Jaime cerron palomino roberto aguirre palomino



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La educación moral. Esta suerte de educación trata de conseguir el ajuste de la conducta humana a ciertas normas de valores o preceptos. Según el sociólogo peruano Mac Lean Estenós: “Sacerdotes, nobles, “orejones”, guerreros, colas, ñustas, trabajadores, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, debían cumplir estrictamente los postulados y las máximas morales… Ama Sipek (no matar); Ama Mappa (no calumniar) y Ama Huachicanqui (no ser adultero)” (48).

La severa moral de la educación incaica persiguió el latrocinio como uno de los graves delitos. La severidad del castigo constituyó la más firme garantía para el imperio de los principios morales de una eficaz educación, que se infiltró en todas las clases sociales del incanato. La muerte o la peña afrentosa cayeron sobre los responsables, moría con toda su familia el traidor, moría el que hurtaba. Ahogaban al que mentía. Despeñaban al adúltero. El homicida era despedazado. Si la víctima era un niño la pena se recargaba.


El historiador José Antonio del Busto en su medular trabajo: Perú Incaicao nos alcanza el siguiente comentario (19): “… en cuanto a moral el pueblo no quedaba limitado a las tres prohibiciones… estaba vedado el homicidio, el aborto, la perversión, el afeminamiento, el adulterio y la sodomía, el rapto y la violación de las doncellas, la embriaguez y el juego habituales, la desobediencia dolosa, la suciedad nociva, también la injuria, la ira y la envidia…”.


  1. La educación cívico-militar. Esta calidad de instrucción estuvo reservada fundamentalmente para los círculos privilegiados, pues por educación cívica debe entenderse la formación del hombre como ciudadano. En este sentido también se trata de una educación política. Y en efecto, como los monarcas del Tahuantinsuyo tuvieron en mente preservar para sus dinastías las conquistas alcanzadas, había que vincular la educación cívica a la educación militar. Así pues los incas organizaron un ejército para emprender conquistas y conservar los dominios incorporados, es decir, tuvieron una visión concreta de lo que constituía una patria, una nación. En cada ayllu existió un maestro de armas que adiestraba en el manejo de las mismas a los muchachos de diez a dieciocho años. Debía enseñárseles también la lucha cuerpo a cuerpo, realizando el enfrentamiento de bandos en simulacros de combate, trepando cerros y cruzando ríos caudalosos. Cuando los maestros de armas instruían a un grupo durante largo tiempo, hacían una primera selección y presentaban a sus alumnos destacados a un funcionario o mejor aún al guerrero que visitaba los pueblos para evaluar a los muchachos.

La institución militar de armar caballeros se daba con ocasión de una de las grandes fiestas imperiales, como el HUARACHICUY.





  1. La educación mágico-religiosa. La concepción del mundo de los incas trasmitía a sus subordinados una miscelánea de filosofía y religión, dado e papel predominante de los sacerdotes. De ahí que Luis E. Valcárcel subraya (50): “Cada fiesta religiosa tenia ritos que debían cumplirse estrictamente, so pena de ineficacia. Los sacrificios se efectuaban de manera especial, conocidas sólo por el sacerdote, cosa análoga ocurría con otros actos eclesiásticos. Todo este cúmulo de realizaciones supone una determinada y larga etapa de difícil aprendizaje y una pedagogía específica. Religión y filosofía aparecen tan vinculados en el Tahuantinsuyo que sería difícil señalar un concreto límite de separación…”.




  1. La organización escolar en el incanato. Ya se dijo en líneas arriba anteriores que sólo la nobleza tuvo ocasión de recibir una enseñanza escolarizada. En este sentido, el imperio instituyó el recorrido de la enseñanza dividiéndolo en cuatro períodos a una determinada asignatura. Así se estatuyó lo siguiente:



Quinto año


Arte militar



Arquitectura

Formacion física

Artes marciales

Cuarto año


Historia


Geografía

Política


Derecho

Tercer año


Quipugrafia



Aritmética

Geometría

Economía

Contabilidad

Estadistica

Agrimensura

Hidraulica


Segundo año



Religión


Teología

Cosmología

Astronomía

Astrología

Hechicería


Primer año



Lengua quechua



Gramática

Retórica


Teatro

Poesía


Música

Literatura oral



Como se puede notar en el cuadro, concluido con los cuatro períodos, debería coronarse el sistema de enseñanza con el aprendizaje del Arte Militar, que a su vez comprendía el conocimiento de la construcción de fortalezas, el manejo de armas, el dominio de la Arquitectura y varias modalidades de lucha.


Pero si ese era el número de años que debía destinarse para los varones, en el caso de las mujeres debía concluir en sólo tres años. La explicación la encontramos en el hecho de que las mujeres no iban a ser preparadas para funciones de gobierno, sino más bien para las atenciones a la nobleza, al culto, a la producción de tejidos, para las funciones de esposa o concubina de nombres y funcionarios importantes a quienes el inca honraba regalándole una esposa principal o secundaria.


  1. Las instituciones educativas en el incanato. Para trasmitir el contenido de su patrimonio cultural, la nobleza incaica se sirvió de las siguientes instituciones:




    1. EL YACHAYHUASI. Esta “casa del saber” estaba destinada a los jóvenes de la aristocracia imperial, según ellos predestinados para dirigir la sociedad cusqueña. El Yachayhuasi fue la entidad educadora más importante de la realeza masculina. Los plebeyos estuvieron excluidos de ingresar en ella. Según Gracilazo de la Vega, fue el Inca Roca quien puso los cimientos de esta institución.

A decir de Valcárcel (51): “El Yachayhuasi, que es casa de enseñanza, representa la institución típica de la educación incaica… lugar donde residían los Yachachics (los que enseñan). Constituía la morada egregia de amautas y harawecs –filósofos y poetas- y asimismo la de sus discípulos. Se vivía en una comunidad educativa, en cierta forma autárquinca, tres fines propios, sin interferencias ni apremios…”.




    1. LOS ACLLAHUASIS. Estas instalaciones que constituían “La Casa de las Escogidas”, es considerado por algunos historiadores como una especie de “Monasterio” para monjas donde a la mujer se la preparaba para que fuese diestra en las atenciones a los hombres y funcionarios de la aristocracia incaica, al sacerdocio, con miras a ser esposa o consorte de guerreros que habían hecho méritos; o simplemente, era el lugar donde la futura madre o la mujer destinada al inca o al sol, aprendía el oficio de tejedora.

Sin embargo, Emilio Choy, estima (52) que: “… la condición de acla fue la de esclava que producía para el Estado; dejaba de serlo para convertirse en concubina, cuando era obsequiada como premio a algún militar, funcionario o especialista en forma similar a la entrega de ganado. Pero en el caso de que permaneciera en el templo, no cesaba de producir hasta su muerte…”.





  1. El magisterio de la sociedad incaica. La actividad docente de los encargados de la enseñanza adoptó varias formas y áreas. A continuación indicamos la serie de maestros que hubieron en función a especialidades científicas y/o artísticas.




    1. EL AMAUTA. Prácticamente fue el genuino conductor de la enseñanza nobiliaria. Poseído de conocimientos profundos, entre ellos los de la filosofía, la ideología, la política, la legislación, la astronomía y la historia, se constituyó en el eje fundamental de la trasmisión de la herencia cultural: “El hombre que esencialmente representa el saber superior, el sabio o quizás más propiamente el filósofo, el científico, el esteta creador, está encarnado por el Amauta, hombre de “ilustre linaje”, según calificación de Garcilazo Chimpu Ocllo. Constituye un tipo humano, dueño de la máxima representación en el pensamiento especulativo tawantinsuyense y su derivación práctico-docente, en cuyo derredor se desarrolla y gira la totalidad de la cultura incaica. Con terminología apropiada, podría calificarse al amauta como el “homo intelectualis y moralis incaica, integración de sapiencia cuantitativa y madurez cualitativa y creadora… seguirá presentándose constantemente como el maestro o Yachachic por antonomasia, dominador de los secretos cognoscitivos básicos de la cultura kechua” (53).




    1. EL HARAWICU. Es el poeta y esteta del antiguo Perú. Estaban dedicados a cantar las hazañas de los incas y señores principales, hacer su historia que “enseñaban a sus descendientes por tradición oral, para que se acordasen de los buenos hechos del pasado y los imitasen. Historiaban la vida imperial. Eran los verdaderos rapsodas o troveros representantes de las más altas formas artísticas del imperio. Fueron poetas de gran capacidad memorística, de gran poder retentivo. Para acompañar los versos amorosos el harawico tocaba la flauta.

“Para facilitar (el) aprendizaje estaban los poetas o Harawicus, especializados en poner las lecciones en verso y hacerlas repetir a los muchachos” (54).




    1. EL QUIPUCAMAYOC. El éxito de la administración del imperio radicó entre otras razones, en el manejo estadístico de los habitantes, en el control de su demografía, en la tabulación de las necesidades de los distintos sectores de la sociedad. Así el problema del trabajo, la alimentación, el nacimiento, matrimonio, defunción, movimientos migratorios, producción y el intercambio de especies estuvo debidamente registrado a través de los QUIPUS. En este sentido el Quipucamayoc, fue un funcionario versado en matemática, estadística, economía política, sociología, etc., de tal modo que centralizó sus esfuerzos en el afán de coadyuvar con el Inca.

“Los…“quipucamayoc” estaban encargados de dar a la administración civil, los datos precisos sobre los movimientos demográficos, las cifras, de las distribuciones hechas a los cultivadores, los productos no cosechados, el monto de la producción existente en los depósitos reales y del catastro de los nacidos, casados, fallecidos y varones en capacidad de servir al Estado. Trasmitían también a las generaciones jóvenes la historia del Imperio, ejerciendo así funciones magisteriales” (55).





    1. LOS HAMPICAMAYOC. Fueron los curanderos indios. Los que tenían que ver con los tratamiento mágicos y racionales, proporcionando a los habitantes misteriosas medicinas a través de prácticas inusitadas. Conocían incluso el mal de la melancolía, reducían hernias. La práctica de la medicina se denominó Hampa o Jampi. El médico fue el Hampicamayoc, el que para diagnosticar solía examinar la lengua del paciente.

Los médicos de la antigüedad conocieron medicinas de origen animal, vegetal y mineral. Por ejemplo, fue usual la sangre de los cóndores, la placenta de las llamas, la infusión de colibrí; en vegetales, usaron la chillca para curar los dolores reumáticos y el matecllu para sanar la nube de los ojos; la coca fue empleada como buen analgésico.


Tuvieron dominio para controlar enfermedades como la hemorragia, la fiebre, la diarrea y los vómitos.


    1. EL WILLAC UMU. Mientras que la enseñanza de la filosofía estuvo confiada a los amautas, y la enseñanza de la poesía y el teatro a los haravicus, la enseñanza de la religión se colocó en manos de la casta sacerdotal, representada en este caso por los Willao Umu.

“El WiIllac Umu o sumo sacerdote incaico, poseía un carácter predominantemente litúrgico. Era el depositario de la didáctica esotérica del culto, trasmitiendo el conocimiento de los oficios divinos… Sabía la época de las festividades y ayunos y las múltiples ceremonias correspondientes, es decir el calendario y la liturgia… Garcilazo diferencia al Amauta del Willac Umu y la clase sacerdotal, cuando dice que aquél era “filósofo”, mientras éstos eran los adivinos de las supersticiones, sueños y anuncios” (56).




    1. LA MAMACUNA. Si la enseñanza de los niños de la nobleza se encargó al Amauta, en cambio, la transmisión de las habilidades domésticas y de servicios, que debían aprender las niñas, se delegó a las Mamacunas.

“… La Mamacuna constituye el elemento rector de la pedagogía femenina… a la mujer se la prepara para el hogar, tareas domésticas o el sacerdocio. Esta educación tiene también un sentido de casta y matices peculiares, porque es la preparación de una élite, característica de otra de tipo menos doméstica, forjada a través del ejemplo y experiencias cotidianas” (57).





  1. La didáctica en la educación incaica. Para la transmisión de la enseñanza los incas acudieron a una serie de medios, siendo uno de ellos, la tradición oral, pero en algún modo jugó también la escritura. Según el historiador Pablo Macera, diferentes autores hablan de una literatura kechua aunque no se ha comprobado que los incas tuviesen letra y por consiguiente, escritura.




    1. La tradición oral. Hablamos de una literatura kechua porque durante el incario hubo expresiones artísticas del lenguaje, conservadas a través de la memoria y la tradición oral. Estas manifestaciones artísticas han sido recogidas sólo en parte. Quedan todavía muchas por conocer. A decir de Valcárcel: “Medio principal para la transmisión del conocimiento fue la enseñanza oral, dada en la lengua general del Imperio, o Runasimi, esgrimida como elemento de unificación política y cultural. Debía impartirse en todas las provincias conquistadas donde funcionarios o maestros especializados eran destacados para su enseñanza y divulgación” (58).

El Runasimi parece haber sido impuesto en todas las regiones del Tawantinsuyo por Pachacutec.




    1. Los Kipus. A decir del mismo Valcárcel: “El primer año se instruía en el Runasimi a los no cusqueños, gente principal venida a la capital; el segundo año estaba dedicado al aprendizaje religioso y la liturgia; en el tercer años se les iniciaba en los kipus, en conocimientos importantes de gobierno y administración” (59).

Los kipus fueron un medio para la conservación de los acontecimientos. Sirvió para guardar cuentas y estaban a cargo de los Contadores o Kipucamayocs. Los kipus eran un género de nudos hechos en cordones de lana de diferentes colores, que servían para contar días, semanas, meses y años; estaban ordenados por decenas, centenas y millares. Ciertos nudos servían para diferenciar un asunto de otro. Para un determinado caso se usaba un cierto tipo de color. A través de los nudos se interpretaba la cronología de los acontecimientos, la obra de los emperadores, la demografía, la calidad de habitantes, la extensión de tierras, los edificios construidos, la edad de los pobladores, sus oficios, las guerras sostenidas, sus gastos, su riqueza, etc.


Anteriormente se pensaba que los kipus eran una creación incaica; pero posteriores trabajos vienen demostrando que tiene origen preincaico. Los kipus fueron perfeccionados a partir de Maita Capac, usándolos para fines de administración, contabilidad y captación de tributos.


    1. Los Kilcas. Otra forma de comunicabilidad usada por el pueblo incaico, estaba constituida por la kilca o escritura ideográfica, existió una especie de museo pictórico, casa que llamaban POKENKANCHA donde está escrito mediante estas kilcas la vida de cada uno de los incas y de las tierras que conquistó.

La tesis de que los incas tuvieron escritura sigue siendo motivo de fuerte discusión. Se dice, incluso, que las kilcas, habrían sido reemplazadas por los kipus al haber sido destruidas las características, en unas invasiones por tribus foráneas.


Javier Pulgar Vidal, insiste en que los incas conocieron la escritura y para probar este aserto ha organizado exposiciones de curiosos signos que lucen perfiles de letras, sílabas o palabras.


    1. Los Tokapus. Según Victoria del Jara, los incas tuvieron una escritura de palabras compuestas por unos 400 signos rectangulares, de los que sólo se ha descifrado 35 ó 40. Habría evolucionado paralelamente al de los kipus, sólo que mientras el nudo dice el número y no la palabra, el Tokapu diría la palabra, más no el número.




    1. La educación por el ejemplo. Es otro procedimiento para la conducción de la enseñanza. Lo que el maestro enseña constituye el aporte de su actitud personal y actividad fundamental como lógico precedente, lo que obliga a la imitación positiva del educando y la preparación de individuos dentro de diversas formas específicas.



  1. La filosofía de la educación incaica. Corresponde a Ernesto Codignola haber interpretado correctamente el sentido de la filosofía educativa incaica, en los siguientes términos: “La educación reveló nítidamente (la) división social. Los miembros de las clases privilegiadas recibieron una educación especial que los capacitaba para el gobierno y para asegurar el mantenimiento de la sumisión de la masa popular. En cambio, a la clase popular se le impuso, como obligación ineludible, la educación moral, se le negó de toda educación intelectual y se le permitió una educación física muy limitada, con el único objeto de que pudiera ocupar los cargos de “Chasqui”… esta organización educativa fue el eficaz instrumento que permitió… asegurar el predominio de las clases gobernantes…” (60).

De otro lado, Aníbal Ponce, citando a William Prescott, acota el comentario de éste: “¿Qué otra cosa pensaban las clases dirigentes de los incas cuando confesaban por boca de Tupac Yupanqui que no es lícito que se enseñen a los hijos de los plebeyos las ciencias que pertenecen a los nobles para que así las gentes bajas no se eleven y ensoberbezcan y menoscaben y apoque la república; bástales que aprendan los oficios de sus padres, que el mandar y gobernar no es de plebeyos y que es hacer agravio al oficio y a la república encomendárseles a gente común?” (61).


En consecuencia la finalidad de la educación en la nobleza fue:


  • Formar funcionarios y administradores.

  • Capacitar para el gobierno a la nobleza, sacerdocio y clase militar.

  • Garantizar la sumisión del pueblo; su fiel obediencia y docilidad.

  • Priorizar el mantenimiento del poder político antes que acrecentar el saber.

  • Incentivar el trabajo desde la edad temprana.

Pero como bien lo aclara Valcárcel “la educación incaica aparece como una típica pedagogía de Casta”. Y en efecto es así porque para la educación los objetivos que se trazan son otros:




  • Formar buenos agricultores y hábiles artesanos.

  • Aislarlos de toda formación académica.

  • Adiestrarlos manual y mecánicamente en ciertos oficios.

  • Propender a que los oficios tengan sentido hereditario.

Al mismo tiempo rige una situación que señala una diferenciación de sexo y no de clase, al decirnos que el hombre del pueblo preferentemente será formado para agricultor; mientras que la mujer, para tejedora.




  1. Los grandes educadores incaicos. Se considera a los siguientes:




    1. Manco Capac. Inca Mítico de quien se dice que propició una educación con sentido comunitario. Fue fundador del imperio y se dedicó a la enseñanza de los varones, mientras que su pareja Mama Ocllo, fue la maestra de las mujeres.




    1. Inca Roca. Es el iniciador de una dinastía que implementa una educación elitista. Se le considera también precursor de la enseñanza escolarizada y fundador del Yacachayhuasi.




    1. Pachacutec. Reorganizador y renovador del Tawantinsuyo.


REFERENCIAS



  1. Emilio Choy.En: Antroplogía e Historia p.165.

  2. Ibíd., p. 143.

  3. Ibíd., p. 143.

  4. Ibíd., p. 175.

  5. Ibíd., p. 150.

  6. Ibíd., p. 169.

  7. Ibíd., p. 182.

  8. Julio Roldán. En: Perú, Mito y Realidad, p. 21.

  9. Luis Guillermo Lumbreras y Otros, Op. Cit. p. 20.

  10. Choy, Op. Cit. p. 170.

  11. Ibíd., p. 186.

  12. Ibíd., p. 166.

  13. Ibíd., p. 182.

  14. Anibal Ponce.En: Educación y Luchas de Clases, p. 18.

  15. Gonzáles Carré y Otro, Op. Cit. p. 31.

  16. Ibíd., p. 31.

  17. Ibíd., p. 40.

  18. Ibíd., p. 39.

  19. Roberto Mac-Lean. En: La Educación en el Imperio de los Incas, p. 5.

  20. Choy, Opl. Cit. P.241.

  21. Ibíd., p. 241.

  22. Julio Valdivia Carrasco. En: El Imperio Esclavista de los Incas, p. 26.

  23. Ibíd., p. 96-97.

  24. Luis E. Valcárcel. En: Etnohistoria del Perú Antiguo p. 114.

  25. Choy, Op, Cit. p. 246.

  26. Ibíd., p. 246.

  27. Pablo Macera, Op. Cit. p.107.

  28. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. p.196.

  29. Choy, Op.Cit. p. 245.

  30. Maria Rostoworowski de Diez Canceco. En: Historia del Tahuantinsuyo, p. 214.

  31. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. pp. 107-113.

  32. Roberto Mac-Lean, Op. Cit. p. 9.

  33. Luis Valcárcel, Op.Cit. p. 121.

  34. Ibíd., p. 139.

  35. Choy, OP. Cit. p. 251.

  36. Ibíd., p. 251.

  37. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. p. 179.

  38. Pablo Macera, Op. Cit. p. 120.

  39. Gonzáles Carré y Otro, OP. Cit. p. 43.

  40. Gildomero Arista M., Op. Cit. p. 43.

  41. Carlos Daniel Valcárcel. En: Historia de la Educación Incaica, p. 67-68.

  42. Roberto Mac-Lean, Op. Cit. p. 35.

  43. Carlos Daniel Valcáracel, Op. Cit. p. 84.

  44. Roberto Mac-Lean, Op. Cit. p. 17.

  45. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. p. 177.

  46. Emilio Barrantes. En: Pedagogía, p. 64.

  47. Lorenzo Luzuriaga. En: Historia de la Educación y de la Pedagogía, p. 155.

  48. Roberto Mac-Lean, Op. Cit. p. 17.

  49. José del Busto Duthurburu. En: Perú Incaico, p. 180.

  50. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. p. 163.

  51. Ibíd., p. 185.

  52. Choy, Op. Cit. p. 246.

  53. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. p. 185.

  54. Carlos Daniel Valcárcel, Op. Cit. p. 31.

  55. Ibíd., p. 35.

  56. Ibíd., p. 32.

  57. Ibíd., p. 39.

  58. Luis E. Valcárcel, Op. Cit. p. 181.

  59. Carlos Daniel Valcárcel, Op. Cit. p. 36.

  60. Ernesto Codignola.En: Historia de la Educación y la Pedagogía, p. 27.

  61. Anibal Ponce, Op. Cit. p. 19.


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