Jaime cerron palomino roberto aguirre palomino



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Gestión de Agustín Gamarra.

  • Fundación del Colegio de Guadalupe (1840).



  1. Etapa de Organización.




    1. Gestión de Ramón Castilla.

  • Promulgación del Reglamento de Instrucción Pública (1850). El primero.

  • Creación de la Escuela Normal Central.

  • Apertura de Escuelas Privadas.

  • Promulgación de un segundo Reglamento de Instrucción Pública (1855).

  • Ingreso de la Mujer a estudios secundarios.

  • Eliminación de la distinción entre Colegios Mayores y Menores.

  • Reconocimiento del Docente como profesional.




    1. Gestión de Rufino Echenique.

  • Creó la Escuela de Ingenieros Civiles.




    1. Gestión de Manuel Pardo.

  • Promulgación de un nuevo Reglamento de Instrucción Primaria (1874).

  • Delegación a los Municipios para atender la Instrucción Primaria.

  • Expidió el Reglamento General de Instrucción Pública (1876).

  • Estableció la Escuela Normal de Mujeres (1876).

  • Propendió la difusión de la Educación Primaria.

  • Insertó en nuestros planes de estudio una nítida influencia foránea.

  • Contrató profesores alemanes para dirigir nuestros Colegios de Media.




    1. Gestión de Andrés Avelino Cáceres.

  • Sancionó el Quinto Reglamento de Instrucción (1896)

  • Creó la Escuela de Capataces y Contramaestres de Minas de C. de Pasco.



  1. Etapa de la Sistematización.




    1. Gestión de Eduardo López de Romaña.

  • Promulgó la primera Ley Orgánica de Instrucción en 1901.

  • Instauró los Liceos.

  • Estableció la Coeducación.

  • Erigió 6 Escuelas Normales.

  • Dio una nueva Ley Orgánica de Educación.




    1. Gestión de Jose Pardo.

  • Creó la Escuela Normal de Varones-Lima.

  • Declaró la gratuidad de la enseñanza en el nivel primario, y la obligatoriedad.

  • La educación primaria vuelve a manos del Estado por Ley No. 162.

  • Reabre la Escuela Normal de Varones.

  • Crea dos Escuelas nocturnas para obreros.

  • Crea la Escuela dominical femenina.

  • Crea para Huancayo la Escuela Elemental de Agricultura y Zootecnia.

  • Abre Escuelas nocturnas gratuitas para la enseñanza del dibujo.

  • Crea la Escuela Central de Trabajo Manual.

  • Capacita a los maestros en el extranjero.

  • Crea la Escuela Correccional de Varones.

  • Crea la Escuela de Artes y Oficios.

  • Instala internados en los Colegios.

  • Funda la Escuela de Bellas Artes.

  • Crea 700 planteles primarios.

  • Aumenta el sueldo a los profesores.

  • Funda la Universidad Católica (1917).




    1. Gestión de Augusto B. Leguía.

  • Dio impulso a la enseñanza secundaria.

  • Autoriza la apertura de Colegios de paga extranjeros.

  • Crea Jardines de Infancia.

  • Crea la Facultad de Pedagogía UNSM.

  • Faculta a mujeres el ingreso a las Ues.

  • Reconoce la autonomía de la Universidad.




    1. Gestión de Oscar R. Benavides.

  • Funda Escuelas Rurales en Cajamarca, Junín, Ayacucho, Apurímac, Cusco y Puno.

  • Reabre el Instituto Pedagógico Nacional.



  1. Etapa de la Tecnificación. Que comprende desde 1941 hasta la actualidad, donde se anota los siguientes aportes.




    1. Gestión de Manuel Prado.

  • El Estado asume su papel de director de la enseñanza.

  • Promulga la Ley Orgánica de Educación Pública No. 9359 en 1941.

  • Propende la alfabetización de adultos.

  • Se obliga el aprendizaje del Quechua para la enseñanza en el medio rural.

  • Se crean secciones vespertinas y nocturnas en la Instrucción Secundaria.

  • Se promulga la Ley Universitaria 13417.

  • Se crean nuevas Universidades en provincias.




    1. Gestión de Bustamante y Rivero.

  • Se crean los Núcleos Educativos Campesinos.

  • La instrucción técnica es colocada al nivel de la enseñanza secundaria.

  • Se independiza la Facultad de Educación.

  • Los estudiantes tienen ingerencia en las Universidades como cogobierno.

  • Se pone en vigencia el derecho de tacha.




    1. Gestión de Manuel A. Odría.

  • Crea el Fondo Nacional de Educación en 1948.

  • Se crean las Grandes Unidades Escolares.

  • Hay una política de construcción de locales.




    1. Gestión de Fernando Belaúnde Ferry.

  • Se promulga la Ley del Magisterio No. 15215.

  • Se prolifera el número de Universidades.

  • Se crean Colegios Secundarios en cada distrito del interior del Perú.




    1. Gestión de Juan Velasco Alvarado.

  • Se promulga el Decreto Ley No. 17437 de la Universidad Peruana.

  • Se promulga el Decreto Ley No. 19326 de la Educación Pública.

  • Se creó el CONUP (Consejo Nacional de la Universidad Peruana).

  • Se crean los Núcleos Educativos Comunales.

  • Se diseña un nuevo sistema educativo a partir de la educación inicial (ver gráfico).

  • Se crean los CENECAPES, PROMAES, CECAPES, ESEPS, PEBAL, etc.

En resumen, se llama a este período Etapa de la Educación Técnica porque la dirección y administración de la enseñanza se rige con criterios normativos sistematizados, a través de dispositivos específicos, tales como:




  • La Ley Orgánica No. 9359 de 1941.

  • El Plan Nacional de Educación Pública de 1950.

  • El Inventario de la Realidad Educativa de 1956.

  • Las Leyes Universitarias Nros. 13417 y 13437.

  • La Ley de Reforma de Educación No. 19326 dada en 1972.



ETAPAS DE LA PEDAGOGIA PERUANA.
Para Ricardo Nassif, Pedagogía (7): “es el conjunto de reglas o normas que rigen o deben regir la actividad educativa” o también es “la disciplina, el estudio o el conjunto de normas, que se refieren a un hecho o a un proceso o actividad, la educación”. Para nuestro connacional Emilio Barrantes (8): “La Pedagogía abarca el campo total de la teoría y práctica educativa”.
Ahora bien, según Carlos Salazar Romero, la Pedagogía comienza a desarrollarse en el Perú a comienzos del presente siglo XX, habiendo recorrido a su vez, por tres etapas (9): Pedagogía Filosófica, Pedagogía Científica y Pedagogía del Sentido Común.


  1. Pedagogía Filosófica. Denomina así Salazar Romero a aquellas que tiene por precursor a Alejandro O. Deústua y evidentemente a otros tantos ideólogos de nuestro país que formularon ensayos en torno a la educación y la pedagogía peruana, entre los que puede involucrarse también a Victor Andrés Belaúnde, Francisco García Calderón y otros coetáneos que tuvieron formación intelectual, fundamentalmente en países europeos y que desde ultramar añoraban reformar el estado de nuestra enseñanza, por estimarla relegada y retrasada en comparación con otras naciones.

Esta fase es de intensa inquietud pedagógica altamente especulativa. Por ejemplo, Alejandro Octavio Deústua realizó un elevado planteamiento filosófico en materia de pedagogía, pero desde un plano abstracto y metafísico y aún desde la óptica de sus mezquinos intereses elitistas, oponiéndose en todo instante a los gonfaloneros de la Pedagogía Pragmática que Salazar llama “científica” y que en aquél entonces era propiciada por Joaquín Capelo. Manuel Vicente Villarán y Javier Prado Ugarteche.


El gran defecto de los ensayistas especulativos como Deustua residía en que no solían aproximarse a los problemas reales y concretos de nuestra lacerante sociedad. Se perdían en abstracciones. Y como dice José Carlos Mariátegui (10): “El doctor Deustua representó la reacción del viejo espíritu aristocrático, más o menos ornamentada de idealismo moderno… el doctor Deustua encarnaba, bajo un indumento universitario y filosófico de factura moderna, la mentalidad del civilismo feudal de los encomenderos virreinales…”.
Confiado en su cultura enciclopédica proveniente de la sociología y psicología burguesas en boga al amanecer el presente siglo, y muy lejos de sumergirse previamente en las entrañas de nuestras propias provincias, comunidades y villoríos que de suyo son una compleja heterogeneidad, pero no eso estéril ni muerta, no obstante haber nacido en un distrito andino de nuestro país, había llegado a la conclusión a priorística y unilateral de que la raza indígena, que constituye cerca del 70% de nuestra nacionalidad, había llegado a un estado de disolución psíquica y biológica y siendo ésta la situación de la genuina estructura del peruano, muy poco podía esperarse de él, a no ser que se emprendiera una portentosa cruzada de índole moral, a través de un trabajoso esfuerzo educativo, que podría empezar desde las más altas esferas de la clase social aristocrática.
No otra coas aquiere decirnos cuando en su ensayo La Cultura Nacional explica (11): “… a nosotros nos detiene la anarquía profunda de nuestro ser, que se traduce en un desequilibrio permanente en nuestras instituciones: anarquía en las fuerzas biológicas y sicológicas del individuo, derivada de las mezclas de las razas antagónicas; anarquía en las ideas, que sirven de rumbo en la actividad social y como consecuencia, anarquía política y económica engendrada por el choque de voluntades, que no pueden armonizarse, que no sienten la necesidad de una armonía en su propio ser, que se mueven por odio, por vanidad, por ambición, por el deseo de dividir, de destruir, más que por el deseo de integrar, de conservar, de acumular fuerzas para robustecer el organismo nacional y asegurar su fecundidad”.
Incuestionablemente, las reflexiones filosóficas de Deustua, por estar presididas por un prejuicio de corte racial, al modo germánico o ario, no dan un centímetro de espacio tendiente a reconocer los valores de la peruanidad, como producto de la simbiosis étnica. Según Deustua el cruzamiento de las razas, derivó en un cruzamiento de estructuras psíquicas y por lo tanto en una mezcla caótica de voluntades que enervan finalmente al individuo forjando en él una personalidad patológica y disociadora. En función de ello es que según el filósofo, constituimos una raza de perezosos, abúlicos, que dejamos las cosas como están, somos débiles, raquíticos, heterogéneos, vivimos sin interesarnos en el futuro, bajo el imperio exclusivo de las necesidades materiales y prisioneros de las excitaciones del alcohol que avivan la brutalidad de nuestros instintos sin disciplina. Por esta razón también, nuestro pueblo refleja una mansedumbre excepcional, una docilidad ejemplar, como producto de su resignación e inconciencia, sufre genuflexamente las decisiones que decretan las clases superiores; paga los impuestos con puntualidad sin comprender los objetivos; se deja arrastrar por los gamonales en el campo, y a pesar de no haber participado en los escandalosos despilfarros del fisco, secunda la acción de caudillos inescrupulosos.
Ahora bien, por estar revestidos por tales características, nuestros intelectuales o ideólogos, o sea quienes diseñan los programas de enseñanza, tampoco realizan estudios serios o profundos sobre la temática, no se realizan investigaciones y entones se opta por lo fácil; se toma modelos extranjeros, se imita, se busca analogías, en el afán de buscar identificación aunque sea aparente con los franceses o norteamericanos. En ningún momento, las clases superiores se han preocupado por diseñar una cultura propia no imitadora, nadie ha meditado acerca de cómo debe la educación conducir a la felicidad del pueblo, ni se ha preguntado cómo debe ser la sociedad peruana, los recursos que debe adquirir o los remedios que debe aplicar. Conductores faltos de carácter, se han contentado con presentar promesas ilusorias, se han dedicado a halagar la vanidad de líderes y sólo han buscado su adhesión. Han mal entendido la esencia de la democracia y han creído que ésta consiste en “abrir” una escuela en cada caserío”; a través de los políticos y caciques se ha manipulado los deseos populares; sólo para buscar simpatías electorales. Otro sector de personas ha entendido por felicidad la posesión material del dinero y se han contentado con entregar estipendios sin un plan concreto. Otro tercer sector de ciudadanos ha creído que la felicidad peruana devendrá de la pronta construcción de palacios y jardines para semejarse a otras naciones que han despuntando. Y no han faltado pensadores como Manuel Vicente Villarán o Joaquín Capelo, que señalando excesiva confianza en la extensión de nuestro territorio y en la inmensidad de nuestras riquezas, se han aprestado a ver el porvenir sólo en la inmediata explotación de estos recursos.
En el otro estribo, según el Dr. Deustua, no han faltado los románticos que han creído que nuestros malestares residían en el hecho de contar con una inmensa legión de analfabetos y que por ende, la multiplicación de escuelas debía cancelar esa estadística.
Pero, todos esos planteamientos, según el filósofo bergsoniano, se estrellan porque (12): “La Escuela educa, la escuela moraliza, la escuela civiliza, no con maestros eruditos, ni con locales y mobiliarios completos, sino mediante la acción del ejemplo y la influencia de las ideas morales… Ese es el secreto de la eficacia de la escuela en los países que no son latinos y que no están bajo la dirección religiosa del clero católico”.
Y más adelante añade (13): “No es riqueza lo que nos hace falta; no es población; no es energía física y belleza en nuestros pobladores; no es una cultura en la masa obrera. Lo que nos falta es dirección, es moralidad en las clases dirigentes, es educación selecta en esas clases; en una palabra, es una aristocracia de sentimiento lo que no existe allí arriba, en donde el egoísmo fabrica hoy los dardos con que se atacan los partidos”.
Pero ¿Quiénes llevarían a cabo esta reorganización?... ¿Quiénes realizarían esa forma superior de educación?
“Entre nosotros, ese elemento educador no existe; al contrario, es en las alturas donde se acentúa más la división y la anarquía, mediante una exclusión sistemática de todo elemento de concordia y el trabajo incesante de desprestigio contra toda eminencia que haga sombra al adversario. Tenemos el impulso destructor en las entrañas y cedemos, por falta de educación, a ése impulso, movidos por esta naturaleza enfermiza, que el mestizaje, la herencia, y el medio han formado, perpetuando, sin oposición, un estado anormal…”.
Y luego sentencia (14): “Una clase dirigente, sin educación, no sabrá aprovechar de esas riquezas, como no hemos sabido aprovecharlas nosotros, y dejará al país en el mismo o peor estado en que estuvo antes.”
En consecuencia, según Alejandro O. Deustua (15): “… el problema capital es el de la educación de las clases dirigentes…. Todos los conflictos, por los que hemos atravesado, han dependido de la falta de educación… Es preciso reaccionar, por consiguiente, desprestigiando lo que hasta hoy ha tenido prestigio exclusivo y dando valor a lo que no ha tenido. Es preciso valorar a los hombres por lo bueno que hacen y no por lo bello que dicen o que exhiben o por sus condiciones de audacia. Es preciso colocar el criterio moral sobre el criterio lógico, estético y económico, y volteando la espalda al viejo espíritu nacional, del que está contaminada nuestra juventud si saberlo, hagamos obra de educación con el auxilio de la ciencia…”.
Deustua se solidariza con Fuelle para decirnos (16): “sólo la ciencia, la verdadera ciencia independiente, la ciencia educadora pueda operar esa transformación radical…”.
Pero, en otros párrafos de su mismo ensayo, insinúa como Platón y Aristóteles que el problema puede arreglarse si la sociedad es conducida por gente formada filosóficamente (17): “… la filosofía llena un alto fin de educación; no solo porque disipa errores tradicionales en el conocimiento de los fenómenos concientes, librando al espíritu de falsos principios mantenidos como postulados de pensamiento; sino porque sustituye estos con verdades nuevas, que llevan su influencia revolucionaria a las ciencias sociales, determinan reformas radicales en la constitución y funciones de los organismos políticos y penetran en la vida entera de los pueblos”.
Con razón, Salazar Romero, sitúa a Deustua dentro de los pedagogos que sólo elucubran.


  1. Pedagogía Científica. La llamada Pedagogía “Científica” que más bien propiamente debía denominarse Pedagogía Técnica, es un capítulo aparte que estima el Dr. Salazar Romero, como correspondiente a nuestra historia de la educación, a partir de la instauración de la Facultad de Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cuyo adalid fue el Dr. Luis Miro Quesada de la Guerra.

Si bien la apertura de tan importante Facultad, constituyó un verdadero hito en la formación del magisterio nacional, empero como dice el propio Salazar apenas fue “un intento” de Pedagogía Científica, y en efecto, es así, porque se mal entendió por “científica” la propagación del conocimiento de curriculas de estudio, técnicas de evaluación, preparación y aplicación de tests o pruebas objetivas, la orientación del educando, el estudio dirigido, la reforma de los planes de estudio, la intrusión de la Psicología a la Didáctica, etc., que paulatinamente lo entendieron con más ahinco posteriores docentes como: Carlos Cueto Fernandini, Walter Peñaloza Ramela, Luis Felipe Alarco, Julio A. Chiriboga, Emilio Barrantes, Luis Bouruncle, el propio Carlos Salazar Romero y la figura cimera de la última reformación de la educación: Augusto Salazar Bondy.


Pero, es preciso remarcar que este nuevo humor, ya se estuvo gestando desde fines del Siglo pasado, a través de los planteamientos precapitalistas del Senador Joaquin Capelo, del filósofo positivista Javier Prado Ugarteche y del jurisconsulto y ex­­-Rector de la Universidad Mayor de San Marcos, Dr. Manuel Vicente Villarán. Solo que, las voces de renovación insufladas por éstos teóricos de la cultura burguesa, encontraron fuerte resistencia en la alianza plasmada entre los civilistas plutócratas surgidas de la explotación y enriquecimiento del Guano y los caciques gamonales que mantienen hasta hoy el espíritu feudal de la propiedad inconmovible de la tierra.
Constituye sólo un pretexto pueril el sostener que nuestras reformas fracasaron porque las “Comisiones asesoras” que vinieron de los Estados Unidos, de Bélgica y otros países ultramarinos, no estaban los suficientemente capacitados para emprender la renovación. O el otro argumento que hasta hoy se esgrime ladinamente, cual es el hecho de que el maestro en el Perú “está mal preparado”, “no existen maestros”, “no hay renovación de métodos”, etc.
Extraña bastante por ello, el hecho de que educador peruano de polendas como lo fue José Antonio Encinas Franco, parlamentario, Senador y Ex­­­-Rector también de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, haya sido ignorado secularmente por nuestra historia oficial educativa y pedagógica. En el maestro Encinas, podemos hallar profundas reflexiones (18) acerca de nuestra situación educativa, como éstas: “El civilismo funda una Escuela Normal, crea funcionarios técnicos como son los Inspectores de Educación; pero, llegado el caso favorece sus intereses políticos y convierte al Inspector de Educación en un agente político cuya conducta corre paralela a la de los sub-prefectos. En esta forma los propósitos que parecen más sanos cambian de naturaleza en manos de políticos de camarilla que no tienen otra finalidad que mantenerse en el poder y convertir los cargos públicos en otras dádivas para protegidos y partidarios. Si tal conducta es intolerable en el orden general de las cosas, resulta dañosa en grado sumo cuando se trata de asuntos de enseñanza. El Inspector de Instrucción es “el maestro de los maestros”… tal concepto requiere de parte de aquel funcionario una cultura, y una experiencia pedagógicas a toda prueba. El normalista estaba relativamente preparado en la Escuela Normal. Puede afirmarse que era el único elemento técnico con que contaba el país. La Escuela Normal había sido creada precisamente para preparar a estos funcionarios, por consiguiente el Gobierno no podía ni debía hacer otra cosa que nombrar –sin excepción- Inspectores de Instrucción a los normalistas egresados de la Escuela. No tenía otro camino que seguir, si tuvo la intensión leal reformar la enseñanza pública. Pero nada de eso hizo. Obedeció a insinuaciones de caciques de provincias y envió como Inspectores de Instrucción –en lugar de los normalistas- a gentes de dudosa procedencia y de falta absoluta de conocimientos pedagógicos…” (18).
Más adelante reafirmando que la ineficacia de la administración de la educación obedece a una total despreocupación de las clases gobernantes, por conservar sus privilegios, enfatiza (19): “Puedo asegurar, sin temor a equívoco, que no hay una sola provincia ni un solo departamento donde un diputado o senador hubiese dejado siquiera un lápiz a una Escuela o a un Colegio, después de haber usufructuado de la política, muchas veces, por más de un lustro. El egoísmo es más censurable cuando al amparo de la política han acumulado riquezas, han mantenido el latifundio, explotando el trabajo del indio. No conozco un solo caso en que un terrateniente hubiera legado una millonésima parte de su fortuna a favor del indio, con cuya sangre y con cuyo sudor se enriqueció. Estos políticos a quienes les falta la más elemental noción de civismo, son los que acusan a los maestros de ateos, de anarquistas, de comunistas y de “enseñar doctrinas contrarias a la Constitución del Estado”.
Hasta aquí, tanto Deustua, un teórico de la educación espiritualista y José Antonio Encinas, pedagogo científico con conocimiento actualizados en Europa, consideran que los grandes males de nuestra educación radican sino en el problema moral, en la desdén de las autoridades o gobernantes.
Pero una más aguda disección del estado de nuestra enseñanza y las causas de ese anacrónico Estado, la formula José Carlos Mariátequi, gracias al empleo acertado de la metodología marxista, a través del cual, contestando precisamente a Deustua que ve en la raza el problema cardinal, dice (20): “La herencia española no era exclusivamente una herencia psicológica e intelectual. Era ante todo, una herencia económica y social. El privilegio de la educación persistía por la simple razón de que persistía el privilegio de la riqueza y de la casta. El concepto aristocrático y literario de la educación correspondía absolutamente a un régimen y a una economía feudal. La revolución de la independencia no había liquidado en el Perú este régimen y esta economía. No podía, por ende, haber cancelado sus ideas peculiares sobre la enseñanza”.

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