La psicologia y sus multiples objetos de estudio armando navarro



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Actualmente la mayoría de los psicólogos están conscientes que el rango de la conducta humana es más amplio que el ilustrado por el condicionamiento o el reforzamiento; las experiencias que las personas adquieren son más operantes y respondientes; se aprenden esquemas, conceptos, actitudes, roles; se aprenden muchas cosas por observación, imitación, instrucción deliberada, inferencia, etc.

Otras críticas atacan al conductismo como ciencia y a sus funda­mentos epistemológicos y metodológicos. Rowan (1975), por ejem­plo, se esforzó por demostrar que el conductismo es incorrecto como



ideología, teoría, técnica, moral y concepción científica; y Bertalanfy (1976) lo describió como un escolasticismo estéril y pomposo con nociones supersticiosas y preconcebidas. Y Hernstein (1977), al analizar los enfoques de Hull y Skinner, considera que el conduc­tismo es vacío e inconsistente como teoría psicológica.

Andreski (1975) al referirse a la validez científica de la psico­logía conductista, sustenta que esa característica se cumple sólo en relación a aspectos formales tales como definiciones operacionales, control y medición de variables, cuantificación de resultados. No obstante, su valor experimental es presuntuoso.

Bajo esta misma óptica se alude al carácter insuficiente de las explicaciones conductistas y se le acusa de no captar los fenómenos profundos de la vida mental. Quienes apoyan este criterio insisten en que dichas debilidades se deben a la asimila­ción irracional de los métodos instaurados por las ciencias natu­rales, sin detenerse a considerar las diferencias existentes entre el fenómeno físico y el humano. La consecuencia es un enfoque reduccionista incapaz de comprender la realidad del psiquismo y la esencia del ser humano (Olerón, 1973). Marcuse (1968) consideró que su carácter netamente empírico y positivista te. obliga a ceñirse a los hechos v rechazar conceptos no ligados a operaciones, de allí que contribuye a desarrollar el pensamiento unidimensional.

Se ha cuestionado la naturaleza mecanicista del conductismo, al considerar al hombre como idéntico a su comportamiento; es decir, lo concibe como un mecanismo que se reduce a reaccio­nes estímulo-respuesta, reduciendo la mente a una caja negra donde

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alejan tanto del psicoanálisis como del conductismo tradicional. Se trata, más bien, de una posición integradora que toma en considera­ción eventos externos e internos en la determinación del comporta­miento. Por otra parte, Bandura destaca el carácter del aprendizaje y la importancia de la interacción entre observadores y modelos. La teoría ha encontrado aplicación en áreas como la psicoterapia, la conducta agresiva, la facilitación de conductas como el altruismo, la adquisición de estructuras gramaticales, y, más recientemente, en el estudio de la autoeficacia (Bandura, 1978).

Staats (1975) establece una línea conductista cuyo propósito es comprender la conducta recurriendo a principios del condicio­namiento clásico y a la forma como dichos principios actúan con­juntamente con las respuestas del organismo individual cuando los seres humanos interactúan en un contexto social.

La teoría se estructura alrededor del concepto de persona­lidad, considerada ésta como producto de la interacción entre el organismo y su ambiente. Los conceptos básicos aluden a los repertorios conductuales y a repertorios básicos adquiridos, los cuales se organizan jerárquicamente para asignar a la personalidad características y funciones de sistemas. Entre esos repertorios des­tacan la motivación, la emoción, el lenguaje, las actitudes, que se integran en el denominado sistema A-D-R (Activación - Drive - Respuesta).



Para Staats una teoría de la conducta humana debe propor­cionar los principios básicos para construir un modelo uniforme que permita explicar la forma como las personas se afectan mutuamente en el proceso de interacción social. El establecimiento de dichos principios conduciría a hipótesis empíricas sujetas a prueba y exigiría la extensión de la teoría conducual hacia las diversas áreas que han interesado a los investigadores en psicología social y ciencias sociales en general (Staats, 1975). Una de las áreas de aplicación de la teoría ha sido el estudio de las actitudes, basándose en evidencias empíricas relativas al condicionamiento verbal y en la relación existente entre actitudes y emociones, consideradas ambas como aprendidas por condicionamiento clásico y/o instrumental.

f) Algunas críticas al conductismo

Durante mucho tiempo el conductismo dominó la escena de la psicología contemporánea y la investigación predominante en el área se orientó, en gran parte, por los preceptos y cánones conduc­

tistas. No obstante, en los últimos años la psicología conductista ha sido objeto de críticas severas provenientes de tendencias que

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se basan en las limitaciones del conductismo al considerar al hombre desde una perspectiva mecanicista, descartando la importancia de las variables internas en la determinación de la conducta. También se han cuestionado sus fundamentos teóricos y metodológicos.

Guttman (1977) se refiere a la generalidad de los principios conductistas y a lo limitado de su validez para explicar o describir el alcance de los fenómenos que abarca. El autor afirma:

Actualmente la mayoría de los psicólogos están conscientes que el rango de la conducta humana es más amplio que el ilustrado por el condicionamiento o el reforzamiento; las experiencias que las personas adquieren son más operantes y respondientes; se aprenden esquemas, conceptos, actitudes, roles; se aprenden muchas cosas por observación, imitación, instrucción deliberada, inferencia, etc.

Otras críticas atacan al conductismo como ciencia y a sus funda­mentos epistemológicos y metodológicos. Rowan (1975), por ejem­plo, se esforzó por demostrar que el conductismo es incorrecto como



ideología, teoría, técnica, moral y concepción científica; y Bertalanfy (1976) lo describió como un escolasticismo estéril y pomposo con nociones supersticiosas y preconcebidas. Y Hernstein (1977), al analizar los enfoques de Hull y Skinner, considera que el conduc­tismo es vacío e inconsistente como teoría psicológica.

Andreski (1975) al referirse a la validez científica de la psico­logía conductista, sustenta que esa característica se cumple sólo en relación a aspectos formales tales como definiciones operacionales, control y medición de variables, cuantificación de resultados. No obstante, su valor experimental es presuntuoso.

Bajo esta misma óptica se alude al carácter insuficiente de las explicaciones conductistas y se le acusa de no captar los fenómenos profundos de la vida mental. Quienes apoyan este criterio insisten en que dichas debilidades se deben a la asimila­ción irracional de los métodos instaurados por las ciencias natu­rales, sin detenerse a considerar las diferencias existentes entre el fenómeno físico y el humano. La consecuencia es un enfoque reduccionista incapaz de comprender la realidad del psiquismo y la esencia del ser humano (Olerón, 1973). Marcuse (1968) consideró que su carácter netamente empírico y positivista te. obliga a ceñirse a los hechos v rechazar conceptos no ligados a operaciones, de allí que contribuye a desarrollar el pensamiento unidimensional.

Se ha cuestionado la naturaleza mecanicista del conductismo, al considerar al hombre como idéntico a su comportamiento; es decir, lo concibe como un mecanismo que se reduce a reaccio­

nes estímulo-respuesta, reduciendo la mente a una caja negra donde

carecen de validez constructor como los de Yo, personalidad, conciencia y sentimientos (Delcourt, 1974). Como afirman Dorna y Méndez (1979) el conductismo tiene una lógica dentro de la cual se niega al hombre toda autonomía, toda capacidad para generar sus propias conductas y toda posibilidad de asignarle sentido a sus acciones.

Estas críticas al mecanicismo reflejan posiciones ideológicas discrepantes con los postulados y supuestos conductistas. Desde el punto de vista dialéctico se considera que la psicología conduc­



tista es metafísica porque analiza al hombre separándolo de su contexto histórico-social (Yaroshevsky, 1979). Meyer (1975) alude a la imposibilidad de proporcionar una explicación adecuada de la conducta humana debido a las discrepancias existentes entre las condiciones artificiales donde se realizan los experimentos y las situaciones reales de la vida cotidiana concreta. Y, Mishler (1976) refiriéndose al enfoque skinneriano, lo acusa de promover un punto de vista materialista pero despojado del concepto de praxis, lo que aleja de una interpretación dialéctica del hombre y su conducta.

Otras críticas se dirigen hacia el énfasis en el ambiente y a la subestimación de la importancia de los factores heredados en la génesis de la conducta. En ese sentido el conductismo niega los trabajos realizados por los etólogos, los psícolingüistas y algunos neurofisiólogos. En el plano teórico se puede decir que el conduc­tismo se limita a almacenar hechos fragmentarios, sin ser capaz de estructurar un cuerpo teórico global y coherente de los fenómenos que estudia. Finalmente se plantea el problema de la generalidad de los resultados obtenidos en el laboratorio a partir de conductas simples y su uso para la comprensión de la conducta humana compleja. De acuerdo a Dorna y Méndez, ello implica negar las diferencias cualitativas entre las especies y destacar la artificialidad de los experimentos de laboratorio utilizando un escaso número de sujetos.

2.5. PSICOLOGIA DE LA GESTALT

Paralelamente al desarrollo del conductismo watsoniano, otro enfoque acerca de la psicología tomaba auge y se estructuraba como una teoría coherente de la conducta. Nos referimos a la psicología de la gestalt o psicología de la forma, cuyos antecedentes tienen múltiples raíces en la historia del pensamiento científico filosófico. De un lado está la filosofía racionalista kantiana, las ideas de Brentano concernientes a los actos mentales y a configuraciones dinámicas y las explicaciones de Ch. Ehrenfels (1859-1932) respecto

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alejan tanto del psicoanálisis como del conductismo tradicional. Se trata, más bien, de una posición integradora que toma en considera­ción eventos externos e internos en la determinación del comporta­miento. Por otra parte, Bandura destaca el carácter del aprendizaje y la importancia de la interacción entre observadores y modelos. La teoría ha encontrado aplicación en áreas como la psicoterapia, la conducta agresiva, la facilitación de conductas como el altruismo, la adquisición de estructuras gramaticales, y, más recientemente, en el estudio de la autoeficacia (Bandura, 1978).

Staats (1975) establece una línea conductista cuyo propósito es comprender la conducta recurriendo a principios del condicio­namiento clásico y a la forma como dichos principios actúan con­juntamente con las respuestas del organismo individual cuando los seres humanos interactúan en un contexto social.

La teoría se estructura alrededor del concepto de persona­lidad, considerada ésta como producto de la interacción entre el organismo y su ambiente. Los conceptos básicos aluden a los repertorios conductuales y a repertorios básicos adquiridos, los cuales se organizan jerárquicamente para asignar a la personalidad características y funciones de sistemas. Entre esos repertorios des­tacan la motivación, la emoción, el lenguaje, las actitudes, que se integran en el denominado sistema A-D-R (Activación - Drive - Respuesta).



Para Staats una teoría de la conducta humana debe propor­cionar los principios básicos para construir un modelo uniforme que permita explicar la forma como las personas se afectan mutuamente en el proceso de interacción social. El establecimiento de dichos principios conduciría a hipótesis empíricas sujetas a prueba y exigiría la extensión de la teoría conducual hacia las diversas áreas que han interesado a los investigadores en psicología social y ciencias sociales en general (Staats, 1975). Una de las áreas de aplicación de la teoría ha sido el estudio de las actitudes, basándose en evidencias empíricas relativas al condicionamiento verbal y en la relación existente entre actitudes y emociones, consideradas ambas como aprendidas por condicionamiento clásico y/o instrumental.

f) Algunas críticas al conductismo

Durante mucho tiempo el conductismo dominó la escena de la psicología contemporánea y la investigación predominante en el área se orientó, en gran parte, por los preceptos y cánones conduc­

tistas. No obstante, en los últimos años la psicología conductista ha sido objeto de críticas severas provenientes de tendencias que

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se basan en las limitaciones del conductismo al considerar al hombre desde una perspectiva mecanicista, descartando la importancia de las variables internas en la determinación de la conducta. También se han cuestionado sus fundamentos teóricos y metodológicos.

Guttman (1977) se refiere a la generalidad de los principios conductistas y a lo limitado de su validez para explicar o describir el alcance de los fenómenos que abarca. El autor afirma:

Actualmente la mayoría de los psicólogos están conscientes que el rango de la conducta humana es más amplio que el ilustrado por el condicionamiento o el reforzamiento; las experiencias que las personas adquieren son más operantes y respondientes; se aprenden esquemas, conceptos, actitudes, roles; se aprenden muchas cosas por observación, imitación, instrucción deliberada, inferencia, etc.

Otras críticas atacan al conductismo como ciencia y a sus funda­mentos epistemológicos y metodológicos. Rowan (1975), por ejem­plo, se esforzó por demostrar que el conductismo es incorrecto como



ideología, teoría, técnica, moral y concepción científica; y Bertalanfy (1976) lo describió como un escolasticismo estéril y pomposo con nociones supersticiosas y preconcebidas. Y Hernstein (1977), al analizar los enfoques de Hull y Skinner, considera que el conduc­tismo es vacío e inconsistente como teoría psicológica.

Andreski (1975) al referirse a la validez científica de la psico­logía conductista, sustenta que esa característica se cumple sólo en relación a aspectos formales tales como definiciones operacionales, control y medición de variables, cuantificación de resultados. No obstante, su valor experimental es presuntuoso.

Bajo esta misma óptica se alude al carácter insuficiente de las explicaciones conductistas y se le acusa de no captar los fenómenos profundos de la vida mental. Quienes apoyan este criterio insisten en que dichas debilidades se deben a la asimila­ción irracional de los métodos instaurados por las ciencias natu­rales, sin detenerse a considerar las diferencias existentes entre el fenómeno físico y el humano. La consecuencia es un enfoque reduccionista incapaz de comprender la realidad del psiquismo y la esencia del ser humano (Olerón, 1973). Marcuse (1968) consideró que su carácter netamente empírico y positivista te. obliga a ceñirse a los hechos v rechazar conceptos no ligados a operaciones, de allí que contribuye a desarrollar el pensamiento unidimensional.

Se ha cuestionado la naturaleza mecanicista del conductismo, al considerar al hombre como idéntico a su comportamiento; es decir, lo concibe como un mecanismo que se reduce a reaccio­

nes estímulo-respuesta, reduciendo la mente a una caja negra donde

carecen de validez constructor como los de Yo, personalidad, conciencia y sentimientos (Delcourt, 1974). Como afirman Dorna y Méndez (1979) el conductismo tiene una lógica dentro de la cual se niega al hombre toda autonomía, toda capacidad para generar sus propias conductas y toda posibilidad de asignarle sentido a sus acciones.

Estas críticas al mecanicismo reflejan posiciones ideológicas discrepantes con los postulados y supuestos conductistas. Desde el punto de vista dialéctico se considera que la psicología conduc­



tista es metafísica porque analiza al hombre separándolo de su contexto histórico-social (Yaroshevsky, 1979). Meyer (1975) alude a la imposibilidad de proporcionar una explicación adecuada de la conducta humana debido a las discrepancias existentes entre las condiciones artificiales donde se realizan los experimentos y las situaciones reales de la vida cotidiana concreta. Y, Mishler (1976) refiriéndose al enfoque skinneriano, lo acusa de promover un punto de vista materialista pero despojado del concepto de praxis, lo que aleja de una interpretación dialéctica del hombre y su conducta.

Otras críticas se dirigen hacia el énfasis en el ambiente y a la subestimación de la importancia de los factores heredados en la génesis de la conducta. En ese sentido el conductismo niega los trabajos realizados por los etólogos, los psícolingüistas y algunos neurofisiólogos. En el plano teórico se puede decir que el conduc­tismo se limita a almacenar hechos fragmentarios, sin ser capaz de estructurar un cuerpo teórico global y coherente de los fenómenos que estudia. Finalmente se plantea el problema de la generalidad de los resultados obtenidos en el laboratorio a partir de conductas simples y su uso para la comprensión de la conducta humana compleja. De acuerdo a Dorna y Méndez, ello implica negar las diferencias cualitativas entre las especies y destacar la artificialidad de los experimentos de laboratorio utilizando un escaso número de sujetos.



2.5. PSICOLOGIA DE LA GESTALT

Paralelamente al desarrollo del conductismo watsoniano, otro enfoque acerca de la psicología tomaba auge y se estructuraba como una teoría coherente de la conducta. Nos referimos a la psicología de la gestalt o psicología de la forma, cuyos antecedentes tienen múltiples raíces en la historia del pensamiento científico filosófico. De un lado está la filosofía racionalista kantiana, las ideas de Brentano concernientes a los actos mentales y a configuraciones dinámicas y las explicaciones de Ch. Ehrenfels (1859-1932) respecto

l a las cualidades de la experiencia consideradas como totalidades. Ehrenfels llamó a esas cualidades, gestalten cualitativas y equivalen a percepciones que contienen algo más que las sensaciones indivi­duales. Otra influencia proviene de la física a través de E. Mach (1836 - 1916) quien habló de sensaciones de forma-espacio y forma-tiempo, las cuales son independientes de sus elementos. De ran importancia para la psicología de la gestalt es el movimiento ilosófico alemán conocido con el nombre de fenomenología. Como herramienta metodológica la fenomenología se refiere a una descrip­ción libre y no contaminada de la experiencia inmediata tal y como ella ocurre. Es un tipo de observación a partir del cual una expe­riencia es analizada en sí misma v no como elementos abstraídos artificialmente. Incluye la experiencia común antes que la reportada por observadores entrenados en el laboratorio. Finalmente influye la física al introducir los conceptos de campo o regiones con nuevas propiedades estructurales y no como suma de defectos generados por partículas indivisibles. Así la ciencia física cambia su concep­ción elementalista y tiende a pensar en términos de campos y totalidades, hecho este que se refleja en algunos supuestos básicos de la psicología de la gestalt.

El punto de partida de la escuela son los estudios de M. Wertheimer (1880 - 1943) en relación al movimiento aparente, en cuyos experimentos sirvieron como sujetos Koffka y KShler. Estas tres personalidades cambian el énfasis de la psicología en lo que respecta al objeto, al método y a la concepción general del fenómeno psíquico. El enfoque elementalista, distintivo del conductismo y el estructuralismo, es sustituido por una visión holística y molar de la experiencia considerada como una totalidad. La introspección, como método, se lleva a cabo de manera espon­tánea y la fuente de datos está representada tanto por la conciencia como por la conducta.

Para los psicólogos de la gestalt el objeto de la psicología es la conducta, pero entendida ésta como fenómeno de masa, molar, que no puede ser reducido a elementos fisiológicos o a átomos de conciencia. Esta conducta masiva tiene lugar dentro de un ámbito o espacio conductual el cual no está constituido por los estímulos ambientales presentes en el mundo físico sino que se erige como un eslabón intermedio entre el ambiente geográfico y la conducta, entre el estímulo y la respuesta. " 1

Los estudios de Wertheimer cambian, el interés por el apren­dizaje y se concentran en el estudio de la percepción y a partir de ella se interpretan procesos como la memoria, el pensamiento

y la solución de problemas. El énfasis en la conducta molar desplaza a la acción apoyada en relaciones reflejas y se concentra

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alejan tanto del psicoanálisis como del conductismo tradicional. Se trata, más bien, de una posición integradora que toma en considera­ción eventos externos e internos en la determinación del comporta­miento. Por otra parte, Bandura destaca el carácter del aprendizaje y la importancia de la interacción entre observadores y modelos. La teoría ha encontrado aplicación en áreas como la psicoterapia, la conducta agresiva, la facilitación de conductas como el altruismo, la adquisición de estructuras gramaticales, y, más recientemente, en el estudio de la autoeficacia (Bandura, 1978).

Staats (1975) establece una línea conductista cuyo propósito es comprender la conducta recurriendo a principios del condicio­namiento clásico y a la forma como dichos principios actúan con­juntamente con las respuestas del organismo individual cuando los seres humanos interactúan en un contexto social.

La teoría se estructura alrededor del concepto de persona­lidad, considerada ésta como producto de la interacción entre el organismo y su ambiente. Los conceptos básicos aluden a los repertorios conductuales y a repertorios básicos adquiridos, los cuales se organizan jerárquicamente para asignar a la personalidad características y funciones de sistemas. Entre esos repertorios des­tacan la motivación, la emoción, el lenguaje, las actitudes, que se integran en el denominado sistema A-D-R (Activación - Drive - Respuesta).



Para Staats una teoría de la conducta humana debe propor­cionar los principios básicos para construir un modelo uniforme que permita explicar la forma como las personas se afectan mutuamente en el proceso de interacción social. El establecimiento de dichos principios conduciría a hipótesis empíricas sujetas a prueba y exigiría la extensión de la teoría conducual hacia las diversas áreas que han interesado a los investigadores en psicología social y ciencias sociales en general (Staats, 1975). Una de las áreas de aplicación de la teoría ha sido el estudio de las actitudes, basándose en evidencias empíricas relativas al condicionamiento verbal y en la relación existente entre actitudes y emociones, consideradas ambas como aprendidas por condicionamiento clásico y/o instrumental.

f) Algunas críticas al conductismo

Durante mucho tiempo el conductismo dominó la escena de la psicología contemporánea y la investigación predominante en el área se orientó, en gran parte, por los preceptos y cánones conduc­

tistas. No obstante, en los últimos años la psicología conductista ha sido objeto de críticas severas provenientes de tendencias que

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se basan en las limitaciones del conductismo al considerar al hombre desde una perspectiva mecanicista, descartando la importancia de las variables internas en la determinación de la conducta. También se han cuestionado sus fundamentos teóricos y metodológicos.

Guttman (1977) se refiere a la generalidad de los principios conductistas y a lo limitado de su validez para explicar o describir el alcance de los fenómenos que abarca. El autor afirma:
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