La cultura y la dominacion



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  1. LA CULTURA Y LA DOMINACION



SOBRE LO POSIBLE

PÁG. 3- SOBRE LA ESENCIA Y LA APARIENCIA (O POR QUÉ LLAMARNOS HAGAMOS LO IMPOSIBLE

PÁG. 5- EL HOMBRE Y SUS LÍMITES (O SOBRE EL SUJETO COLECTIVO)

PÁG. 6- VOLUNTAD Y CIRCUNSTANCIAS (O SOBRE LA PRAXIS)

PÁG. 8- DIOS HA MUERTO... ¿Y? (O SOBRE LA MORAL)

PAG. 11- ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE TRABAJO CULTUBA­RRIAL? (O SOBRE LA INDEPENDENCIA DEL ESTADO)



SOBRE HACER LO IMPOSIBLE

PÁG. 13-SOBRE LA CULTURA Y LA POLÍTICA (O SOBRE LA DISPUTA CULTU­RAL)

PÁG. 16-CONTINUIDAD DE LOS PARQUES (O QUÉ LA GARANTIZA)

PÁG. 18-ENEMIGO EN CASA (O SOBRE EL SENTIDO COMÚN)

PÁG. 20-RICARDO ARJONA Y LA CUESTIÓN DEL AMOR (O REFLEXIONES SOBRE LA IDEOLOGÍA)

PÁG. 22 LA HEGEMONÍA DE AYER Y DE HOY (O SOBRE LA CULTURA Y LA NACIÓN)

PAG. 25 -¿SOBRE EL AÑO BISIESTO Y LAS CORTINAS DE HUMO (O RE­FLEXIONES INICIALES SOBRE LA DEMOCRACIA)

SOBRE LA ESENCIA Y LA APARIENCIA (O por qué llamarnos Hagamos Lo Imposible)
Hacer lo imposible a simple vista pareciera ser algo imposible. Hasta este punto estemos de acuerdo porque ahí, escondida, está la cuestión. ¿Cómo hacer algo que no es posible hacer? Hay una realidad inmediata gobernada por un sentido común reproductor y de corto alcan­ce. Dentro de esta realidad inmediata vivimos, es decir, comemos, miramos la tele y golpe de Estado en Ecuador, pasamos por al lado de un hombre que vive en la calle, volvemos a casa, nos quejamos de lo mal que anda todo, diva­gamos un poco sobre un posible futuro mejor y lo descartamos por imposible. El mecanismo está aceitado y eso garantiza la dominación. Quienes planean una sociedad distinta son ro­mánticos, jóvenes, buenos tipos pero vos viste como es, terroristas, ultra izquierdistas, into­lerantes o gente bien intencionada “a pesar de sus ideas”.

Las proyecciones de una sociedad mejor son solo eso, proyecciones, ideas que no salen de lo abstracto. Naturalmente, la realidad cotidia­na -el objeto, educador- va a ser más efectiva que un par de libros esclarecedores. Ahí está el secreto de la clase dominante: ellos cuentan con el sentido común, con las costumbres que garantizan la reproducción de las relaciones actuales, con todos los mitos y frases perversas que llenan de autoridad hasta a el más igno­rante de los individuos de esta tierra: “siempre hubo ricos y pobres”, “el ahorro es la base de riqueza”, etc., etc., etc. Todo esto sin olvidar sus ejércitos y su violencia organizada.

Ahora pensemos en la tesis cuatro sobre Feuer­bach. Marx nos dice “Su cometido (el de Feur­bach) consiste en disolver el mundo religioso, reduciéndolo a su base terrenal. No advierte que, después de realizada esta labor, queda por hacer lo principal. (…) lo primero que hay que hacer es comprender ésta (la base terre­nal) en su contradicción (en términos teóricos) y luego revolucionarla prácticamente elimi­nando la contradicción1 .” Marx le reprocha a Feuerbach su sobreestimación de la crítica teórica, “vos descubriste que Dios no exis­te pero la gente se sigue levantando todos los domingos a las 10:00 para ir a la iglesia”. Es decir, conocer la contradicción no la resuelve, no la hace desaparecer; o más oportuno aún: descubrir que una sociedad distinta es posible no la construye, en la actualidad sigue siendo imposible un futuro mejor. Sólo en nuestro en­tendimiento teórico podemos descubrir que la realidad la hacemos nosotros y que por lo tanto podemos hacerla de manera diferente.

Este descubrimiento, que la realidad objetiva es algo creado por los hombres organizados de cierta manera, demuestra que otro tipo de orga­nización deviene otro tipo de realidad objetiva. Por lo tanto que lo objetivo es social, depen­de de la praxis, y no es algo acabado que nos es ajeno. Este descubrimiento no modifica en nada la realidad social. Ahí el enojo de Marx.



1 Marx, Carlos – “Tesis sobre Feuerbach” (1845)[IV]

Es preciso que la acción de los hombres trans­forme prácticamente esa realidad para que la crítica sea real y no metafísica. Si Feuerbach hubiera querido que los cristianos hagan tra­bajo barrial los domingos a la mañana porque “total Dios no existe” y que falten a misa, eso era imposible, porque la realidad objetiva era otra, la verdad como ínter subjetividad era otra.

Entonces, en apariencia la realidad se nos presenta cosificada, como algo dado, como si siempre hubiera sido así; algo histórico se vuelve natural, es imposible modificarlo, una autopista es una autopista más allá de nosotros (de quienes la construimos) y tenemos que pa­gar peaje porque sí. El estudio nos ha permiti­do descubrir que en esencia (en última instan­cia) la realidad la crean los hombres, nosotros mismos, por lo tanto la podemos modificar. Esto significa que para hacer lo imposible es necesario ser realista, sobrepasar los límites de lo inmediato, lo espontáneo. Pero la esencia no niega la apariencia, seguimos operando en este mundo con estos hombres, en este mundo que se nos presenta inmodificable. No vivamos en el entendimiento teórico ni en la práctica pura. Acción y reflexión son dos caras de la misma moneda, la moneda de la transformación. Nin­guna de las dos sirve en sí misma, deben estar hábilmente relacionadas. Ahí está la praxis re­volucionaria que debemos aprender.

Ahora pongamos un ejemplo, podríamos de­cir que la frontera entre Turquía y Grecia es ficticia, no existe, no hay nada físico que divi­da estos dos países. Se trata más bien de una convención, de algo que todos aceptamos por­que está dado, pero que no cuestionamos. Sólo funciona porque todos coincidimos de manera “espontánea” en que así sea, ahí está la cues­tión. Un iluminado podría decir que descubrió que esa frontera es ficticia que no hay nada que divida ambos territorios; pero ese iluminado no podría cruzar la frontera, porque sino iría preso. Entonces, objetivamente (entendiéndo­lo socialmente) esa frontera existe, porque sea como sea no se puede cruzar (dentro de los pa­rámetros de la legitimidad). La cuestión no es militar con la esencia ni con la apariencia, sino con ambas en relación. Si un vecino del barrio se organiza y obtiene algunos recursos pero la plata este mes no le alcanza uno le podría de­cir: “Sí, esto tiene que ver con la crisis mun­dial, los mercados de las tres potencias (Esta­dos Unidos, Europa y Japón) están en receso, con lo que su demanda disminuye muchísimo. Esto no nos afecta de manera directa porque nosotros estamos más ligados a las economías asiáticas, pero... ¡No! ¿qué digo?, esto tiene que ver con el capitalismo mismo, con un sis­tema irracional que tiende a que la tasa de ga­nancia descienda progresivamente debido a la relación entre el capital invertido constante y el variable, y esto ocurre desde hace 200 años señora, mire usted, hace 200 años. Lea el capí­tulo XIII del tomo III de El Capital.”; viéndolo desde otro lado podríamos decirle: “sigamos organizándonos señora, que vamos a ser un montón”, pero en ninguno de estos dos postu­lados está el camino hacia la transformación, vivir en la esencia es ser un marciano, vivir en la apariencia es ser un espontaneísta a-crítico; se debería articular un discurso intermedio que conecte la apariencia con la esencia. De más está decir que esto es una caricaturización y nada tiene que ver con la realidad.

Lo dicho hasta ahora nos demuestra varias co­sas, primero: que la sociedad está cosificada, segundo: que esa cosificación es social (no hay ningún muro), tercero: que la transformación no puede ser individual, cuarto: que la trans­formación requiere de conciencia, quinto: que la conciencia no basta.

Entonces, seamos realistas (tomemos con­ciencia), organicémonos (porque individual­mente no se puede), luchemos (porque la conciencia no basta), derribemos la cosifica­ción (porque existe) y hagamos lo imposible (porque es necesario).

EL HOMBRE Y SUS LÍMITES (o sobre el sujeto colectivo)
Ultra contaminación ambiental por la explo­sión de una plataforma petrolera, el impe­rialismo yanqui cocina una invasión a Irán y nuestros pibes siguen con hambre.

El 51% del presupuesto de los Estados Unidos va dirigido a gasto militar, en contraposición con el 6% a educación y el 5% a salud. Hacia allá vamos de la mano del “progreso”.

Estados Unidos es, por lejos, el epicentro de la estupidez y la deshumanización generaliza­da y, a su vez, la vanguardia del sistema capi­talista internacional (aunque nos bombardeen con los países del norte de Europa o Australia, inexplicables sin la miseria mundial y el apa­rato militar de los Estados Unidos). Cuanta más desesperación por las ganancias existe, más cosificados se encuentran los humanos. Ya que las relaciones sociales, las que se en­tablan entre los hombres, están totalmente su­bordinadas a esa misma maximización de las ganancias. Entonces el hombre se convierte en un medio para un fin ajeno. Así están los yanquis, mega idiotizados para consumir todo eso que producen de más las trasnacionales de su patria explotadora.

Ahora, ¿qué es el hombre? En las anteriores publicaciones concluimos en que el hombre no tiene una esencia, sino que es el conjunto de relaciones que entabla con las otras perso­nas y el medioambiente para producir y repro­ducir su vida, tanto material como cultural. El hombre es el tipo de relación que tiene con las personas, entonces, no podemos pensar en una transformación de los valores del hombre, sin pensar en una transformación de la forma en que los hombres se relacionan.

La Cultura dominante (o Cultura a secas) ope­ra como una totalidad deshumanizante logra que los hombres se relacionen de manera ex­terna, el hombre vale en tanto sea útil para el mundo de las ganancias. Así en una propa­ganda un niño sirve para vender un producto, pero en Irak ese mismo niño es un estorbo y debe ser eliminado.

Vivimos en una sociedad en la que las relacio­nes sociales se encuentran cosificadas, subor­dinadas a los intereses económicos. Si apunta­mos a transformarla debemos replantearnos al hombre, por lo tanto, debemos replantearnos cómo nos relacionamos con las personas. De­bemos sacar del medio al frenético mundo de las cosas, para crear lazos humanos, donde los criterios sean otros, donde dirijamos nosotros.

En los talleres con los chicos y en las asam­bleas barriales es importante fomentar este tipo de valores. Donde los vecinos no se sientan enemigos de ellos mismos, donde los chicos no quieran ser mejores a costa de los demás, sino con los demás; cuestionando las individualidades en sí mismas, mostrando los beneficios de pensar en colectivo.

La tendencia de la sociedad es a que nos sepa­remos más y más. Pareciera que los hombres somos cosas extrañas, que terminamos donde terminan nuestros nombres y apellidos. Apa­recemos yuxtapuestos. Es preciso, mediante la educación popular, destruir los mitos que garantizan este tipo de concepciones que faci­litan la reproducción de la opresión. Por ejem­plo: “tu libertad termina donde empieza la de los demás” (o tus derechos), frase de escuela, ingenuamente perversa. Caricatura de la yux­taposición que mencionábamos anteriormen­te. Quieren que creamos que somos mónadas aisladas, en sí mismas. Obligados a pensar individualmente. El afuera es hostil, negocia­mos con el resto de las personas, como mucho intercambiamos. Esta fórmula no puede expli­car ni el amor, ni la amistad, ni nada que vaya más allá de los fríos límites del mercado.

El joven Marx, cuando caracterizaba cómo la sociedad actual concibe a la libertad, decía: “el derecho a la libertad no reposa en la unión del hombre con el hombre, sino más bien en la separación entre el hombre y el hombre” . Y más preciso aún, la sociedad actual “Hace ver a cada hombre en otro hombre, no la reali­zación sino más bien la limitación de su liber­tad”. Queremos construir una nueva sociedad. Para eso, debemos transformar los valores, la forma en que nos relacionamos. Y si el siste­ma no puede explicar un abrazo y los pode­rosos no saben amar, organicemos el odio y el amor, para que una nueva lógica rija esta sociedad. Para que el día del niño no sea sólo una vez al año. Para que un barril de petróleo no valga más que un hombre. Para que un auto no valga cien pibes descalzos. Para que hacer lo imposible se convierta en un hábito.

Cuando se trata del hombre, la lucha no es un derecho... es un deber.

VOLUNTAD Y CIRCUNSTANCIAS (O SOBRE LA PRAXIS)
“Entendemos al sujeto inconcluso”, esta es una frase que todo aquel que se haya adentrado, aunque sea superficialmente, en la Educación Popular conoce. Desde HLI retomamos esta premisa fundamental. “El sujeto es inconclu­so”, pero ¿qué significado tiene esto y en qué afecta a nuestra práctica cotidiana? En pocas palabras ¿qué queremos decir cuando decimos que el sujeto es inconcluso? Bueno, queremos decir, entre otras cosas, que el hombre no viene al mundo con una esencia, no viene determina­do. Anteriormente predominaban las posturas esencialistas que pensaban al hombre de manera individual, fuera de la sociedad, aislado. Estas corrientes -que aún pesan en el sentido común-planteaban tanto que el hombre era bueno por naturaleza (Rousseau), como que era malo por naturaleza (Hobbes), pero siempre por naturale­za. Los individuos venían predeterminados y se relacionaban con el objeto (mundo) de manera externa, como una cosa extraña que podría no existir.

Por el contrario nosotros creemos que el hombre es la síntesis activa de las relaciones sociales que lo rodean. Es decir, que es un proceso, su pro­ceso, su relación con el mundo (con el mundo que conoce). ¿A qué vamos? A que el hombre se crea en la sociedad, no viene predeterminado, con un chip. “Si los padres roban, ¿por qué él no va a robar?”. Esa frase tiene un principio de verdad, el hombre es fuertemente condicionado

por su ambiente. No puede dibujar el mar sino lo conoce. Pero también elige, elige dentro del marco, dentro de las condiciones que el mundo le dio, condiciones que él no eligió, pero que sí puede modificar.

Gramsci dice: “Es preciso concebir al hombre como una serie de relaciones activas (un pro­ceso) en el cual, si bien la individualidad tiene la máxima importancia, no es, sin embargo, el único elemento digno de consideración. La hu­manidad que se refleja en cada individualidad está compuesta de diversos elementos: 1) el in­dividuo; 2) los otros hombres; 3) la naturaleza. Pero el segundo y tercer elemento no son tan simples como puede parecer. El hombre no entra en relación con los demás hombres por yuxtapo­sición, sino orgánicamente (…)”1 . Entonces, el hombre es su voluntad, su individualidad; pero también es su ambiente, su entorno. Es una uni­dad sujeto-objeto. Por eso nosotros creemos que el hombre puede transformar la realidad, y que también puede transformarse a sí mismo. “Si la individualidad misma es el conjunto de estas relaciones, crearse una personalidad significa adquirir conciencia de esas relaciones, y modi­ficar la personalidad significa modificar el con­junto de estas relaciones. ”2

No seguimos exponiendo porque queremos lle­gar a algo simple, no simplista. Concretamente, combatimos toda idea que aísle al hombre de la historia, que lo imagine fuera de las relaciones sociales. Por el contrario nosotros creemos que él mismo es ese conjunto de relaciones socia­les, que el hombre es el centro de anudamiento de esas relaciones sociales. El ser consciente de eso le permite descubrir que la realidad es un conjunto de voluntades que se encuentran aisla­das por ciertas circunstancias que superan a las voluntades individuales. Es por eso que no cree­mos que la cultura crítica pueda ser individual, debe ser un conjunto de voluntades que funcio­nen orgánicamente, orientadas a un fin colecti­vo.

Dentro de esta concepción que tiene en cuenta un sujeto y un objeto en relación, muchos postu­lan que la familia, el barrio, el país, determinan unilateralmente al hombre (el objeto determina unívocamente al sujeto). Nosotros no creemos que sea así. Entendemos que las circunstancias lo condicionan de manera fuerte, pero también existe la voluntad, la conciencia. Marx decía “la teoría materialista de que los hombres son pro­ducto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hom­bres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador ne­cesita ser educado.”3 Es decir, si el objeto (las circunstancias) nos educan, nos hacen ser como somos; entonces utilicemos nuestra voluntad, actuemos como sujeto (nunca individual, siem­pre colectivo) y eduquemos al educador.

Por otra parte, algunos creen que el hombre es su conciencia en sí misma, piensan que ésta deter­mina a su ser social (sujeto determina unívoca­mente al objeto). Tampoco estamos de acuerdo. Consideramos que el hombre y el mundo están en diálogo (Sujeto-Objeto dialogando). Existe la voluntad y las circunstancias. No sirve educar la voluntad si no se educan las circunstancias, tampoco lo contrario. El proceso es doble. Por eso como Movimiento socializamos nuestros conocimientos, para dar más herramientas a los chicos y vecinos del barrio, para enriquecer su conciencia y que ellos enriquezcan la nuestra. Pero eso solo no alcanza, porque como decía­mos: el sujeto es doble, es una unidad sujeto-objeto. Entonces también la educación debe ser doble.

En una publicación decíamos: “Después de dar un taller, vamos a casa y nos sentamos tranqui­los mientras el chico va, prende la tele, mira a Tinelli decir que los culpables son los chicos. Cambia de canal y ve a cinco políticos dicién­dole lo bueno que va a ser el futuro. Busca a sus padres y no están, tuvieron que irse con algún puntero (soldado de esos mismos políticos de la tele) para conseguir comida para él, por lo tanto no puede ir al colegio porque se tiene que quedar cuidando a la hermana menor. Ese chico tiene nueve años. El ejemplo no es nada raro. Las condiciones son ésas”4 . Como Movimien­to no podemos desentendernos de esta realidad, porque sería fomentar una cultura reproductiva

y no transformadora. Porque sería caer en los esquemas de la pedagogía formal, que sólo ve al educando como una cosa que va a la escue­la cuatro horas por día. O, peor aún, como una cosa que hay que llenar de datos compactos.

Fomentar la formación de asambleas indepen­dientes que se organicen y luchen para conseguir sus reivindicaciones sin punteros de por medio, es una tarea tan importante como la de alfabeti­zar a los vecinos de los barrios. Porque pensar una cultura fuera de la historia es pensar, y no­sotros no queremos pensar, nosotros queremos transformar. Por eso nuestra tarea debe ser de carácter doble: mientras socializamos nuestros conocimientos de manera crítica debemos in­centivar la organización crítica. Aportar a trans­formar el futuro de los chicos transformando el presente de los padres. Todo en el mismo mo­vimiento, porque el mundo no está para etapas.

En esta construcción, es importante la creación de un ambiente donde predominen las relacio­nes humanas y la conciencia por sobre la depen­dencia. Como grupo que pretende transformar la sociedad, creemos que tenemos que comen­zar a construir ese hombre que queremos ser, el hombre del futuro, el hombre nuevo. Hombre que estará guiado por estímulos humanos y no por el frenético mundo de las cosas. Es por eso que somos un grupo muy unido, un grupo que trabaja con mucha responsabilidad pero divir­tiéndose a la vez. Consideramos falsa la dicoto­mía entre alegría y seriedad. Disfrutamos lo que hacemos y la pasamos bien, porque la sociedad del futuro que queremos, va a ser alegre. Esto no pretende construir una burbuja, la confrontación es necesaria y la sociedad es una. Somos un gru­po que se maneja con valores humanos, donde no hay lugar a las mezquindades que la sociedad de consumo promueve.

Debemos predicar con el ejemplo. Con el ejem­plo de solidaridad y entrega. Y así sí, como hombres nuevos, caminar hacia un mundo nuevo.

1Gramsci, Antonio – “¿Qué es el hombre?” en “El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce” (1948, post mortem)

2. Ibídem 1

3 Marx, Carlos - Tesis sobre Feuerbach (1845) [III]

4 Movimiento Cultural Hagamos Lo Imposible – “Reproducir o Transformar”

DIOS HA MUERTO ¿Y? (O sobre la moral)
“Dios ha muerto”. Estas famosas tres pala­bras de Nietzsche venían a romper de lleno con el ideal decimonónico de una moderni­dad progresista. En aquellas épocas en las que la iglesia era uno de los principales apa­ratos ideológicos, esa frase era equivalen­te a decir: “tu moral no me representa”. Si Dios ha muerto ya nadie podrá juzgar qué es el bien y qué es el mal, criterio que en las condiciones en que se nos presenta es una imposición “desde afuera”, a la que nos en­contramos sometidos los individuos desde el mismo día en que nacemos: robar está mal; contestar a los mayores está mal; ¿por qué? “Porque lo digo yo”; la propiedad privada está bien; violar la propiedad privada está mal; hablar sin comida en la boca está bien, ¿y nunca tener comida en la boca? “Ese ya es otro tema”.

Wikipedia nos dice: “Se denomina moral al conjunto de creencias y normas de una per­sona o grupo social que determinará el obrar (es decir, que orienta acerca del bien o del mal de una acción o acciones).” ¿Quién de­termina la moral? No es un señor, es la mis­ma historia hecha por los hombres. Pero sí esa moral representa a un grupo social como bien nos dice Wikipedia ¿ese grupo social representa al conjunto de la sociedad? ¿Re­presenta a quienes mueren de hambre el cómo deben agarrarse los cubiertos para ser un “caballero”? Que “estén mal” las relacio­nes entre personas del mismo sexo ¿repre­senta a la mujer que le gustan las mujeres y no los hombres?

Toda esta serie de preguntas retóricas ya an­ticipan bastante a dónde queremos llegar: los valores de la clase dominante, la cultura dominante, no nos representan como clase. ¿Eso significa que hay que llegar a la ver­dad positiva más allá del bien y el mal como planteaba Nietzsche? Tampoco estamos de acuerdo. Nosotros no estamos de acuerdo con la moral de los poderosos, pero sí te­nemos nuestras creencias y normas de con­ducta como grupo social. Pero no se trata de una moral reaccionaria, se trata de una moral revolucionaria en palabras del Che Gueva­ra. Una manera de ver y de actuar que está orientada a la transformación social.

Nuestra ética pone al hombre en el centro de la escena; pone al hombre para sacar a los bienes materiales del lugar que la sociedad hoy les confiere, para sacar a las ganancias de la posición más importante. En el número 3 de Mamuschka decíamos “La Cultura do­minante (…) logra que los hombres se rela­cionen de manera externa, el hombre vale en tanto sea útil para el mundo de las ganancias. Así, en una propaganda un niño sirve para vender un producto, pero en Irak un niño es un estorbo y debe ser eliminado.” Insisti­mos: nuestra moral despoja a los objetos de poder, posicionando a la relación entre los hombres como fundamento de toda acción.

La moral oficial, la de las clases dominantes, tiene que ver con normas de conducta que se reproducen y así reproducen la sociedad como está, una sociedad para pocos; por lo tanto la moral oficial tiene que ver con una cultura reproductora. Por su parte, la nuestra tiene por objetivo violentar las estructuras de dominación para que la sociedad no siga siempre igual y así se modifique, nuestra moral tiene que ver con una cultura transfor­madora.

Entonces sí tenemos moral, una moral diná­mica e histórica, sin esquemas atrofiantes. Nuestro fundamento es el hombre y su liber­tad: que una persona no coma está mal, no tener una vivienda digna está mal, que los terrenos se le nieguen al pobre sin techo y se le regalen al rico para que construya su tercer casa está mal, “violar” la propiedad privada de los que viven de la miseria ajena para un fin colectivo y humano está bien.

Como Movimiento Cultural, nuestro campo de acción es, evidentemente, la cultura. Es por eso que no podemos dejar de plantear­nos el problema de la moral. Históricamen­te ha cumplido el papel de, representando a una minoría (la clase dominante), hacer­se pasar por la del conjunto de la sociedad, imponiendo a las mayorías las costumbres y valores de una minoría explotadora. Contra eso reaccionaba Nietzsche.

Nosotros no concebimos al cambio social como algo mecánico, eso quiere decir que la sociedad que proyectamos debe comen­zar a ensayarse desde hoy. Para luchar con los valores egoístas que promueve la cultu­ra dominante, es preciso que fortalezcamos nuestros valores de humanidad. Es por eso que día a día nos esforzamos por construir ese hombre que anhelamos ser.

Nietzsche reaccionaba contra la moral domi­nante de su época, como solución postulaba que el hombre debía aislarse de la sociedad para poder desligarse de todos los prejuicios que ésta le imponía, prejuicios típicos del “humano demasiado humano”. Planteaba que este individuo solitario y en sufrimiento superaría al hombre, constituyéndose como superhombre. Por el contrario, nosotros cree­mos que el hombre no tiene una esencia que la moral oculta y que habría que internarse en soledad para descubrir. El hombre es su relación con el resto y esta relación es la que hay que mejorar para mejorarnos a nosotros.

Nuestra búsqueda no termina dónde empie­za la de los demás, eso sería muy limitado; al contrario, nuestra búsqueda comienza con los demás porque es una búsqueda colectiva, no individual, porque el sujeto es colectivo, no individual. Juntos es cómo superaremos al hombre actual, lo superaremos en tanto superemos como nos relacionamos con el resto. De esta manera quizá no seamos su­perhombres, pero sí algo, por mucho, supe­rior: hombres nuevos.



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