José Ángel García Landa Universidad de Zaragoza, 2003



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Filología, Lingüística y Teoría Literaria:

Sobre "subáreas" e interfaces en Filología Inglesa


José Ángel García Landa

Universidad de Zaragoza, 2003

(Edición electrónica: 2004)
(Nota. Este archivo contiene la mayor parte del punto 2.3 (pp. 113-183) del primer volumen de la memoria que preparé para la oposición a la Cátedra de Filología Inglesa que tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza en febrero de 2003 [Vol. 1, memoria sobre docencia, 362 p. + anexos, Vol. 2., proyecto de investigación, 301 p.]. La comisión evaluadora, que consideró irrelevantes muchos aspectos de esta memoria, decidió dejar vacante la plaza, en una actuación que ha sido recurrida ante el Rectorado de la Universidad únicamente por mí, de entre los cuatro candidatos que nos presentamos).


Introducción
Parece obvio que no es el objetivo principal de un proyecto docente de concurso-oposición el definir la materia objeto de la convocatoria y justificar la conveniencia de su impartición: tal definición y justificación están ya presupuestos en el hecho mismo de que dicha materia forme parte de unos planes de estudio. El estudio y la docencia de la Lingüística en la Universidad vienen justificados por una tradición cultural e institucional, y por la definición misma de la filología, de tal modo que replantear el sentido de los estudios lingüísticos significaría también replantear el sentido de los estudios filológicos. Esta reflexión sobre los fundamentos de la disciplina no está de más en sí, y de hecho hemos visto que estamos pasando por momentos en los que se hace especialmente necesaria, pero se verá fácilmente que no puede ser el objetivo primordial de nuestra atención aquí. El proyecto docente de una plaza universitaria convocada en el marco de una determinada disciplina y plan de estudios ha de adoptar los presupuestos generalmente compartidos de la disciplina y del plan de estudios al que se refiere, no redefinirlos.

Por otra parte, el entrar en cuestiones de carácter tan básico sería ocioso en este contexto, al existir una inmensa literatura que ya se ha planteado estos problemas desde el origen mismo de la tradición cultural de Occidente. La tarea podría parecer, pues, a la vez imposible e innecesaria. Y de hecho las limitaciones de espacio aconsejables en este proyecto docente, que querríamos breve y poco farragoso, hacen que nos concentremos en problemas de orden más concreto, como es la programación práctica de la docencia en la plaza convocada a concurso.1

Sin embargo, es necesario efectuar un breve acercamiento a estas cuestiones generales, siquiera sea para definir los límites de la actividad que pretendemos desarrollar, y para justificar la adecuación de nuestra carrera académica a los términos de la convocatoria. La historia misma de las disciplinas filológicas hace ver claramente que cuestiones como las de la definición de filología y de lingüística, cuál es su utilidad, cuál es el objeto de su estudio, no pueden darse por resueltas de una vez y por todas: son problemas continuamente replanteados y solucionados de manera diferente en cada momento histórico y cada contexto cultural e institucional concreto. Así, la labor del filólogo ha de ser siempre una labor interpretativa y crítica, valorando y adaptando la tradición cultural a la vez que la transmite.

El lenguaje
Para definir adecuadamente qué es el lenguaje y qué significa conocer un lenguaje no basta con una simple definición abstracta. Será preciso especificar qué es lo que el lenguaje posibilita en una variedad de contextos. Ante todo, hay que resaltar la variedad de la experiencia y el pensamiento humanos, y cómo la complejidad de la vida social requiere capacidades comunicativas muy diversas. Tal es la característica primordial del lenguaje frente a otros sistemas de comunicación (tanto animales como humanos): la flexibilidad, la capacidad de articulación compleja de los elementos preexistentes, la precisión y especificidad de la relación entre el mensaje, el contexto y la referencia. El campo de acción humano está constantemente transformándose y ampliándose. Pueden describirse líneas generales, pero está claro que cada circunstancia y encuentro comunicativo concreto requiere la expresión de temas, actitudes, matices y sentidos que no preexisten. Por tanto, el lenguaje no consiste en un código fijo o en un repertorio preestablecido de formas, mensajes o significados. La capacidad generativa del lenguaje para producir nuevas formas lingüísticas fue enfatizada con gran eco por Chomsky. Sin necesidad de ceñirnos a los límites y presupuestos de la gramática generativa, sí hay que reconocer que una descripción adecuada del lenguaje debe dar cuenta de su capacidad creativa, de cómo la novedad e innovación lingüísticas van ligadas a la generación de nuevas situaciones, circunstancias comunicativas, pensamientos y experiencias.

Tal es el doble reto de la lingüística: por una parte, dar cuenta de la creatividad del lenguaje, y cómo se produce esa creatividad en (con)textos concretos; y por otra, dar cuenta de en qué sentido es una creatividad reglamentada—una creatividad que permite la comprensión de lo nuevo por referencia a lo ya existente. La reglamentación relativa del lenguaje es lo que permite la existencia de un estudio sobre él. Así, tienen sentido las gramáticas, los diccionarios, las descripciones teóricas del lenguaje—o la docencia de la lingüística—si bien hay que recordar constantemente que tales construcciones intelectuales son abstracciones hechas, para propósitos comunicativos e institucionales concretos, sobre la base de un fenómeno, el lenguaje, que no es un ser sino un devenir, en el sentido nietzscheano de estos términos.

Un enfoque generativo-gramatical del tema de la creatividad lingüística podría ejemplificar la naturaleza a la vez creativa y reglamentada del lenguaje aludiendo a las constraints existentes a la hora de crear nuevas formas. Por ejemplo, en inglés se pueden crear nuevos verbos a partir de nombres, siendo este un fenómeno muy corriente de expansión lingüística (ver O'Grady et al. 1997: 2).1 Así podemos utilizar la palabra "spear" como verbo, y decir "spear the fish" en el sentido de "catch the fish with a spear". Pueden darse casos en los que el sistema parece tentar sus límites utilizando nombres cuya relación con la acción es indirecta, o pueden verbalizarse frases hechas en lugar de nombres simples, o un nombre propio en lugar de un nombre común. De ahí frases como las siguientes:
I wristed the ball over the net

He would try to stiff-upper-lip it through

She Houdini'd her way out of the locked closet.

(En O'Grady et al. 2)

It out-Herods Herod. (Hamlet 3.2)
Y una gramática generativa señalará también las frases (gramaticales o no) que carecen de sentido, como la famosa colorless green ideas sleep furiously. 2 Si podemos utilizar un nombre de sentido temporal como summer como un verbo (Julia summered in Paris) no podemos, según la gramática generativa, hacerlo con cualquier tipo de expresión temporal:
*Jerome midnighted in the streets

*Andrea nooned at the restaurant

*Philip one o'clocked at the airport.
Según los autores de los ejemplos anteriores, estos ejemplos muestran que cuando se crea un verbo a partir de una expresión temporal, se le da una interpretación muy específica, parafraseable aproximadamente como "estar en alguna parte durante el período de tiempo X". Así , to summer in Paris significa "pasar el verano en París," to holiday in France es "pasar las vacaciones en Francia", etc. Y como noon y midnight expresan puntos del tiempo más bien que períodos extensos de tiempo, no pueden usarse para crear verbos de este tipo (O'Grady et al. 2).

Aquí polemizaremos brevemente con este razonamiento de la gramática generativa, para establecer la diferencia entre la visión de los fenómenos lingüísticos que propugnamos y la ofrecida por el generativismo y otros tipos de gramáticas formalistas. Partiremos no de que algo no se puede decir, sino de que de hecho se dice (producción o creatividad lingüística), e intentaremos ver cómo adquiere sentido por referencia al sistema reglado (norma, pero no necesariamente norma seguida). La explicación ofrecida por los generativistas de la verbalización de expresiones temporales parece adecuada hasta cierto punto. Pero si de hecho nos encontramos con la frase "Jerome midnighted in the streets" (por ejemplo, como un ejemplo marcado con asterisco en una gramática generativa) la frase inmediatamente adquiere sentido. En virtud de la estrategia interpretativa (más bien que 'regla') propuesta, 'to midnight' pasa a significar algo así como "pasar un período indefinido de tiempo alrededor de la medianoche". Es decir, el margen de creatividad lingüística es mucho mayor de lo que admiten las gramáticas formales, que tienen unos límites operativos y pedagógicos que son comprensibles dado su objetico práctico inmediato, pero que también tienen límites conceptuales inherentes para explicar el funcionamiento efectivo del lenguaje en situaciones concretas.

Y sucede que en los estudios filológicos tiene especial prominencia una modalidad discursiva, la literatura escrita, en la cual los fenómenos de creatividad verbal, así como la interacción entre el sentido preexistente y la situación concreta de uso, adquieren una prominencia especial. La manera en que estos fenómenos se expliquen dentro del ámbito literario no es ajena a una lingüística si entendemos como tal la comprensión de fenómenos relativos al lenguaje. Antes bien, el estudio de la creatividad verbal tan prominente en la vertiente literaria de los estudios filológicos puede complementar el estudio de fenómenos insuficientemente tratados por lo que durante gran parte del siglo XX se entendió por "lingüística".

La lingüística formal del siglo XX ha llevado a grandes logros en el conocimiento del lenguaje, y su desarrollo seguirá adelante expandiéndose en muchas de las líneas de trabajo bien conocidas. Pero parte del desarrollo de la lingüística también pasa por un reencuentro con la tradición filológica que está atenta a la relación entre la forma lingüística y su uso concreto en un texto o situación dada. Es un reencuentro que ya se ha dado en gran medida en subdisciplinas lingüísticas como la pragmática o el análisis del discurso.

Por otra parte, el reencuentro con la tradición textual abre cuestiones de autoridad lingüística, que lejos de ser un criterio trasnochado, son más bien cruciales para entender la dinámica social, ética y política del lenguaje. Son este tipo de cuestiones de corrección, autoridad y norma, más bien que las agramaticalidades abstractamente definidas (e irrelevantes si de hecho no se dan, aunque sean una posibilidad teórica), lo que define el uso adecuado y contextualizado de la lengua, un uso no meramente gramatical, sino pragmáticamente adecuado.

La filología tal como se entendía tradicionalmente no puede, por supuesto, atender a todo tipo de variación lingüística y contextualización, estando como estaba centrada primordialmente en el estudio de fuentes escritas. Y no estamos por supuesto invocando un retorno a la tradición lingüística del siglo XIX. Pero escuelas o ámbitos de trabajo lingüísticos como la lingüística funcional y sistémica, la pragmalingüística, el análisis del discurso, la sociolingüística, la estilística, la semiótica o la lingüística integracional pueden entroncar fructíferamente con muchas cuestiones que se han relegado al ámbito de la crítica literaria o de la hermenéutica filosófica por no caber en los presupuestos de la lingüística formal.

La lingüística tiene unos límites tanto conceptuales como disciplinarios, pero la ubicación de esos límites no está generalmente aceptada por consenso universal, y todavía menos por la naturaleza de las cosas. Son límites fluidos que han ido cambiando, como seguirán cambiando en el siglo que se ha abierto hace poco. Y son límites, también, que son diferentes según quien los trace en cada momento y contexto. Éste es un enfoque de la cuestión sobre los límites de la lingüística que creemos es realista, razonable y moderado en tanto en cuanto reconoce la variedad de perspectivas posibles sobre el lenguaje que de hecho se dan en diversos contextos tanto académicos como no académicos. Si buscamos una formulación más beligerante, también es fácil encontrarla, y proviniente de voces autorizadas:
Contemporary work on language should resist the efforts by disciplinary linguistics to determine what is relevant and worthy of study in language. There is much more to language than can be recognized or investigated from a purely 'linguistic' perspective…. Linguistic thought, in other words, we take to be an essentially interdisciplinary endeavour. It has always been.1
Como se ve, "linguistic/linguistics" significa dos cosas, en este texto y en otros lugares: "relativo al lenguaje" y "relativo a la linguística". Una no coincidencia entre "el lenguaje" y "lo que estudia la lingüística" que abre interesantes paradojas; una no coincidencia intrínseca quizás a la naturaleza metalingüística, lenguaje sobre lenguaje, de la(s) lingüística(s).

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