La Gramática1



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Alberta Giménez – Escritos literarios



La Gramática1
Escena 1ª
(Alejandrina con un libro en la mano)
Alejandrina - ¡Fastidiosa Gramática! ¡Mil veces fastidiosa! (Golpeando el libro) Eres un rompecabezas; el mejor libro para hacer rabiar o dormir. Y es preciso aprender la lección. ¡Dios mío! (Estudia) ¡Tantos casos y géneros y números y reglas y excepciones, desenredaos un poco si queréis! (Lleva la mano a la frente) ¡No puedo (llora) voy a dejarlo todo y a decirle a mamá...! (Ve a Magdalena que pasa por el fondo) ¡Magdalena! ¡Magdalena!
Escena 2ª
(Alejandrina y Magdalena)
Magdalena - (Saludando deja su cesta en el suelo) Tenga v. muy buenos días señorita. ¡Oh, Dios mío! Llora v. ¿Qué tiene v.?
Alejandrina - (Enjugándose las lágrimas) ¿Qué tengo? ¿Qué tengo? Que me he de estar aquí con este maldito libro y no puedo correr tras las mariposas; y precisamente hoy que las hay tan bonitas. Tú eres dichosa Magdalena, eres libre y te paseas; tú sí que gozas buenos tiempos.
Magdalena - Y malos también señorita, créalo v. Alguna vez llego a la quinta empapada en sudor hasta los huesos. ¡Qué yo soy dichosa! V. sí debe serlo que tiene la fortuna de verse bien educada e instruida. V. que ha leído tantos libros, que debe saber la Historia de todo el mundo desde nuestro padre Adán. ¡Oh si en lugar de estarme al sol apacentando mis vacas o segando me viera como v. a la sombra de un lindo jardín; cuánto estudiaría! Pero yo, señorita, ni siquiera sé leer.
Alejandrina - Hablas como te parece, ves las cosas del mejor color...pero ¡lloras! ¿Qué tienes? (La abraza amigablemente)
Magdalena - ¡Ah, señorita! Estoy pensando que podría llegar un día en que me viera separada de mi madre y no podría recibir noticias suyas ni dárselas mías. ¡Pobre madre mía, cuánto siente no haber tenido medios para instruirme! (Enjuga las lágrimas con el delantal y Alejandrina parece pensativa) Pero mire v. qué alto está ya el sol; (toma su cesta), él adelanta su tarea y es preciso que yo adelante la mia. Todo el mundo trabaja señorita, ya lo ve v., los pajaritos mismos se ocupan todo el día en buscar su alimento y en fabricar su nido.
Alejandrina - ¡Pero no estudian la Gramática!
Magdalena - Y las abejas trabajan para darnos la miel; y hasta la hormiga trabaja.
Alejandrina - Sí, en verano; pero descansa en invierno.
Magdalena - Recoge entonces el fruto de su trabajo. Es muy justo.

Alejandrina - Sin duda, ¿pero ves? (Le enseña el libro). Aquí hay para secarse los sesos. (Se tapa la frente)


Magdalena - Por más que diga v. señorita (Tristemente) si yo me hallara en su lugar... Es preciso que me vaya. Adiós señorita.
Alejandrina - Adiós Magdalena. Vuelve a verme mañana. ¿Oyes? Voy a decirte algo que te gustará mucho.
Magdalena - No faltaré, señorita. (Se va)
Escena 3ª

(Alejandrina sola)
Alejandrina - ¡Pobrecita!. Creo que llora todavía. Yo la consolaré, le enseñaré a leer y escribir. Voy a decírselo a mamá. La pena de Magdalena me ha hecho reflexionar; y veo que tiene razón. Yo no había pensado nunca en todo lo que me ha dicho. Bien lo veo; no bastan los libros (pone la mano sobre el corazón). Aquí falta algo, el deseo, la voluntad de Magdalena. ¡Oh! Cuan culpable soy por no haber aprovechado una educación que tantos sacrificios cuesta a mi buena mamá. (Juntando las manos) ¡Oh, Dios mío! Yo os prometo, y lo mismo a ti, querida mamá, ser en adelante muy estudiosa y aplicada.
(Entra Dª Luisa y Alejandrina se arroja en sus brazos)
Escena 4ª
(Dª Luisa y Alejandrina)
Dª Luisa - Todo lo he oído, hija mía, y me felicito de verte animada de tan buenos sentimientos.
Alejandrina - (Besándole la mano) ¡Mamá, yo pido a v. perdón del tiempo que he perdido!
Dª Luisa - Yo favoreceré tus deseos aprovechando la reunión de tus amiguitas que van a venir a pasar el día contigo, para ejecutar un proyecto que va a meter para siempre la Gramática en tu cabeza.
Alejandrina - ¡Qué dicha!
Dª Luisa - Oirás a todas las partes de la oración explicar las funciones que llenan en las frases y creo que viendo una Gramática viviente quedarás vivamente impresionada.
Alejandrina - ¡Cómo! ¿Viviente? ¿Podré tocar el sustantivo, el artículo, verlos y oirles hablar?
Dª Luisa - Sí, hija mía.
Alejandrina - Reconozco en esa ingeniosa idea toda la ternura de mi buena mamá, y le prometo grabar en mi memoria cada personaje de modo que no lo olvide jamás.
Dª Luisa - Está bien, hija mía; pero es preciso esperar a esas señoritas para pasar el día de una manera agradable.
Alejandrina - ¡Aquí están!
Escena 5ª
(Todas menos Magdalena entran; saludan a Dª Luisa dándole la mano y a Alejandrina dándole un beso)
Luisa - Queridas, ¿cómo se va a pasar el día? Hace mucho calor para ir de paseo. Yo propongo hacer una comedia, aquí, a la sombra. ¿Qué les parece a vs.?
Todas - ¡Sí, sí!
El Verbo - ¡Nos gusta la idea!
Sustantivo - Pero no sabremos los papeles.
Niñas - ¡Es verdad!
Dª Luisa - Todas vs. son bastante instruidas para desempeñar el que les indicaré.
Alejandrina - ¿Y yo qué haré?
Dª Luisa - Tú, hija mía; para no poner a prueba tu ciencia, serás la ignorantilla.
Alejandrina - ¡Ah, mamá! Confieso que ese es el único papel que puedo llenar cumplidamente.
Dª Luisa - Van vs. a hacer una linda comedia: La

Gramática.


Todas - (Consternadas) ¡La Gramática!
Dª Luisa - Sí, queridas; habrá para vs. un objeto, una recompensa. Sé cuánto quieren vs. a Magdalena. Ella ha vencido esta mañana la pereza de mi hija. Alejandrina les dirá á vs. Como, más tarde. Si todas vs. llenan bien sus papeles, dispensaré a Magdalena de sus rudas faenas y se la daré á mi hija por compañera de estudios, para que renueve cada día con su ejemplo la emulación que hoy ha sabido comunicarle. La suerte de esta niña tan querida está en manos de vs.; desplieguen vs., pues, su inteligencia.
Verbo - ¡Sí, sí; por Magdalena! ¡Valor!
Niñas - ¡Valor!
Dª Luisa - Procedamos á la elección de los papeles. ¿Quién hace el Sustantivo?
Niñas - ¡Yo, yo!
Dª Luisa - ¡Orden, orden! No hablen vs. todas a la vez.
(Las niñas hablan bajo con animación, figurando que se reparten los papeles. Alejandrina las mira atentamente y fijándose en la interjección le pregunta)
Alejandrina - ¿Eres tú también una parte de la oración?
Interjección - Sí.
Alejandrina - ¿Cuál?
Interjección - La Interjección.
Alejandrina - Debería haberlo adivinado; pareces un suspiro. (Abrazándola) Temo que se evapore entre mis brazos.
Dª Luisa - Empecemos, queridas.
Sustantivo - Hétenos ya gramáticos consumados, formales y juiciosos. Empiezo. Aquí tenéis, señoritas, todas las partes del discurso; hemos sido tan maltratadas por diversos autores, que muchas personas, sin conocernos, nos han reputados de confusas y difíciles, y habrá v. oído decir, y tal vez v. misma habrá repetido, que la Gramática es abstracta, árida, pesada...
Alejandrina - Es muy cierto.
Sustantivo - Por esto, señorita, nos creemos afortunadas viniendo a probaros que no somos tan difíciles como se nos supone. Por de pronto nos dividimos en variables y en invariables.
Invariables - ¡Sí,sí; las seis veletas!
Variables - ¡Las cuatro estatuas!
Sustantivo - Paz, paz, amigas mías; no estamos aquí para disputas sobre nuestro mérito, sino para darnos a conocer; sepamos moderarnos. En cuanto a mí, en dos palabras diré lo que soy.
Alejandrina - ¡Dos palabras! Corto, corto; ahí está el mérito.
Sustantivo - Sirvo para nombrar todos los objetos que existen en la naturaleza, como árbol, pájaro, niña y otros que sólo existen en la imaginación, como valor, virtud, modestia. Me divido en común o apelativo y propio.
Alejandrina - Sí, ya sé. El sustantivo común sirve para nombrar todos los objetos o individuos de una especie y el propio conviene á una sola cosa o persona. Pero ¿no hay también algo de primitivos, derivados, simples... partitivos, colectivos, aumentativos, etc, etc, etc...
Sustantivo - Sí, pero en un momento los conoceréis perfectamente. Soy primitivo cuando no tengo origen de otro de nuestra lengua, como mar, cielo, campo y derivado cuando me origino de algún primitivo como, marina, celeste, campesino. Soy simple si consto de una sola voz, como maestro, y compuesto cuando me formo de dos o más voces como maestrescuela. Se me llama verbal cuando tengo origen de algún verbo como escritura, escribiente, escribano, que se derivan del verbo escribir. Soy colectivo cuando en singular significo muchedumbre de cosas, como gente, rebaño, arboleda, o cuando denoto unidades en determinado número como par, docena, millar. Se me llama partitivo cuando nombro alguna de las partes en que puede dividirse un todo, como mitad, tercio, décimo. Y soy por último, aumentativo o diminutivo según que aumento o disminuyo la significación del primitivo, como hombrón, librazo, pajarito, muñequin. Tengo también dos propiedades muy útiles que son el género y el número.
Alejandrina - Ya sé, masculino, femenino, neutro, epiceno, común y ambiguo y los números singular y plural.
Sustantivo - Éste lo formo añadiendo una “s” al singular que termina en vocal breve, como dulce, dulces, rosa, rosas; y la sílaba “s” al que termina en vocal aguda consonante como alelí, alelíes; tulipán, tulipanes.
Alejandrina - Comprendo. Pero, ¿no hay también nombres que no varian del singular al plural o que se usan en un sólo número?
Sustantivo - Sí, los polisílabos no agudos terminados en “s” no varían del singular al plural, como lunes, análisis. No se usan en plural los nombres que significan cosas de suyo singulares, como la inmortalidad, el caos; ni los de las virtudes teologales fe, esperanza, caridad; ni los de los metales, como la plata, el cobre, si bien estos últimos lo admiten alguna vez. Los nombres que no se usan en singular son muy pocos en nuestra lengua y el uso los enseña fácilmente.
Alejandrina - En verdad no sois tan difícil como yo creía.
Sustantivo Aquí está el Artículo que va a explicarse a su vez.
Artículo - Me presento después del Sustantivo, aunque le precedo siempre y determino su género y su número. Sin mi tendría una significación vaga; pero acompañándole denoto que está empleado en un sentido determinado, es decir, que significa una especie o un individuo en particular. Soy “el” y los para el femenino y lo para neutro.
Alejandrina - ¡Por sabido!, ¡por sabido! Si no es más que eso no lo olvidaré nunca.
Artículo - Una excepción tengo en mi uso. Antes de los sustantivos femeninos que empiezan por “a” o “h”, si el acento carga sobre la primera sílaba, se me emplea en la terminación masculina.
Alejandrina - Pase la excepción, ya que va sola. ¿Acabasteis ya?
Artículo - Poco me resta que deciros. A veces se me llama indeterminado porque no contraigo la significación del nombre sobre un objeto preciso, pero entonces tomo la forma de “un”, unos para el género masculino y “una”, unas para el femenino. ¿Comprendéis?
Alejandrina - Sí, sí.
Artículo - Pues he terminado y seré muy dichoso, señorita si he conseguido hacerme entender como el Sr. Sustantivo.
Alejandrina - De veras os comprendo bien y empiezo a tomarle gusto a la Gramática viviente. (El Adjetivo adelanta) ¡Ah! Yo no reconozco esa cara. ¿Será el Pronombre?

Adjetivo - No, señorita. Soy el Adjetivo y sirvo para dar a conocer todas las cualidades de que estáis adornada.


Alejandrina - (Haciendo una profunda reverencia) Esto vale una cortesía. (A su madre) Esta parte va a cautivar mi atención.
Adjetivo - Expreso las diferentes maneras de ser del Sustantivo dándole una calificación y hago la idea de él más completa. Me divido, lo mismo que el Sustantivo en primitivo, derivado, verbal, simple, compuesto, etc. y en positivo, comparativo y superlativo.
Alejandrina - Ya sé, el positivo no es más que el Adjetivo mismo. Hay luego tres clases de comparativos; de igualdad, de superioridad y de inferioridad, y por último el superlativo, que expresa la cualidad en grado superior.
Adjetivo - Precisamente. Ahora voy a daros reglas para que podáis con facilidad conocer mi género. Soy masculino o femenino según el género del sustantivo que califico, pues con él debo concertar siempre, a no estar empleado en el género neutro. Hay que advertir, sin embargo, que cuando califico a dos o más sustantivos, aunque estos estén en número singular, se me emplea a mí en plural; y que si son de ambos géneros, debo tomar la terminación masculina.
(El Pronombre se adelanta)
Alejandrina - Aquí viene el Pronombre tan parecido al Sustantivo y al Adjetivo que parece su hermano.
Pronombre - En efecto; soy el Pronombre, palabra de gran utilidad. Mi empleo evita desagradables repeticiones del Sustantivo, derramando así la variedad y la gracia en el lenguaje.
Alejandrina - Veo que todas las partes de la oración están muy pagadas de la importancia de sus funciones.
Pronombre - Me divido en cinco clases: personales, demostrativos, posesivos, relativos e indeterminados. “Yo”, “tú”, “él”, “nosotros”, “vosotros” y “ellos”, personales, pues en esta forma sustituyo principalmente a los nombres de personas. “Éste”, “ése” y “aquél”, con sus femeninos y plurales, demostrativos, porque añado a la idea del Sustantivo una indicación, señalando un objeto determinado.
Alejandrina - Pero dime; ¿cómo haré para no confundirme en el uso de estas diferentes formas con que te presentas?
Pronombre - “Éste”, se dice siempre al designar un objeto que está cerca del que habla o que él mismo toca. “Ése”, al señalar uno inmediato al que escucha y “aquél” cuando el objeto aludido se halla distante del que habla y del que escucha.
Alejandrina - Gracias, gracias, lo comprendo.
Pronombre - “Mío”, “tuyo”, “suyo”, posesivos porque denotan posesión. “Que”, “cual”, “quien”, “cuyo”, relativos a causa de la relación que tengo con un sustantivo que me precede, al cual se llama antecedente. Soy, en fin, indeterminado cuando tengo una significación vaga o general, como “cualquiera”, “alguien”, “nadie”.

Verbo - Yo soy el Verbo; expreso la acción hecha o recibida por el sujeto; soy la palabra por excelencia. (Alejandrina se inclina sonriendo). Entro en todas las frases por ser el lazo de los pensamientos, y no solamente les doy forma, sino que expreso las relaciones que tienen de presente, pasado y futuro. Se me reconoce cuando voy precedido de los pronombres personales.


Alejandrina - ¡Qué modesto! ¿No te parece mamá?
Verbo - Estoy sujeto a cuatro modificaciones. Modos, tiempos, números y personas; y a todo el conjunto de inflexiones y desinencias con que me presento se llama conjugación.
Las conjugaciones son tres; primera, de los verbos terminados en ar; segunda, de los terminados en er; y tercera, de los terminados en ir.
El modo consiste en diversas formas generales que tomo para expresar la acción. Hay cuatro modos: indicativo, imperativo, subjuntivo e infinitivo. El indicativo expresa la acción de una manera positiva: “Alejandrina llena sus deberes”. El imperativo la presenta bajo la idea de la voluntad, persuasión o ruego: “Poned atención”. El subjuntivo la ofrece de un modo menos absoluto, subordinada a la idea de otro verbo anteriormente expresado o sobreentendido, manifestando deseo, temor, duda: “Desearía entendierais lo que os digo”. El infinitivo expresa la acción sin determinar tiempo, número ni persona.
Número es la diferencia que hacemos en el verbo de singular a plural, según que es una o son varias las personas que ejecutan la acción. Las personas...
Alejandrina - Son tres. La primera la que habla, la segunda aquella a quien se habla y la tercera de quien se habla.
Verbo - Muy bien, amiga mía, veo que no es tan extraña la Gramática como yo creía. Tiempo es la forma que toman los verbos para indicar la relación entre la acción y la situación expresada por ellos y las diferentes épocas y duración. Los tiempos para los modos indicativo y subjuntivo son seis: presente, pretérito imperfecto, pretérito perfecto, pretérito pluscuamperfecto, futuro imperfecto y futuro perfecto. El imperativo sólo tiene presente. Se hacen de mí varias divisiones. De sustantivo y adjetivo; de activo, neutro, recíproco, reflexivo, auxiliar, regular e irregular; simple y compuesto; defectivo e impersonal.
Alejandrina - ¡Oh, Dios mío! El que no os conozca un poco es imposible que retenga esa letanía. Aquí viene el participio enmarañadito y confuso como el verbo; pero no viene solo. (Dirigiéndose a los participios activo y pasivo que se adelantan) ¿Quién de vs. es el Participio?
Participio - Ambos a dos, señorita. Yo soy el Participio activo.
Alejandrina - Mucho mal dicen de vos.
Participio - Calumnias y nada más. Mi hermano que veis ahí, es el Participio pasivo. Él si que apura algo con sus oficios y demás; pero yo no dejo lugar a dudas. Denoto acción y termino en ante o ente, según que procedo de verbos de la primera conjugación o de la segunda y tercera. Me reconoceréis siempre que podáis suplirme con las palabras “el que” seguidas de la primera persona del singular del presente del indicativo del verbo correspondiente y cuando no podáis hacerlo estaré usado como adjetivo verbal o como sustantivo.
Part. Pas. - Yo no quiero engañaros, para conocerme bien tendréis necesidad de fijaros un poco. Denoto casi siempre pasión. Termino en ado si me forman verbos de la primera conjugación, y en ido si procedo de los verbos de la segunda o tercera.
Alejandrina - ¿Y no hay ninguna excepción?
Part. Pas. - Algunas, señorita. Termino algunas veces en to; como visto, en so, como impreso, en cho, como hecho; pero en estos casos se me llama irregular.
Alejandrina - Con mucha justicia. Pero ¿a qué se refería vuestro hermano al hablar de oficios?
Part. Pas - Os lo diré en un momento. Cuatro me concede la Real Academia, pero protesto y quiero más.
Alejandrina - ¿Más aún? ¿Cuántos?
Part. Pas - Cinco. Id contando. (Alejandrina cuenta con los dedos) Primero: me junto con el verbo auxiliar haber para formar los tiempos compuestos de todos los verbos, y en este caso soy invariable. “He comprado pan”. “He comido nueces”. Segundo: me junto al verbo ser para formar las oraciones de pasiva admitiendo los accidentes gramaticales de género y número. “El vicio es odiado”. “La virtud es respetada”. Tercero: me junto con sustantivos confirmándolos y concertando con ellos como otro cualquier adjetivo. “Niño aplicado”. “Niñas disipadas”. Cuarto: Se me emplea como absoluto cuando se hace referencia a un tiempo posterior a aquel a que nos referimos. “Terminada la clase jugaremos”. Hago también, y a éste llamo quinto oficio, de sustantivo. “Embuchados extremeños, bordado primoroso”. Réstame solo deciros que alguna vez, si bien soy pasivo por terminación soy activo por significación, como aplicado, que denota el que tiene aplicación. Alejandrina - Por fin, me parece que terminaron las veletas y no me quedan por aprender más que las estacionarias, las invariables; y en verdad no lo siento, tanto más cuanto que empiezo a creerme extraordinariamente sabia.
Adverbio - Soy el Adverbio, fiel amigo del Verbo y su inseparable, lo que me ha valido el nombre que llevo. Modifico su acción y envuelvo la idea de lugar, modo, tiempo, cantidad, afirmación, negación, duda, etc... Pertenezco a las invariables y acompaño al Verbo, circunstancia que no permite que se me confunda con el Adjetivo que acompaña al Sustantivo y con él concierta. Dos ejemplos y me retiro. “Estudio mucho”, Adverbio. “Dulces como muchos”, Adjetivo. Aquí viene mi hermanita, la Expresión Adverbial.
Exp. Adv. - Hago las mismas funciones que el Adverbio; la diferencia que hay entre las dos es que yo me formo de varias palabras; pero haciendo en la oración oficio de Adverbio, como: a sabiendas, a ciegas, donde vengo a ser Adverbio de modo.
Alejandrina - Gracias, no sois difícil, os reconoceré fácilmente. Veremos si soy tan afortunada con la Preposición.
Preposición - Mi nombre se deriva de una palabra latina: preponere.
Alejandrina - ¡Oh, sabe latín!
Preposición - Está palabra significa que está puesta delante. Soy fija cuando rijo un solo caso, y variable cuando puedo regir casos diferentes. Denoto la relación que tienen unas palabras con otras. Sola no tengo sentido y por eso voy siempre seguida de un complemento expreso o suplido. Ninguna relación tengo con el Sustantivo y sin embargo, se me emplea alguna vez como tal y dejo de ser quien soy. (Saluda y se retira)
Alejandrina - Aquí viene una pequeñuela. La Conjunción tal vez.
Conjunción - ¡No tan pequeña!. Sin mi vuestras frases carecerían de sentido, sin mí serían precisas muchas repeticiones y mucho tiempo para hablar; mientras que con el auxilio de estas palabritas, y, o, sí, pero, todo se explica fácilmente. Soy invariable, uno las oraciones y creo tener más importancia que la que me concedéis.
Alejandrina - No había reflexionado sobre vuestra utilidad, pero ahora veo que sin vos sería el lenguaje muy difuso, y que hacéis fácil la expresión de los pensamientos.
Conjunción - Ésta es la verdad. Razonáis como un oráculo.
Alejandrina - ¡Ah! Aquí viene mi suspiro (Abraza a la Interjección que se adelanta) ¡Va a desvanecerse! Pequeñina, te quiero mucho; no he olvidado tu nombre, eres la sensible Interjección.
Interjección - Sí, soy la interjección, invariable, modesta. Expreso todas las afecciones, todas las sensaciones del alma. Desde el niño que empieza a balbucear hasta el decrépito anciano, todos me tienen en sus labios; soy de todas las edades. Expreso la dicha y el dolor, manifiesto la admiración y el desprecio; puedo interrogar, llamar, imponer silencio. Ya veis que sería difícil prescindir de mí; y es tan sencillo y fácil mi empleo que bien puedo llamarme hija de la naturaleza.
Alejandrina - Sois, en fin, el lenguaje del corazón. (Mirando a la puntuación que se acerca) Pero, ¿quién viene ahí? Una figura desconocida. Yo creía terminada la Gramática. ¿Qué parte de la oración es ésta?
Puntuación - No soy ninguna de las partes de la oración; pero mi presencia entre ellas es indispensable. ¿Qué serían sin mi esos personajes confusos y desprovistos de sentido? Apurados se verían para expresar con seguridad las ideas. Soy la Puntuación.
Alejandrina - ¡Ah, es verdad!
Puntuación - Indico la misión y separación de las ideas; preciso su sentido; marco las pausas que deben hacerse al hablar, al leer. Los signos de que consto son: la coma, punto y coma, dos puntos, punto final, interrogación, admiración y puntos suspensivos. La coma indica una pequeña pausa, sirve para separar las partes de una proposición. Si ésta es simple y no excede al alcance de la respiración se escribe sin coma. La coma separa las oraciones de una misma naturaleza. El nombre del sujeto a quien se dirige la palabra debe ir precedido y seguido de la coma. El punto y coma se emplea para separar las partes principales de una proposición, cuando están subordinadas en otras subalternas separadas por comas y además antes de alguna de las conjunciones adversativas, y requiere una pausa algo más marcada que la coma. Los dos puntos indican una pausa mayor aún. Se les coloca después de una frase terminada, pero seguida de otra complementaria o aclaratoria; o cuando se pasa directamente a hacer una carta, y en algún otro caso que ha establecido el uso. El punto final exige la mayor de las pausas y se pone cuando el sentido está completo y terminado. El punto interrogante se coloca antes y después de las preguntas si son largas, y al fin de ellas si son varias seguidas o cortas. El signo de admiración se pone siempre que se quiere expresar sorpresa, dolor o cualquier otro sentimiento vivo o violento y suele acompañar a la interjección. Los puntos suspensivos denotan suspensión de palabras en un pasaje citado, desorden, precipitación o interrupción causados por un sentimiento vehemente, profundo, etc... Deben emplearse raras veces y no abusar de ellos.
(Saluda y se retira)
Alejandrina - (Dando palmadas) ¡Qué gozo! Gracias, gracias amiguitas; ahora comprendo perfectamente la Gramática y os estaré eternamente reconocida.
Dª Luisa - Sí hija mía, debes estarlo; estas señoritas te han instruido de una manera muy agradable y han desempeñado sus papeles con mucha inteligencia y buena voluntad. Se comprende que han aprovechado el tiempo. A todas vs. felicito, queridas niñas, cuán dichosas deben ser sus mamas teniendo hijas tan estudiosas.
Alejandrina - Y tú lo serás también porque yo estudiaré con todas mis fuerzas.
Dª Luisa - Lo creo, hija mía, la atención que has prestado a esta lección es la prenda de tu promesa; pero yo debo cumplir la mía. Vayan vs. a buscar a Magdalena, señoritas, anúncienle la nueva suerte que le espera, y háganla venir a reunirse con la que quiso ser su maestra y será su hermana y compañera de estudios.
Niñas - ¡Gracias, Señora! ¡Vamos a buscar a Magdalena!
(Salen y Alejandrina abraza a su madre)
Alejandrina - ¡Cuán buena eres, mamá mía! ¡Cuánto siento haberte disgustado con mi falta de aplicación! Más yo te probaré muy pronto la eficacia de mis propósitos. ¡Cuán feliz va ser teniendo a mi lado a Magdalena, tan cariñosa, tan buena! Ella será mi hermana. ¿No es verdad? Yo la imitaré en todo y no solamente seré aplicada, sino laboriosa y amable, como lo es siempre Magdalena. ¿Querrás mamá que le dé la mitad de mis vestidos y de mis juguetes?
Dª Luisa - Su ajuar completo correrá a mi cuenta. De nada carecerá aquí, Magdalena, como tú le concedas tu cariño y no la hagas víctima de tus exigencias.
Alejandrina - ¡No, mamá, yo la querré siempre mucho, mucho!

Escena Última
(Vienen todas las niñas con Magdalena)
Niñas - ¡Aquí está Magdalena!
Magdalena - (Con timidez) ¡Perdón, Señora! Yo no sé por qué me han obligado estas niñas a venir... Me han dicho que v. me llamaba, y otras cosas que no he comprendido; pero si he disgustado a v. Señora, por Dios, perdóneme.
Dª Luisa - Nada de eso, Magdalena. Estas niñas han debido decirte que desde hoy vas a ser la compañera de mi hija, casi su hermana, sus maestros lo serán tuyos; compartirás sus juegos y recreos y con tu ejemplo, le enseñarás a ser dócil y sumisa. Tu aplicación le servirá de estímulo, y te deberá en gran parte los progresos que en su instrucción me prometió. ¿Querrás ser su hermana y estudiar y trabajar con ella? Tu buena madre bendecirá conmigo tu trabajo, y quizá algún día reporte de él pingües beneficios.
Magdalena - ¡Oh, Señora! Yo no sé cómo corresponder a tanta bondad. Permitidme que bese vuestra mano y que a vuestras plantas (se arrodilla) ofrezca a Dios el homenaje de mi reconocimiento. ¡Gracias, Dios mío, gracias por el placer de mi querida madre!. Yo sabré escribir y aunque esté lejos de ella podré abrirle mi corazón y contarle mis placeres y mis cuitas, y acariciarla y decirle cuánto la quiero... ¡Gracias, Señora, gracias! (Dirigiéndose a Alejandrina) Permitidme Señorita, que os las dé también. (Alejandrina la abraza)

Dª Luisa - Magdalena, Alejandrina es tu igual, no la trates ya de Señorita. Basta de lágrimas, aunque las motive el placer. Sólo quiero tu ventura y que sirvas de modelo a Alejandrina. Gozad juntas; sed felices, yo gozaré en vuestra dicha. Y vosotras, queridas niñas, no olvidéis que así como Magdalena ve hoy recompensada su bondad, y todas vosotras vuestra aplicación, así premia siempre Dios a las niñas que sacrifican sus gustos al deber y todo lo olvidan para complacer a los autores de su existencia.




1 La Gramática, de fecha desconocida, es una comedieta en un acto para niñas con la que Madre Alberta, además de instruir a las colegialas, consigue sembrar en ellas la semilla de la virtud.


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