La complu en… movimiento: precarios y “estables” frente a la degradación de las condiciones de trabajo y vida en la educación pública universitaria



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Grupo 7 Sociología del Trabajo

Coordina: Miguel Ángel García Calavia (Universidad de Valencia)



LA COMPLU EN… MOVIMIENTO: PRECARIOS Y “ESTABLES” FRENTE A LA DEGRADACIÓN DE LAS CONDICIONES DE TRABAJO Y VIDA EN LA EDUCACIÓN PÚBLICA UNIVERSITARIA.

María José Díaz Santiago

Universidad Complutense de Madrid

Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales

Sección III de Sociología (Educación y Estructura Social), Despacho 105

C.P. 28223, Pozuelo de Alarcón, campus de Somosaguas, Madrid (Spain).

Correo electrónico: mjdiaz@cps.ucm.es

Teléfono: 616202814



Abstract /resumen

Frente al discurso conservador, se han adscrito diferentes movimientos sociales que han tenido como punto de inflexión el movimiento 15-M y que han generado, como diría Bourdieu, “nuevas formas de expresión” que han permitido la comunicación no sólo con aquellas personas que pertenecen a la Universidad Pública sino, también, con otros grupos que, como ellos, ven cómo se amplía la brecha de las desigualdades sociales.

Diferentes iniciativas coordinadas de trabajadores y trabajadoras, surgen en la Universidad Pública como “fuente de esperanza” ante la emergencia de una resistencia, que surgida desde los más desfavorecidos, involucra a diferentes perfiles en una acción política que aúna esfuerzos.

Esta propuesta reflexiona, a través del caso de la iniciativa La Complu en la Calle, sobre la defensa colectiva a favor de la Universidad Pública y contra la pauperización de las condiciones de trabajo y vida de las personas que trabajan en ella.



Palabras clave: movimientos sociales, universidad pública, condiciones de trabajo, condiciones de vida, obrero colectivo.

1. Introducción

En el último año han surgido diferentes movimientos sociales que vieron en el 15-M un punto de inflexión, «nuevas formas de expresión» que, como diría Bourdieu (2009), han permitido la comunicación entre aquellos grupos que ven como se amplían las brechas de las desigualdades sociales.

La Universidad Pública española, al igual que ha ocurrido en otros países europeos, se ha relacionado con estos movimientos aportando su capital cultural para enfrentarse a un ataque ideológico y práctica política neoliberal que se está traduciendo en una degradación de las condiciones de trabajo y vida de buena parte de la comunidad universitaria. «Movimiento sociales […] [que, sin embargo,] proporcionan pautas significativas para potenciales transformaciones futuras» (Giddens, 2001, p. 148).

Esta ponencia reflexiona, a través del caso de la Universidad Complutense de Madrid, sobre la lucha contra la pauperización de las condiciones de trabajo y vida de las personas que trabajan en la universidad pública y las respuestas colectivas, por parte del profesorado, surgidas en torno a la defensa de los derechos laborales y de empleo de la comunidad universitaria. Los objetivos específicos son conocer el contextos en el que se articulan estas luchas; las respuestas colectivas como movimiento social obrero; así como, analizar los motivos por lo que uno de esos movimientos, la Complu en la Calle, ha conseguido traspasar las fronteras de la Universidad Complutense y aglutinar al profesorado en una situación laboral precaria y a funcionarios en un mismo movimiento.

En este sentido es necesario conocer, no sólo, qué es lo que aniquila la lógica ciudadana y el progreso social (García, 2008) a través del sentimiento de inutilidad de las reivindicaciones del discurso dominante, sino, sobre todo, lo que suma y moviliza a las personas que están afectadas.

La metodología se basa, fundamentalmente, en la utilización de técnicas como la observación participante, la revisión documental y bibliográfica de carácter científico y divulgativo, así como, de otros medios; la utilización de datos cuantitativos, de carácter secundario, e información de carácter cualitativo de orden primario como la entrevista abierta o semiestructurada en profundidad.

Esta ponencia da cuenta de un estudio, todavía de carácter exploratorio, que se está llevando a cabo sobre la precarización de las condiciones laborales de la universidad pública por lo que en estas páginas se aporta parte del análisis del trabajo de campo realizado hasta la fecha sobre las reivindicaciones surgidas en su defensa.

En el momento de enviar esta ponencia se han realizado, dentro del conjunto de la investigación, dieciséis entrevistas. De las cuales, siete, una de ellas en grupo, están focalizadas principalmente en los objetivos marcados en esta comunicación.



2. Los hijos de la Universidad Públicai. Capital cultural degradado en el activismo universitario del 15-M

En la última década se ha producido una activación de las movilizaciones y acciones colectivas debido al mayor número de protestas, sobre todo en los países más castigados por la crisis. En España, al igual que en el resto de países europeos, se han producido movilizaciones en contra de la guerra de Irak, las reformas laborales, los recortes en sanidad y educación pública…, que se comprenden dentro de esa gran pluralidad existente en la actualidad de movimientos sociales obreros, feministas, ecologistas, vecinales, urbanos y de okupación, pacifistas, de cooperación, LGTBQ, antirracistas, etc.

Los movimientos sociales se encuentran en transformación, articulando nuevas fórmulas de protestas sociales pacíficas, como ya hicieron los movimientos feministas, con la intención de influir en la agenda política a corto y medio plazo. Como explica Luis Enrique Alonso, para los movimientos sociales juveniles, los jóvenes - pero, también, se podría decir para los no tan jóvenesii-, protestan contra el sometimiento de la política y la sociedad a los dictados del mercado y de la economía neoliberal, que están suponiendo una pérdida de derechos democráticos y sociales que lastran su futuro y se han acercado al movimiento de los indignados y del 15-M, que se perfilan como una especie de regeneracionismo comunitarista, asamblearia y popular que trata de representar una ciudadanía "auténtica", con intereses generales unificados y radicalmente diferentes a los que tienen los poderes financieros y políticos sumisos (Alonso, 2012a). «Movimientos sociales [que] permiten vislumbrar futuros posibles y [que] son en parte vehículos para su realización» (Giddens, 2001, p.151), a los que seguramente se podría llegar, tal vez, de otra manera, pero que son fundamentales para aumentar la conciencia ciudadana, en un momento, de crisis, donde el discurso dominante tiene eco y un canal asegurado en los medios de comunicación, que están concentrados en unas pocas manos y siguen los designios de aquél que ostenta el poder (Gaupp-Berghausen,2012).

«Los devastadores efectos sobre las condiciones laborales y los proyectos de vida […] que ha supuesto la última crisis financiera han producido cambios significativos en las expresiones del conflicto social contemporáneo, así como, novedades en las formas de movilización social» (Alonso, 2012b, p.4). Acciones cívicas que podrían ser parte continuación, parte reformulación y parte renovación del ciclo de protestas anterior que han ido cambiando y transformarse según la urgencia de la respuestas política. Son movimientos sociales que desafían a los mercados y sus políticas neoliberales a través de la resistencia social. Así, el movimiento 15-M recicla sus materiales discursivos y simbólicos, de los diversos movimientos antiglobalización, trasladándolos al ámbito local y que se imprime en la práctica a través de la recuperación de la asamblea directa, cercana a los barrios y a una tendencia de ocupación y asentamiento de espacios públicos (Alonso, 2012b).

Para Noam Chosmky, “las movilizaciones del 15M son una ilustración inspiradora que muestra qué es lo que puede y debe hacerse para no continuar la marcha que nos está llevando a un abismo, a un mundo que debería horrorizar a todas las personas decentes, que será incluso más opresivo que la realidad existente hoy en día” (Navarro, 2011).

El 15-M ha sido uno de los movimientos inspiradores de los movimientos Occupy norteamericano y británico que recoge a la clase media desposeida ( Fernández,2012; Heikkilä, 2012) y la raíz de movimientos locales, dentro del panorama nacional, como los surgidos en la Universidad: La Complu en la Calle, Plataforma de Trabajadores UCM, etc.

Muchos de los miembros del 15-M, anteriormente participaron en los movimientos estudiantiles anti-bolonia y, ahora, forman parte de las diferentes plataformas e iniciativas universitarias como La Complu en la Calle.

Con una estructura horizontal y asamblearia. El 15-M nace bajo un discurso identitario multiplicador que intenta acoger a aquellas personas no movilizadas, que acopiarán los movimientos sociales universitarios. Para Alonso «el sujeto imaginario que unifica la movilización es el precariado […] esto es, ese conjunto de jóvenes cualificados cuyas inversiones educativas han quedado desvalorizadas radicalmente por el empleo, el subempleo o el malempleo generalizado y sin perspectivas razonables de mejora» (Alonso, 2012b, p. 5) y que se oponen a la mercantilización y recorte tardocapitalista de lo público y que les lleva a la pauperización de sus condiciones laborales y sociales.

Estos críticos, hijos de la universidad pública en su mayor parte, estos indignados,iiiposeen una retórica contrainstitucional, antimercantilista y comunitarista que difunden fácilmente a través de las redes sociales, que usan para comunicar y visibilizar la precarización, y que ha sabido no dejar indiferente a nadie, tampoco a los medios de comunicacióniv.

3. La colectivización de los movimientos sociales universitarios fuera del movimiento obrero tradicional

El movimiento obrero puede ser considerado como el movimiento social por excelencia, sobre todo, para aquellos que han asociado modernidad y capitalismo, y aunque para sus detractores sólo tuvo impacto en las primeras fases de la sociedad industrial. Sin embargo, no cabe duda, que el sistema de clases y su lucha son importantes actualmente a pesar de la existencia de otras iniciativas que antes estaban aglutinados dentro del movimiento obrero tradicional (Giddens, 2001)

La aparición en el último año de diferentes iniciativas dentro de la Universidad Complutense y la separación de estos movimientos sociales universitarios de sus representantes legales puede reflejar esa elevada conciencia de «los riesgos de graves consecuencias que trae consigo el desarrollo industrial, sea o no organizado, bajo los auspicios del capitalismo» (Giddens, 2001, p. 151)

En la Universidad Complutense sigue habiendo una tradición sindical relevante respecto a otras universidades más recientes. Existen numerosas secciones sindicales, cinco en el Comité de Empresa, que actualmente, gozan de cierta serenidad entre ellos, como reconocen, y al que se les une, al menos, cinco plataformas importantes dentro de la comunidad universitaria.

En relación a estas últimas, por un lado, existe un grupo de plataformas que defienden los derechos y condiciones laborales de trabajadores y trabajadoras de la universidad, cada una de estas tres, defiende los intereses específicos del colectivo que representan: la Plataforma de Profesorado No Permanente que engloba a Contratados doctores, Ayudantes doctores, Titulares Interinos y Asociados con trayectoria académica; La Plataforma de Trabajadores de la UCM que integra a personal de administración y servicios (PAS) y profesorado docente e investigador (PDI); Y la Plataforma del PDI que acoge exclusivamente a docentes e investigadores. Por otro lado, destacan dos iniciativas en defensa de la Universidad Pública: la Plataforma de estudiantes, que defienden sus derechos como colectivo a una educación de calidad y en igualdad de oportunidades, y La Complu en La Calle que defiende, también, una Universidad Pública independiente, con autonomía, crítica y que intenta atraer a toda la comunidad universitaria.

Movimientos que se encuentran en una continua transformación, uniones y separaciones de colectivos, buscando su especificidad y un posicionamiento concreto. Como por ejemplo, la Plataforma de PDI, de la que luego se escindió la plataforma de Profesorado No permanente (PNP) y que participa en La Uni en la Calle, dentro de sus coordinadoras y sus diferentes performance.

Estos movimientos universitarios nacidos al albor y la lógica del 15-M, en su mayor parte, comenzaron a surgir a mediados y finales del año 2012 como la plataforma de PNP, la de trabajadores UCM y La Complu en la Calle, entre otras, que influidos por el espíritu del 15-M, y en defensa de sus derechos laborales y autonomía universitaria, se definen como antiinstitucionales y asamblearios.

Con un discurso que no es antisindical, sin embargo, son muchas las críticas que dirigen a los sindicatos de clases (aprovechamiento de privilegios, lentitud y mala organización y arcaísmo en las lucha, etc.) pero a los que reconocen su papel como actor social en la negociación colectiva que defiende los derechos laborales y estabilidad de la plantilla. Este reconocimiento está, sobre todo presente, en la plataforma de trabajadores de la UCM, donde hay un gran número de trabajadores del personal de administración y servicios: el colectivo más sindicalizado en esta universidad.

Ante la complicada situación actual en la universidad, una de las cuestiones, que une a plataformas con los dos sindicatos mayoritarios, es la poca firmeza mostrada por el Rectorado ante las políticas de la Comunidad de Madrid y la connivencia con los recortes en el capítulo 1 de los Presupuestos sobre gastos en personal, sin buscar otra alternativa. En este sentido fue crucial el fracaso en las negociaciones entre el sindicato y el rectorado, en junio de 2012.

“Me hubiera gustaría que el rector dijera: esto lo tengo que defender […] Ha vendido su alma al diablo […] Optar salvar a la universidad a costa de los trabajadores […] se le voto para reorganizar la universidad pero no así. Repensar la Universidad es bueno, como se puede ver en el informe de los expertos, pero hay que pensar, buscar más fondos, dar salida a los edificios. En esa línea no sobran títulos… No se ha hecho… y, evidentemente, la masa social que le voto va a ser muy difícil que lo haga” (E.5)

Pero si les une su posicionamiento respecto al rectorado y la Comunidad de Madrid, sin embargo, la pérdida de confianza por parte de la comunidad universitaria en los discursos y acciones sindicales, marca el distanciamiento de las plataformas respecto a los sindicatos. Pérdida de confianza en las secciones sindicales universitarias que, por una parte, y a la estela de sus sindicatos de clase, adolecen en comunicación y acción social efectiva. Y que, por otra, se enraízan en la dificultad de negociación por la disparidad de perfiles dentro de la comunidad universitaria que tienen condiciones laborales y necesidades muy diferentes.

Al igual que en muchas organizaciones actuales, una adecuada comunicación es una de las fallas del sindicato con sus representados y demás trabajadores. Falta de información, rapidez y calidad de los comunicados son objeto de parte de las críticas que llegan al Comité de Empresa. Para el representante del Comité de Empresa entrevistado, este problema de comunicación es difícil de solucionar cuando los recursos son limitados y la información cambiante. Sin embargo, se espera constantemente debido a la facilidad que otorgan las nuevas tecnologías y convirtiendo a la comunicación y a la información en un arma de doble filo que estresa al emisor y receptor.

“Hemos recibido siempre muchas quejas, de mayor información, de nuestros afiliados y plataformas […] pero es que a veces no hay nada. A veces, no había más información de la que se daba. Nos reuníamos más de cuatro horas y la conclusión no era nada […] es verdad que podíamos haber dicho… “nada” pero… Además, había reuniones en que a veces no tenías claro qué… Sobre la rapidez o no es un debate sin fin […] Se quejan de que quieren más información… Muchos no estamos liberados y llegamos hasta donde llegamos […] Articular lo que quiere la gente no es sencillo. Hay una sensación de que lo que quiere la gente no llega. La gente cada vez es menos receptiva […]. Si haces un comunicado de una página, es simplista, y si lo haces de tres, la gente no se lo lee […] La gente de derechas lo ha hecho muy bien con mensajes cortos y simples: «Sindicalistas vagos»” (E.5)

La confianza en los sindicatos se ha quebrado y, tras el 15-M, muchos movimientos sociales dicen abiertamente no sentirse representados por partidos y sindicatos; de ahí, su contestación y organización. Para el entrevistado anterior, esa pérdida de confianza en los sindicatos es, por un lado, responsabilidad del propio sindicato que no ha sabido llegar a la gente y hacerles entender que “como en el caso de las pensiones, es esto o algo peor” (E.5), y, por otro, de la campaña de descrédito que se ha realizado sobre ellos, como por ejemplo, ha ocurrido con los liberados y que es resultado de que haya calado el discurso dominante antisindical.

“Escuchar a gente de izquierda comentarios que veían, podías ver en Libertad Digital […] Todo el mundo conoce un liberado que… Yo conozco a muchos, no sé… conozco muchísimos casos con costes personales. Hay gente que quiere otro modelo pero me cuesta muchísimo pensar que sin representación… Lo que veo es que al final hay cien aquí, otros cien aquí y no hacemos nada […] Esta universidad tiene 10.000 trabajadores y no podemos hacer una asamblea para 10.000. Además, no es fácil […] Yo creo que algunas de las cosas que se decían eran injustas, hay gente del Comité de Empresa que también está afectada” (E.5)

Por otro lado, como anteriormente se ha adelantado, la falta de acción implacable, la inmovilidad, anacronismo o lentitud en sus acciones, son otras de las cuestiones que se critican por parte de algunos colectivos como la plataforma de estudiantes y las plataformas de trabajadores de la UCM:

“Los sindicatos son interlocutores fundamentales, desempeñan una función importante, pero, es verdad, que en estos tiempos, sus vías de actuación, de respuestas a las situaciones de injusticia, los tipos de protestas que estamos sufriendo adolecen de un cierto anacronismo, han dejado de ser funcionales, han dejado de ser operativos y no…. Y no por nada existe el mismo divorcio entre políticos y ciudadanos, como entre trabajadores y sindicatos, porque de alguna manera ya tampoco los trabajadores se sienten representados por sus representantes por muchas razones, muchas razones… sobre todo por esas, las formas de respuesta ya no son operativas, por ejemplo, en el colectivo de la universidad que pueden ofrecer los sindicatos como mecanismos de negociación, pues una huelga de unos días contados, dejas de ir a trabajar, eso para una persona que tenga dos dedos de frente no sirve para nada” (E.3)

Algo que rebate el representante sindical, pues en relación a las huelgas, para él “hay una parte de la población que se ha vuelto muy cómoda [y en la Universidad] pasa mucho eso. No sé si hay cierto conformismo o el que no se puede hacer otra cosa ha calado” (E.5). Personas que piensan que no se les puede tocar, que legitiman ese discurso de inmovilismo del “no se va a conseguir nada”, del miedo o la pérdida del jornal del día.

Comodidad o conformismo que, sin embargo, también, aprecia la representante de la Plataforma de Trabajadores de la UCM, “casi el grueso de trabajadores y estudiantes no tenemos una cultura de movilizaciones […], comodidad… tenemos vidas muy estructuradas que cuando te sacan… […] Ahora mismo hay una desesperanza… Conseguir cosas son años […] yo creo que la gente piensa: “pero, si no se puede hacer nada”. Son muchas cosas. Nos movemos cuando ya está hecho. El recorte salarial casi, casi, se ha aceptado, si no hay una respuesta contundente es que se está aceptando.” (E.6)

Existe una sensación, casi generalizada, de dificultad en concienciar a la gente de que “si se puede”, que salpica a todos los movimientos, pero que se visibiliza sobre todo respecto a los sindicatos:

“Aquí hay gente que tiene trabajo porque lo hemos peleado y no sale. No sé por qué no cala […] La gente cree que no hacemos nada los sindicatos pero los empresarios no nos quieren… […] será por algo. En organizaciones donde los sindicatos son fuertes se hacen menos cosas contra los trabajadores, la unión los protege” (E.5)

Además, si se puede hacer una crítica al sindicato de pecar de exceso de burocratización -dado quizás por su tamaño-, también hay que tratar sobre los condicionantes legales a los que se ve inmerso constantemente, donde las acciones obreras, sobre todo las más tradicionales, como las huelgas y manifestaciones, se encuentran cada vez más reguladas.

“No p[odemos] plantear una huelga de un día para otro. En España, es ilegal, que parece que no sabemos transmitir eso […] En 2012, hemos hecho el mayor número de movilizaciones en la historia de la universidad […] Creo que no ha habido ninguna universidad con más movilizaciones” (E.5)

Otras de las cuestiones, que incide en esa falta de confianza en los sindicatos universitarios, como se ha apuntado anteriormente, tienen que ver con la diversidad de perfiles profesionales existentes: donde el PDI y PAS no parten de las mismas condiciones laborales ni estatus como colectivo y donde dentro de cada categoría existen condiciones de trabajo muy diferentes que pasan de la máxima estabilidad, como el personal funcionarial, a la mayor precariedad y temporalidad laboral.

Si los sindicatos generan abundantes críticas, también, éstas, llegan al resto de movimientos sociales. Si por un lado, se considera que supone una forma de acción política que se adapta mejor a unos cambios cada vez más rápidos; por otro, se consideran parte de la dispersión de la lucha obrera.

“Tú haces una asamblea general y no aparecen profesores, no van. Hay profesores que están en la Plataforma de Profesores No Permanentes y están afiliados pues… ¡Joe! ¿Por qué no me has llamado?” (E.5)

Distintas plataformas, que para el representante del Comité de Empresa, tienen una parte positiva porque manifiestan un descontento pero en las que se debe de tener en cuenta que son organizaciones muy diferentes a las sindicales. Siendo los sindicatos los legítimos representantes de los trabajadores por delegación de voto. Y que centra las cautelas del Comité de Empresa de la Complutense en cuanto a la unión de fuerzas entre sindicatos y el resto de movimientos sociales obreros universitarios, que sin embargo, ya existen en otras universidades como la plataforma de trabajadores de la Universidad Autónoma de Madrid, que integra a los sindicatos:

“Esto tiene su parte buena pero, también, esto de ir como plataforma y ser del sindicato y, no decir, que se es del sindicato… me parece un poco raro” (E.5)

A lo largo de este apartado, se ha ido vislumbrando como el discurso dominante y la nueva legislación, cada vez más restrictiva, incide en la incapacidad de los movimientos sociales obreros que no sólo tiene efecto en las formas de movilización sino, también, en los costes personales de aquellas personas que están implicadas.

Costes personales muy altos, tanto para las personas que están en los sindicatos, y que cuentan con menos personal liberado debido a su regulación, por parte de la Comunidad de Madrid en este caso, como para las personas que forman parte de las distintas plataformas. Altos, sobre todo, cuando ya de por sí, sus condiciones ya son difíciles, y que un análisis desde la perspectiva de género, además mostraría la disparidad y divergencia de situaciones que complican la defensa de los derechos laborales y que implica al círculo familiar y de amistades, como se desarrollará en el siguiente apartado con más detalle, para la iniciativa de La Complu en la Calle, y que aquí, sintetizamos con la solución que tomó una de las entrevistadas ante la responsabilidad de cuidado de su hija y las necesidades que conlleva participar en las movilizaciones.

“Me he traído a la pequeña con un letrero de «Estamos en huelga»” (E.5)

4. La Complu en la Calle. Precarios y “estables” en defensa de la Universidad Públicav

A lo largo de la ponencia, se ha ido desgranando como dentro del movimiento social de los trabajadores universitario han ido surgiendo, también, nuevos movimientos sociales que intentan visibilizar su situación y producir otras formas de respuesta como acción reivindicativa.

La Complu en la Calle es una de estas iniciativas que pretende hacer ver a la ciudadanía, y no sólo a la comunidad universitaria, que más allá de la defensa de sus derechos laborales, “a ellos también les afecta” la degradación y el desmantelamiento de la universidad pública.

“Una semana antes del 15-M había un ambiente de efervescencia entre los alumnos” (E.1), de ahí que La Complu en la Calle esté impregnada del 15-M, donde participaron muchos profesores y alumnos que hoy forman parte de esta iniciativa. La Complu en la Calle sería muy difícil de explicar sin la existencia del movimiento 15-M y su detonante, los recortes a la Universidad Pública y, en concreto, a la Complutense. Momento en el que muchos docentes vieron peligrar su puesto de trabajo y los alumnos sus carreras universitarias como consecuencia de la subida de tasas.

La Complu en la Calle, defiende un modelo concreto [diferente al modelo anglosajón], que varía según los docentes pero que, sin embargo, confluye en la necesidad de una universidad pública donde “cada uno puede tener una visión de la Universidad diferente pero lo que [les] une es una agresión a la Universidad desde fuera que nos une a todo tipo de colectivos con todas las diferencias que puede haber entre nosotros” (E.3)

Para conocer esta iniciática es necesario retrotraerse a sus comienzos, analizar el cuándo y por qué aparece y su relación con la quiebra de los valores dominantes de la sociedad, es decir, el contexto en el que aparecen. La Complu en la Calle tuvo su origen en octubre de 2012, cuando un profesor de la facultad de Filología, que colaboraba con diferentes movimientos como el 15-M, y tras varios actos fallidos de movilización con otros profesores, “había reuniones en las que estábamos sólo [otro profesor] y yo” (E.1), decidió montar algo individual, más o menos, espontáneo que imitaba a una de las acciones que ya habían llevado a cabo profesores de secundaria, ciclo donde él estuvo trabajando veinte años.

No es casual que este movimiento naciera dentro del marco de las humanidades, en un ámbito amenazado en la actualidad en la esfera educativa y que se identifica con el ideario de la universidad pública tradicional que se está perdiendo, donde el conocimiento no equivale a la productividad y eficiencia del neoliberalismo, sino con la reflexión crítica, y que los coordinadores de esta iniciativa justifican como el lugar idóneo para nacer:

“Lo que es importante es que el conocimiento a veces sea gratuito, inoperantes, arbitrario y que no sirva para nada porque tiene que producirse todo esto para que sea realmente crítico. Y que además, a ese movimiento se han unido profesores de física, medicina, etc […] que sin sus aportaciones no se podría defender la valía de la Universidad” (E.3)

Desde su creación, al igual que el 15-M, las redes personales y sociales, así como, su capital cultural y social han sido muy importantes. Con la ayuda de cuatro o cinco alumnos y un amigo de secundaria que se dedicaba a hacer documentales, se decidió hacer una clase para grabarla y colgarla en “you tube” como forma de protesta ante el recorte de cincuenta millones de euros que la Comunidad de Madrid exigía a la Complutense y que hacía peligrar a la Universidad Pública y el empleo de una proporción relevante de su profesorado. Pero, “la sorpresa fue cuando estos alumnos y sus redes sociales empezaron a difundir y se empezó a crear –de manera para mí todavía inexplicable- una especie de bola de nieve, una cadena asombrosa, los días antes de la clase que hizo que tuviera un éxito mediático impresionante. Fue una casualidad que coincidiera con la huelga de estudiantes. Y ahí, los medios de comunicación […] plantearon la cara más amable, como el profesor que iba a dar clase y no sé qué... Pero, lo más interesante es que tuvo una repercusión, un éxito impresionantes. Además, también, éxito a que fueran aproximadamente unas 150 personas a la clase. Muchos compañeros […] pero, sobre todo, los medios de comunicación: radios, televisiones. Y estuve, si esto fue un miércoles, estuve desde el domingo por la tarde, recibiendo llamadas de la radio para entrevistas, hasta la semana siguiente en la que participé en una tertulia […]”(E.1)

Con esta acción se dieron cuenta que la Universidad, “a pesar de lo que la estaban machacando”, tenía un poder simbólico muy grande a diferencia de otras instituciones como eran los institutos:

“No es lo mismo que salga un profesor de universidad a la calle que un profesor de instituto” (E.1)

Ante el éxito, convocaron una reunión en la Facultad de Filología donde se reunieron quince o veinte profesores de la facultad, casi todos de la plataforma PNP pero, también, consiguieron que se acercara algún otro profesor “algo más pope” (E.1)

Se decidió realizar una salida coordinada, se redactó un manifiesto (rechazo del aumento de tasas, petición de la estabilización del profesorado laboral, financiación suficiente, toma de decisiones al margen de bancos y empresas privadas, etc.) y se decidió que tuviera una estructura descentralizada, es decir, una coordinadora formada por siete personas entre profesores, alumnos y un amigo del movimiento 15-M, apoyados por unos veinticinco profesores. Crearon un blog y una dirección de correo y tomaron la decisión de que tuviera un corte asambleario abierto como el 15-M. Así se utilizan las mismas lógicas: prolongación, renovación y reformulación del ciclo de protesta que recicla discursos y símbolos.

Dentro de la coordinadora, el trabajo se divide “por especialidad”, aunque todos aprendieron a hacer de todo. Un trabajo de inteligencia colectiva “uno hacía y el otro lo mejoraba” (E.2), donde los alumnos han sido algo fundamental aportando mucho trabajo en las redes sociales: “Yo recuerdo que muchas veces que terminábamos hasta con bibliografía […] nos mandábamos bibliografías: “venga léete esto” (E.2). Y se creó una estructura con personas que lideran y coordinan las acciones y que supone una reformulación respecto a otros movimientos sociales con toma de decisiones totalmente asamblearias y que tras el 28 de noviembre de 2012 y para la preparación del 9 de marzo de 2013, ya como Uni en la Calle, se renovaría como movimiento de ámbito autonómico y en el que se crearía un organigrama con una coordinadora general, otra por universidades y otras por facultades o disciplinas que darían cuenta y trasmitirían lo decidido en la coordinadora general. Esto favoreció el reparto de trabajo y dotó a la organización de una red jerárquica en la transmisión de decisiones que favorecía la racionalización de la comunicación y su cobertura en una doble dirección pero sin el peligro de convertir la estructura en una pesada máquina, como ocurría en otros movimientos sociales, y nos comenta una estudiante de la plataforma estudiantil, donde “se tumban las cosas porque alguna asamblea [de facultad] no quiera hacerlo, por lo que algo sencillo, se vuelve muy tedioso” (E.4)

Desde esa primera reunión, se concibió la idea de que fuera creciendo para tener mayor repercusión mediática en el exterior pero, además, sorprendentemente para los organizadores, tuvo una respuesta importante dentro de la comunidad universitaria de la Universidad Complutense, produciéndose una cohesión del profesorado al “encontrar un medio con el que manifestarse y el malestar aumentaba” (E.1)

Unos días antes del 28 de noviembre apenas eran 30 profesores lo que iban a salir a la calle “y la cosa cambio cuando uno de los profesores consiguió que el rectorado mandara un correo a todos los profesores y entonces, fue, ahí, cuando conseguimos un aluvión y toda serie de propuestas de clases” (E.1), teniendo una gran repercusión simbólica con 135 profesores, 100 clases, 9 espacios de la ciudad tomados y diferentes espacios cerrados públicos y privados.

Los actores precarizados, en una misma lucha – a pesar del recelo de algunos compañeros-, al ser una acción fácil-cercana, “minimalista [en sus formas], transparente y sin rojos, ni negros, colores e iconografías que recordarán a partidos políticos y sindicatos” (E.2), ha logrado involucrar a diferentes perfiles dentro del profesorado, aprendizaje del 15-M, en una “performance” considerada por los coordinadores como “definitiva”.

Con divergencias entre facultades y colectivos, La Complu en la Calle ha movilizado sobre todo al profesorado. Aunque, serán “los precarios [los que] tienen más razones para salir, por otro lado, [sin embargo] tienen miedo y dificultades por las represalias” (E.1) basadas en el llamado “control jerárquico” y que se volvió a ver con la Uni en la Calle el 9 de marzo en otras universidades como la Universidad Rey Juan Carlos y la Carlos III, e incluso, en lagunas facultades de la propia Complutense donde prohibieron a su profesorado salir a dar clases.

En cuanto al personal administrativo y de servicio (PAS) es un colectivo con escasa participación dentro de esta iniciativa -a diferencia de lo que pasa en sindicatos y en la plataforma de Trabajadores de la UCM-, con sólo una decena de personas de forma individual. Es una iniciativa, que por su tipo de acción, dificulta la integración al PAS, aunque hay alguna persona de este colectivo que ha participado y que ha dado clases. Es un tipo de protesta que requiere un profesor para dar clases y alumnos que las apoyen.

“Tenía que nacer del profesorado […] pero, incluye a todos porque no solo incluye las reivindicación de derechos laborales sino una Universidad Pública que llegue a todo el mundo pero está claro que todavía nos queda por hacer y queremos corregir para próximas iniciativas” (E.3)

Producción simbólica, como se ha dicho identitaria, y bajo una unión cultural y de valores comunitarios importantes que se transmiten a través de un discurso movilizador que integra a aquellos que están dentro de la comunidad y que tiene su objeto de confrontación fuera de la Universidad.

La Universidad tienen un poder simbólico importante y los profesores son conscientes de ello. Por ello, La Complu en la Calle fue una metáfora que llevaba a salir de los recintos universitarios, abrirse a la sociedad, “mostrar la universidad a la ciudadanía” (E.3). Pero, tras la primera acción individual, no sólo se buscaba una apertura para implicar a la ciudadanía sino que se buscaba crear un sentimiento de pertenencia:

“Más allá de conseguir lo que queríamos, lo importante es contribuir a cambiar la propia dinámica interna de la Universidad. Que uno de pronto empezaba a hablar de otra manera que cada uno de nosotros quería ser parte de algo que merece la pena defender” (E.3)

La Complu en la Calle, antiínstitucional como el movimiento 15-M, es considerada como iniciativa marcadamente política, no partidista pero que plantea la misma disyuntiva que el movimiento 15-M “y que se sigue planteando entre ser militantes, más agresivos, desde el punto de vista político, o ser más “ciudadanista” y hacer unas reivindicaciones que puedan ser apoyadas por una mayor cantidad de población aunque sea menos radicales políticamente” (E.1). La Complu en la Calle pone en discusión los intereses compartidos y la crítica de la desposesión colectiva y que con las diferentes convocatorias y adhesión de nuevos militantes adquiere una identidad más política que en la última convocatoria, ya como la Uni en la Calle, que contiene reivindicaciones claramente más políticasvi.

“No es una iniciativa partidista que intenta englobar a gente que sea de izquierda y de derechas y lo que sea, pero que tenga claro que quiere una universidad pública, independiente y bien financiada” (E.1)

En las asambleas se encuentran estás divergencias y la coordinadora general tiene la labor de poner el punto medio a esa tensión pues “hay trabajadores que salen para mostrar su trabajo como una labor más humanística: como dar clase a gente que no puede ir a clase. Y, hay otros militantes, que lo que quieren es que se dé caña a Wert, al rector, a las autoridades académicas y que quieren que se acentué, el contenido político concreto” (E.1)

Respecto a los sindicatos, también, se tiene un posicionamiento 15-M, aceptando a personas que forman parte del sindicato y enviándoles información, pero sin que exista una vinculación institucional pues La Complu en la Calle se define como una iniciativa de base.

“Se eligió en asamblea que no queremos que se nos confunda con cierta línea que se ha ido llevando a cabo. Además, en este tiempo, el sindicato ha sido desprestigiado y no tenemos porqué cargar con este desprestigio y desconfianza” (E.2)

A pesar de que algunos de los profesores pertenecientes a esta iniciativa están sindicados, existe una sensación de que no se les necesita por lo que en las clases, en las calles, se pide que no haya ni una sola bandera sindical. Aunque se permita a estas organizaciones difundir la iniciativa, al igual que al rectorado, ninguno de los dos instituciones son parte de ella pues “hasta ahora han tenido poca eficacia y nadie ha querido dar una clase en un sindicato” (E.2) que muestre cierta vinculación.

En cuanto al impacto en las políticas e instituciones universitarias, la repercusión de La Complu en la Calle del 28 de noviembre supuso un efecto llamada para el resto de las comunidades universitarias regionales y nacionales: materializándose en una convocatoria de ámbito autonómico, La Uni en la Calle del día 9 de marzo y en una posible convocatoria nacional que se ha trasladado de mayo a octubre debido al tremendo cansancio y costes personales y profesionales que ha supuesto la acumulación de las dos salidas.

Respecto al rectorado de la Universidad Complutense, su relación con el mismo es ambivalente. Si mucho del éxito de la iniciativa se basa en la distribución de la convocatoria por parte del rectorado que llegó a la totalidad del profesorado y aumentó el número de adhesiones para impartir clases, también, tuvo efectos perniciosos que se intensificaron con la presencia del rector en el acto final de la jornada del 28 de noviembre y la aparición de la iniciativa en la web oficial de la universidad. Foco sobre el rectorado, que con el paso a La Uni en la Calle, se diluyó aunque sin perder la perspectiva de cuáles eran los rectorados que estaban apoyando, o no, la iniciativa.

“Cuando una acción se le apropia el poder se le quita su potencial” (E.3)

“¿Qué el rectorado se puede aprovechar de ello? Pues, a ver, si se puede aprovechar de ello ante la Comunidad de Madrid… Pero, no queremos entrar en política intra UCM” (E.1)

En relación a la Comunidad de Madrid, causante de recortes y asfixia de las universidades públicas madrileñas y sobre todo de la Complutense, con La Complu en la Calle no han tenido ningún problema, según la coordinadora, esto tiene que ver con ser un movimiento muy democrático. Sin embargo el 9 de marzo, a diferencia del 28 de noviembre, la policía tomó los datos de las personas que eran responsables de cada una de las plazas donde se daban clases: la orden que tenían era que en caso de que las clases molestarán algún vecino, se multara al responsable del lugar. Hecho que movilizó a las coordinadoras que se pusieron en marcha para buscar asesoramiento legal entre los colaboradores de la iniciativa y se planteara una posible caja que pudiera subsanar cuestiones como estás que pudieran encontrarse en el futuro.

Con cada nueva acción aumenta no sólo el número de participantes, el eco de los medios de comunicación, sino su carácter político y, con ello, aumentaba el acoso policial orquestado por parte de las autoridades políticas que, en ese momento, estaban reelaborando el Plan de Ordenación Urbanística del Ayuntamiento de Madrid donde se revisaba el uso de las calles y espacios públicos por parte de huelguistas, manifestantes y otros colectivo.

“La iniciativa no va a conseguir nada desde el punto de vista político directo. En la asamblea realizada tras el 28 de noviembre se decidió hacer La Uni en la Calle y pequeñas acciones puntuales. La primera, La Uni en la Calle, serviría para salir en los medios de comunicación pero, la segunda, las acciones puntuales servían para que “los profesores [se] acostum[bren] a apoyos de base, como una clase en Celenque, para apoyar a los desahuciados de Bankia, una clase en Alcorcón para explicar que es Eurovegas y otras, menos políticas como una clase de medicina. Por ahora, sólo se ha realizado una clase de una profesora en Lavapies” (E.1)

Por último, ese repertorio de acciones, también supone para las personas implicadas un desgaste importante, sobre todo para aquellas que forman parte las diferentes coordinadoras y, muy en especial, para las personas que forman parte de la coordinadora general de la Complutense y que les llevo, como se ha apuntado anteriormente, tomar la decisión de reorganizar el organigrama diversificando la coordinación.

“El inconveniente es una iniciativa insensible desde el punto de vista de esfuerzo, personal y eso que desde la Uni en la Calle lo hemos diluido y hemos conseguido hacer grupos de coordinación y eso hace que lo llevemos mejor que en la primera iniciativa que terminamos con problemas familiares, de trabajo, trabajo atrasado que fue un poco como un terremoto que nos descolocó la vida durante un mes […] pero claro, no se puede hacer eso durante tres meses porque claro…. Llega un momento que te descoloca la vida por eso para esta iniciativa hubo un momento que nos lo pensamos mucho y dijimos o lo hacemos de otra manera o no lo podemos hacer” (E.1)

Las implicaciones en las condiciones de trabajo y vida de los participantes es desigual. Si para el profesorado y alumnado que sólo va a impartir o ver una clase no tiene especial incidencia en la vida profesional y personal; sin embargo, para aquellos que participan en la coordinadora tiene fuertes repercusiones. El trabajo del profesorado docente-investigador es un trabajo extenuante que requiere un grado de concentración, esfuerzo y responsabilidad, que no es entendida fuera del colectivo ni siquiera por aquellos que conviven con ellos, y que se intensifica con su participación en la iniciativa.

“La gente no entiende la dureza psicológica, incluso la gente que está a tu lado no lo entiende” (E.1)

De ahí, que se justifique, desde los iguales, la escasa movilización que tiene el colectivo del PDI y la dificultad, ya difuminada, de discernir entre trabajo y ocio:

“Los profesores de la universidad no se movilizan pero hay que entender que el perfil de un investigador –yo soy especialista en medieval y diferencian entre la vida activa y la vida contemplativa, que no deja de ser muy medieval pero que tiene su punto de sabiduría-, y… la persona que está con su mente en un problema científico, en una cosa de física, química o de no sé qué [...] y tú, cuando estás en eso es que te hablan y es que ni escuchas y es que cuando te obligan a salir de eso, es que te han machacado” (E.1)

Mantener el trabajo intelectual y compaginarlo con la militancia o la gestión es complicado pues requiere capacidades muy diferentes, una de concentración y, la otra, “un manejo de la dispersión”, de ahí el desgaste que sufren los profesores por el método docente al que se dirige la universidad:

“Es como si aún corredor de 100 metros le obligan a correr la maratón pues sus músculos no están entrenados para correr una maratón y viceversa. Y nos tienen machacados, yo creo que la mayor parte de los profesores están machacados por eso” (E.1)

Ante la intensificación del trabajo y cambio de paradigma en la actividad universitaria, la militancia se vuelve un escollo mayor para la conciliación de la vida laboral, personal y familiar: inflación de correos diarios, redes sociales, etc. La confusión entre la vida personal y laboral, hace que el ocio se enrede con el trabajo en esa llamada vocación, símbolo de estatus, donde el disfrutar es compaginar ocio y trabajo. Y, donde la militancia, mientras absorbe el espacio personal y el resto del tiempo de la vida familiar que la agota, se convierte en una cuestión de opciones que se tienen que sopesar para no terminar con el espacio profesional o familiar.

“Mi mujer está hasta las narices […] cuando te dedicas a la militancia, sacrificas muchas cosas, por eso entiendo a la gente que no lo hace. Casi, casi, hasta la admiro […] hay momentos que me gustaría dejarlo pero, claro, luego pasa lo que está pasando y dices… “pero como me voy… pero es que nos están dando por todos lados. Hay que seguir” Pero, es que hay momentos... que digo, pero es que me come, pero es que me está matando. Sinceramente, porque a mí lo que me gusta, cuando cojo y consigo sacar una mañana para ponerme a trabajar, es que disfruto que no te lo puedes imaginar. Pero claro, una mañana y luego hasta no sabes cuándo, con lo cual otra vez te tienes que volver a meter y al final de mañana… otra media mañana y todo ese rollo” (E.1)

Para el profesor “su ocio y su tiempo libre es lo que le gusta, su tiempo libre es leer a Kant […] El trabajo y el tiempo libre se mezclan” (E.2), por lo que, también, la militancia puede fortalecer la pareja que comienza a compartir un tiempo que antes estaba ocupado por ese ocio vocacional del docente-investigador, pero que, sin embargo, relega aún más a amistades y familiares que no forman parte de la iniciativa.

“Mi pareja ha pasado de no hacer nada a hacer pancartas pero existe más estrés…Ves menos a los amigos y a la familia” (E.2)

Costes profesionales-personales y familiares, trabajo como un todo, que, como se ha mostrado, aparecen en las diferentes dimensiones de la vida, y que hacen de la militancia un lujo difícil de soportar en lo familiar y profesiobal:

“No hemos podido hacer un Congreso que teníamos y hacíamos con mucha ilusión, seminarios, viajes… […] Mi padre en el hospital y yo no estaba allí porque estaba en una reunión […] Porque no has hecho la compra, porque no estoy en una asamblea, eso no es una excusa” (E.2)

“Si pero porque yo soy un friki de la investigación y llevo un año investigando poquísimo y para mí eso me supone un problema importantísimo, vaya. Y no lo necesito para el currículum. Lo necesito porque me gusta porque para mí es como si me faltara algo. A mí, me ha supuesto un sacrificio importante pero también ha supuesto en dormir por las noches, empezar a tener conciencia de una serie de cosas. Desprenderme de una serie de tics egoístas que uno sigue conservando al pensar «Bueno, si consigo salvar lo mío»” (E.3)

5. A modo de conclusión

En una de las entrevistas realizadas para esta investigación, uno de los profesores entrevistados contaba como un día de clase, con método Bolonia, con sus ciento cincuenta alumnos, contentaba en alto una de las declaraciones del inspirado Ministro Wert a partir de una pregunta retórica que el profesor lanzaba pero que, sin embargo, y a diferencia de las declaraciones que en los últimos tiempos realizan nuestros políticos sí tenía respuesta: “¿Qué sobran profesores en España? Por favor, que los traigan a esta clase” (E.3)

La realidad se impone pero, sin embargo, el discurso inmovilista traducido en ese “no sirve para nada” que promueve el discurso dominante, sigue afectando negativamente a la acción colectiva, junto a las continuas regulaciones que recortan derechos laborales, disfrazados de “verdades” economicistas, como la necesidad presupuestaria de reducción de liberados en la Comunidad de Madrid.

Los cambios son rápidos, tan rápidos como cala el discurso dominante, hay tantas cosas que amenazan el Estado de Bienestar tal como lo conocíamos que las viejas estructuras de defensas creadas en torno a ellas no sirven pues ya han sido neutralizadas. Los movimientos sociales llaman la atención sobre esta degradación.

Como se ha visto anteriormente, la representación sindical se vislumbra insuficiente para todos los frentes y cambios que se avecinan y los movimientos sociales tendrán que moverse en sus fronteras pero no al margen de ellos pues el mercado ha mercantilizado el Estado, lo ha debilitado y el movimiento obrero, en este momento, debe de estar más reforzado que nunca para que no se produzca una división de este.

Los movimientos sociales universitarios, al igual que gran parte de los movimientos sociales actuales como el 15M, la marea verde, la marea blanca, etc., tienen un gran capital cultural pero no poseen el capital económico suficiente para influir y jugar dentro de las reglas del mercado. Por ello, es necesario hacer visible esas agresiones que padecen las universidades públicas (Taibo, 2012), como colectivo, y que los movimiento sociales universitarios, visibilizan.

La Uni en la Calle, en este momento, sin grandes victorias concretas, es como lluvia fina que cala en la comunidad universitaria y utiliza el saber colectivo como respuesta para visibilizar el espacio y poder simbólico que tiene la Universidad. Sin embargo, el desgaste de la reivindicación es importante a pesar de los fuertes lazos solidarios que se crean ante la desposesión colectiva.

Parafraseando el libro de Vicent Navarro, hay alternativas también para la Universidad, pero hay que dotarla de financiación para que esta promueva el conocimiento que satisface necesidades sociales (Navarro, 2011)

En definitiva, los movimientos sociales universitarios, como dice el catedrático Juan José Castillo, focalizan una situación que sería invisible para muchas personas, por alejadas a su situación y ponen el foco sobre diferentes situaciones y posiciones, pero, sobre todo, son una manera de combatir el divide y vencerá de las políticas capitalistas:

“Creo que las luchas colectivas de trabajadoras y trabajadores tienen que orientarse sobre la base de una visión global y de conjunto. Apreciando que todos los trabajos deben ser considerados igualmente valiosos, e igualmente defendibles las reivindicaciones de los colectivos hoy peor situados y marginados. Lo digo con un ejemplo que me toca de cerca, la Universidad. Hoy en día, por ejemplo, las reivindicaciones, lucha y organización de los que ahora se llaman “profesorado no permanente” son imprescindibles para la defensa de una Universidad pública y de calidad. Y esas reivindicaciones y lucha nos concierne a todas las personas que somos la Universidad, profesores, estudiantes, personal de administración y servicios, personal de limpieza, subcontratas, etc. Su lucha es la de todos y todas. No es cuestión de ‘apoyarlos’, es cuestión de ser capaces de apreciar que o es juntos, o no hay solución posible. Aquí no se salva ni dios si no está organizado con los demás. En otro caso iremos, sí, de uno en uno, de una en una… y con el carnet en la boca” (Castillo, 2012b).



Bibliografía citada

- Alonso, L.E (2012a): “Un año después del 15-M, ¿el resurgir del conflicto social juvenil?”, en Temas para el debate, núm. 211 (junio), pp. 34-37.

- ___________ (2012b): “Presentación: Crisis, indignación ciudadana y movimientos sociales”, en Dossieres Economistas sin fronteras, nº 6, Septiembre de 2012, PP. 4-7.

- Bourdieu, P. y Boltanski, L. (2009): La producción de la ideología dominante, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

- Castillo, J.J., (2013a) "Cuando hablan de productividad quieren decir intensificación, explotación y deterioro del trabajo" disponible en http://www.eldiario.es/quehacemos/trabajo_productividad_precariedad_paro_6_121847821.html

- ______________ (et al.) (2013b): ¿Qué hacemos para que el trabajo responda a nuestras necesidades y no a los mercados?, Madrid, Editorial Akal.

- Fernández, C.J. (2012): “La otra cara del milagro financiero: las resistencias sociales”, en Dossieres Economistas sin fronteras, nº 6, Septiembre de 2012, PP. 16-19.

- García Calavia, M. A. (2008): “Despidos laborales. Fracturas sociales e identitarias”, en Revista Internacional de Sociología, Vol. LXVI, Nº 51, septiembre-diciembre, pp. 123-144.

- Gaupp-Berghausen, J. (2012): “El poder nunca ha hecho nada sin una reivindicación previa. Entrevista a Amy Goodman, directora de Democracy Now!” disponible http://www.rebelion.org/noticia.php?id=161531

- Giddens, A. (2001): Consecuencias de la modernidad. Madrid, Alinza editorial.

- Heikkilä, R (2012): “Occupy Wall Street y la indicación del 99%”, en Dossieres Economistas sin fronteras, nº 6, Septiembre de 2012, pp. 20-23.

- Martí i Puig, S. (2012): “Los movimientos sociales. Reseña crítica del libro de Donatella Della Porta y Mario Diani” en Revista Española de Sociología, nº 18. Madrid, proyectos editoriales, pp. 163-167.

- Navarro, V. (et al.) (2011): Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, Madrid, Ediciones Seguitur.

- Taibo, C (2012), “Sobre las agresiones que padecen las universidades públicas” disponible [http://www.rebelion.org/noticia.php?id=156204]

- http://fundacionbetiko.org/

Entrevistas realizadas (a 31/03/2013)



  • E1: Coordinador General La Complu en la Calle.

  • E.G.2: Coordinadores La Complu en la Calle.

  • E.3: Coordinador general La Complu en la Calle.

  • E.4: Alumna participante La Complu en la Calle y Plataforma de alumnos UCM.

  • E.5: Representante del Comité de Empresa, UCM.

  • E.6: Representante de la Plataforma de Trabajadores UCM.

  • E.7: Alumno UCM, no participa en ninguna iniciativa.

i Con este título se quiere evocar el libro de López Calle, P. y Castillo Alonso, J.J. (2004):"Los Hijos de las Reformas Laborales: educación, formación y empleo de los jóvenes en la Comunidad de Madrid", UGT-Madrid, Madrid.

ii Y, por qué no recordar a las personas jubiladas que, no sólo quieren un futuro diferente al que les están llevando, sino, también, para su descendencia. Para todos y todas.

iii Nombre adoptado del popular libro de Stephane Hesser, Indignaos (Barcelona, Destino, 2011)

iv Tras las primeras semanas de ocupación, el 15-M se trasladó a los barrios donde sigue su desarrollo como se pudo ver en la Plaza 2 de mayo con La Uni en la Calle el día 9 de marzo, donde el 15_m del barrio supuso un gran apoyo logístico para esta iniciativa.

v En este apartado se analizará la iniciativa sólo hasta su transformación en La Uni en la Calle.

vi Este manifiesto, por cuestiones de tiempo, no pudo ser divulgado en la convocatoria del 9 de marzo. Utilizándose el manifiesto de 28 de noviembre.



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