La conciencia desde fuera



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La conciencia desde fuera”: Marxismo, Lenin y el proletariado.
Autor(es): Shandro, Alan

Shandro, Alan. Docente en el Departamento de Ciencias Políticas de la Laurentian University de Ontario, Canadá.


Resumen: El autor hace un pormenorizado análisis textual y contextual de la proposición de Lenin en el ¿Qué Hacer?, acerca de que la conciencia socialista debe ser introducida dentro del movimiento obrero -que es espontáneo- desde fuera. Como resultado muestra que –contrariamente a lo que sostienen tanto el saber convencional de los no-marxistas como la mayoría de los estudiosos marxistas - la tesis de Lenin no entra en contradicción con la tesis marxista básica de la autoemancipación del proletariado. La idea de Lenin sólo tiene sentido a la luz de la lógica distintiva de su modo de análisis político. Así vista, su proposición puede entenderse como un prerrequisito necesario para que los actores políticos marxistas teoricen sobre su situación dentro de la complejidad de la lucha de clases y puedan, a partir de allí, aprender de las luchas de la clase obrera. La tesis de “la conciencia desde fuera” expresa, paradójicamente, no sólo una preocupación científica por aprehender las realidades del proceso de la formación de la conciencia de la clase obrera, sino también un compromiso teórico con la autonomía política de la clase obrera.

Al comentar la breve historia del movimiento obrero ruso en el ¿Qué Hacer?, Lenin saludaba “el despertar espontáneo de las masas trabajadoras” pero advertía que “los obreros no tenían ni podían tener, la conciencia del antagonismo irreconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo”. La conciencia era el producto del trabajo teórico de los intelectuales y “tenía que ser traída [a los trabajadores] desde fuera”. Por cierto, generalizaba, “el desarrollo espontáneo del movimiento obrero lleva a su subordinación a la ideología burguesa”. Era la tarea de los socialdemócratas, por lo tanto, “combatir la espontaneidad” (Lenin, 1961c, 375, 384-385). Mi posición es que, contrariamente a lo que sostiene el saber convencional, la evaluación de la espontaneidad y la conciencia de Lenin no viola la concepción marxista de la autoemancipación del proletariado. Más bien, sugeriré que el sofisticado método de análisis político sobre el que descansa permite una comprensión más fructífera de esta concepción y de la relación entre la lucha de clases y la conciencia de lo que pensó hasta ahora.


El saber convencional
Desde que se publicó el ¿Qué Hacer? en 1902, los críticos de Lenin contrapusieron su relato del desarrollo de la conciencia de la clase obrera con la tesis de Marx de que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los trabajadores mismos” (Marx, 1985, 14). Esta tesis involucra dos cuestiones: primero, que la clase obrera es capaz de una actividad revolucionaria autónoma, en el sentido de que sus luchas no tienen por qué estar subordinadas a los fines de otros. No tiene por qué servir de carne de cañón en las batallas en que se enfrentan sus explotadores. Su propia lucha de clases resultará, eventualmente, no en la dominación de una nueva clase explotadora, sino en la superación de las clases y la explotación. Segundo, el fin y el objetivo de la emancipación del proletariado, la supresión del capitalismo y la construcción de una sociedad socialista, sólo pueden conseguirse a través de la actividad independiente de la clase obrera. No la pueden conseguir los reformistas que arman esquemas filantrópicos en nombre de los trabajadores. Estas dos cuestiones, que juntas constituyen la idea de la autoemancipación del proletariado, están en el centro del pensamiento revolucionario de Marx. Desde esta perspectiva, podría parecer que, al plantear una oposición entre el movimiento espontáneo de los trabajadores y la teoría socialista de los intelectuales, Lenin había abandonado el método de buscar las ideas básicas en las relaciones sociales de producción, y había creado en su lugar un armazón teórico que planteaba la superioridad de los intelectuales revolucionarios sobre el proletariado. La noción de que la conciencia socialista debe traerse al interior del movimiento obrero desde fuera, estaría sujeta a la misma crítica que Marx le hacía a Feuerbach:
La teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la educación olvida que las circunstancias las hacen cambiar los hombres y que el educador necesita, a su vez, ser educado. Tiene, pues, que distinguir en la sociedad dos partes, una de las cuales se halla colocada por encima de ella (Marx, 1976, 4).
Este enfoque mecanicista de la acción humana que Marx critica incluye dos cuestiones. Primero, que, en principio, al poder conocer las leyes que gobiernan la conducta humana, un observador puede predecir la conducta que devendrá al repetirse condiciones dadas con anterioridad. Segundo, que, armado con este conocimiento, un agente puede contribuir a que tengan lugar condiciones anteriores a un hecho dado, que lleven a que se produzca el resultado deseado. La tesis de Marx plantea la siguiente crítica: un agente que fuera lo suficientemente inteligente y que quisiera que se produjeran las condiciones adecuadas para hacer que otros desearan lo que él desea, vería a sus propias acciones bajo una luz muy distinta a la de la conducta de aquellos a quienes considera como su objeto. Por lo menos durante el curso de sus manipulaciones no experimentará su propia actividad como el simple resultado de las condiciones precedentes, sino como la expresión de sus propias razones y propósitos, de su autonomía racional. Esto denota un elemento esquizoide en la explicación mecanicista (ver McIntyre, 1984, 84-85). La fuerza política de la crítica de Marx radica en que cuando un proyecto de cambio radical se construye en términos mecanicistas, tal esquizofrenia se traduce en una división autoritaria de la sociedad entre los reformadores ilustrados y una masa no ilustrada que debe ser moldeada. El autoritarismo político es el complemento lógico de una comprensión idealista del cambio histórico. Los críticos de Lenin argumentan que en su caso el demiurgo sería la intelligentsia revolucionaria y su material el proletariado.

Los primeros en hacer esta crítica a la concepción sobre la espontaneidad y la conciencia avanzada en el ¿Qué Hacer? fueron Vladimir Akimov y Alexander Martinov, adherentes a la corriente “economicista”, que eran el principal blanco de la polémica del libro de Lenin (ver Frankel, ed. 1969, esp. 112-125 y 316-329, y El Partido Socialdemócrata Obrero Ruso, 1980, 140-153). Después de la división de la socialdemocracia rusa entre mencheviques y bolcheviques, los términos de la crítica fueron retomados y elaborados por los que hasta entonces habían sido compañeros de Lenin, los dirigentes del menchevismo (ver Dan, 1970, 236-263). A partir de entonces, esta interpretación se hizo un lugar común y su lógica estructura casi todas las explicaciones, marxistas o no, del pensamiento político de Lenin (ver, por ejemplo, Liebman, 1975, 25-42; Pannekoek, 1975; Kolakowski, 1978; Polan, 1984, 136-144). De acuerdo con esta interpretación, si Lenin alguna vez había subscripto las posiciones centrales del marxismo, dejó de hacerlo: si la clase obrera no estaba a la altura de su vocación revolucionaria, la intelligentsia socialista debería hacer su trabajo; si las luchas de los trabajadores no generaban una conciencia socialista, deberían subordinarse al proyecto revolucionario de la elite intelectual. Aunque la vanguardia conspirativa de revolucionarios profesionales fuera la corporización institucional inicial de esta filosofía autoritaria e idealista, la contraposición no dialéctica de espontaneidad y conciencia hecha por Lenin, teórica y prácticamente genera una lógica “sustitutista” por la que “la organización partidaria sustituye al partido, el Comité Central sustituye a la organización partidaria y finalmente un dictador sustituye al Comité Central” (Trotsky, 1970, 121). De acuerdo con esta interpretación, Lenin se transformaría en el progenitor intelectual del totalitarismo soviético: Stalin es la culminación lógica de la tesis leninista de que la conciencia debe ser traída a la clase obrera desde fuera. Así, esta tesis se transforma en el eje intelectual alrededor del cual gira la explicación más frecuente del desarrollo/degeneración de la revolución bolchevique.

En los términos de esta interpretación, la idea de la autoemancipación del proletariado tiene ecos de la dicotomía entre autonomía y heteronomía de la filosofía alemana clásica. A este nivel de abstracción, las alternativas quedan reducidas sólo a dos: o los trabajadores desarrollan espontáneamente una conciencia de sí mismos como clase con vocación socialista (autonomía) o esta conciencia debe serles impuesta por otros (heteronomía). Esta dicotomía preside una serie de distinciones conceptuales: conciencia y espontaneidad, teoría y práctica, idealismo y materialismo, intelectuales y obreros, autoritarismo y democracia.

Por otra parte, agregar la calificación de “proletario” al acto de “autoemancipación”, nos plantea una serie de preguntas sobre las circunstancias en las que éste se realiza. Preguntas que, desde la perspectiva hasta aquí considerada, o no reciben ninguna respuesta o la que reciben es inadecuada. Por ejemplo, ¿todos los trabajadores llegan a la conciencia al mismo tiempo en el momento de la autoemancipación o algunos de ellos, los dirigentes, llegan antes? Si, como parece más probable, lo cierto es lo segundo, ¿cómo deben ser las relaciones entre los trabajadores, y entre los dirigentes y los demás para que se pueda hablar de que la clase se hace o es consciente? Las circunstancias en que se da la lucha de clases son decididamente tan relevantes como su objetivo para darle una respuesta a esta pregunta. El punto en cuestión es que, para darle un significado concreto a la noción de la autoemancipación del proletariado, no basta simplemente con llevar el significado profundo del concepto abstracto de autoemancipación al proletariado. La importancia de la idea está ligada a las circunstancias concretas de la lucha de clase del proletariado. Si se entiende esto, no parece haber razón para reducir las circunstancias relevantes a los hechos generales del modo de producción capitalista y su desarrollo. También lo son circunstancias tales como si los proletarios se enfrentan a la república democrática o a una monarquía absolutista, o si cuentan con el apoyo de una pequeña burguesía urbana educada o de un campesinado analfabeto. La perspectiva que consideramos casi no permite tomar en cuenta tales circunstancias.

El centro de la contestación de Lenin a quienes lo criticaban, y un refrán constante en todos sus escritos políticos, es la insistencia en el análisis de la lucha de clases en el contexto de sus circunstancias concretas. “El ABC de la dialéctica”, escribió, “nos dice que no existe la verdad en abstracto, la verdad es siempre concreta” (Lenin, 1961d). Su énfasis en el análisis concreto sugiere que, debido a sus formulaciones abstractas, la crítica al concepto de “autoemancipación” del ¿Qué Hacer? no sólo no entiende el desarrollo de la conciencia de clase, sino que, por la misma razón está completamente equivocada. Esta visión es un poco la que se encuentra en las lecturas de Lenin que ven sofisticación teórica y realismo político en su análisis concreto de la espontaneidad y la conciencia (ver, por ejemplo, Althusser, 1969, 168-169; Balibar, 1974, 272-279; Harding, 1977, 161-196). Pero esta preocupación por lo concreto y lo complejo no es en sí misma una respuesta adecuada a la crítica, porque no llega a demostrar la coherencia de la explicación “concreta” de Lenin con la tesis marxista de la autoemancipación del proletariado. Quienes ponen el acento en esta preocupación han podido señalar errores y omisiones en las lecturas de los críticos de la “autoemancipación” del ¿Qué Hacer?, pero, al mismo tiempo, han evitado las demostraciones, o las han hecho sin prestar atención o minimizando la importancia de las formulaciones más radicalizadas de Lenin. Este procedimiento sacrifica tanto la letra del texto de Lenin, como la característica distintiva de la posición teórica en que se basa.

La postura de Lenin sobre espontaneidad y conciencia, a la que me referiré como la tesis de la conciencia desde fuera, merece un cuidadoso análisis textual y contextual. Prestar atención a esta tesis significa reconocer que no es una simple y única afirmación, sino un complejo de varias afirmaciones que a veces parecen contradictorias. Estas afirmaciones, que a menudo se encuentran entrelazadas en el texto, deben ser desenmarañadas y se debe clarificar el significado de sus términos. Al proceder de esta manera, aparecen indicaciones de la lógica del análisis político subyacente y es posible encontrarle sentido a las paradojas argumentales de Lenin. Este procedimiento, que parte de prestarle extrema atención a lo que Lenin realmente escribió, necesariamente va más allá de la letra del texto. Sin embargo, esto se justifica si es posible presentar una lectura coherente del texto dado que las interpretaciones alternativas no pueden hacerlo.



La tesis de la conciencia desde fuera sólo puede entenderse como la expresión de una lógica subyacente del análisis político, que requiere la realización de análisis políticos concretos antes de que se puedan determinar las formas de actividad política y organizativas del movimiento obrero que son adecuadas a las circunstancias existentes. Por esta razón, la tesis de Lenin es compatible con diferentes formas de organización. Si lo que exige formas de organización no democráticas son las circunstancias de la autocracia y no la tesis de Lenin, entonces su tesis puede ser compatible con la autoemancipación del proletariado. Pero, esta última involucra más que democracia organizativa: implica una actividad política consciente e independiente de la clase obrera. Y es en este sentido que la lógica de la tesis de Lenin sobre la autoemancipación del proletariado resulta ser más coherente que la posición de sus críticos. Todos los que participan en la controversia definen la “conciencia” en relación con la teoría marxista, pero la lógica de la posición de Lenin implica el entendimiento claro de que la teoría marxista necesariamente debe estar sujeta la evolución mediante su aplicación a los análisis concretos. Esto quiere decir que, no sólo al transformarse en teóricos marxistas, los trabajadores individuales pueden tomar parte directamente de la elaboración creadora de la autoconciencia del proletariado e impartir esta autoconciencia al movimiento espontáneo de la clase obrera. También significa que, dado que la tesis de la conciencia desde fuera es compatible con la transformación de la teoría marxista en respuesta a innovaciones revolucionarias espontáneas, puede entenderse que la clase obrera toma parte, indirectamente, pero aún así de manera activa y creadora, en la formación de la conciencia. Si, como sugiero, los críticos de Lenin se basan en una comprensión de la teoría marxista como una doctrina, cuyos fundamentos en lo esencial fueron elaborados de una vez y para siempre, entonces la autoemancipación del proletariado pasa a ser poco más que la asimilación de esta doctrina, y la creatividad que ella implica se ve realmente, aunque “inconscientemente”, negada. La tesis de Lenin de la conciencia desde fuera no sólo ofrece un modo más concreto de análisis de la conciencia de la clase obrera, sino que permite una apreciación más concreta y rica de la autoemancipación proletaria que la de sus críticos.
Cuestiones históricas
Para entender las implicaciones de las tesis de Lenin, deben distinguirse dos tipos de afirmaciones hechas en la discusión sobre espontaneidad y conciencia. Primero, hay afirmaciones históricas que dan respuesta a las siguientes preguntas: ¿Quién fue el primero en formular la teoría que define los contornos de la conciencia socialista? ¿Cómo y en qué contexto se elaboró esta teoría? Luego, hay afirmaciones que apuntan a preocupaciones acuciantes de la práctica política: ¿cómo deberían orientarse en relación al movimiento espontáneo de los obreros los adherentes a la teoría socialista, los futuros dirigentes de la clase obrera? Hay que examinar ambos tipos de afirmaciones porque cada una juega un rol diferente en la formulación de la tesis de Lenin. Comenzaré por las cuestiones históricas.

En la amplia oleada de huelgas que se extendió por toda Rusia a partir de “la famosa guerra industrial de 1896 en San Petersburgo”, Lenin colocaba el “elemento espontáneo” en el primer lugar. La conclusión de Lenin fue la siguiente:


[...] el ‘elemento espontáneo’ no es sino la forma embrionaria de lo conciente. Y los motines primitivos reflejaban ya un cierto despertar de lo conciente: los obreros perdían la fe tradicional en la inamovilidad del orden de cosas que los oprimía; empezaban... a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían decididamente con la sumisión servil a las autoridades. Pero esto sin embargo más que lucha, era una expresión de desesperación y venganza. En las huelgas de la última década del siglo pasado, vemos muchos más destellos de conciencia… Si los motines fueron simplemente levantamientos de gente oprimida, las huelgas sistemáticas representaban ya embriones de lucha de clases.
Así, el relato de Lenin de la historia del movimiento obrero ruso describe una dialéctica de resistencia, conciencia, lucha y organización. Esta dialéctica espontánea se identifica como una conciencia embrionaria que se enfrenta con una limitación que no puede sobrepasar por sí misma. Lenin define esta limitación de dos formas: primero por la negativa, en términos de conciencia socialista: los huelguistas de los noventa “no eran, y no podían ser conscientes del antagonismo irreconciliable de sus intereses con el conjunto del sistema político y social moderno”; y luego por la positiva, en términos de la propia conciencia de los trabajadores:
La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia sindicalista (Lenin, 1961c, 375).
Esta caracterización del límite de la dialéctica espontánea de la conciencia de la clase obrera no es tan simple como puede parecer. Volveré a este punto más adelante.

Por el momento, lo importante es que Lenín afirma que existe este límite antes que los detalles con que justifica su existencia. Vale la pena notar, sin embargo, que la restricción al desarrollo de la conciencia socialista de la clase obrera se entiende, no como un problema específico de la situación de los obreros rusos, sino como un límite general a la dialéctica espontánea de la lucha de la clase obrera. Los términos del problema implican que la solución le debe llegar a la clase obrera desde fuera. La teoría del socialismo, de la que depende la conciencia socialista, “ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que han sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por la intelligentsia” (Lenin, 1961c, 375-376). El advenimiento de la teoría socialista es concebido como un proceso de ideas cuyos portadores fueron los intelectuales. El hecho de que esto haya ocurrido así es visto como una necesidad histórica, y por lo tanto, también lo es la importación de la conciencia socialista desde fuera al interior del movimiento de la clase obrera.

Lo que importa para nuestro propósito no es cuán precisa es la explicación histórica de Lenin, sino cuáles son sus implicaciones para el desarrollo de la conciencia de la clase obrera. Su tesis histórica de la conciencia desde fuera, simplemente, no implica la falta de aptitud de los trabajadores para tener una conciencia socialista ni la necesidad de la sujeción de su movimiento a la tutela de la intelligentsia socialista. Aún cuando Lenin desechaba “hablar de una ideología independiente formulada por las masas mismas en el proceso de su movilización”, hace notar que los obreros no juegan un rol en la elaboración de tal ideología:
Toman parte no como trabajadores sino como teóricos socialistas, como Proudhons y Weitlings… toman parte sólo cuando pueden, más o menos, adquirir el conocimiento de su tiempo y desarrollar ese conocimiento (Lenin , 1961c, 384n).
En este contexto, esto sugiere que la distinción más fundamental no es aquella entre burgueses y obreros sino entre los teóricos individuales y las masas “en el proceso de su movilización”. Aquí no se le atribuye a los trabajadores una incapacidad teórica innata, no hay negación de un lugar para los teóricos obreros ya sea en la prehistoria de la teoría marxista o, de manera más importante, en su desarrollo subsecuente. Más aún, una parte importante del razonamiento para el proyecto político del ¿Qué Hacer? era alentar y fomentar el desarrollo de dirigentes socialistas obreros. Para que los obreros “puedan tener más éxito en esto más a menudo [esto es, en contribuir a la teoría socialista], hay que hacer todo tipo de esfuerzo para elevar el nivel de la conciencia de los trabajadores en general” (Lenin, 1961c, 384n).

Pero, ¿qué pasa con los trabajadores en general, con las masas no teóricas? Las limitaciones de la espontaneidad proletaria no inhiben la siguiente afirmación de Lenin:


[...] la clase obrera espontáneamente gravita hacia el socialismo… en el sentido de que la teoría socialista revela las causas de la miseria de la clase obrera más profundamente y más correctamente que cualquier otra teoría, y por esa razón los trabajadores pueden asimilarla tan fácilmente (Lenin, 1961c, 386n).
En otras palabras, aunque el movimiento espontáneo de la clase obrera no puede generar la teoría marxista por sí mismo, una vez que ésta existe y es puesta a su disposición, la aprehende fácilmente. Lo puede hacer porque -en un sentido- la teoría no le es ajena, porque constituye un espejo en el que puede ver su realidad y sus aspiraciones más claramente. Esto es parte de lo que Lenin quiere decir cuando se refiere a la espontaneidad como “conciencia en forma embrionaria”. Sólo en este contexto puede comprenderse la predicción de que el movimiento espontáneo de las masas crearía una cantidad cada vez mayor de dirigentes “dedicados sin límites a la revolución”, que aprenderían a combinar su “conocimiento del medio ambiente de la clase obrera y la frescura de las convicciones socialistas” con las habilidades del revolucionario profesional y que “tendrían la confianza sin límites de las más amplias masas de los trabajadores” (Lenin, 1961c, 472-473). Considerada como una afirmación histórica, la tesis de la conciencia desde fuera no implica una clase obrera sometida a una voluntad superior o que se resiste a su propia emancipación. Por supuesto, esta tesis no puede considerarse sólo como una afirmación histórica. La discusión histórica de Lenin da origen a otras preguntas, cuyas respuestas deben buscarse en la naturaleza de su proyecto político.
Las cuestiones políticas
Los términos en que Lenin presenta su proyecto político -la organización de una vanguardia revolucionaria para las luchas de la clase obrera -, están en función de su consideración de las limitaciones del curso espontáneo del movimiento de la clase obrera. En una formulación, estas limitan a la clase obrera a “una conciencia sindicalista, es decir, la convicción de que es necesario unirse en sindicatos, luchar contra los patrones, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc.” (Lenin, 1961c., 375). A partir de esta definición, se acostumbra leer a Lenin como si, al estilo de Gompers, estuviera proclamando al “sindicalismo puro y simple” como el telos de la conciencia proletaria (ver, por ejemplo, Hyman, 1971, 11-14; Widman, 1967, 59). Por cierto, algunos comentaristas incluso han aplaudido el realismo de este supuesto destello de Lenin, a la vez que deploraban su fracaso en sacar las correspondientes conclusiones reformistas (ver, por ejemplo, Crouch, 1982, 32-33; Pipes, 1963, 124-125). Esta interpretación puede resultar atractiva en relación con la caracterización de Lenin del “economicismo” como blanco de sus críticas. Se basa en párrafos en los que Lenin parece poner un signo igual entre espontaneidad y conciencia y entre lucha política y lucha económica:
La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patrones (Lenin, 1961c, 422).
Aunque esta afirmación sea indiscutible en sí misma, si se entiende que Lenin utiliza la dicotomía entre la lucha económica y política para establecer los límites de la espontaneidad proletaria, su posición resulta arbitraria y falsa históricamente. Tal perspectiva invita a la conclusión igualmente falsa de que, una vez superadas las fronteras de la lucha económica, la política de la clase obrera será la de la revolución socialista.

En primer lugar, la idea de que Lenin interpretó que la estrechez de miras del sindicalismo era la esencia del movimiento proletario espontáneo se choca con la afirmación de que aún las revueltas primitivas que precedieron al movimiento huelguístico de su época permitieron a los obreros comenzar a cuestionar la estabilidad del sistema y a superar su actitud de servilismo hacia las autoridades. Tal suposición se ve desmentida por las repetidas afirmaciones de que “la fuerza del movimiento actual reside en el despertar de las masas” y que los que hubieran sido los futuros dirigentes revolucionarios se quedaron por detrás de las masas (Lenin, 1961c, 373, 420). En segundo lugar, Lenin aceptaba que el término “economicismo”, aunque establecido por el uso, no traducía adecuadamente la naturaleza de la tendencia política que designaba. El economicismo, argumentaba, “no sólo niega la lucha política, sino que se somete a su espontaneidad, a su falta de conciencia” (Lenin, 1961c, 387). En la argumentación de Lenin la distinción entre espontaneidad y conciencia es así más fundamental que la distinción entre la lucha económica y política y no debería definirse en términos de la segunda. Finalmente, el “etc.” con que Lenin concluye su definición inicial de conciencia sindical indica el carácter incompleto, abierto, de su definición. Inmediatamente hace notar que los sindicatos siempre han llevado adelante luchas políticas y ofrece a sus lectores un largo capítulo sobre la diferencia entre la política sindicalista y la política socialista. Allí se encuentra el siguiente argumento:


El movimiento espontáneo de la clase obrera puede por sí mismo crear (e inevitablemente crea) sólo sindicalismo, y una política sindical de la clase obrera es precisamente una política burguesa de la clase obrera. El hecho de que la clase obrera participe en la lucha política, y aún en la revolución política, no hace en sí mismo que su política sea una política socialdemócrata… [El] camino revolucionario del movimiento obrero puede no ser el camino socialdemócrata. (Lenin, 1961c, 437, 438n.)
Las limitaciones del movimiento obrero espontáneo son así compatibles no sólo con la lucha política, sino aún con la lucha revolucionaria. La distinción de Lenin entre espontaneidad y conciencia no debe ser tomada como una línea de demarcación fija entre la economía y la política o aún entre la reforma y la revolución.
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