Jean-Pierre Meunier



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Jean-Pierre Meunier



GReMS, Département de Communication

Université catholique de Louvain (Belgique)


DISPOSITIVO Y TEORÍAS DE LA COMUNICACIÓN: dos conceptos en relación de codeterminación.

Versión original: Meunier, J-P. 1999. « Dispositif et théories de la communication: deux concepts en rapport de codétermination ». En : Le dispositif. Entre usage et concept, Hermès Nº25, Paris, CNRS Editions.




  1. El concepto de dispositivo

Es posible, para definir un concepto, adoptar por lo menos dos modelos diferentes del sentido: el modelo del diccionario y el de la enciclopedia. El primero supone que se delimita el sentido a una especificación esencial del género, precisamente, de aquellas que se encuentran en una entrada de diccionario. El segundo, por el contrario, supone un interés por las diversas significaciones que la palabra ha tomado en el uso y que intervienen en la comprensión global que tenemos de ella, como así también de su aplicación a un caso particular1. Tratándose de un concepto como el de “dispositivo” y de lo que puede aportar en el dominio de la comunicación, conviene explorar la riqueza semántica que puede permitir descubrir ese segundo modelo.

La perspectiva enciclopédica considera el valor semántico de un concepto bajo la forma de una red de sentidos interrelacionados, más o menos centrado sobre algunas instancias prototípicas alrededor de las cuales se distribuyen los otros elementos, en sentido horizontal, según su grado de semejanza con los prototipos (y aquí hasta las extensiones metafóricas) y, en sentido vertical, según su grado de abstracción o, mejor, de esquematicidad. Además, todos los nudos y relaciones de una red comportan una cierta complejidad pudiendo referir a dominios diferentes. Se trata, según la expresión Langacker, de “ventanas” alternativas sobre una base de conocimiento común (Langacker, 1987, p. 378).

En el centro de la red correspondiente al concepto de dispositivo se encuentran, sin duda, acepciones que implican fuertemente la técnica. En todo caso, es lo que sugiere el primer sentido que brinda el Petit Larousse: “Conjunto de piezas que constituyen un mecanismo, un aparato cualquiera; este mecanismo, este aparato. Un dispositivo de alarma, de seguridad.” (Petit Larousse,1996) En un nivel superior de abstracción, esta fuerte implicación técnica se difumina y “dispositivo” deviene casi sinónimo de agenciamiento de elementos cualesquiera. Este sentido muy esquemático proviene probablemente de la extensión del termino a dominios no propiamente técnicos pero donde subsiste la idea de aparato o, en todo caso, de ordenamiento en función de un fin: los significados secundarios mencionados por el Larousse dan cuanta de os “dispositivos militares” y los “dispositivos policiales” en donde las piezas maquínicas han sido reemplazadas por hombres pero donde subsiste la intención de articular medios en función de un fin. Esta última idea se reencuentra en el sentido esquemático subordinado: el agenciamiento de elementos cualesquiera a que se reduce el dispositivo procede siempre de una intención y apunta siempre a un efecto. Por otra parte, un tal ordenamiento, por su mismo esquematismo, torna sensible una característica fundamental del concepto: el hecho de que, en el espacio, supone una separación entre un adentro (constituyendo el dispositivo mismo) y un afuera donde se encuentra la entidad intencional en busca de un fin, e incluso, entre los dos, una diferencia de niveles, la entidad en cuestión situándose forzosamente en un metanivel relativo al dispositivo.

En los niveles inferiores de la red, el esquema subordinado que se acaba de caracterizar, puede naturalmente especificarse de múltiples maneras a través de toda suerte de combinaciones técnicas o humanas –o las dos al mismo tiempo- y de agentes intencionales específicos. Éstos últimos, es interesante señalarlo, pudiendo oscilar entre figuras bien determinadas y circunscriptas (tal ingeniero habiendo concebido tal aparato) y figuras indeterminadas o masivas (la sociedad en su conjunto en tanto se encuentra forzosamente en el origen de dispositivos generales como el dispositivo de enseñanza, el dispositivo carcelario, diversos dispositivos institucionales…). Por otra parte, cada uno de estos dispositivos, además de sus características primordiales que parecen depender del espacio del espacio y de la instrumentalizad, puede recibir otras especificaciones adicionales según toda suerte de dimensiones relativas, entre otras cosas, a las funciones que asegura. Por ejemplo, un dispositivo pedagógico puede caracterizarse no sólo en el plano de la eficacia sino también en aquel del equilibrio afectivo de los participantes, etc. Los nudos de una red, según Langacker, comparten una base de conocimientos pero cada uno de ellos estructura esta base según su propia manera, poniendo de relieve ciertos aspectos que le conciernen más que otros.

El concepto de comunicación es, él mismo, una red de sentidos interrelacionados y lo que es necesario ahora comprender es la inteligibilidad que le aporta el concepto de dispositivo, las dimensiones de la comunicación que éste último pone en relieve y permite tomar en consideración tanto desde un punto de vista teórico como práctico.



A primera vista los dos conceptos son poco compatibles. En sus formas más esquemáticas, el concepto de comunicación se reduce a la representación de una simple relación (en el sentido más general e indeterminado del término) entre seres vivientes; nada que se parezca al esquema de alto nivel del dispositivo con su clausura espacial y su ordenamiento instrumental. Es en estos niveles inferiores de las redes que el contacto puede establecerse, allí donde interviene la técnica. Porque en muchas de sus formas concretas, la relación de comunicación implica diversas técnicas. Pero esta analogía no es suficiente, al menos mientras se considere a la técnica como un intermediario entre las entidades comunicantes y no como un ordenamiento en el cual se entra para sufrir sus efectos. Se pueden considerar las técnicas de comunicación como dispositivos, comportando un ordenamiento funcional de instrumentos e incluso de seres humanos, pero, en tanto que la fuente y la destinación de los mensajes (para hablar como Shannon y Weaver) que vehiculan les permanecen exteriores, la expresión “dispositivo de comunicación” no hace sino denotar un assemblage fortuito y los dos conceptos permanecen sin influencia el uno sobre el otro.


  1. Dispositivos de representación-construcción de lo real

“El dispositivo”, tal era precisamente el título de un artículo de J-L Baudry que tiene por objeto la comunicación cinematográfica (Baudry, 1975). La continuación del título (“Aproximación metafísica de la impresión de realidad”) es significativa de la influencia que ejercía el psicoanálisis en los años ‘70. Esta influencia no era nueva. La afinidad entre la pantalla del sueño y la del cine había inspirado ya algunos buenos análisis. Pero la aproximación de Baudry se singularizaba por el particular acento puesto sobre la técnica, más precisamente sobre la relación entre la técnica y el tipo específico de ilusión sostenida por el cine. El autor describía el dispositivo cinematográfico –abarcando aparato de proyección, pantalla, sala oscura, inmovilidad del espectador, imágenes dotadas de movimiento– como una suerte de máquina de regresión que reconduce al sujeto-espectador hacia una “narcisismo relativo y más aún hacia una forma de relación con la realidad, que se podría definir como envolvente, en la cual los límites del propio cuerpo y del exterior no estarían precisados claramente” (Baudry, 1975, p.67). Es la anulación relativa de la prueba de realidad, explicaba Baudry, la que explica el estatuto particular de lo percibido en la pantalla, de este “más-que-real” que caracteriza lo que se entiende por “impresión de realidad” y que se puede describir como cuasi-alucinación o como representación dada como percepción. En el mismo número de la revista Communication, Ch. Metz, adoptando en el fondo un punto de vista muy próximo, igualmente centrado sobre la técnica analizaba por su parte el tipo de posicionamiento del espectador que efectúa el cine como dispositivo: la maquinaria, la disposición de la sala y la manera en que el dispositivo mental interioriza todo esto, pondrían al espectador en posición de sujeto-toti-perceptivo. (Metz, 1975). Con el dispositivo-cine sería el sujeto trascendental de la filosofía idealista quien encontraría su realización. Notamos que no hay incompatibilidad entre las conclusiones de Metz y las de Baudry. Se puede mostrar fácilmente que el sujeto-toti-perceptivo del primero implica el sujeto alucinado del segundo porque los dos resultan de una regresión narcisista correlativa de una confusión entre real y representación de real. Pero lo más importante, desde el punto de vista adoptado aquí, es que en el enfoque de Metz, como en el de Baudry, el dispositivo técnico no es alguna cosa que viene a situarse entre los sujetos de la comunicación sino alguna cosa en la cual ellos entran y que modifica su relación con lo real bajo el efecto del deseo.

¿Se dirá que esta descripción es particular al cine, el cual aparece menos como un medio de comunicación que como un espectáculo? Pero se puede generalizar, y en varias direcciones.

Baudry mismo relaciona al cine con una extensa línea de aparatos técnicos que persiguen el mismo fin: “pero si el cine era el efecto de un deseo inherente a la estructuración del psiquismo cómo fechar sus inicios. En este orden de ideas, sería demasiado riesgoso proponer que tanto la pintura como el teatro, en ausencia de condiciones técnicas y económicas apropiadas, han sido tentativas para alcanzar no sólo el mundo de la representación, sino aquello que podría estar en juego con un cierto funcionamiento de esta- y que sólo el cine era capaz de realizar” (Id., p.63). La pintura, el teatro, el cine, sería en suma, todo el orden icónico lo que estaría implicado aquí. Todas las manifestaciones de este orden serían otros tantos dispositivos técnicos que apuntan a producir –según grados y modalidades variables– un mismo efecto: poner al sujeto en una relación con lo real en la cual se conjugan toda la potencia perceptiva y la adhesión a lo percibido.

Es en una óptica parecida, que Emmanuel Belin piensa a la técnica como constituyendo un espacio intermediario entre el adentro y el afuera, algo así como la formación de un espacio potencial entre la madre y el hijo, descripta por Winnicott, y de la que depende la puesta en confianza del segundo (Belin, 1997).

Sin embargo, no todos los dispositivos van en el mismo sentido. En sus estudios sobre la emergencia de la escritura, Goody ha mostrado cómo esos dispositivos técnicos que eran las listas y cuadros han operado una descontextualización de las palabras del lenguaje produciendo la distancia necesaria para la formación de sistemas categoriales (Goody, 1979). Se dibuja así otro polo concerniente a nuestra relación con lo real, polo dependiente de una expresión distinta del deseo de dominio que se manifiesta en el orden icónico. Por un lado, las máquinas imaginarias que buscan cumplir la ilusión de dominio de lo real por asimilación del afuera con el adentro; por otro lado, máquinas simbólicas que buscan el cumplimiento de la misma ilusión pero por la vía contraria de la acentuación de la distancia entre la representación y lo real. Está claro, en todo caso, que nuestros dispositivos de comunicación no se inscriben simplemente en una relación con un real preexistente sino que este último, por el contrario, depende ampliamente de ellos.


  1. Dispositivos relacionales

En la representación más esquemática de la comunicación, como hemos visto, los individuos comunicantes preexisten a su puesta en relación. Es evidente para la teoría estándar –shannoniana o estructuralista. Lo es un poco menos en el marco de la teoría pragmática aunque permanece en gran medida. En la pragmática de Bateson, las entidades se disuelven un poco en el bucle de la retroacción que las une, pero en la pragmática lingüística, los sujetos parecen preexistir, como entidades diferenciadas, a los actos del lenguaje mediante los cuales ellos se crean mutuamente obligaciones (Ducrot, 1980) o se atribuyen recíprocamente roles sociales (Recanati, 1981, p.19). En la red de sentidos del concepto de comunicación, la pragmática ha puesto sin embargo un acento muy particular en el vínculo entre los sujetos. Haciendo esto, ha atenuado o rechazado hacia las instanciaciones de bajo nivel, la dimensión técnica cuyas huellas subsistían en las versiones más esquemáticas de la teoría clásica, notablemente bajo la forma del “canal” (sub-esquema surgido de los repertorios de señales acústicas). Este marco pragmático no ha impedido sin embargo que una conexión nueva se establezca entre comunicación y dispositivo.

La noción de “dispositivo de enunciación” nació de esta conexión. (Verón, Il est lá, je le vois, il me parle). Ha sido utilizada especialmente por E. Verón en un notable análisis de la enunciación de las informaciones realizadas por los presentadores de noticieros televisivos (Verón, 1983). Lo notable, de la caracterización de la enunciación televisiva propuesta por Verón, es que allí se ve toda la maquinaria televisiva ponerse al servicio del contacto interpersonal entre el presentador y cada espectador. El título del artículo, “está allí, lo veo, me habla” en el cual el “él” designa al presentador, indica bien la paradoja de las informaciones televisadas: es el dispositivo televisivo el que, más que interponerse simplemente entre las personas, crea entre ellas una forma particular de contacto interpersonal, muy fusional, muy cómplice, muy intenso en un sentido. Naturalmente tal no es siempre el caso pero lo que este análisis pone claramente en relieve, es el vínculo de interdependencia entre la relación y la técnica. Como vimos antes, se efectúa un choque frontal entre el esquema de la comunicación y el del dispositivo. Los hombres, a través de sus relaciones de comunicación, construyen dispositivos de comunicación a través de los cuales se estructuran sus relaciones de comunicación. De este punto de vista los medios modernos –el cine, la televisión, como lo ha dicho con insistencia D. Bougnoux, son vastos dispositivos fusionales funcionando para la seducción y el consenso (Bougnoux, 1995). Pero una vez más, esta dirección no es la única posible.

Un dispositivo de comunicación comprende al menos un ordenamiento espacial y un ordenamiento semiótico –una combinación de textos, de imágenes, de sonidos. Los dos concurren a una escena interindividual que se puede caracterizar en una primera aproximación en medio de las nociones de fusión y de diferenciación por una parte, y de centración y descentración por otra (Meunier et Peraza, 1993, p.201-208). Una conferencia, por ejemplo, implica a la vez una disposición espacial y el uso de una retórica verbal cuyo fin es el de inducir a la vez el consenso fusional del auditorio y su centración sobre el orador. Por el contrario, un debate constituye un ordenamiento de lugares diferenciados de suerte que los actos de discurso que allí se efectúan aparecen motivados por dos tendencias opuestas: la lucha por la ocupación del centro o, por el contrario, la descentración de los puntos de vista los unos por los otros; pudiendo ser cada una de estas tendencias más o menos así.

Se puede objetar a esto que tales dispositivos relacionales son ordenamientos especiales en los que se entra si se quiere. Pero los dispositivos, de hecho, no son aislables. Se encajan, por el contrario, los unos en los otros constituyendo una vasta red en el interior de la cual se está siempre situado. Un debate televisado es un microdispositivo en el interior de un macrodispositivo, él mismo en relación de interdependencia con los dispositivos económicos y políticos típicos de nuestras sociedades. Una clase escolar es un dispositivo (espacial y semiótico) tomando lugar en un establecimiento escolar e inscribiéndose él mismo en un funcionamiento institucional global caracterizable –al menos en parte– por su organización espacial y sus modos de comunicación. Se buscaría en vano una relación interpersonal que no dependa de un dispositivo.




  1. Dispositivos cognitivos

En los esquemas de alto nivel del concepto de comunicación, el mundo del que se habla, en relación con el cual se produce el intercambio (el “contexto” de Jakobson, por ejemplo), preexiste a la representación que se hace de él. El criterio de “dirección de ajuste” de los pragmáticistas lo muestra suficientemente: o bien el contenido informativo de un mensaje se adapta a un mundo o bien lo contrario pero, en ambos casos, la relación entre los dos permanece como una relación de exterioridad. Dicho de otro modo, los esquemas de alto nivel del concepto de comunicación se presentan como de inspiración muy objetivista: el mundo existe independientemente de los sujetos y éstos, en la representación que se dan del mundo, deben esforzarse en corresponderle.

El constructivismo parece por lo tanto poco compatible con el concepto de comunicación. ¿Lo es más con el concepto de dispositivo?

Precisemos la idea constructivista. Se sabe que esta noción estaba en el centro de la epistemología piagetiana. Recientemente, ha conocido nuevos desarrollos en el ámbito de la sistémica, notablemente en Varela (1993), Lakoff (1987), Lakoff et jonson (1985), Langacker (1987). Fundamentalmente, implica que la representación que se hace del mundo depende más de la manera en que estamos hechos (corporal y culturalmente) que del mundo mismo. Toda significación (de una cosa, de un acontecimiento, de un comportamiento...) se elabora sobre el fondo de una experiencia pasada inscrita en nuestra mirada, nuestro lenguaje y...nuestros dispositivos de representación y de comunicación. El concepto de dispositivo se ajusta naturalmente a la óptica constructivista.

La escritura, cuyo poder de inducir distancia y autonomía en relación con lo real vimos más arriba, acentúa también, correlativamente, nuestra aprehensión del mundo bajo la forma de distintas clases de objetos.

Por el contrario, la imagen, aniquilando la distancia, induciendo cohesión con lo percibido y confusión (entre interior y exterior, entre percepción y representación), facilita en el mismo movimiento la aprehensión corporal/mimética de las cosas tanto como los procesos de asociación metafórica o metonímica por los cuales lo real percibido hace sentido. Desde este punto de vista, todo soporte de comunicación (film, texto, libro, multimedia...) es un microdispositivo de construcción de sentido. Los medios en su conjunto son un macrodispositivo que integra una gran cantidad de microdispositivos tecnosemióticos cuya función es no rendir cuenta sino elaborar un sentido de lo real.



Conclusión

Nuestro análisis semántico no ha revelado sino pocos contactos entre las redes de sentido correspondientes respectivamente a los dos conceptos de comunicación y de dispositivo. En los niveles más abstractos en todo caso, allí donde el esquematismo ha hecho desaparecer los detalles ligados a la organización social y a la tecnología, los dos conceptos aparecen ampliamente independientes. Pero esta apariencia de autonomía es engañosa, porque desde el momento en que se examinan los casos en los que la noción de dispositivo se ha inmiscuido en las teorías de la comunicación, aparece una relación de interdependencia. Los dos conceptos parecen incluirse mutuamente.

No se puede imaginar un dispositivo que no sea concebido y preparado por los hombres a través de sus relaciones de comunicación; recíprocamente, son los dispositivos los que dan forma a las relaciones de comunicación, y esto según los diferentes aspectos bajo los cuales se los puede considerar.

Esta primera conclusión no es menor porque concierne a una a una importante cuestión de método. . El espíritu clasificatorio, muy activo en el nivel de los esquemas conceptuales abstractos, nos conduce a menudo a mantener aislado aquello que conviene correlacionar. Es necesario, escribía Morin en su Méthode, “abrir todos nuestros conceptos, incluidos los conceptos que se refieren a los conceptos” (Morin, 1977, p. 209). Es, en efecto, el único medio de percibir y describir las relaciones de influencia recíproca o de codeterminación que mantienen los fenómenos en lo concreto. A veces causa sorpresa, en el dominio de las teorías de la comunicación, el aislacionismo de estas teorías y las dificultades que resultan de ellas para construir un saber acumulativo e integrador. En la red de sentidos del concepto de comunicación, varios esquemas de alto nivel parecen coexistir excluyéndose, sin embargo, mutuamente. El esquema transmisional (shannoniano o estructuralista) y el esquema pragmático (que se construyó por oposición al precedente) se reparten, en la ignorancia recíproca, la dominación de la red de instanciaciones subordinadas. Como si no hubiera siempre alguna cosa de transmisional en la relación interpersonal, o a la inversa. La transmisión de información no aparece con evidencia sino en algunos dispositivos (notablemente los dispositivos técnicos que implican la separación del emisor y del receptor) pero, en mayor o menor medida, existe siempre. Igualmente, la implicación interpersonal de la comunicación es puesta en evidencia por ciertos dispositivos sociales (por ejemplo la organización jerárquica que pone en relieve el acto ilocutorio prescriptitvo) pero no hay transmisión, incluso puramente técnica, que no comporte una forma de relación interpersonal, incluso aquella relación que se califica de impersonal.

En cierta manera, los esquemas teóricos de la comunicación se envuelven mutuamente. Aquellos caracteres generales de la comunicación que ponen a la luz dependen de las circunstancias, técnicas, sociales, culturales..., es decir, precisamente, de los dispositivos en los cuales la comunicación se efectúa. Se ve así que el concepto de dispositivo puede servir de mediador entre los esquemas teóricos de la comunicación. La comunicación no es o transmisiva o comunicacional o cognitiva o inferencial o alguna otra cosa; es todo eso a la vez según grados o proporciones que dependen de dispositivos concretos en los cuales se entra.

De la misma manera en que en que conviene correlacionar los conceptos, conviene correlacionar las diferentes dimensiones de un concepto. Un dispositivo comunicacional, como lo muestran los trabajos evocados en el curso de estas líneas, puede especificarse según diferentes dominios: espacial, temporal, afectivo, semiótico, relacional,cognitivo. En su materialidad, un dispositivo presenta una cierta configuración en el espacio y en el tiempo (es una cosa en la cual se entra), así como una cierta composición semiótica. En tanto que tal determina:



  • una cierta relación con el mundo correspondiente a una cierta forma de satisfacción del deseo, pudiendo variar esta relación a primera vista de la mayor proximidad a la mayor distancia en relación con lo real;

  • una cierta forma de relación interpersonal modulando de manera variable fusión y diferenciación, centración y descentración social.

  • un cierto modo de construcción del sentido conjugando, según combinaciones igualmente variables, lo lógico y lo analógico.

Precisar estas dimensiones, sus relaciones de interdependencia, sus variaciones y combinaciones posibles, permitiría más allá del nivel teórico que esto representaría, elaborar un marco para la práctica, en particular en el dominio de la educación donde, bajo la presión de las nuevas tecnologías, se plantea el problema crucial de la apropiación interactiva del saber.



Referencias Bibliográficas
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Bougnoux, D., La communication contre l’information, Paris, Hachette, 1995.
Ducrot, O., Les mots du discours, Paris Éditions de Minuit, 1980.
Goody, J., La raison graphique, Paris, Éditions de Minuit, 1979.
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Meunier, J. – Peraya, D., Introduction aux théories de la communication, Bruxelles, De Boeck Université, 1993.
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Recanati, F., Les énoncés performatifs, Paris, Éditions de Minuit, 1981.
Varela, F., Thompson, E., Rosch, E., L’inscription corporelle de l’esprit, Paris, Le Seuil, 1993.
Verón, E., « Il est là, je le vois, il me parle », Communications, 38, Paris, Le Seuil, p. 98-120.

Traducción : Sergio Moyinedo





1 Me inspiro, para todo esto, en la semántica cognitiva elaborada por R. Langacker.



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