La mutualidad perlocutiva en la comunicación preverbal en niños con madres con depresión postparto



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TÍTULO EN ESPAÑOL: La mutualidad perlocutiva en la comunicación preverbal en niños con madres con depresión postparto
TÍTULO EN INGLÉS: Perlocutive mutuality in preverbal communication in children with mothers with postpartum depression
Resumen

Este artículo analiza los resultados de diversas investigaciones psicolingüísticas acerca de la adquisición del lenguaje durante la etapa prelingüística en función de la relación madre e hijo, en situaciones de ausencia de enfermedad de la madre y en madres con presencia de indicadores de patología mental materna -específicamente depresión post parto. El trabajo revisa y expone los patrones comunicativos que tanto la madre como su hijo adoptan durante esta fase del desarrollo del lenguaje. Y plantea cómo dichos patrones se ven afectados en madres con depresión post parto, concluyendo sobre la trascendencia que tiene la salud mental de la madre sobre desarrollo del lenguaje en la preverbal del niño.


Palabras claves: depresión post parto, desarrollo del lenguaje, etapa prelingüística, Habla Dirigida a Bebés (HDB), patrones comunicativos.
Abstract

This article analyzes the results of various psycholinguistic research on language acquisition during the prelinguistic stage depending on the mother-child relationship in situations of illnes absence in the mother and mothers with indicators of mental pathology -specifically postpartum depression. The paper reviews and discusses the communication patterns that both mother and child taken during this phase of language development. And considers how these patterns are affected in mothers with post partum depression, concluding on the importance that the mental health of the mother on language development in the preverbal child.


Key words: postpartum depression, language development, pre-linguistic stage, Infant Directed Speech (IDS), communication patterns.
Introducción

Es conocido el hecho de que el bebé humano desde antes de su nacimiento es capaz de percibir los sonidos del habla y que viene al mundo portando un bagaje de capacidades perceptivas que facilitan el procesamiento de la información lingüística y que, en consecuencia, favorecen la adquisición del lenguaje (Eimas, 1974; Karmiloff & Karmiloff-Smith, 2005; Mehler, Jusczyk, Lambertz, Halsted, Bertoncini & Amiel-Tison, 1988). A partir del sexto mes de gestación el bebé pasa mucho tiempo procesando los sonidos lingüísticos y familiarizándose con la voz de su madre y la lengua materna, al igual que con la prosodia del lenguaje -entonación de las oraciones y pautas rítmicas de las palabras- (Karmiloff & Karmiloff-Smith, 2005).

Diversas investigaciones han encontrado que el recién nacido prefiere estímulos que presentan características de la voz humana (como por ejemplo, estímulos que posean su misma longitud y frecuencia de onda) y, particularmente, de la voz materna. Incluso, sienten mayor atracción cuando el input lingüístico posee las cualidades de aquel percibido durante los últimos meses de vida intrauterina (De Casper & Fifer, 1980; Fifer & Moon, 1994).

Y, en cierto sentido, esto parece ser sabido por la madre del pequeño o por su cuidador primario, dado que sus maneras de comunicarse con él adquieren características excepcionales. Esta manera de habla especial dirigida a los bebés ha sido denominada como Habla dirigida al bebé (HDB), Infant-directed speech (IDS), Motheresse, Maternés o Babytalk. Estos términos refieren específicamente a la manera en que las madres le hablan a sus hijos (Cooper, Abraham, Berman & Staska, 1997). Entre sus características sintácticas cabe destacar el uso de palabras aisladas, frases cortas y simples, expresiones redundantes, repetición de sílabas y palabras, y el uso frecuente de nombres propios e interrogaciones (Durkin, Rutter & Tucker, 1982; Soderstrom, Blossom, Foygel & Morgan, 2008). Y en cuanto a la prosodia, cuando las madres se dirigen a sus bebés prelingüísticos suelen remarcar el pulso, alargan las pausas y el tiempo de habla, usan tonos más altos, realizan variaciones de tono más altas y suaves y repiten patrones rítmicos y cambios tonales (Fernald & Simon, 1984; Katz, Cohen & Moore, 1996; Stern, Spieker & Mac Kain, 1982; Stern, 1985).

Así, si bien el bebé humano nace con las condiciones neurofisiológicas para aprender a comprender y producir el lenguaje, juega un rol importante en todas las etapas de ese proceso el medio social que rodea al infante (Borzone de Manrique, 1989).

Silvia Español (2010) define al HDB como “el encuentro diádico, conjuntamente construido, entre adulto y bebé, especialmente entre las 6 semanas y los 6 meses de edad del bebé, en los cuales las conductas vocálicas y kinéticas están modificadas” (p. 73). Especialmente, durante los primeros meses de vida el aparato cognitivo-afectivo-perceptual del infante está altamente sintonizado con gestos no verbales, expresiones faciales y tonos de voz, que provocan resonancias intersubjetivas tempranas; ocurriendo algo similar con el aparato cognitivo-afectivo-perceptual de su cuidador (Panksepp, 2001).

Desde concepciones teóricas complementarias, autores como Trevarthen & Aitken (2001) hablan de la ocurrencia de intercambios tempranos no verbales entre el bebé y su figura de apego basados en la emisión, recepción y decodificación de mensajes visuales, táctiles, corporales y vocalizaciones prosódicas. Los llamados “proto-diálogos” se tratan de comunicaciones de tipo afectivo entre el infante y su cuidador que informan sobre el estado emocional de ambos participantes y que generan cambios tanto a nivel de sus experiencias emocionales como conductuales. Bateson (1979), por otro lado, introdujo el concepto de “protoconversaciones” para referirse a los intercambios entre la mamá y su bebé mayor de dos meses en los cuales la alternancia de turnos es creada por ambos. En estos intercambios de tipo cara a cara el bebé cumple un rol activo emitiendo sonrisas y conductas de tipo expresivo a las cuales la madre responde emitiendo palabras, sonidos vocálicos y/o consonánticos, expresiones faciales, gestos y posturas corporales específicas. Estableciéndose por este medio la base para los intercambios de imitaciones mutuas (Español, 2007).

Es posible, por tanto, inferir con respecto a la comunicación temprana madre-hijo que son los adultos cuidadores quienes luego de interpretar las acciones ejecutadas por el bebé -llorar, reír, movimientos corporales, emisión de sonidos- les adjudican determinados estados emocionales a sus niños e intenciones comunicativas a partir de los cuales moldean su interacción con ellos. Y es a partir de dichas interacciones que se facilita a través de los intercambios comunicativos la adquisición de destrezas comunicativas y cognitivas a la vez que la regulación emocional y conductual mutua (Fernald, 1989; Panksepp, 2001; Prado Ibán, 2006).

El establecimiento de las relaciones sociales del ser humano con su entorno requieren de cierta habilidad para “leer” el estado emocional del otro y responder de manera contingente a él (Kringelbach & Rolls, 2003). El cómo hacerlo depende, en un principio, de la calidad y las características de la relación madre-hijo. La manera en que la madre cuida de su hijo es afectada indefectiblemente por sus maneras de reaccionar a las señales verbales y no verbales de carácter emocional y demás patrones implicados (por ejemplo, la actividad psicomotriz). Cuán fluida es esta interacción se relaciona con los niveles de proximidad y de sincronicidad motriz, verbal, no verbal y hasta emocional existente entre madre e hijo (Bowlby, 1969; Papoušek & Papoušek, 1989).

En este sentido, el estado ánimo, psicológico de la madre puede jugar rol fundamental en la interacción madre-hijo. Es innegable el rol de la madre en la crianza infantil. La madre es la principal cuidadora y protectora del niño pequeño, es quien le enseña a caminar, a hablar, hábitos y hasta modelos de interacción social y regulación emocional. Por lo tanto, es razonable suponer que el estado de ánimo y psicológico materno tenga especial influencia sobre el desarrollo infantil en sus niveles social, cognitivo y emocional.

En 2003, Roa Capilla & Del Barrio Gándara realizaron un trabajo en el que concluyeron que la estructura de personalidad materna es una variable relevante en la explicación de los problemas emocionales y conductuales infantiles. Por ejemplo, Watson & Clark (1992) correlacionaron el neuroticismo materno con la afectividad negativa infantil. Por su parte, Biglan et al. (1985) comprobaron que los niños con madres afectadas por trastornos emocionales desarrollan estilos de interacción social poco adaptativos o disfuncionales.

Sin embargo, la afectación emocional materna más estudiada con respecto al impacto que produce en relación al desarrollo infantil ha sido la depresión. Numerosas investigaciones han demostrado que la depresión en adultos afecta negativamente el procesamiento de la información en una variedad de dominios (véase Clark et al., 2009; Harmer et al., 2009), incluyendo las características de la respuesta a los estímulos léxicos y sociales (Bistricky et al., 2011; Joormann & Gotlib, 2006) y el procesamiento alterado de las emociones en rostros adultos (Arteche et al., 2011; Joormann & Gotlib, 2006; Stein et al., 2010; Surguladze et al., 2005) y en las voces (Donovan et al., 1998; Péron et al., 2011; Schuetze & Zeskind, 2001; Young et al., 2012).

Según la OMS, la depresión es un importante problema de salud pública que eleva sus tasas de prevalencia año a año en todo el mundo. Según un informe realizado por este organismo en el año 2012 alrededor del 10-13% de las mujeres de países desarrollados que acaban de dar a luz padecen una enfermedad mental, principalmente depresión, elevándose esta cifra al 20% en países en vías de desarrollo. Según Halbreich & Karkun (2006), es muy amplio el rango de variación de la prevalencia de la depresión post parto (DPP) alrededor del mundo -0,5% a 60,8%-, el cual depende de variables socio-culturales.

Según el DSM-IV, la DPP estaría caracterizada como una depresión mayor, que surge dentro de las cuatro semanas seguidas al parto, consistente en la aparición de un conjunto de síntomas que producen un cambio en la actitud que anteriormente la persona poseía con respecto a su entorno, interrumpiendo o alterando sus actividades laborales o sociales (APA, 1995).

En este sentido, se torna importante revisar cómo los cambios en la actitud de la madre que sufre DPP, y más puntualmente, las variaciones en el procesamiento de la información perceptual impactan sobre los modos de comunicación entre ella y su bebé preverbal. Siendo que la depresión afecta el procesamiento de la información receptada del ambiente (véase Clark et al., 2009; Harmer et al., 2009) es plausible suponer que existan, en consecuencia, desviaciones en las características y formas que adoptan los procesos de interacción -con fines comunicativos- entre la madre y su bebé prelingüístico. Y estos cambios se tornan más importantes en la fase prelingüística o preverbal (que abarca aproximadamente entre los primeros 10 a 13 meses de la vida infantil y es aquella que precede a la pronunciación de las primeras palabras significativas) ya que durante estos meses de la vida, los actos de comunicación del niño se realizan mediante gestos, vocalizaciones y uso de su contexto (Owens, 2003; Shaffer, 1999; Papalia, Wendkos Olds & Duskin Feldman, 2007); siendo que en este momento del desarrollo infantil los efectos de las diversas características de los intercambios comunicativos entre madre-hijo tienen una influencia fundamental en cada uno de los integrantes de la díada.

Por lo tanto, este trabajo busca, en primera instancia, revisar y establecer de forma conceptual las principales propiedades de los intercambios comunicativos que se suceden en la díada madre-hijo durante la etapa preverbal en situaciones de ausencia de patología evidente en la madre o en el niño. De esta manera, se busca poder describir una serie de patrones y modalidades de comunicación que se suceden entre la mamá y su bebé. Para cumplir con este objetivo, se realizó una búsqueda y revisión de artículos científicos (en las principales bases de datos bibliográficas disponibles en Internet - PubMed/MEDLINE, JSTOR, SCIELO y SCIENCE DIRECT-) que incluían las siguientes variables: comunicación o intercambio verbal, díada madre-hijo, Habla dirigida al bebé (o Infant-directed speech, Motheresse, Maternés o Babytalk), etapa preverbal o prelungüística.

En segunda instancia, este trabajo buscó focalizar sobre cómo se ven afectadas dichas patrones y/o modalidades cuando la madre padece una afectación emocional, puntualmente DPP; y cómo y hasta qué punto, por ende, ello repercute en dichos intercambios comunicativos. Para ello realizó una búsqueda y revisión de artículos científicos (al igual que el objetivo anterior), pero en este caso se incluyó, además de las variables antes descriptas, el filtro madre con DPP.

En efecto, el presente estudio expondrá una revisión bibliográfica de los datos existentes en investigaciones sobre los efectos en los patrones comunicacionales entre la madre y el bebé -durante la etapa preverbal- cuando la madre padece depresión post-parto. Esta tarea resulta de importancia ya que hasta el presente estos datos no se han hallado compilados en un único escrito -sino de manera parcial en diversas investigaciones- ni tampoco presentados discriminándolos en los patrones que las distintas modalidades de comunicación adquieren y que son utilizados por cada uno de los integrantes de la díada. Para poder hacer este proceso de discriminación de los patrones comunicacionales alterados, como se mencionó anteriormente, primero se establecerán y definirán estos patrones en un proceso normal, donde madre e hijo no presentan ninguna alteración o hay ausencia de enfermedad.





  1. Patrones comunicacionales madre-hijo en ausencia de patología




    1. Patrones comunicacionales maternos

Miall & Dissanayake (2003) caracterizan los sonidos de la voz materna durante los primeros meses de vida del bebé como agudos, suaves, entrecortados, con contornos melódicos controlados y de ritmo estable, que provocan sensaciones de calma y tranquilidad. Sus emisiones son cortas y repetitivas al principio. Suele tratarse de emisiones de una sola sílaba sin carga de información lingüística -por ejemplo, interjecciones, llamadas, sonidos imitativos-, cuyos segmentos vocálicos tienden a prolongarse al igual que su modulación melódica (Español, 2010).

Cuando el niño ha cumplido cinco meses de edad aproximadamente las vocalizaciones maternas se vuelven más largas, con pausas más marcadas y contornos melódicos más variables al igual que el ritmo y los contrastes dinámicos. Los cambios melódicos y de ritmo que suceden sirven de modelo para la adquisición por parte del niño del balbuceo canónico repetitivo –protopalabras potenciales- al cual el adulto le atribuye significados y que disparan, en consecuencia, su respuesta (Español, 2010).

Los contornos melódicos o prosódicos propios del HDB materno varían según la intención que guarda el mensaje que se busca transmitir al niño. Es posible a través de programas computarizados estudiarlos y distinguir entre categorías pragmáticas relacionadas con variaciones de la prosodia materna –búsqueda de atención, aprobación de un comportamiento del niño, etc.- o su intención comunicativa -como expresión o regulación emocional, modelado didáctico o emisión de información- a través del análisis de diferentes parámetros acústicos de la voz. Dichos softwares han sido muy utilizados en la investigación sobre los intercambios lingüísticos madre-hijo con el fin de obtener parámetros objetivos que los describan (Katz, Cohn, & Moore, 1996; Kitamura & Burnham, 2003; Papoušek, Papoušek & Symmes, 1991; Stern, Spieker & Mac Kain, 1982).

A partir del uso de programas informáticos se ha encontrado, por ejemplo, que en las interacciones comunicativas con niños menores a 6 meses las curvas melódicas ascendentes en la voz materna están asociadas a su intento de llamar la atención del niño y estimular el contacto visual con él. Y que las curvas se vuelven de tipo campana o sinusoidal cuando el objetivo es mantener el contacto visual y ante las conductas relacionadas con la afectividad positiva por parte del bebé, como por ejemplo sonreír (Katz, Cohn, & Moore, 1996).

También ha sido posible distinguir entre distintas curvas melódicas según sea el tipo de oración utilizada por la madre -curvas ascendentes para preguntas de tipo cerrado o curvas sinusoidales o campana en el uso de oraciones declarativas (Stern, Spieker & MacKain, 1982); y entre tipos de cambios melódicos en los tonos maternos según el efecto que busca generarse en el pequeño -por ejemplo, entre excitante/calmante, de aprobación/desaprobación y los que tienen objetivos didácticos (Papoušek, Papoušek & Symmes, 1991).

Otra medida acústica como el pitch –relacionada con los cambios tonales- también ha mostrado variaciones en el HDB. Un pitch elevado parece atraer la atención del bebé a la vez que su participación y compromiso afectivo en la interacción diádica con su madre, así como un pitch bajo contribuye a fortalecer dicho “enganche” madre-hijo (Smith & Trainor, 2008). Incluso, las madres suelen emparejar su pitch con el de las vocalizaciones de sus hijos durante el primer trimestre de vida del bebé y en algunos casos hacen lo mismo con respecto a la melodía y sincronía tonal (Shimura & Yamanouco, 1992; Van Puyvelde et al., 2010).

Siguiendo con la importancia de la prosodia del input lingüístico que caracteriza al HDB, se encuentran fenómenos como la imitación y repetición de los contornos melódicos durante la interacción entre las madres y sus hijos de tres meses de edad. Las madres suelen imitar aquellas curvas melódicas más frecuentemente utilizadas en las vocalizaciones de sus hijos además de buscar promover el surgimiento de aquellos tipos de curvas de aparición más infrecuente en el repertorio infantil. Puede aseverarse, por tanto, que a través de este tipo de imitación las madres brindan un andamiaje y apoyo específicos a los intercambios comunicativos con sus niños y al desarrollo vocal de los mismos, reforzando la sensación que ellos poseen de dominio y forzándolos más allá de los límites de sus repertorios (Gratier & Devouche, 2011).

Además, Gratier & Devouche (2011) han encontrado que las madres buscan tanto estimular las vocalizaciones infantiles a través de la repetición de curvas tipo campana a la vez que proveer a sus niños de variados tipos de contornos melódicos para que imiten. También se observó que las madres producen más repeticiones que sus hijos e incluso que el único tipo de curva que no se halló en su repertorio fue aquel que los niños producen con más frecuencia -la curva ascendente. Así, la investigación de Gratier & Devouche (2011) provee evidencia del uso selectivo de curvas prosódicas por las madres y sus niños en situaciones de imitación y repetición, sustentando la hipótesis según la cual la prosodia posee diferentes funciones en la interacción vocal preverbal; a la vez que la imitación y repetición son recursos en los cuales tanto madres como hijos apoyan y andamian su intercambio interpersonal y, particularmente estos últimos, su desarrollo vocal.

Más allá del análisis acústico de la voz, han sido también objeto de análisis ciertas señales visuales que parecen ser parte importante del HDB. Green, Nip, Wilson, Mefferd & Yunusovan (2010) ha destacado el papel del movimiento exagerado de los labios durante el HDB y la hiperarticulación, especialmente de las vocales, esto último caracterizado por un pitch elevado y velocidad de habla enlentecida. Esta búsqueda de maximizar la distinción acústica entre vocales (Burnham, Kitamura, & Vollmer-Conna, 2002; Kuhl et al., 1997) como la exageración del habla –o hiperarticulación- pretende mejorar la claridad e inteligibilidad discursivas (Payton, Uchanski, & Braida, 1994; Picheny, Durlach, & Braida, 1985; Smiljanic & Bradlow, 2005).

Otros tipos de estudios acerca de la incidencia de los movimientos de manos y uso de gestos corporales en la adquisición del lenguaje sugieren que los gestos dirigidos a los niños tienen como objetivo dirigir su atención hacia señales importantes relacionadas a la estructura del lenguaje (Brand, Baldwin & Ashburn, 2002). A su vez, los movimientos realizados por las madres durante las interacciones con sus hijos se caracterizan por ser gentiles, suaves y ligeros y por sucederse en la forma repetición-variación (Español, 2007). Ante ellos la respuesta por parte del niño incentiva a su madre a continuar elaborando su movimiento, favoreciendo recursivamente las experiencias de intersubjetividad y, probablemente, estimulando la actividad cognitiva infantil (Español, 2007). Así, la expresión es la esencia de los movimientos corporales y faciales que acompañan el lenguaje oral y que transparentan los sentimientos de quien habla. En el HDB la organización del movimiento que acompaña al habla parece ser un reclamo para la vida social y emocional que tiene entre sus objetivos transmitir los sentimientos maternos. Dichos sentimientos se caracterizan por ser temporales, fluidos y cambiantes y colaboran en introducir al bebé en ese mundo de emociones temporales a los cuales el bebé responde con sus propios movimientos (Español, Martínez & Pattin, 2008).

Por ende, las estrategias que implementa la madre en el uso del HDB como estímulo lingüístico sobresaliente dependen de la interrelación y dinámica que se suceden entre los estímulos auditivos y visuales emitidos por ella y receptados y decodificados por su bebé. Traduciéndose ello en respuestas que el niño emite y adquisiciones lingüísticas y cognitivas subyacentes al encuentro socio-emocional con su madre.

A continuación se presenta una tabla (tabla 1) con las principales características de los patrones comunicacionales maternos durante la etapa preverbal, donde se separa por patrones de emisión y de recepción. La emisión y la recepción se describen a través de las características acústicas del HDB para los primeros 5 meses y para la segunda mitad del primer año de vida, y de las características kinestésicas del HDB.

1.2 Patrones comunicacionales preverbales del hijo
Los bebés recién nacidos poseen conductas que les ayudan a comunicarse con quienes los rodean. Incluso ya antes de nacer se comunican a través de sus movimientos y especialmente las patadas que la madre intenta interpretar adjudicándoles un sentido –“está durmiendo” cuando el bebé no se mueve; “está jugando o está incómodo” cuando el bebé se mueve mucho; “va a ser jugador de fútbol” cuando es un bebé que patea con frecuencia, etc. (Brazelton & Cramer, 2011). Se trata en un principio de un diálogo de tinte afectivo, inter-somático, recíproco entre el infante y su madre, que luego del nacimiento involucrará procesos corporales comunicativos como gestos, vocalizaciones, movimientos y expresiones emocionales no conscientes (Pally, 2001; Schore, 2005; Trevarthen & Aitken, 2001).

En su llegada al mundo el bebé trae consigo un bagaje de recursos de expresión emocional que proyecta en un principio un conjunto de emociones básicas como la alegría, la tristeza, el miedo, la sorpresa, el desagrado y el interés ante ciertos estímulos (Ekman & Friesen, 1971; Ekman, 1972). Además de preferir estímulos visuales con características similares al rostro humano (Frantz, 1961, citado en Delval 1996; Johnson & Morton, 1991) con sólo tres días de vida el bebé humano ya es capaz de discriminar el rostro materno de otros estímulos visuales (Bushnell, Sai & Mullin, 1989).



También son de su preferencia aquellos estímulos sonoros que poseen la misma longitud y frecuencia de onda de la voz humana y, de manera particular, la voz materna, especialmente cuando ésta es modificada para hacerla corresponder con el input lingüístico percibido por el niño durante el último trimestre de su vida uterina (Fifer & Moon, 1989; Hepper, Scott & Shahidullah, 1993). Incluso, desde los primeros momentos de vida el recién nacido ya demuestra preferencia por el HDB (Cooper, 1993; De Casper & Fifer, 1980).

Mampe, Friederici, Christophe & Wermke (2009) estudiaron el llanto de bebés recién nacidos y hallaron que los bebés no sólo almacenaban en su memoria los principales patrones de entonación propios del lenguaje circundante, sino que también eran capaces de reproducir dichos patrones en su llanto. Los autores relacionaron dichos patrones con el tipo e intensidad melódica de la lengua materna e interpretaron que probablemente hayan sido aprendidos al escuchar la lengua materna durante su vida intrauterina y hasta su vida postnatal temprana (2-5 días de nacidos).

Además de poseer la habilidad de ejercer control sobre la prosodia de sus producciones vocales, los bebés en su primer año de vida tienden a imitar, durante la interacción comunicativa, principalmente los sonidos vocales que presentan características fonéticas similares (Kokkinaki & Kugiumutzakis, 2000; Papoušek & Papoušek, 1989); así como también las variaciones tonales, el tono absoluto y la duración (Papoušek & Papaousek, 1989). Gravier & Devouche (2011) comprobaron que tanto las madres como sus niños de 3 meses utilizan distintos tipos de curvas o contornos melódicos en la interacción vocal y que tanto los bebés como sus madres vocalizan con un propósito específico adaptando para ello las cualidades prosódicas de sus vocalizaciones.

Con respecto a la imitación vocal, los bebés prelingüísticos son capaces de imitar el sonido vocal modelado por un adulto (Kuhl & Meltzoff, 1982, 1996; Legerstee, 1990) y el tono producido por un modelo (Devouche & Gratier, 2011; Papoušek & Papaousek, 1989). Según Devouche & Gratier (2011), los bebés de tres meses imitan los tipos de curva melódica que utilizan con más frecuencia sus madres al hablarles; y que las madres también hacen lo mismo con respecto a sus hijos, a la vez que buscan estimular en ellos la producción de los tipos de curva melódica de menor aparición en el repertorio vocal de sus bebés.

Así, se da por confirmada la hipótesis según la cual el HDB es en gran medida moldeado por el input y feedback infantiles (Smith & Trainor, 2008) y que el desarrollo vocal es conducido a través de procesos de soporte mutuo entre madre e hijo (Gratier & Devouche, 2011).

A través del uso de la entonación la madre transmite distintos mensajes a su hijo durante su intercambio comunicativo con él, que puede apuntar a manifestar afecto o a llamar y dirigir la atención del pequeño. La intención del discurso materno varía tanto con la edad del bebé como según sea su sexo (Kitamura & Burnham, 2003). Incluso, en una investigación de Werker & McLeod (1989) los bebés se han mostrado más interactivos, interesados y afectivamente más positivos cuando escuchan discursos de tipo HDB, lo cual indica que existe en ellos respuesta a nivel emocional a este estilo de lenguaje. Entonces, son las características de búsqueda de atención y demostración de afecto presentes en el HDB las que primariamente se vuelven más significativas para los niños y niñas preverbales (Cooper & Aslin, 1989).

Por otra parte, se ha indagado sobre el uso que los bebés mayores de 6 meses hacen de sus vocalizaciones para comunicar diferentes emociones o funciones comunicativas (D’odórico & Franco, 1991; Papeliou, Minadakis & Cavouras, 2002). De acuerdo con Papeliou, Minadakis & Cavouras (2002) a partir de estos hallazgos es posible concluir que en el recorrido que los bebés realizan durante el proceso de adquisición del lenguaje demuestran que son capaces de comunicar con claridad emociones y funciones comunicativas a través de aspectos no lingüísticos de la voz. Esto indica, además, que es paralelamente al desarrollo del lenguaje que se desarrolla la capacidad de uso intencional de la voz (Bruner, 1975).

Pero no sólo la voz es un estímulo para el niño pequeño durante la adquisición del habla. Observar la boca y el movimiento labial durante la recepción de información fonética es un muy importante recurso para esta tarea. Así, se logra establecer un nexo entre el input visual y acústico e integrar lo percibido por ambas vías favoreciendo el uso de la imitación en la adquisición del lenguaje (Kuhl & Meltzoff, 1982; Patterson & Werker, 1999). De acuerdo con Kitamura, Guellaï & Kim (2014), bebés de 8 meses pueden extraer información acerca de la estructura prosódica del lenguaje hablado no sólo a partir de la escucha sino también de la observación de los movimientos de la cabeza del hablante; sin embargo, son menos sensibles a la coincidencia entre el movimiento de labios y la información portada por la voz.

Ha sido demostrado experimentalmente que los bebés recién nacidos son sensibles a las expresiones emocionales relacionadas con el contacto físico, la voz y los movimientos corporales y faciales. Incluso el feto humano percibe las expresiones vocales rítmicas que cargan los estados afectivos e intenciones maternas (Trevarthen & Aitken, 2011). Es así que el bebé percibe kinestésicamente sobre su cuerpo los movimientos corporales del adulto (por ejemplo, cómo lo acaricia o lo mueve, etc.).

Según Español, Shifres, Martínez & Videla (2007) la madre en la interacción con su hijo -a través de frases de sonido y movimiento- genera un espectáculo que atrapa la atención del bebé. De esta manera lo reclama para el intercambio social y profundización del estado de mutualidad entre ambos, e incluso motivar la regulación de la excitación y modelado de los sentimientos del infante.

Dicho de otra forma, los procesos expresivos no verbales están entretejidos en los intercambios tempranos madre-infante, intercambios que facilitan el desarrollo de la personalidad del niño (Sassenfeld, 2008).

A continuación se presenta una tabla (tabla 2) con las principales características de los patrones comunicacionales infantiles durante la etapa preverbal, donde se separa por patrones de emisión y de recepción. Tanto la emisión como la recepción se describen a través de las características acústicas del HDB para antes y después de los 5 meses, y de las características kinestésicas del HDB.




  1. Patrones comunicacionales madre-hijo en presencia de patología

En primer lugar, esta parte del trabajo se enfoca en la definición y caracterización de la Depresión Post-Parto (DPP) y cómo la presencia de esta sintomatología afecta la interacción madre-hijo durante los primeros meses de vida del niño. En segundo término, se describe cómo se ven afectados los patrones comunicacionales que la madre con signos de DPP dirige a su bebé preverbal; mientras que en tercer lugar se presenta cómo se afectan los patrones comunicacionales en niños preverbales hijos de madres deprimidas.



2.1 Afectación de los patrones de interacción madre-hijo debido a depresión materna

Como se mencionó anteriormente, la Depresión Post-Parto (DPP) se define como un episodio de depresión experimentada por las madres en los primeros meses posteriores al parto. Según el DSM-IV, la DPP estaría caracterizada como una depresión mayor, que surge dentro de las cuatro semanas seguidas al parto, consistente en la aparición de un conjunto de síntomas que producen un cambio en la actitud que anteriormente la persona poseía con respecto a su entorno, interrumpiendo o alterando sus actividades laborales o sociales (APA, 1995). La mayoría de los casos de DPP se presentan alrededor de las cuatro semanas posteriores al parto alcanzando los síntomas su mayor intensidad entre las semanas 8 a 12, pero pudiendo encontrarse dicha sintomatología hasta un año después de producido el parto (Guendelman, 2008; Rozic et al; 2012).

La DPP es un factor ambiental que afecta a la madre, a la relación con su hijo y, en consecuencia, al niño. Causando no sólo sufrimiento materno sino también importantes dificultades en ella para responder acertadamente a las necesidades y cuidados de su hijo recién nacido, siendo nefastas las implicancias a nivel del vínculo madre-hijo y del desarrollo infantil en sus aspectos emocionales, conductuales y cognitivos (UNICEF, 2012; Jadresic, 2010; Van Ijzendoorn et al, 1999; Murray et al, 2010).

La depresión suele ir acompañada de disminución de la expresividad emocional y capacidad de respuesta. Así, la sincronía madre-bebé sufre debido a la lentitud materna para responder al estrés infantil o las señales sociales, además de presentar una menor frecuencia de contacto ocular y de vocalizaciones dirigidas al bebé y menor ocurrencia de imitaciones y actividad conjunta (Campbell, Cohn & Meyers, 1995; Feldman, 2007). Además, las madres con depresión muestran un discurso que está menos centrado en las acciones y habilidades del niño, tienen más dificultades para proporcionar niveles óptimos de estimulación, sus interacciones cara a cara demuestran menor grado de afectividad positiva, proporcionan menos contacto a sus bebés y el uso que hacen del tacto es más funcional y menos cariñoso (Campbell, Cohn & Meyers, 1995).



2.1.1 Dificultades comunicacionales en madres con DPP

Los vínculos afectivos son vitales para el ser humano en desarrollo tanto a nivel psicológico como biológico, por lo que el cuidado contingente y sensible de la madre dirigido a su hijo es fundamental para el normal crecimiento integral del pequeño. Así, una madre deprimida puede estar lejana psíquica y afectivamente a las necesidades de su niño y, por ende, convertirse en un factor de riesgo significativo para su desarrollo, especialmente durante los primeros años de crianza. Siendo estos primeros años en los que el rol de la madre es protagónico dado el nivel de dependencia del pequeño y lo necesaria que se vuelve su estimulación, es que las características que asuman las prácticas maternas con respecto a su hijo serán las que puedan contribuir o predisponer a los niños a problemas en su desarrollo temprano (Cummings & Kouros, 2011; Guendelman, 2008; UNICEF, 2012).

De todas las maneras en que puede verse afectado el desarrollo infantil –niveles biológico, cognitivo y socio-afectivo- a causa de patología mental materna y, específicamente DPP, son las referidas al desarrollo prelingüístico las que nos convocan. Por lo tanto, a continuación se presentan diferentes aspectos de las dificultades comunicacionales en madres con DPP durante la etapa prelingüística que repercuten en la relación madre-hijo.
2.1.1.1 Hallazgos a nivel perceptual

Las madres con DPP han demostrado dificultades a nivel perceptual a la hora de evaluar qué motiva los gritos de sus hijos y, por ende, menores posibilidades de provocar respuestas de cuidado activo que las madres sanas (Schuetze & Zeskind, 2001). Varios estudios han reportado que las madres con depresión tienen menos probabilidades de iniciar respuestas de cuidados adecuados a los llantos de su bebé que las madres sin depresión (Bettes, 1988; Murray et al, 1993; Schuetze & Zeskind, 2001) e incluso menor sensibilidad ante la angustia presente en los gritos infantiles (Donovan et al, 1998).

Además, dado el papel crucial de la capacidad de respuesta de la madre en el desarrollo infantil y la importancia para la comunicación del procesamiento de las expresiones faciales de los bebés en esta interacción diádica, es que el conocimiento de los procesos perceptivos de las expresiones faciales ha sido de gran importancia. Arteche et al. (2011) examinaron los efectos de la DPP materna en la identificación de las expresiones faciales emocionales en bebés de 10 y 18 meses. Estos autores no encontraron evidencia de que tener DPP tenga efectos sobre la exactitud de la identificación de caras tristes, aunque las madres con depresión fueron menos precisas que las madres control en la identificación de caras felices. Esto es particularmente importante porque si las madres con depresión tienen dificultades para identificar las caras felices infantiles, esto puede hacer que sus respuestas a los requerimientos de sus hijos sean menos positivas y más negativas (Field et al., 1993). Este hallazgo plantea un posible mecanismo por el cual la depresión conduciría a una mayor responsividad maternal de tipo negativo (Murray et al, 1993; Stanley et al, 2004).

Concretamente, el estudio antecedente halló que las madres suelen ser más sensibles a las expresiones faciales felices de sus hijos que a las tristes. Sin embargo, las madres con DPP tenían menos probabilidades de identificar correctamente las caras felices que las participantes de control. Dichos hallazgos podrían explicar las dificultades en el procesamiento de las expresiones faciales positivas en la DPP como conducentes a la menor capacidad de respuesta materna al afecto positivo en los hijos, siendo su resultado la disminución de la calidad de las interacciones madre-hijo (Arteche, Joormann, Harvey, Craske, Gotlib, Lehtonen, Counsell & Stein, 2011).

2.1.1.2 Caracterización acústica del HDB

Normalmente, el HDB (o Infant Directed Speech) –ya caracterizado en párrafos anteriores- es particularmente eficaz para atraer y mantener la atención infantil, regular los estados afectivos y de excitación del bebé y facilitar el aprendizaje infantil (Fernald, 1984). Sin embargo, el HDB producido por madres deprimidas carece de la modulación tonal (Bettes, 1988; Kaplan, Bachorowski, Smoski, y Zinser, 2001; Zlochower y Cohn, 1996) que logra regular los estados emocionales infantiles y es menos eficaz en promover el aprendizaje básico en bebés de 4 meses de edad (Kaplan, Bachorowski, & Zarlengo-Strouse, 1999). Se ha caracterizado, entonces, al HDB de madres deprimidas como aquel que posee contornos prosódicos relativamente planos (Bettes, 1988; Kaplan, Bachorowski, Smoski, y Zinser, 2001), lo que sugiere que los efectos de facilitación del HDB de madres deprimidas en el comportamiento infantil y el desarrollo del lenguaje, se ven afectados negativamente.

En un estudio sobre los parámetros temporales de pronunciación, pausas y la frecuencia de uso de los tipos de curvas de entonación que son típicos del HDB, Bettes (1988) demostró que las madres deprimidas no son capaces de modificar su comportamiento vocal de acuerdo con el de sus hijos. Este grupo de progenitoras fueron significativamente más lentas para responder a una vocalización infantil, tuvieron pronunciaciones y pausas más variables, y fueron menos propensas a utilizar los contornos de entonación exagerada que son característicos de este tipo de habla dirigida a bebés.

Siguiendo con la caracterización acústica de este especial estilo discursivo, Reissland, Shepherd & Herrera (2003) mostraron que las madres no deprimidas tiene una longitud media de pronunciación (MLU) más pequeña para los bebés más pequeños (6 meses) en comparación con los bebés de más edad (10 meses), mientras que las madres deprimidas no mostraron diferencias en esta medida. Además, hubo una interacción significativa entre el bienestar psicológico de la madre y la frecuencia fundamental media (prosodia) utilizada por la madre al hablar con su hijo así como también con respecto al nivel tonal.

Estas diferencias en el habla materna indican que las madres que están deprimidas están en menor medida sintonizadas con sus hijos, lo que podría provocar en el bebé determinados patrones de autorregulación que podrían comprometer la calidad de su desarrollo (Reissland, Shepherd & Herrera, 2003).
2.1.1.3 Caracterización discursiva del HDB

Las madres con estado de ánimo depresivo de bebés de 6 meses de edad, suelen incluir un menor rango de contenidos de tipo afectivo e informativo en su discurso (Herrera, Reissland & Shepherd, 2004).

Herrera et al. (2004) también mostraron que las madres deprimidas de bebés de 6 y 10 meses de edad tienen frecuencias similares de expresión de afecto positivo durante las interacciones, a pesar de las demandas cambiantes del desarrollo de sus bebés. Es decir, su habla es menos ajustada en relación con la cantidad de contenido emocional o de tipo informativo y de la frecuencia de expresión de afectos positivos, lo cual dificulta que las madres deprimidas respondan eficazmente a las necesidades de su bebé según sea el momento del desarrollo en que éste se encuentra

Según Bettes (1988), las madres no deprimidas ajustan constantemente sus vocalizaciones a las reacciones de sus bebés, mientras que las madres deprimidas parecen incapaces para hacer eso. Las madres deprimidas fallan en brindar a sus bebés variaciones prosódicas en su discurso debido a la afectividad plana que caracteriza este tipo de estados emocionales. Además, las características del habla materna dirigida a sus bebés en los casos de depresión no es rítmico aunque sí variable, lo cual puede ser bastante confuso para el pequeño que está tratando de unir un significado a una determinada vocalización o acción. Esta falta de señales afectivas apropiadas puede contribuir a la desorganización del afecto y a la desregulación emocional (Bettes, 1988).


2.1.1.4 Caracterización kinestésica del HDB

Con respecto al rol de la kinestesia en la comunicación preverbal en madres con DPP se han encontrado diferencias en los movimientos físicos dirigidos a sus hijos al compararlas con las madres sanas. Young et al. (2015) hallaron una reducción en las conductas cuyo objetivo era tocar de manera afectuosa a los bebés, aunque no fue así cuando este tipo de conducta era de tipo instrumental (no afectivo). Es decir, estos resultados sugieren diferencias entre ambos grupos de madres en cuanto a las capacidades psicomotrices relacionadas a las interacciones afectivas de tipo físicas entre madre-hijo. Estos autores concluyen que la alteración psicomotora puede ser una característica importante de la depresión que puede poner en peligro el funcionamiento social de la díada.

Según Herrera, Reissland & Shepherd (2004), las madres deprimidas en comparación con las madres no deprimidas alzaban a sus hijos más, restringiendo su abanico conductual. A su vez, los bebés de madres deprimidas pasan mayores períodos de tiempo en contacto con sí mismos en lugar de con su madre o un juguete, lo cual se supone que ocurre como una manera de compensar la falta de contacto táctil positivo por parte de sus madres. Estos resultados sugieren que la depresión postnatal puede influir en el comportamiento táctil. El efecto es que las madres con estado de ánimo depresivo en comparación con las madres no deprimidas tocan a sus hijos de forma más negativa (Herrera, Reissland & Shepherd 2004).

Field (1985) demostró que las madres deprimidas de bebés de 3 meses presentan afectividad plana, niveles de actividad más bajos y capacidad de respuesta menos contingente que las madres no deprimidas cuando interactuaban con sus hijos. Corroborando los resultados de Field (1985), los trabajos de Frizzo & Piccinini (2005) y Schwengber & Piccinini (2003) -en los cuales se compararon grupos de madres deprimidas con madres no deprimidas-, se encontró que el primer grupo pasó menos tiempo viendo, jugando y hablando con sus bebés, tenía más expresiones de tipo negativo que positivo, y mostró menos capacidad de respuestas contingentes, menos espontaneidad y niveles de actividad más bajos.

Kaplan et al. (1999) encontraron que las características del HDB de madres deprimidas es menos eficaz en la promoción del aprendizaje asociativo entre movimientos del rostro del hablante y la muestra de voz en bebés de 4 meses. El grado en el que los bebés aprendían a asociar voz y rostro se correlacionó negativamente con el grado de modulación de la frecuencia fundamental (prosodia) en la muestra de habla.

En general, numerosos trabajos científicos han demostrado que las madres deprimidas producen menos expresiones faciales positivas y más expresiones faciales de tipos neutrales y negativas que las madres no deprimidas (Cohn et al, 1986; Dawson et al, 2003; Field, 1992). Por ende, es posible pensar que la depresión durante el período postparto distorsiona la forma en que las madres interpretan las expresiones faciales de los niños.

A continuación se presenta una tabla (tabla 3) con las características distintivas de los patrones comunicacionales maternos –diferenciados en emisión y recepción- durante la etapa prelingüística entre madres con DPP y madres sin DPP.

2.2 Dificultades comunicacionales en bebés preverbales de madres con DPP
Ha sido demostrado oportunamente que la conducta infantil es moldeable acorde a las características del comportamiento de los adultos cuidadores. La literatura al respecto sugiere que la conducta de los niños pequeños es afectada de manera significativa por la calidad y tipos de respuestas que obtienen por parte de los adultos cuidadores –especialmente la madre- durante la interacción con ellos (Cohn & Tronick, 1983; Tronick et al., 1977).

Los bebés de madres con DPP presentan típicamente menos atención, menos sonrisas, más irritabilidad, mayor afectividad negativa, menos vocalizaciones, mayor distanciamiento de la mirada, menos expresiones de interés, protestas más intensas y niveles de actividad más bajos (Cohn et al., 1990; Frizzo & Piccini, 2005; Schwengber & Piccini, 2003). Algunos de estos niños suelen utilizar conductas de autorregulación como la desviación de la mirada con el fin de reducir el afecto negativo derivado de la falta de responsividad y del retraimiento que caracterizan el repertorio conductual de sus madres (Tronick & Gianino, 1986).

Peláez-Nogueras, Campo, Cigales, González & Clasky (1994), han corroborado que los bajos niveles de actividad y la afectividad negativa son dos características descriptivas de las interacciones de bebés recién nacidos con sus madres deprimidas; y que los neonatos responden de manera diferenciada a los adultos deprimidos y no deprimidos, siempre que éstos últimos no les sean extraños sino que estén familiarizados con ellos de antemano. Además, estos niños han presentado más orientación de la cabeza, miradas frecuentes, sonrisas y menor irritabilidad al interactuar con personas con las que están familiarizados pero que no están deprimidas. Esto indica que los bebés de madres depresivas no generalizan sus modos conductuales de interrelación con sus madres (“depressed style”) en sus interacciones con personas familiares no deprimidas.

Por otro lado, Kaplan, Burgess, Sliter & Moreno (2009) pusieron a prueba la hipótesis de que las características actuales de la interacción madre-hijo predicen la respuesta infantil al HDB. Y encontraron que en relación con los bebés (de 5.5-13 meses de edad) de madres no deprimidas, los de madres deprimidas adquirieron asociaciones más débiles entre la cara y la voz durante emisiones de tipo HDB realizadas por sus propias madres. Esto demuestra que los bebés presentan menor responsividad a las características del HDB de madres deprimidas, lo cual también se ha demostrado en el caso de neonatos con respecto a la voz y expresiones faciales maternas (Peláez-Nogueras, Campo, Cigales, González & Clasky, 1994).

Algunos estudios se han dedicado a buscar diferencias entre los hijos de madres con y sin DPP encontrando en bebés de 4 meses de vida divergencias referidas a aspectos interaccionales y comunicacionales. El primer grupo de niños presentaba señales comunicativas menos activas -como por ejemplo las relacionadas a gritar y buscar la mirada materna- provocando una disminución en la ocurrencia de intercambios de tipo cara a cara con sus madres (Beck, 1998; Frizzo & Picinini, 2007; Motta et al., 2005; Scwengber & Picinini, 2003). Otra investigación que trabajó con ambos grupos de niños fue llevada adelante por Skotheim.et al. (2013), buscando conocer y comparar sus reacciones según sea la calidad de la interacción (contingente o no contingente) con su madre, con o sin DPP. En este caso los bebés de 3 meses de edad de madres con DPP enfocaban su mirada en la madre sin importar cual fuera la calidad de la interacción y no mostraron diferencias en sus expresiones afectivas entre los dos tipos posibles, ya mencionados.

En la tabla nro.4 se resumen las características distintivas de los intercambios comunicacionales entre bebés que atraviesan la etapa prelingüística y sus madres con y sin indicadores de sintomatología de DPP.


Conclusión

Como primer objetivo, el presente trabajo buscó revisar y establecer de forma conceptual las principales propiedades de los intercambios comunicativos que se suceden en la díada madre-hijo durante la etapa preverbal en situaciones de ausencia de patología evidente en la madre o en el niño. De esta manera, fue posible describir una serie de patrones y modalidades de comunicación que se suceden entre ellos.

El segundo objetivo de este trabajo fue focalizar en cómo se ven afectados dichos patrones cuando la madre padece una afectación emocional, puntualmente DPP; y cómo y hasta qué punto, por ende, ello repercute en sus intercambios comunicativos con el bebé.

En efecto, el presente estudio expuso una revisión bibliográfica de los datos existentes en investigaciones sobre los efectos en los patrones comunicacionales entre la madre y el bebé (durante la etapa preverbal) cuando la madre padece depresión post-parto. Al mismo tiempo que se compararon las características distintivas de los intercambios comunicativos madre-hijo en presencia y ausencia de dicha patología.

A partir de esta revisión se puso vislumbrar que la prosodia juega un rol trascendental a la hora de que las madres puedan comunicar afectos e intenciones a sus hijos preverbales. Y esta característica del HDB ha sido estudiada a través de la medición objetiva de diversos aspectos acústicos como la frecuencia fundamental, curvas o contornos melódicos y rangos de pitch. De esta misma forma, se trataron fenómenos como la imitación y repetición de los cambios de los contornos melódicos como también las intenciones maternas que los distintos tipos de contornos melódicos buscan transmitir. Parecería que los cambios prosódicos en el habla materna son en un primer momento necesarios para lograr regular la atención, niveles de excitación y estados emocionales del pequeño, para luego enfocarse en los cambios melódicos y rítmicos que facilitan la adquisición del lenguaje.

Es imposible no llegar a la conclusión de que el HDB funciona gracias a la interacción madre-hijo y el feedback que es consecuencia de la misma. Así, la respuesta sincrónica del infante como su mera presencia favorece y mejora las estrategias utilizadas por el HDB materno; al mismo tiempo que esta última facilita el compromiso afectivo del bebé y su reactividad y atracción hacia el contacto humano y el input lingüístico.

Por ende, no se puede menos que reconocer la trascendencia del HDB en el desarrollo social, cognitivo y afectivo infantil como promotor de la adquisición del lenguaje, del compromiso afectivo con el otro, de la transmisión afectiva y del aprendizaje infantil en general, así como en la estimulación de la atención individual, la atención compartida y en la regulación emocional. Sin embargo, el impacto del HDB en al desarrollo y aprendizaje infantiles dista mucho de ser aún acabadamente dilucidado.

Al mismo tiempo, es importante recalcar que el desarrollo del lenguaje -en particular- se asienta sobre un proceso de intercambios dinámicos de medios de comunicación multimodales –auditivos, visuales, tácticos, kinéticos- utilizados por ambos miembros de la díada madre-hijo. La combinación, características y formas de uso de las distintas modalidades dependen intrínsecamente de la relación ente las condiciones biológicas, psicológicas, sociales y contextuales en que acontecen y que determinan el curso y las cualidades de la interacción mamá-bebé.

Pero cuando la madre sufre de alteraciones psíquicas y emocionales, como la DPP provoca variaciones en las distintas modalidades de las que ella se vale en los intercambios con su hijo preverbal. Y estas modificaciones impactan de manera notable no sólo en los aspectos comunicacionales del niño sino también en su desarrollo cognitivo, social y emocional.

A través de este escrito se ha podido describir cuáles son los tipos y cualidades que los patrones multimodales de comunicación presentan en cada uno de los integrantes de estas díadas. Observándose, así, cambios no en los tipos de modalidades en uso sino en las características que adquiere la implementación de las mismas, impactadas principalmente por los síntomas afectivos que caracterizan la DPP materna y que parecieran tener directa incidencia en el moldeamiento afectivo y conductual del bebé.

De esta manera, la afectividad materna impacta de manera directa no sólo en las características que adoptan las interacciones comunicativas con su hijo pequeño sino en la calidad de las mismas. Esto da como resultado cualidades en los modos y modalidades comunicaciones del infante que dan cuenta de afectación de los componentes afectivos y conductuales generando en los intercambios con su madre respuestas sociales menos adaptativas.

Por último, y a partir de los resultados hallados durante la revisión, es posible proponer posibles líneas para futuras investigaciones dentro del área temática de interés. Por un lado, la mayor parte de las investigaciones centradas en los niños los estudian en un momento puntual de su desarrollo, no encontrándose estudios de tipo longitudinal ni continuidad de una misma línea de investigación en niños de diferentes edades.

Por otro lado, los estudios encontrados que se llevaron a cabo en madres tampoco han sido de tipo longitudinal, no pudiéndose saber si los patrones comunicacionales utilizados varían ni cómo lo hacen. Además, son escasos los estudios que trabajan con variables kinestésicas al igual que aquellos que abarcan más de una modalidad de la comunicación y los que estudian la misma variable en ambos integrantes de la díada al mismo tiempo.

Referencias
Arteche, A., Joormann, J., Harvey, A., Craske, M., Gotlib, IH., Lehtonen, A., Counsell, N. & Stein, A. (2011). The effects of postnatal maternal depression and anxiety on the processing of infant faces. Journal of Affective Disorders, 133(1-2), 197-203. http://dx.doi.org/10.1016/j.jad.2011.04.015

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Barón Birchenall, L., Galindo, O. & Muller, O. (2014). La percepción del habla durante el primer año de vida [Speech perception in the first year of life]. Revista Latinoamerica de Psicología, 46 (1), 12-23. Recuperado el 4 de abril de 2015 de http://www.elsevier.es/es-revista-revista-latinoamericana-psicologia-205-articulo-la-percepcion-del-habla-durante-90351980.

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