La justificación “falsacionista” de la inducción, según K. Popper1



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La justificación “falsacionista” de la inducción, según K. Popper1.

Abstract. El artículo quiere ser un homenaje a Karl Popper en la celebración de su centenario. Se expone brevemente la teoría falsacionista de Popper, con relación especial al problema del conocimiento inductivo: las dos caras de su solución, el valor de falsación de teorías y el de conjetura, como “corroboración”.

Se hace una valoración crítica de esta solución, especialmente poniendo de relieve su incapacidad para resolver el problema de la inducción en un sentido más acorde con los resultados del conocimiento científico y que fuera a la vez filosóficamente válido.

Introducción

No vamos a extendernos en la importancia del problema de la inducción o de los razonamientos inductivos. Afecta tanto al filósofo, como al científico. Y de hecho, ha sido como el trasfondo general de las discusiones capitales en torno a interpretar nuestro modo de adquirir conocimiento.

En efecto, dejando de lado, el conocimiento inmediato o intuitivo, la manera normal de progresar en la adquisición de conocimiento es por medio de la razón o del llamado conocimiento discursivo, por el que pasamos desde cosas o verdades conocidas al descubrimiento de otras nuevas. Ahora bien, en este camino se puede avanzar de dos maneras, en principio:

-o bien desde la experiencia hacia verdades universales y ciertas, que explican sectores amplios de la realidad (leyes, teorías...);

-o bien desde principios o leyes universales al descubrimiento o predicción y aplicación a hechos o a verdades más particulares.

A la forma primera, se la denomina, desde antiguo, inducción o proceso inductivo; a la segunda forma, se la llama deducción.

Desde Aristóteles al menos, la inducción (epagogé) se caracteriza por proceder desde lo particular a lo universal; mientras que es la deducción es el proceso inverso, pues va desde lo universal a lo particular.

Y es sabido también, que así como para el proceso deductivo no se han presentado dificultades insolubles, en cuanto a su valoración y justificación y hasta se ha tomado frecuentemente como el modelo de todo proceso racional cierto; en cambio respecto del proceso inductivo no ha habido ni sigue habiendo la misma confianza ni unanimidad alguna de opiniones; ni entre los filósofos (lógicos, epistemólogos...) ni entre los científicos.

El proceso inductivo parece que es el propio de la ciencia natural y en general de todo proceso de descubrimiento o investigación de la verdad; mientras que el proceso deductivo parece más propio para la enseñanza de lo ya conocido, o bien para la aplicación a la vida práctica de las verdades filosóficas y científicas.

1. El problema

Con todo, dificultades al parecer insuperables, de tipo lógico y epistemológico, se levantan contra la validez y certeza posibles del proceso inductivo. Baste recordar una objeción, conocida ya desde Aristóteles2 y presentada modernamente como objeción crucial por Hume y los empiristas3: Que un proceso inductivo, que vaya desde los singulares a la obtención de leyes o verdades universales, no estaría justificado epistemológicamente ni sería siquiera lógicamente válido, si no es a base de observar o experimentar todos los casos singulares (enumeración completa): ya que, de lo contrario, la conclusión universal iría mucho más allá de lo que permiten las premisas, que es la experimentación de los hechos singulares. Ahora bien, es evidente que en la mayoría de los casos resulta absolutamente imposible la experimentación o comprobación de todos los casos singulares posibles, que pueden ser infinitos. Por tanto, es imposible justificar el proceso inductivo. Se apela a una experimentación “suficiente”, que es algo convencional...

Cabrían, de entrada, dos soluciones o respuestas: o se justifica a priori, por algún principio general (principio de inducción), que no sería algo “experimentable”, sino puramente a priori ; o bien, se acepta que los resultados de la inducción solamente nos pueden llevar a un conocimiento probable o credencial.

Lo primero, equivaldría a justificar y reducir la inducción a la deducción. Y aparte de un apriorismo infundado y gratuito, requiere que ese principio se conozca y sea precisado; y, por otra parte, parece presuponer un determinismo absoluto en la naturaleza; además, sería muy difícil de justificar su realismo y su objetividad.

Lo segundo, al parecer más modesto y fácil de aceptar, con todo equivale a negar valor de certeza, no sólo al conocimiento científico, sino en general a todo conocimiento humano. Pues según otros filósofos, p.e. el mismo Aristóteles, cualquier conocimiento debe partir de presuposiciones, que son principios, definiciones y axiomas; que, a su vez, han de derivarse de la experiencia; y ello, por la simple razón de que nada hay en nuestra mente que no haya pasado antes por la impresión sensible; aunque no se reduzca a ella. Por tanto, cualquier presupuesto o definición y cualquier verdad universal debe estar basada en la experiencia; es decir, debe obtenerse por vía de inducción. En consecuencia, pues, todo conocimiento humano, incluido el científico, sería, a lo sumo, una creencia probable.

Ahora bien, esta afirmación sería una concesión excesiva al escepticismo absoluto. Si no hay ningún conocimiento cierto y seguro, tampoco puede haberlo probable; como si no hay un conocimiento absoluto de algo, tampoco puede haberlo relativo: lo relativo y lo probable se dicen siempre y necesariamente por referencia a algo absoluto. Si suponemos p.e. que todo conocimiento es relativo a otro y que este otro es a lo sumo probable y depende de otro anterior igualmente probable, tendríamos o una regresión ad infinitum o un círculo vicioso. Y en todo caso, sería una progresiva debilitación de la misma probabilidad. Y si eso es así, el conocimiento en su totalidad carece de valor alguno. En efecto, cuando algo probable depende de otra probabilidad y ésta de otra, lo que se obtiene es un producto de probabilidades, que elevan exponencialmente el índice de improbabilidad. Por lo que la concatenación de probabilidades termina en improbabilidad o en incertidumbre.

Desde luego, el conocimiento científico no se diferenciaría mucho de una simple opinión, ni siquiera de meras creencias y hasta de meras suposiciones e incluso supersticiones. Una superstición es una creencia infundada, pero que puede ser y es tomada como “algo posible” o “probable” por los que la aceptan. Así no habría forma de distinguir el conocimiento filosófico y científico, la epistéme, que se ha ido elaborando desde hace siglos trabajosamente, de las creencias vulgares o de los decires infundados (doxológicos). La mera probabilidad es una forma larvada de doxismo. Pues sin duda, cualquier opinión (doxa) para quien la acepta, equivale a una interpretación correcta de lo real; y sino, se desecha o se cambia por otra. Siempre se toma por algo, al menos, probablemente cierto.

Pero es claro que esto no puede satisfacer a nadie. Ni se compagina con el avance firme del conocimiento humano, ni con las certezas que poseemos, tanto a nivel de principios como de experiencias. Tampoco parece que se corresponda con una gran cantidad de verdades, como son las leyes científicas o leyes naturales, bien establecidas y de reconocida eficacia práctica en sus aplicaciones técnicas, y todas ellas obtenidas por medios inductivos. Esto, si no justifica las teorías científicas, al menos nos indica o es señal de que la inducción posee un valor de certeza, al menos para ciertos casos y con las debidas condiciones; aunque no siempre pueda llegar a establecer conclusiones del todo ciertas. Mas en este caso, apoyadas en otras que sí son ciertas. Pues si todas fueran sólo probables y ninguna cierta, tampoco podríamos fiarnos de esa pretendida probabilidad. La certeza de mera probabilidad es inconsistente, se desvanece como tal, si no contempla, pronto o tarde, alguna base firme de certeza absoluta.

En consecuencia, debe haber alguna manera de solucionar el problema, de modo que, sin acudir a un apriorismo gratuito y subjetivo, se garantice, no obstante, el valor de certeza para algunas conclusiones del proceso inductivo. Y ello, por otro lado, sin incidir en la dificultad de la “enumeración completa”, que es imposible en la inmensa mayoría de los casos. Como es bien sabido, a elucidar este problema se han dedicado las mentes más preclaras del pensamiento filosófico en los últimos siglos. Y hasta podría decirse que la secular controversia entre racionalismo y empirismo, entre idealismo y realismo, tiene en este problema su punto crucial.

2. La solución falsacionista de K. Popper(resumen).

Creo que una de las propuestas más inteligentes y recientes del problema de la inducción es la que ha hecho el filósofo Karl Popper. Y, aunque se venía ocupando del tema en varias de sus obras y conferencias, en Conocimiento objetivo, § 1 viene a resumir y condensar tanto el planteamiento como su solución al problema (dejando voluntariamente de lado “algunos aspectos de carácter más técnico, como los relacionados con la teoría de la probabilidad...”)4.

La solución de Popper puede caracterizarse como negativa y “falsacionista”, ya que viene a ser una aplicación de su “falsacionismo” general al problema de la inducción:

”Vi que lo que había que eliminar era la búsqueda de justificaciones, en el sentido de justificar la pretensión de verdad de una teoría. Todas las teorías son hipótesis que pueden ser rechazadas. Sin embargo, no sugería ni mucho menos que hubiese que eliminar la búsqueda de la verdad.(...) justificamos nuestras preferencias apelando a la idea de verdad que desempeña el papel de idea reguladora. Contrastamos para encontrar la verdad, eliminando la falsedad”5

Digamos ya que si la idea de “conocer la verdad posible” consiste exclusivamente o no puede ir más allá de evitar el error o no puede llegar más allá de una simple conjetura, entonces la solución de Popper sería completa. Aunque no sé si se diferenciaría mucho de la postura de un escéptico, el cual “admite” que si no se puede conocer la verdad, se puede evitar el error no juzgando positivamente de nada...(Con todo, no pensamos que Popper sea, ni por asomo, un escéptico)6.

En resumen, la solución propuesta por Popper, - después de haber criticado finamente, y, según creo, acertadamente las posturas del empirismo humeano y del racionalismo - viene a ser la siguiente:

1) “...ningún conjunto de enunciados contrastadores verdaderos podrá justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal sea verdadera” (p. 20). Se habla, y creo que correctamente y mejor, de “enunciados contrastadores “ o de “enunciados observacionales”, en cuanto expresan el resultado de una observación empírica o de un experimento7;

2) Pero se puede justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal sea verdadera o falsa. O con otras palabras: “Si, suponiendo que los enunciados contrastadores sean verdaderos, basándonos en ellos podemos a veces justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal es falsa”(Ib. P. 21).

3) Por tanto, “dadas varias teorías universales rivales... a veces se puede, si hay suerte”, “preferir unas a otras por lo que respecta a su verdad o falsedad, justificándolo mediante razones empíricas”.

4) Indirectamente, se supone que la aceptación positiva de una teoría como verdadera, o sea, no falsada “todavía” o hasta el presente, es solamente una “conjetura” provisional, ya que no sabemos si podrá o no ser falsada en el futuro mediante experimentos apropiados: “Debemos considerar todas las leyes o teorías como hipótesis o conjeturas; es decir, como suposiciones” (Ib. p. 22)8.

Ante todo, debe notarse que el problema ha constituido una preocupación básica y constante del autor. Lo trata constantemente y puede decirse que es problema de fondo de varias de sus obras, especialmente a lo largo de su L.S.D (The Logic of Scientific Discovery: Lógica de la Investigación Científica).

El autor parece conocer bien las teorías anteriores, comenzando por la doctrina de Aristóteles, y especialmente a las teorías procedentes del pensamiento empirista, desde Hume y F. Bacon a Carnap.

Con todo, aparece regularmente y a simple vista, que se halla bajo la presión de prejuicios antimetafísicos incontrolados o convencionales, más supuestos que demostrados; así como ante la necesidad de evitar un escepticismo y un relativismo bastante radicales, que se desprenden de su teoría, pero que no se compaginan en modo alguno, y él lo sabe, con los avances de la ciencia y sus conquistas indudables, no sólo en sentido negativo, falsacionista, sino también positivo.

Por ello la caracterización de su postura bajo los dos epígrafes, conjetura y refutación (que coinciden con el título de otra obra suya (Conjectures and Refutations... Conjeturas y Refutaciones) expresaría adecuadamente el aspecto “positivo” y el “negativo” de su teoría; si es que se puede hablar de un aspecto “positivo” por el lado de las “Conjeturas”.

Tratemos de exponer un poco más detalladamente, aunque en resumen, el pensamiento de K. Popper en esta materia, comenzando por lo que nos parece más firme y acertado.

3. Las refutaciones o falsabilidad.

En toda investigación científica, lo que se busca es la respuesta o solución a determinadas preguntas. Y las preguntas indican, por una parte, algún conocimiento del objeto sobre el que se pregunta y, a la vez, ignorancia o desconocimiento de aquello que se pregunta. En general, puede decirse que toda pregunta es pregunta por la causa o razón explicativa de un hecho: existencia de algo, naturaleza o cualidad de un acontecimiento. Nos preguntamos el qué y el por qué y el cómo.

Las respuestas son, pues, enunciados explicativos en forma de hipótesis simples o de teorías complejas sobre el mundo o una parte del mundo. Y la primera labor de toda investigación consiste en desbrozar el camino, eliminando las respuestas falsas o las hipótesis inaceptables. A esta labor puede llamarse “Crítica de opiniones”, “eliminación de hipótesis”, o “falsación de teorías”. Aunque Popper utiliza sobre todo este último término, el procedimiento, en sentido general, es muy antiguo y se remonta, al menos a Aristóteles, quien sigue habitualmente este método: lo primero, exponer y examinar las respuestas o teorías dadas por otros o que se pueden presentar como respuestas a un problema previamente planteado.

En un sentido más preciso, la expresión de “falsación” se ha de entender como “examen crítico” o “falsabilidad” a que debe someterse una teoría. Y en el sentido de Popper, que se refiere a “teorías científicas”, se sobrentiende que tal “falsabilidad” ha de ser de tipo empírico o experimental.

Pues bien, hay lo que pudiéramos denominar una lógica de la falsabilidad, y que podría expresarse como el procedimiento lógico o con base lógica para “examinar” el valor de verdad de una teoría cualquiera9. Ese procedimiento se apoya en esta regla: cualquier enunciado universal es falsable por la presencia de enunciados particulares contrastadores contradictorios. Pues es claro que, según la lógica formal, una proposición particular negativa se opone contradictoriamente a una universal afirmativa. Por tanto, la comprobación de un sólo caso particular, contrario a una afirmación universal, anula (“hace falsa”) esta afirmación universal. La particular “algunos hombres no son virtuosos” falsaría una afirmación general del tipo: “Todos los hombres son virtuosos”.

De modo más concreto, Popper ha insinuado el recurso al denominado modus tollens:

En consecuencia, por medio de las inferencias puramente deductivas (valiéndose del modus tollens de la lógica clásica) es posible argüir de la verdad de enunciados singulares la falsedad de enunciados universales. Una argumentación de esta índole, que lleva a la falsedad de enunciados universales, es el único tipo de inferencia estrictamente deductiva que se mueve, como si dijéramos, en dirección inductiva; esto es, de enunciados singulares a universales”10

Expliquemos brevemente esto. El modus tollens es una forma de condicional, que puede expresarse como: “Si puesto A se sigue B; pero no aparece B; entonces no-A” (Simbólicamente: “(p  q).  q)  p)”. Es pues la forma “negativa” del condicional, indicando que el no cumplimiento del condicionado implica el incumplimiento del condicionante, siendo la relación condicional verdadera. Ejemplo: “Si, si llueve, la tierra se moja; pero de hecho la tierra no está mojada; luego no ha llovido”.

Aquí se ha de entender que la condicional es correcta y verdadera, pues de lo contrario no sería siquiera condicional; que lo condicionado sea algo perceptible o experimentable, un hecho o factum particular; y que lo condicionado no tenga cumplimiento. De donde deducimos que no se ha cumplido el condicionante. Vamos, pues, como decían los clásicos, de la negación del condicionado a la negación del condicionante (supuesta la verdad del condicional).

No entramos en más disquisiciones lógicas ni explicaciones de las diversas clases de condicionales, como Popper tampoco lo hace. Solamente queremos comparar el modus tollens con su correlativo modus ponens. En éste, una premisa indica que se cumple el condicionante; por lo que se ha de cumplir el condicionado y la condición. Ejemplo: “Si, si llueve la tierra se moja; y ha llovido; luego la tierra se ha mojado” (En símbolos: “(p  q) .p)  q”11

Como es sabido, y ello es ahora muy importante, hay dos falacias que corresponden a estos dos modos silogísticos: Una es la de “afirmación del consiguiente” para deducir el antecedente (Si, si p, entonces q; y q, entonces p). P.e. “Si llueve, la tierra se moja; y la tierra está mojada; luego ha llovido”. Otra, la de la negación del antecedente, para deducir la negación del consiguiente (Si, si p, entonces q; y no p; luego no q): Ejemplo: “Si llueve, la tierra se moja; pero no ha llovido; luego la tierra no está mojada”).

Como es claro, el modus tollens permite “falsar” un condicionante (un enunciado universal) mediante la negación del condicionado, que puede ser un enunciado particular y es comprobable por experiencia. Pero el modus ponens no permitiría deducir una ley universal, a partir del cumplimiento fáctico de un particular; eso sería una falacia: Así no se puede afirmar el condicionante, por el hecho de la existencia del condicionado, ya que pudiera depender tal existencia de otra causa o razón. Y si se trata de un condicionado particular, no se puede deducir la ley general: Así p.e. no se puede decir: “Todos los hombres son virtuosos, por el hecho de que haya uno o varios que lo sean”. A esto llama Popper la asimetría entre verficabilidad y falsabilidad12, ya que la verificabilidad positiva de una teoría no se demuestra por medio del cumplimiento de enunciados particulares, que expresan hechos particulares. A lo máximo a que puede llegarse es a que no se hayan encontrado hasta el presente hechos particulares contrarios a una teoría o enunciado universal. Es decir, a que no se haya “falsado” mediante la existencia de “enunciados contrastadores” contradictorios.

Como se ve, este método puede ser útil, especialmente para la eliminación de teorías o explicaciones alternativas de un hecho o fenómeno. Lo cual, es ya un paso, siquiera negativo, para evitar errores o interpretaciones falsas.

Pero en ningún caso sirve o va más allá en orden a demostrar la verdad de la teoría alternativa no falsada. A lo sumo indicaría su no-falsedad hasta el presente. Pero no puede excluirse el que en el futuro pueda encontrarse un hecho que contradiga a la teoría general. En cuyo caso, quedaría igualmente “falsada”.

Con ello entramos ya en la parte “positiva” de la solución de Popper, que podría denominarse de la “conjetura”; aunque nos permitimos algunas

Observaciones.

Por mi parte, creo que es el aspecto válido de la propuesta de Popper en el problema de la inducción. Lo que, sin ser, enteramente original ni completo, puede considerarse suficiente y lógicamente fundado.

Es también claro que, la refutación o falsación se ha de hacer por recurso a una base empírica, pues se trata de contrastar la teoría con los hechos particulares, que puedan “falsarla” (aunque no necesariamente “falsificarla”).

Esto no quiere decir, según creo, que este método no pueda aplicarse a otros saberes, que deberán apoyarse en último término en la experiencia, en algún tipo de experiencia humana completa. Sólo que en este caso, el lugar de los enunciados particulares contrarios lo tienen las “objeciones”. No en el sentido de mera dificultad u obstáculo de una tesis; sino como auténticos argumentos contrarios a una tesis. Por ello, entiendo que el método antiguo de discusión de una tesis, mediante la propuesta de argumentos en sentidos contrarios, es el equivalente en las llamadas “ciencias del espíritu”, al método de “falsación” en las ciencias empíricas o naturales. El nombre es lo de menos. Y la pérdida de ese método, al menos desde Descartes, ha sido un mal irreparable para las ciencias del espíritu13.

Finalmente se ha de advertir que este método de falsación sirve para examinar teorías alternativas por eliminación; mas no para dar preferencia o confirmar definitivamente una teoría.

Que es un método empírico, ya que la contrastación no es deductiva propiamente; sino empírica, por observación de hechos empíricos. O mejor, habría que decir que es deductivo-inductivo, en el sentido del método hipotético-deductivo. En efecto, la observación empírica lo que aprueba o no, son simplemente hechos. Pero son hechos que se deben hallar conectados de modo necesariamente lógico con la teoría general. Y ello, se expresa justamente en la cualidad de verdad de la condiciona, según el dicho de los lógicos antiguos: “Toda condicional verdadera es, en ello mismo, necesaria”. Es preciso que la premisa, que expresa la condicional, sea verdadera y cierta, en el sentido de conectar ciertamente los hechos, que pueden ser observados, con la teoría. Así, en la forma lógica, al decir “Si p, entonces q” (premisa condicional), se ha de entender que p es la teoría o ley universal, y q es una consecuencia lógica, derivada de que tal ley universal sea verdadera; y que sea una consecuencia fáctica observable.

Por tanto, es en el fondo la adopción del método hipotético-deductivo, lo que permite el examen crítico de teorías alternativas, como explicaciones de un hecho o fenómeno natural, no único, sino con múltiples casos posibles en la realidad. Así pues, este método sería una combinación de los dos movimientos de la mente: el ascendente o inductivo y el descendente o deductivo. En realidad, quizás no haya nunca un movimiento único autosuficiente, sino que se requieren y se necesitan ambos mutuamente. Y esto es de notar.

Lo que no deja de implicar también una idea de los hechos empíricos un tanto “general”. Pues no se hace un experimento científico para comprobar un hecho único o individual: eso sería un ejemplo, o una investigación policial, no un experimento científico. La ciencia trata de averiguar explicaciones o leyes universales, que se refieren a hechos multiplicables; aunque la experimentación o comprobación o contraste deba hacerse sobre casos singulares, puntuales. Esto implica otros problemas y concepciones respecto al conocimiento, que no vemos suficientemente tratadas en Popper.

Pero vayamos ya a la parte “positiva” de su explicación.

3. Las conjeturas.

El método hipotético-deductivo, permitiría, como hemos visto, la falsación de una teoría, por la detección de un sólo caso contradictorio de la misma. Es decir, la teoría general es falsa si no explica o no da cuenta de todos y cada uno de los hechos a que se refiere. Porque en tal caso la relación del antecedente (teoría) con el consiguiente o condicionado (hechos derivables de la teoría) ya no sería una relación constante y necesaria, sino contingente.

Ahora bien, suponiendo que los hechos observados correspondan a una teoría, ¿significaría ello que la teoría se confirma como teoría general y de modo cierto?. En absoluto. Desde el punto de vista lógico es una falacia, conocida desde antiguo, afirmar el antecedente cuando se da el consiguiente. En efecto, el cumplimiento del consiguiente puede deberse a otras causas o factores.

Pero además y tratándose de una antecedente que es una teoría general, la experiencia no puede establecer una relación necesaria entre los hechos, que comprueba, y la teoría general; al menos así piensa el empirismo en general y Popper también. Y ello debido a una interpretación extensional del universal. Por lo que para ello sería preciso, por lo menos, la comprobación de “todos los casos posibles” derivables de la teoría: sólo así habría equivalencia lógica entre la universalidad de la teoría y los hechos observados.

Pero ya hemos indicado que esa comprobación completa es imposible, por razones obvias. En consecuencia, por larga que sea la lista de casos observados o de experimentos positivos, no contradictorios con la teoría, ésta nunca puede entenderse como comprobada suficientemente, pues siempre quedarán casos no comprobados: y en cualquier circunstancia, siempre es posible que en el futuro aparezca algún hecho contradictorio con la teoría.

En consecuencia, podemos falsar las teorías científicas de modo cierto; pero no podemos comprobarlas de modo cierto. Y a ello conduce también la historia del conocimiento científico. Así cuando el profesor Gilbert Ryle critica a Popper, diciendo que esto viene a destruir la certeza científica y conduce inexorablemente a un escepticismo bastante pronunciado, Popper contesta que ha llegado a esta conclusión a partir de la historia de la ciencia14: ésta muestra cómo en múltiples casos se han refutado teorías muy bien establecidas; anotando concretamente algunos casos; como p.e., “ la teoría de Einstein, piénsese lo que se quiera de ella sin duda nos obliga a considerar la teoría de Newton como una “mera” hipótesis o conjetura”. Los casos podrían multiplicarse en la historia de los descubrimientos  o como otros dicen, “revoluciones”científicos. Así también, el ejemplo clásico de la lógica inductiva “todos los hombres son mortales”, dice Popper seriamente que se refuta “por el descubrimiento de que las bacterias no están abocadas a la muerte, ya que multiplicarse por fisión no es morir” (No sabíamos que los hombres fueran bacterias...; presupuesto lógico para que el argumento concluya...).

En consecuencia, Popper prefiere hablar de las teorías científicas como conjeturas, que se supone fundadas o “probables” en el sentido de no refutadas hasta el presente. No serían “probables” en el sentido de probabilidad matemática (por lo que la explicación de Reichenbach es inaceptable para Popper), pues es claro que el número de casos observables para cada teoría partido por el de casos posibles nos daría una probabilidad matemática realmente ínfima. En lugar de “probabilidad” Popper propone que se hable de “corroboración” mayor o menor de una hipótesis o teoría científica:

“Las teorías no son verificables, pero puede ser “corroboradas”.

Se ha hecho a menudo el intento de describir las teorías como algo que no puede ser verdadero ni falso, sino solamente más o menos probable. En especial, la lógica inductiva ha sido elaborada en el sentido de que puede adscribir a los enunciados, no sólo los dos valores de “verdadero” y “falso”, sino asimismo, grados de probabilidad: tipo de lógica que cabe llamar “lógica probabilitaria”. (...) Pero en mi opinión, todo el enfoque del problema de la probabilidad de hipótesis es erróneo: en lugar de discutir la “probabilidad” de una hipótesis deberíamos tratar de averiguar qué contrastaciones, qué pruebas ha soportado; esto es, tendríamos que intentar la averiguación de hasta qué punto ha sido capaz de demostrar que es apta para sobrevivir -y ello por haber salido indemne de las contrastaciones-. En resumen: deberíamos disponernos a averiguar en qué medida está “corroborada”15

La razón básica se funda en que “no es posible reducir la probabilidad de hipótesis a la de eventos: ésta es la conclusión que surge del examen llevado a cabo en el apartado anterior” (Ib. p. 245). En otras palabras, tal como yo lo entiendo, según Popper, la probabilidad de eventos es de tipo matemático; la de hipótesis no puede conceptuarse lo mismo, ya que no es un evento, ni es posible comprobar todos los “eventos” posibles en que debería apoyarse. Lo único que podemos comprobar es una cantidad mayor o menor de eventos, que no consiguen su “falsación” o de las cuales “sale indemne”. Pero esto equivale más bien a una “corroboración”. E incluso “lo que determina el grado de corroboración no es tanto el número de casos corroborados cuanto la dureza de las diversas contrastaciones a las que puede someterse  o se ha sometido  la hipótesis en cuestión. Pero dicha dureza depende, a su vez, del grado de contrastabilidad...(...) ... no podemos definir un grado de corroboración calculable numéricamente, sino sólo hablar aproximadamente de grados positivos o negativos de corroboración, etc.”(Ib. p. 249).

Por tanto y en definitiva Popper considera que la inducción no sirve para demostrar la verdad de una hipótesis o teoría científica, sino sólo como conjetura provisional16

Observaciones

Ante todo, nos disculpamos de una exposición tan resumida del pensamiento de K. Popper, al que dedica el autor muchas páginas. Creo, con todo, haber expuesto las líneas fundamentales y sus tesis principales en torno al valor del conocimiento inductivo. Tratemos de formular algunas reflexiones críticas.

Ante todo, la aceptación de la primera parte, lo que hemos denominado “falsacionismo”, no implica que se deba aceptar esta segunda parte, su “conjeturismo provisional”. Y aunque parece sólidamente fundado y en todo caso, según creo, derivado en coherencia estricta con una concepción empirista de la ciencia, ello no podía por menos de suscitar reprobaciones y críticas de parte de los filósofos de la ciencia y de los mismos científicos.

Por mi parte y más en particular, quiero hacer algunas observaciones críticas, para fundar mi total rechazo de este “conjeturismo”, que no se ajusta en modo alguno ni a la historia de la ciencia, ni a su praxis; ni tampoco posee una base filosófica irrebatible.

1) En primer lugar, la historia de la ciencia no avala, en modo alguno, la idea de que una teoría científica, bien establecida, haya sido derrocada total y absolutamente por teorías posteriores. Ni lo prueban los ejemplos aportados por Popper.

Así, no sabíamos que la teoría de Einstein “refuta“ absolutamente a la teoría gravitacional de Newton en todo lo que ésta afirmaba; es decir, la convierte simplemente en “falsa” (Popper dice en “conjetura”, lo que es más generoso de su parte...). Si es falsa en su conjunto, no puede ser ya una “mera conjetura”; si sólo lo es bajo algunos aspectos, como creo que es la verdad, entonces en lo demás la teoría newtoniana ni está refutada ni es una “conjetura”. Antes bien, bajo muchos aspectos es la base de la teoría einsteiniana.

Incluso, por poner un caso más estridente, ni siquiera la teoría copernicana refuta totalmente a la ptolemaica, sino sólo en lo que ella tiene de “suposición” excesiva o interpretación injustificada. En efecto, sigue siendo verdad que la tierra es “centro”, al menos en un radio limitado del espacio; es falso que fuera “centro del universo” en general. Como tampoco, según hoy sabemos, lo es el sol, como creía Copérnico; aunque el sol sigue siendo “centro” gravitacional para su sistema de planetas, asteroides y satélites.

Más bien diríamos que no hay ninguna teoría ni hipótesis científica posterior que refute en su totalidad a teorías científicas anteriores, si en ambos casos se trata de teorías científicas, esto es, científicamente establecidas. La misma teoría darwiniana, que refuta una idea o creencia antigua “bien establecida” en las cabezas de la gente, con todo, no refuta ninguna “teoría científica anterior”, sino suposiciones o creencias religiosas sin base alguna. Y las diversas teorías evolucionistas postdarwinianas, no refutan la teoría darwinista en cuanto al hecho básico que es el de la evolución transespecífica; antes bien, tal hecho se demuestra cada vez más confirmado por los hallazgos posteriores.

Por tanto, la explicación o solución de Popper me parece, cuando menos, insuficiente para justificar la inducción en lo que tiene de positivo y eficaz.

2) Con todo, me parece que Popper sí ha acertado respecto de los efectos “negativos” o de los resultados falsacionistas de la inducción. Y ello, especialmente cuando se trata de “eliminar” teorías alternativas respecto de un fenómeno, a fin de “saber a qué atenernos”. En efecto, ese método es el de la “falsación”, ya que se trata de eliminar o ir reduciendo poco a poco, mediante la contrastación experimental, el número de teorías, posibles en principio, que pueden quedar como candidatas firmes a ser consideradas como la verdadera. Así pues, nosotros aprovecharemos este aspecto de la solución de Popper, o más bien, coincidimos con él, puesto que nuestra explicación va por otra parte, que Popper no menciona siquiera.

3) Sin embargo, lo primero que se ocurre, frente a esta posición de Popper, es la escasa utilidad de un conocimiento científico, que se basase en meras “conjeturas”. Si así fuera, no se ve la diferencia de una teoría científica y de una hipótesis no contrastada, que puede ser también y es normalmente una “conjetura” probable, por poco racional que sea. En efecto, en esta perspectiva poperiana nunca se llegará a una hipótesis suficientemente contrastada de modo positivo, pues siempre pende sobre ella la espada de Damocles de la posibilidad de que aparezca un hecho en el futuro  un enunciado contrastador negativo  que la contradiga o la elimine totalmente.

Se dirá que la diferencia es el hecho mismo de la contrastación, que no se da, por suposición lógica, en la hipótesis no contrastada o menos “corroborada”!. Pero eso es una diferencia meramente “metodológica”, que no afecta a la verdad real, ya que ésta, según Popper, nunca podrá establecerse, por lo dicho de la posibilidad de falsación. Pero la metodológía no es lo último ni lo importante; es un simple instrumento, que en esta teoría poperiana, por muy depurado que fuera, queda sin interés, pues nunca podrá llegarse a la confirmación positiva ni pasar de la mera “conjetura”...

4) Más grave aun. Nos sentimos tentados a decir que, en esta perspectiva, ni siquiera se diferencia una teoría científica contrastada de una simple creencia e incluso de una superstición, puesto que ambas pueden ser, en el futuro, igualmente falsas o quedar desfondadas.

Se dirá que una “conjetura”, tal como aquí se propone es una creencia racionalmente fundada e incluso contrastada, siquiera provisionalmente; lo que no puede decirse de una creencia supersticiosa. De acuerdo; pero si la contrastación no nos lleva a más que a una creencia conjetural, psicológicamente no se diferencia de una superstición en cuanto a certeza. Con lo que no sirve para mucho más. Al fin, repetimos, la lógica de la contrastación ha de estar al servicio de lograr la verdad cierta, por lo menos con certeza de probabilidad. Pero Popper ha rechazado también la probabilidad como resultado de la inducción, según vimos.

5) Y vamos todavía más lejos. Si se admite que un hecho o experimento del futuro puede falsar una hipótesis e incluso toda una teoría científicamente contrastada, pero que se basa únicamente en la ausencia, hasta el presente, de hechos contrarios, ¿por qué no admitir que eso mismo puede suceder con una “refutación” basada en hechos contrarios?. Queremos decir, que lo mismo que pueden encontrarse hechos futuros, que falsifican una conjetura, puede haber hechos que falsifican una falsación anterior... Con lo cual, la misma eliminación de teorías por falsación quedaría bastante malparada en su eficacia; que no obstante, creemos importante y aceptable.

Se dirá que eso no puede suceder, ya que la falsación se apoyaba en hechos o experimentos determinados. Luego no puede haber otros hechos o experimentos que hagan válido lo que ya está falsado. (Salvo el caso de experimentos mal realizados, lo que no es el caso, ya que entonces no se trataría de algo científico). Lo falsado lo será definitivamente, pues es suficiente un caso singular para negar la ley universal. En cambio la ley universal implica que sea tal en todos los casos. Así basta comprobar que “un hombre, Pedro, no es virtuoso” para falsar la universal: “todos los hombres son virtuosos”.

Sin embargo, en teoría no se ve que ello sea imposible, incluso en experimentos bien realizados científicamente. Y si se piensa que es imposible, lo será por alguna razón o principio que puede fundar tanto la falsación definitiva, como la definitiva “verificación” o confirmación positiva. Como p.e. el principio ”a las mismas causas seguirán los mismos efectos”. Quizás por aquí puede hallarse un camino de justificación de la inducción, que, con todo, no lo encontramos en Popper.

Pongamos un ejemplo. Los experimentos de Michelson y Morley demostraron, falsaron, la teoría de la existencia del éter cósmico. Pues bien, ¿qué nos impide admitir que, aun suponiendo la validez y rigor científicos de tales experimentos, no se encuentren en el futuro hechos que demuestren lo contrario?. ¿En qué podemos basar el convencimiento contrario?. Y si cabe admitirlo, entonces la física posterior se viene abajo rotundamente, incluida la teoría de la relatividad de Einstein... La falsación puede ser, en principio, tanto de lo positivo como de lo negativo, tanto de las conjeturas como de las falsaciones... ¿O acaso las falsaciones son más seguras que las conjeturas?. Eso parece suponer Popper. Pero, en principio, no se ve la razón; a no ser que, como indicábamos, se admita algún principio metafísico (que Popper no aceptaría).

6) Finalmente, en la teoría poperiana nos parece advertir dos presupuestos sistemáticos implícitos, por lo demás inciertos y discutibles.

Uno de esos presupuestos significaría en Popper una insigne incoherencia. En efecto, ¿qué significa decir que en el futuro puede aparecer un hecho, que sea contradictorio con una teoría científica ampliamente admitida?. En el fondo, ni más ni menos que se está dando como válido el método de la enumeración completa: dado que no podemos prever de manera completa todos los hechos futuros, ¿quién sabe si no se presentará alguno que sea “falsador” de la hipótesis o ley científica, por mucho asentimiento que posea?.

Es decir, que ahora se emplea inadvertidamente como argumento el principio de inducción completa, que se había desechado y criticado, con razón, como válido para los hechos del pasado. Porque es la falta de una “enumeración completa” de cara al futuro abierto, lo que no permite tener certeza y convertir en simple “conjetura” cualquier teoría positiva, por bien fundada que se la suponga. Siempre le faltaría la contrastación con el futuro. No se apela, p.e. a la naturaleza de las causas u otro principio (metafísico), que pudiera excluir hechos contrarios; por tanto, lo único que cabe aducir es la contingencia misma de los hechos futuros y la insuficiente enumeración. Popper está conceptuando las leyes en términos extensionales, lo mismo que Hume y el empirismo en general; y no se le puede ocurrir ni admite otro modo de enfocar el problema. Pero ello es una incoherencia, al admitir implícitamente lo que explícitamente había criticado.

7) Finalmente, en el fondo de la teoría poperiana nos parece advertir otra incoherencia notable, en relación con su concepto del problema determinación/ indeterminación.

Popper profesa una opinión equilibrada, aunque no justificada teóricamente, entre determinismo e indeterminismo. Según él, la situación actual, incluso después del principio de incertidumbre de Heisenberg

“...no favorece ni una tesis determinista ni una indeterminista. Y si llegara el momento en que fuese posible trabajar en la física con enunciados frecuenciales exclusivamente, entonces seguiríamos sin estar autorizados a sacar conclusiones indeterministas: es decir, que no lo estaríamos para afirmar que ´no existen leyes precisas en la Naturaleza, ninguna ley de la que puedan deducirse predicciones sobre el curso de procesos aislados o elementales´. El científico no dejará nunca que nada le impida continuar buscando leyes, ni siquiera las leyes de esta índole; y por mucho éxito que tengamos al operar con estimaciones probabilitarias, no debemos concluir que sea vana la búsqueda de leyes precisas”17.

Personalmente, hace mucho tiempo que estoy de acuerdo en rechazar tanto el determinismo absoluto, como el puro indeterminismo. Y ello, por razones teóricas, en las que ahora no podemos entrar; y no sólo, como apunta Popper, porque siempre haya científicos empeñados en buscar leyes precisas. Si los hay, es porque entienden que tales leyes existen. Pensemos p.e. en las dos constantes famosas, la de Plank (h) y la de la velocidad de la luz(c), ambas citadas por Popper; aparte de otras llamadas “constantes físicas universales”. Pues, bien, tales leyes impiden adoptar un indeterminismo absoluto; pero tampoco demuestran un absoluto determinismo.

Si esto es así, entonces, suponiendo que una teoría o ley científica esté bien contrastada, será una “ley de la naturaleza” (y no sólo de la razón, como pensaba Kant). Y si eso es así, es casi imposible que sea falsada por un hecho contrario. La ley natural expresa el modo constante de obrar la naturaleza en las mismas condiciones. Si éstas fueran diversas, ya no sería exactamente a la misma ley a la que se contradice.

Por consiguiente, decir que en el futuro puede ocurrir un hecho contrario a la ley, sólo puede suceder: o por milagro (que no es el caso para el Sr. Popper, ni para mí); o por excepción, dado que han cambiado las circunstancias o condiciones (y entonces, ya no es la misma ley); o por un indeterminismo absoluto, que equivale a negar las constancias naturales y permite entender la aparición de hechos futuros contrarios a leyes demostradas.

Así pues, lo único que puede apoyar la suposición de que en el futuro una ley bien establecida, sea falsada radicalmente, es un indeterminismo absoluto de la naturaleza. Pues, si lo que se contradice es una parte de la ley o teoría, eso afecta a esa parte, no a la teoría completa. Y si la falsación futura se debe a que la verificación anterior no estaba suficientemente bien establecida, eso no invalida las leyes “científicamente establecidas”. Por tanto, sólo una postura o supuesto de un indeterminismo absoluto puede fundamentar la teoría de falsación posible futura para leyes científicamente bien establecidas.

Ahora bien, ni Popper ni nadie que piense correctamente, puede admitir un indeterminismo absoluto en la naturaleza: ello equivale a negar cualquier regularidad, constancia, legalidad y orden.

Y en el fondo, la teoría poperiana de la “mera conjetura” lo que viene a negar es el fundamento mismo de la ciencia natural, como conocimiento específico y controlado; no muy diverso en la práctica de las meras opiniones vulgares, de las creencias y hasta de las supersticiones; si no ya proclive en exceso hacia un escepticismo completo. Esta conclusión es dura y muy contraria a lo que Popper ha pretendido, sin duda; pero parece enteramente lógica con sus posiciones.

Digamos, para terminar, que tanto el empirismo clásico, como Popper, al entender el universal (y las teorías científicas son siempre formulaciones universales) en sentido meramente extensional y no intensivo o cualitativamente, han perdido la clave para solucionar el problema de la inducción o de su justificación filosófica. Esa clave existe y se ha insinuado en lo anterior; pero su desarrollo implica un camino mucho más largo. Quede, pues, para otra ocasión.

Lorenzo Vicente Burgoa. (Universidad de Murcia. Junio de 2002).




1 Publicado en Studium, 2002 (42) 387-407.-

Con esta nota quisiera contribuir, a mi manera, al homenaje del insigne filósofo y pensador Karl Popper, cuyo centenario estamos celebrando este año.



2 Cf. Aristoteles: Analyt. Post.I, 5; cf. También: Tomas de Aquino: In Poster. Analyt. I, lec. 12, nn.106-108.

3 Cf. Swinburne, R.(Comp.) y Otros: La justificación del razonamiento inductivo. Madrid, Alianza Edit., 1976, pp.12 ss.

4 Algunos de estos aspectos, que completan esta exposición sumaria, aparecen tratados más ampliamente por el autor en su obra: La lógica de la investigación científica (Trad. De V. Sánchez de Zavala, Ed. Tecnos, Madrid, 1962. Lo citaremos con las siglas LSD).Cf. también: Conjeturas y Refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Trad. de Nestor Míguez; Ed. Paidos Ibérica, Barcelona, 1994, 4 reimp., p. 57 ss.(Lo citaremos con las siglas CR).

5 Popper, K.: Conocimiento objetivo, p. 39 (Trad. de Carlos Solis, Ed. Tecnos, 1982, 2 ed.)

6 Con todo y aparte de lo indicado, unas líneas finales de este estudio de Popper me dejan perplejo: “El paso siguiente consistió en aplicar el punto de vista crítico a los enunciados contrastadores, la “base empírica”: subrayé el carácter hipotético de toda observación y de todo enunciado observacional” (Ib. P. 40). Si ni siquiera se admite la posibilidad de certeza positiva, si no en todos, al menos en algunos de estos enunciados observacionales -lo que es un problema anterior al de la inducción y se refiere más bien al problema del valor de la experiencia y de la intuición- ¿cómo podemos estar seguros ni tan siquiera del valor de la falsación de esos enunciados?. Si son ellos también simples conjeturas, la misma eliminación de teorías falsas es una mera conjetura. No hay falsación segura alguna posible...Y si esto no lleva a un escepticismo absoluto, quisiera que me lo explicaran los defensores de Popper.Volveremos sobre esto.

7 Esto es una consecuencia de la propuesta de Popper, con lo que estamos plenamente de acuerdo, de una teoría del conocimiento basada en juicios y enunciados (proposiciones) y no en simples representaciones o conceptos.

8 Ver también reformulaciones posteriores en CR, ed. Cit. pp. 61, 80-81

9 Cf. LSD, ed.cit., pp. 32-42.

10 LSD, p. 41.Ibid. §§ 21-22, pp.80-88.

11 Puede verse cualquier obra de lógica matemática. Nosotros seguimos la de nuestro maestro: I. M. Bochenski: Précis de logique mathématique §§ 6.2 y 6.4-6.6 (Kroonder, Bussum, 1948).

12 Cf. LSD, p.41

13 Es claro que esto es una opinión mía. Pues para Popper, la asimetría entre refutación y contrastación empírica, sería también un criterio de demarcación y de distinción entre ciencia y metafísica (Cf. Conjeturas y refutaciones, 11). Lo que sucede es que Popper parece entender la metafísica exclusivamente como un saber puramente a priori, como algo caído de las nubes, al estilo racionalista. Si así fuera, estaríamos de acuerdo. Pero hay otro estilo de metafísica, con base en la experiencia, con el que Popper podría estar de acuerdo...

14 Cf. Conocimiento objetivo, l, ed. cit. p.22-23

15 LSD., 10. Popper ha dedicado antes un extenso trabajo al estudio de la probabilidad, que consideramos muy instructivo para cualquier filósofo. Ahora dedica una especie de apéndice a su concepto de “corroboración”.

16 “También yo mantengo que no puede afirmarse que las hipótesis sean enunciados “verdaderos”, sino solamente “conjeturas provisionales” (o algo semejante): tesis que también puede sólo expresarse en forma de evaluación de las hipótesis”(LSD. Ed. Cit. p.247).

17 LCD, ed. cit. p. 230










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