José fernando garcía cruz, Badajoz. Las fuerzas militares nativas procedentes del Protectorado de Marruecos. Transcendencia política de su aplicación en las operaciones militares durante la Guerra Civil española



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"Marruecos ha vivido casi cinco lustros de protectorado sin que en este lapso haya conseguido llegar a una verdadera inteligencia con las naciones protectoras. Por primera vez, gracias a España, hemos superado esta incomprensión. El reciente decreto, reservando el 75 % de las plazas de la administración para los marroquíes, es superar los tratados internacionales que son como largas, pesadas y ásperas montañas que oprimen a los marroquíes."
La situación española no permitía el distraer los cuadros con que contaba el franquismo en la península para gestionar el Protectorado, de forma que decretando tan alta cuota para los locales en la administración, se ahorraban efectivos y se creaba la apariencia de una cesión de funciones, que por otras circunstancias, acabaría por ser real años mas tarde[42].
Por un decreto o Dahir del Majzen -Gobierno imperial de Marruecos- fechado el 19 de Diciembre de 1936, se elevó a la categoría de ministerio a la Dirección de Bienes Hábices -órgano para la administración de las donaciones y fundaciones piadosas islámicas, cuestión que generaba un poder económico y notable prestigio político y social-, y para el cargo el Sultán designó a Abd-el-Jalak Torres, con lo que podemos dar por completado el círculo que explica las relaciones reales entre Franco y Mohamed V; por parte de los españoles se abordó un interesante proceso administrativo, cuyo análisis, excede la ambición de esta exposición, que desembocaría en la creación de un Servicio Nacional de Marruecos y Colonias, que dirigiría el experto marroquí por excelencia en el bando nacional, el general Gómez Jordana, siendo también significativo que al acabar la guerra el arabófilo Beigdeber pasase a ser Ministro de Asuntos Exteriores en agosto de 1939[43].
Finalmente, hay que pensar que el disponer de los efectivos militares nativos hubo de suponer un cierto reforzamiento de la posición de Franco en el seno del grupo sublevado, aunque evidentemente esta cuestión es de menor relevancia, dado que en los primeros momentos de la guerra su candidatura a ser cabeza de los insurgentes estuvo cuestionada por Manuel Hedilla[44], a la sazón jefe interino de la Falange y portavoz del encarcelado José Antonio Primo de Rivera - quien, por su parte, no llegó a simpatizar con Franco, entre otras causas por el conflicto electoral producido en Cuenca, cuando ambos pretendieron ser candidatos en mayo de 1936, el primero como candidato de la Falange y el general en las listas de la CEDA[45]-; Hedilla contaba en su haber personal con el apoyo de unos diez mil hombres, los cuales formaban una parte de los Voluntarios Católicos Gallegos; de manera que intuimos un pulso en el poder y control de la gestión militar entre los sublevados y una cierta lógica clientelar respecto a las aportaciones tácticas de cada grupo de los que conformaban el sector nacional y en relación con el reparto de la autoridad y el protagonismo; Franco y sus colaboradores jugando, en lo que guarda relación a los aspectos internos del ejército, la baza marroquí -como parte del control sobre la ayuda extranjera- se puso por delante de los descabezados falangistas, de Kindelán y los monárquicos, de Mola y sus carlistas o de Queipo y los señoritos andaluces y extremeños.
Para Azcárate la intervención de las tropas africanas en la contienda española fue más decisiva en la procura del éxito que el apoyo militar italiano y alemán unidos[46]; y Mª. Rosa de Madariaga escribirá respecto a esta cuestión que: "several important extra-Spanish factor... wiich contribudad subtancially to Franco´s victory ..."
Como vemos los actores del proceso de entendimiento entre los nacionalistas próximos al Sultán y los elementos franquistas activos en el Protectorado durante la Guerra española fueron los administradores del proceso de descolonización, que intuimos, de una u otra forma, pactado en los primeros momentos de la sublevación, y de que la entrega de los soldados marroquíes fue la moneda más valiosa en el trato.
Para la posterior política exterior franquista la toma de posición de las autoridades marroquíes a favor de la causa nacional y las implicaciones de los militares africanistas en los asuntos magrebíes y la colaboración con los nacionalistas magrebíes, así como las formas que esta colaboración adoptó, hubo de suponer un hito de relevancia diplomática singular. Tras la inmediata victoria del sublevamiento, los nacionales tuvieron unas muy buenas relaciones con el Norte de Africa, y por extensión con los países musulmanes, constituyéndose esto como una de las líneas maestras de la política exterior hispana, situación que se ha perpetuado, dado que si para los demás países colonialistas los procesos de independencia de los años cuarenta y cincuenta supusieron un menoscabo de prestigio, en el caso de España en Marruecos no fue de esta forma, puesto que la colaboración entre los intereses del franquismo en los días de la guerra y el nacionalismo monárquico marroquí había tejido cierta suerte de complicidad política; mas aún cuando las torpezas de la República en relación con la zona fueron notabilísimas, ya que no se escuchó la oferta de los nacionalistas republicanos apadrinados por los catalanes, y se antepusieron las exigencias, a veces muy veleidosas, de los franceses a una estrategia propia para la zona; e incluso la República pretendió con gran impericia utilizar el Protectorado como moneda de negociación internacional, excluyendo la opinión y los intereses de los locales, cuando mediante un memorándum a la Sociedad de Naciones Alvarez del Vayo, ministro de exteriores de la República, propuso la cesión de la zona a Gran Bretaña, e incluso a Alemania, con la pretensión de soltar lastre, a fin de reforzar su queja en relación con la utilización de los soldados magrebíes en la contienda, a lo que los británicos respondieron negativamente. Como negativa fue la opinión respecto a la queja de las autoridades republicanas el 9 de marzo de 1937 ante el Comité de No Intervención en ese mismo sentido, a lo que el gobierno británico respondió que consideraba la presencia de marroquíes en el ejército franquista como una cuestión que era interna y esencialmente española, dado que consideraron aquellas unidades como integrantes del Ejército español; tampoco podía satisfacer a Francia una propuesta de ese tipo dado que por un lado temían a Alemania y hubieran considerado inaceptable formar frontera con las autoridades nazis en el Norte de Africa, así como porque desconfiaban de la competencia que Gran Bretaña podía ejercer sobre sus intereses en caso de haber heredado el Protectorado español, ya que cualquier administración española sobre Marruecos, por débil, era la mejor opción par los intereses de Francia; por otra parte no descalificaron la utilización de tropas nativas, por cuanto la solapada colaboración de los muy autónomos oficiales de colonias franceses, e incluso el alistamiento mercenario de algunos de ellos, fue un hecho habitual.
En definitiva, con la gestión del Protectorado español sobre Marruecos, los sublevados no sólo se hicieron con el control de una importante cantera de efectivos humanos, sino que acotaron una parcela de la política exterior española, que sería de relieve en las épocas del aislamiento diplomático internacional al Régimen de Franco. Por su parte los marroquíes establecieron un nuevo estado de cosas en la situación colonial sobre el territorio sujeto a protección; sería excesivo decir con rotundidad que " compraron " su independencia con la colaboración en la guerra española, no obstante esto facilitó la posterior justificación franquista del abandono del estatuto protectoral, que camufló su incapacidad para afrontar el proceso nacionalista y descolonizador con el argumento de la generosidad y la deuda moral ante los antiguos colaboradores en el éxito de la Cruzada; si bien Franco y sus colaboradores en la política exterior, al menos durante los años inmediatamente posteriores a la contienda, abrigaron el deseo de establecer un imperio colonial sobre el Magreb a costa de la debilidad francesa. Parece evidente que la dependencia de las tropas nativas durante el conflicto español, e incluso la propia existencia en la zona de ese importante contingente de ex-combatientes nativos, entrenados en la Península, hubiera hecho inviable una permanencia colonial en el Norte africano sobre los presupuestos políticos previos al año 1936.
Finalmente, y de forma colateral, creemos que puede ser interesante observar la cuestión de las tropas indígenas marroquíes como parte importante en la construcción de la imagen política y mental que el propio Franco acabó por tener de sí mismo y de sus ejércitos, dado que la fidelidad perruna de los contingentes magrebíes, alimentó el arquetipo caudillista que acabó por interioridad el personaje, puesto que no en pocas ocasiones se refirió al modelo de autoridad observado a los nativos en el Protectorado como el paradigma del mando natural, basado en la obediencia ciega a las ordenes, mando sustentado y orientado por cierta crueldad calculadora y mucho pragmatismo; de manera que con aquellos soldados no sólo incorporaron unos importantes contingentes militares, sino que aderezaron al posterior franquismo con el modo etno-cultural local de concebir la guerra, muy grato y útil a Franco y a los individuos que le secundaron en su ascensión personal.
Notas

[*] Manuel Azaña en 1921. Citado por: LEGUINECHE, M.: Annual 1921. El desastre de España en el Rif, Madrid: Alfaguara, 1996, p. 10.

[1] La administración española en 1910 había firmado un acuerdo con el Sultán, por el cual éste se comprometía a establecer una fuerza de policía nativa con el fin de reducir el bandolerismo y evitar una mayor ruptura de la vacilante paz de la zona. Pero, habiéndose mostrado el sultanato impotente para crear aquel cuerpo, el Ejército español lo hizo a su modo. En junio de 1911, se fundaba en Melilla el Cuerpo de Regulares, básicamente compuesto por efectivos locales fieles a España. La dirección de estas fuerzas estaba destinada a constituir el campo de entrenamiento para algunos de los jefes militares españoles más destacados, como Sanjurjo, González Tablas y el propio Franco. Fue el propio general Berenguer quien se ocupó personalmente de la constitución del cuerpo, y lo asignó a la protección de las áreas ocupadas por los españoles, dejando la frontera a las tropas españolas.- Según Antonio Azpeitua [Azpeitua, A.: Marruecos la mala semilla; ensayo de análisis de cómo fue sembrada la guerra del Rif. Madrid, 1921, p. 60.], un severo crítico de la aventura marroquí, los hombres que ingresaban como voluntarios en este cuerpo castrense, al principio corrieron el peligro de ser expulsados de sus propias tribus, por lo que el grado de fidelidad hacia España era muy relativo; de hecho los conflictos internos marroquíes siempre estuvieron presente en la historia de estas unidades como lo atestigua el incidente de la ocupación de Ifni, que más tarde comentaremos, o la presencia en estas unidades de jefes rebeldes que adiestrados en ellas utilizaron sus conocimientos e inclusos las impedimentas que pudieron distraer para hostigar a los españoles, como en el caso de Ahmed Heriro, que tras servir en los Regulares de Tetuán se convirtió en un protegido y colaborador de El Raysuli, al norte de Xauén.

[2] El Protectorado de Marruecos, fue el sistema colonizador ejercido por España sobre parte de este territorio norte-africano. Aunque la fórmula jurídico-política arrancó de los acuerdos de Algeciras de 1912. No es hasta 1927, tras la incipiente pacificación de la zona exterior del Rif, cuando realmente se puso en marcha, por parte de los gobiernos españoles, el régimen de Protectorado. A partir de ese momento se pudo impulsar el desarrollo económico con atención preferente a la sanidad, enseñanza y comunicaciones. La inmediata crisis de 1929 también incidió sobre Marruecos. El malestar se dejó sentir especialmente en las ciudades. Fruto de dicha situación fue la fundación del Partido Comunista Marroquí y un denominado Comité de Acción (1934). Los gobernantes republicanos españoles, pese a su espíritu reformista, no consiguieron los resultados esperados. Las tensiones sociales se proyectaron sobre el Comité de Acción, el cual se dividió en 1937 en dos alas, base de los futuros partidos: Istiklal y Partido Democrático de la Independencia. En vísperas del 18 de julio de 1936 (inicio de la Guerra Civil española), España disponía en Marruecos de un ejército de unos 32.000 hombres, incluidos los nativos, según las estimaciones más fidedignas, tropas que llegaron a ser claves en la sublevación militar franquista. Puesto que como explica Paul Preston: "el Ejército de África era un recurso inestimable, unas tropas de choque capaces de asimilar las bajas sin que hubiera repercusiones políticas".- Ver: PRESTON, Paul: Franco. Caudillo de España. Barcelona: Grijalbo/Mondadori, 1994, p. 189.- Después de la II Guerra Mundial se acentuó el impulso colonizador en el terreno agrícola por parte de los europeos - rogramas de Lucus y Kert-, se diversificaron las explotaciones, se impulsaron las fuerzas productivas y de transformación social. Los aires descolonizadores soplaron en dirección de la Unidad Marroquí. Entre tanto, Francia estaba absolutamente dedicada a la guerra mundial. El sultán Mohamed V (1927-1961) en 1944, por primera vez, rehusó ratificar las decisiones del Residente general francés (principal representante del gobierno). La agitación iba en aumento. Para intentar controlar la oposición, los franceses depusieron y desterraron al Sultán en 1953. Ante el empeoramiento de la situación, se le permitió regresar en 1955. Al año siguiente, Mohamed V consiguió la independencia de su país tanto por parte de Francia -marzo- como de España -abril-.

[3] SPILLMANN, Georges,: Du Protectorat à l`Independance, Maroc (1912 -55). París: Chastel, 1967, p. 27.

[4] Con exactitud el caid es la figura del juez islámico. Dada la idiosincrasia magrebí, los españoles optaron por emplear para las funciones de enlace administrativas y militares a estudiantes de ciencias islámicas, por cuanto este estatuto comportaba una cierta respetabilidad entre los moros, de ahí que se les denominara en la nomenclatura española con el título religioso que ostentaban; el propio Abd-el-Krim, en la etapa que fue funcionario de la administración protectoral en Melilla, aparece como caid para los asuntos relacionados con su cábila.- Se puede ver: WOOLMAN, David S.: Abd el-Krim y la guerra del Rif. Barcelona: Oikos, 1988.

[5] SALAS LARRAZABAL, Ramón: El Protectorado de España en Marruecos. Madrid: Mapfre, 1992, p. 85.

[6] Al escribir legal nos referimos aquí al ámbito de la legislación islámica o sharîa`, en virtud de la cual la relevancia del juez o del mufti sobre las comunidades de creyentes es muy notable, especialmente si se contempla desde los parámetros que ya a principios de siglo la sociedad europea concedía a las opiniones eclesiásticas católicas.

[7] BENEITEZ CANTERO, Valentín: Sociología marroquí. Tetuán: Sur, 1952.

[8] Si tenemos en cuenta que en el ideario que animó el movimiento nacionalista marroquí encabezado por Mohamed V, se hacía continua referencia a este hecho y a los argumentos religiosos que animaron a Muley Hafid a enfrentarse al Sultán y a Francia, convendremos que para que los sublevados pudieran disponer de los soldados marroquíes, no sólo fue importante la soldada que ofrecieron, sino que hubo que contar con complacer a los poderes marroquíes. Posiblemente este fue un factor relevante en la determinación de abandonar el Protectorado, aunque, evidentemente, la penuria económica de la España franquista y su incapacidad para soportar el esfuerzo colonial fue la causa esencial de tal decisión.

[9] LE TOURNEAU, Roger: "North African Rigorism and Bewilderment". En GRUNEBAUM, Gustave von, Unity and Variety in Muslim Civilization, Chicago, 1955, p. 97.

[10] MADARIAGA, Mª Rosa de: "The Intervention of Maroccan Troops in the Spanich Civil War. A Reconsideration". En: European History Quartely, 22 - 1992, p. 71.

[11] Discurso citado por SALAS LARRAZABAL: op. cit., p. 182.

[12] MADARIAGA, Mª. Rosa de: op, cit., p. 73.

[13] AGUIRRE, A y otros: "Nombres propios para una diplomacia: la política exterior española en el siglo XX." En: Revista de Hª Contemporanea, nº 15, Universidad del País Vasco, 1996.

[14] AZAÑA, Manuel: Obras Completas. México: Grijalbo, 1971, t.2, p. 231 a 238.

[15] La oferta a los voluntarios consistía en conceder la prioridad para el apetecible ingreso en la Guardia Civil o el Cuerpo de Carabineros transcurridos cuatro años de servicio en el ejército de África, y de la dotación económica para el colonizaje agrícola del Protectorado a partir de los doce años de servicios en la zona.

[16] Cuestión comentada por SALAS LARRAZABA:, op. cit., p. 203.

[17] [AZAÑA, Manuel]: Memorias íntimas de Azaña, Madrid: Grijalbo, 1939, p.204-5. Apunte correspondiente al día 12 de agosto de 1932.

[18] El propio Sanjurjo enojado y resentido, durante el verano de 1933, en su encarcelamiento tras el fracaso de su golpe, llegó a ironizar diciendo: "Franquito es un cuquito que va a lo suyito".- Ver: VEGAS LATAPIÉ, Eugenio: Memorias políticas: el suicidio de la monarquía y la Segunda República. Barcelona: Planeta, 1983, p. 184.

[19] HIDALGO DURÁN, Diego: ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la guerra? Diez meses de actuación ministerial, Madrid, 1934, p. 171.

[20] SALAS LARRAZABAL, J.: Los datos exactos de la guerra civil. Madrid: Fundación Vives de Estudios Sociales, 1980.

[21] Dice el Decreto nº 92 de 12 de Septiembre de 1936, que el Gran Visir Sidi Ahmed El Ganmia, o Jauinia - ya que de las dos formas aparece citado -: "acudió con celeridad a Tetuán para contener la explosión popular que se produjo, aquietar los ánimos, reducir a los exaltados y conseguir que todos regresaran a casa", por lo cual se le concedió la Gran Cruz Laureada de San Fernando, que habría de ser la máxima distinción del régimen franquista. Acción ésta que, según Preston, hubo de facilitar enormemente el enganche de los locales en el ejército sublevado.- Ver: PRESTON: op. cit., p. 188.

[22] LAHBABI, Mohamed: Le Gouvernement marocain à l´aube du Xxe. siècle. Rabat: Watan, 1957.

[23] Preston menciona que Orgaz fue designado para el cargo, siendo ésta una de las primeras medidas de la Junta Técnica burgalesa, "con la tarea de mantener el flujo de mercenarios marroquíes".- Ver: PRESTON: op. cit., p. 237.

[24] Vid.: Boulletin du Comité de l´Afrique française. Remeignements coloniaux. oct. 1938.

[25] AZNAR, Manuel: Hª. militar de la Guerra de España. Madrid, 1940.

[26] Ver: BEN JELLON, Abd-el-Hajid: "La participación de los mercenarios marroquíes en la guerra civil española ( 1936-1939 )", Revista Internacional de Sociología, v. 46, nº 4, octubre-diciembre 1988.

[27] FONTAINE, Pierre: Abd el Krim. Origen de la rebellion nord-africaine. Paris, 1958, p. 162.

[28] GARCÍA FIGUERAS, Tomás: España y su Protectorado en Marruecos (1912 -1956) y África en la Acción española. Madrid: Nacional, 1965.

[29] MORALES LEZCANO, Vicente: El colonialismo hispano-francés en Marruecos. Madrid: Rialp, 1978, p. 98. y España y el Norte de África: El Protectorado en Marruecos (1912 - 1956), Sevilla: Sur, 1967. p. 107.

[30] IBARRURI, Dolores ( edit. ): Guerra y Revolución en España 1936 - 1939. Madrid, 1983, ps. 220 a 225. y El único camino. (edit. Mª Carmen García-Nieto París) Madrid: Castalia, 1992.

[31] Previamente tuvieron que asistir a la torpeza con que España llevó el asunto rifeño, sin percibir las posibilidades de fomentar el nacionalismo de esa región en detrimento de los intereses de Rabat.- Vid.: GABRIELLI, León: Abd-el-Krim et les événements du Rif, 1924-26. Casablanca: Sirf, 1954, p. 239.

[32] Citado por TUSELL, J. y otros: La política exterior de España en el s. XIX. Madrid: UNED, 1997, p- 345.

[33] LOSADA MALVÁREZ, J.C.: Ideología del ejército franquista (1939 - 1959). Madrid: Istmo, 1990.

[34] ARMERO,J.M.: La política exterior de Franco, Barcelona: Planeta, 1978, p. 45.

[35] Si tenemos en cuenta la importancia que más tarde tuvo en Asia para los ingleses la colaboración de los musulmanes indios, dirigidos por Yinah, durante los peores momentos de la Segunda Guerra Mundial, se comprenderá que esta cuestión, aparentemente periférica, jugase un papel considerable en la estrategia general de los bloques que, ante la inminencia de la guerra mundial, se estaban formando en todo el mundo.

[36] ALGORA WEBER, D.: Las relaciones hispano-árabes durante el régimen de Franco. La ruptura del aislamiento internacional (1946 - 1950). Madrid: Mº. de Asuntos Exteriores, 1995, p. 25.

[37] Vid.: MELLOR, F.H.: Marocco Awakes, Londres, 1939, p. 113.

[38] PAYNE, Stanley G.: Politics and the Military in Modern Spain. Londres: Standord CA., 1967, p. 519.

[39] Sobre estos asuntos sería de interés el analizar los archivos de la Fundación Torres, ya que Mª. Rosa de Madariaga - vid. op. cit. - apunta que podrían ser ilustrativos de la situación creada en Marruecos en los primeros días de la sublevación.

[40] Puede apoyarse esta opinión en los estudios sobre la mentalidad e idiosincrasia nativa de SEDDON, D.: Maroccan Peasants. A Century of Change in the Eastern Riff (1870-1970), Folkstone, 1981, p. 157.

[41] El Dahir Bereber era un Decreto de la administración francesa que pretendía proteger, en primera instancia la lengua chejla o bereber frente a la presión cultural del árabe, lo que era una decidida apuesta por complacer a los nacionalistas rifeños, que tenía consecuencias e implicaciones políticas teñidas de problemática religiosa, dado que el árabe era la lengua religiosa y la utilizada en las ciudades, esto es, en el Blad-es-Majzen; ya el prestigio político del sultanato era de base religiosa, fomentando los localismos bereberes, religiosamente sincréticos, se pretendía debilitar en las áreas rurales el limitado poder imperial.- Se puede entender que la toma de posición en favor del árabe, por parte de la derogación del Dahir, era un acto de compromiso con las fuerzas nacionalistas marroquíes vinculadas al Sultán, quien, en definitiva era el único obstáculo para la movilización de marroquíes en los ejércitos de Franco.

[42] De hecho, inmediatamente después de la Guerra Civil se podrán apreciar importantes cambios en el poblamiento de los españoles sobre el territorio del Protectorado. Ya en 1940 la colonia española descendió a hasta el 6,3 por ciento del total de la población -la más baja tasa de todo el periodo protectoral-, sin duda a causa de las alteraciones demográficas y de la redistibución administrativa producida a causa de la contienda española.- Ver: BONMATÍ, José Fermín: Españoles en el Magreb. Siglos XIX y XX. Madrid: Mapfre, 1992, p. 247.

[43] SABIN RODRÍGUEZ, J.: La dictadura franquista (1936 - 1975). Textos y documentos. Madrid: Akal, 1997.

[44] PAYNE, S.G.: op. cit., n. 35 a p. 519.

[45] GIL ROBLES, José María: No fue posible la paz. Barcelona: Planeta, 1968, p. 561.

[46] AZCÁRATE FLÓREZ, P.: Mi embajada en Londres durante la guerra civil española. Barcelona, 1976, p. 319, ref. a documento nº. 24.








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