Joseph pearce



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JOSEPH PEARCE

Tolkien:

hombre y mito

minotauro


Título original:



Tolkien: Man and Myth
Traducción de Estela Gutiérrez Torres
Diseño e ilustración de la cubierta: opal

Primera edición en esta colección: febrero de 2003


©Joseph Pearce, 1998

© Ediciones Minotauro, 2000,2003

Av. Diagonal, 662-664, 6a planta. 08034 Barcelona

www.edicionesminotauro.com


ISBN: 84-450-7444-X

Depósito legal: B. 3.955-2003


Impreso en Romanyà/Valls

Verdaguer 1. Capellades (Barcelona)


Impreso en España

Printed in Spain


AGRADECIMIENTOS 5

PREFACIO 6

CAPITULO 1 8

UN HOMBRE INCOMPRENDIDO: TOLKIEN Y EL MUNDO MODERNO 8

CAPÍTULO 2 13

DE LA CONVERSIÓN EN LA CUNA A LA TUMBA: 13

EL NIÑO DETRÁS DEL MITO 13

CAPÍTULO 3 20

DEL PADRE FRANCIS A PAPÁ NOEL: 20

EL PADRE DETRÁS DEL MITO 20

CAPÍTULO 4 29

EL MITO VERDADERO: 29

TOLKIEN Y LA CONVERSIÓN DE C. S. LEWIS 29

CAPÍTULO 5 37

UN ANILLO COMUNITARIO: TOLKIEN, LEWIS Y LOS INKLINGS 37

CAPÍTULO 6 48

LA CREACIÓN DE LA TIERRA MEDIA: 48

EL MITO DETRÁS DEL HOMBRE 48

CAPÍTULO 7 56

ORTODOXIA EN LA TIERRA MEDIA: 56

LA VERDAD DETRÁS DEL MITO 56

CAPÍTULO 8 68

EL MANANTIAL Y LOS BAJÍOS: 68

TOLKIEN Y LOS CRÍTICOS 68

CAPÍTULO 9 81

TOLKIEN COMO HOBBIT: 81

EL INGLÉS DETRÁS DEL MITO 81

CAPÍTULO 10 95

APROXIMÁNDOSE AL MONTE DEL DESTINO: 95

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE TOLKIEN 95

EPÍLOGO 108

POR ENCIMA DE TODAS LAS SOMBRAS CABALGA EL SOL 108

BIBLIOGRAFÍA 110

Para


Owen Barfield

1898-1997



In Memoriam



AGRADECIMIENTOS


No sé cómo comenzar la tarea de agradecer toda la ayuda que he recibido durante la redacción de este libro y la investigación precedente. Por tanto, quizá lo mejor sea proceder de manera aleatoria, mencionando las personas sin ningún orden de prioridad particular.

Las principales fuentes publicadas se mencionan en las Notas, y en la selectiva Bibliografía del final del libro se da la lista de ellas. Estoy en deuda con HarperCollins por haberme dado permiso para publicar extractos de Cartas de J.R.R. Tolkien, un breve extracto de Los monstruos y los críticos y otros ensayos, el segundo verso de un poema de El Señor de los Anillos y varios versos de «Mythopoeia». Stratford Caldecott, el director del Centre for the Faith and Culture del Westminster College, de Oxford, me proporcionó varios materiales inéditos. También estoy en deuda con Caldecott por haberme permitido citar su propio ensayo, «Tolkien, Lewis y el mito cristiano», y por la hospitalidad que me ha mostrado durante mis visitas al Westminster College. Allí recibí también la valiosa ayuda de Aidan Mackey, administrador de la Biblioteca G. K. Chesterton, que antes de su traslado al Plater College se encontraba en el mismo college. Durante mi estancia en Oxford gocé de la ayuda y la amistad de Walter Hooper, la máxima autoridad mundial acerca de C. S. Lewis, y de la de otros miembros de la Oxford. C. S. Lewis Society, entre los cuales destaca Richard Jeffery, quien tuvo la amabilidad de compartir conmigo sus conocimientos sobre Lewis y Tolkien. George Sayer, amigo y biógrafo de Lewis, me proporcionó una ayuda inestimable, sobre todo al relatarme sus recuerdos de las conversaciones que mantuvo con Tolkien en los años sesenta. El doctor Patrick Curry, autor de Defending Míddle Earth, me proporcionó ánimo y consejo, igual que Charles Noad, el bibliógrafo de la Tolkien Society. Entre los religiosos que me han ayudado merecen mención especial el padre Charles Dilke del Oratorio de Londres y el padre Ricardo Irigaray de Buenos Aires, autor de Elfos, Hobbits y Dragones, así como el padre Robert Murray SJ. Doy las gracias a Paul Ellis, Elwyn Fairburn, Helene Felter, Michael Ward y Alan Young por su ayuda, a F. W. Simmonds que ha colaborado en demasiados aspectos para mencionarlos aquí; y a Sarah Hollingsworth, como siempre, por sus apreciaciones críticas del manuscrito original. También debo mencionar el papel crucial desempeñado por James Catford, cuya perseverante fe en mi obra ha permitido que mis esfuerzos hayan dado fruto.

Por último, debo mencionar la ayuda de Owen Barfield, miembro clave de los Inklings y amigo tanto de Lewis como de Tolkien, quien accedió a entrevistarse conmigo a pesar de sus problemas de salud. Por desgracia, murió poco antes de que este libro estuviera terminado. Dedico lo que sigue a su recuerdo y como tributo a sus logros literarios.



PREFACIO


Cuando El Señor de los Anillos de Tolkien fue escogido el «mejor libro del siglo» en una encuesta nacional llevada a cabo a principios de 1997, la respuesta de los críticos no fue de aprobación, sino de oprobio. Tolkien, parecía, seguía siendo tan controvertido e incomprendido como siempre, despertando la misma acogida popular y la misma hostilidad de los críticos que había cosechado en la publicación original del libro, más de cuarenta años antes.

La idea de escribir este libro surgió durante la controversia provocada por el triunfo de Tolkien en la encuesta de Waterstone. Tolkien: hombre y mito es un esfuerzo por entender un hombre, un mito y todo un fenómeno que ha deleitado a millones de lectores y sorprendido y disgustado a varias generaciones de críticos. Constituye un intento de desentrañar el misterio que rodea al más incomprendido de los hombres. Con ese fin, he emprendido una aproximación biográfica que pretende atenerse a la «escala de significación» que el mismo Tolkien atribuyó a los hechos de su vida en una carta escrita poco después de la publicación de El Señor de los Anillos. En esta carta, Tolkien expresaba su desconfianza por muchas biografías modernas:


Objeto la tendencia contemporánea de la crítica a conceder demasiada atención a la vida de los autores y los artistas. Sólo distraen la atención de la obra de un autor (si la obra, de hecho, es digna de atención) y termina, como a menudo se observa, por convertirse en el mayor motivo de interés. Pero sólo el propio ángel de la guardia, o en verdad el Mismo Dios, podría desenredar la relación entre los hechos personales y la obra de un autor. No el mismo autor (aunque sabe más que cualquier investigador) y por cierto no los llamados «psicólogos».

Pero, por supuesto, hay una escala de significación en los hechos de esta clase.1


Seguidamente, Tolkien divide los «hechos» de su propia vida en tres categorías: los «insignificantes», los «más significativos» y los «en verdad significativos»:
Hay algunos insignificantes (los particularmente caros al análisis y a los escritores que se refieren a escritores): tales como la embriaguez, pegarle a la mujer y otros desórdenes semejantes. Da la casualidad de que no soy culpable de estos particulares pecados. Pero si lo fuera, no supondría que la obra artística proviene de esas debilidades, sino de otras regiones de mi ser todavía incorruptas. Los «investigadores» modernos me informan que Beethoven estafaba a sus editores y que maltrataba a su sobrino de manera abominable; pero no creo que eso tenga nada que ver con su música.2
Además de estos «hechos insignificantes», Tolkien creía que había «hechos más significativos, que tienen alguna relación con la obra de un autor». En esta categoría situaba su vocación académica como filólogo en la Universidad de Oxford. Ésta había influido en su «gusto por las lenguas», que sin duda constituía «un importante ingrediente de El Señor de los Anillos». Sin embargo, incluso esto estaba subordinado a factores de más importancia:
Y hay unos pocos hechos fundamentales que, por secamente que se expresen, son en verdad significativos. Por ejemplo, nací en 1892 y viví mis primeros años en «la Comarca» en una era premecánica. O, lo que es todavía más importante, soy cristiano (lo que puede deducirse de mis historias), y católico apostólico romano por añadidura.3

Aceptando la premisa de Tolkien de que el autor «sabe más que cualquier investigador» sobre los hechos importantes de su vida, hemos empleado su propia «escala de significación» como punto de partida para intentar desenmascarar al hombre y desenmarañar el mito. En consecuencia, los hechos que Tolkien consideraba los más significativos en su vida y obra constituyen la base de este libro. Su carrera académica y su «gusto por las lenguas» no han sido discutidos con detenimiento, en parte porque el autor no está cualificado para hacerlo y en parte porque T. A. Shippey y Verlyn Flieger ya han tratado exhaustivamente este aspecto de su vida y creatividad en sus respectivas obras de erudición. En cambio, se ha dado prioridad a la importancia crucial del cristianismo de Tolkien y a la constante influencia de sus primeros años en la «Comarca» premecánica.

Una de las consecuencias del cristianismo de Tolkien fue el desarrollo de la filosofía del mito que subyace a su subcreación. De hecho, utilizando un juego de palabras, Tolkien es un hombre incomprendido porque es un hombre entendido en mitos.*4 Tolkien entendía el significado del mito de un modo que no han comprendido sus críticos, y esa falta de entendimiento es la causa misma de su falta de aprecio por su obra. Para la mayoría de los críticos modernos, el mito es sólo un sinónimo de mentira o falsedad, algo que es esencialmente falso. Para Tolkien, el significado de mito era casi lo contrario. Era la única manera en la que ciertas verdades trascendentes podían expresarse de un modo inteligible. Para comprender a Tolkien es imprescindible entender esta idea. Espero que este libro logre hasta cierto punto eliminar las falsedades y sacar el mito a la luz.
CAPITULO 1

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