La Edad Media piedra angular del mundo de hoy



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La Edad Media piedra angular del mundo de hoy

Aquiles Gay


Se llama Edad Media (medievo) un período de la historia europea que comienza con la caída del Imperio Romano en el año 476 (Siglo V) y se extiende hasta el siglo XV.

Se suele considerar como fecha de finalización de la Edad Media la caída de Constantinopla en poder de los turcos otomanos (1453). Pero en historia las fechas muchas veces son relativas, y algunos consideran que finalizó con el descubrimiento de América (1492), y otros con la invención de la imprenta (1440).

En la Edad Media se distinguen dos etapas, la Alta Edad Media que abarca los siglos V al X y la Baja Edad Media que abarca los siglos XI al XV.

En los primeros siglos de la Edad Media hubo: desórdenes, barbaries, y la destrucción de ciudades y rutas comerciales, como consecuencia de la conquista del mundo romano por tribus germánicas que se veían impelidas a desplazarse a Occidente como respuesta a la presión ejercida por los hunos procedentes de las estepas asiáticas. Pero en los últimos años del siglo VI, después de varios años de luchas internas, quedaron definidos sobre el área del antiguo Imperio romano de Occidente diversos reinos germánicos, entre los más importantes podemos mencionar el de los francos en la Galia (actualmente Francia), el de los anglosajones en Britania (la actual Gran Bretaña), el de los visigodos en Hispania (la península Ibérica), y el de los ostrogodos y los lombardos en Italia. Los invasores germánicos eran una minoría que impuso su dominio militar, pero con el tiempo adoptaron la lengua latina y la religión cristiana, y se fusionaron con las etnias locales dando lugar al nacimiento de nuevos Estados.

El estudio de este largo período abarca múltiples temas, en consecuencia es complejo y un enfoque amplio escapa al marco de este comentario. Por lo que en esta oportunidad nos limitaremos a analizar algunos aspectos parciales que nos aproximen al título de esta presentación, centrándonos en dos temas:


  • la "Sociedad" desde un enfoque filosófico-religioso;

  • la "Técnica-tecnología" como promotora de la artificialidad.

Hasta no hace mucho tiempo se consideraba la Edad Media como una época sombría de la historia europea, un período de oscurantismo y de estancamiento de las artes, las ciencias y la técnica, de una sociedad esclavizada bajo la autoridad del dogma. Pero recapitulando la historia de ese período constatamos que presenta múltiples facetas y hechos, que abren otras perspectivas.

Recordemos que en el siglo VI el emperador Justiniano I hizo de Constantinopla una de las ciudades más importantes del mundo, y en el siglo VIII Carlomagno (emperador franco), reunificó gran parte de Europa y fomentó la difusión del conocimiento.

Si bien a lo largo de todo el período medieval estuvo presente una fuerte hegemonía religiosa que identificaba a la religión cristiana con la verdad, lo que puso límites a pluralismos ideológicos y filosóficos, también hubo épocas muy fecundas en la vida intelectual, en el arte, en la ciencia y en la técnica.

A continuación anticipamos algunos acontecimientos importantes que tuvieron lugar durante la Edad Media y que iremos comentando en el desarrollo de la exposición:



  • La creación de las Universidades;

  • La construcción de las catedrales góticas;

  • El comienzo del reemplazo sistemático, en la estructura productiva, de esfuerzos físicos o musculares del ser humano como fuente de energía mecánica, por la máquina (los molinos);

  • La invención del reloj mecánico (máquina que nos ha convertido en sus esclavos);

  • La invención de la imprenta;

  • La invención de la collera, para el mejor aprovechamiento del caballo como animal de tiro;

  • El herrado de los caballos;

  • La invención de la rueca;

  • Las obras de Dante (1265–1321); Petrarca (1304–1374); Brunelleschi (1377–1446); etc.

Ahora volviendo a los primeros siglos de la Edad Media, lo que se planteó como una decadencia de la civilización fue compensada por los árabes, que podemos considerarlos maestros del mundo latino de la época.

A partir del siglo VIII, y durante un largo período, el mundo musulmán se convirtió en el foco de la filosofía, la ciencia, la medicina, la educación, etc. Ciudades como Bagdad, Córdoba y otras, fueron centros intelectuales de avanzada. Grandes obras de la antigüedad clásica fueron traducidas al árabe y posteriormente al latín. En esa época ni Platón, ni Aristóteles, ni Arquímedes, fueron traducidos directamente del griego al latín.

La civilización latina fue indiferente frente a la filosofía y a la ciencia. El romano se interesaba por cosas prácticas, las construcciones civiles, la arquitectura, la agricultura, el derecho, la política, etc., pero no por la ciencia ni tampoco mucho por la filosofía, si bien la legislación romana tenía bases filosóficas, pues planteaba principios abstractos de derecho.

La filosofía y la ciencia griegas entran en la Europa medieval en los siglos X, XI y XII a través de los árabes que habían comenzado a tomar contacto con el pensamiento griego en el siglo VII cuando conquistaron Siria, Persia y la Mesopotamia.

En el movimiento cultural árabe de la época la obra de Aristóteles ocupaba un puesto central, pero como la visión del universo de Aristóteles se enfrentaba con la visión religiosa y revelada del Corán, los custodios de la teología ortodoxa musulmana terminaron rebelándose y rechazando la filosofía por su actitud antirreligiosa. Este hecho, sumado a las invasiones de turcos y mongoles en el siglo XIII, terminó desmantelando la cultura árabe de la época.

El mundo árabe después de haber transmitido al Occidente latino la herencia clásica que había recogido, la perdió, y la antorcha de la ciencia y la filosofía pasó a los latinos.

Volviendo al Impero Romano, cuando éste cae por la invasión de los germanos, queda en pie la Iglesia, una institución que permanece como entidad espiritual y se convierte en lazo de unión entre los restos del Imperio y los nuevos Estados que van surgiendo.

Los monasterios cristianos, siguiendo un proceso que había comenzado en el siglo IV continuaron extendiéndose, y debido a que eran lugares que facilitaban la lectura y el estudio, pasaron a ser los reductos del conocimiento. En la época, la educación, que por lo general sólo se impartía en los monasterios, se enfocaba para servir a los intereses religiosos, pero fue valiosa pues permitió la preservación y la transmisión de la filosofía antigua.

Si bien los primeros padres cristianos fueron hostiles a la filosofía, sus continuadores encontraron en la filosofía un instrumento de razonamiento para intentar comprender los misterios revelados.

Surge así una relación entre religión y filosofía, entre fe y razón que pasará a ser una de las grandes preocupaciones intelectuales de la Edad Media.

La contraposición entre fe y razón fue un eje del pensamiento medieval. Las pruebas de la existencia de Dios y la primacía del alma fueron temas prioritarios.

La fe entra a dialogar con la razón, pero teniendo siempre presente la subordinación de la razón a la fe. La síntesis entre fe y razón pasa a ser uno de los temas fundamentales del pensamiento filosófico medieval

Dentro de este contexto Platón y Aristóteles entran en la filosofía medieval.

Platón fue la base filosófica del alto medievo, pero en los siglos IX y X se produce, un declive del idealismo de Platón y se asiste al surgimiento de una filosofía basada en Aristóteles, en otras palabras basada en la preeminencia de los sentidos, en la observación y la experiencia.

Los escritos de Aristóteles habían llegado a occidente vía España, a través de los árabes, pero en principio aparecían como incompatibles con la idea de la religión revelada, por lo que la ortodoxia religiosa condenó a Aristóteles y las autoridades eclesiásticas llegaron, en 1210, a prohibir su lectura, y sobre todo prohibir el estudio de las obras de Aristóteles.

Pero a fines del siglo XII surgió "La Universidad", una de las grandes creaciones del medievo. Este fenómeno que se generó sobre todo en Bolonia y en París (en cada una con características propias), se extendió rápidamente a varias otras ciudades, y es allí donde se difunde Aristóteles. El medio en el que se propaga el aristotelismo, era un ambiente integrado por personas ávidas de saber, y no era el mismo que el de las doctrinas platónicas medievales.

Teniendo en cuenta la condena de la ortodoxia religiosa hacia Aristóteles, muchos filósofos cristianos de la Edad Media buscaron repensarlo en un sentido nuevo compatible con el dogma religioso. Uno de ellos, Alberto Magno (1193-1280), introdujo en las universidades las ciencias griega y árabe, y fue de los primeros en articular los textos aristotélicos con la fe; pero fue su discípulo, Tomás de Aquino (1225-1274), quien cristianizó a Aristóteles, a tal punto que su doctrina (el tomismo) fue el pensamiento oficial de la iglesia durante muchos siglos y Aristóteles pasó a ser base de la enseñanza en occidente (ambos eran dominicos).

Santo Tomás separó, la teología que se basa en la revelación, de la filosofía que depende de la razón, y buscó delimitar los respectivos dominios de la fe y la razón, subordinando esta última a los principios de la revelación. Sin embargo la razón adquirió una identidad propia, un sentido natural y terreno que no había tenido en las concepciones de anteriores pensadores..

La teoría del conocimiento de Tomás de Aquino comienza con la experiencia sensible y termina con la abstracción, con la cual llega al conocimiento de lo universal.

Volviendo a las diferencias entre platónicos y aristotélicos cabe mencionar que la actitud espiritual del aristotelismo está orientada al saber científico y se caracteriza por la pasión del estudio, pero no al estudio del alma como en los platónicos medievales, que buscaba a través del alma conocer a Dios, sino al estudio de la naturaleza, de las ciencias naturales.

Así como la filosofía platónica medieval se centra en la noción de alma, la filosofía aristotélica se centra en la de la naturaleza, pero teniendo en cuenta que la naturaleza humana comprende tanto el cuerpo como el alma.

Los aristotélicos buscan demostrar la existencia de Dios a través de la lógica del pensamiento. Para ellos la facultad de abstracción, la capacidad de pensar abstractamente es la que le permite al ser humano hacer ciencia y lo distingue de los animales.

El platonismo fue un instrumento de la iglesia durante período de consolidación de la fe cristiana y los dogmas, mientras que el aristotelismo fue quién guió su explicación y organización.

En ese contexto se desarrolla, entre los siglos IX y XV, la "escolástica" que fue la corriente teológico-filosófica dominante del pensamiento medieval, y se basaba en la coordinación entre fe y razón, planteando siempre la sumisión de la razón a la fe (la filosofía es esclava de la teología). Para la escolástica todo pensamiento debía someterse al principio de autoridad (Magister dixit - lo dijo el Maestro).



El apogeo de la escolástica tuvo lugar en el siglo XIII, y coincide con el gran desarrollo de las universidades. Además en la época habían surgido las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos) de donde proceden la mayoría de los teólogos y filósofos de la época. Los dominicos asimilaron la filosofía de Aristóteles y los franciscanos tendieron el platonismo que era más armonizable con los dogmas cristianos.

Dentro de ese marco filosófico en el siglo XIV los franciscanos empiezan a cuestionar la escolástica y sus excesivas abstracciones. Sus máximos representantes en la época son Juan Duns Scoto (1266-1308) y Guillermo de Ockham (1285-1349). Duns Scoto se proclama campeón de la razón contra la autoridad (a la que cuestiona duramente); y dice, la autoridad deriva de la razón y no la razón de la autoridad, pero una razón impregnada de fe; y renuncia a dar justificaciones racionales a las verdades de la fe, estableciendo la separación entre razón y fe.

Según Duns Scoto la fe no podía llegar a ser comprendida por la razón, de manera que la filosofía debía separarse y ser independiente de la teología. Uno de sus discípulos, Guillermo de Ockham, lleva más lejos este desarrollo, antepone lo concreto a lo abstracto, y establece la base de lo que sería más adelante el método científico, postulaba que era necesario eliminar todo aquello que no fuera evidente y dado en la intuición sensible, y antepone lo concreto a las abstracciones. El único conocimiento posible ha de basarse en la experiencia. La teología no es una ciencia ya que supera los límites de la razón.

Entre las grandes figuras de los franciscanos de la época merece mencionarse a Roger Bacon (1220-1292), que fue defensor de la ciencia experimental y estableció pautas a seguir en lo que se conoce como el método científico: un ciclo repetido de observación, hipótesis, experimentación y verificación. Bacon fue uno de los precursores de Galileo Galilei.

Después de Ockham la filosofía se separa de la teología y la ciencia comienza su camino autónomo.

La profundización de la brecha entre razón y fe fue dejando paso a una mayor autonomía de la razón, que conduce a la crisis de la Escolástica (siglos XV y XVI) y a la independencia de la razón. A partir de entonces occidente entró en la era de la razón, lo que marca el inicio de la filosofía moderna.

Se cierra la Edad Media y comienza el Renacimiento.

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Teniendo en cuenta que Dios era una de las preocupaciones básicas presente en la edad media, las iglesias fueron un tema al cual, cuando la situación económica y el crecimiento de las ciudades lo permitió, se le asignó mucha importancia, y esto fue a partir del siglo XI. Es entonces cuando casi todos los países de Europa, pero sobre todo Italia, Francia, Alemania y España, comenzaron a reconstruir sus iglesias o a construir otras nuevas.

Las catedrales del siglo XI y muchas del siglo XII, construidas en piedra para minimizar los riesgos de incendio, eran de estilo románico, en forma de basílica rectangular o de cruz, con un techo abovedado.

Debido a que las bóvedas de piedra eran sumamente pesadas, las iglesias románicas exigían pilares y muros masivos para soportarlas. Esto dejaba poco espacio para las ventanas, lo cual las hacía oscuras en su interior.

Pero en el siglo XII surge otro sistema constructivo que se perfeccionó en el siglo XIII, las catedrales góticas, que posiblemente sea el más brillante triunfo artístico de la Baja Edad Media.

Dos innovaciones fundamentales están presentes en las catedrales góticas. Por un lado el reemplazo de las bóvedas cilíndricas de las iglesias románica por un combinación de arcos ojivales (arcos apuntados) y bóvedas de crucería o de nervaduras, lo que permitió que las iglesias góticas fuesen más altas, creando una sensación de movimiento ascendente, una sensación de ingravidez vertical; y por otro contrafuertes externos unidos a los muros mediante arbotantes, en vez de gruesos muros con contrafuertes adosados exteriormente al muro. Por lo tanto, las catedrales góticas se construyeron con muros delgados que se complementaban con magníficos vitrales, lo cual creaba un juego de luces en su interior.

La primera catedral enteramente gótica fue la iglesia de la abadía de Saint-Denis, cerca de París que se construyó entre 1os años 1140 y 1150.

A mediados del siglo XIII la arquitectura gótica, que nació en Francia, se había diseminado en casi toda Europa, pero fundamentalmente en Inglaterra, España y Alemania. Los ejemplos más brillantes del gótico en Francia son las catedrales de París (Notre Dame), Reims, Amiens y Chartres.

Las catedrales góticas, que eran de piedra, suponían el trabajo de una comunidad completa. Arquitectos, ingenieros y maestros albañiles diseñaban las catedrales y supervisaban el trabajo de construcción. A los albañiles y artesanos se les pagaba un salario diario. Estas construcciones fueron las primeras estructuras monumentales importantes construidas por una mano de obra libre y asalariada.

El vocablo "gótico" procede de la palabra "godo", calificativo de los invasores del Imperio romano, y fue inventada en el Renacimiento con un sentido despectivo para denominar un arte que consideraban bárbaro (el arte de los godos).

Durante mucho tiempo se conjeturó que la arquitectura gótica había nacido en Alemania a las orillas del río Rin y era característica del genio germánico, pero los datos históricos demuestran que nació en el norte de Francia a principios del siglo XII.

La revolución arquitectónica presente en las catedrales ponía en evidencia la capacidad de ingenio, habilidades y conocimientos técnicos subyacentes en las comunidades de la época, y que se manifestaban en muchos desarrollos técnicos.

Teniendo en cuenta que las comunidades del período medieval eran eminentemente agrícolas los desarrollos técnicos también estuvieron orientados a mejorar el trabajo del campo donde comienza a usarse ampliamente el caballo, pero para esto se introduce la collera, antes se usaba el arnés de yugo, concebido para los bueyes y que se acomodaba muy bien a éstos pero no a los caballos pese a una modificación consistente en una banda fijada al yugo y que rodeaba el vientre y el cuello de la bestia. Cuando el caballo se esforzaba por tirar para adelante esta banda tendía a asfixiarlo y a impedirle la libre circulación de la sangre.

El arnés moderno, cuyo uso en Europa podemos remontarlo al siglo XII, consiste en una collera rígida y almohadillada que colocada en el cuello del animal se apoya en sus huesos permitiéndole la libre respiración y circulación de la sangre. Como consecuencia el caballo desplaza en muchos casos a los bueyes en tareas propias de la agricultura. También se soluciona el problema del desgaste del casco de los caballos al inventarse la herradura.

Se podrían mencionar muchos otros hechos técnicos que tuvieron lugar en el medievo (la invención de la rueca, la invención de la ballesta, el uso del estribo, armaduras más firmes, mejores escudos y espadas, etc.), pero lo más importante, y que cambió el curso de la historia de la civilización, fue la introducción del molino en la estructura de producción, pero no sólo para moler granos, como lo sugiere su nombre, sino el molino como fuente de energía mecánica para accionar mecanismos: sierras para cortar maderas, fuelles de fraguas, martinetes, bombas de agua, dispositivos bielas-manivela, etc.

Los primeros molinos que se utilizaron fueron los de agua y más tarde los de viento.

Desde el punto de vista del desarrollo técnico la Edad Media marca una etapa clave pues señala el comienzo del uso sistemático de energías alternativas para reemplazar la humana y la de los animales. Esto fue el germen de ese fenómeno característico del mundo actual, la mecanización, que abarca no solamente las actividades productivas sino también las de la vida cotidiana, hoy la mecanización ha llegado al hogar.

Hasta esa época, salvo casos particulares, las fuentes principales de energía eran: el trabajo humano (en general el de los esclavos) y el de los animales (en muchos casos mal aprovechado).

La Edad Media marca un cambio de rumbo en este campo y en Europa comienza el aprovechamiento amplio y sistemático de otras formas de energía. El desarrollo de la Europa medieval está íntimamente vinculado a este acontecimiento.

Analizaremos este hecho, el empleo de la máquina (el molino), pero no las causas que lo motivaron que merecen un estudio con profundidad; simplemente a título de comentario mencionaremos algunas: por ejemplo hay quiénes plantean que la causa principal de la introducción de la máquina fue la falta de mano de obra, posiblemente por la desaparición de la esclavitud o como consecuencia de las pestes, otros sin embargo consideran insuficiente este argumento y hablan más bien de un cambio de mentalidad frente a una nueva realidad, habría que tener en cuenta, por ejemplo, el abandono de una actitud mental (la aceptación de fuerzas inviolables a las que el ser humano debía someterse y que le impedían pretender dominar las fuerzas de la naturaleza; recordemos que para muchos se consideraba ofensa sagrada todo intento de afectar el orden de la naturaleza), o el ideal del conocimiento desinteresado, característico de los griegos, o la falta de conocimientos técnicos suficientes, etc. El tema es complejo y su estudio escapa del marco de este comentario, nosotros nos remitiremos al hecho en sí, el empleo generalizado de la máquina (en la oportunidad los molinos de agua y de viento) en la actividad productiva, y sus consecuencias.

Si bien la rueda hidráulica (molino de agua) había aparecido en el Cercano Oriente un siglo antes de Cristo (Vitruvio hace una descripción detallada de un molino hidráulico allá por el año 16 antes de nuestra era) y el molino de viento en Persia probablemente en el siglo IX o X, la antigüedad clásica hizo un uso limitado de los mismos. Hay que esperar hasta el medievo para que los molinos (tanto de agua como de viento) entren a formar parte integrante de la estructura productiva.



En Inglaterra había 5624 molinos de agua en actividad a finales del siglo XI.

Los molinos de agua se conocían en Europa ya en la época de los romanos, pero su uso no estaba muy generalizado y prácticamente se reducía a la molienda de granos, de allí el nombre con el que generalmente se lo conoce (molino), pero el ingenio humano amplió sus posibilidades y rápidamente entró a formar parte de la estructura productiva como fuente de energía mecánica en otras actividades entre las que podemos mencionar la fabricación de papel, y el abatanado de la lana (proceso consistente en golpear la tela en agua para encogerla y compactarla y aumentar así su resistencia).

En los siglos XIII y XIV se los utilizó también para accionar fuelles y martinetes de forja, para mover sierras, piedras de afilar, etc. y más adelante, a partir del siglo XV en el accionamiento de bombas para el drenado, de máquinas de trefilar, etc. y como fuente de energía en las industrias textil y papelera.

Es decir que en Europa comienza, por primera vez en la historia humana, el reemplazo sistemático de actividades físicas o musculares del ser humano o de los animales por la máquina (el molino) y como consecuencia la mecanización de las actividades productivas, un hecho histórico, pues si bien la antigüedad conoció las máquinas no las utilizó sistemáticamente para simplificar el trabajo humano e hizo un uso restringido de las mismas. Este hecho histórico marca una ruptura con el mundo tradicional y el comienzo de la gestación del mundo actual.

Esta ruptura con el mundo tradicional la pone de manifiesto Cervantes cuando narra el episodio del hidalgo caballero Don Quijote frente a los Molinos.

Don Quijote, un defensor de la civilización de la caballería, una civilización en retirada frente al avance de la técnica, se encuentra con los molinos, los asume como lo que son, la representación de la técnica, y en su locura busca destruirlos diciendo «es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra». El supuesto idílico romanticismo de la caballería andante se enfrentaba con el pragmatismo de un nuevo mundo que nacía gestado por la técnica; el caballero con su lanza en ristre poco o nada podía hacer frente a los desarrollos técnicos (por ejemplo las armas de fuego).

Posiblemente con ese episodio Cervantes quiere dejar constancia que a la España de su época le costaba aceptar este nuevo mundo que rompía con el mundo tradicional, y buscando caricaturizar la situación califica a los molinos (es decir a la técnica) como cobardes y viles criaturas.

El proceso de mecanización de las actividades productivas promovió una importante evolución de la técnica, por ejemplo: el desarrollo de los molinos trajo aparejado el desarrollo de muchísimos mecanismos conexos (ruedas dentadas, bielas, rodamientos, etc.).

Esta etapa histórica podemos caracterizarla como La Revolución Técnica del medievo.

Es interesante destacar que este proceso de mecanización fue un fenómeno típicamente europeo que no se dio en otras partes del globo.

Ahora bien, los molinos tenían una fuerte presencia en la vida cotidiana y sus mecanismos internos estaban a la vista de todos, no estaban vestidos, estaban desnudos, nada los ocultaba.

Para el ciudadano europeo de esa época la presencia de engranajes, balancines, rodamientos (rulemanes), dispositivos mecánicos, etc., no era algo extraño, como podría haberlo sido para los habitantes de otros países del mundo en los que no existía la máquina como fuente de energía mecánica.

La presencia de estos dispositivos fue generando una cultura técnica que posibilitó que con el tiempo el europeo desarrollara e inventara una serie de artefactos como la hiladora y el telar mecánico, la máquina de vapor, las máquinas herramientas, etc. Desarrollos e inventos que no tuvieron posibilidad de concretarse en otras partes del mundo, no porque sus habitantes no fueran inteligentes, sino tal sólo por que carecían de cultura técnica.

Esta serie de invenciones llevó a la Revolución Industrial (período 1760-1830), uno de los más grandes cambios cualitativos en la vida de la sociedad humana.

Durante este período surge el término "tecnología", al que podemos definir como el resultado de relacionar la técnica con la ciencia y con la estructura económica, sociocultural y productiva a fin de brindar respuesta a problemas sociales.

La actividad técnica durante la Edad Media fue intensa, algunos de los inventos que tuvieron lugar durante ese período sentaron bases del mundo moderno, por ejemplo el reloj mecánico, la máquina más compleja de la época, hizo su aparición en el siglo XIII.

La invención del reloj mecánico marca una importante ruptura con el mundo natural, a partir de entonces ya no será más la salida del sol o el canto del gallo lo que señalará el comienzo del día, sino el reloj, que además condicionará el ritmo de todas las actividades cotidianas.

Con el tiempo el ser humano pasó a ser esclavo del reloj.

En el campo de la cultura otra gran creación del medievo fue la imprenta de caracteres móviles (1440), que provocó la expansión del conocimiento y como consecuencia grandes transformaciones en la estructura social. Como corolario el ser humano se libera de ataduras dogmáticas y científicamente comienza a cuestionar planteos teológicos.

Los logros técnicos del medievo hicieron que el europeo comenzara a tomar conciencia de su capacidad para utilizar y hasta dominar fuerzas de la naturaleza, lo que le acrecentó la confianza en sí mismo y mentalmente comenzó a superar una sensación de sujeción, de subordinación, casi podríamos decir de obediencia y de respeto frente al mundo natural en el que está inmerso, y a sentirse dueño de sí.

El desarrollo técnico amplió el alcance de sus posibilidades y comenzó a perder la noción de límite, tanto en sus aspiraciones como en el campo del dominio de la naturaleza1 y en la utilización de los recursos naturales (fundamentalmente en lo referente a los no renovables) y a entrever la posibilidad de ser el constructor de un nuevo mundo, un mundo artificial hecho a su medida.

En pocos siglos logró materializar en parte sus utopías y construir ese mundo artificial en el que hoy vivimos, un mundo tecnológico cuya gestación comenzó en el medievo con la introducción sistemática de la máquina en la estructura social.

Hoy la vida cotidiana transcurre en un mundo más artificial que natural, un mundo construido por el ser humano en sus ansias por mejorar la calidad de vida.

La artificialidad enmarca lo humano.

Como consecuencia de los logros técnicos y los cambios socioculturales que comenzaron en el medievo, se fue gestando un SER HUMANO NUEVO (con mayúscula) que comenzó a considerarse dueño de sí y del mundo y ser el centro referencial de todo, y al que ya en algunos campos lo encontramos en el medievo, por ejemplo en el de la literatura, donde podemos mencionar a Petrarca que coloca en el centro del mundo no a Dios sino a su Laura, o a Dante que, asumiendo un papel de autoridad divina se arroga el derecho de juzgar a sus contemporáneos, o en el de la pintura, en donde se comienzan a representar personajes de la vida real, seres humanos de carne y hueso y no solamente escenas y personajes religiosos.

La concepción teocéntrica de la vida comienza a convertirse en antropocéntrica. Podemos decir que se asiste a la recuperación del antropomorfismo greco-latino.

Este SER HUMANO NUEVO se hace presente en ese fenómeno monumental de la humanidad llamado Renacimiento, movimiento polifacético (artístico, intelectual y también técnico) que simbólicamente lo coloca en el centro del universo, le asigna un lugar que estaba reservado a Dios, y lo considera el referente de todo.

Durante el medievo, en el centro del mundo estaba Dios, en el Renacimiento estaba el ser humano.

El desarrollo técnico del medievo, que desempeñó un rol importante en el surgimiento del Renacimiento, contribuyó a cambiar la faz del mundo. Podemos decir que nació un mundo nuevo, al que se lo consideró como puesto al servicio del ser humano y factible de dominarlo. La expansión geográfica de la civilización occidental, desde su cuna Europa, hacia prácticamente todo el planeta, si bien respondió a consideraciones de orden político, social, económico, etc., fue factible gracias a los adelantos técnicos que permitieron el gran despliegue de poder y de eficacia que posibilitó a Europa imponer su poderío.

El camino recorrido hasta nuestros días ha abierto panoramas totalmente nuevos y hoy la tecnología es el componente más importante de nuestra vida, fundamentalmente por el confort que nos aporta en la vida cotidiana, pero también puede llegar a ser una Espada de Damocles sobre el presente y el devenir de la humanidad si no se toma suficiente conciencia de que la naturaleza (incluyendo la vida) es una estructura en donde cada acción compromete el equilibrio del todo (tanto lo social como lo personal). El desarrollo tecnológico debe ser la salvación del ser humano y no su condena, pero para esto no se debe ver al mundo como una abstracción numérica, como un mecanismo, sino como un organismo, como un todo biológico que merece nuestro respeto.

La contaminación del medio ambiente, resultado no sólo de la actividad industrial, sino también de nuestro modo de vida, forma parte de esa Espada de Damocles.

Como corolario podemos plantear, que el ser humano del mundo de hoy (del mundo desarrollado), que concibe a la naturaleza como puesta a su servicio, es consecuencia del desarrollo técnico-tecnológico que comienza en el medievo, ese ser humano nació en el Renacimiento después de haber sido gestado en el medievo, alcanzó su pubertad durante la Revolución Industrial, y hoy ya maduro debe recapacitar, abandonar su posición de dominador y dueño del mundo y dejar paso a otro ser humano, más solidario no sólo con sus congéneres, sino con todo lo que lo rodea, más respetuoso de la naturaleza, menos pagado de sí mismo, casi podríamos decir un ser humano con minúscula (en el sentido que se asuma como una parte más del sistema socioecológico que integra).



1 Recordemos que el tema del dominio de la naturaleza ya figuraba en el antiguo testamento, donde leemos: "27Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28Dios los bendijo, diciéndoles: Sed fecundo y multiplicaos; llenad la tierra y dominadla; señoread sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo viviente que se mueve sobre la tierra."(Génesis – Primer relato de la creación).



Aquiles Gay


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