La prosa de la contrainsurgencia



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¿Por qué el discurso terciario, incluso el de la variedad radical, tiene tal renuencia a enfrentar el elemento religioso en la conciencia­ rebelde? Porque aún se encuentra atrapado en el paradigma que inspiró al discurso ideológicamente contrario (por colonialista) de los tipos pri­mario y secundario. En cada caso se deriva de un rechazo a recono­cer al insur­gente como el sujeto de su propia historia. Pues una vez que una re­be­lión campesina se asimila a la trayectoria del Raj, la Nación o el Pueblo, al historiador le resulta fácil renunciar a su respon­sa­bilidad de explorar y describir la conciencia específica de esa rebe­lión contentándose con imputarle una conciencia trascendental. En términos operativos, esto signifi­ca negarle una volun­tad a las ma­sas rebeldes mismas y representarlas simplemente como un ins­tru­men­­to de otro tipo de voluntad. Es así como en la his­to­rio­gra­fía colonialista, la insurgencia se ve como la articulación de una pura espontaneidad enfrentada a la voluntad del Estado tal como quedaba encarnado en el Raj. Si a los rebeldes se les atribuye alguna conciencia, es sólo a unos pocos de sus dirigentes —casi siempre al­gu­nos miembros individuales o gru­pi­tos de la pequeña aristocracia terrateniente— a quienes se les reco­no­ce esa conciencia. Es más, en la his­toriografía nacionalista-bur­gue­sa, la fuerza motivadora de los mo­vi­mien­tos campesinos se lee como una conciencia de la élite. Esto ha llegado a cosas tan grotescas como describir la Rebelión del Índi­go de 1860 como “el primer movimiento de masas no violento”,49 y en general a todas las luchas­ populares de la India rural du­ran­te los primeros ciento veinticinco años del gobierno británico, como precursoras espirituales del Congreso Nacional Indio.

De manera muy similar, la historiografía radical tampoco ha lo­gra­do captar la especificidad de la conciencia rebelde. Esto se debe a que la encajaron en cierto concepto, según el cual las re­vuel­­­­­­­tas campesi­nas­ son una sucesión de acontecimientos ordenados según una línea­ de descendencia directa —como una herencia, como se le llama con frecuencia— en la que todos los constituyentes tienen el mismo pedi­grí y repiten entre sí en su compromiso los más elevados ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Desde esta perspectiva ahistórica de la historia de la insurgencia, todos los momentos de la conciencia se asimilan al momento último y más elevado de la serie: una Conciencia Ideal. Una historiografía dedicada a tal búsqueda (incluso cuando esto se hace, lamentablemente, en nombre del mar­xis­­­mo) no es apta para enfrentar las contradicciones que constituyen­ realmente el material del cual está hecha la historia. Como se supone­ que el carácter del Ideal es cien por ciento secular, sus adeptos, cuando se enfrentan a la evidencia de la religiosidad, tienden a apartar la mirada­ como si dicha evidencia no existiera, o la descartan como un frau­de astuto pero bien intencionado que dirigentes ilustra­dos perpe­traron contra los idiotas de sus seguidores; todo hecho, claro está, ¡“en interés del pueblo”! De esta manera, el rico material­ de mitos,­ rituales, rumores, esperanzas de una Edad de Oro y los mie­dos de un Findel Mundo inminente, todo lo cual habla de la au­­to­alie­na­ción del rebelde, se pierde en este discurso abstracto y estéril, el cual puede hacer muy poco para iluminar esa combinación­ de sectarismo­ y militancia que es un rasgo tan importante de nuestra­ historia rural.­ La ambigüedad de tales fenómenos, patente duran­te el movimien­to Tebhaga en Dinajpur —cuando los campesinos mu­­sul­manes que llegaban a la Kisan Sabha “a veces inscriben un martillo­ o una hoz en la bande­­­­­­­­ra de la Liga Musulmana” y los jóvenes maulavis “recitan­ versos me­lo­diosos del Corán” en las reuniones aldeanas “mientras condenan el sistema jotedari y la práctica de im­po­ner tasas de interés­ muy elevadas”50—, quedará fuera de su comprensión. La rápida transfor­ma­ción de la lucha de clases en conflictos comunales­ y viceversa en nuestro mundo campesino sus­cita o bien una hábil apo­­lo­­gía o un sim­ple gesto de vergüenza, pero no una explicación real.

Sin embargo, no es tan sólo el elemento religioso de la con­cien­cia­ rebelde lo que esta historiografía no logra comprender.­ La especifici­dad de una insurreción rural se expresa en términos de muchas otras contradicciones, que también se excluyen. En­ce­gue­ci­do por el des­lum­­bramiento de una conciencia perfecta e in­ma­cu­la­da, el his­to­ria­dor­ sólo ve, por ejemplo, solidaridad en el comportamiento rebelde y no logra ver su Otro, esto es, la traición. Com­prometido inflexible­men­te con la noción de insurgencia como un movimiento generalizado, subestima el poder de los frenos que ponen el localismo y el territorialismo. Convencido de que la movilización de un levantamiento rural procede exclusivamente de una autoridad originada en su totalidad en la élite, tiende a hacer caso omiso de la actua­ción de muchas otras autoridades dentro de las relaciones primordia­les de una comunidad rural. Prisionero de abstracciones vacías, el dis­curso terciario, incluso el de tipo radical, se ha apartado de la prosa de la contra­insurgencia, hasta ahora, sólo por la declaración de una postura política. Todavía tiene que recorrer un largo camino antes de que pueda demostrar que el insurgente puede confiarse a su desempeño para recuperar su lugar en la historia.



Abreviaturas
CC: Colecciones de la Comisión Directiva, Archivos de la India Office (Londres).

CJ: Consultas Judiciales de Fort William en CC.

AJ: Actas Judiciales, Archivos del estado de Bengala Occidental (Calcuta).

MDS: Maharaja Deby Sinha (Territorio de Nashipur perteneciente al Raj [gobierno colonial de la India], 1914).



Apéndice
Extracto 1
Vine a saquear [...] Sidoo y Kaloo [Kanhu] se declararon Rajas & [di­jeron que] saquerarían toda la región y tomarían posesión de ella —dijeron también, nadie puede detenernos porque es la orden de Takoor. Por esto todos vinimos con ellos.
Fuente: AJ, 19 de julio de 1855: Declaración de Balai Majhi (14 de julio de 1855).

Extracto 2
El Thacoor ha descendido en la casa de Seedoo Manjee, Kanoo Man­jee, Bhyrub y Chand, en Bhugnudihee en Pergunnah Kunjeala. El Tha­koor en persona está conversando con ellos, ha descendido del Cielo, está conversando con Kanoor y Seedoo, Los Sahibs y los solda­dos­ blan­cos pelearán. Kanoo y Seedoo Manjee no están peleando. El Tha­coor mismo peleará. Por lo tanto ustedes Sahibs y Soldados pe­lean con el Thacoor mismo La Madre Ganges vendrá (a asistir) al Tha­coor Fuego lloverá del Cielo. Si están satisfechos con el Thacoor entonces deben ir al otro lado del Ganges. El Thacoor ha ordenado a los san­ta­les que por un arado de buey se pague 1 anna de renta. Un arado de búfalo 2 annas El reino de la Verdad ha empezado La Verdadera jus­ti­cia será administrada. A aquel que no habla la verdad no se le permitirá perma­ne­cer sobre la Tierra. Los Mahajuns [prestamistas] han cometido­ un gran pecado Los Sahibs y el amlah [funcionario menor de la corte] han hecho todo mal, en esto los Sahibs han pecado enormemente.

Aquellos que dicen cosas al Magistrado y aquellos que investigan los casos para él, cobran 70 u 80 rupias con gran opresión en esto los Sahibs han pecado. Por esto el Thacoor me ha ordenado que diga que la región no es de los Sahibs [...]


P.D. Si ustedes Sahibs están de acuerdo, entonces deben permanecer del otro lado del río Ganges, y si ustedes no están de acuerdo no pueden permanecer de aquel lado del río, lloveré fuego y todos los Sahibs serán asesinados por la mano de Dios en persona y Sahibs si pelean con mosquetes los santales no serán alcanzados por las balas y el Thacoor le dará a los santales los elefantes y caballos de ustedes por su propia voluntad [...] si ustedes pelean con los santales dos días serán como un día y dos noches como una noche. Ésta es la orden del Thacoor.
Fuente: AJ, 4 de octubre de 1855, “El Perwannah de Thacoor” (“fechado el 10 Saon de 1262”).

Extracto 3
Entonces los Manjees & Purgunnaits se reunieron en mi terraza, & consultamos durante 2 meses, “que Pontet & Mohesh Dutt no es­cu­chan­ nuestras quejas & nadie suplanta a nuestro Padre & Madre” en­tonces un Dios descendió del cielo en forma de rueda de carreta & y me dijo “Mata a Pontet & al Darogah & los Mahajuns & entonces­ tendrás justicia & un Padre & Madre”; entonces el Thacoor regresó a los cielos; después 2 hombres como bengalíes vinieron a mi terraza;­ cada uno tenía seis dedos la mitad de un papel cayó sobre mi cabeza antes de que viniera el Thacoor & la mitad cayó después. No lo po­día leer pero Chand & Seheree & un tal Dhome lo leyeron, dijeron­ “El Thacoor te ha escrito que pelees con los Mahajens & entonces tendrás justicia” [...]
Fuente: AJ, 8 de noviembre de 1855, “Interrogatorio de Sedoo Sonthal alias Thacoor”.

Extracto 4
En Bysack el Dios descendió en mi casa envié un perwannah [mensajero] al Burra Sahib en Calcuta [...] Escribí que el Thacoor había venido a mi casa & hablaba conmigo & le dijo a todos los sonthals que yo sería responsable de ellos & que yo tendría que pagar toda la renta al Gobierno & no oprimiría a nadie & los zamindars & Mahajans hacían una gran opresión al tomar 20 piezas por una & que debería ponerlos a cierta distancia de los sonthals & si no se van debo pelear con ellos.
... ... ...
Ishwar era un hombre blanco que sólo tenía un dootee & chudder [especie de toga grande que cubre la cabeza y sirve de velo y chal] se sentó en el suelo como un Sahib escribió en este pedacito de papel. Me dio 4 papeles pero después trajo otros 16. El thacoor tenía cinco dedos en cada mano. No lo vi en el día lo vi sólo de noche. Los son­thals entonces se reunieron en mi casa para ver al thacoor.

... ... ...


[En Maheshpur] las tropas vinieron & peleamos [...] después viendo­ que caían los nuestros los atacamos dos veces & una vez los re­cha­za­mos,­ entonces hice poojah [acto de adoración] [...] & entonces ca­ye­ron­ muchas, muchas balas & Seedoo & yo estábamos heridos. El thacoor había dicho “caerá agua de los mosquetes” pero mis tropas co­me­tie­ron­ algún crimen por eso la[s] predicci[ones] del thacoor no se cum­plie­­ron mataron como a 80 sonthals.
... ... ...
Todos los papeles en blanco cayeron del cielo & el libro que tiene todas las páginas en blanco también cayó del cielo.
Fuente: AJ, 20 de diciembre de 1855, “Interrogatorio de Kanoo Sonthal”.

NOTAS


1 Agradezco a mis colegas del equipo editorial [de Subaltern Studies] sus comentarios al borrador inicial de este ensayo.

2 Literalmente esta frase significa “poner las cosas de cabeza” o “patas arriba”. Generalmente tiene el sentido de “desorden”, aunque también el de “cambio radical”. Sin embargo, cuando se usa para referirse a sucesos sociopolíticos puede significar “insurrección”, “motín”, “revuelta” y hasta “revolución”, sentidos en los que la idea de “inversión” es muy im­­por­­tan­­te. En la lengua inglesa se usa así por lo menos desde el siglo xiv, o sea prácticamente desde que el inglés es inglés. Una de las citas más relevantes que contiene esta frase está tomada de la Biblia (Hechos de los apóstoles, 17, 6-7) y es pertinente para este texto: “These that have turned the world upside down are come hither also [...] and these all do contrary to the decrees of Caesar, saying that there is another king, one Jesus” (King James Version, 1611); en la versión española de la Biblia de Jerusalén (1969): “Ésos que han revolucionado todo el mundo se han presentado también aquí [...] todos ellos van contra los decretos del César y afirman que hay otro rey, Jesús”. Para darse una idea de la importancia de esta cita piénsese en que la menciona Hobbes en el capítulo 43 del Leviatán, el cual comienza con estas palabras: “El pretexto más frecuente para la sedición y la guerra civil, en las repúblicas cristianas [...]”. [Nota del traductor].

3 Los ejemplos son demasiado como para citarlos. Véanse, por ejemplo, MDS, pp. 46-47 y 48-49 acerca del dhing de Rangpur; CC 54222: Metcalfe & Blunt... to Court of Director, 10 de abril de 1832, párrafos 14-15 sobre el levantamiento de Barasat; W.W. Hunter, Annals of Rural Bengal, 7a. edición, Londres, 1897, pp. 237-238 y AJ, 4 de octubre de 1855: “The Thacoor’s Perwannah”, respecto del hool santal; C.E. Buckland, Bengal Under the Lieutenant-Governors, vol. I, Calcuta, 1901, p. 192, respecto del “Motín azul”. [Ver abreviaturas en p. 206.]

4 Véase, por ejemplo, MDS, pp. 579-580; Freedom Struggle in Uttar Pradesh, vol. IV, Lucknow, 1959, pp. 284-285 y 549.

5 J.C. Price, The Chuar Rebellion of 1799, p. cl. La edición de la obra que se usó en este ensayo es la impresa en A. Mitra (comp.), District Handbooks: Midnapur, Alipore, 1953, Apéndice IV.

6 CC 54222: CJ, 22 de noviembre de 1831: “Extracto de las Actas del Honorable Vicepresidente en Consejo en el Departamento Militar con fecha del 10 de noviembre de 1831”. Las cursivas son mías.



7 AJ, 19 de julio de 1855: Carta anexa a la carta del magistrado de Murshidabad, fechada el 11 de julio de 1855. Las cursivas son mías.

8 Así, CC 54222: CJ, 3 de abril de 1832: Alexander a Barwell (28 de noviembre de 1831).

9 Mi deuda con Roland Barthes por muchos de los términos analíticos y procedimientos utilizados en esta sección, y en general a través de todo este ensayo, debería resultarles más que obvia a todos aquellos que están familiarizados con su Análisis estructural del relato, Buenos Aires, 1970, y “The Struggle with the Angel” en Barthes, Image-Music-Text, Glasgow, 1977, pp. 79-141, y con “El discurso de la historia”, en José Sazbón (seleccionador), Es­truc­tu­ra­lis­mo y literatura, Buenos Aires, 1970, pp. 35-50, como para que sea necesaria una referencia detallada salvo donde cito directamente de estas obras.

10 Roland Barthes, Análisis estructural del relato, traducción de Beatriz Dorriots, Buenos Aires, 1970, p. 26.

11 Émile Benveniste, Problèmes de linguistique générale, I, París, 1966, p. 126. El original, “la dissociation nous livre la constitution formelle; l’intégration nous livre des unités signifiantes”, fue traducido de modo algo diferente y siento yo, de forma menos adecuada, en la traducción al inglés de la obra, Problems in General Linguistics, Florida, 1971, p.107 [La cita en este texto se tradujo directamente del francés. N. de. T.].

12 Barthes, Análisis estructural, 1970, p. 19.

13 Charles Bally, Linguistique Générale et Linguistique Française, Berna, 1965, p. 144.

14 Barthes, Elements of Semiology, Londres, 1967, p. 60.

15 Barthes, Image-Music-Text, p. 128.

16 Barthes, Análisis estructural, p. 13-14.

17 Selected Works of Mao Tse-tung, vol. I, Beijing, 1967, pp. 26-27.

18 Benveniste, op.cit., p. 239.

19 Freedom Struggle in Uttar Pradesh, vol. V, pp. 685-692.

20 En lo que respecta a la exposición de Roman Jakobson acerca de este concepto clave véase su Selected Writings, 2: Word and Language, La Haya y París, 1971, pp. 130-147. Barthes desarrolla la noción de organization shifters (shifters o embragues de organización) en su ensayo “El discurso de la historia”, en José Sazbón (seleccionador), Estructuralismo y literatura, Buenos Aires, 1970, pp. 35-50, en especial pp. 40-41 (trad. de Ana María Nethol). Todos los extractos citados en este parágrafo han sido tomados de ese ensayo, salvo que se haga mención de otra cosa.

21 Price, The Chuar Rebellion of 1799, edición citada, p. clx.

22 Ibid.

23 Reginald G. Wilberforce, An Unrecorded Chapter of the Indian Mutiny, 2a. edición, Londres, 1894, pp. 76-77.

24 Debido a una nota aparecida en esta obra, parecería que partes de ella fueron escritas en 1866. La dedicatoria lleva la fecha 4 de marzo de 1868. Todas nuestras referencias a esta obra, con o sin citas, pertenecen al capítulo IV de la séptima edición, Londres, 1897, salvo que se señale otra cosa.

25 Barthes, Image-Music-Text, p. 112.

26 Anónimo, “The Sonthal Rebellion”, Calcutta Review, 1856, pp. 223-264; K.K. Datta, “The Santal Insurrection of 1855-57”, en Anti-British Plots and Movements before 1857, Meerut, 1970, pp. 43-152.

27 Vol. I, Calcuta, 1966, capítulo 13.

28 Para éstas véase ibid., pp. 323, 325, 327, 328.



29 Ibid., p. 337; Hunter, op.cit., pp. 247-249.

30 Ray, op.cit., pp. 316-319.

31 Anónimo, op.cit., pp. 238-241; Thornhill, op.cit., pp. 33-35; L.S.S. O’Malley, Bengal District Gazetteers: Pabna, Calcuta, 1923, p. 25; Report of the Commission Appointed in India to Inquire into the Causes of the Riots which took place in the year 1875 in the Poona and Ahmednagar Districts of the Bombay Presidency, Londres, 1878, passim.

32 CC 54222; CJ, 22 de noviembre de 1831, núm. 91. Las cursivas son mías.

33 Anónimo, op.cit., pp. 263-264.

34 Ibid., p. 263.

35 Ray, op.cit., p. 318.

36 Ibid., p. 340.

37 L. Natarajan, Peasant Uprisings in India, 1850-1900, Bombay, 1953, pp. 31-32.

38 Abdulla Rasul, Saontal Bidroher Amar Kahini, Calcutta, 1954, p. 24.

39 Los ejemplos son demasiado numerosos como para citarlos en un ensayo de esta extensión, pero para algunas muestras véase Mare Hapram Ko Reak Katha, cap. 79, en A. Mitra (comp.) District Handbooks: Bankkura, Calcuta, 1953.

40 Apéndice: Extracto 2.

41 AJ, 8 de noviembre de 1855: Ward al Gobierno de Bengala, 13 de octubre de 1855. Las cursivas son mías.

42 Anónimo, op.cit., p. 243. Las cursivas son mías.

43 Ibid., p. 246. Las cursivas son mías.

44 Ibid., pp. 243-244. Ray, op.cit., pp. 321-322.

45 Esto es generalmente aceptado, véase, por ejemplo, la observación de Sherwill acerca de que la verdad era “sagrada” para los santales, “que ofrecían a este respecto un brillante ejemplo a sus mentirosos vecinos, los bengalíes”. Geographical and Statistical Report of the District Bhaugulpoor, Calcuta, 1854, p. 32.

46 Ray, op.cit., p. 321. Las cursivas son mías.

47 Ray, Bharater Baiplabik Samgramer Itihas, vol. 1, Calcuta, 1970, p. 95. Las cursivas son mías. La frase subrayada en el pasaje citado se lee como sigue en el original en bengalí: “Eijanyo prayojan hoiley jatir svarthey mithyar asroy grahan karitey hoibey”.

48 Dhirendranath Baskay, Saontal Ganasamgramer Itihas, Calcuta, 1976, p. 66.



49 Jogesh Chandra Bagal (comp.), Peasant Revolution in Bengal, Calcuta, 1953, p. 5.

50 Sunil Sen, Agrarian Struggle in Bengal, 1946-1947, Nueva Delhi, 1972, p. 49.
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