La letra de cambio generalidades



Descargar 1,69 Mb.
Página1/4
Fecha de conversión24.09.2017
Tamaño1,69 Mb.
  1   2   3   4
LA LETRA DE CAMBIO

1. GENERALIDADES

La Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito reglamenta los siguientes títulos: letra de cambio, pagaré, cheque, obligaciones, certificados de participación, certificados de depósito, bono de prenda y obligaciones convertibles en acciones. En la Ley de Navegación y Comercio Marítimos se encuentran reglamentados el conocimiento de embarque y la cédula hipotecaria naval; en la Ley General de Sociedades Mercantiles (LGSM) se reglamenta la acción de las sociedades anónimas y de las sociedades en comandita por acciones; en la Ley General de Instituciones de Crédito y Organizaciones Auxiliares están reglamentados los bonos financieros, los bonos hipotecarios y las cédulas hipotecarias, y la Ley de Crédito Agrícola reglamenta los bonos agrícolas de caja.

La letra de cambio es el más importante de los títulos de crédito. Ella ha dado nombre a la rama del derecho que se ocupa del estudio de los títulos, o sea el derecho cambiario; en torno a ella se ha elaborado la doctrina jurídica de los títulos de crédito; alrededor de ella se ha provocado un movimiento de unificación de los principios generales de los títulos, y ella es, en las diversas legislaciones, el título de crédito fundamental.

2. LA EVOLUCIÓN DEL DERECHO CAMBIARIO

A) LA LETRA EN LA ANTIGÜEDAD

Los autores de derecho cambiario admiten que, en términos generales, los antiguos conocieron el contrato de cambio trayecticio, por medio del cual se transportaba o trasladaba dinero de una plaza a otra, y conocieron, en consecuencia, a la letra de cambio como instrumento probatorio de tal contrato. Los babilonios dejaron documentos escritos en tablillas de barro, que pueden identificarse como órdenes de pago equivalentes a letras de cambio; el comercio griego desarrolló la institución, que los romanos utilizaron;3 y fue la letra de cambio utilizada en las relaciones comerciales internacionales de los pueblos antiguos, como Sumeria, Cartago, Egipto, etcétera.

B) EVOLUCIÓN EN LA EDAD MEDIA

La letra de cambio de la antigüedad, que hemos citado, no llega a nuestros días sin solución de continuidad. La letra moderna nace en las ciudades mercantiles de la Edad Media italiana;5 se desarrolla durante el gran movimiento de las Cruzadas, y se extiende con el gran desarrollo comercial y marítimo de las cuencas del Mediterráneo y los mares del Norte y Báltico. Aparece primero en los protocolos de los notarios,6 de ellos escapa hacia las manos ágiles de comerciantes y banqueros,7 y la reglamentan antiguos cuerpos legislativos, como los estatutos de Aviñón (1243), de Barcelona (1394) y de Bolonia (1509).

A partir del Renacimiento la institución se vuelve de uso corriente, e invade hasta la literatura. Cervantes la llama, en El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha,“cédula de cambio”, “libranza”, “póliza de cambio", etcétera.8

C) LA LETRA DE CAMBIO COMO INSTRUMENTO CIRCULANTE

Es indudable que las necesidades comerciales fueron imprimiendo a la letra modalidades nuevas tendientes a facilitar su circulación. Las necesidades y los usos comerciales son considerados por la ordenanza francesa de Luis XIV, de 1673, que al introducir la modalidad del endoso, convierte la letra en instrumento circulante, sustitutivo del dinero, y de gran utilidad en las transacciones comerciales. Las Ordenanzas de Bilbao, que rigieron en México durante la Colonia y después de la Independencia, reglamentaron la letra como instrumento negociable. La ordenanza francesa fue el primer Codigo que reglamentó el endoso, pero tal parece que la institución era practicada por los italianos desde 1560, y a ella se refiere una ley veneciana de 1539.

D) LOS PRINCIPIOS MODERNOS

Llega la letra, como instrumento circulante, pero vinculada al contrato de cambio trayecticio, hasta el siglo XIX. Mas para el gran desarrollo que las actividades comerciales alcanzan en este siglo, eran insuficientes las viejas instituciones y las antiguas normas. "El funcionamiento del cambio entre los países había sufrido modificaciones inherentes a la transformación del crédito y de las finanzas, a la búsqueda de un máximo de seguridad, y al desenvolvimiento de la técnica de los transportes. En fin, y sobre todo, el contrato de cambio no era la sola causa que podía dar origen a una letra de cambio. Esta podía resultar también de un contrato relativo a la conclusión de un negocio; de un contrato de pago, de un contrato de venta, o aun de un contrato de crédito”.

Surgen entonces las nuevas ideas. Einert publica en 1839 su famosa obra El derecho de cambio según las necesidades del siglo XIX, en la cual sostiene que la letra de cambio debe ser independiente del contrato de cambio; que la letra es “el papel moneda de los comerciantes”. Surge la idea del título y de la obligación abstractos, y los juristas franceses se aferran a su teoría y su técnica tradicionales, y defienden la ligazón estrecha entre la letra y el contrato de cambio originario de ella; ideas y técnica recogidas por el Código de Comercio francés de 1807, que fue adoptado por casi todos los países americanos. En los estados alemanes las teorías de Einert triunfan, y la ordenanza cambiaría alemana, de 24 de noviembre de 1848, que desvinculó a la letra del contrato de cambio, declaró que ella podía emitirse dentro de una misma plaza y no exclusivamente para ser pagada en plaza distinta de su lugar de emisión, dio mayor agilidad a la circulación del título al permitir el endoso en blanco y (lo que fue más importante), declaró que la provisión y la cláusula de valor entregado no tenían relación con la letra.

Se distinguen en la ordenanza los tres momentos básicos que puede vivir una letra de cambio: creación, endoso y aceptación. Y se establece el concepto de autonomía de los derechos incorporados en la letra, al prohibirse “que el deudor pueda valerse de excepciones que no estén fundadas sobre la letra misma y estrictamente determinadas por los textos legales". La letra se convierte en un documento abstracto, sin relación con su causa, incorporador de derechos autónomos, y se prepara a conquistar, desde los principios de la ordenanza alemana, un lugar universal en el mundo de las relaciones comerciales.

E) EVOLUCIÓN DEL SISTEMA ANGLOSAJÓN

Frente al derecho europeo continental, Inglaterra forma, con sus propias costumbres, un cuerpo jurídico diverso: el common law. Este se defiende con la barrera del mar; pero la letra de cambio salta de la tierra firme, y se introduce con las prácticas comerciales en el derecho inglés. Primero vivió un poco al margen del derecho; pero cuando en el siglo XVIII la costumbre de los mercaderes es incorporada en el cuerpo del common law, la letra de cambio adquiere ciudadanía jurídica inglesa.

El talento práctico de comerciantes y juristas hace que las ideas de Einert, propagadas por la ordenanza alemana, se extiendan y adopten en Inglaterra, en sus lineamientos generales.

La Bills of Exchange Act, de 1882, que recoge los usos de los comerciantes y la jurisprudencia de los tribunales ingleses, sigue, en términos generales, los mismos lineamientos básicos de la ordenanza alemana. Se realiza un proceso de unificación, que comienza en 1893, con la adopción de la ley por Nueva Zelandia, y termina en 1909, con la adopción de la Bills of Exchange Act, por Australia.

En los Estados Unidos, el estado de Nueva York creó, en 1890, a iniciativa de la Asociación de Barras de Abogados, una comisión que se encargaría de elaborar aquellas leyes que deberían ser uniformemente aceptadas por los diferentes Estados. Surge así la "Negotiable Instruments Law”, que inicia su camino desde 1897, en que es aprobada por Nueva York y otros estados, hasta 1924, en que es también aprobada por el estado de Georgia. La Negotiable Instruments Law ha sido aprobada asimismo por Puerto Rico y Filipinas.

F) HACIA UNA LEY UNIFORME

"Hay ciertas instituciones jurídicas ha dicho Pappenheim que están desde su origen destinadas a servir al comercio entre los grupos sociales. Su historia es internacional, y el fin que ellas persiguen tiende a liberarlas de barreras nacionales". Así, la letra de cambio. Ella sirve a comerciantes de todas las nacionalidades, de todas las razas y de todas las lenguas, y es por ello que requiere una legislación internacionalmente uniforme.

Durante el siglo XVIII, los juristas y los comerciantes claman por la unificación del derecho cambiario; y desde 1848, fecha de la ley alemana, que se enfrentó al sistema francés, la necesidad de la unificación se hace sentir con intensidad mayor.

Desde 1863, la Asociación Nacional para el Progreso de las Ciencias Sociales, en su primer congreso, celebrado en Gante, alzó su voto en pro de la unificación. El Instituto de Derecho Internacional estudió el problema en su sesión de Turín, en 1882, y en las sucesivas de Múnich y Bruselas (1885). Por su parte, la "Associación for the Reform and Co- dificatión of the Law of Nations”, hoy convertida en "International Law Association” y a la que tanto debe el derecho mercantil, trabajó intensamente por la unificación del derecho cambiario, en sus congresos de Génova (1874), La Haya (1875), Bremen (1876), Amberes (1877), Frán- cfort del Meno (1878) y Budapest (1908).

La obra de estos congresos se concretó en 26 reglas, conocidas como "Reglas de Bremen", que no llegaron a tener aplicación práctica.

Otras asociaciones y Congresos se ocuparon del mismo problema de Unificación, como el Congreso Internacional del Comercio y de la Industria, reunido en París en 1889; el Congreso Jurídico Americano de Río de Janeiro (1900), y en 1905 y 1906, respectivamente, se reúnen, en Lieja y Milán, los congresos internacionales de cámaras de comercio y de asociaciones industriales.

La International Law Association prosigue sus trabajos, y en sus congresos de Berlín (1906) y Budapest (1908) revisa las “reglas de Bre- men” y dicta las “Reglas de Budapest”, que tampoco tuvieron aplicación práctica.

Por su parte, el Congreso del Instituto de Derecho Internacional (1908) y las Asambleas de las cámaras y corporaciones del comercio y de la industria, reunidas en Lieja (1905) y en Praga (1908), trataron también el repetido problema de la unificación del derecho cambiarlo.

A su vez, los distintos gobiernos se preocuparon oficialmente por el problema, y convocaron reuniones y congresos para buscar una adecuada solución.

El Congreso Jurídico de Lima, de 1878, consagró nueve artículos del Tratado de Derecho Comercial Internacional, a reglamentar la letra de cambio. Se trata, en estas disposiciones, de fijar reglas de derecho internacional sobre los problemas cambiarlos.23

En el Congreso Internacional de Amberes, de 1885, se elaboró un Proyecto de ley sobre letras de cambio, billetes a la orden o al portador, cheques y otros títulos negociables. El proyecto consta de 57 artículos, y su elaboración fue continuada en 1888 por el Congreso Internacional de Bruselas, que lo mejoró en un nuevo Proyecto de Ley sobre las letras de cambio y otros títulos negociables, que es un verdadero código cam- biario, de 68 artículos.24

El Congreso Sudamericano de Montevideo, de 1889, se ocupó nuevamente de reglas de derecho internacional sobre problemas de derecho cambiario.25

Por iniciativa de Italia y Alemania, Holanda convocó las conferencias de La Haya, de 1910y 1912. La segunda fue la más importante. Er ella estuvieron representados 37 Estados, incluyendo los Estados Unidos e Inglaterra. Se llegó en esta conferencia a una Convención sobre 1Í Unificación del Derecho Relativo a la Letra de Cambio y al Pagaré ; la Orden, y se redactó el famoso Reglamento Uniforme referente a 1; Letra de Cambio y el Pagaré a la Orden, que es un bien estructurad código cambiario, de 80 artículos, basado en los principios de la ordc nanza alemana.26 Este reglamento fue adoptado por algunos países americanos, y está vigente aún en Guatemala, incorporado al Código de Comercio de ese país.

En 1916, suspendido en Europa el movimiento de unificación por la Primera Guerra Mundial, se reunió en Buenos Aires la Alta Comisión Internacional de la Legislación Uniforme, la cual, en sus resoluciones, propuso a los Estados americanos incorporar a su legislación el reglamento de La Haya, con algunas modificaciones.

El movimiento de unificación, suspendido, como hemos dicho, por la Primera Guerra Mundial, fue reanudado por la Liga de las Naciones, la que después de diversos trabajos preliminares logró reunir la conferencia de Ginebra en 1930, en la que se aprobó una convención que contiene la ley conocida con el nombre de Ley Uniforme de Ginebra.

La ley uniforme se inspira en el reglamento de La Haya de 1912; esto es, sigue el sistema germánico, descrito anteriormente.29

A la ley uniforme se han unido, por adhesión a la convención o por incorporación a su legislación interna, la mayoría de los países.

México no se adhirió a la convención; pero la ley cambiaria mexicana (Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, de 1932) se inspiró en los principios fundamentales de la Ley Uniforme de Ginebra.

Rusia no ha prestado adhesión a la convención de Ginebra; pero su" Reglamento sobre los efectos de Comercio, de 20 de marzo de 1922, se inspira claramente en los lineamientos del sistema germánico.30

Los tratadistas del derecho cambiario suelen afirmar que esta rama del derecho se encuentra dividida, en el mundo, en dos grandes campos o sistemas: el de la Ley Uniforme de Ginebra, y el del derecho anglosajón. Creemos que la breve exposición que hemos hecho sobre el movimiento de unificación, nos autoriza a afirmar que los principios fundamentales del derecho cambiario son unos en todo el mundo, y se basan en los principios fundamentales contenidos en la Ley General Alemana sobre el Cambio, de 1848. El genio de Einert se ha extendido iluminando el campo jurídico, por todo el ámbito terrestre.

Los principios generales son los mismos; pero aun en los ordenamientos que los autores consideran como pertenecientes a un mismo sistema, existen diferencias de detalle. Y en ocasiones, esos detalles diferenciales son de importancia singular.

3. PRINCIPALES DIFERENCIA

ENTRE LOS SISTEMAS CAMBIARIOS MEXICANO Y NORTEAMERICANO

En un estudio exegético de la Ley General de Títulos y operaciones de Crédito y la Negociable Instruments Law (NIL) trataremos de establecer las principales diferencias entre los sistemas de derecho cambiario de la República mexicana y los Estados Unidos de Norteamérica. Para nuestra investigación, habrá de servirnos como importantes guías un obra de Bayalovitch, que tanto hemos citado.

a) La letra de cambio mexicana deberá contener “la mención de ser letra de cambio inserta en el texto del documento, según mandato del articulo 76 fracción I de la Ley. En la ley norteamericana no se requiere tal requisito solemne; basto con que se exprese o deduzca claramente la intención del signatario de firmar una letra de cambio. A este respecto cabe anotar que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dicho que no es necesaria la mención sacramental; sino que basta para que se considere un documento como letra de cambio que en el conste alguna expresión equivalente que haga deducir la voluntad del signatario, de obligarse cambiariamente;» pero este criterio ha sido modificado en reciente ejecutoria de la Sala Auxiliar (amparo 908/40 fallado el 7 de agosto de 1951) en que la suprema corte se ha pronunciado, a nuestro modo de ver correctamente, por el criterio formalista.

b) En la ley mexicana es requisito esencial de la letra de cambio, la indicación del nombre del tomador (art. 76 frac. VI) y esta indicación no se requiere en la NIL (art. 1, Sec. 8). La letra de cambio norteamericana puede ser al portador (art. 1, Sec. 9), y en México una letra girada en tal forma, no produciría efectos de letra de cambio (art. 88).

c) En la ley mexicana se permite que la letra sea "no negociable” En el sistema norteamericano, una letra “no a la orden” o “no negociable”, no surtiría efectos de letra de cambio.

A propósito de esta diferencia y de la anteriormente anotada, debemos expresar nuestra opinión en el sentido de que la ley americana es más lógica y más concordante con la naturaleza de las cosas. La ordenanza alemana estableció la prohibición de que la letra fuese al portador, "para evitar fraudes”, y tal prohibición infundada se ha mantenido por inercia. La letra, como título de crédito circulante, queda desnaturalizada al prohibirse su circulación. Por eso es lógica la ley norteamericana, al considerar que un instrumento que no es negociable, no puede ser considerado letra de cambio.

d) La ley mexicana requiere que en la letra consten el lugar y la techa en que se gira y el lugar de pago (art. 76 frac. II y V); y tales requisitos no solo no son requeridos por la ley norteamericana, sino que son expresamente dispensados (art. I Sec. 6).

Consideramos que, a este respecto, es más práctica la ley norteamericana.

e) El contenido de la orden de pago en la ley mexicana (que en este aspecto es más estricta que la ley uniforme), debe ser una suma determinada de dinero, sin adición de intereses o cláusulas penales (art. 76 frac. III y art. 78); y en la NIL la suma principal puede adicionarse con intereses, y aun con eventuales gastos de abogado.

En este caso, creemos que es más correcta la ley mexicana, porque la letra debe ser un instrumento de fácil circulación, y por cantidades fijas o determinadas.

f) El girador no puede, entre nosotros, eximirse de la responsabilidad de la aceptación y pago de la letra (art. 87); y en la ley norteamericana le está permitido al girador “insertar en el instrumento una estipulación limitando o negando sus responsabilidades" (art. V, sec. 61).

Si es el girador quien crea la letra, quien incorpora en un papel un valor crediticio, no es lógico que se le exima de responder por el valor que él ha creado.

g) Las letras pagaderas a cierto tiempo vista, deberán presentarse para su aceptación dentro de un plazo de seis meses, a partir de su fecha (art. 93 de la ley mexicana). En la NIL, la presentación deberá hacerse “dentro de un tiempo razonable" (art. III, sec. 144).

No parece conveniente dejar al criterio de un interesado, o del juez, el plazo de presentación.

h) Las letras giradas a día fijo o a cierto plazo, deberán presentarse para su aceptación, según la ley mexicana, un día antes de su vencimiento (art. 94). Conforme a la NIL, la presentación deberá hacerse el día del vencimiento (art. VI, sec. 71).

i) La ley mexicana limita las formas de vencimiento a cuatro (art. 79) y considera pagaderas a la vista, letras en las que figure una forma distinta de vencimiento. En la ley norteamericana, el vencimiento de la letra puede depender, incluso, de un acontecimiento futuro, aunque su realización sea indeterminada (art. I, sec. 4, párrafo 3).

Es más conveniente, en este aspecto, el sistema mexicano.

I) El protesto no es indispensable, en derecho mexicano, en las letras sujetas a tal acto. En la NIL el protesto solo se requiere “en el caso de letras de cambio extranjeras” (art. VII, sec. 118).

ll) Entre nosotros no es posible oponer excepciones derivadas de vicios en la voluntad de los signatarios de la letra (art. 8) y en el derecho norteamericano, dichos vicios influyen sobre el valor de las obligaciones cambiarías (art. I, sec. 23). ,.

Según el principio de la Ordenanza alemana, la letra de cambio se crea por un acto que no influye en la vida jurídica de la letra esta es abstracta. Consecuentemente, es más lógica la disposición de la ley mexicana; sin que esto quiera decir que la ley americana se aparte, en forma absoluta, del principio germánico.

m) En el derecho norteamericano no funciona la autonomía, en caso de endosos falsos o viciados; en tanto que entre nosotros, tal característica funciona plenamente.

Es más concordante con el sistema cambiario germánico, a este respecto, el principio de la ley mexicana.

n) Quien paga la letra, bajo el sistema norteamericano, debe cerciorarse de la autenticidad de las firmas de los endosantes y de su capacidad. Entre nosotros, el que paga no está obligado a cerciorarse de la autenticidad de los endosos, ni tiene la facultad de exigir que esta se le compruebe; pero si debe verificar la identidad de la persona que le presente el titulo como último tenedor, y la continuidad de los endosos 8art. 39)

El principio de la ley mexicana es más acorde con la naturaleza de la letra como título circulante, y con la naturaleza autónoma de los derechos incorporados en el título.

o) En derecho mexicano, la firma que aparezca en la letra y a la cual “no se le pueda atribuir otro significado, se tendrá como aval” (art. 111) y en la NIL tal firma se reputaría como de un endosante (art. I, sec. 17, párrafo 6). Se trata, se dice en el derecho norteamericano, de un endoso irregular.

Más de acuerdo con la naturaleza de la letra, nos parece la disposición de la ley mexicana.

p) Entre nosotros, el mandato contenido en un endoso en procuración, no termina con la incapacidad o muerte del endosante (art. 35). Tal excepción a la regla del derecho común, no se establece en la ley

q) El endoso en el sistema mexicano, no puede condicionarse; y en la NIL puede someterse a condición (art. III, sec. 33).

La prohibición contenida en la ley mexicana, es propia de la naturaleza de la letra de cambio.

r) La NIL desconoce el endoso en garantía, que está reglamentado en la ley mexicana (arts. 33 y 36).

La institución del endoso en garantía favorece la negociabilidad de los títulos de crédito, y es conveniente que se establezca en la ley.

s) La aceptación de la letra, entre nosotros, “debe constar en la letra misma” (art. 97). En la ley norteamericana, puede hacerse por separado (art. II. sec. 134 y 135).

La institución de la aceptación por separado es impropia del título cambiarlo, y así lo consideran los mismos críticos de la ley americana.

t) La aceptación de la letra debe ser, entre nosotros, incondicional (art. 99). En la NIL puede condicionarse (art. II, sec. 141).

En este aspecto, la diferencia no es fundamental, porque entre nosotros, aunque el condicionar la aceptación equivale a negarla, el aceptante condicional quedará obligado en los términos en que haya aceptado (art. 99).

u) La ley norteamericana no reglamenta el aval.

Es el aval una institución necesaria y propia del derecho cambiario. Por él se garantiza el pago de la letra de cambio, reforzando su crédito. En los Estados Unidos la garantía cambiaría puede obtenerse en terreno desviado, por medio de un “endoso irregular”.

v) La quiebra del girado o del aceptante producen, entre nosotros, el vencimiento anticipado de la letra de cambio (art. 150). En la NIL, tal evento solo daría lugar a que el tenedor levantase el protesto (art. IV, sec. 158).

w) La prescripción de las acciones cambiarías tiene entre nosotros una regulación especial, que en términos generales reduce los plazos; y en la ley norteamericana tal regulación especial no es establecida. La prescripción es, en Estados Unidos, problema del derecho común.

x) En la NIL, cuando un documento es tan ambiguo que no pueda saberse si es letra de cambio o pagaré, el tenedor podrá fijar, a su elección, la naturaleza del título (art. I, sec. 17, párrafo 5).

No debería la ley dejar al arbitrio de una parte la fijación de la naturaleza de un documento, que debería ser establecida por la ley misma.

y) La representación para firmar títulos de crédito se confiere, en México, “mediante poder debidamente inscrito en el Registro de Comercio”, o “por simple declaración escrita dirigida al tercero con quien habrá de contratar el representante” (art. 9). La NIL no requiere un poder formal (art. lo., sec. 19); pero no da efectos al poder tácito que establece el artículo 11 de nuestra ley, para el caso de que alguien “haya dado lugar, con actos positivos o con omisiones graves, a que se crea, conforme a los usos del comercio, que un tercero está facultado para suscribir a su nombre títulos de crédito” (art. 11).

  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal