La accion social y la dimension historica



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LA ACCION SOCIAL Y LA DIMENSION HISTORICA 1

(Del formalismo ahistórico a la recuperación de la historicidad de la acción)

Urbano Ferrer
1. Hacia una delimitacion de la acción social

Poner la acción en el centro de atención de las Ciencias Sociales ha sido una tarea relativamente tardía, en buena parte debido al condicionamiento que éstas experimentaron en sus comienzos por el estado general de los saberes entonces arquetípicos. Hay un influjo de las Ciencias de la Naturaleza —y en particular de la Física—, primero, y de la Biología más tarde, sobre las Ciencias Humanas y Sociales.

En relación con las primeras, una ojeada somera al desarrollo científico moderno empieza por mostrar cómo hasta bien entrado el Siglo XIX se había impuesto el modo de racionalidad objetivista y mecánica que introdujera Galileo en los albores del Renacimiento. Es sabido que Husserl identifica en pleno siglo XX la crisis de las Ciencias europeas con el carácter omniabarcante de la razón galileana, frente al concepto de razón tal como nació en Grecia. La Ciencia Moderna habría abandonado el ideal primitivo y radical de Ciencia auténtica, que da razón de sus principios, contentándose con ser una especie de operación meramente técnica, la cual no se hace responsable de la evidencia de los principios por los que se guía2.

Vestigios de este enfoque físico-mecánico en su aplicación al estudio de la sociedad se encuentran en el concepto de "individuo", en tanto que abstraído de toda vinculación concreta vivida, así como en la noción subsiguiente de "contrato", entendido como origen de las diversas expresiones societarias y que en Hobbes tiene su expresión más rotunda. Ejemplos de acomodaciones sociológicas de conceptos tomados de la Física son la división de la Sociología en Estática y Dinámica Sociales en A. Comte; la sustitución del estudio de las causas por la averiguación de las leyes que sirven de enlace entre los fenómenos y que permiten la predicción, según el esbozo del saber histórico trazado por Condorcet dentro del clímax de la Ilustración; o la concepción de la sociedad en W.G. Sumner como un sistema de fuerzas, de las que la población y las condiciones económicas son las predominantes.

Pero de mayor alcance y envergadura para la Ciencia de la Sociedad resulta la traslación de nociones procedentes de la Biología, tales como "organismo" social, "división del trabajo" (por analogía con la que en el organismo viviente llevan a cabo las células), "funciones" en correlación con las necesidades del todo y que favorecen su adaptación al medio... Son nociones que aparecen en especial en H. Spencer y E. Durkheim. Por influjo suyo, y tanto en ciertos autores europeos (L. Gumplowicz, G. Ratzenhofer) como norteamericanos (W.G. Sumner, A.W. Small), se encuentra la aprehensión del desarrollo social con ayuda de categorías tomadas del evolucionismo biológico. En esta impregnación de unos saberes por otros —la Física y la Biología en la Sociología— está latente el lema positivista de la unificación de la Ciencia: los saberes más abstractos y simples tienen una progresiva aplicación y concreción en los más heterogéneos y complejos.

Asimismo, en el proceso de consolidación de las Ciencias Sociales como Geisteswissenschaften (Ciencias del Espíritu) en Alemania encontramos, desde diversos ángulos, la incorporación a ellas de categorías no pensadas originariamente para la dilucidación de los procesos sociales. Así se muestra en los dos ejemplos del formalismo sociológico y del marxismo.

El formalismo sociológico, que tiene su origen en el historismo diltheyano y en la Fenomenología, indaga las constantes sociales y las sitúa en las formas de organización, abstrayendo de los contenidos variables que les dan concreción histórica. Se prescinde, por tanto, de la temporalidad propia de los procesos sociales, para estudiar lo idéntico de las formaciones sociales en distintos momentos históricos.

Esta misma característica se encuentra en los dos orígenes acabados de señalar. Para W. Dilthey la historicidad designa, en efecto, sólo el hecho de que las formaciones culturales (Bildungen) se vayan sucediendo, con una duración que sobrevive a los individuos que las sustentan. "(Las corporaciones, instituciones...) son formaciones constantes, de duración ciertamente muy distinta, que permanecen, mientras los individuos aparecen y desaparecen, lo mismo que perdura un organismo a pesar de la inclusión y separación de las moléculas y átomos de que se compone"3. Como se ve, el carácter histórico no alude en Dilthey a la génesis de las configuraciones sociales a partir de la acción histórica, sino a la disposición en serie sucesiva de estas configuraciones, de suyo fundadas en elementos psíquicos recurrentes4. De un modo análogo, la Fenomenología husserliana atiende a las unidades objetivas, reiterables mediante diversos actos temporales de la conciencia, de tal modo que la temporalidad no consista en una nota originaria de las formaciones culturales objetivas.

La herencia de estos planteamientos objetivistas —es decir, que prescinden de la acción histórica como origen de las formaciones sociales— la recogen, entre otros, G. Simmel y L. von Wiese, los cuales entienden la Ciencia Social, en este contexto, como Ciencia de las formas o relaciones sociales. Para el primero, las formas sociales estables, del tipo de supraordenación/subordinación, conexión de grupo o diferenciación social, se asemejan a las formas geométricas y gramaticales en tanto que unas y otras se pueden abstraer de sus contenidos empíricos. Ya se trate de una sociedad estamental, industrial o en vías de desarrollo, las formas estructurales recién mencionadas la acompañan en cualquiera de sus fases, si bien con características empíricas variables. Para von Wiese, por su parte, los procesos sociales se configuran a partir de la mayor o menor vinculación o bien distanciamiento entre los grupos, oscilando entre la relación asociativa de amalgamación, en que la distancia es mínima, y la relación disociativa de conflicto, identificable por el máximo alejamiento. Igual que antes, se trata de rasgos abstractos, que pasan por alto los condicionantes sociales concretos a los que se deben.

Otro significativo ejemplo de conceptuación social traslaticia lo tenemos en el marxismo, en este caso a partir del idealismo hegeliano. El avance hacia los Estados nacionales modernos, que Hegel interpreta en términos dialécticos, es trasladado por Marx al ámbito de la realidad social, contrapuesta a la totalidad ahistórica unificada que para Hegel representa el Estado absoluto. Las oposiciones conceptuales del sistema hegeliano son transferidas al seno de la sociedad como antagonismo de intereses, y la conciliación sintética final en el Estado absoluto, propugnada por Hegel, es sustituida por la escisión irreductible entre los miembros de la oposición (trabajo y capital, sociedad y Estado, dominadores y dominados...).

Considero que de los anteriores enfoques dentro del mundo cultural alemán es el formalista el que más se aproxima a la delimitación de la acción social. Baste con reparar en que en ella reside la fuente de constitución de las formaciones sociales objetivas, que para los autores formalistas son el objeto de estudio. Para que la acción social se convierta, partiendo del formalismo, en el centro temático de la atención se presentan dos posibilidades: la primera consiste en aprehender la acción singular mediante los tipos ideales que el formalismo había destacado —pero sin ponerlos todavía en relación con la acción a la que interpretan—, como es el caso de la Sociología Comprensiva de Max Weber; la segunda posibilidad es la que extiende el análisis fenomenológico a la propia acción social, tomando en cuenta su temporalidad y voluntariedad, como ocurre en la Sociología Fenomenológica de Alfred Schutz.

De aquí el interés por indagar ambas conceptuaciones de la acción como unidades últimas en que se resuelve el mundo social, a las que dedicaré sendos apartados. El motivo de engarce entre una y otra está en la teoría de la acción social de Parsons, la cual significa un cierto desenlace teórico de algunas premisas de Weber y a la vez un punto de referencia para la elaboración posterior de Schutz. Seguidamente, y en vista de que Jürgen Habermas ha prestado ampliamente atención a los anteriores planteamientos desde su propia perspectiva de la acción comunicativa, indagaré el modo en que ella recobra la historicidad. Por último, concluiré esta exposición con la referencia al modo como Friedrich Kaulbach incorpora explícitamente la historicidad a su análisis de la acción. El recorrido progresivo a través de los autores citados permitirá poner de relieve el grado en que cada uno llega a contar con la dimensión histórica constitutiva de la acción social.


2. Las teorías de la acción social de Weber y Parsons

Empiezo por bosquejar la acción social siguiendo a Weber, ya que, además de ser cronológicamente el primero en la serie de los autores mencionados (1864-1920), es el que, como se habrá de ver, recupera en primer término el componente histórico reconstructivo del que el formalismo había hecho abstracción. Para Weber los hechos sociales pueden ser penetrados en su sentido o comprendidos (objeto de un "verstehen"), en lo cual se diferencian de los hechos físicos, que se limitan a acaecer; una vez delimitados según su sentido, se los explica poniéndolos en relación con sus antecedentes y efectos. Ambos rasgos, comprensivo y explicativo, quedan expuestos en su caracterización de la "acción social", pues la entiende como aquélla en donde el sentido mentado por su sujeto está referido a la conducta de otro (o de otros), orientándose por ella en su desarrollo5.

Weber recoge en alguna medida la herencia del neokantiano H. Rickert, el cual había destacado la comprensión (Verständnis) del sentido como momento característico de las Ciencias de la Cultura, resultante de poner en relación la acción singular con un valor6. Así, cuando realizo el gesto de tender la mano lo tomo por expresión de saludo, y en el mismo sentido lo interpreta mi interlocutor, al actuar seguidamente en correlación con él, por ejemplo, respondiendo al saludo, contestando a mis preguntas, interesándose por mí y por mi familia...

Para Weber la comprensión del sentido forma parte de la acción social, en la medida en que el actor indica con su acción que ha comprendido las expectativas ajenas y les da respuesta. Quienes, por el contrario, actúan conjuntamente, pero sin interactuar, sin verse influidos entre sí, no están actuando socialmente; por ejemplo, un pelotón de instrucción, un grupo de jugadores de cartas haciendo solitarios... En el sentido de la acción intervienen un fin y unos medios, que se acoplan de diversos modos según la clase de relación social que los pone en juego, la cual puede ser técnica o eficiente, valorativa o simbólica, afectiva o emotiva y tradicional o regida por el respeto a una autoridad. Pero a la comprensión del sentido hay que añadir la explicación causal del desarrollo y los efectos de la acción, ya que el sentido no es meramente comprendido en abstracto, sino que asimismo desencadena la acción en curso, concatenándola con el resto de los acontecimientos naturales e históricos.

Paradójicamente, la exacerbación de la forma eficiente de relación entre medios y fines ha producido en la vida social la eliminación del sentido, que en un principio la sostenía. Weber considera el desencantamiento (Entzäuberung) correspondiente como el rasgo más característico de la racionalidad moderna, que mediante las leyes anónimas del mercado y de la burocracia ha desplazado a las otras formas de racionalidad. La razón exclusivamente instrumental no puede por menos de ser deficitaria, al perderse la conciencia del fin de la que, por su propia noción, dependen los medios7.

Como, según Weber, los sentidos interpretativos de la acción son puestos por sus actores, a modo de medios auxiliares insertos en la trama de un único transcurso, han de ser los resultados los que hacen manifiesta la efectividad de la acción social, sin que de suyo les corresponda un significado propio. Justamente lo que denominamos "cultura", al venir definida por un sentido, habrá de reducirse —según estos presupuestos— a una sección transversal que el actor introduce en el entramado de los acontecimientos, carentes en sí mismos de dirección. Según Weber: "Cultura es una sección limitada de la infinitud desprovista de sentido del acaecer universal, a la cual los seres humanos otorgan sentido y significación... La premisa trascendental de toda Ciencia de la Cultura no consiste en que encontremos plena de valor una determinada cultura, o cualquier cultura en general, sino en que somos hombres de cultura, dotados de la capacidad y de la voluntad de tomar conscientemente posición ante el mundo y de conferirle sentido"8. Las formaciones sociales idénticas, componentes de una cultura (como pueden ser el saludo, el acatamiento a la autoridad, ceder el sitio a las damas, o, en un nivel macrosocial, la identidad nacional o el conjunto de reglas para la convivencia), que para Simmel y von Wiese aparecían en un primer plano, quedan ahora reducidas a cálculos de probabilidades con secuencias de actuación, una vez que bajo la influencia idealista se sitúa el significado de los acontecimientos en los intérpretes que toman posición ante ellos y no en la efectividad de su transcurso.

La acción es histórica, al estar expuesta a unas consecuencias, de las que a su vez se siguen otras, indefinidamente. Para apresar esta dimensión histórica de la acción recurre Weber a los "tipos ideales": consisten en conceptos aproximativos, intercalados como tipos medios en el conjunto indefinido del acaecer universal. No se llega a ellos por abstracción de los aspectos más generales que se repiten en diversas circunstancias, sino por la acentuación unilateral (einseitige Steigerung) de algunos de los rasgos causales de la acción. Mirando la realidad bajo un cierto punto de vista se destacan de ella ciertos modos "puros" o irreales, que sirven de marco para categorizar los avatares sociohistóricos. Son ejemplos de tipos ideales la autoridad carismática del líder, la racionalidad burocratizada en la sociedad occidental, la creencia calvinista en la predestinación como motivo para una intensa actividad mundana...

Un nuevo planteamiento de la acción social es el que propone Talcott Parsons (1902-79). Durante sus años de Doctorado en la Universidad de Heidelberg (1925-27) acusa la influencia que Weber había dejado en aquella Universidad desde 1897, incluso después de su muerte, acaecida en 1920. La primera traducción al inglés del célebre estudio weberiano sobre La Etica protestante y el origen del capitalismo es debida a Parsons.

En un orden temático la continuidad entre ambos sociólogos se advierte desde la noción weberiana de "tipos ideales". Al ser éstos sólo hipótesis fingidas que permiten ordenar más o menos adecuadamente el material informe de los acontecimientos, el paso siguiente consistirá en su supresión, dejando que los sistemas en que la acción se inserta se readapten por sí solos buscando el equilibrio. Así como para Weber el sentido estaba inmerso en el nexo dinámico de los acontecimientos, para Parsons, análogamente, la acción se integra en un sistema, caracterizado por la orientación normativa según valores y por la situación definida que es punto de partida para la actuación. Así, pues, en toda acción se distinguen la normatividad del valor y el elemento condicional de hecho del que se parte: entre ambos se inscribe la tensión o esfuerzo característico de la acción, que desemboca en un resultado o estado de cosas futuro. "Hay siempre que considerar que la acción implica un estado de tensión entre dos órdenes distintos de elementos: el normativo y el condicional. Como proceso, la acción es, de hecho, el proceso de alteración de los elementos condicionales en la dirección de la conformidad con las normas"9.

Debemos a Parsons la categorización más completa de los factores estructuralfuncionales que permiten ubicar sistémicamente la acción social, tales como "rol", "status", "expectativas de rol", "institucionalización", "pautas culturales"... De aquí derivan los códigos de conducta, necesarios para mantener la funcionalidad del sistema y sin los que no sería posible la interacción en cualquiera de sus grados y expresiones. Se delimitan los elementos sociales anteriores de acuerdo con su función respectiva en orden a mantener la completud del sistema. Como se ve, el concepto de función conserva en Parsons parte del carácter organicista que originariamente tenía en Durkheim10: Parsons lo va a entender preferentemente como la contribución de las partes al mecanismo global y como la interdependencia entre las partes.

Sin embargo, la síntesis parsoniana correspondiente entre sistema y acción social pronto se revela precaria. Por esto, ante la dificultad de construir los sistemas desde las unidades de acción aisladas, Parsons en su segunda etapa (iniciada con El sistema social en 1953) parte, al modo de Durkheim, de las pautas culturales como constituyentes del sistema total antes de que los agentes entren en interacción. Da por supuestas con anterioridad a la acción social las pautas culturales y su traducción subsiguiente en orientaciones normativas para el subsistema social y en orientaciones motivacionales para el subsistema de la personalidad. De este modo, acentúa la configuración objetiva de la cultura, de la que los agentes toman la interpretación que dan a sus acciones.

Personalidad, sociedad y cultura son, pues, los tres subsistemas, recíprocamente abiertos, que integran el sistema total de la acción social. El subsistema básico, consistente en la personalidad, es el que aporta la energía a la acción, mientras que en la cultura residen la información y los valores necesarios para que las personas puedan coordinar sus expectativas temporales en el sistema completo de la acción social. La inserción de la personalidad en la sociedad a través de los roles es lo que Parsons entiende por socialización; y, a su vez, la incorporación de las pautas que definen la cultura al subsistema social es aquello en lo que consiste la institucionalización de la cultura.

Tanto la progresiva diferenciación interna al sistema (lo que Parsons denomina cambio de equilibrio) como el cambio en el universo de valores desde los que el sistema se consolida (llamado cambio de estructura) se deben a las necesidades funcionales de adaptación o bien de búsqueda de nuevos equilibrios, revelándose en estos conjuntos la significación vectorial completa de la acción. Lo que preside la diversidad en las partes y en sus relaciones es, por tanto, el criterio de la integración, ya sea en la forma de adaptación a un medio, ya como restablecimiento del equilibrio de conjunto. "Un sistema de acción concreto es una estructura integrada de elementos de la acción en relación con una situación. Esto quiere decir esencialmente integración de elementos motivacionales y culturales o simbólicos conjuntados en una cierta clase de sistema ordenado"11.

Los límites de las teorías de la acción social de Weber y Parsons han sido señalados desde diversos aspectos por la Sociología Fenomenológica de A. Schutz y por la Teoría de la Acción Comunicativa de J. Habermas, antes mencionadas. Centraré en el primero de estos autores el próximo apartado.


3. Alfred Schutz: de los significados sociales a la actividad significativa primordial

Schutz tomó contacto con el pensamiento de Weber cuando éste dictó un curso en el primer semestre de 1918 en la Universidad de Viena. A partir de 1921 halló en la obra weberiana Economía y sociedad un intentó similar al suyo por poner en la acción interindividual la base de las instituciones sociales. Muy posterior fue el encuentro polémico con la Sociología de Parsons, a raíz de su traslado a Nueva York en 1939 y que quedó recogido en correspondencia privada12.

Para Alfred Schutz los conceptos objetivos de la Ciencia Social con los que se organiza el sistema parsoniano constituyen idealizaciones y formalizaciones que han de recubrirse con las categorías de significado provenientes de los actores sociales13. En el origen de los sistemas significativos y de las tipificaciones regularizadoras adoptadas comúnmente se hallan los hábitos formados a partir de la interacción y en referencia a un ámbito mundano, entendido como un posible campo de acción. Comprendo, por ejemplo, un reloj desde la función orientativa para la conducta, individual y social, que adscribo a la hora; o bien, entiendo una caja de cerillas una vez que la pongo en relación con la actividad de hacer fuego, en función de distintas necesidades. "No puedo comprender una cosa social sin reducirla a la actividad humana que la ha creado y, más allá de ello, sin reducir esta actividad humana a los motivos que la originan. No comprendo una herramienta sin conocer el propósito para el cual fue destinada, un signo o un símbolo sin conocer lo que representa, una institución si no estoy familiarizado con sus objetivos, una obra de arte si dejo de lado las intenciones del artista que la realiza"14.

Por contraposición a Weber y Parsons, que estudian la acción como el observador externo que la registra a partir de unos efectos, Schutz toma en cuenta la acción en tanto que emprendida por los agentes sociales. El proyecto y la motivación son los dos núcleos que le permiten transitar desde la acción social efectuada hasta los agentes singulares que están en su origen (en este sentido se inscribe asimismo el intento de mediación entre ambos enfoques por parte de Ricoeur a través de lo que denomina "dialéctica de la libertad"15). Examinaré a continuación detenidamente cada uno de ellos16.

Antes de su realización la acción es proyectada por el agente individual como si estuviera ya realizada, tal como lo expresa el futuro perfecto (A es lo que 'habré realizado'). Esta unidad de la acción, que la identifica antes de su puesta en práctica de modo sucesivo, es lo que Schutz entiende por su significado. Con él no se designa un momento en el análisis de la acción aportado desde fuera e igualmente aplicable a los diversos actores que participan en ella; antes bien, cada actor lo enmarca en sus coordenadas temporales, ya sea para prestarlo cuando la acción es iniciada, ya para interpretarlo cuando se trata de algún actor distinto del ejecutor y que responde a ella.

En la conceptuación de la acción social llevada a cabo por Schutz operan sin solución de continuidad la influencia de la durée bergsoniana, que no se deja medir ni adicionar con otros tiempos, y de la temporalidad inmanente de la conciencia, que Husserl tematizó como el último reducto de sus análisis fenomenológicos. La duración no es para Bergson descomponible en instantes superponibles, sino unidad fluyente, como el dilatarse de un hilo elástico o el disolverse en agua de un terrón de azúcar17. Por su parte, el tiempo inmanente husserliano se forma a partir de las retenciones, acumulativas de lo que acaba de pasar como una cola de cometa, y pro-tenciones, vueltas hacia lo que está por venir; de la prolongación del presente en el pasado a través de las retenciones y en el futuro por medio de las protenciones resulta, según Husserl, la temporalidad continua de la vida de conciencia18.

Estas diferencias temporales, variables de una a otra conciencia, fueron pasadas por alto por Weber, al tener por uno y el mismo el sentido que con origen en cada uno de sus diversos agentes interviene en la acción. Pero el significado no puede coincidir temporalmente en los distintos actores —arguye Schutz —, ya que sólo después de haberlo prestado su emisor es posible que el destinatario lo interprete descomponiéndolo. Además, los contextos temporales motivacionales que circundan a los respectivos actos de prestar significado, variando con ellos, no pueden fijarse de un modo observacional19.

La divergencia entre Schutz y Weber a propósito del significado en la acción social se esquematiza así: Al introducir Weber la categorización selectiva en el conjunto de las realidades culturales, reparó en el valor que permite identificar una u otra acción; pero al integrarlo descriptivamente en el curso histórico, lo confundió con la tipificación en los hechos debida a la valoración previa de los agentes. No diferenció, por tanto, entre acción valorativa tipificadora y tipificación resultante en los hechos. En cambio, Schutz distingue la "acción20 proyectada" de los "tipos empíricos", la primera entendida como unidad previa a su realización, y los segundos como clasificaciones cuasi-anónimas, posteriores a la proyección de las acciones.

Un modo de poner de relieve esta diferencia —entre la acción proyectada en singular y su clasificación según tipos válidos en general— es mediante la distinción paralela entre "motivos-para" y "motivos-porque". Con esto pasamos al segundo de los rasgos identificadores de la acción antes mencionados. Mientras los "motivos-para" apuntan hacia el futuro, con origen en el agente que decide actuar, los "motivos-porque" versan sobre moldes externos a los cuales referir la acción y que su agente encuentra retrospectivamente una vez que la ha proyectado. 'Abro el paraguas para no mojarme' apela al "motivo-para" como punto de partida que inicia la actuación; 'abrí el paraguas porque llovía' hace mención a la circunstancia a que me vuelvo para explicar la actuación una vez que la he emprendido.

El proyecto, desarrollado por entero en el "motivo-para", es exactamente lo que se cumple en la acción; en cambio, el "motivo-porque" hace intervenir los variables contextos significativos que la tipifican anónimamente para un actor cualquiera: 'llover explica —en general— que se abra el paraguas'. Es claro que la segunda expresión sólo es significativa de un modo derivado, cuando se cuenta ya con un significado activamente proyectado. Los "motivos-porque" aparecen en un acto de atención que se vuelve hacia la acción ya proyectada y la pone en relación explicativa con sus circunstancias antecedentes21. En términos orteguianos, diríamos que mi futuro me hace descubrir mi pasado para realizarse22.

En su aplicación al mundo histórico-social, la acción significativa sedimenta en convenciones genéricamente adoptadas por un observador cualquiera, que encubren en mayor o menor grado los motivos-para. El encubrimiento tiene lugar por la transformación del significado de la acción, tal como lo proyecta el agente en su versión a los otros, en motivos-porque, fijados a partir de los contextos situacionales. Los motivos-porque aparecen en virtud de una cesura libremente ejercida por el observador que los destaca —no por el agente que se autodetermina—, ya que por sí mismos carecen de límites fijos, son de textura abierta. 'Le visité porque estaba en su oficina, porque yo disponía de medios de locomoción, porque era la hora oportuna, etc...' son todas ellas libres contextualizaciones igualmente posibles de una única acción proyectada en términos, por ejemplo, de 'le visitaré para devolverle el libro', es decir, tal como la ve por adelantado su agente, en tanto que motivada desde él mismo y en vista de alguien otro.

Sin embargo, la unidad del significado proyectivo no es todavía índice de autodeterminación en su agente. Pues esa unidad no caracteriza a la acción en su ejecución, sino a partir del acto de atención por el que la conciencia la integra como un todo ya transcurrido, aunque todavía no haya sido realizada. Schutz separa, de este modo, el acto significativo de la corriente continua de las vivencias, haciendo precisa una dirección intencional específica para que aquél se constituya. "El significado no reside en la vivencia o en su estructura noemática, sino sólo en el modo de dirigirse hacia esa vivencia o, como formulamos antes anticipándonos, en la actitud del yo hacia su duración ya transcurrida"23. Al proyecto le falta todavía la intención de su realización para pasar de ser neutral a posicional, convirtiéndose, así, en pro-pósito que inicie la acción.

Al atribuir su agente significado concreto a un tipo regularizado de conducta, sobrepasa los términos generales en que lo interpreta un observador anónimo, comportándose libremente en relación con ella e insertándola en su biografía. En otros términos: la actividad significativa primordial equivale a la primera presentación de la libertad social, ya que en ella se revela la no coincidencia entre el agente y su rol social. "También en situaciones típicas de nuestra vida cotidiana todos nosotros asumimos ciertos roles típicos... El viajero, por ejemplo, debe comportarse de la manera específica que, según cree, el tipo "empleado ferroviario" espera de un pasajero típico. Para nosotros, en nuestra vida diaria, estas actitudes son sólo roles que asumimos voluntariamente por conveniencia y que podemos abandonar cuando queramos"24. La descripción funcional o anónima del rol resulta ser correlativa, no del agente que le presta significado, sino de la abstracción a la que denominamos el "otro generalizado" (other generalised)25.

Con el paso del rol social al agente cuyas acciones tienen una temporalidad y significado biográfico intransferibles se gana la perspectiva propia de los sujetos históricos. En efecto, las acciones históricas no son ejemplos de roles generales, sino que están singularmente motivadas. De este modo, encontramos en Schutz un avance sobre la teoría sistémica de Parsons en orden a la recuperación de los aspectos específicamente históricos de la acción social.

Una segunda faceta histórica de la acción es la que proviene de su inscripción en un horizonte temporal socialmente sedimentado, del que forman parte los conocimientos y acciones de los que el agente no podría obtener una experiencia directa. Lo que otros me han contado o lo que he leído sobre ellos enlaza con mi experiencia presente, hasta el punto que las acciones que proyecto se destacan a partir de ese fondo histórico que los antepasados han contribuido a formar. No existe, por tanto, una línea nítida de separación entre el tiempo actual, con su horizonte de indeterminación, y el tiempo histórico o ya transcurrido sobre el que las vivencias presentes resaltan26. La historicidad pertenece, pues, también bajo este aspecto derivado, a la estructura temporal de la acción.

Es éste uno de los motivos de divergencia más significativos entre Husserl y Schutz. Mientras para el primero el mundo intersubjetivo se constituye en la comunicación simultáneamente al alter ego, Schutz cuenta con un mundo histórico previamente adquirido, del cual los interlocutores reflejan una u otra perspectiva. La reciprocidad no sería posible sin su anclaje en el mundo de la vida común, ya dispuesto en sus diferencias espaciales y temporales, antes que los sujetos en comunicación las sitúen por relación a su propia posición27.


4. De los significados sociales a la interacción comunicativa

Un rasgo común a las anteriores conceptuaciones de la acción social es que su agente se propone fines en solitario, sin que la interacción con los otros agentes llegue a cambiar el paradigma teleológico según el cual se interpreta la actuación. Son fines prelingüísticos, ya que su expresión no influye en la proposición de los mismos, sino que es convencional respecto de ellos. Tal es el motivo central de la crítica de Habermas a una racionalidad sólo de fines, como la que Weber describe.

La interacción comunicativa o dialógica se diferencia de la acción estratégica de fines en que se ejerce a través de las convenciones del lenguaje, en las cuales ya está plasmado lo que los agentes quieren decir. Acciones como prometer, asentir, apostar, suscribir un contrato, dar órdenes... tienen una acuñación lingüística, pertenecen a las "cosas que se hacen con las palabras", según las identificara J. Austin. Además, el acuerdo comunicativo ha de poder expresarse mediante proposiciones y fundarse en argumentos lingüísticamente públicos.

Respecto del concepto parsoniano de sistema, Habermas ha puesto de relieve sus límites desde el punto de vista de la acción comunicativa, y ha ganado con esto la noción de "mundo de la vida" (Lebenswelt), como condición necesaria para que se alcance el entendimiento dialógico. El mundo de la vida es el trasfondo común sobre el que se orientan las distintas emisiones de cada uno de los interlocutores; sin él —como contexto implícito compartido en la comunicación— no podrían éstos llegar a un acuerdo a partir de sus diferentes proposiciones lingüísticas. ¿Cómo rebasa Habermas, desde esta nueva perspectiva, la acción entendida como sistema, al modo de Parsons?

En vez de unos valores compartidos, integrantes del subsistema cultural de la acción social y base de la comunicación, tal como lo presenta Parsons28, Habermas recurre al trasfondo variable, contextualizador del entendimiento dialógico, que representa el "mundo de la vida"; y, en vez de la coordinación entre acciones singulares teleológicamente orientadas, al modo de Weber, Habermas toma en cuenta el "mundo de la vida" como posibilitante del diálogo inherente a la interacción. Los conceptos de mundo de la vida y de acción comunicativa resultan ser, de este modo, complementarios29.

Ciertamente, a diferencia de Parsons, Schutz dedica atención también al "mundo de la vida", caracterizándolo como un conjunto de estructuras perceptivas y culturales, socialmente depositadas, sobre las cuales se dispone el entendimiento mutuo entre los agentes sociales. El "mundo de la vida" le aparece como un horizonte móvil, definido en cada caso por la situación variable30. Pero Habermas no suscribe esta noción de Schutz de mundo de la vida, como marco perceptivo y cultural móvil, sino que la sustituye por los plexos situacionales que la propia acción comunicativa introduce performativamente (realizativamente). Las emisiones lingüísticas no forman parte, en efecto, del mundo objetivo, ya organizado en sus estructuras, sino que son más bien el medio para la interacción y socialización de los agentes; pues al realizar o entender un acto de habla, los interlocutores no echan mano del lenguaje como de una herramienta con la que alcanzar un objetivo, sino que mediante el acto de habla adoptan socialmente una u otra posición —la de quien ha hecho tal apuesta, la de quien se ha com-prometido con su acto de prometer...—, que los identifica como interlocutores y pone en relación31. El hombre es un ser social por la misma razón por la que es un ser hablante, según había advertido Aristóteles.

La secuencia de las acciones ya transcurridas se dispone sobre un mundo de la vida incuestionado, que las dota de perspectiva histórica. Sólo hay Historia para unos agentes que actualmente coordinan sus actuaciones dentro de una situación que todavía no es histórica. Las eventuales perturbaciones en los elementos situacionales de la acción (como son el tema, el fin pretendido o el plan de ejecución) corren desde luego la frontera entre lo explícito y lo vitalmente sobreentendido, pero no eliminan la distinción entre ambos planos.

En conclusión: Desde el mundo de la vida, como horizonte de la acción comunicativa, adquiere su relieve histórico la narración de los hechos32. Al narrar, los participantes en la comunicación asumen el punto de vista histórico desde el que enclavar los sucesos narrativos que terminan en el mundo de la vida posibilitante de su intercambio. Visto desde otro ángulo: la acción social es histórica en la medida en que el mundo de la vida que la comunicación instaura se desplaza con ella, adquiriendo unos contornos variables en dependencia de la acción misma.

De aquí se sigue que cuando el mundo de la vida se estanca porque se imponen sobre él los sistemas, ya sean de intercambio o de poder, se pierde también el punto de mira histórico. Mientras en las sociedades primitivas los mecanismos de intercambio y de poder se integraban en el mundo de la vida a través de las relaciones de vecindad y de parentesco, en el mundo moderno los sistemas se han independizado, perdiendo su anclaje normativo en el mundo de la vida33. Se ha pasado de las expectativas particulares de comportamientos colindantes a los preceptos generales expuestos en un código: por ejemplo, a la reparación entre las partes en litigio han sustituido los castigos recogidos preceptivamente. Para recobrar la historicidad de los acontecimientos hay que liberar la acción comunicativa, orientada al entendimiento mutuo, correlativa del mundo de la vida, por relación al cual los acontecimientos se emplazan.

Queda por examinar si la lingüisticidad interna a la acción no comporta ya carácter histórico, antes de ponerla en relación hermenéutica, de acuerdo con sus efectos lingüísticos, con los sucesos precedentes. Me centraré para terminar en este nuevo aspecto, que ha sido destacado por el neokantiano F. Kaulbach.


5. La historicidad en la acción según Kaulbach

La historicidad de la acción, tal como la entiende Kaulbach, se sitúa en su propio desencadenamiento, ya que está compuesto por una serie de etapas que la configuran en su unidad. La primera etapa es el planeamiento, que primariamente identifica a la acción; en segundo lugar, viene la decisión dirigida a su puesta en práctica, en diálogo con las circunstancias no previstas en el proyecto. Ambas fases se conjugan cuando el agente se atribuye a sí su acción en un tercer estadio, por cuanto en tal momento queda no sólo definida genéricamente, sino también singularizada a partir de los efectos precisos que su autor ocasiona. De este modo, este tercer momento sintetiza los dos anteriores. Exponiéndolo al modo de Schutz, pero alterando su descripción, se diría que el significado íntegro se recompone en el curso de la actuación, el cual previamente a ella no llega a estar edificado como un todo.

La acción se va realizando como una configuración desplegada en etapas, asemejándose en esto a la expresión verbal, por más que una y otra estén ya incoadas antes de su efectuación. La acción se perfila, en efecto, como un todo en su realización continuada, sin cesura entre la vivencia de su realización y su objetivación como un todo unitario. La primera etapa del planeamiento y la segunda de la decisión se compendian, a modo de síntesis, en la imputación a su agente de la acción ya realizada: este tercer estadio no sería posible sin contar a la vez con el proyecto general y con la realización circunscrita, en la medida en que ambos, inconmensurables entre sí, tienen, sin embargo, un común punto de partida en el agente idéntico.

"La primera fase es dominada por medio del planeamiento, la reflexión y el proyecto. La segunda, por el contrario, exige un tomar posición sobre el suelo del mundo efectivo de la acción, poniendo al agente en la situación de estar en condiciones de afrontar la totalidad de las condiciones reales de la acción. Y la tercera etapa es la de la reflexión y enjuiciamiento de la acción ya acaecida: se cumple ante todo por medio de la intención de la conciencia actuante de restablecer la identidad del agente superando la sima que existe entre el planeamiento y la ejecución"34.

La historicidad pertenece para Kaulbach a la estructura dialógica de la acción, ya previamente a los efectos creados con las palabras expresas. Antes de objetivarse en unas expresiones la acción se inscribe en un mundo efectivo, común a los sujetos, haciendo posible el intercambio al ser interpretada por los otros. A través de las posiciones espaciales, decisiones manifestadas, distensiones y pausas que marcan cada acción... se efectúa la presentación recíproca de cada uno de los actuantes como interlocutores, con anterioridad a las expresiones lingüísticas registrables desde fuera.

La socialidad históricolingüística de la acción tiene lugar en primer término en este lenguaje representativo, por el que cada participante se hace presentes las configuraciones de sentido que les son comunes y que sirven de base a la comunicación. Hay una elocuencia de lo que no necesita ser enunciado para que sobre ello se monte el diálogo, en la medida en que la acción es ya expresiva, sin palabras auxiliares, y se le da respuesta históricamente con otra acción. Kaulbach lo ejemplifica con la elocuencia del proceso judicial, donde las declaraciones expresas cuentan con la disposición de conjunto siempre sobreentendida y que asigna su papel a cada uno de los participantes (juez, fiscal, abogado, reo, testigos...).

La historicidad, entendida en este sentido representativo-trascendental, como base de la interacción mediante las palabras emitidas, complementa la otra perspectiva comunicativa antes estudiada, según la cual eran las palabras las que mediante sus efectos performativos guiaban la interacción.
6. Conclusión

Se puede efectuar un balance comparativo a propósito del grado en que cada uno de los autores expuestos incorpora la historicidad a su enfoque de la acción social. Desde el modo externo como Weber examina la acción histórica, categorizándola a través de un tipo ideal, hasta la estructura histórica constitutiva de toda acción en su mismo transcurso, patente en Kaulbach, se registra, ciertamente, un avance notable. ¿Cómo dar cuenta de este avance en sus pasos sucesivos a través de las posturas recorridas?

En Weber el índice de historicidad en la acción reside en la implantación progresiva de la racionalidad instrumental. El tipo ideal, aproximativo a la acción, se presenta tanto más puro cuanto más avanzado históricamente, en la medida en que la sucesión histórica coincide con una mayor racionalidad impersonal, relativa a los medios. El precio de esta conquista reside, sin embargo, en la pérdida del sentido de que está aquejada estructuralmente la civilización contemporánea.

Para Parsons la historicidad revierte de la acción al sistema sociocultural en que se inscribe en orden a su mayor estabilización, o bien a un cambio de estructura, tal como el que se opera, por ejemplo, en las sociedades colonizadas una vez que han adquirido la independencia. Adscribe a la acción social el modelo retroalimentador o cibernético35, según el cual los valores culturales se institucionalizan en el comportamiento de las personas y los roles sociales son desempeñados por sus actores, a la vez que con estos mecanismos se consigue recíprocamente el equilibrio del conjunto sociocultural a través de la acción.

En Schutz los tipos ideales weberianos se convierten en el componente histórico por el que se orienta la experiencia singular en su "atipismo". De este modo, la fisura entre el proyecto singular variable y el tipo ya sedimentado, que sólo anónimamente guía la acción, es el índice histórico de la acción social. La idealización de los tipos, tal como la formuló Weber, escamotea el hic et nunc histórico que abre a la acción el horizonte indeterminado para su proyección.

En Habermas la acción social es histórica cuando se adopta como punto de referencia para la historicidad el mundo de la vida en el que los agentes interactúan. Para esto es preciso que la acción comunicativa no quede solapada por las acciones orientadas al éxito dentro de un sistema tecnificado en sus medios de realización y en sus límites como conjunto. La dinámica de la acción comunicativa se expone en el lenguaje realizativo a través de sus efectos ilocutivos (es decir, lo que se hace con las palabras, como prometer, apostar...).

Kaulbach encuentra la historicidad con anterioridad a los efectos originados por las emisiones lingüísticas. Toda acción parte de un plan representado y se ejecuta en la acomodación entre el plan y los medios de realización. Sin necesidad de expresarlo verbalmente, los otros actores sociales pueden responder a esta acción con otra (dar/recibir, pedir/ofrecer...), entablándose un diálogo entre los agentes que convierte simultáneamente a la acción en social e histórica.

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1 Este texto fue leído como Referat en el "Dritter Freiburger Arbeitstag für Soziologie" organizado por el Instituto de Sociología de la Universidad de Friburgo de Brisgovia el 8 de Octubre de 1994.

2 "Die Wissenschaft ist in der spezialwissenschaftlichen Form zu einer Art theoretischer Technik geworden, die, wie die Technik im gewöhnlichen Sinne, viel mehr auf einer in der vielseitigen und vielgeübten praktischen Betätigung selbst erwachsenden 'praktischen Erfahrung' beruht als auf Einsicht in die Ratio der vollzogenen Leistung" (Husserl, E., Formale und Transzendentale Logik, Husserliana, vol. X, Martinus Nijhoff, La Haya, 1969, p. 7).

3 Dilthey, W., Einführung in die Geisteswissenschaft I, B.G. Teubner Verlagsgesselschaft, Stuttgart, 1959, p. 50.

4 Dilthey, W., op.cit., p. 44.

5 "Nicht jede Art von Berührung von Menschen ist sozialen Charakters, sondern nur ein sinnhaft am Verhalten des anderen orientiertes eigenes Verhalten" (Weber, M., Grundriss der Sozialökonomie I, J.C.B. Mohr (Paul Siebeck), Tubinga, 1921, p. 11).

6 Sobre los puntos de contacto y las divergencias entre ambos autores, Bruun, H.H., Science, Values and Politics in Max Weber´s Methodology, Munksgaard, Copenhague, 1972.

7 Tal es la ambivalencia básica de la racionalidad moderna. Cf. Peukert, D.J. K., Max Webers Diagnose der Moderne, Vandenhoeck, Gotinga, 1989, pp. 45-91.

8 Weber, M., Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre, J.C.B. Mohr, Tubinga, 1973, p. 180.

9 Parsons, T., The Strcucture of Social Action, The Free Press, Glincoe, Illinois, 1949, p. 732.

10 En este sentido, Werlen, B., Society, Action and Space, Routledge Kegan Paul, Londres, 1993, pp. 100-138.

11 Parsons, T., El sistema social, Revista de Occidente, Madrid, 1966, p. 54.

12 En este sentido, Grathoff, R. (ed.), The Theory of Social Action: The Correspondence of Alfred Schutz and Talcott Parsons, Indiana University Press, Bloomington, 1978; Kassab, E.S., The Theory of Social Action in the Schutz-Parsons Debate, Ed. Universitaires, Friburgo (Suiza), 1991; Werlen, B., op. cit.

13 "But it will be usefull to remember that what the soziologist calls "system", "role", "status", "role expectation"... are elements of a networks of typifications —typifications of human individuals, of their course-of-action patterns, of theirs motives and goals, or of the sociocultural products which originated in their actions" (Schutz, A., "Equality and the Meaning Structure of the Social World", en Studies in Social Theory, Collected Papers II, Martinus Nijhoff, La Haya, 1972, p. 232).

14 Schutz, A., The Social World and the Theory of Social Action, Collected Papers, II, p. 10.

15 Cf. en este mismo volumen los estudios de Lorenzo Vicente y Angel Cuenca.

16 Seguidamente recojo y amplío algunos de los resultados ya expuestos en Ferrer, U., "El significado en la acción intersubjetiva según Alfred Schutz", en Daimon, 3, 1991, pp. 159-172.

17 "Mais le temps n´est pas une ligne sur laquelle on repasse. Certes, une fois qu´il est écoulé, nous avons le droit de nous en représenter les moments succesifs comme extérieurs les uns aux autres, et de penser ainsi à une ligne qui traverse l´espace; mais il demeurera entendu que cette ligne symbolise, non pas le temps qui s´écoule, mais le temps écoulé" (Bergson, H., Essai sur les données immédiates de la conscience, PUF, Paris, 1991, p. 136).

18 "Also konstituiert sich offenbar auch der Bewußtseinsfluß im Bewußtsein als Einheit. In ihm konstituiert sich z.B. die Einheit einer Ton-Dauer, er selbst aber als Einheit des Ton-Dauer-Bewußtseins konstituiert sich wieder" (Husserl, E., Zur Phänomenologie des inneren Bewußtseins, Husserliana, vol. XVII, Martinus Nijhoff, La Haya, 1975, p. 80).

19 "Es ist durchaus nicht ausgemacht, daß der uns verständliche Sinnzusammenhang der nämliche sei, wie derjenige, in den das Handeln seinem subjektiv gemeinten Sinn nach hineingehört... Es genügt nämlich für das motivationsmäßige Verstehen keineswegs die aus dem Zusammenhang gerissene Augenblicksaufnahme der Tätigkeit" (Schutz, A., Der sinnhafte Aufbau der sozialen Welt, Suhrkamp, Francfort, 1993, p. 37).

20 En la precisa terminología de Schutz habría que denominar acto (Handlung) a la unidad de la acción proyectada, por contraposición a la acción (Handeln) en curso. Pese a tratarse de una diferencia fundamental en su obra, prescindo aquí de ella porque no altera el sentido de esta exposición.

21 "Die Fragestellung eines echten Warum ist überhaupt erst nach Ablauf des motivierenden Erlebens möglich, auf welches als abgelaufenes und fertiges hineinblickt wird" (Schutz, A., Der sinnhafte Aufbau der sozialen Welt, p. 125).

22 Ortega y Gasset, J., ¿Qué es Filosofía?, Obras, VII, Alianza Ed., Madrid, 1983, p. 432.

23 Schutz, op. cit., p. 94.

24 Schutz, A., The Problem of Rationality in the Social World, Collected Papers II, p. 82.

25 Es éste un concepto introducido por G.H. Mead a propósito de las actividades propias de la socialización secundaria, como el deporte o el juego reglado, en que cada individuo ha de asumir las expectativas propias de los demás en tanto que miembros cualesquiera del grupo para poder participar en aquellas actividades (Mead, G.H., Espíritu, persona y sociedad, Paidós, México, 1990, p. 185 ss.)

26 "Die Erfahrungen der Vorwelt sind selbstverständlich indirekt. Sie können durch Mitteilungen meiner Mitmenschen oder Zeitgenossen vermittelt sein, die auf ihren eigenen unmittelbaren Erfahrungen beruhen (Kindheitserinnerungen meines Vaters) oder können selbst abgeleitet sein (mein Vater erzählt mir von den Bürgerkriegserlebnissen seines Großonkels). Diese Beispiele zeigen im übrigen wieder, wie unscharf die Trennungslinie zwischen der Welt der Zeitgenossen und Vorfahren in der alltäglichen Erfahrung ist" (Schutz, A., Luckmann, T., Strukturen der Lebenswelt I, Suhrkamp, Francfort, 1994, p. 120).

27 Schutz ha expuesto sus discrepancias con el planteamiento husserliano sobre la intersubjetividad en "El problema de la intersubjetividad trascendental en Husserl", en Husserl. Tercer Coloquio Filosófico de Royaumont, Paidós, Buenos Aires, 1968, pp. 291-316. Cf. también Folter, R. J., "Reziprozität der Perspektiven und Normalität bei Husserl und Schutz", en Grathoff, R., Waldenfels, B. (eds), Sozialität und Intersubjektivität, W. Fink Verlag, Munich, 1983, pp. 157-181.

28 Así expone Habermas la postura de Parsons: "Im Rahmen einer Kultur zu handeln bedeutet, daß die Interaktionsteilnehmer aus einem kulturell gesicherten und intersubjektiv geteilten Wissensvorrat Interpretationen beziehen, um sich über ihre Situation zu verständigen und auf dieser Basis ihre jeweiligen Ziele zu verfolgen" (Habermas, J., Theorie des kommunikativen Handelns II, Suhrkamp, Francfort, 1981, p. 327).

29 "Der Begriff der Lebenswelt bildet einen Komplementärbegriff zum kommunikativen Handeln" (Habermas, op. cit., p. 182).

30 Martín Algarra, M., La comunicación en la vida cotidiana. La fenomenología de Alfred Schutz, EUNSA, Pamplona, 1993, pp. 73-116.

31 "Die Kommunikationsteilnehmer bewegen sich, indem sie eine Sprechhandlung ausführen oder verstehen, so sehr innehalb ihrer Sprache, daß sie eine aktuelle Äußerung nicht als 'etwas Intersubjektives' in der Weise vor sich bringen können, wie sie ein Ereignis als etwas Objektives erfahren" (Habermas, op. cit., p. 191).

32 "Mit der Form der Erzählung wählen wir eine Perspektive, die uns 'grammatisch' nötigt, der Beschreibung ein Alltagskonzept von Lebenswelt als kognitives Bezugssystem zugrunde zu legen" (Habermas, J., op. cit., p. 207).

33 "Diese von normativen Kontexten abgelösten, zu Subsystemen verselbständigten systemischen Zusammenhänge fordern die Assimilationskraft der Lebenskraft heraus... In einem differenzierten Gesellschaftssystem schrumpft die Lebenswelt zu einem Subsystem" (Habermas, op. cit., p. 258).

34 Kaulbach, F., Einführung in die Philosophie des Handelns, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1982, p. 91.

35 Kassab, E.S., The Theory of Social Action in the Schutz-Parsons Debate, p. 257.


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