José Luis Corragio, De la Emergencia a la Estrategia



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(José Luis Corragio, De la Emergencia a la Estrategia. Buenos Aires: Espacio Editores, 2004. José Luis Corragio, La Gente o el Capital. Buenos Aires: Espacio Editores, 2004.) Comentario de Howard Richards.
El autor se doctoró en el Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, la misma escuela con la cual Chile ahora tiene convenio para asesorar la encuesta de protección social. Dirige el programa de pos-grado en economía social de la Universidad Nacional General Sarmiento en Buenos Aires. Los dos libros a comentar son colecciones de presentaciones hechas por el autor ante diversos foros profesionales en Argentina y en otros países. En los párrafos siguientes intento realizar un resumen sintético de algunos de sus conceptos principales, partiendo de un concepto de cambio estructural que encuentro más implícita que explícita y sin embargo fundamental.
La filosofía socioeconómica de José Luis Coraggio invita el análisis de los conceptos de estructura social y de cambio estructural. Tal análisis no es un juego verbal. Son cuestiones de vida y muerte. Frases con la palabra “estructura” aparecen cuando el cambio social es serio. Se trata, por ejemplo, de la experiencia negativa de los “ajustes estructurales” impuestos al tercer mundo por el Fondo Monetario Internacional. Dejaron saldos de millones de niños muertos, especialmente en el continente africano. Por el lado positivo, se encuentra la estrategia que propone José Luis Coraggio para lograr el cambio estructural constructivo. Corragio rescata el concepto “estructura” del sentido limitado que tiene cuando economistas indagan si el desempleo sea “cíclico” o “estructural” y valoriza el discurso de los sociólogos cuando hablan de “estructura social.”
Muchos creemos que sin los cambios constructivos de las estructuras sociales no puede haber soluciones reales a los problemas sociales y ambientales. Sin cambios estructurales seguirán funcionando aquellas estructuras anti-funcionales que hoy en día generan miseria, violencia, y el envenenamiento del medio ambiente.

No se trata de un concepto de “estructura” abstracta. Al contrario, se trata de conectar “estructura” con “construcción.” Las diversas contribuciones reimpresas en los dos libros son aportes concretos a la construcción de otro tipo de economía. No es ni el antiguo “socialismo real” ni el actualmente dominante neoliberalismo, ni la socialdemocracia europea. Es algo propio del siglo XXI, aunque tenga antecedentes en el pasado; y algo propio de América Latina, aunque tenga sus manifestaciones en otros continentes, por ejemplo en España, Bélgica, y Québec.

Se llama a veces economía popular, economía solidaria o economía del trabajo. Es una llave que abre las puertas a la integración social de los excluidos. Significa trabajo y dignidad para los sin empleo y los con empleo precario, muchos de quienes a estas alturas no tienen esperanzas reales de conseguir buen trabajo en la economía empresarial. También es la base de piedra que fundamenta los movimientos sociales y políticos que eventualmente serán capaces de hacer cumplir el sector empresarial con sus obligaciones sociales, y capaces de reconstruir el sector público ahora destrozado por el neoliberalismo.

Construir a partir de las alternativas socioeconómicas ya en marcha, soldarlas para crear una economía popular consciente y poderosa, capaz de protoganizar a nivel de la sociedad entera los cambios estructurales necesarios, puede parecer una propuesta abstracta y hasta soñadora para gente en muchas partes del mundo. Para el autor comentado, ubicado en Buenos Aires, Argentina, su propuesta no tiene nada de abstracto. La otra economía acontece. El pensamiento de Coraggio refleja aspectos importantes aunque sean minoritarios del diario vivir. El reflejo es recíproco. Coraggio dibuja en sus obras teóricas las planillas de una economía popular en vías de construcción. La economía popular en vías de construcción, a su vez, debe mucho a sus arquitectos, entre quienes se destaca Coraggio.

Coraggio ha confeccionado varias listas de los haberes de la economía popular existente, la base real de la economía solidaria en vías de construcción. En una de aquellas listas se encuentran:
1. La cooperación educativa, en la cual padres y grupos de padres colaboran para mejorar las vidas de los niños.
2. Las cooperativas de consumo, entre ellas varias formas de comedores populares. Por ejemplo, un grupo de mujeres del barrio comparten alimentos, consiguen alimentos donados, e invitan a todos los vecinos del barrio a comer.
3. Las ruedas de trueque, con o sin una especie de moneda o créditos locales para facilitar los intercambios.
4. Cooperación en la producción para el uso de las familias o vecinos mismos, y quizás a veces para vender también, como por ejemplo en el caso de las huertas comunitarias.
5. Comités de adelanto y mejoramiento local, que realizan diversas actividades para el bien común del lugar, por ejemplo vigilancia, aseo, obras de construcción.
6. Grupos étnicos que practican la ayuda mutua entre sus asociados, por ejemplo los indígenas quienes conservan aun en las ciudades sus antiguas costumbres solidarias, o logias fraternales de gentes cuyos ancestros provienen del mismo país europeo.
7. Organizaciones vecinales deportivas, o de ayuda mutua.
8. Organizaciones de ayuda mutua ya mas formales y de mayor escala como las son, por ejemplo, instituciones de obras sociales auspiciadas por los sindicatos.
En otros lugares, Coraggio menciona otros haberes de la economía popular naciente:

9. Casas. (La historia de Argentina es tal que hoy en día existen muchas casas particulares que personas ordinarias pudieron construir o adquirir en épocas de mayor prosperidad popular, que la gente aun conserva, aunque carezca de dinero.)

10. El sector popular incluye también los dueños de pequeños talleres y tiendas.

11. También entre los sectores populares se encuentran dueños de vehículos, entre otros camionetas que son instrumentos de trabajo.

12. Es frecuente que artesanos y trabajadores especializados sean dueños de sus propias herramientas.

13. Tierras disponibles son también haberes de la economía popular existente. No ha sido difícil, por ejemplo, conseguir terrenos cultivables para las huertas comunitarias. Hay individuos y familias que prestan su tierra, hay diversos tipos de tierras publicas que las autoridades ponen a disposición de iniciativas constructivas, hay instituciones de beneficencia (iglesias, hospitales, escuelas…) listas a aportar sus tierras subutilizadas.

14. Los fondos de jubilación son posibles fuentes de financiamiento para la economía popular, porque mucha gente tiene algún derecho a jubilación, y también porque los directores que manejan los fondos a veces simpatizan con la causa popular.

15. Las destrezas y conocimientos de las personas son recursos para la economía popular, como los son también sus actitudes y sentimientos solidarios.

16. En Argentina hoy hay unas trescientas industrias recuperadas. Son industrias quebradas que han sido asumidas por sus trabajadores. La mayoría funcionan como cooperativas de trabajo. Unas pocas, como la famosa Industria Zanon, aspiran a formar partes del sector público bajo control obrero.
17.   Las trescientos industrias recuperadas de quiebras recientes no incluyen las cooperativas de trabajo que ya existieron, algunas desde hace décadas, como por ejemplo las cooperativas de los lecheros.   Muchos de las viejas han ayudado a las nuevas.

18.  Entre los recursos de la economía popular se incluye también la ayuda sin fines de lucro, por ejemplo el trabajo de los familiares quienes cuidan a los ancianos y a los chicos.

19.  Además de los fondos de jubilación hay otras instituciones populares de ahorro, del tipo que los españoles llaman "bancos éticos."    Ellas atienden de preferencia a las instituciones de la economía popular.  La misión del Banco Municipal de Rosario, por ejemplo, según su carta orgánica, es atender a los pymes y a las microempresas.

20.  Otros haberes del pueblo se encuentran en las instituciones de educación permanente, que promueven la adquisición de destrezas y conocimientos durante toda la vida.

21.   Coraggio considera también la prestación de ayuda técnica a la economía popular de parte de varias instancias de gobierno, de ONG, de instituciones internacionales, e incluso los abogados, contadores, ingenieros y otros profesionales que prestan servicios a organizaciones populares en forma voluntaria.

22.   Se consideran también las cooperativas de consumo.

23.  … y las cooperativas para la comercialización, por ejemplo las de artesanos y pequeños agricultores, e incluso las ferias con auspicio municipal.

24.  También se consideran partes de la economía popular los sindicatos que velan por los intereses de aquellos trabajadores que son empleados del sector empresarial o del sector público.

25.  … y cualquier asociación que promueve la solidaridad entre sus asociados, por ejemplo las iglesias cuyos miembros atienden a sus co-feligreses enfermos o enfrentando cualquier crisis de la vida.

26.  …y los espacios para intercambiar ideas  y sistematizar el aprendizaje colectivo, tales como las instancias de educación de adultos inspiradas en la filosofía de Paulo Freire.


       Uno podría confeccionar, a partir de diversos textos de José Luis Coraggio, una lista más larga o más escueta de la lista de veintiséis elementos susodicha, aglutinando o fraccionando los rubros.   Mas vale indagar, empero, si haya algún criterio científico que deslinde lo que sea y lo que no sea elemento de la economía popular, existente o construible.   Para tal efecto, conviene regresar a los temas de "estructura social" y "cambio estructural."


La promoción de la economía popular y solidaria debe conducir al cambio estructural. Es cambio estructural. Sin pretender hacer un inventario completo de los diversos factores que entran en juego cuando se trata de “estructura social,” conviene considerar algunos de los principales, a fin de comprender mejor por que José Luis Coraggio propone la economía popular como estrategia para lograr el cambio estructural. El análisis de los conceptos de “estructura social” y “cambio social” servirá también para mostrar la unidad que subyace la aparente heterogeneidad de los veintiséis elementos susodichos.
Partimos con un ejemplo de una institución que forma parte de la economía popular, el comedor popular. Hay muchos tipos de comedores populares. Imaginemos, por ejemplo, ocho o más mujeres, muchas de ellas madres solteras, y quizás unos pocos hombres, recolectando alimentos para abastecer a un barrio donde casi todos son cesantes y hambrientos. Logran conseguir donaciones de ONGs; de comerciantes; de autoridades a nivel municipal, provincial, o federal; de partidos políticos… de cualquiera que tenga comestibles y ánimo para cooperar. Recolectan también los elementos necesarios para cocinar. Consiguen un local, por ejemplo una sala de una parroquia. Convidan a todo el barrio a comer el día miércoles a las nueve de la tarde. Imaginemos que una sola persona acuda al comedor popular para gozar de una cena gratuita, o muy barata. Una sola persona.
Evidentemente, en este caso el comedor popular no es un ejemplo de cambio estructural. Atiende a una sola persona una sola vez.
Podríamos, sin embargo, emitir un juicio distinto si fueron cien, o mil, o ….n. Imaginemos que hay comidas todos los días. Imaginemos que las mujeres del barrio (y quizás unos hombres) establezcan turnos rotativos para compartir las tareas. Imaginemos una red permanente que abastezca el comedor popular con los alimentos y otros insumos necesarios. Imaginemos que el comedor popular llega a ser el núcleo del cual nazca una asamblea barrial, en la cual todos los vecinos participen, aúnen criterios, y tomen decisiones. Imaginemos que los vecinos del barrio ya pueden confiar que tienen una fuente seguro de comestibles cuando no haya alimentos en casa, o cuando, por cualquier motivo, prefieran no comer en casa. Imaginemos que los comedores populares multipliquen hasta que aseguren la seguridad alimenticia de diez millones de personas, o sea, para todos aquellos habitantes del Gran Buenos Aires que se encuentren en situaciones de inseguridad económica.
Diría yo, por lo menos, que el sistema de comedores populares que hemos imaginado sí seria un ejemplo de cambio estructural. Pero quizás me equivoco. Quizás alguien me podría convencer que faltan todavía unos factores necesarios para poder decir correctamente que la estructura social hubiese cambiado. Quizás unos factores que justifican el discurso de “cambio de estructuras” estén presentes, y otros no.
Por lo menos podemos decir que el factor escala tiene algo que ver. Si un cambio es masivo, aumenta la probabilidad que lo vamos a llamar “estructural.”

Otro factor, que determina si se trata o no de cambio estructural, es si haya cambio en las relaciones de mercado. Si se habla de la “estructura” del mundo moderno, o de la “estructura” de la economía global, se alude siempre a la institución principal que define la modernidad y la globalidad: el mercado. Antes, cuando decíamos que si un sistema de comedores populares pudiese llegar a garantizar la seguridad alimenticia de diez millones de personas, diríamos que hubo cambio estructural, fue subentendido que con un sistema de comedores populares tan masivo los mercados no pudieron mantenerse iguales. Seria seguramente menos rentable vender alimentos en una sociedad abastecida sistemáticamente con alimentos baratos, y para los más pobres gratuitos. Una razón por decir que los fenómenos masivos tienden a ser estructurales es que los fenómenos masivos tienden a alterar los mercados.


Coraggio quiere resignificar el concepto de mercado. Vale decir, es partidario de la reorganización de las instituciones que llamamos mercados. Dice que la palabra “mercado” no debe ser siempre asociada con el mercado capitalista existente. Otros mercados son posibles. Otros mercados existen. Existen mercados solidarios. Los mercados son necesarios, porque sin mercados no puede haber economías de escala. Sin embargo, los mercados deben ser regulados y organizados. El sentido social de los actores que participan en los mercados debe cambiar. El concepto de mercado debe ser definido como “un arreglo para el intercambio de bienes, acordado y normado.” Los mercados deben ser segmentados adrede según criterios sociales. Por ejemplo: para prohibir la venta de productos cuya baratura se debe a la sobreexplotación de los trabajadores; para promover la venta de productos verdes compatibles con una biosfera sana; para subir los sueldos; para estabilizar los precios; para respaldar las economías locales; para incluir a los excluidos; para incrementar la producción de bienes y servicios útiles, y disminuir la especulación golondrina y frívola. Los mercados deben ser solidarios, deben ser éticos, pero no por eso dejaran de ser mercados.

        La relación entre el amo y el esclavo se asemeja a la relación entre el ser humano y el mercado en el paradigma de Coraggio.   El ser humano es el amo.  El mercado es el esclavo.  Una economía es una serie de arreglos que un grupo humano se da para producir y repartir bienes.  Un mercado existe al interior de una economía, donde cumple funciones y tiene propósitos.   Es un instrumento.  Es una herramienta.   En la medida en que cumple sus funciones y logra sus propósitos, sus dueños (los seres humanos que integran el grupo)  dejan que su esclavo sigue igual.   De otro modo, si sea el mercado anti-funcional, si no logra los propósitos determinados por sus dueños, ellos dictan otras normas para regir su esclavo.   No hay ninguna violación de los derechos humanos en eso, porque el mercado es una cosa.   Res publica.  Cosa social.   No tiene derechos.  Al contrario, la dominación del mercado por los seres humanos favorece la realización de los derechos económicos y sociales declarados en los tratados internacionales.  Favorece la racionalidad.

      El paradigma dominante es al revés.   El mercado es amo.  El ser humano es recurso humano, cuya función es ser insumo.   Una economía es una maquina que tiene su propósito propio y endógeno, v. gr. la acumulación de la plusvalía.   Funciona según leyes mecánicas que son los objetos de estudio de las ciencias económicas.   Los alumnos de aquella facultad aprenden aquellas leyes a fin de conocer las órdenes que el amo da a sus esclavos.  El amo emite juicios.   Emite juicios, por ejemplo sobre si las cooperativas de trabajo deben existir o no.   Si sobrevivan los tormentosos vientos calurosos y fríos de la competencia internacional, deben existir.  Si no, no.   (Se subentiende que los mercados son cada día el más el Mercado, o sea el mercado único global.)   Ni las cooperativas de trabajo ni la lavandería de la esquina de Sra. Pérez deben existir si alguna empresa multinacional puede producir el mismo producto a un precio menor.  Manda la voz metálica y ronca del amo.  Levantar la voz en otro sentido es (según el paradigma dominante) rebeldía.   Es atentar contra la propiedad.   Es negar el derecho de la propiedad privada (no el derecho de la propiedad privada de Sra. Pérez, lo cual es, según la terminología de Manuel Kant, un derecho de propiedad meramente empírica, porque Sra. Pérez opera su maquina lavadora; sino el derecho de la propiedad de los inversores quienes no trabajan, lo cual es un derecho de propiedad racional, porque el sudor del dueño no contamina la pureza del concepto jurídico).   Es negar el derecho de contrato, la base jurídica del comercio.    Es tocar conceptos intocables, como lo son, por ejemplo, el concepto de ventaja comparativa, el concepto del consumidor soberano, el concepto de crecimiento....

      En la práctica, Coraggio observa repetidas veces, las microempresas y las cooperativas de trabajo a menudo fracasan.     Suelen comenzar con optimismo.  A menudo comienzan con subvenciones, préstamos, y ayuda técnica de una ONG o agencia de gobierno.  La expectativa es que van a ser "sustentables."   A menudo no lo son, porque no están en condiciones de competir en los mercados dominantes, los mercados que son amos y no esclavos de los seres humanos.   "Sustentable" vale decir que producen algo que se puede vender.    Lo que vale decir,  las más de las veces, que producen algo que los consumidores van a preferir a los productos de aquellas empresas que ya dominan los mercados, por ejemplo aquellas que utilizan la mano de obra baratísima de Asia y los capitales grandotes del Primer Mundo.



      La propuesta de respaldar la economía popular es, por lo dicho y por otras razones también, una propuesta que pide otra política.  Otra cultura.   Otro concepto de mercado.
Además, el mercado libre no existe. Mejor dicho, existe en los medios de comunicación de masas, existe en los textos escolares, existe en el discurso político, existe en las mentes de las personas, pero no existe en el comercio. Existe como discurso, pero no como práctica. Existe en calidad de disfraz, mentira sofisticada. Pinta color de ética, pinta color de racionalidad, procesos que trituran los valores humanos y contradicen las finalidades de la convivencia.
Destaca Coraggio que los mercados reales no son lugares de libre intercambio de bienes y servicios. Son lugares donde hay conflictos entre intereses, pugnas entre poderes. Donde hay relaciones asimétricas entre pudientes y desamparados. Donde los monopolios o casi monopolios ejercen poderes muy distintos de los de consumidores pequeños.
Por eso la propuesta teórica de Coraggio (resignificar el mercado, significar el mercado como herramienta, lo que también propone, entre otros, Amartya Sen) es una propuesta para desmitificar el mercado. Así se logra una claridad teórica que favorece aquellas reformas estructurales que ponen los mercados al servicio de la gente.
Hemos sugerido dos criterios para deslindar la frontera entre el cambio a secas y el cambio estructural. El primero fue simplemente el tamaño del cambio. El segundo fue el cambio del paradigma de mercado –de amo a siervo. Un tercer criterio es la presencia o ausencia de transformación de la relación entre el capital y el trabajo. Cuando se trata de “estructura social” se refiere, directa o indirectamente, a dicha relación.
La imagen de un edificio en vías de construcción sirve para mostrar, en forma metafórica, el carácter fundamental de la relación entre capital y trabajo en las estructuras sociales modernas. La “estructura” se identifica con el marco de vigas de acero. La estructura (las vigas de acero, interconectadas entre sí) se levanta primero. Levantadas las vigas de acero, los constructores colocan los elementos necesarios para que el edificio sea habitable, pisos y paredes, cañería y alambres, calefacción y posiblemente aire acondicionado, gradas y quizás un ascensor.
La relación entre el capital y el trabajo es básica, como el esqueleto de acero del edificio es básico, y por eso se la llama estructural. Desde el punto de vista del trabajador (o trabajadora) quien vive por vender su trabajo, en un mundo donde los compradores de trabajo son principalmente capitalistas, lo básico es conseguir empleo. Cuando la trabajadora (o trabajador) consiga empleo, consigue dinero. Levantada la estructura fundamental, el trabajador (o trabajadora) consigue con dinero los elementos necesarios para vivir, alimentos y ropa, medicamentos y bebidas, boletos de transporte colectivo y posiblemente un auto, un apartamento y quizás una casa. Los trabajadores pueden casarse y criar hijos e hijas.

El problema “estructural” no es precisamente lo señalado por los críticos académicos del “estructuralismo.” Cuando la pareja tiene hijos necesitan estabilidad en el empleo para poder criar a sus hijos. El patrón, en cambio, necesita flexibilidad en el empleo para poder competir en el mercado sin tener que pagar a obreros cuando no los necesitan. El conflicto entre las dos necesidades es correctamente llamado “estructural.” En las ciencias sociales también se hablan de “estructuras” por buenas razones, hasta con buenas razones que en el fondo tienen algo que ver con el problema del compromiso asumido con la pareja cuando tienen hijos. Cuando se trata de pensamiento holístico a menudo se trata también de “estructuras” y por ende de “estructuralismo” Ha habido en la lingüística, en la antropología, en las matemáticas, en la critica literaria, y en otras ciencias humanas enfoques holísticos denominados “estructuralistas.” Niegan que la ciencia debiera partir de datos empíricos aislados. Debe partir de estructuras; vale decir, de totalidades compuestas de elementos interconectados entre si; en una palabra, de relaciones. Sean lo que sean los méritos del “estructuralismo” los ataques académicos contra ello tienen poco que ver con Coraggio y poco que ver con el problema estructural que complica las vidas del patrón y del obrero.


El estructuralismo ha sido criticado por determinista. Los críticos dicen que según el estructuralismo la sociedad opera según leyes determinadas por las estructuras sociales. Los seres humanos no podemos cambiar la historia. Las leyes estructurales determinan nuestra suerte. Coraggio explícitamente dice que él no es estructuralista en este sentido.
El estructuralismo también ha sido criticado por despreciar el saber popular. Dicen los críticos que según el estructuralismo solamente los eruditos pueden comprender las palancas estructurales que mueven la sociedad. El sentido común de la persona ordinaria es producto de la historia pero no productor de ella. Coraggio explícitamente dice que no es estructuralista en este sentido tampoco.
Sin necesariamente ser “estructuralista,” Coraggio es partidario de cambios estructurales. Como Paulo Freire, Coraggio critica como “focalista” los intentos de solucionar problemas sociales específicos (las elevadas tasas de crimen y violencia, la desnutrición, la mortalidad infantil, la contaminación ambiental, el analfabetismo, la juventud alienada, la falta de trabajo….etc.) sin abarcar nunca los cambios estructurales necesarios. El focalismo ostenta ser práctico. Propone aislar un problema delimitado para poder analizarlo con claridad, e investigar científicamente su etiología. En la realidad, no es práctico, porque en realidad los problemas no son aislados.
El discurso oficial es focalista. (Hoy en día en creciente medida el discurso oficial es igual en todos los países, porque cada vez más es generado por las agencias internacionales.) Propone focalizar la extreme pobreza. A menudo focaliza aquellas variables que son medidas anualmente, con el resultado que los gobiernos toman medidas que suben los puntajes del país según las variables medidas, mientras la miseria y sus causantes en el fondo no cambien. Coraggio no confía en los programas diseñados para atender a aquella minoría constituida por los más pobres de los pobres. No confía en las metas cuantitativas derivadas de marcos teóricos focalistas.
Hay que rescatar aquellos usos de la palabra “estructura” que nos permiten decir que la relación entre capital y trabajo es estructural; y que nos permiten ver, imaginar, y construir estructuras distintas de las actualmente dominantes. Según el paradigma dominante en la práctica, y según la ciencia económica liberal que le acompaña en el plano teórico, el trabajo es un costo. Es un factor de producción. Producción es para la venta. La venta es para la rentabilidad. Coraggio no niega que existe una economía empresarial que de hecho tiene la rentabilidad como su finalidad, y de hecho considera la contratación de personal como costo; ni tampoco proponga como objetivo político acabar con la existencia de aquella economía empresarial. Sin embargo, propone modificar las estructuras existentes. Apoya los cambios solidarios que de hecho se están gestionando en la práctica en América Latina con un enfoque teórico solidario.
Enfoca la economía popular, también llamada economía de trabajo y economía solidaria, partiendo de la actividad cotidiana de las unidades domésticas que viven de su trabajo. Ahí la voz “trabajo” cobra sentido amplio. Es lo que haya que hacer para poder vivir, aunque sea enviar a los niños a mendigar, aunque sea pasar las noches revisando basurales; aunque sea remodelar una sala de la casa para que sea un cyber salón o una tiendita para vender hierbas medicinales; aunque sea salir todos los días buscando trabajo como jornalero gasfitero o albañil; aunque sea ser vendedora ambulante de globos para niños, o mariposa. Los miembros de las unidades domesticas suelen compartir sus aportes, a fin de mantener a todos, e incluso a los más nuevos y a los más viejos. El enfoque teórico de Corragio parte de hechos reales.
Para explicar el sentido de la economía popular, Coraggio recoge un distingo de Aristóteles entre quienes venden para comprar, y quienes compran para vender. La economía popular es la economía de quienes venden para comprar. Venden su trabajo para comprar lo necesario para vivir. Sus inversiones tienen el propósito de fortalecer el trabajo que venden, como es el caso del carpintero o pequeño agricultor quien invierte en una camioneta, a fin de llevar materiales de construcción o fertilizantes en su trabajo. Típicamente la mayor inversión de quienes viven por el trabajo es la educación, sea la lucha diaria para que los niños terminen la primaria, o sea el préstamo sacado para que la hija permanezca en la universidad.
La economía empresarial, en cambio, compra para vender. El distingo teórico y estructural es fundamental. Contrata a gente y compra insumos con la finalidad de producir mercancías para vender. El resultado del proceso es el resultado de la venta, el dinero. La contabilidad ha sido típicamente la ciencia que rastrea los esfuerzos racionales de los empresarios para invertir el dinero en forma rentable, aunque hoy en día no faltan ni contadores ni profesores de contabilidad quienes se sumen a quienes elaboran herramientas técnicas para construir una sociedad más sostenible y solidaria.
Se trata de dos dinámicas: la dinámica de la vida, ejemplificada por la pareja con hijos, y la dinámica de la acumulación de capitales. No estamos en condiciones de prescindir de la segunda, pero estamos en condiciones de complementarla; y de canalizarla, de socializarla.
La razón por lo cual no estamos en condiciones de prescindir de la dinámica de la rentabilidad es la siguiente. Sucede que en el mundo actual, la gente ordinaria, para conseguir el dinero necesario para vivir, necesita empleo. Si se puede conseguir empleo o no depende (no totalmente pero en parte importante) de si la economía empresarial, cuya dinámica es la acumulación de dinero, genera empleo. La dependencia no es absoluta. Sin embargo, en grado importante, la condición que tiene que cumplirse para que las personas consigan empleo, es que tiene que ser rentable contratarlas.
Se trata de una relación estructural entre quienes venden para comprar y quienes compran para vender. Los primeros venden trabajo para conseguir lo indispensable. Los segundos son los empresarios. Compran fuerza de trabajo con el fin de vender las mercancías que ella produce. Si la compra de fuerza de trabajo no es rentable, no la compran. De este modo la vida de los primeros depende de las ganancias de los segundos.
Desde el punto de vista del empresario inversionista la estructura tiene la forma:

D ……. M ……….P………..M’…………D’

Leído de izquierda a derecha, el diagrama dice que el punto de partida es el dinero D. Con el dinero se compra mercancías M. El primer M del diagrama representa lo que el empresario compra. Compra una mercancía especial que se llama fuerza de trabajo y también compra otras mercancías, que son los otros insumos necesarios para echar a andar el proceso productivo. El proceso productivo (no importa si sea industria, agricultura, o comercio) se representa con la letra P. El resultado del proceso productivo se representa con la letra M’. Esta segunda letra M, distinguida como M’, representa otra mercancía, lo que ha sido producido, por ejemplo automóviles, granos, o servicios telefónicos. La finalidad del proceso se representa con la letra D otra vez, distinguida como D’. Es el dinero recibido en cambio de la venta de las mercancías producidas. La dinámica que motiva el proceso es la expectativa que la cantidad de dinero final D’ sea mayor que la cantidad de dinero inicial D.
Desde el punto de vista del trabajador, el diagrama indica que si a nadie se le va a ser rentable contratarle, no va a conseguir empleo.
El cambio estructural es necesario para dar seguridad económica a la gente. No tiene que pasar por el camino de deshacer la dinámica existente. Puede pasar por el camino de complementarla con otras dinámicas.
Coraggio destaca que otras dinámicas ya existen. Ya funcionan. Se puede potenciarlas.
Repito el diagrama:
D ……. M ……….P………..M’…………D’

Los editorialistas de la prensa, los economistas comunes, los políticos comunes, y en general todos los presos del paradigma dominante, leen el mismo diagrama y sacan conclusiones distintas.


Suelen decir: “Puesto que la producción depende de la rentabilidad, para subir la producción hay que subir la rentabilidad. Los sueldos elevados perjudican la rentabilidad y por ende el empleo, y por lo tanto quienes sufren mas de los sueldos elevados son los pobres. Además, destapan la inflación, porque a la vez frenan la producción y ponen más dinero en manos de consumidores. Sin mayor producción, dar mas dinero al pueblo significa subir los precios. Hay que producir antes de repartir. Para producir hay que tener inversiones. Para tener inversiones hay que tener ahorros. Con mayor razón hay que dividir los ingresos productos de la venta de mercancía de una manera favorable al capital, a fin de motivar más ahorro.”
A menudo agregan: “ Puesto que los ahorros nacionales son insuficientes, hay que atraer a inversores extranjeros. Hay que darlos incentivos para que inviertan acá y no en otro país. El camino hacia la prosperidad para todos es el camino del crecimiento económico. Para poder transitar semejante camino hay que convencer a los inversores, especialmente a los inversores extranjeros, que nuestro país es estable y rentable.”
Contesta Coraggio: “No hay alternativa a buscar alternativas. Las estrategias centradas en bajar los sueldos y en dar toda clase de subsidios y garantías a los inversores han sido intentadas y no han resultado.”
En la práctica diaria, la gente está buscando y creando alternativas. La necesidad es madre de la invención. Corragio se encuentra entre quienes aportamos alternativas teóricas mientras colaboramos con quienes están elaborando alternativas en la práctica.
La alternativa teórica de Coraggio parte de la lucha diaria de la gente para vivir. El trabajo no figura tan solo como uno de los tres factores (siendo los dos otros la tierra y el capital) que el empresario tiene que combinar para armar una empresa. El trabajo figura como actividad vital con fines vitales. El enfoque metodológico de Coraggio destaca los métodos de la antropología social.
Su enfoque teórico abierto y pragmático y su metodología aterrizada hacen visibles las actividades humanas cotidianas y normales que movilizan recursos para mantener los procesos de la vida. Muchas de ellas no pasan por aquel cuello de botella que es la expectativa de ganancias monetarias, tan necesaria para generar empleo en el sector empresarial.
El paradigma cambia. Los mercados, el empleo, y las empresas, se leen como arreglos sociales que más o menos exitosamente cumplen funciones. Son siempre revisables. La democracia sirve para eso. Sirve para revisar las instituciones según su rendimiento. Los mercados, el empleo, y las empresas son importantes, pero sus formas actuales no son necesariamente sus formas eternas. Ni son las únicas instituciones que cumplen las funciones necesarias para mantener la vida. Hay otras. Algunas de ellas son más antiguas que el capitalismo, y más probadas por la experiencia, como las son por ejemplo las relaciones de parentesco, las familias, o como prefiere decir Corragio las unidades domésticas. Algunas de ellas se mueven con otra dinámica, o con una serie de dinámicas distintas, o con una mezcla de dinámicas. Quizás algún día veremos instituciones con normas y con dinámicas motivadoras que hoy en día ni siquiera imaginemos.
Una de las dinámicas más antiguas y más poderosas es el amor de las madres y de los padres por su prole. La atención a los niños chicos suele ser una parte importante del trabajo de los padres, como se ve en las antiguas obras de arte donde figura el niño Jesús, la madre Maria, y el padre José. Otros familiares suelen ayudar, como son las hermanas mayores, y hasta los tíos políticos y los compadres. La familia también se da el trabajo de cuidar a los ancianos. Los niños atienden a los viejos en su vejez, como los mismos viejos antes atendieron a los niños. Aunque en el neoliberalismo haya una tendencia a comercializar todo, y hasta la atención parvularia y los asilos para ancianos, la atención de parte de los seres queridos sigue siendo la más común y la más confiable.
Típicamente también la gente hace mejoramientos de la vivienda propia, y quizás planta frutales. Se da el caso de vecinos que cooperan para mejorar las viviendas, y hasta para construir viviendas. A veces los vecinos cooperan para conseguir alcantarillado o pavimentación, o por exigir atención de parte de las autoridades, o por acción propia, o por la combinación de aportes propios y aportes de afuera. La gente cocina en sus casas, y también organiza comedores populares. Los niños a menudo se visten con ropa que era antes la ropa de sus hermanos mayores, y también las madres del barrio pueden cooperar para coser juntas e intercambiar ropaje entre varias familias. Con un poco de ayuda de una municipalidad o parroquia u otra organización, y hasta sin ayuda a veces, los vecinos pueden arrendar un autobús para llevar a los niños a un paseo mas extensivo que lo que seria posible con los recursos de una sola familia. Son actividades típicas que movilizan recursos para servir las finalidades de la vida. Muestran que a veces se puede conseguir lo necesario y conveniente para vivir a través de instituciones que no necesariamente requieren que el dinero final D’ sea mayor que el dinero inicial D.
Cuando los vecinos acostumbrados a cooperar a nivel local entran a participar en aquella institución de mayor escala que se llama mercado, no olvidan las normas de convivencia que han aprendido en sus familias y en sus barrios. Las industrias recuperadas muestran que pueden hacer funcionar un bar, o un supermercado, o un hotel, o una clínica; o una fabrica que produce pastas, baldosas, o tractores, o herramientas especializadas para el agro, con criterios éticos y solidarios. (Son todos ejemplos reales de la Argentina actual). La experiencia enseña que las dinámicas de la cooperación son capaces de funcionar también en los procesos productivos de escala mayor.
Los cambios que propone Coraggio son cambios estructurales.
Son estructurales por su envergadura. Se trata de pasos específicos y factibles que conducen a lo largo al mejoramiento general de las instituciones. Sirven para generar a lo largo cada vez mas el dialogo, la conciencia, la ética, la acción mancomunada por el bien de todos. Todo eso no queda en el aire, frustrado por los mecanismos automáticos de una economía que determina los destinos en forma ajena a la voluntad humana. Parte de la nueva economía que acontece hoy en este continente.
Son estructurales porque resignifican la voz “mercado”. El mercado llega a ser una casa, edificado por los seres humanos para vivir en ella. Es una casa que se puede modificar según las necesidades de la familia. El mercado deja de ser una jaula de hierro, en la cual los seres humanos, tratados más bien como animales, permanecen presos a regañadientes.
Son estructurales porque se cambia la relación entre el trabajo y el capital. En el sector popular el trabajo emplea el capital y no al revés. Por ende en el sector público y en el sector empresarial y en los varios otros sectores identificados por distintos autores, los movimientos sociales deben llegar a poder hacer responsable el gobierno y el capital; promoviendo la participación, las normas éticas solidarias, y los marcos legales transparentes. El principio que las instituciones deben servir la vida es general, aunque la estrategia de cambio recalca con cierta prelación la economía popular.
Son estructurales porque se cambian las dinámicas. La que fue pensada como la dinámica única de la economía, la acumulación de dinero, se reconoce como una dinámica entre otros. Eventualmente se va a poder restringir la acumulación exagerada con criterios de justicia, precisamente porque la gente ya no dependerá excesivamente de ella para conseguir empleo y por ende para vivir.
Las ciencias económicas cambian porque ya no se exagera el papel de la acumulación en echar a andar la producción y en determinar la distribución. Pero el cambio no es solamente académico. A la par con la teoría, la práctica cambia.





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