JuanaRosaPit a



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J u a n a R o s a P i t a


 

 

  



  

 Juana Rosa Pita ( La Habana , 1939) salió de Cuba  en 1961. Dejó inconclusa la carrera de Filosofía y Letras. Ha vivido en Washington, Boston, Madrid, New Orleans y Miami  (1996-2006), actualmente reside en Boston. Se doctoró en Literaturas Hispánicas en The Catholic University of América (Virgina, 1984), de 1989 a 1992 fue Profesora Visitante en la Universidad de Tulante (New Orleáns). Como periodista, escribe artículos quincenales para El Nuevo Herald, de Miami, y desde 2000 es corresponsal de la revista Alhucema de Granada, España, y miembro del Consejo Intelectual Interamericano de la revista El Pez y La Serpiente de Managua, Nicaragua.  Como editora, co-fundó “Ediciones de Poesía Solar” (Washington, 1976). Su poesía ha sido incluida en destacadas antologías como New Directions in Prose and Poetry 49 (New York, 1985), Doscientos años de poesía cubana/ 1770-1990/ Cien poemas antológicos, de Virgilio López Lemus ( La Habana , 1999), Voces viajeras (Madrid 2002) y Poesía cubana del siglo XX (México, 2002). Entre los premios recibidos se destacan: Poesía para Hispanoamérica del Instituto de Cultura Hispánica (Málaga, 1975); Ultimo Novecento (Pisa, 1985); Alghero- La cultura por la paz (1987), Letras de Oro (1993). Su poesía nos transmite una trayectoria, cuestiona por medio de lo ontológico, al ser que anhela y personifica a la isla como el ámbito de su búsqueda. La mitología griega y egipcia, el amor, prosiguen como temáticas de esa búsqueda desenfrenada, nostálgica, y sus viajes suelen ser el punto clave de su inspiración. Por ello, la universalidad lírica, observada en su madurez poética, abarca a la metafísica y la metapoesía, lo que mantiene la coherencia de su incesante universo poético multicultural. Sin lugar a dudas, son todos elementos que bosquejan y caracterizan al poeta de la diáspora.


Obra poética esencial
_________________________________________________________

Pan de sol (Washington, 1976); Las cartas y las horas (Washington, 1977); Mar entre rejas (Washington, 1977); El arca de los sueños (Washington-Buenos Aires, 1978); Manual de magia (Barcelona, 1979); Eurídice en la fuente (Miami, 1979); Viajes de Penélope (Miami, 1980); Crónicas del Caribe (Miami, 1983); Grumo d’alba (Pisa,1985); El sol tatuado (Boston, 1986); Plaza sitiada (Costa Rica,1987); Sorbos de luz (New Orleans-San Francisco, 1990); Proyecto de infinito (New Orleans, 1991); Sorbos venecianos (1992); Florencia nuestra (Miami-Valencia, 1992); Transfiguración de la armonía (1993); Una estación en tren (1994); Infancia del Pan nuestro (Boston, 1995); Tela de concierto (Miami, 1999); Cadenze (Foggia, 2000); Cantar de Isla ( La Habana , 2003); Pensamiento del tiempo (Miami, 2005).

  VOZ DE NADIE 

Quisiera que mi voz rodara ahora

siempre de corazón a corazón:

que le hiciera violencia

        con la sangre

hasta que por su timbre no quedaran

vestigios bautizados de la frente

que asumía la pluma con rituales

de puente levadizo saludando

a una quilla en amores con el cielo

 

Quisiera que mi voz desembocara



como gota perdida de los mares

en el canto inconcluso de los hombres:

que se lanzara en busca

                                       de infinito

dejándome a mí atrás muy chiquitica

hasta perderme en brazos de un suspiro

 

(Quisiera que mi voz no fuera mía



sino de nadie

                        es decir

                                       de todos)

(Pan de sol, 1976)

 

EL POEMA

 

Yo sé bien el secreto de tus versos



de piedra, oleajes

y palomas:

relámpagos sonoros

nacidos de la entraña de tierra, mar

y noche.

Y sé que aquel niño perdido

            (piesecito desnudo prisionero del cuero)

a quien a grandes voces llamaste

en tus abismos,

jinete de tu espada ensangrentó

cuartillas

                y cuartillas

esgrimiendo sus sueños en el puño cerrado

de tus cantos menores

 

Sí, aquel niño



te prestó su mirada de diamante

y cuchillo

para que descubriera los mundos

infinitos

que encierran los confines de un piano,

una alcachofa,

un ínfimo limón, dos calcetines

y hasta las cosas rotas

Y te prestó sus ganas desnudas de volar

y enterrarse,

de correr velozmente como en un rito loco

de lavarse

                   a ensuciarse

 

Y sé también que el niño



(de quien fuiste extranjero

sólo cuando desesperaste

        o sucumbiste al reto de partir a los hombres:

        a un lado, abominables.

                                 A otro lado, buenos)

viene a tu encuentro siempre

en ese instante eterno

que despertó tus ojos a tierra profunda:

cuando tú te despiertas del otoño de brumas

viene el niño a tu encuentro,

alza en su mano izquierda la misma liebre

muerta,


mientras con su derecha desnuda

te conduce

por súbito acordeón de lámparas

                                                    y pétalos

a tu reino de piedra

 

3 de abril de 1975 



(Mar entre rejas, 1977)

 

 



CARTA A MI ISLA

Isla


lejos de ti es cerca del punto

más sensible

de la herida del tiempo:

lejos de ti mi cuerpo elástico

en un lecho e filos

que amenazan al viento

 

Lejos de ti la sed y el hambre



no se sacian

con halagos de ruta u chorros de agua:

lejos de ti es la soledad concreta

(los que viven en ti sólo conocen

la otra soledad:

esa que tiene siete letras)

                                       isla

lejos de ti es dentro del pozo

vacío de los sueños

  Lejos de ti mis manos corren

con avidez

por las carnes de un mundo de poema:

hasta el dolor

                        hasta el placer

se me desplazan

por un gemido abstracto al borde de la tierra

Isla

lejos de ti mi vida es la ironía



el garabato terno de un escritor ausente:

una paja


en el ojo simbólico del cielo

 

(Las cartas y las horas, 1977)



13 

No hay isla para mí

(hasta los ciegos pueden ver los signos

pintados en los muros de la vida)

no hay isla y eso es todo

ni aquélla

ni ninguna

ni aun la más querida

de ese vasto archipiélago

que verdece en los sueños

 

No hay isla para mí



porque no hay playa a toda vela

ni pétalo habitable por mi nombre

(pregúntale a algún Juan si tiene tierra)

si sólo amar

de mar a mar

los brazos extendidos

y el grito a flor de voz

ardiendo a plena ola

pero nunca la arena de la isla

para plantarse allí

sembrando azul a ras del sueño   

                                                                                           (El arca de los sueños, 1978)

 32 

Las islas son las réplicas del arca

Que distribuye el sol sobre las furias:

                        las banderas del sueño

en territorio ajeno:

mementos del amor sobre el olvido

 

Cuando vivo mi isla desde dentro



Soy puerto libre al tránsito del sueño          

                                                                                    (El arca de los sueños, 1978)  

  

A ORFEO 

Soy imagen soñada por la tierra

que vas desperezando con tu música

 

amo en tu sinsabor lo más callado



y en tu desesperanza lo desnudo

 

y me desangro al filo de la aurora:



transportando tiniebla me convierto

al trigo luminoso

                                                                                             (Eurídice en la fuentre, 1979)

 

SI EURÍDICE HABLARA 

Por ti vine a saber: las horas se dividen

en eternas e inútiles

y es tan veloz como una luz el agua

que interminable cruza nuestro abrazo

 

Gracias a ti mi cuerpo canta:



deja empañados de alma los espejos

y dispone hacia el sol cada infinito

peldaños conjugables

 

Por eso urdo silencios y saberes



salpicados de voces:

broto a la vida como a Dios rodando

versos de ciego encantador de luces

 

Sé que sólo por mí que no te logro



ni rozar las espaldas

se desentiende el cielo de los dioses

desatando la música en el mundo

 

Y nada te agradezco:



calibro el pedernal a tu destino

el oro a esta emoción

y acepto la justeza del milagro

                                                                                                  (Eurídice en la fuente, 1979) 


ISIS


Nada puedo decir que no haya sido

 

Hago amor por no hacer revolución



O tiempo o muerte

 

Y ardo palabras como urdiera besos



Para mesar las barbas del origen 

                                                                                                       (Manual de magia, 1979)

  

 LLAVE 



11 

Llena tu vida de primeras veces:

sólo el único amor no agota los aromas

sólo la antigua sombra se deshoja de luz.

 

Y así un día cualquiera te llegará la muerte:



Otra primera vez 

                                                                                                      ( Manual de magia, 1979) 


AL LECTOR


A quienes disimulen tus milagros

Y se laven el alma:

A quienes siembren lanza entre tus páginas

 

Hijo nuestro                       perdónalos



Clavados en la cruz de la Palabra

¡ no saben lo que nacen ! 

                                                                                                   (Manual de magia, 1979)

2 

Pues en verdad si Ulises

no planta su voz frente a la aurora

y llena estas estancias

quiere decir que Ítaca no ha sido

nisiquiera un deseo:

Penélope no existe

Y todo lo tejido

Es gracia de la muerte

A mayor historia de mi soledad

                                                                                               (Viajes de Penélope, 1980)

25

 

Y tómate tu tiempo por las islas



Ulises que te mides con las olas:

haz escalas imponderables

alquílate a las albas mercenarias

bebe filtros de olvido

 

Ítaca por fin no tiene alas



nuestro lecho resume hondas raíces

y estoy hecha a medida de tu sueño:

pastora de los vientos

terror de pretendientes

doctorada en esperas y matices

viajo sin un desmayo la tela de los dioses

y aún me sobra tiempo para zurcir

crepúsculos

                                                                                                 

                                                                                                       (Viajes de Penélope, 1980)



39 

No basta con tejer para la espera

es preciso viajar: volar la pluma

por la ternura encuadernada en sueños:

chalupa más sutil

                              cóncava y ágil

que las viriles naves de Ulises

intermitentemente prisionero

 

Madre isla que estás venida a remos



convertida en solar de pretendientes:

infundiendo los viajes

¿quién guardará tus playas de naufragio?

“Penélope no está: queda su imagen”

                                                                                                     (Viajes de penélope, 1980)

  54 

Se necesita música para tanta leyenda:

esta absurda tarea me redime

del vicio de los números

y te redime a ti

aunque te arda ternarte con los dioses

 

Del uno al infinito



me bastaría Ulises

(dondequiera que le dé empleo a sus hombros)

para enlazar cada hilo del poema:

cualquiera de los que han de morir

me bastaría para no desatarlo

o tú mismo

que en un rincón del tiempo estás leyéndome

                                                                                                        (Viajes de penélope, 1980)



INTERIOR DE ISLA 

No he pedido esta isla

como no pedí otras que desde la niñez

me vienen regalando

            a contracorazón

Son tantas ya las playas que me cercan

y cada día

estoy más lejos de la orilla:

isla dentro de isla

cultivo islas como el gusano seda

− la esplendente es intensa y precursora

como un hangar de sueños

 

Cada vez caben más gaviotas de mañanas



más rumores de noches

y héme aquí enamorándome a las calas

de mi isla más hermosa

y palpitando en ella

− ¿seré su corazón? −

desde mi navegante cautiverio

                                                                                                     (Crónicas del Caribe, 1983)

  PETROGLIFO DEL SUEÑO 

Ama esta piedra:

                            turquesa de nación

transfigurada en voz y trasvasada

de inmemorial aroma.

 

Piedra de mi silencio



                            pulida de imposible

y limpia por la lluvia

− aún me llueve − de tiempo y soledad.

 

Haz tuya la certeza



de mis dudas preciosas:

                            hazla carne del sueño

gemelo de tu niñez recóndita.

 

Ama el poema, este que lleva inscrita la belleza



                                                  compartida por ti:

el jamás extranjero. 


                                                                                                     (El sol tatuado, 1986)


 

  SECRETO DE ESTILO

 

La palabra sea sólo



el íntimo reducto

donde el cuerpo descubra y reconquiste

el ademán del alma.

Subsidiara del amar sea la ciudad.

El pensamiento dance.

Y al César darle nada

porque todo es de Dios. 

(Aires etruscos, 1987)

 

ASPIRACIÓN

Quisiera ser sustancia de misterio

en estado purísimo, sin tantos

carbones de evidencia.

Un bosque de oropéndolas tal vez

con palacio custodio inabarcable.

 

Entonces sería fácil subir



la eternidad de cada día

convencida de estar en el aire nuestro.

Podría suceder que lo que escribo

coincidiera con todo lo que sueñas. 

                                                                                                            (Plaza sitiada, 1987)

45

Éste es el gran misterio

de la poesía: vence

al silencio, mas sin romperlo.

 

(Sorbos de luz, 1990)


EL NUEVO TIEMPO


También el tiempo es redondo:

la línea horizontal es sólo escasa

perspectiva. Partir hacia el futuro

                                por encontrar la ruta

más libre hacia el pasado es sabio

si a la vez si comprende

(empeño de Colón, visión de Américo):

en medio hay una gama de mundos

                               y de abismos,

entre el hoy y el entonces pretendido

hay siempre un tiempo nuevo. 

(Proyecto de infinito, 1991)



DESTIERRO AUSENCIA

 


Yo sólo soy el punto de partida:

el bizantino vuelo

                             Hundido en soledades

o rescatado en beso.

 

El más leve matiz de una discordia



entre el agua y las islas

                            Me sería fatal

de no existir Florencia y sus almohadas

de magnolias y mármoles.

 

Y tu ausencia sin quiebra me condena



a la plaza vacía de palomas:

porque tú eres Florencia bebo brumas

desterrada entre mar y columnatas. 

                                                                                                      (Florencia nuestra, 1992)

  TRANSFIGURACIONES 

3

He vuelto a ser quien era

mas sin dejar de ser la que me hiciste

después que te perdí.

 

Ya no voy fugitiva de mi vida:



humedezco tus labios com mi ensueño,

colmas la soledad.

                                                                                  (Transfiguración de la armonía, 1993) 

MANUSCRITO EN EL AIRE


La vida no parece siempre sueño

ni perduran las islas paraíso.

He aquí porqué a la gracia le hago plaza

en medio de la vida y del poema.

 

Esto te lo confío a flor de labios,



árbol: solamente sé amar

                            y así comprendo todo.

Después predico al viento.

Hoy nadie más que tú me está escuchando,

magnolia trasmarina.

 

¿Sabes? Vivo a regla de arte:



mis pies podrán hacerte compañía,

mas peregrina mi alma por la ruta

abierta sobre las estrellas.        

                                                                                        (Una estación de tren, 1994)

  30 

Hay una voz en mí siempre cantando

en silencio quien soy fuera del tiempo.

 

Habré de regresar a mi país



aunque soy ciudadano de otro reino

no valorado allí ni en otras tierras.

 

Fuera del tiempo va quien soy cantando:



hay una voz en mí siempre en silencio. 

(Infancia del pan nuestro, 1995)

 

UMBRAL DE LO ABIERTO 


Hay un nido invisible en mi ventana:

obbligato de cantos por el día

y a medianoche golpecitos suaves.

 

Todo empezó con vuelos de imposible



dicción, fuera de alcance de mis ojos

al movimiento oblicuo de una albura.

 

Y perdura real e inabordable.



Un trémolo inaudible en el poema

nos invita a vivir adivinándolo. 

(Tela de concierto, 1999)

CARTAS INTERDIMENSIONALES 


Aunque  parezca tierra lo que piso,

bajo mis pies el mar baila unos aires

de no sé qué país desconocido.

La vida nos propone cada cosa!

Y nosotros optamos por dejar

que el arte − desde su fino alero

volando sobre los precicipios −

responda por nosotros.

 

Hay quienes creen ser libres



porque dan rienda suelta a su tiniebla:

responden al horro de idéntica espesura.

Pero asomarse al infinito cuesta

encierro al sol, renuncia.

La libertad mayor − dice el artista −

es no hacer concesiones. 

                                                                                                      (Tela de concierto, 1999)

 

 



5

 

La danza de las horas



Cultivo. Quien escucha

Cosecha la armonía. 

                                                                                          (Tela de concierto, 1999)

NUEVOS SORBOS DE LUZ


Se nace en un país

y en otro se renace.

Nos cría un fulgor sin fronteras. 

                                                                                                     (Cadenze, 2000)

PENSAMIENTO DEL TIEMPO

 


Un pensar que se escribe y sin embargo

no es para ser leído solamente,

su resonancia surca los milenios

como una barca de papel la fuente

y en la antigua ciudad nuestra se escucha

porque en verdad es un canto, o una sarta

de cantos que forman el poema

donde es posible siempre respirar

entre los versos que inauguran

vida en vilo mediando hacia el instante

en que el azar y el bien confluyen

en cálida belleza - verdad colma -

hasta los que se dan en voz fugados

con el último aliento de su rostro.

 

Valeroso pensar que no le teme



ni a la hora de la consolación

cuyo sostén es el brioso cruce

de miradas entre quien ya atesora

el caudal superior de la presencia

y quien apenas sabe que ha de arar

siguiendo el ritmo de su sueño.

Humilde pensamiento del que abraza

gozo o dolor, visible o invisible,

con tal que sea pura realidad.

Y la más bella historia revivimos

De modos infinitos, por pensarnos

Esencialmente fieles al origen

De nuestra desencadenada búsqueda.

 

Pensamiento sin fin, lugar andante



del lúcido quehacer en que alcanzamos

a tocar tierra y mar, venciendo al viento

con memoria de senda y de sentido. 

                                                                                                (Pensamiento del tiempo, 2005)

 

AIRE NUESTRO

1 

El futuro se ha abierto de repente

aspirándome hacia la vida plena.

¿Comprendes que haya hinchado de cerrojos

esa puerta que tu sola presencia ha echado abajo?

 

Llegados al reino del beso y la mirada,



del esplendor oriundo de la piel –

nuestro arcaico lenguaje intraducible –

las palabras envidian la gloria del silencio.

 

Único aire de quemar la nave del poema. 



                                                                                             (Pensamiento del tiempo, 2005)

 

 



 

 

 



 
E n s a y o s

 

 

 



 

 

 



 

 

 



 

Peregrinación a lo esencial: una lectura de Juana Rosa Pita

 

                                                                                     Por Lauren Mendinueta



Juana Rosa Pita ( La Habana , 1939), poeta, periodista, es doctora en Filología y profesora universitaria en Norteamérica, donde ha vivido la mayor parte de su exilio de cuarenta y tres años. Su obra ha sido ampliamente reseñada, traducida a varios idiomas e incluida en numerosas antologías. Merecedora de importantes premios, entre otros: el Premio de Poesía para Hispanoamérica del Instituto de Cultura Hispánica de Málaga (1975), el VII Premio Internazionale Último Novecento, de Pisa (1985) y el Alguero-La Cultura (1987), también en Italia. «La poesía de Juana Rosa Pita posee la virtud original de resucitar la emoción y transformarla en mito en ella misma», escribió a propósito de su obra el escritor Pablo Antonio Cuadra.

 

Recientemente se presentó en Cuba Cantar de Isla, antología esencial de Juana Rosa Pita (selección y prólogo de Virgilio López Lemus, Letras Cubanas, La Habana , 2003). La publicación, que recoge poemas de veintidós libros de la autora, aparece en el mundo de las letras hispanoamericanas como un texto imprescindible. Al leer la antología seguimos a Juana Rosa Pita en su paso por el tiempo a través de treinta años de escritura; y en la medida en que peregrinamos por el libro nos va surgiendo la certeza de encontrarnos ante una obra excepcional por la calidad y la belleza de sus hallazgos. La suya es poesía de estilo refinado que tiene la capacidad de revelar certezas al lector y ponerlo frente a la verdad privada y universal a un mismo tiempo:



La vida no parece siempre sueño
ni perduran las islas paraíso.
He ahí porque a la gracia le hago plaza
en medio de la vida y del poema.

En la obra de esta escritora cubana, como en todo arte auténtico, la comunicación no puede ser físicamente interrumpida por el silencio. La poeta escribe y da inicio a una relación que, a través de la palabra, instrumento común, establece un intercambio de sentidos que permanece abierto a la comprensión, a la interpretación, a la sensación, proceso tan variado como disímiles somos los lectores. Como poeta auténtica, Juana Rosa no domina sólo su voz, sino que además actúa en polifonía con la cultura universal. El lector se encontrará en Cantar de Isla ante una obra que atraviesa la tradición desde la antigüedad griega hasta la poesía hispana contemporánea, pasando por la tradición judeocristiana, egipcia y oriental. «Por su simbología y espíritu abierto, uno de sus núcleos vivos es el ineludible entrelazamiento entre la poesía y la religión», escribió Roberto Juarroz en la contracarátula de su libro Tela de Concierto publicado en 1999. Juana Rosa Pita es una poeta universal en el sentido más amplio del término, porque su obra pertenece a Cuba y desde allí se extiende a todos los países, a todos los tiempos. Su obra no es un hecho cumplido, es la poesía que sigue cumpliéndose.

Así, esta gran escritora aporta a la historia de la literatura hispanoamericana un cuerpo poético sólido trascendente, aunque la afirmación suene contradictoria en un mundo que separa tajantemente cuerpo y alma, materia y espíritu, sin aceptar su dependencia mutua. Cantar de Isla constituye una experiencia única que me ha llevado a través de su lectura a abandonarme en el movimiento de trascendencia por el cual toda gran poesía enfrenta al lector con su mundo originario:

Llena tu vida de primeras veces:


sólo el único amor no agota los aromas,
sólo la antigua sombra se deshoja de luz.
Y así un día cualquiera te llegará la muerte:

Otra primera vez.

 

 

Viajar como soñar y como cantar:



Martha L. Canfield

(Universidad de Florencia) 


 

La producción de Juana Rosa Pita ( La Habana , 1939), ya conspicua y de gran alcance lírico, es reconocida a nivel internacional y asimismo en Cuba, donde ello no es fácil dado que la autora vive en los Estados Unidos desde hace décadas, siendo actualmente residente en Boston. De su poesía ha escrito Pablo Antonio Cuadra: “[…] libro a libro viene levantando un misterioso dominio de amor y profecía: una isla de encantamiento donde la palabra restituye todo lo que el odio hizo cenizas”[1].

Ha publicado más de veinte poemarios, entre ellos: Las cartas y las horas (Washington 1977), El arca de los sueños (Washington 1978), Manual de magia (Barcelona 1979), Viajes de Penélope (Miami 1980), Plaza sitiada (Costa Rica 1987), Arie etrusche (con prefacio y traducción de Pietro Civitareale, Cagliari 1987), Sorbos de luz / Sips of Light (New Orleans 1990), Florencia nuestra (Valencia 1993, finalista del Premio “Juan Boscán” de Barcelona), Una estación en tren (premio “Letras de Oro”, Coral Gables 1992), Infancia del pan nuestro (Boston 1995), Tela de concierto (Miami 1999), Cadenze (Foggia 2000) y Pensamiento del tiempo  (Miami 2005). En 2003 su obra fue oficialmente reconocida en Cuba y con el patrocinio del “Fondo de Desarrollo de la Educación y la Cultura ”, institución dependiente del Ministerio de Cultura, salió en La Habana Cantar de isla, una vasta antología poética que añade numerosos textos inéditos[2]. Para el antólogo López Lemus, el hilo conductor de toda la poesía de Pita es precisamente la memoria de Cuba: la isla natal como fuente del imaginario, Cuba amada e instalada –“plantada”– por siempre en el corazón, Cuba trascendida, vuelta por consiguiente lugar mítico a la vez actual y sin tiempo.

Juana Rosa Pita ha sido premiada muchas veces: Premio de Poesía para Hispanoamérica del Instituto de Cultura Hispánica de Málaga (1975), Premio Internazionale Ultimo Novecento de Pisa, sección “Poeti nel mondo” (1985), Premio Alghero–“La cultura per la pace” (1987) y Premio de Poesía “Letras de Oro” del Iberian Studies Institute (USA 1993). Otros reconocimientos e invitaciones especiales le han llegado de la Universidad de Ratisbona (1981), del II Congreso de Escritores en Lengua Española (Caracas 1981), del Convenio de Poetas y Críticos (Alghero 1985 y 1987), de la Universidad de Pisa (1995), del Festival Internacional de Poesía de Las Palmas (España 2001) y del Festival Internacional de Poesía de San Salvador (2003).

Su poesía ha sido traducida al italiano por Pietro Civitareale y por el poeta romano Alessio Brandolini, al alemán por Franz Niedermayer y al inglés por Donald D. Walsh. Está presente en diversas antologías de poesía contemporánea, como New Directions in Prose and Poetry 49 (Nueva York 1985), Voces viajeras (Madrid 2002) y Poesía cubana del siglo XX (Fondo de Cultura Económica, México 2003).

Tal vez uno de los libros donde es más evidente la relación entre la realidad histórica y el mito, Cuba y la antigua Grecia, es el de 1980, que lleva un título emblemático y provocador, por ser a sabiendas paradójico: Viajes de Penélope. Esta obra, publicada por primera vez hace ya un cuarto de siglo, se presenta como un poema cantado desde un yo que, a partir de la autora y de sus vicisitudes personales púdicamente transfiguradas, se proyecta en la voz de Penélope, imagen “revelante” y arquetipo de una determinada feminidad. Dividido en tres partes, el cuerpo principal del “poema” (o segunda parte), titulado Los viajes revelantes, está provisto de una premisa, Profesión de mito (o primera parte), y de un epílogo, Razón de tejer (o tercera parte). En la “premisa” – así se puede considerar el primer texto[3] – se declara enseguida la identificación del yo poetizador con el arquetipo de la mujer fiel en indefinida espera: me creo Penélope, confiesa. Sin embargo, desde el epígrafe inicial, queda establecido que esta Penélope revisitada forma parte, en realidad, de una compleja entidad femenina, un ánima, un modus, que de siglo en siglo y de cultura en cultura sigue aflorando mediante diosas, semidiosas, mujeres legendarias. En este caso en particular: Eurídice, Isis y, precisamente, Penélope.

Eurídice, la ninfa desposada por Orfeo, encarna la lucha ancestral entre el amor y la muerte; pero, puesto que quien intenta el rescate es Orfeo, el divino músico, ella no podría ser escindida de la música, ni en consecuencia de la poesía. Isis, de la mitología del antiguo Egipto, es aquella que recompone el cuerpo de Osiris, el esposo muerto y desmembrado por el enemigo Seth, y logra concebir un hijo de él, venciendo así la muerte. Por fin, Penélope, no diosa sino mujer mortal, es el modelo de la esposa constante y esperanzada que vence todas las insidias y logra recobrar al esposo. El arquetipo inspirador de Juana Rosa Pita reúne todos estos modelos: el amor como fuerza y como poder, el coraje de la utopía, la conciencia del peligro y del mal. Penélope vence el mal porque cree en el regreso de Ulises; y el mar que le ha arrebatado al esposo encarna el infinito misterio amenazador:

 

Yo Eurídice



si la tierra me tiembla melodías

 

soy Isis



resucitando a mi hombre cada muerte

 

porque aún hay tanto mar



vivo Penélope[4]

 

Y he aquí que desde el comienzo, este largo poema que es el libro se presenta con la apariencia de la paradoja: si el viajero es Ulises, mientras que Penélope es la paciente y confiada sedentaria que espera, ¿qué significan los “viajes” referidos a ella?



Sus viajes, sin duda metafóricos, son un desafío a este mar, igualmente metafórico: ella se mueve en la tormenta del ansia de la espera, en la angustia de los peligros que amenazan – los pretendientes que están allí asediándola, el hijo que se ha ido en busca de su padre –, en la memoria de un pasado al que no se quiere renunciar, en la fuerza de un sentimiento que no sabe decaer. Por último, ella viaja en la palabra: ésta, pronunciada o cantada, da cuerpo a los sueños, formula y fija, define y sublima. Si el dolor de Penélope se refleja en el mar, su amor y su sueño se configuran en canto poético; y las primeras preguntas angustiosas del sujeto poético (“Quién cantará tus viajes infinitos / Penélope”[5], “Qué palabra sabrá de la nostalgia / del mar”[6]) dejan poco a poco lugar al reclamo de música y poesía (quédate a musicar[7]), hasta la composición cada vez más segura del canto liberador: “voy tejiendo sílabas sin rumbo”[8], mientras “tu sueño más distante / afluye en mi poema”[9].

El segundo epígrafe, que preside el poemario completo, es una cita de Lezama Lima (“Nuestra isla comienza su historia dentro de la poesía”), con la cual se sitúa el mito geográfica e históricamente: Ítaca como Cuba, el acontecer mítico como evento poético, la poesía como rasgo característico de la nación a que pertenece la autora, que justamente se remite a la máxima autoridad poética de la contemporaneidad cubana.

Estamos pues listos a emprender el viaje. Sin embargo, la autora quiere aún subrayar la asociación entre vicisitudes humanas imperecederas – amores contrastados, amores que desafían la muerte–, modelos míticos y transfiguración poética. Y entonces a las figuras femeninas ya convocadas, se añade la Julieta de Shakespeare, la adolescente muerta por amor. Ella, con una breve cita de la escena V del acto III, pone, paradójicamente invertido respecto a la historia de Penélope, la relación entre tiempo cronológico y tiempo piscológico. Para Julieta, que esperará ansiosa las eventuales noticias de Romeo en exilio, “en cada minuto hay tantos días”[10], y el tiempo de ausencia del amado pasará con una lentitud desesperante. En cambio para Penélope – aunque a veces puede sentir la lentitud de los días como tiempo multiplicado en años –, en general los largos años de la ausencia de Ulises se reasumen en las horas de la felicidad vivida y perdida; y el tiempo de la espera se anula en la constatación de una presencia jamás menguada en su corazón:

 

No crean que te espero



porque sé que vendrás [...]

Te espero porque estás:

nunca te has ido [...]

y todas las pisadas se someten

al ritmo de tus pasos

y hasta la soledad toma tu rostro

al borde de mi almohada[11]

 

La eficacia de este poemario (de este poema) de Juana Rosa Pita está ante todo en el haber enfocado una figura emblemática de la feminidad, Penélope, circundándola de otras diversas figuras femeninas que la iluminan y la completan proyectándola en la historia que la precede y la sucede; además de haber entablado con ella un diálogo que constituye una indagación y al final una revelación  de lo que es quizá el aspecto más íntimo y conmovedor del ser mujer. Penélope lleva dentro de sí al esposo – al Amado – con la misma seguridad y naturalidad con que una madre lleva al hijo en el regazo (“te espero porque estás”). No es casual que cada vez que Penélope, hablando secretamente con Ulises, quiere indicar un elemento emblemático de su vínculo conyugal, mencione sus senos. No los brazos que se estrechan en el gesto amoroso, no los labios que se funden en el beso, sino los senos, eróticos y maternos al mismo tiempo. Más que el propio dolor de la espera, ella compadece las fatigas que deberá afrontar su hombre para llegar a ella, “para no errar la ruta de mis senos”[12].



Atributo y signo de Penélope, esposa fiel y madre, es su lecho, donde se une a Ulises y donde ha concebido y tal vez dado a luz a Telémaco: un lecho construido sobre las raíces del árbol central de la casa, eje por tanto del hogar vinculado a la tierra, inseparable del regazo de la madre naturaleza. El lecho construido por Ulises representa la fuerza y la indivisibilidad de su vínculo[13]. Como contraste, otra figura mítica femenina alienta en el poema, ni fiel ni madre, viajera quizás a pesar suyo y dos veces condenada al destierro: Elena de Troya. Ella aparece aquí no tanto como “mala mujer”, sino como juguete de los dioses y acaso como encarnación trágica de la mujer-objeto, ambicionado objeto erótico y al mismo tiempo sujeto devaluado y desdeñado[14].

Después de las encendidas reivindicaciones feministas, particularmente intensas en la poesía hispanoamericana de principios del siglo XX, y después de las propuestas post-feministas de una poesía filosófica, a veces cercana a la escritura andrógina auspiciada por Virginia Woolf, como es posible captar en la cubana Fina García Marruz y en las uruguayas Sara de Ibáñez y Amanda Berenguer, este poemario de Juana Rosa Pita regresa con desprejuiciada agudeza al sentimiento fundamental y constitutivo de la identidad femenina: el amor por el compañero, la otra mitad, la parte que falta para la absoluta y feliz plenitud. De ahí que de la paradoja ausencia-presencia, se derive una reflexión metapoética: Ulises “no está y ya ha llegado”[15], porque vive constantemente dentro de ella; y dado que él no está, ella constata “la herida que no puede traducir a poema”[16].

Mujer y poeta, Juana Rosa Pita no podía no asociar a la mítica historia transmitida por Homero, el Poeta por antonomasia, la creación poética misma. Penélope, que teje su tela, mientras evoca y sueña, es un claro símbolo del sujeto que poetiza, que crea y destruye, recrea y corrige, y que llega hasta el final con la ayuda de una voz interior dominante, o de una providencia que es mejor no nombrar, porque podría concebirse como los dioses olímpicos, pero también como la pietas absoluta del dios del cristianismo, o como la fuerza de una pulsión inconsciente, capaz de conducir a la conciencia incluso más allá de lo previsto. Penélope cumple su destino y canta. Compone su tela, que es la proyección material de su vida, con hilos y con palabras. El tejido es la escritura; pero no basta que la represente. El sujeto que la ejerce debe estar consciente de ello:

 

No basta con tejer para la espera



es preciso viajar: volar la pluma

por la ternura encuadernada en sueños[17]

 

Tejer, soñar, poetizar: ésta es la actividad múltiple y reveladora de Penélope. En ella Ulises es el objeto del amor y del deseo, el tema inspirador del canto y por eso, inevitablemente, su criatura.



 

            [...] volar la pluma

por la ternura encuadernada en sueños:

chalupa más sutil

            cóncava y ágil

que las viriles naves de Ulises

intermitentemente prisionero[18]

 

La destreza de la autora, puesta en evidencia en ésta como en sus otras obras, se hace especialmente fulgurante cuando notamos que acerca palabras que por lo general no son contextuales, o cuya vecindad produce sorpresa y pone en guardia. De estas preferencias y de estos juegos sintagmáticos nacen los símbolos fundamentales de la obra. En la citada composición 39, el adjetivo “encuadernada” aplicado a “ternura” puede resultar desconcertante hasta que se entiende que “la pluma que vuela” va dando forma de palabra, fijando en obra completada (encuadernada) los sentimientos, o sea, la ternura derivada del sueño, que es deseo y memoria.



Todo el libro está construido con esta inspiración y esta técnica, que desafían y fascinan a un eventual traductor. Sin embargo, es seguro que, más allá de la lengua, su mensaje sigue siendo de extraordinaria fuerza y de iluminante dulzura. Los lectores, y sobre todo las lectoras, lo llevaremos dentro como ella lleva a su Ulises, a nutrir nuestros sueños y a completar la mitad que le falta a nuestra identidad.

Florencia, diciembre 2006

 


[1] Pablo Antonio Cuadra, “Poetas de América”, en Prensa literaria de Managua, 1982.

[2] Cantar de Isla, selección y prólogo de Virgilio López Lemus, Letras Cubanas, La Habana 2003.

[3] Las composiciones no llevan títulos y están indicadas con números. La primera dice: “Me ha dado por creerme Penélope / hermosa y bienamada: / tejedora sí soy para que alienten / los que habrán de morir / y es la mía la almohada / más llorada del siglo // Si yo fuera Penélope / suelo que yo pisara sería Ítaca: / al regresar Ulises / se quedara”.

[4] Epígrafe de la misma autora.

[5] Es la composición n. 4.

[6] Es la composición n. 6.

[7] Es la composición n. 7.

[8] Es la composición n. 10.

[9] Ibidem.

[10] “For in a minute there are many days”: William Shakespeare, Romeo and Juliet, III, 5. La cita constituye el epígrafe de la primera parte del libro, Profesión de mito.

[11] Composición n. 8.

[12] Composición n. 26.

[13] Véase la composición n° 15: “Levantando paredes / alrededor del viejo árbol / fundaste nuestro patio conyugal”.

[14] Véase la composición n° 29: “Cada noche te vas como hizo Helena / juguete del Olimpo”.

[15] Composición n. 40.

[16] Ibidem.

[17] Composición n. 39.

[18] Ibidem.


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