La miseria en Colombia 



Descargar 195,59 Kb.
Página1/5
Fecha de conversión31.01.2017
Tamaño195,59 Kb.
  1   2   3   4   5



La miseria en Colombia
James A. Robinson¥
Agosto 11, 2015


Abstract
Durante la mayor parte de la historia del país, la mayoría de los colombianos han vivido en pobreza absoluta y han estado atestados de violencia e inseguridad. Mi argumento es que el alcance y la persistencia de la pobreza y la violencia en Colombia es una consecuencia de las facetas extractivas de las instituciones políticas. Estas tienen dos dimensiones principales: la baja calidad de la “democracia que en realidad existe” y la naturaleza “de doble cara” del débil e inefectivo estado colombiano. Proporciono un análisis de la lógica política que mantiene en su lugar los aspectos extractivos de estas instituciones, y cómo interactúan como los aspectos incluyentes de las instituciones colombianas. Argumento que las instituciones colombianas lentamente se han tornado menos extractivas con el paso del tiempo, debido a los intentos de las élites por contrarrestar algunas de las contradicciones internas de la coexistencia de instituciones extractivas e incluyentes. Esto ha resultado en disminuciones de la pobreza y violencia, y en una modernización gradual del país. Sin embargo, las poderosas fuerzas que han hecho que Colombia siga siendo un país pobre y violento siguen funcionando y reproduciéndose. Planteo cómo podría ser la solución de estos problemas en Colombia.
Clasificación JEL:

Palabras clave: Desarrollo económico, Instituciones, Capital humano.
1 Introducción

Colombia es un país con mucha gente pobre, y siempre lo ha sido. En su libro La Miseria en Bogotá, el intelectual y político liberal Miguel Samper describió vívidamente su alcance:

“De todas las capitales de Sur América, Bogotá es la que más atrás se ha quedado… Los mendigos llenan calles y plazas… Pero no todos los mendigos se exhiben en las calles. El mayor número de los pobres de la ciudad, que conocemos con el nombre de vergonzantes, ocultan su miseria, se encierran con sus hijos en habitaciones desmanteladas, y sufren en ellas los horrores del hambre y la desnudez. Si se pudiera formar un censo de todas las personas a quienes es aplicable en Bogotá el nombre de vergonzantes –entre las cuales no faltan descendientes de próceres de la Patria– el guarismo sería aterrador y el peligro se vería más inminente” (Samper, 1867, pp. 8-9).

Colombia también es un país con mucha violencia y con un estado inefectivo, y esto siempre ha sido así. Un tiempo después, el intelectual liberal, economista y Ministro de Hacienda Aníbal Galindo registró en sus Recuerdos una conversación con el embajador francés Monsieur Daloz, quien preguntó:

“¿Pero qué defensa admite, señor Galindo, el hecho de que en ochenta años que llevan ustedes de vida independiente, no han podido ustedes construir un camino, si quiera sea de ruedas, que mide sólo diez y ocho lenguas de largo, del borde de la altiplanicie a su puerto fluvial de Honda sobre el Magdalena, y aún se sirven ustedes, desmejorado según me han dicho, del mismo camino de mulas ó de herradura que bajando y trepando aquellas crestas les dejaron los españoles al emigrar del país en 1819, al paso que la más insignificante de las revoluciones en que ustedes se han empleado, ha consumido cien veces más de lo que habría costado la construcción de aquel camino?” (Galindo, 1900, pp. 291-293).

A pesar de 120 años de crecimiento económico sostenido que inició en 1890, de la expansión educativa, la urbanización y la “modernización”, en Colombia la pobreza y la violencia han seguido siendo persistentemente altas, a pesar que se han logrado reducir recientemente. Así mismo, el nivel relativo de prosperidad de Colombia en comparación con Estados Unidos se ha deteriorado. De acuerdo con el cálculo contemporáneo de Camacho Roldán, el PIB per cápita en Colombia en 1872 fue de alrededor del 34% del nivel estadounidense (ver Camacho Roldán, 1895, García-Jimeno y Robinson, 2010). Hoy en día es de alrededor del 23%. La Figura 1 muestra el ingreso per cápita en Colombia durante la larga divergencia desde 1850, usando datos del proyecto Maddison (ver Bolt y Van Zanden, 2014). La escala de la izquierda muestra el nivel de ingreso per cápita en dólares estadounidenses de 1990. La escala de la derecha muestra el nivel de PIB per cápita en Colombia con relación al nivel de Estados Unidos. Se evidencia que el ingreso per cápita relativo de los colombianos disminuyó sostenidamente hasta 1905, y alcanzó su nivel más bajo, que fue alrededor del 15% del nivel estadounidense. Esta tendencia luego se revirtió, en particular durante la Gran Depresión, cuando el ingreso cayó dramáticamente en Estados Unidos. Desde entonces, el ingreso relativo per cápita se ha estabilizado en el rango de 20-25% durante los últimos 60 años. Por lo tanto, a pesar de que los niveles han mejorado, y de que en promedio los colombianos tienen mayores ingresos ahora que en el pasado, la posición económica de Colombia con relación a las naciones que lideran la economía mundial se ha deteriorado.

Este tipo de dinámicas no son particularmente anómalas en América Latina, y en este sentido Colombia es un “Un típico país latinoamericano” (Robinson, 2007). Sin embargo, en este ensayo quiero enfocarme en proponer una explicación para esta divergencia en Colombia, lo que ayudará a explicar algunas de las características colombianas que quizás son más únicas, como los niveles extraordinariamente altos de violencia. La Figura 2 muestra la información histórica disponible sobre tasas de pobreza, usando diferentes fuentes de información. Hay muchas maneras diferentes de medir la pobreza. En Colombia una de estas es el censo que mide el grado de “necesidades básicas insatisfechas” (NBI). En el censo de 1973, el 70% de los colombianos tenía este tipo de necesidades insatisfechas y por lo tanto era considera pobre. De hecho, de acuerdo con esta definición, la mayoría de los colombianos fue pobre hasta mediados o finales de la década de 1980. La información actual sobre pobreza que utiliza el ingreso como criterio, producida por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), sugiere que en 2013 el 30% de los colombianos eran pobres, mientras que el 10% vivía en extrema pobreza.

El grado de pobreza en una sociedad depende del nivel de ingreso pero también de su distribución. Detrás de estos se encuentran factores como las existencias y la distribución de bienes como la tierra y el capital humano, el funcionamiento del mercado laboral y el nivel de desempleo, y la provisión de bienes y servicios públicos por parte del gobierno (ver Joumard y Londoño Vélez, 2013a, b, para un excelente análisis reciente de estos determinantes de la pobreza en Colombia). Si bien Colombia no es un país rico, su nivel de ingreso per cápita es perfectamente consistente con una situación en la que nadie es pobre. Desde un punto de vista contable, la razón por la que hay personas pobres en Colombia es porque hay mucha desigualdad en el país. Por ejemplo, Colombia es un país donde el 45% del ingreso nacional es devengado por el 10% más rico de la población, y donde el 14% de los terratenientes son propietarios del 80% de la tierra (Ibáñez y Muñoz, 2011). Esta es una situación de desigualdad de bienes bastante notable, y la información existente sugiere que ha sido muy estable con el paso del tiempo. La Figura 3 muestra la información histórica disponible sobre el coeficiente de Gini recolectada por WIDER1 a partir de varias fuentes. Colombia es el país más desigual en América Latina Por ejemplo, el Banco Mundial reporta un coeficiente de Gini de ingreso de 55,9 en 2010 para Colombia, el más alto de América Latina. Las diferentes series de datos recolectadas en la Figura 3 sugieren que este número ha sido más o menos constante desde la década de 1960, aunque con algunas fluctuaciones bastante grandes y, de acuerdo con los estimados más especulativos de la CEPAL, la desigualdad ha incrementado sustancialmente desde finales de la década de 1930 (ver también Londoño, 1995). La información del Banco Mundial también muestra que la proporción del ingreso devengada por el 10% más rico de la población ha sido constante desde por lo menos 1980.

En este ensayo propongo una explicación sobre por qué hay tanta pobreza y violencia en Colombia, por qué han persistido tan obstinadamente en el tiempo, y por qué han caído significativamente en la última década mientras que la desigualdad no lo ha hecho. Explicar esto en cierto modo explicará la Figura 1 también, en el sentido de por qué Colombia ha crecido pero no ha podido converger con los estándares de vida de Estados Unidos o de otros países afluentes2.

Para empezar a pensar sobre las causas de la pobreza y la violencia en Colombia, es útil reconocer que estas se encuentran distribuidas espacialmente de formas particulares. La Figura 4, por ejemplo, muestra la tasa de pobreza multidimensional en Colombia en 2005 por municipio. Los colores más oscuros significan que hay una mayor proporción de personas pobres, y los municipios están divididos en 6 intervalos, de modo que el color más oscuro representa el 1/6 más pobre de los municipios en Colombia, mientras que el más claro representa el 1/6 más rico. El índice de pobreza multidimensional es una medida mucho más comprehensiva de la pobreza que las que usualmente se emplean, y que discutí arriba, y mide la pobreza en cinco dimensiones: acceso a la educación, las condiciones de niños y jóvenes, salud, empleo, acceso a servicios públicos y condiciones de vivienda. De acuerdo con esta medida de pobreza hay muchos más pobres en Colombia. La distribución de esta variable es notable en Colombia, y existe una gran diferencia entre municipios como Envigado (en Antioquia, donde el gobierno colombiano complacientemente creó la falsa prisión “La Catedral” para el narcotraficante Pablo Escobar en 1991) donde solo el 14,3% de la población es pobre, o Chía (en Cundinamarca) donde la cifra es de 16,5%, y municipios donde, de acuerdo con este criterio, absolutamente todas las personas son pobres, estos municipios son: Puerto Alegría y Mirití-Paraná (en Amazonas), Argelia (Cauca), Puerto Colombia (Guainía), Media Atrato (Chocó) y Papunaua (Vaupés). Cada uno de estos municipios se encuentra en lo que yo llamaría la periferia de Colombia, mientras que Envigado y Chía, en contraste, están ubicados en el centro. La Figura 4 muestra que existe una separación visible entre el centro del país, en particular entre el altiplano (la Cordillera de Los Andes y lo que se considera “tierra fría”) y la periferia (las costas Caribe y Pacífica, los Llanos, los llanos orientales que drenan hacia el Río Orinoco, la Amazonía y el altiplano sur, lo que se considera “tierra caliente”). La periferia es geográficamente única y tiene tasas de pobreza mucho mayores.



Los conceptos de la periferia y el centro en Colombia son importantes, y el lenguaje es útil, pero también es importante entender que hay muchos centros y muchas periferias en el país que ocurren de manera particular. A nivel general, la Figura 4 captura la noción de centro y periferia, pero si nos enfocamos en una región o departamento, encontraremos un centro y una periferia similares. La Figura 5, por ejemplo, muestra las tasas de pobreza multidimensional solo en el departamento de Antioquia. Así como a nivel nacional se puede ver un centro y una periferia, dentro de Antioquia también se puede ver lo mismo. El centro es Medellín y los municipios del valle de Aburrá. De hecho, dentro del área metropolitana no solamente Envigado tiene tasas bajas de pobreza, sino también Sabaneta (18% de pobreza), Itagüí (23%) y La Estrella (26%). Los municipios más pobres de Antioquia son los que se encuentran al noroccidente y norte de la región, una periferia notable en la Figura 5, estos municipios incluyen: Vigía del Fuerte (99%), Murindó (95%), Peque (89%), Cáceres (89%), Necoclí (87%), San Pedro de Urabá (89%) y Tarazá (86%). De hecho, la relación centro-periferia es, en términos matemáticos, un fractal, que Mandelbrot (1983) define como “una forma geométrica irregular o fragmentada que se puede dividir en partes, cada una de las cuales es (por lo menos aproximadamente) una copia de menor tamaño de la forma completa”. Exactamente de esta manera es la relación centro-periferia en Colombia y, como voy a argumentar, es una interacción muy significativa para entender la naturaleza de las instituciones extractivas e incluyentes del país3.

La Figura 6, regresando al nivel nacional, también muestra que la periferia es mucho más violenta. Allí se muestra información a nivel municipal sobre la presencia de dos actores armados no estatales, promediada durante el periodo de 1996 a 2012. El panel izquierdo muestra la distribución espacial de eventos violentos perpetrados por grupos guerrilleros, específicamente las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional). El panel derecho muestra información similar para acciones atribuidas a grupos paramilitares. La escala mide la cantidad total de eventos violentos al año por cada 100.000 habitantes, promediada durante el periodo de 1996 a 2012 (información de CERAC-Urosario, el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos)4. En la Figura 6 los colores más oscuros significan mayores niveles de violencia. El panorama es complicado; partes de la Amazonía, los Llanos e incluso la costa Caribe evidencian que no hay ninguna o hay muy poca violencia, y Antioquia tiene una gran cantidad de violencia. Sin embargo, a este nivel el patrón básico sigue siendo que la violencia está mucho más presente en la periferia de Colombia que en el centro. Las partes más oscuras del panel izquierdo, por ejemplo, son en los Llanos, en los departamentos de Arauca y Caquetá; en la Amazonía, en el altiplano sur en Putumayo y Nariño; y en la parte norte de la costa Pacífico, en el Chocó y Urabá. Si bien todavía tiene sentido hablar de centro y periferia a nivel nacional, la Figura 7 muestra la información de la Figura 6 solo dentro de Antioquia. Reflejando la naturaleza fractal de centro y periferia, la Figura 7 muestra que dentro de Antioquia existe un patrón claro de una periferia violenta y un centro menos violento (como lo señaló Roldán, 2001, para la guerra civil conocida como La Violencia en las décadas de 1940 y 1950). De hecho, entender la dinámica de centro-periferia dentro de lo que es la periferia, ayuda a interpretar la Figura 6. De hecho, será útil a continuación pensar en términos de “la periferia de la periferia”, que son lugares como el norte y noroccidente de Antioquia, pues allí es donde se concentra la mayor parte de la pobreza y la violencia en Colombia.

Esta distribución espacial de la pobreza y la violencia en Colombia no es reciente. Incluso si Miguel Samper estaba hablando de Bogotá, la pobreza en los demás lugares del país ciertamente era mucho peor en el siglo XIX y era endémica en exactamente los mismos lugares donde lo es hoy en día. Lo mismo se puede decir sobre la violencia (Fergusson, Molina, Robinson y Vargas, 2015).

Acemoglu y Robinson (2012) sostienen que la clave para entender por qué un país o región es pobre son sus instituciones económicas. Las regiones que tienen “instituciones económicas extractivas” que no crean incentivos de base amplia ni oportunidades para las personas crearán pobreza. Las instituciones económicas incluyentes, que sí crean incentivos u oportunidades, generarán prosperidad. Si se aplica a este contexto, esta teoría sugiere que la periferia de Colombia es más pobre que el centro del país porque tiene más instituciones extractivas. Hay muchas maneras de medir esto. La Figura 8, usando información de la Unidad para la Atención y Reparación Integral de Víctimas (UARIV)5, muestra datos sobre la cantidad de personas que han sido desplazadas como consecuencia de la violencia a nivel municipal. De acuerdo con las Naciones Unidas, hasta recientemente, cuando Siria la sobrepasó, Colombia era el país en el mundo con la mayor cantidad de desplazados internos. En 2015 ocupó el segundo lugar con 6.044.200 desplazados, Siria ocupó el primer lugar con 7 millones. Sin embargo, Colombia tiene más desplazados que Irak y la República Democrática de Congo juntos6. Esta quizás es la medida más clara de la naturaleza extractiva de las instituciones en Colombia. Refleja la inseguridad tanto de los derechos humanos como de los derechos de propiedad, pues el desplazamiento interno está asociado con expropiación masiva de tierras y bienes (ver, Reyes 2000, Grupo de Memoria Histórica, 2014). Si miramos de cerca, la Figura 8 tiene la misma estructura fractal que discutí arriba. Dentro de Antioquia, por ejemplo, la periferia tiene mucho más desplazamiento que el centro. La Figura 9, usando datos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC)7, muestra la información sobre el grado en el que las personas tienen títulos de propiedad bien definidos y formalizados en Colombia, algo que afecta los incentivos y oportunidades de las personas (por ejemplo obtener crédito o un préstamo) de manera básica. La informalización está concentrada en la periferia8. También está concentrada en la periferia de la periferia.

La relación entre las instituciones económicas extractivas y la pobreza es clara. Las instituciones extractivas les roban a las personas los incentivos y oportunidades para invertir en capital humano y físico, ahorrar e innovar, todas las cosas que generan prosperidad. En Colombia, este tipo de instituciones también les roban a las personas sus vidas, posesiones y bienes. Lo que es más desconcertante es la causa de estas variaciones en este tipo de instituciones. ¿Por qué estas instituciones están distribuidas de esta manera particular en Colombia?

En Acemoglu y Robinson (2012) la variación en las instituciones económicas se explica mediante la variación en las instituciones políticas. En particular, las instituciones económicas extractivas son creadas y mantenidas por instituciones políticas extractivas. Estas instituciones políticas tienen dos dimensiones: una concentración estrecha del poder político y un estado débil e inefectivo.

En este ensayo, argumento que la razón por la cual la periferia de Colombia tiene más instituciones económicas extractivas que el centro del país es que tiene más instituciones políticas extractivas. De hecho, los patrones señalados arriba se mantienen en su lugar mediante un equilibrio en el que parte de Colombia tiene instituciones relativamente incluyentes y otra parte tiene instituciones relativamente extractivas. Esta combinación no solo hace que la periferia siga siendo más pobre que el centro, también hace que todo el país sea relativamente pobre. Reflejando la estructura fractal, la periferia de la periferia es el área más pobre y más violenta. Lo más difícil al intentar comprender la pobreza y violencia en Colombia es entender este equilibrio y cómo es posible tener tanto instituciones extractivas como incluyentes al mismo tiempo. Por supuesto, el aspecto espacial es parte de la explicación. Esto se debe en parte a que la miseria está concentrada en lugares que no ponen en mucho riesgo los intereses de la élite del centro del país, ni su bienestar. Sin embargo, debo argumentar que, de hecho, puede ser ventajoso tener instituciones extractivas en una parte del país siempre y cuando esto esté combinado con instituciones más incluyentes en otros lugares. Por lo tanto, no es simplemente cuestión de instituciones más extractivas en una parte del país que son toleradas por quienes viven bajo instituciones menos extractivas en otros lugares, los dos conjuntos de instituciones se encuentran en una relación simbiótica. Hay muchos mecanismos que permiten que esta situación aparentemente paradójica persista. Esta es la clave para comprender la miseria en Colombia. También es la clave para eliminarla.

El ensayo procede de la siguiente manera. En la siguiente sección, me enfoco en describir las instituciones políticas en Colombia y sus facetas extractivas. Señalo en particular que estas facetas están más acentuadas en la periferia que en el centro, aunque también están presentes en el centro. También señalo que en ambas dimensiones – la distribución de poder y la naturaleza del estado – las instituciones políticas colombianas son menos extractivas hoy de lo que eran en el pasado, y esto es lo que ha permitido la modernización de largo plazo en el país y las disminuciones recientes en pobreza y violencia que señalé arriba. Luego, en la Sección 3 explico la lógica política detrás de la persistencia simultánea de instituciones extractivas e incluyentes, y por qué estas, y por lo tanto la pobreza y violencia, perduran. Identifico cinco mecanismos que respaldan este equilibrio. La Sección 4 toma distancia para unir todo el panorama, y aborda las que considero algunas de las preguntas conceptuales clave que la discusión en las Secciones 2 y 3 plantean. Luego, la Sección 5 examina las dinámicas de las instituciones colombianas con el paso del tiempo, y pregunta por qué se han vuelto gradualmente más incluyentes, así como lo que esto augura para el futuro. La Sección 6 concluye con la pregunta particular de qué se necesita para salir de ese equilibrio en el que se encuentra Colombia y para crear una sociedad próspera y sin violencia.

2 Instituciones políticas extractivas en Colombia

Colombia no es Cuba, Angola ni Uzbekistán, pero sus instituciones políticas son extractivas en muchos sentidos bien definidos. Algo importante es que son más extractivas en la periferia que en el centro. Primero discuto las formas en las que crean una democracia de muy baja calidad, y cómo llevan a una distribución estrecha del poder político en la sociedad. Luego explico la manera en la que funciona el estado colombiano ilustrando como es un estado débil e inefectivo.



2.1 Democracia colombiana existente

Según los datos recolectados por politólogos, Colombia por lo general se considera una democracia desde 1958, y hay buenas razones para esto. Durante ese periodo Colombia sostuvo un tipo de democracia mientras que otros países latinoamericanos sucumbieron ante golpes militares. Adicionalmente, Colombia tiene una tradición electoral vibrante que se remonta a la década de 1820 (ilustrada en muchos ensayos en Deas, 1993, ver también Posada-Carbó, 1997). Después de que terminó el gobierno militar en 1958, los dos partidos políticos principales, los Conservadores y los Liberales, firmaron el acuerdo del Frente Nacional para dividir el poder durante 16 años, este acuerdo se ratificó en un plebiscito. Sin embargo, dejando de lado la naturaleza potencialmente no democrática del Frente Nacional, la realidad es que la democracia de Colombia es, y siempre ha sido, altamente disfuncional y de muy baja calidad. Enfatizo tres razones para esto, la primera es el gran impacto de la violencia y el fraude en las elecciones colombianas, la segunda es el grado en el que la compra de votos se emplea para ganar elecciones, y la tercera es el grado y el impacto del clientelismo.



Fraude y violencia

En primer lugar, el fraude y la violencia. El ejemplo de alto perfil más reciente fue el llamado Pacto de Ralito, en 2001. Este pacto se firmó después de una reunión en el municipio de Tierralta en el departamento de Córdoba, cuando varios poderosos líderes paramilitares –Don Berna (nombre real Diego Murillo), Jorge 40 (Rodrigo Tovar Pulido), Santander Lozada (Salvatore Mancuso) y Diego Vecino (Edwar Cobo Téllez)– se reunieron con políticos nacionales y locales, incluyendo los gobernadores de Sucre y Córdoba, para discutir la “re-fundación del país”. Parte de esta “re-fundación” involucró participar en fraude y violencia masivos durante las elecciones nacionales de 2002 (ver Romero, 2007, Acemoglu, Robinson y Santos, 2013). La consecuencia de esto fue que probablemente un tercio de los legisladores nacionales, congresistas y senadores fueron elegidos con la “asistencia” de grupos paramilitares. La Tabla 1, actualizada a partir de la versión presentada en Acemoglu, Robinson y Santos (2013), muestra los 20 senadores con la mayor cantidad de votos en la elección de 2002 en los municipios controlados por grupos paramilitares. Se evidencia que, para Julio de 2015, de estos 20 senadores, 14 habían sido investigados por nexos con grupos armados, de los cuales 13 fueron con paramilitares. Adicionalmente, la Corte Suprema ordenó a la Procuraduría abrir una investigación, lo que no ha ocurrido aún. Teniendo esto en cuenta, sorprendentemente el 75% de estos senadores han sido vinculados con grupos armados no estatales, casi todos paramilitares. De estos, 8 han sido encontrados culpables de colaborar con los paramilitares y han recibido pena de cárcel. Si esto es una democracia, es una forma de democracia de muy baja calidad. El impacto de esto no se detuvo en los niveles nacionales. Los gobernadores de Cesar y Magdalena, parte del territorio del Bloque Norte paramilitar de Jorge 40, fueron elegidos sin oposición en 2004. Tierralta está en la periferia de Córdoba (la periferia de la periferia de Colombia), mientras que Cesar y Magdalena están en la periferia de Colombia.

Aunque los bloques paramilitares principales se desmovilizaron en 2006, las elecciones sin oposición todavía son comunes en Colombia. En las elecciones locales de 2011, Germán Londoño fue candidato a la alcaldía de Bello, Antioquia, y no tuvo ninguna oposición. Notablemente, Londoño, que era candidato de la dinastía política Suárez Mira, fue derrotado por los votos en blanco, emitidos por los votantes en señal de protesta. Obligado a una segunda elección, un nuevo candidato Suarista, Carlos Muñoz, ganó. En las mismas elecciones hubo bastante fraude y violencia. Por ejemplo, 41 candidatos fueron asesinados, la punta de un iceberg de amenazas e intimidación. Para las elecciones locales de 2015, la fundación Paz y Reconciliación ya publicó una lista de 140 candidatos a alcaldías y gobernaciones que tienen antecedentes penales o nexos con grupos armados u organizaciones criminales9. No todos estos candidatos están postulados en la periferia de Colombia, pero sí la mayoría.

  1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal