La imitación reconsiderada: su función social en la infancia temprana Imitation reconsidered: its social function in early infancy Resumen



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La imitación reconsiderada: su función social en la infancia temprana

Imitation reconsidered: its social function in early infancy
Resumen

En el ámbito de la psicología del desarrollo, la imitación infantil ha sido un tema ampliamente estudiado, fundamentalmente, por su vinculación con la capacidad simbólica. Sin embargo, en los últimos cincuenta años, su abordaje teórico y metodológico se ha diversificado profundamente. Se ha provocado un giro en la conceptualización de la imitación, desde un enfoque individual que destaca su valor en el desarrollo cognitivo y simbólico, hasta un enfoque que entiende que la imitación infantil y los efectos de ‘ser imitado’ están estrechamente vinculados con el desarrollo de las habilidades sociales y de la comunicación. El presente artículo recorre este giro partiendo de una breve presentación de la perspectiva de la imitación en la teoría piagetiana, la cual destaca el valor epigenético de esta capacidad en la formación simbólica del niño. Luego, se sintetizan los resultados obtenidos en los estudios sobre imitación neonatal, imitación en interacciones espontáneas adulto-bebé, interacciones entre pares y los efectos de ‘ser imitado’. En conjunto, estos datos han permitido reconceptualizar la capacidad de imitación, destacando su aspecto social y su función en el establecimiento de las primeras conexiones interpersonales entre el bebé y sus congéneres. Con vistas a construir una teoría integradora, se propone concebir a ambos enfoques como complementarios y entender a la imitación como una actividad que permite establecer coincidencias interpersonales, las cuales generan algún tipo de encuentro intersubjetivo que sirve para vehiculizar distintas funciones de acuerdo al contexto de interacción.



Palabras clave: imitación; infancia temprana; interacciones tempranas interacción social temprana; imitación neonatal; desarrollo; comunicación
Abstract

Infant imitation is a topic widely studied in the field of developmental psychology. This article intends to review a set of studies on imitation in early infancy that have caused a change in the understanding of this phenomenon. Piaget’s description of the development of imitation and its relationship to symbolic formation are set as a starting point. Piaget’s theory has made an essential contribution to the study of imitation: it stimulated the realization of numerous longitudinal studies, promoted the development of techniques and observation systems for its evaluation in psychology labs, and led to the generation of different assessment scales of psycho-motor child development. However, experimental studies that demonstrated the ability of imitation in newborns revolutionized the concept of imitation and its developmental theory. Data on neonatal imitation, which have received different theoretical interpretations, bring out that certain intra and intersensory coordination exist from the first month of life; that the capacity for imitation is selective; that its sequence of development is different from that proposed by Piaget and shows different evolutionary paths depending on the act in question. Moreover, early imitation has also been studied in natural contexts. The data show that during the first two years of life, imitation is a pattern of frequent interaction between adult and baby, providing a pleasant experience to both participants and, in that context, imitation is not only bi-directional, but it is the adult who imitated more frequently. Such data suggest that the ability to imitate actions does not appear in development as a product of an exclusively individual process; but, on the contrary, is a capacity that gradually emerges in the context of social patterns of baby-adult reciprocity as a result of the communicative intentions of the latter.

Also, imitation is an important relationship tool when the participants interacting are similar in age. There are several studies showing that young children use imitation as a basic way to interact and develop social and communication links between them, as well as to coordinate playful actions.

Finally, experimental studies on the effects of “being imitated” indicate that adult imitation facilitates social interaction with the baby during the first two years of life, causing greater visual attention from the baby, more frequent smiles and even it has been observed that babies are able to monitor adult imitation, testing it by modulating their behavior (for example, sudden stops or sudden changes in the direction of their behavior).

Data from studies on neonatal imitation, spontaneous imitation in adult-baby interactions, peer interactions and the effects of “being imitated” have allowed reconceptualizing imitation, highlighting the social aspect and its role in the establishment of the first interpersonal connections between the baby and its congeners are. All these new empirical evidence highlights the value of imitation in the establishment of social interactions in the early years of a child’s life, beyond their cognitive function of accommodation.

In order to construct an integrative theory, it is proposed to conceive imitation as a matching activity through which emerges a social engagement that might serve to convey different functions according to the context of interaction. It is suggested further longitudinal studies that investigate the contexts of interaction in which imitation events emerge, as well as the integration of the results of neurocognitive studies and comparative psychology.
Keywords: imitation; early infancy; early interactions early social interaction; neonatal imitation; development; communication
Introducción

La imitación ha sido un tema que ha generado amplias y profundas polémicas entre los investigadores y pensadores de todas las épocas en distintas áreas del conocimiento. Pero sobre todo, el acto de imitar es un fenómeno que desafía a la psicología porque supone ciertas habilidades que tocan el funcionamiento sensorial, mental, social y emocional. La imitación de la conducta realizada por otra persona implica, por lo menos, la discriminación sensorial del modelo, la posibilidad de coordinación sensorio-motora e intermodal, algún nivel de capacidad representacional (aunque sea incipiente), la habilidad de relacionarse y comunicarse con otra persona, y la posible intención de reproducir un modelo (Maratos, 1998). La imitación como fenómeno de estudio no es un fenómeno libre de teoría, por lo que su significado emerge en función a las propiedades que resalte cada marco teórico específico (Poulson, de Paula & Warren, 1989; Užgiris, 1981, 1999). Más allá de ciertos acuerdos observacionales con respecto a la identificación del “acto imitativo”, el ámbito de estudio de la imitación, en su largo recorrido histórico, se ha configurado en un complejo campo de tensiones: en él se entrecruzan diversos enfoques teóricos, distintas disciplinas, diferentes preguntas y múltiples diseños de investigación combinado con un marcado recelo hacia el valor de esta capacidad por habérsela asociado a la sumisión, la falta de crítica y de inteligencia (Nadel & Butterworth, 1999).

A pesar de las tensiones teóricas y de la desconfianza que aún sobrevuela sobre ella, en la actualidad, la imitación es aceptada como un mecanismo natural de aprendizaje, de comunicación y de transmisión cultural que merece estar dentro de los tópicos centrales de la psicología del desarrollo pues está en el corazón del desarrollo de las habilidades sociales y de comunicación (Butterworth, 1999; Maratos, 1998; Meltzoff, 2005/2010; Meltzoff, Williamson & Marshall, 2013; Nadel & Butterworth, 1999; Nagy, 2006; Rogers, 2006; Seidl de Moura & Ribas, 2002; Tomasello, 1999/2003; Užgiris, 1999).

El presente artículo se propone revisar un conjunto de estudios sobre imitación en la infancia temprana (primeros dos años de vida) que han provocado un cambio en la comprensión de este fenómeno en el ámbito de psicología del desarrollo. Se establece como punto de partida la descripción piagetiana del desarrollo de la imitación y se presenta el desafío que plantearon para dicha teoría el descubrimiento de la imitación neonatal y los resultados de los estudios de imitación temprana en interacción social espontánea adulto-bebé. Finalmente, se revisan trabajos sobre la imitación entre pares y los efectos de ‘ser imitado’.



La revalorización de la imitación en el desarrollo psicológico humano: la imitación diferida en el origen de la función simbólica. En la historia de la ciencia occidental, la imitación es una habilidad humana que ha sido considerada con recelo, porque si bien es evidente que los seres humanos desde pequeños somos habilidosos imitadores, la imitación es un comportamiento que suele estar asociado con la falta de individualidad, de iniciativa y con un alto grado de sumisión (Nadel & Butterworth, 1999). En los inicios del siglo XX, los psicólogos pudieron revalorizar esta capacidad por su vinculación con la función simbólica y, de este modo, la reincorporaron a la agenda de la psicología científica de la época (Guillaume, 1925, citado por Maratos, 1973; Piaget, 1959/2006; Wallon, 1949, citado por Nadel & Butterworth, 1999). Así, la imitación volvió a entrar en el debate académico como un eslabón fundamental en el proceso psicogenético de la formación del símbolo y cobró importancia cuando se pensó a la imitación diferida (imitación en ausencia perceptiva del modelo) como una de las primeras manifestaciones de la capacidad simbólica en la vida humana. Guillaume (1925, citado por Maratos, 1973) fue uno de los primeros investigadores en sostener que la imitación no era un instinto y en aportar una teoría sobre el desarrollo de la imitación, la cual requiere al menos de un nivel elemental de representación. En oposición a la definición de Guillaume, Piaget (1959/2006) definió la imitación como cualquier acción por la cual se reproduzca un modelo, ya sea que el proceso dependa de la percepción o de la representación. Con esta definición más amplia, Piaget abordó el camino evolutivo de la imitación en los primeros años de vida registrando todos los comportamientos emparejados y coincidentes que ocurrieran durante el desarrollo sensorio-motor. De este modo, abrió el camino para el estudio sistemático de la imitación inmediata (aquella que ocurre en respuesta a la percepción del modelo). Sin embargo, consideró que esta forma de imitación no es un proceso de adaptación inteligente, puesto que en ella hay una clara predominancia de la acomodación (Piaget, 1959/2006). De forma tal que la imitación volvió a ser valorada en su forma diferida, rescatando sólo el valor epigenético de la imitación inmediata.

En la teoría psicogenética piagetiana, los inicios de la imitación se registran recién a partir del segundo mes de vida cuando el bebé es capaz de realizar imitaciones vocálicas esporádicas, a partir de la intensificación de una pauta habitual al ser imitado por el adulto (Piaget 1959/2006). El desarrollo inicial de la imitación durante este estadio puede describirse en seis fases: (1) preparación a través del ejercicio de reflejos (primer mes de vida); (2) imitación esporádica (1-4 meses); (3) imitación sistemática de sonidos y movimientos visibles que ya pertenecen al repertorio conductual del bebé (entre los 5 y los 8 meses); (4) imitación de movimientos invisibles e inicio de imitación de modelos novedosos (8 a 11 meses); (5) imitación sistemática de modelos nuevos (11 a 16 meses); y (6) inicio de imitación representativa e imitación diferida (desde los 16 meses en adelante) (Maratos, 1998). Según la secuencia planteada, el desarrollo de la imitación transcurre, (a) desde la no-imitación hacia la imitación interiorizada, pasando por la imitación observable; y (b) de la imitación del sí-mismo hacia la imitación del otro. En el comienzo, la imitación es un fenómeno intrapersonal que gradualmente se transforma en interpersonal hasta que, cerca de los 24 meses, vuelve a ser imitación interiorizada. La primera imitación interpersonal recién ocurre en la cuarta fase del período sensorio-motor, cuando el bebé de modo sistemático es capaz de copiar un acto observado novedoso (Butterworth, 1999). Esencialmente, para Piaget la imitación durante los primeros 8 meses no es diferente de la reacción circular, porque el bebé considera las acciones realizadas por la otra persona como un tipo de continuación de su propia conducta (Kugiumutzakis, 1998).

Piaget entiende que la imitación infantil está motivada por el interés despertado por una asimilación incompleta del modelo observado; es decir que se trata de una motivación cognitiva sostenida en la naturaleza de los esquemas del niño (Užgiris, 1999). Pese a esta interpretación teórica del acto imitativo y a que Piaget no se haya ocupado de analizar el marco interpersonal en el que estas imitaciones ocurren (Užgiris, 1999), sus observaciones rescatan el contexto interactivo de las primeras imitaciones del bebé. En la observación cuarta, dice sobre L.

A los 0; 3 (5) observo una diferenciación en su risa, en forma de algunos sonidos graves y bajos. Los imito: responde reproduciéndolos muy lentamente, sólo cuando los ha emitido inmediatamente antes. A los 0; 3 (24) imita “aa” y vagamente “ar” en las mismas circunstancias, es decir: cuando hay imitación mutua [cursivas añadidas]. (Piaget, 1959/2006, p. 24)



El descubrimiento de la imitación neonatal: la revalorización de la imitación inmediata en el establecimiento del contacto social temprano. La contribución de Piaget al estudio de la imitación fue crucial. Su teoría estimuló la realización de numerosos estudios longitudinales, promovió el desarrollo de técnicas y sistemas de observación para evaluarla en los laboratorios de psicología y motivó la generación de diversas escalas de evaluación del desarrollo psico-motor infantil (Rogers, 2006) (por ejemplo, la Escala del Desarrollo Sensorio-motor de Užgiris & Hunt [1975, citado por Curcio, 1978]; la Escala de Evaluación del Desarrollo Psicomotor para niños de 0 a 24 meses de Rodríguez, Arancibia y Undurraga [1978, citado por Pollier, Zarlenga, Somaruga & Kufa, 2003] Oiberman, Orellana & Mansilla, 2006 en Chile; y, en Argentina, la Escala Argentina de Inteligencia Sensoriomotriz de Oiberman, Mansilla y Orellana [2002]). También propició la realización de estudios experimentales sobre esta capacidad, de los cuales, el primero fue realizado por una de sus discípulas, Olga Maratos, quien le mostrara a su maestro que los bebés recién nacidos imitan algunos gestos (Maratos, 1973; Reddy, 2008).

El estudio original de Maratos (1973) tuvo un diseño experimental longitudinal, entre los 15 días y los 6 meses de vida, en los que se evaluaba la imitación de nueve modelos conductuales agrupados de acuerdo a las distintas modalidades de percepción (visual, auditiva y kinestésica). Este fue un estudio fundacional debido a que definió los criterios observacionales para todos los estudios experimentales de imitación y porque sus resultados mostraron que, desde el primer mes de vida, los bebés son capaces de imitar gestos que involucran la cabeza, la boca y la lengua, algunos modelos auditivos y algunos gestos con los brazos y dedos. (se separó el párrafo)

En el este estudio longitudinal recientemente comentado (Maratos, 1973) y en otros que le siguieron se pudo observar que estas respuestas imitativas continúan con tendencias evolutivas diferentes a lo largo del primer año de vida (Kugiumutzakis, 1998, 1999; Užgiris, 1999) y que las respuestas imitativas del recién nacido y las imitaciones posteriores muestran diferencias cualitativas (Maratos, 1998). Las primeras suelen ocurrir luego de un período de latencia relativamente largo, sus movimientos son rápidos, de pequeña amplitud y de corta duración y pueden estar acompañadas por movimientos dubitativos de la zona corporal activada (que, junto con el evidente grado de concentración visual del bebé en la parte del cuerpo de la acción modelada, confirman el esfuerzo voluntario que se está poniendo en juego) (Butterworth, 1999; Maratos, 1998; Meltzoff & Moore, 1999). En edades posteriores, los bebés empiezan a reaccionar de forma inmediata ante la primera presentación de los modelos; la respuesta es dada de una vez y de forma mucho más precisa, sin movimientos acompañantes y con una expresión facial más juguetona que concentrada (Maratos, 1998). (se separó el párrafo)

Estos hallazgos revolucionaron el concepto de imitación y la teoría piagetiana de su desarrollo, porque por diversas razones. En primer lugar, ponen en evidencia que existen ciertas coordinaciones intra e intersensoriales desde el primer mes de vida,. Por otro lado, contradicen la secuencia propuesta que va desde la imitación del sí-mismo hacia la hetero-imitación y de la imitación de actos visibles para el sujeto hacia los actos invisibles. Y, finalmente, sugieren que la capacidad de imitación es selectiva y que su desarrollo tiene distintas tendencias a lo largo del período estudiado dependiendo del acto del que se trate (Maratos, 1973; Seidl de Moura & Ribas, 2002). Las evidencias de imitación temprana hicieron, entonces, que Maratos propusiera una explicación alternativa. De acuerdo con esta investigadora, además de ser una forma de recuperar el equilibrio perdido del organismo, la imitación cumple la función biológico-social de permitir la comunicación entre dos individuos, en momentos previos a la aparición de la sonrisa y del lenguaje (Maratos, 1973, 1998).

Los resultados obtenidos en este estudio fueron complementados por un artículo publicado por Meltzoff y Moore (1977) en el que los investigadores informaron sobre la capacidad de imitación de bebés menores de un mes de vida (12 - 21 días). La comunidad científica reaccionó con sorpresa y descreimiento, por lo que los estudios que siguieron giraron en torno a probar si la imitación neonatal era un hecho real o una consecuencia artificial del dispositivo de investigación. Por un lado, hubo quienes interpretaron los gestos de los bebés como producto del dispositivo experimental (Hayes & Watson, 1981, citado por Seidl de Moura & Ribas, 2002) o como comportamientos exploratorios difusos, pero no-imitativos (e.g. Jones, 1996, 2006a). Por otro lado, hubo quienes explicaron tales actos como producto de un mecanismo de activación automático (e.g. Abravanel & Sigafoos, 1984, citado por Seidl de Moura & Ribas, 2002). Pero, finalmente, se realizaron numerosas investigaciones en distintos laboratorios que continuaron aportando evidencia empírica, refutando la hipótesis de que la imitación neonatal es producto de la acción de un reflejo (e.g. Field et al., 1983; Meltzoff & Moore, 1977, 1983a y b; Nagy, Pilling, Orvos & Molnar, 2013; Reissland, 1988; Vinter, 1986). (se separó el párrafo)

Actualmente, la imitación neonatal es considerada un dato robusto que puede ser observado directamente en el nacimiento, aunque su función e importancia en el desarrollo infantil todavía sigue en construcción y discusión (Heimann, 1998). Por otro lado, en una investigación reciente, se observó que no sólo los bebés responden con imitaciones a los modelos del experimentador, sino que la utilizan para “provocar” la interacción con él. Nagy y Molnar (1994, 2004) observaron que los bebés producen los gestos modelos de manera espontánea en los períodos en que el experimentador se queda inmóvil. De acuerdo a las diferencias registradas en los ritmos cardíacos del bebé, estas repeticiones de los gestos imitados fueron interpretadas como “provocaciones para la interacción”, ya que mostraban un descenso de la frecuencia cardíaca asociado al aumento de la atención en la expectativa de la ocurrencia de un evento interesante. La velocidad de las provocaciones y las imitaciones neonatales permite que los bebés participen en intercambios comunicativos de alternancia de turnos desde recién nacidos (Nagy, 2006, 2011).



Imitación neonatal: dos modelos interpretativos para un mismo fenómeno. Dentro del campo de investigación de la imitación neonatal se podrían señalar, al menos, dos líneas teóricas que interpretan al mismo fenómeno de modos muy diferentes. Por un lado, los estudios de laboratorio iniciados por Meltzoff y Moore a finales de la década del ’70 vinculan la capacidad de imitación neonatal con un espacio representacional supramodal innato que estaría en el origen de la comprensión de otras mentes y del sistema de teoría de la mente (Meltzoff, 2005/2010; Meltzoff & Moore, 1977, 1999).

Este modelo ha recibido fuertes y profundas críticas porque, si bien Meltzoff complementa sus resultados de imitación neonatal con estudios en momentos más avanzados del desarrollo, su explicación al fenómeno resulta en la atribución de complejas capacidades representacionales como parte de la dotación biológica innata, con lo cual evade el problema del desarrollo de dichas capacidades (Español, 2010a, 2010b; Rivière, 1986/2003a). Desde unas perspectiva constructivista e interaccionista del desarrollo, Rivière (1986/2003a) entiende que la imitación neonatal es una de las pautas conductuales que preparan al bebé para la interacción social, pero se opone a la interpretación que hace Meltzoff del mecanismo cognitivo subyacente de formación de representaciones abstractas y supramodales. La capacidad temprana de imitar algunos gestos junto con otras habilidades tempranas (como la detección de contingencias, la sincronización de ritmos y la preferencia por patrones estimulares que caracterizan a las personas, entre otras) forman parte de los programas de sintonía y armonización con las personas que la evolución fue seleccionando porque promueven el establecimiento del vínculo social fundamental para el desarrollo y la supervivencia de la cría (Rivière, 1986/2003a; 1999/2003b; 1999/2003c). El descubrimiento de las neuronas espejo (Iacoboni et al., 2001) (que Rivière sólo empezó a conocer) y de la capacidad de imitación neonatal en otros primates (Myowa, 1996) abonan una interpretación en este sentido. La conexión entre el acto del otro y el propio acto no sería producto de una representación mental supramodal, sino más bien de una activación neuroeléctrica que, en combinación con otras experiencias, se irá moldeando a lo largo de la vida como resultado de las múltiples experiencias sociales y solitarias que se presentarán a lo largo de toda la vida del individuo.

Dos décadas después de la publicación de la propuesta del mapeo activo intermodal de Meltzoff y Moore (1977), Kugiumutzakis (1993, 1998, 1999; Kugiumutzakis, Kokkinaki, Makrodimitraki & Vitalaki, 2005; Kokkinaki & Kugiumutzakis, 2000) inició una nueva línea de investigación que entiende a la imitación temprana como una habilidad que se despliega sumergida en el seno de las primeras experiencias intersubjetivas adulto-bebé. Esta línea de trabajos combina estudios experimentales transversales y longitudinales con estudios observacionales y microanáliticos sobre interacciones naturales madre/padre-bebé en el hogar familiar o en el laboratorio y en distintos contextos culturales. De acuerdo con el modelo de la intersubjetividad en el que se enmarca el trabajo de Kugiumutzakis, los seres humanos nacemos con un impulso para la interacción social (Trevarthen, 1998) y para hacerlo contamos, desde el nacimiento, con un conjunto de capacidades que nos permiten establecer los primeros contactos intersubjetivos, entre las cuales se destaca a la imitación. La imitación del recién nacido lleva al emparejamiento o establecimiento de una coincidencia comportamental e inter-mental, que permite el establecimiento de interacciones sociales en alternancia de turnos, en las que se establece el “diálogo” de las motivaciones de uno y otro compañero social, en un espacio intersubjetivo compartido (Kugiumutzakis, 1998).


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