La fundación de la iglesia como intención de jesúS



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LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA COMO INTENCIÓN DE JESÚS
El cristianismo no tiene por finalidad principal trasmitir verdades y normas de conducta, sino ante todo vivir y anunciar una experiencia histórica de la manifestación personal de Dios. Precisamente por esto la Revelación es uno de los distintivos característicos de nuestra fe. Dios se ha revelado, se ha manifestado en nuestra historia, ha hablado al hombre por medio de hechos y palabras, ha querido mostrarnos la realidad de su ser y su designio amoroso hacia nosotros. Dios al revelarse se muestra en todo lo que es y nos invita a dar una respuesta creyente a su Revelación. De este modo la experiencia de la fe cristiana no se descubre como algo abstracto sostenido en lo espontáneo, sino que se funda en la Revelación, que a su vez sólo alcanza su objetivo cuando suscita la fe.
Es la experiencia de fe, producida por el encuentro con Jesucristo la que anima y constituye la realidad de la Iglesia y, de algún modo, esta presencia creyente en el devenir histórico hace presencia de Dios mismo, Uno y Trino a través del tiempo. La mirada que en la Iglesia y a través de ella se hace inmanente se descubre entonces a la luz de la misma experiencia de fe como la total trascendencia.
Bajo estas características y centrando nuestra reflexión en el acontecimiento Cristo, nos surge entonces la pregunta precisa que nos vincula a este acontecimiento y a esta experiencia de fe que él suscita. Nos referimos a la intención de Jesucristo; la clara intención de formar una agrupación de seguidores que dieran cuenta y se convirtieran en sus testigos. La verdad es que el término ekklesía sólo aparece dos veces en el Evangelio (Mt 16,18 y 18,17), siendo probablemente un término de la primera comunidad y no del mismo Jesús. No obstante, la realidad ministerial de Jesús y la confesión creyente en el Resucitado nos conducen a la solicitud de sus primeros seguidores.
En primer lugar tenemos que decir que la Iglesia aparece en el Nuevo Testamento como la comunidad de los discípulos de Jesús encargada por él (Mc 16,15-20; Mt 28,16-20) de continuar su obra salvadora. Ya en la vida histórica de Jesús, este nuevo pueblo se va constituyendo a través de estructuras visibles.

Esto nos afirma que Jesucristo tuvo la conciencia de querer crear una nueva comunidad que se encontrara en continuidad-discontinua con Israel. La tradición evangélica más primitiva nos señala esta intención de Jesús (Mc 3,13) extendida posteriormente a los otros evangelios. Jesús señaló, al menos, determinados actos fundacionales durante el curso de su vida terrena, que no sólo dan cuenta de una intención de parte del mismo Señor, sino que se ve confirmada por la tradición pos-pascual. La Teología católica llama Actos fundacionales a los actos más relevantes del ministerio de Jesús que señalan esta realidad. No obstante reconoce la presencia de muchos otros. En esta ocasión destacaremos cuatro: El llamado a los discípulos (invitación al seguimiento), el Primado de Pedro, constitución de los doce e institución de la Eucaristía. La Iglesia fue tomando progresivamente conciencia de esta realidad.


1.1 La elección de discípulos: La predicación del Reino la asocia Jesús a la formación de una comunidad de discípulos. Estos seguidores de Jesús responden libremente a su llamada, de modo gratuito. De hecho entre quienes lo siguen hay algunos que lo rechazan o traicionan (Mc 10,17; Mt 10,4) Esto muestra la gratuidad y libertad del llamado. En todo caso la llamada de Jesús se da a distintos niveles:


  • Nivel general: todos quienes están dispuestos a acoger su mensaje. Ellos no tienen que abandonar su modo ordinario de vida, sino lo que les separa del Reino: Zaqueo, Marta, etc.




  • Seguidores más íntimos: el Maestro exige que lo dejen todo, lo sigan y les envía a predicar.




  • Los Doce, grupo escogido, que con Jesús forman una comunidad de vida y misión.

El hecho fundamental que tenemos aquí es que Jesús no se piensa solo, sino que se rodea de seguidores a quienes llama a compartir su ministerio.


1.2 La vocación de los Doce: Ya hemos dicho que Jesús desde el comienzo de su misión pública eligió discípulos. Entre estos, hay un grupo de 72 más cercanos (Lc 10,1). Pero sobre todo, se destaca el grupo de los Doce.
1 Co 15,3-5 es el texto más antiguo que se refiere a los Doce. Aparecen como un cuerpo o asamblea estable y diferenciada, que tienen un lugar de prioridad entre todos los seguidores de Jesús. Los Evangelios nos muestran cómo este grupo se remonta a una elección de Jesús histórico (Mc 3,13-19; Lc 6,12-17).


  • Aparecen como un grupo estable: se habla de los Doce, incluso cuando Judas ya no estaba entre ellos (Jn 20,2).

  • "Doce": Número simbólico que dice relación a las 12 tribus de Israel. La tradición bíblica así lo reconoce en Ap 21,9-14. Los apóstoles son los cimientos del Nuevo Pueblo de Israel, la Iglesia.

Ello muestra que fueron instituidos como una comunidad de vida y misión (a modo de colegio), y actúan como tal: A la muerte de Judas, lo primero será completar el número de Doce (Hch 1,15-26). Con esto queda claro que el grupo de los Doce constituye una institución pre-pascual, establecida por Jesús en su vida terrena: “instituyó a los doce para que estuvieran con él”, nos recuerda Marcos (Mc 3,13-14).


1.3 El Primado Petrino1: es claro que en las listas de los Doce, Pedro es nombrado en primer lugar (Mt 10, 2). Esto nos sugiere no sólo un llamado particular a Pedro sino que la misma Iglesia primitiva en el desarrollo de los escritos evangélicos reconoce esta primacía. Además debemos afirmar que Pedro:

  • Es el portavoz de los Doce: Responde en nombre de los Doce a la pregunta de Jesús (Mt 16,13). Las autoridades del templo lo reconocen como el jefe del grupo, etc.

  • Le son confiados poderes y prerrogativas especiales, atestiguados tanto por la tradición sinóptica (Mt 16,18 y paralelos), como por Jn (Jn 21,15-17).

  • Es el primer testigo de la resurrección dentro del grupo de los doce: Lc 24,34 y 1 Co 15,3.

  • Puesto reconocido en la comunidad pos-pascual: toma la iniciativa para completar el número de los doce y preside el Concilio de Jerusalén (Hch 15).

Al analizar más detenidamente el texto de Mt 16,16-20 (cf. paralelos en Mc y Lc) podemos fortalecer aún más esta idea:


v. 16: Confesión de fe de Pedro. Confiesa la mesianidad de Jesús: "el Cristo".

v.17: Resalta idea de elección: El Padre ha puesto en labios de Pedro la revelación acerca de Jesús.

v. 18: Cristo revela la identidad de Pedro, lo que queda demostrado con el cambio de nombre, que según la tradición bíblica se refiere a la misión.
Pedro es la piedra o roca: (Is 28,16) Yahvéh pondrá por fundamento en Sión una piedra escogida. En el Nuevo testamento es Cristo, piedra angular, la que goza de inamovilidad y firmeza. Pedro ahora participa de estas características.


  • Poder de las llaves: Abrir y cerrar el acceso al Reino de los cielos (Is 22,22), haciendo las veces de un mayordomo de palacio. Esa es su función con respecto al Reino.




  • Poder de atar y desatar: Aquí se refiere tanto al plano magisterial y de gobierno, como al de perdón de los pecados.

El primado petrino queda con esto fundamentado en su más puro origen, ya sea en el ministerio de Jesús como en la comunidad pos-pascual, que reconoce esta autoridad a él confiada. De otro modo no se comprendería tanta insistencia en los relatos del Nuevo Testamento en destacar su función y misión.

1.4 La Eucaristía: La Cena pascual anticipa sacramentalmente la Nueva Alianza sellada en el sacrificio de Cristo en la cruz, y al igual como la Antigua Alianza dio origen a un pueblo nuevo, la Alianza Nueva trae como consecuencia natural la gestación de un pueblo nuevo. Esto lo podemos afirmar de la siguiente forma:




  • Contexto Pascual: se conmemoraba la Antigua Alianza. Cristo va a cancelar la Antigua alianza e inaugurar la nueva.

"Esta es mi sangre de la alianza..." (Mt 26 y Mc 14).

Mateo indica que es para la remisión de los pecados.
Jesús está fundando una nueva comunidad, la de los salvados, que tendrán un carácter universal ("por muchos" Mt y Mc; "por vosotros" Lc y Pablo). Si en el Sinaí la sangre rociada en el altar y el pueblo (Ex 24,6) manifestaba la unión, aquí es la misma sangre de Jesús la que lo manifiesta. Esta Nueva Alianza no se forma por un acto jurídico sino mediante la participación en la misma vida de Jesús:


  • Esta nueva alianza dio origen al nuevo Pueblo de Dios. En los relatos de la Cena encontramos los rasgos esenciales de la comunidad mesiánica:

  • Visible y ministerial: Se instituye un rito y se confiere un poder para realizarlo a los Doce: "Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11,25). También implica la sucesión apostólica, pues el encargo se debe realizar "hasta que Él venga" (1 Cor 11,26).

Esto nos lleva a la conclusión que Cristo mismo bajo su ministerio entregado y confiado a la comunidad de creyentes, da cuenta también de una revelación particular en el designio salvífico. Dicho de otro modo, si la intención de Dios y por tanto de Jesús como el Cristo es la salvación de todos los hombres a través de la fe en Jesús, la Iglesia surge como una realidad eminentemente necesaria para que el acontecimiento de Cristo trascienda. La Iglesia se constituye en la totalidad del acontecimiento de Cristo.




1


 Puede ser interesante aquí recoger lo que señala el Papa Benedicto XVI acerca del primado de Pedro y la unidad eclesial. Cf. Ratzinger, J. La Iglesia, San Pablo, Madrid, 2005, pp. 43-67.



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