Juan pablo garcia alvarez



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DEL SUJETO Y SUS APARICIONES.

UNA APROXIMACIÓN ANTROPOLÓGICA.

JUAN PABLO GARCIA ALVAREZ.

1999



  1. DE QUE ESTAMOS HABLANDO CUANDO HABLAMOS DE SUJETO.

Para hablar del sujeto en las ciencias sociales y en la antropología es necesario aclarar de que estamos hablando. No siempre el sujeto a sido entendido y definido de la misma forma y como todo en las ciencias del hombre se ha modificado y transformado llegando a puntos en los cuales ya no se sabe bien de que hablamos cuando hablamos de algo, es como preguntarnos hoy en día sobre cualquier investigación don de esta la perspectiva antropológica, esta variada y variable y depende de cada investigador y su énfasis que se definirá de forma diferencial. Ahora bien el sujeto es en esencia el espíritu humano considerado en oposición al mundo externo, es así como la filosofía lo define, esta claro relativamente por que lo mismo podemos preguntarnos que filosofía.


Así poco a poco nos vamos sumergiendo en las profundidades del relativismo, ya nada es lo que era y todo puede llegar a ser. La verdad es que para hablar del sujeto hay que posicionarse, hay que tomar postura y esta situación es complicada dado que alinearse supone dejar fuera otras posibilidades, no comparto el criterio del alineamiento como sumisión, prefiero una lejana cercanía o una cercanía lejana a todo sabiendo que mi opción a tendido hacia lo concreto de la antropología y no hacia sus desarrollos relativos profundos. Para mí el sujeto no es más que la esencia de la cultura, el sujeto es el que construye su mundo circundante, el sujeto no es subjetivo, es objetivo en la medida que este sujeto comparte su cultura y su visión del mundo y las cosas. El sujeto es luego el protagonista no abstracto de la vida cotidiana entendida como proceso cultural y social.
Pero bueno este texto no es para hablar de mí, aunque me gustaría, es para hablar de las apariciones del sujeto, desde una aproximación antropológica, y por tanto sí bien mi opinión me parece autorizada al mismo tiempo quiero presentar otras visiones y leerlas desde la antropología. ¿Qué antropología?, más de alguien se preguntará, bien la antropología del hombre responderé, la del hombre y su cultura, las del hombre y sus relaciones sociales, las del hombre como sujeto de su historia. Si bien esta es mi postura y mi visión entiendo que se valida en la medida que esta visión es de lo que soy capaz de percibir de la realidad, así para la posmodernidad en las que nos movemos, nos guste o no, lo central no son las realidades totales porque estas no existen sino que las realidades parciales, las que cada actor es capaz de construir de su entorno, es asá como todo lo dicho es válido en la medida que es percibido entendido e interpretado por el actor, por el sujeto, el cual es objeto de su propio conocimiento.
Entiendo que lo aquí expuesto no acaba con las dudas que pueden surgir, entiendo además que nos es la pretensión de este escrito ser la panacea de los conflictos teóricos y conceptuales de la antropología. Pretender eso sería una campaña de locura, sería establece runa nueva ley universal del entendimiento cultural, cosa que viendo el espacio en que nos movemos es una situación inaceptable para la antropología que hoy por hoy se hace, cada conocimiento es relativo al actor y su entorno, al momento concreto en que se conoce y sobre todo desde donde se ha conocido.
Así finalmente, lo que aquí se exponga se basa primero en un discurso sobre el sujeto y sus apariciones en una clave antropológica, una clave posicionada en lo concreto de la historia y la sociedad en la que me toca vivir. Segundo es un discurso donde no solo esta presente mi visión de esta problemática sobre el sujeto, sino que la carga cultural que poseo y los proceso por los cuales se me fue enculturando, y de mis opciones personales tomadas en mis 28 años de vida. Tercero es una aproximación y como toda aproximación es parcial, relativa y deja fuera o incorpora elementos que par mi son más relevantes, cosa que para otros puede nos serlo.
Así cuando hablemos del sujeto entendamos que es en lo concreto, sin perder la subjetividad propia de todo sujeto, donde mi incluyo, una subjetividad dada por la cultura y las pautas culturales que nos rigen y que asumimos como orientaciones para nuestra conducta.
Ahora dejemos este apartado, con las dudas que surgen y pongámonos en camino, siguiendo este texto discursivo sobre las apariciones del sujeto, en clave antropológica, teniendo claro la objetividad subjetiva de su presentación.

  1. LA APROXIMACION ANTROPOLOGICA. ¿QUÉ ES?

Para hablar de una aproximación antropológica a un tema es necesario establecer un criterio de aproximación, en el caso de este documento el criterio esta dado por la temática en si del documento, el sujeto su aparición o disolución es un tema que la antropología debe abordar con especial atención. Esta atención se debe centrar no solo en las aproximaciones teóricas sino que en las aproximaciones prácticas de la disciplina.


Es por ello que la antropología se ha sumido en el conflicto interno, es por ello que la antropología se trata de definir a sí misma con tanta intensidad acotando tanto los planos de acción, pero sobre todo la antropología deja de definirse a sí misma con relación a lo que hace o debe hacer y pasa a definirse en oposición a otras disciplinas. La antropología a perdido el sujeto de su investigación ese sujeto que se transforma en objeto de la investigación, por vía de la división de ambos, se ha tenido que definir nuevamente donde el otro ya no es tan otro y se crea la otredad del yo, o sea, se transforma el otro distante en otro cercano, próximo, prójimo.
Así la aproximación antropológica al tema del sujeto queda mediatizada por la percepción del otro como distinto donde el sujeto pierde o gana su valor en relación no a él mismo o su entorno, su mundo externo, sino que mediatizado a las cosas sus creaciones como superiores a él. De esta manera el sujeto es con relación al lenguaje, la comunicación, los procesos, y no es en la medida de que se establecen estos elementos como parte de su entorno cultural y social, donde las relaciones ínter sujetos quedan mediatizadas y pierden su valor fundamental, la esencia de lo humano. El sujeto debe ser abordado antropológicamente como un ente social y cultural en relación con su entorno rescatando su creación y dinamizidad creadora de cultura.
No es posible entender desde la antropología el sujeto fuera de su ámbito cultural y social, no es posible entenderlo como creador y transformador de la cultura, no es posible entenderlo como un elemento circunstancias abstracto que se pierde y es controlado por lo que el ha creado.

  1. LAS APARICIONES DEL SUJETO.



Para hablar de las apariciones del sujeto, en primer término quiero empezar con una frase que me parece decidora en relación con esta realidad y sobre todo desde la perspectiva posmoderna en que nos movemos, es decir, desde la objetividad de la subjetividad, desde la realidad parcial que construye un observador de la realidad, y no del as leyes universales que se quisieron crear a principios de este siglo que acaba. La frase es la siguiente; “Depende todo depende, de según como se mire todo depende”. (Jarabe de Palo)
Así se construyen las apariciones de sujeto en la antropología, dependiendo de quien este observando y este por tanto construyendo conocimiento. En primer lugar una cosa que puede parecer extraña es que hable de las apariciones del sujeto y no de sus desapariciones, por tanto lo primero será explicar esta situación.
Hablar de apariciones supone que existen varias de estas, al menos dos, desde lo ya expuesto no creo preciso ampliar más esta referencia, según cuantos observadores se tenga, igual cantidad de visiones de un mismo fenómeno y al mismo tiempo la misma o un poco menos precisiones sobre el sujeto. Por otro lado como este es mí discurso y destaco el mí, un “mí” en mayúsculas, personal, propio y posesivo. Luego puedo expresar lo que me parece desde mi visión lo verdadero, parcial pero verdadero. Al mismo tiempo y ampliando esta afirmación me parece que la antropología no desaparece al sujeto en ningún momento, aunque algunos así lo hagan notar, lo que sucede es que este es mostrado, o sea aparece, de formas distintas. Las diferentes posturas pueden parecer a simple vista una desaparición, desestructuración, abstracción, del sujeto, pero este como la energía o como el amor, según, Balzac, no desaparece solo se transforma. Aclarando las ideas, el sujeto es como el sol, “aunque no lo veamos el sol siempre está”.
La realidad de la disolución o desaparición del sujeto surge con la ideas de Foucault, es la primera disolución, o siguiendo mi propia línea, la primera de las grandes apariciones “fantasmas” del sujeto. Si bien lo central sería abordar a Foucault solo desde el sujeto y su aparición fantasma, no se puede entender a esta realidad sin entender su desarrollo teórico y filosófico que da cuenta de esta realidad.
El desarrollo teórico central en el pensamiento de Foucault es su interés por los diversos discursos históricos. Estos se pueden clasificar debido a que forman “epistemes” o sea códigos mentales en torno a los cuales aparecen como una determinada constelación. Foucault distingue tras epistemes fundamentales: a) De la Edad Media al Siglo XVI: Renacimiento. b) Del Siglo XVII al XVIII: Clasicismo. c) Del Siglo XVIII al XIX y XX: Modernidad. Además habla: d) de una nueva episteme estructural postmoderna y neoclásica de la segunda mitad del siglo XX:


  1. La Episteme Renacentista: Proviene de la episteme medieval y significa su culminación. El espacio de la representación de esta constelación esta constituido por la categoría de la “semejanza”. La semejanza entre las cosas, y entre el hombre y el mundo, se funda en la protosemejanza de la realidad llena de sentido e inteligibilidad. En definitiva, se parte de una precomprension teo- lógica de la realidad que condiciona como condición de posibilidad transcendental cualquier otro tipo de conocimiento humano. Este consiste en buscar el sentido a base de una exégesis que “revele” lo semejante inserto en las cosas. Conocer es interpretar e interpretar es adivinar los signos de un lenguaje universal que nos habla. En esta episteme el lenguaje no es un conjunto de signos independiente sino algo que se mezcla con las figuras del mundo. El lenguaje no tiene de por sí un contenido representativo propio, sino que es el lugar si un contenido sino que es el lugar de revelación del ser en la escritura divina de la que la escritura humana es sólo el reflejo. Esta episteme renacentista se desplomará con la entrada del clasicismo critico. (Foucault, 1968; Carusso, 1977; Ricoeur, 1982)




  1. El Clasicismo: A este paradigma histórico filosófico pertenecen los clásicos: Leibniz, Hume, Descartes. Su código enuncia el orden, la relación lógica, lo racional. Nos encontramos con un nuevo espacio de representación en el que las relaciones binarias de identidad y diferencia se plantean a las relaciones de analogía y semejanza, el análisis a la analogía. El lenguaje no ocupa ya un lugar central (teo - lógico) sino natural. Los signos se dispersan y despliegan al infinito conformando un cuadro estructural en el que impera la mutua distinción y la convencionalidad lingüística. La comparación y el discernimiento suplanta a la vieja divinación y el orden racional a la empatía universal. Podríamos pues decir que en la episteme clásica se abre paso un principio de autonomía racional según el cual la semejanza óntica no produce la imaginación sino que, al revés, la imaginación transcendental produce la semejanza, la identidad y la diferencia. Interesa fundamentalmente al pensamiento clásico reconstruir la red o sistema de pensamiento que posibilita el juego de opiniones simultáneas y aparentemente contradictorias. Es modelo de pensar racional en el que el lenguaje no traduce sino que representa al pensamiento, las representaciones mentales esencialmente lingüísticas son ahora origen del sentido y no al revés. Con ello, se instituye un modo de pensar critico y juzgador en el que queda desplazado el comentario consistente en revelar el sentido previamente dado y oculto. El nuevo lenguaje no es un instrumento de comunicación entre los hombres sino el intermediario de la representación entre los hombres sino el intermediario de la representación y de la reflexión, no es mera expresión sino discurso en que el verbo impersonal ocupa el primer puesto. El carácter representacional y racional del nuevo lenguaje aparece claro si tenemos en cuenta que ahora todas las palabras designan en última instancia nombres y que todos los verbos son reducibles al atributo general común y uniforme de “ser”. El nombre es aquí el centro del lenguaje; hablar no es decir cosas o expresarse sino “denominar” palabras y cosas. El discurso clásico intenta controlar analíticamente la analogía a base de nombrar el ser de las cosas. (Foucault, 1968; Carusso, 1977; Ricoeur, 1982)




  1. La Episteme Moderna: A finales del siglo XVIII se da una nueva ruptura epistemológica. La modernidad deshace la pertenencia del lenguaje al mundo. Durante todo el siglo XIX la historia se erige en el lugar del lenguaje clásico y el tiempo suplanta al espacio como lugar de la representación. La historia aparece como desorden inmoldeable. Es el paso de la categoría de la clasificación a la serie y pensamiento causal. No es extraño que en lo utópico el clasicismo coloque en el origen el paradigma del presente, mientras que los modernos lo coloquen en el ocaso del tiempo, es decir al final y tras un progreso y progresión temporal; es el paso de naturalismo al historicismo. (Foucault, 1968; Carusso, 1977; Ricoeur, 1982)




  1. La Episteme Estructuralista Posmoderna: La nueva episteme estructural en la que estamos es la conclusión del clasicismo con su racionalismo típico y de la implantación del lenguaje en la modernidad con el significante. Las palabras ya no se confunden con las cosas en sus mutuas semejanzas de origen teológico, ni ya se intersectan en un espacio neutro y racional de representaciones analítico - lingüísticas ni tampoco se reintegran en un movimiento histórico que las confiere ciego sentido. Más bien, según Foucault, lo que caracteriza la actual relacionalidad epistémico - estructural de las palabras y cosas es la fundación de las cosas por las palabras, o mejor, la condicionalidad de nuestros códigos respecto a nuestra realidad mundana. (Foucault, 1968; Carusso, 1977; Ricoeur, 1982)


Una vez que este cuadro explicativo de la postura de Foucault frente a los diferentes discursos es posible establecer en cada uno de ellos y en general ala aparición o no del sujeto y la historia.
Afirma nuestro autor que es preciso evitar una concepción lineal, simplista, de la historia. Se cree que el comprender como un hecho sigue a otro es un problema específicamente histórico, pero no se plantea cómo tal otro que lo es con el mismo derecho y que es el de comprender como dos acontecimientos pueden ser contemporáneos. Se muestra contrario además a la posición de considerar la historia como el lugar privilegiado de la casualidad, afirmando que las ciencias humanos desde hace algunos decenios, se han dado cuenta de que la relación causal no se puede establecer ni controlar en términos de racionalidad formal, ya que en la lógica no existe la casualidad: desde el momento en que el análisis histórico se introducen relaciones de tipo lógico, tales como la implicación, la exclusión, la transformación, etc., es evidente que la causalidad desaparece. Concluye Foucault afirmando que es preciso eliminar el prejuicio según el cual una historia sin causalidad no es historia. (Foucault, 1968; Carusso, 1977)
En lo que se refiere a su postura sobre el hombre, parte de que los razonamientos científicos que el hombre contemporáneo ha formulado a partir del siglo XVII, apareció el “hombre” como un objeto nuevo.
Con el hombre apareció la posibilidad de constituir las ciencias humanas y además una especie de ideología o de tema filosófico general, que era el del valor imprescriptible del hombre. Por lo tanto, el hombre pertenecía al ámbito de los conocimientos como objeto posible de ellos y por otra parte, estaba radicalmente en el origen de toda clase de conocimientos. Esta situación ambigua caracteriza lo que podría llamarse la estructura antropológico - humanística del pensamiento del siglo XIX. A partir del momento en que se descubre que todo conocimiento humano, toda existencia humana, toda vida humana y quizás - incluso toda herencia biológica del hombre, están situados dentro de estructuras, es decir, dentro de un conjunto formado de elementos que obedecen a relaciones determinadas. En consecuencia, lo que hace posible al hombre es un conjunto de estructuras que puede pensar y describir, pero de las que la conciencia ya no es el sujeto. Esta reducción del hombre a las estructuras que la circundan es característica del pensamiento contemporáneo (Foucault, 1968; Carusso, 1977; Ricoeur, 1982)
Así la supuesta desaparición del sujeto en los fundamentos de Foucault es en realidad como dije una aparición fantasmal, es por lo tanto una forma de presentar el sujeto. El sujeto se desplaza pero no desaparece, la realidad se convierte en unidades discursivas y su campo en la presencia del sujeto, sin sujeto no hay discurso no son relaciones independientes sino que interdependientes, sin sujeto no hay discurso, aunque este discurso determine la presencia del sujeto, cada episteme de Foucault es una forma de entender la aparición y la acción del sujeto en la historia, no la simple acción de un discurso preeminente en un determinado momento.
Por lo tanto el sujeto esta presente en todo momento aún cuando quede subsumido en la retórica del discurso y de la verdad parcial que este discurso presenta. No es el discurso el que oculta al sujeto, a mi modo de ver, que he asumido como válido, sino que el sujeto se oculta tras un discurso en un momento determinado.
Ahora bien todo esto puede parecer un discurso, que lo es, que trata de presentar realidades parciales sobre la presencia o aparición de un sujeto, pero al mismo tiempo es una manera de establecer de que hablamos cuando la antropología asume esta realidad discursiva de Foucault. La vista antropológica debe darse tanto en la preeminencia del discurso, y la realidad que este muestra así como al maquinaria del poder que se oculta tras él, como ya Foucault lo expone en “Vigilar y Castigar”, sino que también del sujeto oculto tras ese discurso. La acción de este y la construcción de un discurso coherente que despierta adhesiones e creas identidad, como el sujeto se hace parte del discurso para ser asimilado por este, esa es misión de la antropología y no solo caer en el relativismo del lenguaje y sus múltiples creencias.

La realidad del sujeto y su presencia y aparición se diferencia de una perspectiva a otra es así como el la teoría de Bourdieu el sujeto es opositivo en algunos puntos al sujeto de Foucault, pero esta diferencia es relativa.


La relatividad de la aparición del sujeto en Bourdieu esta mediatizada por su interés investigativo, como en todos los investigadores, es así como para este francés que vive el auge del estructuralismo y sin duda recibe los influjos de Foucault en su primera etapa, el sujeto es un abstracto, algo que esta fuera de toda representación quizás como Foucault, lo ve subsumido en la trastienda de las cosas y de los procesos, pero no presente concreto en la acción cotidiana de la realidad percibida o posible de percibir de la realidad por el observador.
Entrar en el pensamiento de Bourdieu no es una tarea fácil, es un complejo entramado estructural y posicionador de la perspectiva del observador, es una realidad cognitiva distinta donde los proceso cobran fuerza sobre la presencia del sujeto. El sujeto de Bourdieu es abstracto es separado de la realidad concreta se posiciona en un lugar donde no es alcanzado por lo cotidiano por lo concreto, lo posible de ser conocido por los sentidos, lo posible de ser transformado. El sujeto abstracto esta alejado, lo que no significa que no este presente en la realidad, manteniendo mi tesis de la siempre aparición del sujeto.
La presencia abstracta del sujeto o lo que es lo mismo el sujeto abstracto, es en último caso una forma de aparición que a mi modo de ver y percibir la realidad de este realidad mayor, es la imposibilidad de conocer el sujeto porque lo queremos o no, la antropología se mueve en un plano concreto de interpretación o explicación, de realidades mayores o menor, si el sujeto es abstracto el sujeto se vuelve incognocible y por tanto aislado de la posibilidad de desarrollar conocimiento a partir de él. El sujeto abstracto es una realidad por tanto es necesario de abordar para el estudio antropológico.
¿Cómo abordar desde la antropología esta realidad?, es una pregunta con muchas respuestas y cada una puede ser un mundo por descubrir. La preeminencia de una visión del sujeto es el paradigma que se sigue, el abordaje antropológico se basa en la presencia del sujeto abstracto en los procesos sociales, económicos, políticos, culturales, es la presencia escatológica y ontológica. Es por tanto una respuesta a la esencia del ser, es la búsqueda del sujeto más allá de los proceso es por tanto la presencia del sujeto pura y sustraída de toda subjetividad.
Es por tanto la aparición de un sujeto incognocible, pero presente más allá de los proceso en los que participa de forma abstracta el proceso es independiente del sujeto en la medida que ambos no se conectan. Es por tanto un sujeto que es independiente del proceso, aunque este sujeto este condicionado por los proceso y por tanto la abstracción de él no puede aislarse del proceso, del paradigma presente y preeminente o del episteme que modela el proceso histórico del momento. Es por tanto un sujeto diacrónico y sincrónico al mismo tiempo, estático y dinámico, es un sujeto complejo.


  1. WHEN THE MUSIC OVER. (THE DOORS)

Cuando la música acaba como la canción de los The Doors, queda el silencio y este silencio nos permite escuchar nuevamente lo que nuestra cabeza piensa y al mismo tiempo no permite articular algunas palabras finales.


En primer lugar la presencia de este escrito y lo aquí expresado ha querido ser una lectura personal y quizás personalista de las apariciones del sujeto en las ciencias sociales, más concretamente sobre el pensamiento de Foucault, sobre todo, y Bourdieu. Ha querido ser una expresión de “mí opinión” sobre este tema. Al mismo tiempo que he aportado mi aproximación antropológica sobre estas realidades de apariciones.
El tema de las apariciones del sujeto es complejo y me permito en estas palabras finales hacer una comparación, un tanto odiosa para algunos, sobre la aparición del sujeto en las ciencias sociales y las pariciones de Jesús resucitado presente en los evangelios según el canon. Jesús al igual que el sujeto se aparece a cada discípulo de forma diferente (como a cada investigador), y peor aún nadie puede tener la certeza absoluta de que realmente fue así, solo desde el dogma y el canon es posible aceptarlo como realidad, del mismo modo nadie puede estar seguro de que el sujeto aparece de determinada forma en una u otra realidad, pero la rigurosidad de la metodología, el terreno y la investigación, sustituyen el canon y el dogma al mismo tiempo que nos fiamos, en un ejercicio de confianza mutua, de nuestros colegas de profesión.
Por otro lado mi tesis en este escrito, discurso, ensayo o como se quiera llamar a estado siempre del lado del sujeto presente: “ad sum”. Estés presente como imperativo, como casi una exigencia de no perder de vista el sujeto de la cultura que es el hombre en su esencia más pura.
Finalmente quisiera decir, expresar, exponer, que no estoy muy seguro si esto es lo que se me pedía, si esto que aquí termino de escribir es lo que se espera de mí, pero tengo la convicción que lo aquí expresado es un trabajo serio, de no solo leer y escribir, sino sobre todo de reflexionar en torno a temas que me parecen distantes en algún momento, al mismo tiempo que ha sido un ejercicio de defender lo que creo sobre el sujeto y sus apariciones, desde lo que soy capaz de percibir de la realidad como observador de ella, consciente de la parcialidad de mi observación e interpretación de la realidad percibida. Como buen antropólogo asumo el riesgo de mi observación e interpretación de la realidad que se construye en el consenso de las miradas de muchos.
This is the end, my only friend. (The Doors)
ALGUNOS TEXTOS UTILIZADOS PARA ESTA REFLEXION.

CARUSO, P. 1977. Conversaciones con Lévi-Strauss, Foucault y Lacan. Anagrama. Bilbao.
FOUCAULT, M. 1968. Las Palabras y las Cosas; una arqueología de las ciencias humanas. Siglo XXI. México.
FOUCAULT, M. ?. El Orden Del Discurso.
RICOEUR, P. 1982. Corrientes de la Investigación en las Ciencias Sociales. Tecnos/Unesco. Madrid.
BOURDIEU, P. ?. Sociología y Cultura.


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