La pragmatica del discurso el uso del discurso: actos de habla



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CONFERENCIA 3

LA PRAGMATICA DEL DISCURSO



  1. EL USO DEL DISCURSO: ACTOS DE HABLA

En las pláticas anteriores sostuvimos que las oraciones no deben estudiarse aisladamente sino en relación a las demás oraciones de un discurso. Hamos demostrado que el acento, la entonación, las estructuras sintácticas y sobre todo el significado y la referencia deben analizarse en relación a las estructuras de las secuencias y del discurso como un todo. Ahora queremos dar otro paso adelante y argüir que tampoco la emisión, cuya estructura textual ya describimos, debe analizarse "aisladamente". Las emisiones se usan en contextos de comunicación e interacción sociales, y tienen, por consiguiente, funciones específicas en tales contextos. Para entender esas funciones hay que tener en mente una propiedad muy fundamental de las emisiones: se usan para realizar acciones. La clase específica de acción que realizamos cuando producimos una emisión se llama acto de habla o acto ilocutivo. Si digo, "Ayer saqué una foto de un león en el zoológico", la primera acción que ejecuto es la de emitir una oración en español; y, al mismo tiempo, al emitir esa oración en presencia de un lector, realizo una aserción. La función de tal aserción pudiera ser, por ejemplo, la de dar alguna información al oyente. Asímismo, puedo hacer una pregunta, pedir algo, prometer algo, amenazar a alguien o dar un consejo.


El estudio de las emisiones verbales como actos de habla es la tarea de la disciplina llamada "la pragmática" (1). La pragmática tiene que estar íntimamente relacionada con la gramática porque las dos disciplinas especifican propiedades gobernadas por reglas de oraciones y textos (emitidos). Mientras la sintaxis organiza la forma y la semántica el significado y la referencia de esas oraciones y textos, la pragmática analiza su función (o fuerza) ilocutiva como actos de habla. En un sentido muy amplio, se podría considerar la pragmática como uno de los componentes principales de una gramática que tiene como tarea relacionar la forma, el significado y la función de oraciones o textos.
Sin duda, las emisiones tendrán otras funciones en la comunicación y en la interacción, pero éstas serán objeto de estudio de los psico y sociolingüistas, de quienes hablaremos en la siguiente conferencia. Un análisis pragmático es más restringido y más abstracto: sólo especifica cómo emisiones de cierta forma y significado pueden ser interpretadas como un determinado acto de habla, sin analizar las condiciones y consecuencias cognoscitivas y socioculturales de esos actos de habla.
Los actos de habla sólo pueden ser actos sociales si se llevan a cabo en un contexto comunicativo. Aquí tal contexto se llamará el contexto pragmático. Otros contextos como, por ejemplo, los contextos cognoscitivos y sociales del uso de la lengua, se estudiarán en la siguiente conferencia. Un contexto pragmático puede definirse como un conjunto de datos a base del cual se puede determinar si los actos de habla son o no son adecuados. Una de las tareas principales de la pragmática es la de señalar las condiciones bajo las cuales cada tipo de acto de habla es adecuado. La adecuación es aquí un término técnico, una forma particular del término más general que explica una propiedad de las acciones: la satisfacción (2). Es decir, es posible especificar las condiciones bajo las cuales cada acción será considerada satisfactoria o no. La condición general de la satisfacción es que una persona haga algo y que el resultado y/o las consecuencias de ese resultado sean idénticas a las que el agente quería causar con su hacer (doing). Decimos que un hacer (observable) de un agente es interpretado como una acción particular si podemos asignar una intención particular a ese agente con respecto a su hacer. Si vemos que alguien levanta la mano, es posible interpretar ese hacer como la acción de saludar, bajo la condición de que pensamos que el agente quiso que le movimiento de su brazo contara como un saludo. Puede que el agente haya tenido como propósito funcional o interaccional el que yo tomara su gesto como saludo, y que le encontrara, por tanto, cortés o amable; éstas serían las consecuencias de la acción. Entonces, si el resultado y las consecuencias concuerdan con la intención y el propósito del agente, decimos que la acción es satisfactoria. Lo mismo es cierto para los actos de habla: si el hablante produce una emisión y al hacerlo lleva a cabo su intención de advertirme, y si de hecho comprendo su emisión como una advertencia, entonces el acto de habla es satisfactorio. Y si, además, su propósito -que yo haga o no haga algo- se cumple también, entonces decimos que su acto de habla es sumamente satisfactorio: el hablante-agente ha logrado su fin. La adecuación, sin embargo, sólo es pertinente para el primer (débil) tipo de satisfactoriedad: un acto verbal es adecuado si puede legítimamente contar como tal para un oyente, es decir, si el oyente interpreta la emisión correctamente como un acto de habla particular e intencional.
Hemos dicho que un acto de habla debe evaluarse con respecto a un contexto (pragmático), especificando las condiciones que hay que satisfacer para que cuente como acto verbal adecuado. En el ejemplo de arriba de la aserción (de que saco una foto en el zoológico), una de las condiciones es, por ejemplo, que el hablante sepa que el oyente no sabe lo que se afirma, y que el hablante esté seguro de que lo que afirma es cierto. Para preguntas, el contexto puede ser lo contrario: el hablante quiere saber algo, y supone que el oyente lo sabe. En muchos otros actos de habla, tales como las peticiones, los mandatos, las advertencias, las amenazas, etc. las condiciones se formulan en términos de lo que el hablante quiere que el oyente haga. Y en otros, como en las felicitaciones o en las acusaciones, el hablante expresa su evaluación de eventos o acciones del oyente. De estos pocos ejemplos informales e incompletos queda claro que las condiciones de adecuación se formulan, primero, en términos de conocimiento, de las creencias (suposiciones), de los deseos y de las evaluaciones del hablante y del oyente. Estos términos cognoscitivos se utilizan como nociones primitivas en la teoría pragmática; son características más o menos abstractas del contexto pragmático. Las reglas y condiciones pertinentes son de naturaleza convencional, como las reglas de la sintaxis o de la semántica: especifican cuáles propiedades debe tener un contexto, no las que realmente tiene. Así, puedo advertir a alguien sin que me importe si siga mis consejos o no. De la misma manera abstracta en que asignamos significados a oraciones en una interpretación semántica, asignamos un acto verbal a una oración (emitida) en una interpretación pragmática. La manera en que el oyente realmente interpreta la emisión, semántica y pragmáticamente, es un problema para la psicolingüística y la psicología.
Además de las condiciones cognoscitivas del contexto pragmático, existen condiciones sociales (abstractas). Puedo darle una orden a alguien sólo si tengo una posición social que me permita hacerlo, es decir, si hay una relación de jerarquía o de poder entre el oyente y yo. En otros casos las condiciones sociales son, incluso, institucionales: sólo los jueces pueden llevar a cabo los actos de habla de perdonar y condenar, y sólo los policías pueden arrestar a la gente.
El interés que tiene la lingüística y la gramática en el estudio de los actos de habla no está únicamente en especificar las condiciones contextuales para tales actos, sino también en relacionar los actos de habla con las estructuras de superficie y con estructuras semánticas que subyacen en la emisión utilizada para lograr un acto de habla. En otras palabras, cuáles entonaciones típicas, formas sintácticas, entradas léxicas y contenido proposicional debería tener una oración o secuencia de oraciones para contarse como una posible afirmación, petición, mandato, advertencia o acusación. Sabemos, por ejemplo, que la entonación de una petición y de un mandato son bastante diferentes y que lo mismo es cierto de una acusación y un cumplido. Sabemos también que la forma oracional típica de las preguntas y las peticiones es la del orden interrogativo (predicado-sujeto), y que los mandatos pueden tomar la forma oracional del imperativo, en la que no es necesario expresar la frase nominal de la segunda persona. Semánticamente, es de esperarse que haya referencias a las condiciones contextuales: a mis conocimientos, a mis deseos, a mis evaluaciones, así como a los actos que quiero que el oyente haga o deje de hacer, a los eventos que estoy evaluando, etc. En otras palabras, la emisión puede, en varios niveles y de muchas maneras, indicarle a un oyente cuál acto de habla pudiera realizarse mediante la emisión de esta oración. Claramente, como veremos con más detalle en la siguiente conferencia, el oyente también debe saber mucho respecto al contexto para poder interpretar la emisión como un acto de habla específico.



  1. SECUENCIAS DE ORACIONES Y SECUENCIAS DE ACTOS DE HABLA

Puesto que el objeto de estas conferencias es el discurso y no la oración, ahora deberíamos proceder a la cuestión de cómo los discursos se relacionan específicamente con los actos de habla (3). Habíamos supuesto que es el discurso lo que debe describirse como la unidad lingüística interesante que se realiza mediante una emisión. Entonces, en cuanto hablamos del uso de una lengua, o de que las emisiones se usan como actos de habla, tiene sentido pasar a una consideración de la función pragmática del discurso, y no de oraciones aisladas. Como las oraciones, los actos de habla rara vez ocurren aisladamente: es más frecuente que realicemos secuencias completas de actos de habla. Las cuestiones principales de esta conferencia, entonces, serán: ¿bajo qué condiciones son adecuadas las secuencias de actos de habla?, y ¿cómo se relacionan esas secuencias de actos de habla con la secuencia (emitida) de oraciones del discurso? Es obvio que ya no nos preocupa el discurso tal como es enunciado por un solo hablante, sino la especificación de las condiciones pragmáticas de actos de habla y de discursos en forma de conversación.


Para entender las condiciones bajo las cuales las secuencias de actos de habla se consideran adecuadas, hay que tomar en cuenta que los actos de habla son acciones (sociales), y que tanto en el monólogo como en el diálogo los actos de habla forman parte de una secuencia de interacción comunicativa. Hemos visto que las acciones son satisfactorias sólo si cierto número de condiciones se realiza: el agente debe tener conocimiento de sus propios deseos, preferencias y habilidades; del mundo, de la situación actual, de sus compañeros en la interacción, etc.; además, debería sentir deseos, necesidades o preferencias que expliquen la motivación de la acción; debe presentársele la oportunidad de lograr su hacer, y las circunstancias deberían ser propicias para que el hacer pueda ser realizado. Estas condiciones son aún más complejas de lo que hemos sugerido aquí con nuestros pocos ejemplos. Cuando todas las condiciones se hayan satisfecho, el agente podrá lograr su hacer y el mismo tiempo, por definición, la situación cambiará: o se cumplirán sus deseos, intenciones y propósitos originales; o los objetos o personas cambiarán según sus designios; o él formará nuevos deseos, propósitos y necesidades.
Esto es igualmente cierto cuando un hablante ha realizado un acto de habla. Si el acto verbal resulta satisfactorio, el contexto pragmático habrá cambiado en algún sentido. De allí que para que el subsiguiente acto de habla sea adecuado, las condiciones de salida (output conditions) del primer acto de habla tiene que ser idénticas a las condiciones de entrada (input conditions) del siguiente acto de habla, y así en adelante para los demás actos de habla de la secuencia. Un ejemplo trivial, es, otra vez, la aserción: si he afirmado algo, no cabe repetir la afirmación porque debo creer, después de la primera aserción, que el oyente ya sabe lo que afirmé. Si la siguiente aserción fuera idéntica a la primera, no se satisfaría la condición de que el oyente no sepa lo que voy a decirle. Igualmente, no me es posible, dentro de un mismo contexto, darle una orden y pedirle un favor a la misma persona, porque las relaciones sociales no permitirían los dos actos de habla. Por este motivo, oraciones y secuencias como las que siguen nunca pueden ser adecuadas:


  1. Sacaré una foto de un león en el zoológico mañana. Pero no iré al zoológico mañana.

  2. Juan, ¿me consigues unos puros? Ya tengo algunos.

  3. Felicidades en tu cumpleaños. Te odio.

Es decir, o las condiciones generales del contexto complejo completo no están bien, o las condiciones de salida de los actos de habla anteriores no coinciden con el contexto requerido para realizar adecuadamente el próximo acto de habla.


Además de estas restricciones generales sobre las secuencias de acción y de actos de habla, se observan algunas relaciones más específicas entre actos de habla en secuencias. De nuevo tomemos algunos ejemplos:


  1. ¿Qué quieres de tomar? ¿Quieres un poco de vino tinto? ¿O preferirías no tomar alcohol ahora?

  2. ¡Cállate, por favor! Tengo que acabar este trabajo.

  3. Está bien, vámonos. Estoy cansado.

  4. Sí, veo que necesitas dinero. Te lo mandaré mañana.

  5. Juan es tramposo. Ten cuidado.

  6. A: ¡Que tengas muy buen cumpleaños!

B: ¡Gracias!

  1. A: Está bien, vámonos.

B: ¡Pero aún no estoy listo!

El primer ejemplo exhibe tres preguntas consecutivas. Las primeras dos son preguntas sobre los deseos del oyente, siendo la segunda una especificación de la primera; la tercera pregunta tiene otra función: es una pregunta "certificadora" que busca adquirir, ex post facto, la información necesaria para un acto de habla. Es decir, un hablante puede, después de su acto de habla, dudar de repente que todas las condiciones contextuales fueran satisfechas. En ese caso o corregirá su acto de habla o lo suspenderá momentáneamente para establecer la información suficiente necesaria a la realización adecuada del acto de habla . En nuestro ejemplo, entonces, tenemos una situación en la que se ha ofrecido vino, pero en la que el hablante no está seguro si el oyente quiere tomar una bebida alcohólica. Ya para la tercera pregunta, se suspende, por lo menos parcialmente, la segunda pregunta. La función estratégica e interaccional de tales relaciones de "corrección" o de "certificación" entre actos de habla sirven para proporcionarle una más fácil movida al oyente: el hablante ya anticipa un posible motivo de no aceptar la oferta, lo cual hace más fácil la respuesta del oyente, si es que, efectivamente, no quiere tomar alcohol.


De este corto análisis es posible llegar a la siguiente conclusión teórica: hay secuencias de actos de habla que respetan las condiciones generales de secuencias de acción y de interacción, cada una respetando, además, las condiciones normales para los actos de habla; y además hay relaciones funcionales entre actos de habla, tales como la especificación, la corrección, la certificación, etc. En vista de que el segundo ejemplo (5) representa la conocida escena de un investigador que se enoja con sus colegas parlanchines, es probable que el primer acto de habla no sea un mandato sino una petición poco cortés. el segundo acto de habla es una aserción. Típicamente, la función de la aserción aquí es la de una explicación. La explicación tiene que ver con las condiciones de la petición: por lo general debo tener buenas razones para pedirle a alguien que haga algo, o que se abstenga de hacer algo, para mí. En el ejemplo (5) se pospone la explicación, y la aserción proporciona la razón o la motivación. La función estratégica de tal explicación es la mayor probabilidad de que la petición sea satisfactoria. Encontramos la misma clase de aserción explicativa en (6).
En (7) pasa algo diferente. Allí, primero hay una aserción concesiva y luego una promesa. Una promesa requiere, como una de sus condiciones, que el hablante sepa que el oyente necesita algo o agradecería cierto acto por parte del hablante. En este caso, el hablante demuestra en el primer acto de habla que sabe que el oyente necesita dinero; así, una de las condiciones de una promesa ha sido satisfecha. Por consiguiente, la aserción inicial puede interpretarse como una condición o preparación para el segundo acto de habla, mientras que, recíprocamente, el segundo acto de habla puede tomarse como cierto tipo de conclusión (posible) hecha a base de la primera aserción: si el hablante concede que el oyente necesita ofrecer la ayuda, y si puede ayudar, entonces tiene que ofrecer la ayuda, a lo mejor con prometer dar dinero.
Una función preparatoria parecida de un acto de habla aparece en el ejemplo (8). Las advertencias en general requieren o que sea obvio al oyente que los eventos contra los cuales se le está advirtiendo sean peligrosos, o que el hablante especifique por qué alguna acción debe o no debe hacerse o por qué algún evento debe importarle al oyente. En este caso, el hablante documenta su petición al proporcionar motivos probables para la advertencia subsiguiente, es decir, al especificar las razones por las que el oyente debe cuidarse.
Una secuencia de actos de habla muy habitual ha sido tomada como ejemplo en (9), la de una felicitación y el correspondiente agradecimiento. Tales secuencias conversacionales son convencionales: una vez logrado el primer acto de habla, el segundo, realizado por el segundo hablante, es más o menos socialmente necesario. Ocurren casos similares en pares de preguntas y respuestas, de órdenes y confirmaciones, de peticiones y reconocimientos (o promesas), etc. Tales pares subsiguientes de actos de habla convencionales se llaman pares de adyacencia (4). En nuestro ejemplo vemos que el contexto cambia con la felicitación de tal manera que el oyente, después del acto socialmente "positivo" por parte de hablante, tiene por lo menos un compromiso débil con el hablante. El compromiso puede ser, al menos, reconocido y, a lo más, "suspendido" por el agradecimiento. (Esto ocurre de manera parecida cuando se hacen cumplidos, cuando se ofrece ayuda, etc.).
Finalmente, hay un par de actos de habla frecuentes en la conversación, en que el segundo hablante no acepta, o incluso protesta, el acto de habla del primer hablante; tal es el caso en (10). en general un oyente tiene el derecho de protestar en cuanto sospecha que una de las condiciones del acto de habla anterior no ha sido satisfecha, como en las siguientes respuestas:


  1. Pero, ¿cómo lo sabes? (vs. aserción)

  2. Pero, ¿cómo lo sé? (vs. pregunta)

  3. Pero, ¿cómo puedo hacer eso? (vs. petición)

  4. Pero, ¿por qué no lo haces tú mismo? (vs. petición)

  5. Pero, ¿me estás dando órdenes a mí? (vs. orden)

  6. Pero, ¡aun así no lo harás! (vs. promesa)

  7. Pero, ¡no me importa! (vs. amenaza, advertencia)

Vemos que las protestas son típicamente introducidas por Pero. Tal conectivo será llamado un conectivo pragmático (5), porque no conecta proposiciones, como estudiamos en la primera conferencia, sino actos de habla. Así es que Pero puede señalar la función de protestar, mientras vimos en ejemplo (4) que O puede ser usada en la función de certificación o de corrección. Igualmente, nos es conocida la función pragmática de Así, usada para introducir conclusiones, o Sin embargo, que marca oposición o contraste. Así que en general los conectivos pueden expresar las relaciones entre proposiciones o hechos, y, más en particular, las relaciones entre actos de habla. Estos usos de los conectivos no tienen que ser siempre paralelos: la disyunción semántica o es muy distinta de la O pragmática que señala corrección (es inconcebible una disyunción de actos de habla). Aquí tenemos el primer ejemplo de una relación sistemática entre secuencias de actos de habla y secuencias de oraciones: se usan los conectivos para expresar relaciones funcionales entre actos de habla.


También, los actos de habla y las oraciones iniciales deben establecer o mantener las condiciones de entrada necesarias para los actos de habla subsiguientes. Entonces, en (7), por ejemplo, la proposición de una oración previa puede denotar una condición necesaria para que se use la siguiente oración como cierto acto de habla. Claro, generalmente éste es el caso de las aserciones y el procesamiento de información: una aserción tiene sentido sólo si la información presupuesta es o sabida ya por el contexto o proporcionada por los actos de habla anteriores.
Sintácticamente, aquí estamos tratando el difícil problema de las fronteras entre oraciones. Sería agradable y cómodo si cada acto de habla se vinculara con una sola oración. Este es frecuentemente el caso, especialmente con oraciones sencillas. Sin embargo, con las oraciones compuestas hay problemas:


  1. Regresaré a casa y terminaré algo de trabajo.

  2. Necesitas el dinero, así que te lo prestaré.

  3. Te lo daré pero, ¿puedo confiar en ti?

  4. Te prestaré dinero porque lo necesitas.

  5. Si consigo el dinero, te prestaré algo.

Vemos que una oración puede tener cláusulas coordinadas que en principio parecen poder realizar cada una un acto de habla. así es que en (18) es posible tener dos aserciones, en (19) una aserción y una promesa, y en (20) una promesa y una pregunta. Claro, de (18) también es posible decir que hay un solo acto de habla, basado en una base proposicional compuesta (p & a). Los otros ejemplos (19, 20, 21), aunque escritos como una sola oración, podrían representarse igualmente con oraciones subsiguientes introducidas por los conectivos pragmáticos Así y Pero. Así, no es posible decidir, a base de estos ejemplos, si es posible expresar dos actos de habla en una oración. Es imposible, sin embargo, dividir la oración cuando es compleja y tiene una cláusula incrustada en otra. Así, podemos interpretar (21) como una promesa seguida de una motivación, en cuyo caso porque sería un conectivo pragmático (con propiedades fonológicas distintas); o, se podría tomar como una sola promesa basada en una proposición compleja (p > q). También, (21) podría ser simplemente una aserción; tal sería el caso, por ejemplo, si siguiera la pregunta "¿Por qué me prestas el dinero?" Finalmente, (22) es un ejemplo de la llamada promesa condicional. Es decir, se realiza una promesa, pero la acción prometida se limita a situaciones en las que alguna condición es satisfecha. La pregunta teórica, sin embargo, es si únicamente en ese caso la segunda cláusula es la promesa, o si la constituye la oración como un todo, basada en una proposición compuesta conectada condicionalmente.


Otro problema que tenemos que tratar es el de la adecuación relativa. En las conferencias anteriores pudimos observar que una de las características típicas de una gramática del texto es la suposición de que la gramaticalidad en varios niveles es relativa: lo propiedad de ser bien formada, el significado/la verdad/la referencia, tienen que determinarse en relación a la forma, el significado, la verdad y la referencia de otras oraciones del texto. Podemos afirmar, incluso, que esta relatividad es igualmente cierta con respecto al contexto comunicativo. Y efectivamente, la interpretación semántica en particular depende del conocimiento del mundo y del contexto concreto que tenga el usuario de la lengua.
Se evidencia el mismo principio también en el nivel pragmático: puede que ciertos actos de habla no sean adecuados por separado, sino únicamente en relación a la adecuación de otros actos de habla de la secuencia o del "macroacto de habla" (ver el siguiente inciso). Así que algunos de los actos de habla preparatorios en los ejemplos de arriba, por ejemplo (5), (6) y (8), pueden no ser adecuados como aserciones independientes. Si las aserciones aparecieran solas en el mismo contexto, la condición según la cual el oyente tiene que estar en principio interesado en recibir la información, no siempre se cumple. Así, a un desconocido sólo vamos a afirmar "Se me olvidó el reloj" si esta aserción es preparación para una petición de información acerca de la hora, o una explicación de por qué tuvimos que hacer la pregunta. Hace falta más investigación empírica si queremos comprender esta clase de adecuación relativa, así como los problemas mencionados arriba en cuanto fronteras entre oraciones y entre actos de habla. Aquí no intentaremos resolver estos actos de habla y secuencias de oraciones, sino sólo indicar el tipo de temas que podría discutirse. Que tales temas son gramaticalmente pertinentes es obvio: si la suposición de que las oraciones se relacionan uno a uno con los actos de habla fuera a sostenerse, tendríamos un criterio muy necesario de demarcación entre las oraciones, o más bien, un motivo pragmático subyacente en la división de secuencias en oraciones particulares.
Nótese finalmente que en este contexto también se encuentran casos de secuencias de actos de habla que deben ser expresadas por secuencias de oraciones, y que no pueden ser expresadas por oraciones compuestas. Es casi imposible expresar correctamente la mayoría de los ejemplos de arriba (4)-(10) en una sola oración, especialmente los que implican un cambio de acto de habla. Esto significa que el argumento tan común en contra de la necesidad de las gramáticas del texto -que es igualmente posible dar cuenta de todas las propiedades de las secuencias de oraciones en términos de oraciones compuestas- no se sostiene. Además, fuera de las razones pragmáticas que requieren que se cambie de oración, hay razones semánticas para los cambios, como las que discutimos en la Conferencia 1: cambio de nivel de generalidad, de tiempo/lugar, de participantes, de modalidad, de perspectiva (es decir, el punto de vista del hablante, del oyente o de las personas de quienes se habla), etc.
Concluimos este inciso con decir que el análisis sistemático de secuencias de actos de habla acaba de empezar; esto es aún más cierto para el análisis de las relaciones entre los diversos niveles gramaticales (textuales) de descripción.



  1. MACROACTOS DE HABLA

Al final de la última conferencia argüíamos que todas las clases de procesamiento de información semántica compleja requieren del uso de macroestructuras. Esto es también cierto para acciones complejas, y, por tanto, para secuencias de actos de habla. Así, de la misma manera en que parecía ser necesario asignar estructuras semánticas globales a un texto, es necesario asignar estructuras de actos globales a una secuencia de actos de habla. En este caso hablaremos de macroestructuras pragmáticas, y las unidades en este nivel se llamarán macroactos de habla (6). Un macroacto de habla es un acto de habla que resulta de la realización de una secuencia de actos de habla linealmente conectados. Los actos de habla se dicen linealmente conectados si i] el discurso que los realiza es linealmente coherente y ii] satisfacen las condiciones para las secuencias, discutidas en el inciso anterior. Puesto que un macroacto de habla es también un acto de habla, debe respetar las condiciones normales de adecuación. Hay muchos ejemplos de tales macroactos de habla en la comunicación convencional. Si escribimos una carta pidiendo algo, la carta bien puede contener aserciones y otros actos de habla, pero como un todo funcionará como una petición. Igualmente, un cuento completo, un artículo de periódico o una conferencia pueden funcionar como una aserción. Lo mismo es cierto para otros actos de habla: los podemos realizar de manera más o menos compleja, pero, como un todo, funcionan como un solo acto de habla.


La importancia de la noción de macroacto de habla para una gramática del texto y para una teoría más general del discurso viene del hecho de que hace posible hablar de las funciones globales de un discurso o de una conversación. Además de la propiedad "interna" de la coherencia global como la define un tema o una macroestructura semántica, ahora tenemos también una manera funcional, "externa", de definir la unidad de un discurso. Paralelo a la noción del "tema" o "asunto" semántico, ahora tenemos también un medio para hacer explícito algo así como el propósito pragmático de un discurso. Los usuarios de una lengua deben tener conocimiento de tal propósito para poder evaluar las funciones pragmáticas y estratégicas de los actos de habla individuales de una secuencia. Quieren entender el objetivo del hablante, lo que éste quiere lograr con su emisión. Al mismo tiempo, un macroacto de habla tiene las funciones cognoscitivas usuales de reducir y organizar información: un oyente no tiene necesariamente que recordar todos los actos de habla individuales, sino puede sencillamente construir unos cuantos macroactos de habla porque éstos serán pertinentes para más (inter-)acción.
Finalmente, los macroactos de habla proporcionan la necesaria contrapartida pragmática de las macroestructuras pragmáticas, porque cada acto de habla requiere una base (proposicional) semántica, que constituye el "contenido" del acto de habla . Vemos que todo el marco de la gramática y de la teoría del discurso se vuelve nítidamente sistemática de esta manera: encontramos los mismos principios básicos en varios niveles de descripción, y las unidades o categorías en un nivel se relacionan sistemáticamente con unidades similares en otros niveles.
Podemos ilustrar la existencia de macroactos de habla en el nivel de la oración y de secuencias de actos de habla, como se analizaron arriba. En los ejemplos (4), (5) y (7), parecía que uno de los actos de habla proporcionaba una preparación, una condición, una motivación o una explicación del otro acto de habla. Esto significa que tales actos de habla tienen la función de ser acciones auxiliares: hacen posible otro acto de habla, o tal vez hagan que sea más efectivo. La intuición es que el otro acto de habla es más importante y, de hecho, el acto de habla principal de la secuencia. En otras palabras, en tales secuencias tenemos una distinción entre actos de habla superordinados y subordinados, es decir, una estructura jerárquica. Si aplicamos una macrorregla como la CONSTRUCCION a este tipo de información compleja, se nos permite sustituir un acto más global por una secuencia de actos que denoten o funcionen como condiciones, componentes o consecuencias normales. En otras palabras, (5) como un todo puede funcionar como una petición, (6) como una súplica y (7) como una promesa. En estos casos el macroacto de habla es realizado en la secuencia, como el acto de habla principal (en el micronivel); pero esto no es siempre el caso.
Tanto en el micronivel como en el macronivel pueden existir los llamados actos de habla indirectos (7), es decir, actos de habla que se hacen mediante la realización de otro acto de habla; este segundo acto o es usado para denotar algo, o funcionan como una condición o componente normal del acto de habla realmente realizado. Así, puedo decir, "Estoy cansado", lo cual es una aserción, para hacer una petición, por ejemplo, una petición de salir, de que me dejen en paz, etc. Igualmente, en vez de hacer una petición de ayuda, puedo decir. "No lo puedo hacer solo". Estas son condiciones normales para el acto de habla de una petición, que se realiza indirectamente. Una de las funciones estratégicas importantes de tales actos de habla indirectos es que le oyente se le da la aparente opción de interpretar el acto de habla literalmente, sin que tenga que reaccionar a la petición. También podemos demostrar que esta posible dualidad de función ocurre en el macronivel. Mediante una secuencia de actos de habla podemos contarle a alguien nuestros problemas financieros, lo cual constituiría una aserción global que podría funcionar indirectamente como una petición global:


  1. Hola, Juan. He tenido algunos problemas con la reparación de mi casa y me urge un coche nuevo. Pero no quieren darme un préstamo personal en el banco. Así que, no sé si pudieras ayudarme...

Este discurso construido (que debe representarse en forma de una conversación) ejemplifica la manera en que una secuencia de oraciones, las cuales funcionan cada una como una aserción, puede implicar globalmente el macroacto de habla de una petición. Los actos de habla funcionan por separado como una introducción a la conversación y como aserciones acerca de la situación y sus causas, y resultan en una preparación concreta de una petición de ayuda.


Nótese que el macroacto de habla tiene varias funciones conversacionales, interaccionales y cognoscitivas. Primero, organiza y reduce los respectivos actos de habla individuales del texto. Segundo, hace posible que el hablante haga un plan global pragmático para su discurso que determinará el tipo de acto de habla global que decida realizar, independientemente de los detalles locales de la conversación. Claro está que puede cambiar su plan si el oyente demuestra que las condiciones para la petición (global) no se han satisfecho. Y tercero, el oyente comprende pronto, a través de las actitudes preparatorias del hablante, cuál acto de habla global se está realizando; entonces, él puede, o ayudar al oyente por medio de la anticipación, o evitar una situación penosa por medio de impedir una petición directa cuando sabe que no puede o que no quiere cumplir con la petición. En otras palabras, además de tener funciones pragmáticas específicas en la organización de actos de habla y en la asignación de funciones pragmáticas globales a emisiones, los macroactos de habla tienen varias importantes funciones cognoscitivas e interaccionales.
Esta conclusión es cierta también para las macroestructuras semánticas. El modelo para el análisis gramatical y pragmático del discurso parece tener la ventaja de no sólo captar sistemáticamente las respectivas propiedades de las estructuras y funciones del discurso, sino también de proporcionar la base de un modelo serio para el estudio del discurso en la cognición, en la comunicación y en la interacción social.

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NOTAS


  1. Para una introducción a la teoría de los actos de habla, véase primero el trabajo de Austin (1962) y Searle (1969). Para relaciones entre la teoría de los actos de habla y la gramática, véase Cole y Morgan, eds. (1975), y Katz (1977). Una introducción alemana es la de Schlieben-Lange (1975). Para una colección de trabajos (en alemán), véase Wunderlich, Hrsg. (1972). Wunderlich (1976); y en inglés, Schmidt, Hrsg. (1976).

  2. Van Dijk (1977a) da una introducción a la teoría de la acción. Allí también puede encontrarse bibliografía sobre el tema.

  3. El papel de la pragmática en la lingüística del texto ha sido discutido en van Dijk (1977a, 1978a). En van Dijk (1978c) se encuentra una introducción desde un punto de vista interdisciplinario.

  4. Para la noción de pares de adyacencia, véase Sacks (1972).

  5. Para conectivos pragmáticos, véase van Dijk (1977c, 1979).

  6. Para la noción de "macroacto de habla", véase van Dijk (1977a, 1978a).

  7. Los actos de habla indirectos han sido analizados por Searle (1975) y Franck (1975).


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