril, al explorar las líneas directrices de la ética para la profesión de la ingeniería, desarrolla el único concepto moderno de responsabilidad: la idea de que es preciso tener en cuenta las consecuencias a largo plazo, el riesgo, y los impactos ambientales amplios y humanos profundos. Puede considerarse que la ética de la tecnologia toma esta idea de responsabilidad profesional y la aplica en formas apropiadas a todos los que viven en una sociedad tecnológica avanzada.

En resumen, junto a conceptos tan tradicionales como el bien, la virtud y la justicia, la ciencia y la tecnología están desafiando a la reflexión moral a que investigue y desarrolle nuevos temas que incluyen:

— el futuro en peligro;

— la seguridad, el riesgo y la incertidumbré;

— el ambiente;

la privacidad; y

— la responsabilidad.

Los debates acerca de si, y en qué medida, estos temas conducon a nuevas formas de pensamiento que tienden a convertirse en posibles apaños tecnológicos (como opuesto a cambios en la conducta humana) constituyen elaboraciones de los asuntos éticos en ciencia, tecnología y medicina.

Sin embargo, del mismo modo que ocurre con las discusiones éticas sobre tecnologías más especificas, el análisis de estos asuntos generales ha recibido la influencia de circunstancias históricas. El factor histórico central fue la formación a finales de los años sesenta y principios de los setenta de una masa crítica para el desarrollo de la evaluación social de la tecnología que surgió de la conjunción de los movimientos antinucleares y ambientales con los movimientos de protección de los consumidores, las preocupaciones acerca de la salud y la seguridad de los trabajadores en industrias y oficinas, y diversos desastres tecnológicos como accidentes aéreos o fallos en puentes, presas y otras obras de ingeniería civil. El interés por una evaluación de tecnologías (ET) autocrítica tanto en el frente popular como en el técnico ha dado paso a investigaciones centradas sobre las ideas de la tecnología alternativa, las metodologías de riesgo-coste-beneficio, y la responsabilidad como imperativo moral.

Entre los intentos más radicales de señalar las posibilidades de una tecnología alternativa se encuentra el trabajo de Ivan Illich. En La Convivencialidad (1974), lllich vuelve contra sí misma la idea del «apaño tecnológico» argumentando que la auténtica solución para los problemas de la tecnología se encuentra en una tecnología alternativa que «eche abajo la sólida estructura que regula la relación del hombre con la herramienta». Más que herramientas o tecnologías que separen y sirvan a los seres humanos, Illich propone «criterios negativos de diseño para artefactos tecnológicos que funcionarían como los límites morales de la conducta humana (no matarás, no robarás, etc.) para promocionar el diseño y desarrollo de tecnologías que permitan la mejora de la auténtica comunidad o convivencialidad humana.

La crítica principal a las metodologías de riesgo-coste-beneficio en la evaluación de tecnologías es quizá la realizada por Kristin ShraderFrechette. La ETs existentes se basan o bien en el análisis riesgo-coste-beneficio o bien en el método de las preferencias reveladas. En el libro Science Policy, Ethics, and Economic Methodology (1985a) critica el primero, en Risk Analysis and Scientific Method (1985b), el segundo. En cada caso, Shrader-Prechette revisa las debilidades metodológicas, epitemológicas y éticas en la teoría y la práctica habituales al mismo tiempo que realiza propuestas específicas de refonna.

La mejor articulación individual sobre la responsabilidad como principio sustantivo para la ética de la tecnología ha sido el trabajo de Hans Jonas. Para Jonas, la responsabilidad no se refiere simplemente a la libertad preliminar para responder o a la capacidad de actuación que hace posible la acción auténticamente moral. En su lugar, «el alcance extendido de nuestros hechos [tecnológicos] coloca la responsabilidad con nada menos que el destino del hombre como su objeto, en el centro del escenario ético». A la luz de los nuevos poderes tecnológicos, el imperativo kantiano puede ser reformulado como «actúa de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con el mantenimiento de la vida humana genuina».

En términos más generales, que no son precisamente los de Jonas y trascienden su marco antropocéntrico: sé cuidadoso, ten más cuidado, ten más cosas en cuenta. Es esta orden la que puede describirse como el centro de la ética de la tecnología, desde los intentos de determinar criterios de diseño de tecnologías alternativas y las críticas metodológicas a la evaluación de tecnologías, hasta las reformulaciones de las teorías deontológica, consecuencialista y de la ley natural de modo que estén en consonancia con los retos éticos de la ciencia y la tecnología modernas.




1 Extraído de “Ética”. Adela Cortina y Emilio Martínez. AKAL. 1996

2 ­Adoptamos aquí la convención de escribir el término “Etica” con mayúscula cuando nos referimos a la disciplina filosófica en general, y escribirlo con minúscula cuando habla­mos de alguna teoría ética en particular (ética kantiana, etc.).

3 Extraído de “La ética de la Sociedad Civil”. Adela Cortina. Alauda (Anaya). 1995.

4 Extraído de “Ciencia, Tecnología y Sociedad”. Marta I. González García, et al.. Tecnos. 1996

5 Extraído de “Ciencia, Tecnología y Sociedad”. Marta I. González García, et al.. Tecnos. 1996

6 Extraído de “Ciencia, Tecnología y Sociedad”. Marta I. González García, et al.. Tecnos. 1996






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