La psicologia y sus multiples objetos de estudio armando navarro



Descargar 1 Mb.
Página1/11
Fecha de conversión02.10.2017
Tamaño1 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

LA PSICOLOGIA Y SUS MULTIPLES OBJETOS DE ESTUDIO

ARMANDO NAVARRO


Universidad Central de Venezuela. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico. Caracas. 1989

Incluye hasta página 130 Final


Completo

INTRODUCCION

Una ligera revisión de lo que ocurre actualmente en psicología muestra una situación que puede dejar perplejo a quien se inicia en el estudio de dicha disciplina: a pesar de haber transcurrido un poco más de un siglo del establecimiento de la psicología como ciencia experimental, los psicólogos aún mantienen discrepancias profundas respecto a algunas cuestiones esenciales.



Entre esos desacuerdos hay uno de significatividad especial: el que atañe al objeto de la psicología. El problema del objeto no sólo es relevante para la psicología sino también para cualquier ciencia, ya que delimita el aspecto de la realidad acerca del cual una ciencia proveerá conocimientos y, al mismo tiempo, incide en la forma de búsqueda de esos conocimientos y en la validez de los mismos. En este sentido el problema ontológico, planteado en términos de lo que es considerado como real, determina los planteamientos de orden epistemológíco y gnoseológico.
Desde esta perspectiva sustentar que la psicología es una ciencia equivale a asumir que posee un objeto, que existen hechos o eventos que constituyen la realidad susceptible de ser indagada y conocida por el psicólogo como científico, de la misma forma que los seres vivos definen la realidad abordada por el biólogo y las relaciones sociales demarcan el campo de acción del sociólogo. Pero, ¿cuál es el objeto de estudio de la psicología?, ¿cuáles eventos tienen status de realidad ontológica para el psicólogo?
Ante estos interrogantes no existe, ni ha existido, una respuesta única. La historia de la psicología indica que desde sus inicios como ciencia lo común ha sido la discrepancia en torno a cuál es la realidad psicológica primaria. Así encontramos que para Wundt (1873; citado en Schultz, 1969) el objeto de estudio lo constituye los contenidos de la experiencia consciente o inmediata, mientras que para Brentano (1874; citado en Schultz, 1969) la psicología debería ocuparse de los actos o procesos mentales.
En la actualidad las respuestas emitidas acerca del problema del objeto también son múltiples, como se revela a través del estudio de lis principales enfoques teóricos existentes, la mayoría.:. los cuales han evolucionado a partir de la primera década del siglo veinte. Para algunos, el hecho psicológico básico es la conducta observable definida en términos de estímulos y respuestas (conductismo radical de línea dura) o conceptualizada en términos de estímulos y respuestas más procesos mediacionales internos de naturaleza psicológica o fisiológica (conductismo de línea blanda). Otros proponen que el objeto de la psicología lo constituye la conciencia, bien sea como experiencia fenoménica (psicología de la gestalt) o como un reflejo de la realidad (psicología soviética contemporánea) . Otras tendencias se apoyan en el inconsciente como realidad fundamental y están representadas por diversas modalidades del psicoanálisis. Por su parte los psicólogos de orientación cognoscitiva se centran en el análisis y estudio de construcciones inferidas denominadas cogniciones, catalogadas como eventos internos que ocurren entre los estímulos y las respuestas explícitas. En esta categoría destacan los enfoques que ven al hombre como un procesador de información. Finalmente cabe hacer referencia a la psicología humanística cuyos partidarios proclaman que el objeto de la psicología es la experiencia del hombre como ser total.
Esta multiplicidad de objetos posibles revela una verdad inevitable: la ausencia de unidad en la psicología. En ese sentido la psicología se muestra como una ciencia plural y compleja y el término denota diversidad de significados. No obstante, la pluralidad trasciende al problema del objeto para incidir en otras cuestiones fundamentales como la definición misma de la psicología, su relevancia como ciencia, la adecuación de sus métodos y la validez de los conocimientos que proporciona. Por esa vía el problema ontológico entra en interacción con planteamientos gnoseológicos y epistemológicos, porque los supuestos acerca del objeto inciden en la escogencia de métodos y en la validez de los conocimientos que se alcancen. Pero el problema es más complejo y supera los límites de la psicología. Es un problema enmarcado en un contexto más amplio que incluye a las concepciones que se asuman acerca del universo, del hombre, de la ciencia y del hecho psicológico como tal. Y la historia demuestra que tampoco han existido criterios comunes en torno a estos aspectos. La evolución de la ciencia y la filosofía es ilustrativa; estas disciplinas han progresado debatiéndose alrededor de polaridades: idealismo‑materialismo, idealismo‑realismo, racionalismo-empirismo, mecanicismo‑dialéctica, objetividad‑subjetividad, sujeto-objeto, comprensión‑explicación, positivismo‑fenomenología, molar-molecular, entre otras posibilidades.
Retomando el problema puede decirse que la psicología actual es heterogénea en lo concerniente a su objeto de estudio. Ello sugiere que es difícil hablar de la existencia de un paradigma que unifique y asigne a la psicología carácter de ciencia normal, para usar la terminología de T. Kuhn (1971) (1). De acuerdo a este autor:
Los hombres cuya investigación se basa en paradigmas compartidos están sujetos a las mismas reglas y normas para la práctica científica. Este compromiso y el consentimiento aparente que provoca son requisitos previos para la ciencia normal, es decir, para la génesis y continuación de una tradición particular de la investigación científica (p. 34). La adquisición de un paradigma y del tipo más esotérico de investigación que dicho paradigma permite es un signo de madurez en el desarrollo de cualquier campo científico (p. 35).
Exposiciones recientes confirman el carácter múltiple de la psicología en lo atinente a su objeto de estudio. Autores como McLeod (1965) y Stanford (1965) han afirmado que la unidad en psicología es aparente y que, por lo tanto, se trata de una disciplina fragmentada. Holzkamp (1964) considera que hay tres grupos de fenómenos que atañen a la psicología: las experiencias, otras personas y el mundo fenomenal; Henneman (1973) y Kendler (1976) coinciden al decir que los tres tipos de fenómenos que interesan a los psicólogos son las actividades objetivamente observables o actos de conductas, las actividades mentales o procesos conscientes y los procesos neurofisiológicos. Berlyne (1975) expresa que la psicología científica se plantea, por lo menos, tres objetos de estudio: las experiencias conscientes, la conducta y los eventos internos no necesariamente conscientes. Y Fiske (1979) sustenta que los fenómenos psicológicos pueden agruparse en dos categorías: las personas como individuos o como miembros de un grupo y las conductas.

La muestra de opiniones acotadas no sólo evidencia la falta de unidad en lo que concierne al objeto sino también en el terreno de los hechos que se consideran pertinentes. Esto indica que uno de los problemas claves para la psicología es el de buscar acuerdos en cuanto a los fenómenos a ser investigados y alcanza, consecuentemente, su unidad. Intentos de propiciar, unificaciones han sido realizados por Kendler (1976) quien trata de establecer la

____________________________

1 El libro de Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, fue publicado originalmente en inglés en 1962. Los párrafos aquí citados fueron extraídos de la primera edición en español, realizada por el Fondo de Cultura Económica en 1971.


correlación entre lo conductual, lo fisiológico y lo experiencial; Salzinger (1976) al proponer la cognición como un concepto integrador, y Fiske (1979) al considerar que el énfasis en las personas o en la conducta promueve hacía la búsqueda de criterios comunes y proposiciones explicativas, variando sólo la metodología empleada para la indagación.
Cabe destacar que la problemática de la unidad en psicología se aprecia en dimensiones menos generales que la referida al asunto del objeto. La fragmentación atañe a problemas más específicos como los atinentes a la conceptualización y explicación de los procesos que constituyen áreas relevantes para la investigación y teorización. Así, no es posible encontrar una definición única de aprendizaje, memoria, emoción, percepción, motivación, etc., lo que produce una división de la psicología en sectores separados tales como psicología del aprendizaje, psicología de la motivación y la emoción, psicología de la percepción, psicología del pensamiento, para citar sólo algunas. Aun en un nivel más restringido no hay acuerdos en cuanto al significado exacto de conceptos como estímulo, refuerzo o respuesta.
Indudablemente ello es producto de la complejidad del hecho psicológico como tal e indica que un mismo fenómeno puede enfocarse desde diversas perspectivas teóricas y metodológicas. También sugiere que la psique humana no es analizable desde un marco de referencia unilateral. Dada la complejidad del fenómeno humano, la psicología requiere interactuar con otras disciplinas como la filosofía, la sociología, la biología, la neurofisiología, la antropología, las matemáticas y la ciencia de la computación. Tal es lo que sucede a través del decurso de la historia y la evolución de la psicología como ciencia puede estudiarse como la dinámica de esas interacciones y su influencia en la delimitación de sus problemas.
LOS PROPOSITOS
Este trabajo concierne, esencialmente, al problema del objeto de la psicología contemporánea el cual es básico para entender la situación actual de dicha ciencia. Evidentemente, el asunto del objeto de la psicología no puede tratarse en abstracto, como un tópico separado. Su abordaje requiere establecer diversos vínculos. Por una parte destacan las relaciones entre problemas que corresponden a la psicología como ciencia y en ese sentido al estudiar la problemática del objeto se está tratando, directa o indirectamente, con problemas del método, de la construcción teórica y de la naturaleza misma de la psicología. En segundo lugar, lo que existe actualmente en psicología no ha surgido de la nada. Ello es el producto de un largo y complicado proceso histórico-social, que incluye la evolución de las más diversas disciplinas, así como los cambios radicales que se han sucedido en las estructuras socioeconómicas y políticas, científicas y tecnológicas. Como todas las ciencias, la psicología parte de la filosofía y se mantiene adscrita a ella hasta el último cuarto del siglo diecinueve cuando W. Wundt establece en 1879, en la ciudad de Leipzig, Alemania, el primer laboratorio para la investigación experimental del fenómeno psíquico.
Esta larga dependencia de la psicología respecto a la filosofía siempre se ha revelado en la forma como las grandes concepciones filosóficas han determinado las cuestiones pertinentes a la psicología. Lo mismo puede decirse de la evolución de la ciencia y de los cambios sociales en general de quienes la psicología ha asimilado influencias y precisado relaciones. En épocas de progreso y cambio social la psicología ha aparecido como una ciencia de avanzada; en momentos de estancamiento, como durante la Edad Media, ha sido estática y conservadora. En síntesis, siempre la psicología ha estado influida por el contexto sociocultural de un determinado período histórico o como afirman algunos autores por el zeitgeist o clima intelectual de las épocas (Schultz, 1969) .

En base a lo anterior se abordará el objeto de la psicología de una perspectiva histórica, porque es difícil entender lo que ocurre actualmente en psicología sin entender lo que ha sucedido en el pasado, aún más cuando se trata de una ciencia cuyos tópicos y problemas, en un porcentaje bastante significativo, ya están presentes ' en las primeras reflexiones del hombre acerca del universo y de sí mismo. Como dice G. Murphy (1971)


Cualesquiera que sean las dificultades con que se tropiece en la búsqueda de una unidad en medio de las diversas disciplinas psicológicas, debe reconocerse que existe por lo menos una unidad a la cual podemos aferrarnos para alcanzar una perspectiva orientadora y una guía para la estimación y la síntesis. y no es otra que la serena unidad de la historia (p. 261.
Y E. Heidbreder, en su clásico texto Psicologías del siglo veinte (1972) afirma:
Para estudiar los distintos sistemas de psicología, resulta casi imprescindible rastrear sus antecedentes históricos. El hecho mismo de su tardía aparición en el pensamiento humano, denuncia que durante largos años sus problemas han podido establecer oscuras afinidades y vínculos embarazosos que han escapado por completo a la celosa fiscalización de la ciencia.

La joven ciencia psicológica descubre de continuo que sus problemas predilectos tienen historia; que los mismos términos con que se enuncian encierran contenidos que los relacionan con criterios preexistentes, y que sus conclusiones hállanse a menudo determinadas por el hábito y la asociación. Su camino dista mucho de ser una línea recta. Atraída por algún núcleo de conocimiento u opinión del que difícilmente llega a hacerse consciente, continuamente se desvía de su ruta. Los rodeos de su pensamiento y el contenido real de sus conceptos están con frecuencia condicionados por acciones históricas y datan de centurias (p. 27) .
PRIMERA PARTE
EVOLUCION HISTORICA DEL OBJETO DE LA PSICOLOGIA:

DESDE LOS ORIGENES A WUNDT
1. La Cultura Primitiva
Cualquier estudio de los orígenes de la ciencia contemporánea debe partir de un análisis de las características de la cultura que comienza con la separación del hombre de sus antepasados simies­cos inmediatos, lo cual marca el inicio de la adquisición de una serie de mecanismos y habilidades indispensables para la super­vivencia y continuidad de la especie ante un medio natural que, si bien constituye la principal fuente de recursos para satisfacción de las necesidades básicas, en algunas ocasiones se revela como omnipotente y amenazador. Así durante el denominado período paleolítico la supervivencia y la relación adecuada con la natura­leza requerían de algo más que la capacidad perceptiva sensorial, especialmente visual, y las destrezas para asir y manipular objetos: era necesario cierta coherencia social que permitiera la ejecución adecuada de actividades indispensables para la subsistencia tales como la caza de animales. Ello exigía la organización en grupos y el establecimiento de una sociedad continua, susceptible de transmi­tirse de una generación a otra. En sus inicios esa sociedad no era más que grupos humanos caracterizados fundamentalmente por la forma como se obtenían los alimentos, destacándose la recolección de frutos y raíces de consumo inmediato y la captura de animales pequeños atrapables con las manos desnudas. Con todo ello, estas labores elementales marcaron una primera división social del trabajo, basada principalmente en el sexo, en especial cuando la caza se extendió hacia grandes animales como el caballo o el mamut: las mujeres se concentran en labores de recolección de frutos, raíces e insectos mientras que los hombres participan en tareas de caza de animales.

Pero, como parte de la organización social y para garan­tizar la coherencia y continuidad de la misma, era necesario la presencia de. otra habilidad fundamental: la comunicación. Quizás el hombre descubrió el lenguaje antes que cualquier otra conquista posible. La cooperación de varios individuos en la persecución de la cabeza sólo era posible mediante el uso de gestos y voces; en ese sentido, el lenguaje se constituyó en un medio de comunica­ción y producción, quizás el más antiguo de todos. Como sostiene Bernal (1979) , "el lenguaje primitivo se ocuparía principalmente de la obtención de alimentos, refiriéndose al movimiento de las personas y al empleo de útiles" (p. 69) . Correlativamente al desarrollo del lenguaje se establecieron las bases del pensamiento humano, lo que implicó el uso de representaciones simbólicas y la capacidad para entender símbolos convencionales, generalizados y abstractos.



La cultura en el período paleolítico se caracterizó por la relación inmediata entre el hombre y la naturaleza. Fue, en esencia, una cultura poco expandida, con mecanismos productivos elementales pero que sin embargo predice la técnica y ciencia futuras a través del proceso de construcción de útiles e instrumentos. Al comienzo, los útiles se concebían simplemente como una prolongación de los miembros corporales y se utilizaban de manera azarosa; posteriormente su empleo fue consciente en función de un plan previo, todo ello vinculado con las necesidades básicas. De esa forma el hombre comenzó a elaborar vestidos para protegerse del invierno y las noches frías, conjuntamente con protecciones de pieles para los pies, lo que ayudó a expandir el ámbito geográfico a ser explorado y en cierta forma a la prolongación de la vida. Estas invenciones, complementadas con el uso del fuego en la cocina y la alfarería, la elaboración de instrumentos, y la observación de la naturaleza (en especial de animales y plantas), marcan los inicios de ciencias como la mecánica y la física, la química y la biología. Desde este punto de vista, el origen de estas ciencias responde a un criterio utilitario y al desarrollo de una tecnología rudimentaria.
En otro plano, la cultura paleolítica se manifestó a través de logros más abstractos como el arte y la magia. Respecto al arte predominaron las pinturas, dibujos y esculturas de animales, representándose no sólo el aspecto exterior sino también partes internas como las vísceras, el corazón y las entrañas. Residió allí el inicio de la anatomía, de las técnicas de la representación pictórica y las artes gráficas visuales, de las escrituras y las matemáticas las cuales posibilitaron el surgimiento de la ciencia racional. Por otra parte, las limitaciones de la técnica condujeron al uso de recursos artificiales para persuadir e incitar a la naturaleza utilizando como medios a los ancianos y los animales cazados. Se inició el desarrollo de la magia, a través de tótems y tabúes con los correspondientes rituales totémicos, en especial los de iniciación, nacimiento y enterramiento. Como consecuencia de la magia nació la idea de la existencia de espíritus los cuales se conceptualizaron como corpóreos; posteriormente se concibieron como entes que abandonaban al cuerpo después de la muerte, como entidades distintas capaces de tener una vida invisible, pero no por ello menos real. Luego la noción de espíritu adquirió otros dos sentidos: como un héroe legendario y/o como un agente natural invisible (el viento, por ejemplo), como una fuerza activa la cual presumiblemente se encontraba por debajo de los cambios químicos y vitales.
Si se quisiera establecer una relación entre la cultura paleolítica y el desarrollo posterior de la psicología, quizás el aspecto de aquélla que pudiera ser más relevante es el relacionado con la magia y el totemismo. Ello implicó no sólo el surgimiento de las religiones, con la inevitable idea de Dios, y la mitología, sino también los primeros indicios de una separación entre dos entidades distintas en el hombre: el alma y el cuerpo. Esta división sirvió de base para el surgimiento de un período más avanzado de la distinción entre lo corporal y lo espiritual y de una serie de interpretaciones teóricas acerca de la naturaleza y relaciones entre ambos. El origen de esta distinción fue la perplejidad del hombre primitivo ante fenómenos que ocurrían en su propio cuerpo o en el de los otros. Le sorprendió el hecho de soñar y, aún más, soñar con personas ya desaparecidas o participar en combates o actividades de caza durante el sueño; pero también le sorprendió poder recordar acontecimientos pasados, entre ellos sus sueños, así como observar ciertas anormalidades que fueron consideradas como posesiones del alma por los espíritus. Aunque la interpretación de lo espiritual se enmarcó dentro de una perspectiva material (el espíritu tiene las mismas características que los objetos del mundo real), ya estaban implícitas algunas ideas como la .de la transmigración de las almas y la persistencia de éstas después de la muerte. En todo caso, en la cultura primitiva no se puede hablar de una psicología racional y menos de una psicología sistemática.
En un segundo período evolutivo de la cultura primitiva, el neolítico, ocurrieron avances significativos para el surgimiento de la ciencia y la técnica en estadios sociales posteriores como la edad de hierro. Se considera que durante el período neolítico se conforman las bases para la futura civilización que floreció en Grecia y Roma durante el período siguiente. El hecho más destacado en el neolítico fue la invención de la técnica de la agricultura, lo que delimitó un tipo de relación diferente entre el hombre y la naturaleza:
El hombre dejó de ser un parásito de los animales y las plantas y dominó a la naturaleza mediante el conocimiento de sus leyes de reproducción, consiguiendo así una independencia mayor y más amplia de las condiciones externas (Bernal, 1979, p. 87) .
La invención de la agricultura tuvo repercusiones significa­tivas para la evolución del hombre y de la sociedad. Una conse­cuencia inmediata fue la implementación de nuevas técnicas para el cultivo de la tierra y la preparación de alimentos; así mismo, surgieron técnicas auxiliares como la del tejido, la alfarería y la construcción de chozas. Nació la propiedad de la tierra, no como propiedad privada sino como comunas; la propiedad privada apareció cuando el trueque comenzó a sustituir al intercambio durante las ceremonias rituales y los individuos empezaron a reclamar los bienes producidos por ellos. Ello generó dos conse­cuencias importantes: al principio comenzó a establecerse la diferencia entre las personas en base a las riquezas poseídas; más tarde, emergieron nítidamente las clases sociales. Otra noción importante fue el concepto de trabajo, la que posteriormente con la sustitución de la aldea (como unidad administrativa básica) por la ciudad condujo a una clara distinción entre los productores del campo y los trabajadores de la ciudad.
En el terreno intelectual la modificación de la base material de la vida comunitaria repercutió en la generación de nuevos mitos y rituales, destacándose los ritos relacionados con la ferti­lidad, según los cuales los apareamientos humanos servían para propiciar las cosechas, y los vinculados con la magia imitativa para producir la lluvia; el rito y la magia se hacen más ordenados, dando origen al gobierno y la religión: "se eligieron reyes v reinas de los granos y de las lluvias, otorgándoseles poderes y consideraciones especiales al ser vistos como algo esencial para la vida de la comunidad" (Bernal, 1979, p. 91) .
Al comienzo del neolítico la aldea constituyó la unidad económica y cultural; luego, se fundaron las ciudades con sus consecuentes implicaciones para la organización social: "la ciudad se centraba en torno a un templo o casa más grande en la que un dios ayudado por sus sacerdotes gobernaba desde el pequeño panteón de los antepasados totémicos locales" (Bernal, p. 95) . Simultáneamente, como ya se indicó, hubo una división social del trabajo donde por una parte se distinguió entre trabajadores del campo y la ciudad y entre los artesanos al servicio del templo y el sacerdote, por medio de labores de albañilería, carnicería, carpintería, panadería y licorería. A su vez, el descubrimiento de los metales, especialmente del cobre y su aleación, el bronce, dio origen a la joyería y la metalurgia, a la sustitución de los ins­trumentos de piedra por los de metal y a gremios cerrados de forjadores quienes fueron los antecedentes más inmediatos de las castas. La expansión creada por la ciudad y la necesidad de distribuir alimentos entre miles de pobladores, así como el desarrollo del comercio por el trueque y la pecunia estimuló la evolución del transporte en especial de los navíos y del transporte de ruedas.
En cuanto a logros científicos el período neolítico se caracte­rizó por el desarrollo de la ciencia cuantitativa, la escritura, la astronomía y astrología, la medicina y la química. Se normalizó el uso de la medida, primero en forma convencional mediante el uso de envases y después a través de instrumentos más sofisti­cados y complicados en su funcionamiento mecánico tales como la balanza. La matemática se inició como una aritmética basada en el arte de contar utilizando los dedos de la mano, lo que originó los números dígitos y el sistema decimal, complementada después con el uso de piedras para contar y la invención del ábaco. La necesidad de construir estimuló el desarrollo de la geometría con la aparición de la noción del ángulo recto y el uso de la línea recta; se implementó también la práctica de elaborar planos a escalas, antecediendo a la cartografía. La capacidad para contar y calcular, basada en fines prácticos, repercutió en el progreso de la astronomía y como derivación de ésta, en la elaboración de calendarios.
El neolítico se destacó como un período de florecimiento de la técnica seguido por una larga fase de estancamiento que, conjunta­mente con la guerra, produjo un desequilibrio en la sociedad primitiva. Como afirma Bernal:
La guerra hizo que el reclutamiento y dirección de los ejércitos se convirtiera en necesidad vital, cosa que cambió el carácter del gobierno y del estado. La principal función del jefe de estado dejó de ser la dirección de la agricultura y las obras públicas y se convirtió en un jefe militar ‑de sacerdote a rey (p. 120).
(Sin embargo, la guerra tuvo sus aportes positivos: condujo al arte militar y al surgimiento de la ingeniería) .
2. La Edad de Hierro y la cultura clásica griega
Lo que distinguió a esta fase fue el descubrimiento del hierro y su empleo para la fabricación de armas y otros implementos como hachas y arados. Estos últimos instrumentos al ser utilizados abrieron nuevas perspectivas para la agricultura al permitir la tala de bosques y la construcción de canales para facilitar el riego de los campos. Durante este mismo período ocurrió una ampliación significativa del comercio, así como una difusión más rápida de la cultura debido al empleo de navíos y rutas marítimas que no sólo resultaban más rápidas que las comunicaciones terrestres sino también más económicas. Uno de los logros más destacados de esta fase fue la creación de la moneda metálica, una de cuyas consecuencias fue la definición de las relaciones sociales en términos de compra y venta y la inmersión de las clases desposeídas en una situación de endeudamiento permanente. Durante la misma época los sistemas de escritura cuneiforme y jeroglífico, característicos de los imperios antiguos, se transformaron en el alfabeto, hecho este que facilitó la lectura y la escritura y permitió la emergencia de la literatura en forma de poesía, historia y prosa.

Destaca entre las civilizaciones que florecieron en la edad de hierro la cultura griega, con sus logros y limitaciones, la cual sienta las bases para el desarrollo posterior de la ciencia moderna. Se acepta casi con unanimidad que a partir de los griegos la continuidad de la ciencia y la cultura se ha mantenido estable y que cuando tal continuidad se ha perdido, siempre ha sido posible encontrarla de nuevo para volverla a utilizar. En parte, algunas características del pueblo determinan superioridad respecto al avance de la ciencia y la cultura. La ubicación geográfica, complementada con una necesidad imperiosa de establecer relaciones comerciales con otras civilizaciones condujeron a los griegos a un conocimiento de los avances culturales de los países con los cuales entraban en contacto, promoviendo una síntesis de dicha cultura conjuntamente con una transformación que repercutió en la creación de una cultura original tanto en el plano intelectual, como en el político y el científico. Sobresalieron particularmente las condiciones sociales de la civilización griega, sustentada en la democracia y en la posibilidad del uso amplio de la palabra a través de la argumentación dialéctica. Respecto a la ciencia, el pensamiento griego está marcado por lo que Bernal denomina el modo científico, el cual alude más a la capacidad para distinguir entre lo verificable y lo emotivo antes que al conocimiento y aplicación de la ciencia: ese modo científico, aunado al gusto por la argumentación, estableció una separación entre la técnica y la ciencia permitiendo que esta última se hiciera más sencilla, abstracta y racional y que a su vez se ciñera a un plan, un método y un lenguaje.


Los inicios de la ciencia griega pueden ubicarse en el siglo VI a. C., época en la cual los intercambios mercantiles les pusieron en contacto con Egipto, Fenicia y Babilonia, y socialmente ocurría el debilitamiento de la aristocracia campesina y el poder se traspasaba a las manos de un conjunto de jefes locales o tiranos, los cuales contaban con el apoyo de las clases comerciantes. Esta ciencia embrionaria se originó en las ciudades jonias del Asia Menor, particularmente en Mileto donde era más estrecho el contacto con las antiguas civilizaciones. Como sostiene Bernal:

En esa época la tradición empezó a valorarse menos, formulándose nuevas respuestas para los vicios problemas. El gran valor del primer período del pensamiento griego reside en que intentó responder a todas las cuestiones de un modo sencillo y concreto. Esto significó un intento de formular una teoría sobre el mundo ‑de qué está hecho y cómo funciona en términos de la vida corriente y del trabajo (p. 145) .

En un sentido general, esta primera fase de la ciencia griega puede etiquetarse como el período cosmológico, ya que sus planteamientos fundamentales estaban orientados hacia el funcionamiento de la naturaleza y del universo antes que a las características y constitución del ser humano. Orientados por un materialismo naturalista, los primeros filósofos griegos buscaron dar respuesta a una pregunta fundamental: ¿de qué está hecho el mundo?, ¿cuál es el elemento último al cual puede reducirse todo lo existente? Este planteamiento encontró múltiples' respuestas. Para Tales de .Mileto (640 ‑550 a. C.) el agua constituía la sustancia primordial a la que podía reducirse todo lo existente; mientras que para Demócrito (470 ‑ 370 a. C.), el principio primario lo constituía al átomo. En Demócrito, el átomo se concibió como diminutas partículas de materia en movimiento, que se mueven en diferentes direcciones, que divergen en tamaño y forma y cuyo movimiento se realiza conforme a necesidad o ley. A1 igual que el resto del mundo, el hombre está constituido tanto por átomos de alma como por átomos de cuerpo, pero los átomos de alma son más sutiles y diminutos. Los pensamientos y actos del hombre hállanse tan rígidamente determinados como el curso de las estrellas (Heidbreder, 1971). Esta concepción de Demócrito ha sido conocida históricamente con el nombre de atomismo, doctrina que en el antiguo filósofo griego se vincula con una explicación de orden materialista y mecanicista.


Otro filósofo importante, Heráclito (540 ‑ 475 a. C.) considera que la realidad fundamental es el fuego, siendo la inestabilidad y el cambio su característica fundamental. De acuerdo a Heráclito sólo el cambio es real: las cosas no son reales, se hallan en una continua desaparición, en una permanente mutación hacia sus opuestos. Los sentidos sólo perciben lo aparente, lo sustancial, mientras que el pensamiento trasciende las apariencias y percibe la realidad: el cambio.
Si las ideas filosóficas de Tales, Demócrito y Heráclito son monistas‑materialistas; en el sentido de fundamentar la realidad en un solo elemento (monismo) de naturaleza material (materialismo), otro filósofo, Anaxágoras, promovió una interpretación de base pluralista al considerar la existencia de un número indefinido de elementos, cualitativamente diferentes. Sostuvo que aun admitiendo que se conocieran todos los elementos, resultaría imposible dar razón del mundo tal como aparece. En su doctrina lo importante no es el conocimiento de los elementos sino su ordenamiento. El orden del mundo debía explicarse exhaustivamente, en base a un principio ordenador que denominó el Nous, semejante a la inteligencia o razón humana pero aún no contrapuesto ala materia. Ramnau (1975) contrasta el atomismo de Demócrito con el pluralismo de Anaxágoras en los siguientes términos:
Para Anaxágoras: (a) En el absoluto infinito, todo está mezclado. (b) Todo, es decir, espermas, gérmenes vivos, infinitos en número, infinitamente diversos de constitución, cada uno lleno de una infinidad de porciones de todos los demás. (c) La masa se anima por un movimiento giratorio causado por un principio inteligente y (d) que provoca la organización por separación a partir de una mezcla (p. 29) .

Para Demócrito: (a) En el vacío infinito átomos separados. (b) Atomos, es decir, elementos indivisibles, sólidos, de poca extensión, infinitos en número, homogéneos de constitución, diversos únicamente por razón de forma, de talla y de disposición. (c) Los átomos, animados, según parece, con un movimiento confuso en el origen, serían atrapados por azar en un torbellino que no causa ningún principio inteligente; y (d) al caer accidentalmente unos sobre otros, producen la ‑organización por conglomeración a partir de la separación (p. 29) .
En otra dirección, Pitágoras (582 ‑ 500 a. C), fundador de la llamada escuela pitagórica y conmovido por la exactitud de las matemáticas, planteó la posibilidad de conocer la realidad mediante el número. Consideró que los números constituían la base para comprender el universo; relacionándolos por una parte con la geometría, mostrando que podían hacerse cuadrados y triángulos disponiendo adecuadamente unos puntos, y por otra con la física, descubriendo que las cuerdas que están en ratios simples de longitud emiten notas con intervalos musicales regulares. De acuerdo a Bernal, esto relacionaba la armonía, primero apreciada sensorialmente, con las razones de los números y de ahí con las formas geométricas.
Evidentemente, durante esta fase de la ciencia griega no se puede hablar de una psicología sistemática, con un objeto y un método definidos, como tampoco puede hacerse con los desarrollos filosóficos posteriores. Recuérdese que la psicología como ciencia tuvo una aparición relativamente tardía en comparación con otras disciplinas, pero sin embargo en estos planteamientos filosóficos iniciales hay cuestiones que quizás se han mantenido vigentes durante toda la historia de esa ciencia. Así, el atomismo de Demócrito es la génesis de las interpretaciones elementalistas características de los empiristas ingleses, las cuales se proyectaron posteriormente en intentos de reducir el fenómeno psicológico a elementos como las sensaciones en la psicología estructuralista de Wundt,. o los reflejos en el condicionamiento clásico pavloviano y en la psicología conductista de raigambre tradicional. Estos mismos enfoques mantienen una concepción mecanicista y principios de asociación mediante los cuales se conectan los átomos de conciencia o de conducta. Heráclito inició una concepción dialéctica, fundamentada en el cambio y en la lucha de contrarios. La psicología soviética contemporánea es una asidua partidaria del movimiento dialéctico, de las transformaciones a través de procesos de análisis y síntesis. En otras tendencias psicológicas (como por ejemplo la psicología de la gestalt y la psicología humanística) se enfatiza el carácter dinámico, cambiante del hecho psíquico. El énfasis de Anaxágoras en el orden de los elementos se revela en psicologías estructurales como la gestalt, con énfasis en la unidad y estructuración de los procesos o eventos psicológicos. Por otra parte, cierto interés por reducir lo mental a lo numérico se encuentra en la topología y la hodología de la teoría del campo de Kurt Lewin.
El segundo período de desarrollo del pensamiento griego es de interés para el desarrollo de la filosofía, la ciencia y la psicología, especialmente porque durante su decurso aparecieron dos figuras históricamente insustituibles. Se trata de los genios insuperables de Platón (428 o 427 ‑ 348 o 347 a. C.) y Aristóteles (384 ‑ 323 a. C.) . Sin embargo antes de presentar las aportaciones que para la psicología hicieron estos pensadores, conviene hacer un inciso respecto a una serie de filósofos griegos cuyas ideas son un puente entre las escuelas jónica v ateniense.
El interés de los cosmólogos fue de naturaleza ontológica. Sus argumentos sustanciales se asociaron con el problema de cuál es la realidad última o, simplemente, qué es lo real. Pero desde sus comienzos el planteamiento ontológico se complementa en la filosofía griega con la cuestión epistemológica. El problema epistemológico ya no atañe a la realidad del ser; más bien, se centra en la posibilidad de conocer el ser y en la validez de ese conocimiento. En parte, el objeto de la ciencia, incluyendo la psicología es una derivación del problema ontológico, en cambio la evolución de la metodología científica ha dependido más del asunto epistemológico. Los planteamientos epistemológicos y gnoseológicos son el punto de partida de las enseñanzas de un grupo de filósofos griegos: los sofistas. Su filosofía se orientó hacia una indagación de la naturaleza humana, sustituyendo a la indagación acerca de la naturaleza planteada por los cosmólogos. Así, la reflexión filosófica se planteó cuestiones capitales para la psicología y la filosofía natural fue sustituida por una filosofía centrada en el hombre, como diría Heidbreder:
Los sofistas ton una actitud curiosamente similar a la de la moderna psicología aplicada, se volvieron hacia las actuaciones específicas y situaciones concretas, mucho más interesados en manipular lo inmediato y lo real que en sondear lo fundamental y lo profundo (p.33) .
Una consecuencia indirecta de la enseñanza de los sofistas fue la filosofía de Sócrates (470 ‑ 399 a. C.), quien utilizando el método de preguntas buscaba demostrar a sus oyentes que sus creencias acerca de problemas fundamentales y triviales de la vida eran confusas y contradictorias. Su propósito era incitar al oyente a definir con precisión los términos que empleaba y llevarlo a descubrir lo que la razón revelaba como verdadero. Creía inútil indagar acerca de la naturaleza del cosmos, considerando que el único conocimiento asequible era el conocimiento en sí mismo. Por otra parte, ese conocimiento capacita al individuo para llevar una vida virtuosa. Apoyándose en su conocido método mayéutico, afirmaba que la verdad está implícita en el intelecto humano y sólo necesita ser extraída y clarificada. Enfocó al hombre corno una unidad total, considerán­dolo siempre en interacción con otros hombres y con el Estado. De esa forma, Sócrates estableció una filosofía racional en contra­posición a la filosofía naturalista de los primeros filósofos y enfa­tizó la importancia del ambiente, hecho este que actualmente es fundamental para la psicología social y las tendencias de índole conductista. Su visión del hombre como una unidad total pareciera anticiparse a algunas afirmaciones de los psicólogos humanistas actuales.
Añadida a esta influencia filosófica, la ciencia griega también se vincula con la historia de la psicología a través de la medicina. Cabe destacar en ese sentido los aportes de Hipócrates (460

370 a. C.) con su teoría de los humores, basada en los cuatro elementos fundamentales (aire, fuego, tierra y agua) en base a la cual define cuatro tipos de personalidad humana: el colérico, el sanguíneo, el melancólico y el flemático. Aunque la tipología biológica de Hipócrates ha sido sustituida por otras de naturaleza psicológica o psicobiológica y aunque muchos psicólogos actuales dudan de la validez de las tipologías en el conocimiento y explica­ción de la conducta humana, sus cuatro tipos básicos sirvieron durante mucho tiempo como modelos explicativos de la conducta.


Volviendo a la filosofía en su segundo período, conocido como el período ateniense, la evolución intelectual estuvo casi exclusivamente definida por el pensamiento de Platón y Aristó­teles. Platón desciende de la nobleza ateniense, expone sus doctri­nas psicológicas en sus diálogos y en especial en el Fedón, el Fedro y el Teeteto. Su interés es la comprensión del alma humana, lo cual lo llevó a sustentar que el hombre estaba constituido por dos entidades: el cuerpo y el alma, el espíritu y la materia, dife­rentes en cuanto a naturaleza y funciones. También distinguió entre dos realidades: el mundo de las ideas. El mundo sensible, el que se revela a los sentidos, es aparente, de allí que el conoci­miento sensorial carezca de validez. Contrapuesto al mundo sensi­ble está el mundo de las ideas, cuya característica principal es la perfectibilidad y estabilidad contenidas en las ideas imperecederas o universales. Las ideas poseen una perfección que nunca poseen las cosas concretas; son eternas, inmutables, absolutas. El mundo material no es más que una copia imperfecta del mundo ideal. Esta distinción entre dos niveles de realidad le llevó a distinguir entre dos formas de conocimiento: el sensible y el racional, el último de los cuales sólo es posible mediante el uso de la parte racional del alma.
La filosofía de Platón fue contemplativa, sin ningún interés por problemas humanos concretos. Sin embargo, la influencia de Platón en la filosofía y la psicología es casi imperecedera. Su filosofía es en esencia idealista, oponiéndose en ese sentido al materialismo implícito en las especulaciones de los cosmólogos de la escuela jónica. También es el primero que distinguió entre dos entidades completamente opuestas, el cuerpo y el alma, dando origen al dualismo filosófico según el cual la realidad está constituida por dos instancias, una material y otra espiritual. Como consecuencia del dualismo se introdujo el problema de la relación entre la mente y el cuerpo, el cual ha recibido diversas soluciones a través de la historia de la filosofía. Finalmente cabe destacar que a partir del idealismo platónico la evolución de la psicología se centró en la lucha entre dos tendencias opuestas acerca del hombre y el universo: el idealismo y el materialismo.
El idealismo y dualismo platónicos encontraron su contrapartida en la filosofía realista de otra gran figura: Aristóteles. De acuerdo a este autor las cosas materiales están constituidas por materia y forma, instancias estas que no pueden existir por sí solas, complementándose una a la otra (Misiak, 1964). La forma existe en el objeto concreto, la materia es forma potencial; el objeto real es forma actualizada en la materia, es la unión en forma y materia. La forma y la materia son interdependientes y su unión da origen a una sustancia. La forma no tiene existencia propia, siempre existe en relación a la materia. La idea de interdependencia entre materia y forma, hace que la solución de Aristóteles al problema de la relación entre lo material y lo espiritual sea denominado hilomorfismo (hyle, materia; morphé, forma). De acuerdo a Aristóteles todos los seres vivos poseen un alma que constituye su forma. En consecuencia, el alma es la fuente de todas las actividades vitales, de todas las características, y también la razón de la unidad e integración de todas las funciones en beneficio del organismo como tal y de sus fines (Misiak, p. 59) .
Se ha considerado que históricamente Aristóteles es el fundador de la psicología por ser el primero que realizó un verdadero análisis de la mente humana. Interesado por múltiples tópicos, en sus escritos es frecuente encontrar tratamiento directo de temas de interés para la psicología tales como los relacionados con la sensación y la percepción, la memoria y el olvido, el soñar y el despertar, las motivaciones y las emociones humanas. Un párrafo tomado de una obra suya es ilustrativo:

Las características más importantes de los animales, sean comunes o peculiares, son evidentemente las que pertenecen al alma y al cuerpo, tales como la sensación, la memoria, la pasión, el deseo y el apetito en general, y junto a ellas el placer y las penas; estas cosas, en efecto, pertenecen a que son comunes a todos los seres que participan de la vida, y otras que son peculiares a ciertos animales. La más importante de éstas son las que constituyen los cuatro pares siguientes. El velar y el dormir, la juventud y la vejez, la inspiración y la aspiración, la vida y la muerta: hemos de investigar ahora que es cada una de estas cosas, y por qué razones tienen lugar.

(Aristóteles, Del Sentido y lo sensible y de la memoria y el recuerdo. Traducción de P. Samaranch, 1973, pp. 73-74)

Si se quisiera hacer una síntesis de lo que es la psicología en esta primera fase del desarrollo de la filosofía, cabría sustentar que no se trata de una disciplina sistemática con un objeto de estudio y un método de investigación definidos. En todo caso, aunque las referencias a la psicología son derivaciones de los argumentos de los filósofos respecto a algunos problemas funda­mentales, lo que se puede decir es que en estas argumentaciones se enfocaron tópicos que de una u otra forma han sido y siguen siendo de interés para los psicólogos. Lo que se deriva se resume en una psicología de naturaleza filosófica, cuyo objeto de estudio es el alma, su método es la reflexión deductiva y sus enunciados se expresan a través de proposiciones analíticas; es decir, propo­siciones cuya verdad radica en su concordancia con una argumen­tación lógica, en muchos casos silogística, y no una correspon­dencia con los hechos concretos a los cuales aluden. Proposiciones de este último tipo son denominadas sintéticas y son caracterís­ticas dé las ciencias empíricas, las cuales las utilizan en combina­ción con enunciados de tipo analítico. Por su objeto, se trata de una psicología subjetiva y su método la define como racional. Basándose en estos rasgos, algunos autores definen a esta psicolo­gía como filosófica‑racional.


  1. La Edad Media

Históricamente la Edad Media se inició en el siglo v con la caída de¡ imperio grecorromano y se prolongó hasta el surgimiento de una nueva cultura, basada en un nuevo sistema económico y una ciencia experimental en el Renacimiento. En Europa, durante la Edad Media, la estructura económica era de orden feudal, dependiente de la tierra, y caracterizada por una economía local y una industria artesanal poco coherente. Aunado a ello estaba el poder de la Iglesia, institución que se convirtió en la maquinaria administrativa e intelectual del feudalismo. Durante casi toda la Edad Media la Iglesia, a través de sus monjes y sacerdotes, ejerció un monopolio sobre el pensamiento y la enseñanza asignando un alto grado de unidad a la cultura medieval, pero limitando al mismo tiempo sus posibilidades. Tanto es así que cuando apare­cieron las primeras universidades en el siglo XII, su función, además del rescate del saber clásico, se limitó a la enseñanza de los clérigos en términos de aprender a pensar y escribir. La enseñanza se reducía a la discusión escolástica e incluía el apren­dizaje de las siete artes liberales: gramática, retórica, lógica aritmética, geometría, astronomía y música. La enseñanza de la ciencia era muy escasa y la poca investigación científica realizada por clérigos no revelaba ningún interés hacia los métodos para explorar y dominar la naturaleza y sus fines eran de orden estricta­mente religioso.


Sin embargo, durante la Edad Media, la revolución técnica generada como consecuencia de la expansión del comercio y el perfeccionamiento de la manufactura sienta las bases para el derrumbamiento de la sociedad feudal y el progreso acelerado de la ciencia en el período renacentista. En parte, los adelantos técnicos consisten en modificaciones de inventos anteriores en las culturas orientales y particularmente en China.

Entre los logros técnicos que de una u otra forma influyeron en la ciencia medieval destacaron la invención de arneses para caballos y la construcción de molinos hidráulicos y de viento. El uso de colleras para caballos propició la sustitución del buey por el caballo, permitiendo así el cultivo de extensiones de tierra que antes resultaban inaccesibles. De igual forma el invento del molino llevó a un uso más general y adecuado de la energía y la necesidad de fabricarlos y repararlos hizo emerger un nuevo oficio equivalente al de los mecanismos en el sentido moderno. Otro invento, el reloj mecánico, capaz de dar la hora por sí mismo, estimuló el desarrollo de la mecánica y fue el origen del prototipo de la maquinaria moderna automática con capacidad de movimiento y autorregulación independiente (Bernal, p. 263). Dos instrumentos para la navegación, la brújula y el timón de codaste, facilitan los viajes por mar abierto, susti­tuyendo a los largos viajes costeros de los primeros tiempos, con grandes implicaciones políticas y económicas. A su vez, la nece­sidad de explicar el funcionamiento de la brújula influyó sobre las teorías iniciales del magnetismo, la electricidad y la inducción. La química y la física fueron afectadas positivamente por la elaboración de anteojos, lo que incitó el estudio sistemático de la óptica y las características de la luz; por el invento de la pólvora y el cañón, que condujo a un interés por la dinámica con una sólida base matemática; y por la destilación del alcohol, con significativas implicaciones para la química. Finalmente hay que destacar como logros técnicos de la Edad Media el empleo del papel y el uso de la imprenta, con su inminente impacto sobre la difusión de la cultura y la ciencia.


Concerniente a la psicología, la Edad Media representó un período de estancamiento con aportes pocos significativos. En esencia, la psicología de esa época estaba impregnada por la doctrina . de los padres de la Iglesia cristiana contentiva de una visión desesperanzada del mundo que abarcaba, incluso a la bondad y al valor del cuerpo vivo. Influida inicialmente por el helenismo platónico, como indican los escritos de San Pablo y San Agustín (354 - 430), los temas predominantes eran el dualismo alma-cuerpo y el desprecio moral por todo aspecto de la naturaleza humana que recordara sus vínculos con el reino zoológico. Posteriormente la influencia del aristotelismo, después de su redescubrimiento en los siglos XII y XIII, condujo a un esfuerzo por conjugar el naturalismo de Aristóteles con el dualismo platónico y de los padres de la Iglesia. Esta forma es la que se encuentra presente en las obras de Santo Tomás de Aquino (1225­1274). En ambos casos, la psicología medieval responde a una cosmovisión fundada en la teología y su interés se reorientó hacia el planteamiento de problemas alusivos al origen, natura­leza y destino del alma y a la búsqueda de mecanismos para lograr su salvación.
Respecto a su objeto y método, la psicología medieval estuvo exenta de principios científicos. Fue una psicología especulativa que gustaba de la discusión escolástica; una psicología alejada de la inducción y la verificación empírica, mancomunada, en cambio, con verdades preestablecidas de acuerdo al criterio de autoridad.
4.- El Renacimiento
Delimitado cronológicamente entre mediados del siglo xv y finales del XVII el Renacimiento significó cambios en lo socio­político, lo científico, lo técnico y cultural. En el plano social uno de los cambios más destacados fue la sustitución del sistema de producción feudal por el Capitalismo y la estabilización de la burguesía como clase social predominante. Simultáneamente con el desarrollo del capitalismo y el predominio de la burguesía, en ciencia las modificaciones se orientaron hacia el uso de la experi­mentación y el cálculo como el método principal de indagación en las ciencias naturales. Con ello, la cosmología medieval, basada en una divinidad prepotente, la organización rígida del universo y la sociedad, y la aceptación de verdades a priori son sustituidas por un énfasis en la observación directa y una constatación con lo empírico y real. Hay una revolución general en lo económico. Así como una estrecha interacción entre técnica y ciencia la cual permitirá que el avance de una estimule el desarrollo de la otra. A ello se añade el florecimiento con alto grado de originalidad de artes como la pintura, la arquitectura y la escultura. Recuérdese que a este período histórico pertenece el insuperable genio de Leonardo da Vinci, excelente pintor, escultor, ingeniero e inventor.
Uno de los rasgos más resaltantes del Renacimiento es la ampliación en el campo de la minería. Los mineros se organizaron en compañías, con sus partes divididas en cuotas o acciones. Se descubrieron nuevos minerales y metales (bismuto, zinc, cobalto, níquel) los cuales exigen procedimientos distintos a los tradicio­nales para su separación y tratamiento. A partir de ello se incre­mentó la fundición a pequeña escala, sentando así las bases del experimento y el análisis químico. La química se vio influida también por las ideas de Paracelso (1493 - 1541) quien a pesar de propiciar una concepción animista-vitalista, proclamaba la superioridad del conocimiento obtenido por experiencia directa sobre el basado en la autoridad.

De importancia para la economía y las ciencias renacentistas fueron los adelantos ocurridos en la astronomía y la navegación, conduciendo esta última a un sorprendente progreso en la geogra­fía y al descubrimiento del nuevo mundo. El Renacimiento fue la época de los viajes de Américo Vespucio, Vasco de Gama y Cristóbal Colón. En ciencia y astronomía destacó la ilustre figura de Copérnico (1473 - 1543) cuya teoría heliocéntrica, según la cual la tierra y los planetas giran alrededor del sol, marcó el inicio de la astronomía moderna. En el plano de las ideas, Copérnico afirmó la existencia de un orden natural y lógico; a partir del cual pueden derivarse leyes, y planteó la necesidad de probar los sistemas teóricos mediante la observación directa. De esa manera abrió la posibilidad para un nuevo enfoque del , experimento y la observación, posibilidad que se amplió con la descripción que en 1600 hace Gilbert de la tierra considerada como un imán, con el descubrimiento de la circulación de la sangre por Harvey, en 1628, y culminó con la fusión entre el método inductivo y la matemática, propiciada por Kepler, y con la gran empresa de Galileo cuyos intereses se dirigían hacia la mecánica y la óptica. Conjuntamente con esta nueva visión empí­rica de la ciencia, la cultura renacentista también, fue testigo de dos grandes invenciones que ampliaron las posibilidades para el estudio de la naturaleza visible: el telescopio y el microscopio.5.LA FILOSOFIA EN EL SIGLO XVII El desarrollo de la ciencia renacentista, con su énfasis en lo experimental y empírico, produjo efectos significativos para la evolución posterior de la psicología. No obstante, la psicología de la época estuvo determinada más por los avances del pensa­miento filosófico que por los logros de la ciencia. En principio, la mayor influencia proviene de Descartes (1596 - 1650), Spinoza (1632 - 1677), y Leibniz (1646 - 1716). Luego, la psicología se vio afectada por el pensamiento de los filósofos que inician y conforman el empirismo inglés.Descartes ha sido el iniciador de la ciencia y la psicología modernas, convirtiéndose en la principal figura renacentista. Sus aportes para esta ciencia son múltiples, lo que obliga a presentar sólo los de mayor importancia. En primer lugar cabe destacar su interés por el sistema nervioso y las funciones sensoriales y motrices de los nervios, lo que lo llevó a intentar describir la relación entre los procesos nerviosos y los procesos mentales y la conducta. Para ello utilizó la noción de "corriente de espíritus" cuyos movimientos dentro de las sustancias nerviosas provocan los movimientos del cuerpo. Esta conducción, según Descartes, explica las conductas habituales y automáticas (Murphy, 1971) .Sin embargo, para Descartes no todas las conductas se explican en la misma forma, estableciendo diferencias entre la conducta de los animales y la del hombre. La conducta animal es automá­tica: los animales actúan en forma equivalente a las máquinas, de allí que su conducta esté regida por mecanismos específicos y por leyes físicas. Por otra parte, en los animales las reacciones musculares y nerviosas son predecibles en función de los estí­mulos que afectan a los órganos sensoriales. El mecanismo de reacción funciona en la forma siguiente: un agente cualquiera del mundo exterior del organismo actúa sobré uno de los aparatos receptores nerviosos. El impacto producido se transforma en un proceso nervioso conducido por fibras nerviosas que hacen llegar la estimulación al sistema nervioso central, desde donde se dirige, por medio de conexiones preestablecidas, al órgano activo.Por esa vía, Descartes introduce el concepto de reflejo como un constructo explicativo presentando al mismo tiempo un enfoque mecanicista y determinista acerca de la conducta. Posteriormente el concepto de reflejo es utilizado sistemáticamente por Bechterev y Pavlov y siendo una noción central en algunas tendencias con­ductistas del siglo xx.En contraste con los animales, los seres humanos además de conducta automática presentan conducta racional de ,orden superior, la cual permite el juicio, la elección, el razonamientoy la voluntad. Pero la conducta racional es posible debido a la existencia de 'un alma cuya cualidad de inextensa y su aptitud para el pensamiento la diferencian del cuerpo que es extenso. Otra vez emerge ante una interpretación dualista del hombre (de la misma manera que lo había hecho Platón anteriormente) y de la relación entre la mente y el cuerpo. Si bien es cierto que en el pensamiento cartesiano alma y cuerpo se concibieron como diferentes en cuanto a su naturaleza y. funciones, también es verdad que se les considera como existiendo en una mutua inter­acción a través de la cual ambas partes se influyen recíproca­mente. En consecuencia, la respuesta cartesiana al problema de la relación entre alma y cuerpo llevó a una solución interaccio­nista: el cuerpo y la mente interactúan por medio de la glándula pineal, estructura situada en la base del cerebro. La interacción ocurre porque la glándula pineal transmite impulsos físicos al alma (de esa forma lo físico influye sobre lo mental) e impulsos espirituales desde el alma al cuerpo (lo mental influyendo sobre lo físico) .Interesa la distinción hecha por Descartes entre ideas innatas e ideas adquiridas, ambas generadas por la mente. Las ideas adquiridas resultan de la acción de los estímulos físicos sobre los órganos sensoriales; las ideas innatas son independientes de la experiencia sensorial, aunque pueden manifestarse en su presen­cia. Estas ideas innatas son verdades necesarias o axiomas que constituven la base de todo conocimiento demostrable; son inhe­rentes a la naturaleza humana y una vez percibidas son evidentes por sí mismas. Cabe destacar el carácter cognoscente de la mente, de allí que la concepción cartesiana esté imbuida de un raciona­lismo en la misma forma que lo estuvo el pensamiento platónico.Spinoza, brillante filósofo holandés, expuso sus principales ideas respecto a la psicología en su Etica (1677). Al contrario de Descartes, propuso una solución monista al problema mente cuerpo, considerándolos como aspectos de una sola realidad. Para Spinoza la memoria es una sucesión de hechos mentales que guarda correspondencia con otra sucesión de hechos corporalesderivada de impresiones anteriores recibidas por el cuerpo. Es también importante su idea acerca de la irracionalidad e incons­ciencia de los motivos humanos.En 1695, Leibniz escribe su obra Un nuevo sistema de la naturaleza, donde presentó algunas ideas que evidenciaron su interés por tópicos que atañen a la psicología. De gran relevancia es su posición ante el problema mente-cuerpo, la cual difería sustancialmente del punto de vista de Descartes. Según Leibniz hay un cuerpo regido por leyes mecánicas y en ese sentido tanto la conducta humana como la animal deben explicarse en fun­ción de leyes físicas conocidas. Esos actos corporales son distintos a los actos del alma que deben comprenderse a partir de causas mentales. Consecuentemente, el origen de los hechos mentales es diferente del de los hechos corporales, de la misma forma en que lo es su naturaleza: el cuerpo ejecuta sus hechos; la vida mental los despliega sin entrar en ninguna interacción con el grupo. La realidad corporal y la mente actúan en forma paralela sin que haya influencia mutua. Así el criterio interaccionista de Descartes, respecto a la relación entre la mente y el cuerpo, aparece como opuesto al paralelismo de Leibniz. De acuerdo a este autor lo físico y lo mental no guardan ninguna relación causal: Mente y cuerpo parecen influirse mutuamente tan sólo debido a la armonía preestablecida que existe entre ambos. Podemos comprender los cambios mentales sólo si comprendemos los cambios mentales precedentes y, de igual modo, podemos comprender los cambios físicos sólo si nos explicamos antes los cambios físicos precedentes (Murphy, p. 41). También hay que destacar la distinción que hizo Leibniz entre los hechos mentales de acuerdo a la claridad con que aparezcan. Ello lo llevó a diferenciar entre percepciones inconscientes y percepciones conscientes o apercepción, correspondiendo estas últimas a la conciencia o conocimiento reflexivo que tenemos cíe los estados internos.

6. EL EMPIRISMO INGLES Aunque las ideas de Descartes, Spinoza y Leibniz estimularon el desarrollo futuro de la psicología, quizás la influencia más destacada del siglo xvii proviene del empirismo inglés promovido por Hobbes (1588 - 1679) y sus sucesores. Entendido filosóficamente, el empirismo parte del problema epistemológico y gnoseológico expresado en la interrogante ¿cómo podemos conocer? Como respuestas los filósofos empiristas procla­maron que el conocimiento sólo es posible a través de la expe­riencia, siendo los órganos sensoriales el medio o instrumento mediante el cual se adquiere el conocimiento. Estos supuestos son significativos por diversas razones. En primer lugar repre­sentan una oposición clara hacia el racionalismo cartesiano y a su creencia en las ideas innatas, y acentúan el papel de la expe­riencia y los sentidos minimizando a la razón como fuente básica del dato cognoscitivo. Para los empiristas no existen las ideas innatas. Como dice Locke, al nacer la mente es como una pizarra en blanco en la que la experiencia va imprimiendo sus huellas. En segundo lugar el empirismo constituyó una postura metodo­lógica: el método de los empiristas es la observación y, en cierta forma. la experimentación. En contraste con los antiguos métodos especulativos, el método empírico se fundamentó en la observación objetiva y era de naturaleza más científica.

El iniciador del empirismo inglés fue Thomas Hobbes (1588­1679), aunque su establecimiento formal se debe a Locke (1632­1704). Hobbes estudió al hombre en su interaccíón con el medio ambiente social, en particular con el Estado. Para él la organiza­ción de la sociedad se fundamenta en la autoridad de algunos individuos sobre otros. En su estado natural originario el hombre es solitario, bestial, pobre v despreciable; es la sociedad quien lo modifica v lo hace bueno. Fuera de esta interpretación pesimista de la naturaleza humana. hav en Hobbes una serie de considera­cinnes básicas para la psicología, la mavor parte de ellas conte­nidas en su obra cumbre: Leviatán (1651) En principio, Hobbes distinguió entre la naturaleza original del hombre y los productos de la experiencia, aunque se basó más en lo social cuando intentó explicar la motivación humana. Para él los motivos humanos no son simples impulsos sino deseos basados en una expectativa de placer y dolor. Estos deseos se ordenan en una jerarquía en la que destacan el miedo, el hambre, la sed, los apetitos sexuales y el deseo de ser honrado. Existe una tendencia natural a satisfacer esos deseos, tendencia esta que constituye la base de la conducta social y de la organización de la sociedad. Estas ideas permiten inferir en Hobbes una psicología motivacionel de carácter hedonista y un antecedente de lo que en la actualidad se conoce como psicología social Evidentemente, el hedonismo, teoría según la cual toda conducta tiene como fundamental el placer sensual, no es original de Hobbes va que la misma estaba presente en el pensamiento epicúreo durante la época de la Grecia clásica. Actualmente la concep­ción hedonista está imbricada directamente con el psicoanálisis freudiano a través del denominado principio del placer. Por otra parte la idea de jerarquizar motivaciones y la importancia asignada al libre alberdrío identifica a Hobbes con psicólogos de talla contemporánea como A. Maslow y otros representantes de la psicología humanística existencial.

Lo dicho hasta ahora no establece con claridad el vínculo entre Hobbes y el pensamiento empirista. Otras ideas suyas permiten apreciar mejor este aspecto de su teoría. En ese sentido destaca su consideración de la naturaleza humana como susceptible de observación objetiva, predicción, análisis y control, supuestos estos que se adscriben a la ciencia empírica y a la investigación experi­mental. También es relevante su intención de reducir toda la expe­riencia a movimiento (supuesto mecanicista) y su interés por auto-observar sus propios procesos mentales. Esto último es importante porque el método filosófico-racional, característico de la psicología precedente, es sustituido por la introspección o análisis que hace el individuo de sus estados de conciencia. Lógi­camente la introspección implica el supuesto de mente consciente, capaz de autopercibirse, y su proyección futura en la psicología la encontramos, con modalidades diferentes, en la psicología estructuralista de Wundt y Titchener, en la escuela de la gestalt y sus variantes, en la psicología humanística y en diversas orienta­ciones dé la psicología cognoscitiva. Resalta también en Hobbes su énfasis en la sensación como fuente primaria de conocimiento y el énfasis en la asociación por contigüidad como mecanismo explicativo de los procesos de memoria y recuerdo. Según este principio (proveniente de la psicología aristotélica junto con los

pag 40

de semejanza y contraste) las cosas que ocurren en contigüidad :,:.mporal o espacial tienden a ser evocadas simultáneamente; es decir, el recuerdo de una tiende a producir el recuerdo de la otra. Este principio de contigüidad es básico en las teorías clásicas acerca de la memoria y es un supuesto clave en algunas teorías modernas del aprendizaje. La importancia concedida al principio de contigüidad sitúa a Hobbes como el antecedente inmediato del asociacionismo l moderno en psicología.



l. Locke f 1632 - 1704), con su obra Ensayo sobre el enten­dimicr?to humano, marcó el establecimiento formal del empirismo inyjé,.. Acogiéndose a su posición empirista negó la existencia de ideas innatas y afirmó que la mente adquiere conocimientos a través de la experiencia, de allí que para Locke todo conocimiento es empírico. Distinguió entre experiencia directa e indirecta, la primera derivada de la sensación y la segunda producto de la reflexión y de las ideas adquiridas sensorialmente. El contenido de la mente está constituido por las ideas, las cuales pueden ser simples o complejas. Las ideas simples tienen su origen en la experiencia sensorial o en la reflexión y al constituir los compo­nentes elementales de la mente no pueden analizarse. Las ideas complejas resultan de la combinación de ideas simples, de allí que puedan descomponerse en sus elementos mediante el análisis. La posibilidad de analizar las ideas complejas creó una especie de "química mental" y caracterizó a la psicología derivada de Locke como atomista-elementalista.

En Locke es significativa la distinción hecha entre cualidades primarias y secundarias. Las cualidades primarias están en los obietos, tienen existencia objetiva con independencia del sujeto perceptor; las cualidades secundarias sólo existen en la percep­ción que un sujeto tiene de un objeto. Al existir en el acto de la percepción estas cualidades secundarias son subjetivas: dife­rentes personas pueden percibir la misma situación de distintas maneras.

En resumen: en el siglo xvti los aportes de la filosofía para la psicología se sintetizan en dos tendencias básicas: racionalismo y empirismo. El racionalismo, concretizado en

Asociacionismo. Teoría según la cual relacionamos ciertas cosas en la memoria. en el pensamiento y en toda nuestra vida mental. debido a que en la experiencia original las mismas cosas se encontraban vincula­das. Como los primeros encuentros con las cocas ocurren a través de los sentidos, el asociacionismo considera que la complejidad de la vida mental puede reducirse a las impresiones sensoriales o componentes elementales de la conciencia en su vinculación con la experiencia.

pag 41

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal