La terminología: definición, funciones y aplicaciones isabel santamaría pérez



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La terminología: definición, funciones y aplicaciones

ISABEL SANTAMARÍA PÉREZ

mi.santamaria@ua.es
Palabras claves: terminología, lenguajes de especialidad, lexicología y lexicografía
Esquema:

1. Introducción

2. La terminología como materia interdisciplinar y transdisciplinar

3. Los lenguajes de especialidad y la terminología

4. La unidad terminológica: denominación y concepto

5. Tendencias actuales de la terminología

6. Funciones de la terminología

7. Diversidad de aplicaciones terminológicas

8. Diversidad de usuarios de terminología
1. Introducción
En este tema se tratará de definir una disciplina que en los últimos años ha ido adquiriendo más importancia e interés en su estudio. Si se pregunta a cualquiera qué es la terminología, la mayoría responderá que es la materia que se encarga de recopilar los términos especializados de las ciencias y las técnicas. Pero el concepto de “terminología” va más allá y remite a tres significados distintos: disciplina, práctica y producto generado por esa práctica. La terminología, en su primera acepción, se concibe como la disciplina que se ocupa de los términos. En su segunda acepción se concibe como el conjunto de principios que rigen la recopilación de los términos. Y, en su tercera acepción, la terminología se define como el conjunto de los términos de una materia especializada (la terminología de la química, de la física o de la agricultura) y su codificación en forma de glosarios, vocabularios, diccionarios, bases de datos, tesauros, etc. (Cabré 1993; Sager, 1993: 21-22).

La terminología, en tanto que disciplina cuyo objeto es el estudio y la recopilación de los términos especializados, no es una materia reciente, ya que la elaboración de vocabularios y glosarios terminológicos es bastante anterior. No hay más que recordar por ejemplo los trabajos que en el siglo XVIII realizan Lavoisier y Berthold en química, o Linneo en botánica y zoología, con la intención de fijar las denominaciones de los conceptos científicos que usaban los especialistas. Durante los siglos XIX y XX, debido al desarrollo de la ciencia y la técnica, es necesario no sólo denominar los nuevos conceptos, sino sobre todo normalizar y fijar las nuevas denominaciones que permitan la comunicación entre especialistas de forma precisa y sin ambigüedades (Tebé 2003). Sin embargo, ha sido en los últimos decenios del siglo XX cuando la terminología ha sido objeto de reflexión de sus principios, bases y métodos, y ha logrado alcanzar el estatus de disciplina científica.

Por ejemplo, los lingüistas y especialistas en el lenguaje no empiezan a sentir interés por la terminología hasta mediados del siglo pasado. La principal preocupación de los lingüistas por el lenguaje hasta ese momento se centra en el estudio de la lengua como sistema (niveles y reglas gramaticales). Es a finales de los años 60 cuando se produce un cambio fundamental en los estudios lingüísticos. Ese cambio producido por el paso del paradigma formal al paradigma funcional (Alcaraz 1990) conlleva que la lengua se conciba como un instrumento de uso y comunicación y se pase del estudio de la oración al estudio del texto. Es en esta concepción comunicativa del lenguaje cuando la terminología pasa a ser una pieza clave de reflexión y trabajo para los lingüistas pues los términos, unidades léxicas pertenecientes a cada área de conocimiento, se convierten en un elemento fundamental en la comunicación especializada.

Desde un punto de vista cronológico y siguiendo a Tebé (2003), la terminología como disciplina científica puede distribuirse en cuatro periodos fundamentales: los orígenes (de 1930 a 1960), la estructuración (de 1960 a 1975), la eclosión (de 1975 a 1985) y la ampliación (desde 1985):



  • El primer período de la terminología (1930-1960) se caracteriza por el inicio de métodos de trabajo terminológico que tienen en cuenta el carácter sistemático de los términos.

  • En la segunda etapa, de estructuración (1960-1975), se desarrollan sistemas informáticos y técnicas documentales. Aparecen los primeros bancos de datos y se inicia la organización internacional de la terminología.

  • En el tercer período de eclosión (1975-1985), destaca la proliferación de proyectos de planificación lingüística que incluyen la terminología. En esta etapa se pone de relieve el papel que la terminología desempeña en el proceso de modernización de una lengua y de la sociedad que la utiliza.

  • En el último período, de ampliación, que se inicia en 1985, el desarrollo y avance de la informática facilita la labor y el tratamiento de los datos y provoca un cambio en la elaboración del trabajo terminológico. Asimismo, los terminólogos disponen de instrumentos y recursos de trabajo más adaptados a sus necesidades, más sencillos en cuanto a su manejo y más eficaces. Finalmente, se consolida y amplía la cooperación internacional y se crean redes internacionales que sirven de enlace entre organismos y países.

El futuro de la terminología es algo que está por venir, pero parece que se centra sobre todo en facilitar la comunicación entre los especialistas de una materia en la misma lengua o en varias y en resolver cualquier problema relacionado con la comunicación especializada.


2. La terminología como materia interdisciplinar y transdisciplinar

Existen tres posiciones distintas ante la concepción de la terminología como disciplina:

a) Una primera posición defiende que se trata de una disciplina autónoma y autosuficiente, dotada de sus propios fundamentos, aunque conectada históricamente a otras disciplinas (Hoffman 1998).

b) Una segunda propuesta sostiene que la terminología no es una disciplina autónoma, sino parte de otra disciplina, que para algunos es la lingüística, para otros la filosofía y para otros las especialidades científico-técnicas. Aceptar esta postura significa considerar que la terminología no tiene autonomía alguna, sino que es un apéndice de otra disciplina (Rondeau 1983).

c) Una tercera posición defiende que la terminología es una materia de carácter interdisciplinar, que ha configurado su propia especificidad seleccionando elementos de las materias de las que es deudora y construyendo su propio ámbito científico (Cabré 1999).
Actualmente se entiende la terminología como una disciplina con unas bases y unos fundamentos teóricos y un objeto de estudio delimitado, que se define en relación con otras materias de las que toma prestados un conjunto específico de conceptos, y posteriormente elabora su propio objeto y campo de estudio. Es, por tanto, una interdisciplina. No es una disciplina original, sino deudora de otras materias de las que toma sus fundamentos. Sin embargo, es una disciplina original porque selecciona de cada una de las materias unas bases específicas y rechaza otras y reelabora estos conceptos y fundamentos construyendo su propio espacio de estudio original en cuanto al objeto y en cuanto al método y los objetivos.

La terminología como disciplina que se ocupa de los términos de especialidad, se basa en elementos de la lingüística, de las ciencias cognitivas y de las distintas especialidades (Cabré 1999).

- Para la lingüística, los términos son un conjunto de signos lingüísticos que constituyen un subconjunto dentro del componente léxico de la gramática de una lengua. Los términos, para la lingüística, no son diferentes de las palabras, son unidades léxicas que forman parte de la competencia léxica de un hablante, competencia que puede ser general (común a todos los hablantes) o especializada (restringida a un grupo de hablantes). Por tanto, los términos o unidades terminológicas son unidades léxicas que en determinados contextos adquieren un valor especializado.

- Para las distintas teorías del conocimiento, los términos son un conjunto de unidades cognitivas que representan el conocimiento especializado. Por un lado, son unidades de conocimiento en tanto que los hablantes se acercan al mundo a través de ellas; por otro, son unidades de representación que sirven para organizar el conocimiento especializado. Los términos son una manera de conocer.

- Para las diferentes disciplinas científico-técnicas, los términos son un conjunto de unidades de expresión y comunicación que permiten transferir el conocimiento especializado. Los términos son una forma de comunicar.

Por tanto, los términos o las unidades terminológicas (UT) en tanto que objeto de estudio de la terminología son al mismo tiempo unidades cognitivas, unidades lingüísticas y unidades comunicativas. Se parte de la concepción del término como una unidad compuesta de tres elementos: el significado o concepto, el significante o denominación y el objeto o referente


significado o concepto

significante o referente u objeto

denominación
Gráfico 1. Representación de los componentes de la unidad terminológica
Se trata del mismo objeto de estudio, pero se diferencia en la concepción de ese objeto, ya que cada disciplina se fija en un aspecto (Cabré 1999: 20-21). Así, si partimos de los objetos de la realidad, se lleva a cabo un proceso de categorización y creación del concepto y posteriormente se busca una denominación, se está realizando un proceso cognitivo característico de los especialistas. Pero si se parte de las unidades que se encuentran en los textos elaborados por los especialistas, y se estudian como unidades que tienen forma y contenido, se está realizando un proceso lingüístico, característico por ejemplo de los mediadores lingüísticos (traductores, redactores técnicos, etc.).

Cabré (2002) propone entrar al estudio de los términos desde el ámbito de la lingüística. Desde esta posición, se puede elaborar una teoría de los términos en la que estos se describen como unidades de forma y contenido que, utilizados en determinadas condiciones discursivas, adquieren un valor especializado. Se explica la terminología desde una teoría lingüística de base cognitiva y con un propósito comunicativo.

Desde este punto de vista cabe preguntarse si la terminología es lingüística o si terminología y lingüística son dos disciplinas totalmente independientes. Existen dos posturas ante esta relación:

A) Aquellos que argumentan que la terminología y la lingüística, y más concretamente la lexicología, son disciplinas totalmente diferenciadas que no tienen nada en común: terminología, es una disciplina autónoma.

B) Aquellos que argumentan que la terminología, en tanto que conjunto de términos que se pueden describir desde una teoría del lenguaje, se puede explicar desde la lingüística y más concretamente desde la lexicología: terminología, es lexicología especializada
Por lo que respecta a la primera propuesta, aquellos que defienden el carácter autónomo de la terminología, se basan en la existencia de dos objetos de estudio diferentes: las palabras, para la lingüística y los términos, para la terminología. Esto es lo que justifica que una disciplina como la terminología pueda prescindir de la lingüística y desarrollarse sin ella.

El principal foco impulsor de estas ideas es la Teoría General de la Terminología (TGT) propuesta por Wüster el cual expone sus primeras reflexiones sobre el tema en los años 30 y finalmente en 1979, y de forma póstuma, se publica Introducción a la Teoría General de la Terminología y a la lexicografía terminológica [trad. por Cabre (1998)]. Wüster sostiene que la terminología se distingue totalmente de la lingüística y más concretamente de la lexicología, por los siguientes motivos:




Terminología

Lexicología

- Objeto de estudio: término.

- Punto de partida: el concepto (significado), independiente de denominación (forma).

- Prescinde de la sintaxis y la morfología

- Estudio sincrónico de los términos

- Formación consciente y consensuada (norma prescriptiva)

-Normalización internacional

- Prioridad a la forma escrita


- Objeto de estudio: palabra.

- Punto de partida: forma y significado.

- Incluye la gramática y la pragmática

- Estudio sincrónico y diacrónico.

- Evolución natural de la lengua.
- Estudio de las lenguas particulares.

- Estudio de forma fónica y forma gráfica.



Tabla 2. Relación entre terminología y lexicología

Desde este punto de vista, los términos son unidades unívocas (a un significante le corresponde un solo significado) y monorreferenciales (un término representa un solo referente u objeto de la realidad). Sin embargo, si consideramos estos aspectos como rasgos caracterizadores de los términos, se ponen de relieve las insuficiencias de la TGT, ya que no atiende a la complejidad real de la comunicación especializada:


“El reconocimiento de que los términos aparecen en varios contextos lingüísticos y que tienen variantes que con frecuencia están condicionadas por el contexto pone en entredicho la opinión idealizada de que podría o debería haber una sola designación para un concepto y viceversa” (Sager 1993: 94).
En la actualidad se pone de manifiesto que los principios clásicos de la TGT son insuficientes para dar una explicación satisfactoria de la terminología, ya que se trata de un modelo idealizado que no atiende a la diversidad y a la variación de los términos y que concibe los elementos de la realidad como estáticos. De ahí que surjan otras concepciones teóricas de la terminología que se ajustan más a la realidad. En este sentido, son muy relevantes las propuestas teóricas y metodológicas que abogan por un acercamiento de la terminología a la realidad, entre las que hay que destacar la Teoría comunicativa de la terminología (TCT) propuesta por Cabré (1999: 122-124).

Esta nueva propuesta de base lingüístico-comunicativa se basa en que el objeto de estudio de la terminología son los términos que aparecen en los textos orales y escritos de los profesionales y en que esos términos permiten acceder al conocimiento especializado.

Se trata de una terminología de base comunicativa, concebida desde la perspectiva de las ciencias del lenguaje, pero que integra elementos de la teoría del conocimiento y de la comunicación. Esta teoría contempla la variación lingüística en todas sus dimensiones (variación gráfica (hemiplejía / hemiplexía), variación léxica (ecoagricultura/agricultura ecológica), variantes diasistemáticas como por ejemplo variantes diatópicas (ordenador español peninsular/computadora Hispanoamérica), etc.), considera que el uso de los términos está sujeto al principio de adecuación según el tema, la función, los usuarios, el tipo de texto, etc.; por tanto, los términos no son unidades fijas y estáticas, sino que son unidades que están sujetas a condiciones pragmáticas, sociales, psicolingüísticas, etc. como el resto de unidades del sistema léxico de una lengua.

De este modo, a la pregunta de si la terminología es lingüística, hay que responder que los términos, en tanto que unidades que forman parte del sistema léxico de una lengua, forman parte del lenguaje y por tanto, pueden ser estudiados por la lingüística, y más concretamente, por la lexicología. En resumen, desde una perspectiva lingüística puede afirmarse que la terminología es lexicología especializada o una lexicología de las unidades especializadas.

En consecuencia, desde esta perspectiva se pone en duda la dicotomía tradicional establecida entre terminología y lingüística, según la cual se trataría de disciplinas distintas, basándose en el supuesto de que la lexicología se encarga del estudio de la palabra y la terminología, del término. Esta dicotomía sólo tiene sentido si volvemos a planteamientos wüsterianos, ya que en la TGT los términos se consideran como unidades específicas de un ámbito de especialidad y su uso queda restringido a él; por tanto, la terminología sólo tiene interés para la comunicación entre especialistas. No obstante, esto no es cierto porque el uso de términos va más allá de la comunicación entre especialistas y un mismo término puede ser usado en diferentes especialidades o campos del saber. Por ejemplo, la unidad léxica reacción pertenece al ámbito general, pero también al ámbito de la biología, la mecánica y la química. Por tanto, los términos no son unívocos ni monorreferenciales per se, sino que adquieren un determinado valor según el contexto en el que aparecen.
Además de estas materias de las que la terminología toma elementos y conceptos, la terminología mantiene relaciones con otras disciplinas. En tanto que disciplina crea sus bases teóricas a partir de las ciencias del lenguaje (lingüística), de las ciencias cognitivas y de las ciencias de la comunicación, mientras que con la informática o con la documentación mantiene otro tipo de relación. Entre la terminología y la documentación se establece una relación de intercambio: el trabajo terminológico no puede llevarse a cabo sin documentación (la que proporcionan los contextos de uso) y una parte del trabajo documental (la descripción del contenido de los documentos que después se recuperarán) no puede realizarse sin terminología. En la relación entre terminología e informática, los avances en las ciencias y técnicas informáticas han facilitado enormemente la elaboración de los trabajos terminológicos.

Al mismo tiempo la terminología se considera una materia transdisciplinar porque participa de todas las materias especializadas, ya que todas poseen y usan una terminología para representar sus conocimientos, de forma que sin terminología no se hay ciencia ni técnica ni se ejerce una profesión especializada.


3. Los lenguajes de especialidad y la terminología
Una lengua es un sistema verbal de signos doblemente articulados, que sirve como medio de comunicación entre los miembros de la comunidad donde se usa. Es un código unitario y total, pero no uniforme ni homogéneo, porque presenta diversidad de realizaciones (Coseriu, 1986). Cada vez que un individuo utiliza ese sistema de signos, lo hace con unas características concretas, ya que no todos los hablantes de una lengua utilizan ese código de la misma forma.

Las lenguas están siempre cambiando para adaptarse al entorno en que se usan, y el resultado de esa adaptabilidad de la lengua a las necesidades de su uso es la diversidad, la variedad lingüística. Actualmente, la lengua española es un conjunto de variedades lingüísticas diferenciadas por el territorio geográfico, por el estrato social, o por la generación de edad; e igualmente presenta distintos registros definidos por el tipo de situación comunicativa y por el ámbito de la actividad en que se usa la lengua. Así, puede decirse que una lengua es la suma de todos sus dialectos y que cada dialecto es una forma particular de usar la lengua. Por tanto, la lengua es un sistema de variedades que se puede manifestar de maneras muy diversas según los usuarios y según los contextos comunicativos en que los usuarios concretan ese sistema. Se puede diferenciar:

1. Un grupo de variedades que caracterizan a los usuarios o individuos que hablan una lengua (Castellá, 1996: 119):

a) la modalidad de lengua que se corresponde con el tipo de usuario según el origen geográfico (variedad geográfica o diatópica).

b) la modalidad de lengua que viene determinada por la pertenencia a una generación o momento histórico (variedad histórica o diacrónica).

c) diferencias en la lengua que vienen marcadas según el origen social (variedad social o diastrática).

2. Otro grupo de variedades lingüísticas depende de los diversos usos que se pueden hacer de las lenguas, llamadas registros o variedades funcionales (Castella, 1996: 121).

Esta situación de variación lingüística se puede representar gráficamente del siguiente modo:


VARIEDADES GEOGRÁFICAS
ORIGEN DE LOS

HABLANTES VARIEDADES



(VARIEDADES GENERACIONALES

DIALECTALES)


VARIEDADES

SOCIOCULTURALES


VARIEDAD LINGÜÍSTICA

INTERLOCUTORES

SITUACIÓN

COMUNICATIVA CANAL

(REGISTROS O

VARIEDADES INTENCIÓN

FUNCIONALES)

TEMA


Gráfico 3. La variación lingüística
Un mismo hablante puede expresarse de una forma u otra según el contexto comunicativo en que lleve a cabo ese acto de habla. Las circunstancias del emisor, del receptor, el mensaje, el canal y las condiciones del contexto influyen en el tipo de lengua que se usa; esto es, a cada uso le corresponde un registro. Así, se puede hablar de registro coloquial, registro periodístico, registro publicitario, etc. Cada uno de estos registros implica y conlleva una serie de recursos y estrategias lingüísticas concretas. De manera que se puede establecer distintos registros lingüísticos o variedades funcionales de la lengua según los elementos que entran en funcionamiento en cada situación comunicativa (Castellà 1996: 122):

- El tema de que trata (campo): Es el campo de la realidad a la que se refiere el texto; de manera que temáticas diferentes dan lugar a textos diferentes. Así, se pueden diferenciar textos de tema general y de tema específico.

- El canal (modo): Es el medio a través del cual se emite, se transmite y se recibe el mensaje el cual puede ser oral o escrito.

- La relación interpersonal entre los interlocutores (tenor interpersonal) es el factor que condiciona el nivel de formalidad (informal o formal).

- El propósito o intención (tenor funcional).
En este marco lingüístico, los lenguajes de especialidad son un tipo concreto de registro lingüístico, una variedad de la lengua que se adapta a unos usos determinados: los de la comunicación, oral o escrita, en el campo de conocimiento de cada una de las disciplinas científicas especializadas. Son variedades funcionales caracterizados por la temática específica, por el canal preferentemente escrito, por el nivel formal y por una intención objetiva (Cabré 1993: 137).

Desde este punto de vista, no son temas especializados aquellos que forman parte de la conversación habitual en las situaciones generales de la vida cotidiana y no requieren un aprendizaje por parte de los hablantes. Desde el punto de vista del canal no son especiales las comunicaciones orales ni las comunicaciones escritas que reproducen las orales. Tampoco son especializadas las comunicaciones en las que los interlocutores no pertenecen a grupos profesionales ni aquellas que formen parte de las situaciones comunicativas generales y cotidianas. Por último, sólo son especializadas aquellas comunicaciones de tipo informativo, con una función básicamente referencial.

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