Itaka escolapios



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NO VALE


Te digo que no vale

meter el sueño azul bajo las sábanas,

pasar de largo, no saber nada,

hacer la vista gorda a lo que pasa,

guardar la sed de estrellas bajo llave.
Te digo que no vale

que el amor pierda el habla,

que la razón se calle,

que la alegría rompa sus palabras,

que la pasión confiese: Aquí no hay sangre.
Te digo que no vale

que el gris siempre se salga

con la suya, que el negro se desmande

y diga “cruz y raya”

al júbilo del aire.
Vuelvo a la carga y digo: Aquí no cabe

esconder la cabeza bajo el ala,

decir “no lo sabía”, “estoy al margen”,

“vivo en mi torre” y “no sé nada”.

Te digo y te repito que no vale.

Agustín Millares


  1. EL NUEVO DIOS


Y cuando Él dijo “Padre”

el mundo se preguntó por qué

aquel día amanecía dos veces.

La palabra estalló en el aire como una bengala.

Y todos los árboles quisieron ser frutales.

Y los pájaros decidieron enamorarse

antes de que llegara la noche.

Hacía siglos que el mundo

no había estado tan de fiesta:

los lirios empezaron a parecerse a las trompetas

y aquella palabra comenzó

a circular de mano en mano,

bella como una muchacha enamorada.

Los hombres husmeaban

el continente recién descubierto

y a todos les parecía imposible

pero pensaban que, aun como sueño,

era ya suficientemente hermoso.

Hasta entonces los hombres

se habían inventado dioses

tan aburridos como ellos,

serios y solemnes faraones,

atrapamoscas con sus tridentes de opereta.

Dios que enarbolaban el relámpago

cuando los hombres encendían

una cerilla en sábado,

o reñían como colegiales

por quítame allá ese incienso:

dioses egoístas y pijoteros

que imponían mandamientos de amor

sin molestarse en cumplirlos,

vanidosos como cantantes de ópera,

pavos reales de su propia gloria

a quienes había que engatusar

como becerros bien cebados.

Y he aquí que, de pronto,

el fabricante de tormentas

bajaba (¿bajaba?) a ser Padre,

se uncía al carro del amor

y se sentaba sobre la hierba

a comer con nosotros la tortilla.

Aquel día los hombres empezaron

a ser felices

porque dejaron de buscar la felicidad

como quien excava una mina.

No eran felices porque fueran felices,

sino porque amaban y eran amados,

porque su corazón tenía una casa,

y su Dios, las manos calientes.

Aingeru Castaños. “En tu nombre”, p. 41


  1. PIEDRA AVENTURERA


Así es mi vida, piedra,

como tú, piedra pequeña,

como tú, piedra ligera,

como tú, canto que ruedas

por las calzadas y por las veredas,

como tú, guijarro humilde de las carreteras,

como tú,

que no has servido para ser ni piedra

de una lonja, ni piedra

de una audiencia,

ni piedra de un palacio

ni piedra de una iglesia...

como tú, piedra aventurera,

como tú, que tal vez estás hecha

sólo para una honda,

piedra


pequeña

y ligera.

León Felipe. “¡Oh, ese viejo y roto violín”.

  1. POEMA DE MALAWI


Tenía hambre

y habéis fundado un club

con fines humanitarios

en donde se discute

sobre la falta de alimentos.

Os estoy agradecido.

Estaba en la cárcel

y habéis ido a la iglesia

para rogar por mi liberación.

Os estoy agradecido.

Estaba desnudo

y habéis examinado seriamente

las consecuencias morales de mi desnudez.

Os estoy agradecido.

Estaba enfermo

y habéis caído de rodillas

para agradecer al Señor

haberos dado buena salud.

Vivía sin techo

y me habéis predicado

los recursos del amor de Dios.

Parecéis tan piadosos, ¡tan cerca de Dios...!


  1. POEMA DEL ÍDOLO “TENER”


En el corazón de la tierra,

el plena bola del mundo

edificaron el santuario.

Por encima de las cabezas,

pisando corazones,

con miles de escaleras metálicas,

con grúas enormes de mil toneladas,

entronizaron el TENER,

para que todos los hombres del mundo

perdieran lo que sigue a las espaldas

corriendo con sudores

en busca del TENER.


Desde lo alto del santuario

lanzaron día y noche luces de colores.

Millones de bombillas

guiñaban el ojo seductor.


Estafetas de correos,

con carteros especiales,

repartía sonrisas a todo bicho viviente.

Por toda la tierra llovió una lluvia de rumores

el otro tiene, el otro tiene más -

despertando el apetito

de los diez dedos de la mano.

Como setas después de la lluvia

los setos con anuncios y llamadas

crecieron y se multiplicaron

como polos de desarrollo.
Como jadea la cierva

tras las corrientes de agua,

así jadeamos en busca del TENER.

Te doy gracias de todo corazón,

contaré todas tus maravillas,

quiero alegrarme y exultar en ti,

salmodiar tu nombre, oh TENER.

Bendecid, oh periódicos,

al TENER en todo tiempo,

sin cesar en primera página su alabanza;

señor mío, tú eres mi bien,

nada hay fuera de ti.

Olores y gustos, ajos y cebollas,

se escaparon por las autopistas

de los pueblos desarrollados

o en vías de desarrollo.

Y dijo aquel dios:

“Tengan los unos más que los otros,

para que todos quieran tener más”.

Le clavaron puñales en el pecho

y echaron de la tierra a un pobre hombre

que dijo que el TENER era un falso dios.


Y los diarios publicaron diariamente

las pruebas de la existencia de este dios.

A cuatro columnas glosaron,

en alarde tipográfico,

la excelencia del TENER.

Millones de hombres inclinaron las cabezas,

con hieratismo se doblaron las rodillas,

en genuflexión doble.

Y un coro de voces blancas,

azules y amarillas

cantaron a los cuatro vientos:

TENER, TENER, TENER...

Se levantaron a las cinco de la mañana,

e hicieron seis horas más extraordinarias.

Se matricularon en la universidad a distancia,

pasaron siete meses

preparando oposiciones a la Banca

¡qué alegría cuando me dijeron,

vamos a tener más! -

y día a día volvieron a sus casas,

con los ojos cansados y las piernas baldadas,

cantando unánimemente y sin cesar:

TENER, TENER, TENER...




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