La experiencia de la nada



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SAMPRADAYA

( LOS NUEVE MAESTROS)



LA EXPERIENCIA DE LA NADA

Todos los caminos conducen a la irrealidad. Los caminos son creaciones dentro del ámbito del conocimiento. Por consiguiente, los caminos y los movimientos no pueden transportarle a la Realidad, porque su función es enredarle dentro de la dimensión del conocimiento, mientras que la Realidad prevalece antes de él.

Así pues, yo soidad y eseidad son términos que Maharaj usa generalmente en estas conversaciones, con el significado de estados de comprensión limitados, que se basan fundamentalmente en un sentido de identidad separada, sentido que resulta de tomarse a uno mismo por el cuerpo. Ellos son enteramente conceptuales. A menudo, Maharaj usa ambos términos intercambiablemente. Otras veces, dependiendo del énfasis que quiere transmitir, propone la eseidad como un estado algo superior, que surge sobre la trascendencia de la «yo soidad» y que equivale a la consciencia manifiesta. Maharaj se refiere también a la eseidad como consciencia o cognitividad, y, según él, es todavía el producto de los cinco elementos (enraizados en la materialidad). Así pues, afirma: «Este conocimiento “yo soy” o la “eseidad” es un manto de ilusión sobre lo Absoluto. Por consiguiente, cuando el Brahman es trascendido sólo el Parabrahman és, en el cual no hay el menor rastro del conocimiento “yo soy”». El estado de «eseidad» es evidentemente un estado incompleto, un estado de comprensión provisional, como se evidencia también en las siguientes palabras de Maharaj: «Los sabios y los profetas reconocieron la sensación de “ser” inicial. Entonces meditaron y moraron en ella y, finalmente, la trascendieron, resultando en su realización última».

Así pues, mientras que la «yo soidad», «eseidad» o «cognitividad», tiene una base somática, que surge a su vez de los elementos físicos, lo Absoluto es más allá de toda «fisicalidad» y ya no puede ser descrito. En lo Absoluto uno no tiene ningún instrumento para hacer ninguna afirmación. Lo que yo soy en el sentido absoluto, no es posible decirlo en palabras. En esa Presenciación última, nadie tiene ninguna consciencia de estar presente. La presencia misma no está en lo Absoluto.

Maharaj enseña que cuando se transciende la consciencia individual a la consciencia manifiesta universal, ésta reposa en lo Inmanifestado o Parabrahman, donde esta palabra significa «ese principio que fue inafectado por la disolución del universo, y que es un no-estado». Él también declara: «Por favor, aprehenda esto claramente, aprehenda que Usted, lo Absoluto —desprovisto de cualquier identidad al cuerpo— es completo, perfecto y lo Innacido». En su enseñanza, usted —en tanto que lo Absoluto— nunca tiene ni ha tenido ningún nacimiento. Todas las formas son un resultado del juego de los cinco elementos.

Este Parabrahman es más allá de la dualidad y de la no dualidad, puesto que es anterior al espacio y al tiempo (nosotros sólo podemos hablar propiamente de la dualidad o de la no dualidad dentro de la esfera físico-mental, es decir, dentro de la consciencia). Ello es lo Absoluto o el Sujeto Último, que uno es, pues ya no hay más nada ni nadie —ni siquiera la consciencia— para experimentarlo.

«Esta consciencia no es todo y no va a durar siempre. Encuentre cómo ha surgido esa consciencia, la fuente de la consciencia… ¿Qué es el cuerpo? El cuerpo es sólo una acumulación de alimento y agua. Por consiguiente, usted está separado de ambas cosas, tanto del cuerpo como de la consciencia».

«El Jivatman es el que se identifica con el cuerpo-mente como un individuo separado del mundo. El atman es sólo eseidad, o la consciencia, la cual es el mundo. El principio Último que conoce esta eseidad no puede ser nombrado. No puede ser abordado o condicionado por las palabras. Eso es el estado Último».




1. Maharaj Explica las Bases de la Enseñanza


La naturaleza de la consciencia tiene que ser comprendida. Esta consciencia sólo puede surgir en el cuerpo físico, y el cuerpo físico es la esencia de los cinco elementos1. Es debido a la asociación con el cuerpo físico por lo que hay sufrimiento. La mayoría de la gente que viene aquí no podrá aceptar este tipo de conocimiento, porque es de un nivel estrictamente fundamental. Pero algunas personas que se aplican y que pueden aceptar este punto de vista, comprenderán realmente. Estarán totalmente libres del impacto del dolor y de la infelicidad, si comprenden que éstos sólo pueden resultar de la consciencia que se ha identificado con el cuerpo físico y sufre como un individuo. En ese caso, el sufrimiento debe resultar inevitablemente. Pero, ¿qué es el individuo? Hay un cuerpo creado de los cinco elementos, y en ese cuerpo mora el soplo vital (prana) y la consciencia; es una unidad compuesta. Todas las formas vivas contienen el soplo vital y la consciencia. Y, aunque las formas son diferentes, todas ellas contienen los mismos elementos. Así pues, pregunto de nuevo: ¿Dónde se plantea la cuestión de un individuo? Básicamente, no hay ninguno. Y esta es mi enseñanza básica que tiene que ser aprehendida, pero sólo muy pocos comprenderán.

¿Qué es lo que nos interesa? Estamos tratando de la forma física que está hecha de los cinco elementos y que se alimenta de los cinco elementos. En esa forma están operando la fuerza vital (el soplo vital) y esta consciencia —es decir, el conocimiento «yo soy» o la sensación de ser, la sensación de la existencia. Esto último es la «senciencia», que es el regalo de la consciencia. Éste es el total que nosotros podemos percibir: el cuerpo, el soplo vital y la consciencia. Todas las formas están hechas de los mismos componentes. Así pues, ¿dónde se plantea la cuestión de un individuo? Por todas partes es esto, el individuo como tal jamás ha venido a la existencia. Y por esta razón no hay ninguna necesidad de identificarse uno mismo con nada. Sin embargo uno se identifica: la consciencia se identifica con el cuerpo, y de esta manera viene a la existencia el «individuo». Mientras esto sea un hecho, ese individuo no puede no sufrir. Y lo que yo soy… yo no soy ni el cuerpo, que es sólo los cinco elementos, ni la fuerza vital (el soplo) ni la consciencia que viene al cuerpo. Yo debo identificarme con la consciencia mientras el cuerpo esté aquí, porque forma una unidad con él. Pero en realidad, yo no soy ninguna de estas tres cosas. Mientras existe el cuerpo, yo soy la consciencia, que meramente presencia todo lo que está pasando. Cuando el cuerpo muere, la fuerza vital se va y se mezcla con el aire, y la consciencia se mezcla con la consciencia universal. Yo no soy nada esencialmente (identificable) en esta consciencia, puesto que sólo soy su presenciador. Y, lo que yo soy en el sentido absoluto, no es posible expresarlo en palabras. En esa Presenciación última, nadie tiene ninguna consciencia de estar presente. La presencia misma, no es en lo Absoluto.

Nadie que no esté interesado en el tema querría venir aquí. Así pues, se puede asumir que los que vienen aquí están vitalmente interesados en el tema y que han hecho su trabajo… así, la gente que viene aquí son todos jnanis. Pero, ¿cuántos de entre nosotros conocemos la naturaleza y la base de esta consciencia de que yo soy, que sólo existe mientras el cuerpo está aquí? Cada uno de nosotros debe decir «yo soy» y realizarlo. No hay ningún «tú», y no hay ningún «yo», como entidades individuales.

Cuando hay un desequilibrio en la sustancia del cuerpo, sobreviene la enfermedad. Pero cuando esa materia está en perfecto equilibrio, no hay ninguna enfermedad. ¿Cómo es eso?

La consciencia universal y la manifestación entera aparecen simultáneamente. La manifestación acontece porque la consciencia está aquí. Hasta que el pensamiento «yo soy» no estuvo aquí, no hubo ninguna manifestación; ambos sobrevinieron simultáneamente. Pero debido a que nosotros nos identificamos con el cuerpo en el que se manifiesta la consciencia individual —y para manifestarse la consciencia tiene que tener una forma— nace el «individuo» y ese individuo sufre.

Usted es esta consciencia. Y de esta consciencia nace el universo entero. Nosotros nos consideramos como individuos; y eso que es ilimitado, lo hemos limitado a una cosa insignificante. Lo infinito se ha reducido así a un simple cuerpo. Ése es todo nuestro problema.

Tenemos también esta pregunta: si es la misma consciencia universal lo que aparece en millones de seres humanos, ¿por qué actúan de maneras tan contrarias, creando todo tipo de caos? Si una mujer tiene diez hijos, todos han nacido de los mismos padres, pero ¿no actúan de maneras sorprendentemente contrarias? ¿Por qué es eso? Porque, aunque constituidos de los mismos cinco elementos básicos, la composición de cada individuo, que resulta de las diferentes proporciones —permutaciones y combinaciones— de estos elementos, es completamente diferente. Así, cada persona actúa de una manera diferente. O, para usar una analogía diferente, el metal puede ser el mismo, pero los propósitos para los que ese metal ha sido convertido en diferentes instrumentos son ampliamente diferentes, cada instrumento puede usarse para un fin particular. Así pues, los ingredientes son los cinco elementos, pero el objeto final, creado de las diferentes combinaciones de estos ingredientes, está sujeto a actuar únicamente según su composición.

El misterio del poder hipnótico de esta maya es que uno se identifica con el cuerpo. Y el mecanismo de este tipo de identificación no difiere de ninguna manera de la identificación de un trozo de piedra, o de algo creado de piedra, con Dios, y adorarlo sinceramente. En la medida en que eso funciona, todo está bien, y este tipo de adoración tendrá sus efectos normales en la consciencia. Pero a no ser que se comprenda la naturaleza de la consciencia, uno no podrá comprender su verdadera identidad. Así pues, una vez comprendida la naturaleza de la consciencia, usted comprenderá también que usted no es la consciencia. Nada que usted haya visto y comprendido, puede ser usted; usted, como sujeto, sólo puede comprender algo que sea un objeto, y usted está obligado a aceptarlo así. Todo lo que se comprende, todo lo que se ve, no es verdadero.

La consciencia nace de la inconsciencia; la inconsciencia es la fuente. Y eso también es nuestra experiencia. Este conocimiento «yo soy», esta consciencia, ha salido del estado anterior en el que no había ninguna consciencia. La consciencia es un estado que es ahora con nosotros y a causa del cual sufrimos; y antes de que viniera esta consciencia, prevalecía un estado en el que nosotros no éramos conscientes y que era un estado feliz.

No se trata de ningún esfuerzo hecho por nadie. Eso que es ha de comprenderse, es auto-efulgente. No necesita la ayuda de nadie para existir, y meramente ha de ser comprendido. Y cuando se comprende, también está claro que yo soy la aurora, que yo soy la tarde, que yo soy el anochecer, que yo soy la noche. Que yo soy lo bueno, que yo soy lo malo. Y lo que ha de comprenderse es que si la consciencia no está aquí, el mundo no está aquí. Y yo no soy la consciencia; yo soy aparte de ella. Aunque la consciencia es importantísima —pues si no hubiera ninguna consciencia no habría ningún mundo, no habría nada— sin embargo yo no soy eso.

Sí, un tremendo esfuerzo: ¡estar muy, muy quieto y no hacer nada! Ese es el esfuerzo, el esfuerzo que usted hizo cuando estaba en el seno de su madre durante ocho meses y en cuyo estado ni sus padres ni usted hicieron nada como tales. No se hizo ningún esfuerzo. Todo lo que creció, creció por sí mismo.

Desde la gota de semen en la concepción al crecimiento del niño, y su desarrollo posterior, ¿qué es lo que hizo posible este crecimiento? Ese principio mismo que, desde la ausencia del conocimiento, ha llevado a la presencia del conocimiento, esta «yo soidad», eso es lo que uno es y lo que debe ser comprendido.

Ese suceso espontáneo, esa consciencia que ha surgido de la inconsciencia.

Adorar a Dios y al gurú significa adorar sólo el conocimiento «usted es». Así pues, aférrese bien a ese principio, el conocimiento «yo soy», el conocimiento de que usted existe, y adórelo en el nombre de su gurú o de Dios.


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