La realidad y el Bien1 La tesis



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El Bien en Pieper

La realidad y el Bien1

1. La tesis


Todo deber ser se funda en el ser La realidad es el fundamento de lo ético. El bien es lo conforme con la realidad

Quien quiera conocer y hacer el bien debe dirigir su mirada al mundo objetivo del ser, no al propio "sentimiento", ni a los valores, ni a los ideales y modelos arbitrariamente propuestos. Debe prescindir de su propio acto y mirar a la realidad.

Realidad quiere decir dos cosas. A esta duplicidad de sentido corresponden las palabras latinas realis y actualis; una se deriva de res -cosa-; la otra de actus -acto, realización-.

Debemos distinguir bien estos dos sentidos de realidad: el objetivo y el actual.

"Res" es todo aquello que se ofrece al conocimiento sensitivo e intelectivo; todo aquello que tiene un ser independiente del pensar. Es uno de los trascendentales, como hemos visto, y lo que añade al ser es una nota afirmativa: de todo ser se afirma la esencia, es decir, que existe determinadamente.

Real, en este sentido, es "lo que está enfrente" ("ob-jectum"). Irreal es lo meramente pensado. La escolástica le ha dado el nombre de "ens rationis". La realidad (en el sentido de "realis") es el contenido esencial del ser independiente del pensar. Cuando Santo Tomás se refiere a esta realidad -no a su plenitud de contenido, sino a su objetividad patente a todo conocimiento- la denomina "res". Esta es una palabra clave de la lengua latina, legado del mundo romano al universo.

El segundo sentido de realidad es actualidad, en cuanto lo opuesto a la mera posibilidad. El "ens in actu" no se opone al "ens rationis" sino al "ens in potentia". Realidad, en este sentido, es "poder ser" realizado.

El principio de que la realidad es el fundamento del bien alude por supuesto a ambos significados de "real". Pero en lo que sigue ha de ser entendido, ante todo y principalmente, a partir del primero de los significados dados: el de objetividad. El otro lo analizamos cuando vemos el análisis fenomenológico de la idea del bien 2.

La realidad es el fundamento del bien. Esto ha de tener, de acuerdo con el significado "real" el siguiente sentido: Ser bueno quiere decir estar de acuerdo con el ser objetivo; es bueno lo que corresponde a la cosa; el bien es la adecuación a la realidad objetiva. Una frase de Goethe dice:

"Todas las leyes y normas­ morales se pueden reducir a una: la verdad".

Pero la verdad es el desvelamiento de la realidad; la verdad es la manifestación del ser y aquello en lo que se manifiesta lo que es. Por tanto, quien toma la dirección de reducir lo moral a la verdad y, siguiendo esa flecha indicadora, ahonda más profundamente más allá de la verdad, o mas bien a través de ella, llega necesariamente al ser: Todas la leyes y normas morales se pueden reducir a la realidad.

Es cierto que el bien se asienta en la justa relación del obrar a la razón que conoce lo verdadero; y por tanto el mal es una especie de contradicción lógica. Pero la razón no es otra cosa que la entrada hacia la realidad. Y quien intente abarcar de un golpe de vista y expresar en un soplo esta corriente de realidad-conocer-obrar, se le mostrará el mal -últimamente- como algo que repugna a lo real, que no corresponde a la cosa.

Aquí se manifiesta claramente en qué medida depende la fundamentación de la Ética, de si esta fundamentación surge de una teoría realista del conocimiento o de una teoría del conocimiento que -como dice Goethe de la kantiana- no llega al objeto.

La consideración del enraizamiento del bien en el ser objetivo lleva consigo su plasmación en un determinado tipo humano e impide determinados modos de comportamiento. Mediante esta con­sideración se hace imposible la actitud de mirada a sí mismo y al acto de conocimiento de la conciencia presentado eventualmente como normativo. El hombre se ve impulsado -a través del juicio moral propio, a mirar a la fuente normativa previa, constituida por la realidad objetiva del ser. Cuando uno se abre paso, su ojo y su mirada no tiene otro fin que hacer patentes las cosas mismas como señales y obstáculos, y que constreñirlas a dar una información. Así también el hombre que quiere realizar el bien no mira al propio acto, sino a la verdad de las cosas reales.

La objetividad es por tanto el modo de ser adecuado al hombre que busca el bien. Objetividad que significa imparcialidad con el ser. Y aún resta señalar que el propio hombre pertenece, asimismo como objeto, a la realidad objetiva del ser.

Los párrafos precedentes han formulado a grandes rasgos la tesis que será desarrollada y fundamentada a continuación.


2. Teoría realista del conocimiento y ética intelectualista


La justificación de la tesis de Pieper se basa en dos supuestos.

En primer lugar, en que nuestro conocimiento alcanza la verdad de las cosas reales, es decir, se hace con el objeto:

"El intelecto penetra hasta la esencia de las cosas; el objeto del intelecto es lo que es" (I-II, 31,5).

"Todo conocimiento se termina en lo existente -ad existens-" (Col I,4)."El objeto propio del intelecto humano, que está unido al cuerpo, es la quididad o naturaleza existente en la materia corporal" (I, 84,7).

En segundo lugar, en que nuestro querer y obrar están determinados por el conocimiento.

"La voluntad no es la primera norma; está dirigida por el conocimiento; no solamente en nosotros sino también en Dios" (De Ver. 23,6).

Antes y por encima del querer se halla la actitud cognoscitiva hacia la realidad. El bien es esencialmente dependiente y está conformado íntimamente por el conocimiento. Esto es válido siempre y para todo. También para el actuar, por así decir, puramente "voluntarista"; también para el querer objetivamente malo. Igualmente, quien niega la determinación cognoscitiva de nuestro querer y obrar es dependiente en su actuar de lo que él cree saber; y todo mal se basa de alguna forma en un error de un pretendido conocimiento.

Bueno es quien "obra la verdad" (Jn 3,21). El bien presupone la verdad:

"El bien pertenece antes a la razón en cuanto verdadero que a la voluntad en cuanto deseable" (I-II, 19,3 ad 1).



"La virtud no es otra cosa que el sello impreso en la voluntad por el entendimiento, que es la raíz de todas las virtudes" (Virt. in Com., 9 y 4 ad 3).

"El bien del hombre consiste en ser conforme a la razón y el mal en ser contrario a ella" (I-II, 18,5).3

Esta conjunción de Teoría del conocimiento realista y Ética intelectualista es el fundamento de todos los argumentos para la tesis de la conformidad del bien a la realidad.

Es al mismo tiempo base estructural de la fundamentación desarrollada de esta tesis.

El primer paso sería considerar el cómo de la relación cognoscitiva a la realidad objetiva del ser4. El segundo paso trata del modo de la configuración del querer por medio del conocimiento de la realidad.

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