Investigación, posgrado, y gestión del conocimiento. Algunos problemas y desafíos en el caso de Panamá



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Castro H., Guillermo. Investigación, posgrado, y gestión del conocimiento. Algunos problemas y desafíos en el caso de Panamá. En libro: Revista Tareas, Nro. 117, mayo-agosto. CELA, Centro de Estudios Latinoamericanos, Justo Arosemena, Panamá, R. de Panamá. 2004. pp. 139-143.

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TAREAS SOBRE

LA MARCHA
INVESTIGACION, POSGRADO, Y GESTION DEL CONOCIMIENTO

Algunos problemas y desafíos

en el caso de Panamá*
Guillermo Castro H.**
*Versión a posteriori de presentación hecha el 4 de marzo de 2004 en la I Conferencia de Investigación y Posgrado, organizada por la Universidad de Panamá.

**Sociólogo, miembro del comité directivo del CELA y del comité editorial de la revista Tareas.


A primera vista, el vínculo entre investigación y posgrado en la vida universitaria no puede ser más evidente: ninguno de los dos puede existir sin el otro, ni puede la universidad existir sin ambos. Está en la esencia misma de la institución universitaria, en efecto, ser un centro de producción y difusión del conocimiento, y esa esencia la distingue de aquellas otras entidades que se dedican en lo fundamental a una u otra de esas actividades. Esto, sin embargo, no es más una verdad abstracta, que sólo puede ser útil en la medida en que sea referida a procesos y circunstancias concretos. Para hacer esto, conviene empezar por recordar que el conocimiento es un producto del trabajo humano. Por lo mismo, y para el caso que nos interesa, cabe afirmar que la calidad de ese producto está íntimamente ligada a la de la organización y dirección de los procesos conducción de los procesos de trabajo que son necesarios para la producción, la difusión y la aplicación del conocimiento.

En las universidades, el núcleo fundamental de ese proceso de gestión se ubica por necesidad al nivel de los centros de investigación sobre los que recae la responsabilidad fundamental por la producción del conocimiento que la universidad difunde a través de sus actividades de formación. En ese sentido, también, y en lo que a formación de posgrado se refiere, debería ser evidente que ésta debe ser ofrecida desde los centros de investigación, y no desde las estructuras de formación diseñadas para la oferta de pregrado.

Aquí cabe establecer, además, una diferencia al interior de la formación de posgrado. Conviene distinguir, en efecto, la oferta encaminada a formar productores de conocimiento, de aquella destinada a la actualización de los conocimientos de quienes organizan otros procesos de producción – sea de bienes, sea de servicios – dentro y fuera de la universidad. La primera corresponde a lo que aquí se suele llamar posgrados de investigación, y la segunda a los de profesionalización. Ambos son imprescindibles, sin duda, pero sin duda también la salud del sistema universitario en su conjunto depende fundamentalmente del primero.

En ambos casos, por otra parte, la solución curricular óptima será siempre aquella que haga de la investigación la experiencia fundamental de aprendizaje, construyendo el programa de formación a partir de un proyecto de investigación presentado por el estudiante. En el nivel óptimo, ese proyecto debe ser el medio a través del cual el estudiante se inserte en la actividad de investigación que ya estén realizando aquellos a quienes acude en busca de ayuda para su propia formación. Y en lo mínimo, para el caso de los posgrados de actualización, ese proyecto debe estar referido a permitirle al estudiante una reflexión ordenada sobre su propia experiencia profesional.

La importancia de esta reflexión, por otra parte, no puede ser subestimada. A fin de cuentas – y sobre todo en el nivel de pregrado -, la universidad nos da las reglas necesarias para identificar a tiempo, y mejor, las excepciones a esas reglas que la vida impone sin cesar. En este sentido, el posgrado de actualización constituye un factor de permanente estímulo a la actividad de investigación, y un medio de indudable valor para mantener y fortalecer las relaciones entre los centros de investigación y el entorno local y global en el que operan.

Vistas así las cosas, no cabe duda de que la debilidad en la actividad de investigación constituye la causa más importante de la debilidad en las actividades de formación que ofrecen nuestras universidades. Por lo mismo, tendría que decirse, con toda claridad, que el problema mayor que enfrenta el sistema universitario panameño radica en la necesidad de fortalecer su subsistema de producción de conocimiento. Y este no es, por otra parte, ni un problema administrativo – aunque sin duda incluye un importante componente de administración -, ni uno meramente financiero, aunque sin duda también su solución requerirá de la asignación inteligente de los recursos imprescindibles para hacer del subsistema de investigación y posgrado el motor principal de la transformación universitaria que nuestro país requiere.

El objetivo mayor que está planteado aquí, en efecto, es hacer de la investigación la norma básica de la actividad académica en todas sus formas y en todos sus niveles. Esto, a su vez, significa que ha llegado la hora de encarar la necesidad de trascender, en el subsistema de investigación y posgrado, las fronteras disciplinarias que son indispensables para organizar la actividad del subsistema de formación de pregrado. A eso se refiere, justamente, la idea de que el núcleo fundamental de la actividad de posgrado sean los centros de investigación creados por las facultades, antes que los departamentos que tienen a su cargo la organización de las l icenciaturas.

La producción de conocimiento, en efecto, es por necesidad interdisciplinaria al punto en que tiende constantemente, además, a se incluso transdisciplinaria. Véase si no al pastor anglicano Charles Darwin, convertido en naturalista al impulso de una vocación indomable, encontrando en la lectura del demógrafo – y también pastor - Thomas Malthus la clave que necesitaba para avanzar hacia la explicación del origen de las especies a través de la selección natural. O véase hoy al historiador Donald Worster y al biólogo Edward Wilson buscando cada uno en el campo del otro las herramientas indispensables para garantizar la pertinencia de sus respectivas disciplinas en el mundo contemporáneo. Y al mismo tiempo, la formación de pregrado es por necesidad disciplinaria, al punto de que un Darwin redivivo carecería de las características indispensables para dictar clases en una licenciatura por las mismas razones por las que podría ser un distinguido integrante de un colectivo de investigación y formación de posgrado.

A lo anterior hay que agregar, por otra parte, la necesidad de encarar otro problema, de orden técnico y cultural. Hacer de la investigación y el posgrado herramientas para la renovación que requiere la universidad, exige aprender a trabajar en red. En primer lugar, por supuesto, en redes intra e inter universitarias y en un país con el enorme potencial de conectividad como Panamá, a punto de concluir el primer quinquenio del siglo XXI, seguimos careciendo incluso de una red que vincule entre sí a nuestras principales universidades y centros de investigación científica.

En segundo lugar, es necesario aprender a trabajar en red con el entorno de la universidad. Esto significa, en lo más general, vincular entre sí el sistema de gestión del conocimiento con el de gestión de la economía realmente existentes, en el mercado local como en el global. Pero en nuestro caso significa, además, vincular a la red universitaria con las principales instituciones de investigación científica presentes en el país, desde el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales hasta el Instituto de Investigaciones Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología, cuyo desarrollo ha transcurrido en gran medida al margen del sistema nacional de educación superior.

Por último, esto implica hacer de cada universidad un nodo lo­cal de acceso a la red global de producción y difusión del co­nocimiento y la innovación, entendiendo ese acceso en dos vías, abriendo a otros – y para nosotros – las posibilidades iné­di­tas que ofrece a las actividades de investigación y posgrado u­na red de comunidades académicas que opera las 24 horas del día, siete días a la semana, en todas las regiones del planeta. En esta tarea, el sistema universitario panameño cuenta con el apoyo de nuevas organizaciones de gestión de la cultura y el conocimiento creadas por nuestra sociedad civil, como la Fundación Ciudad del Saber, cuya función principal consis­te pre­cisamente en ampliar las posibilidades de acceso a esa red global, y de interacción innovadora con el sector privado, tal como lo viene haciendo precisamente en conjunto con la Vicerrectoría de Investigación y Posgrado de la Universidad de Panamá.

No quisiera concluir esta reflexión, en todo caso, sin una referencia al lugar de mi propio campo en este proceso de transformación. Ese lugar no puede ser más importante, pues únicamente las humanidades pueden ofrecer una verdadera perspectiva histórica, y un auténtico sentido de propósito, a la tarea que nos espera. En efecto, preservar el vínculo de una sociedad con su lengua y con su pasado equivale a proteger las relaciones de un ejército que avanza con la retaguardia de la que depende para mantenerse en movimiento en una dirección bien definida.



El conocimiento, a fin de cuentas, no es tan valioso en sí mismo como en su capacidad para contribuir a la solución de los problemas que va encontrando – y aun creando – nuestra especie en su desarrollo. Recordar eso, y hacer recordar además que ese desarrollo solo es realmente humano cuando estimula el despliegue de las cualidades que mejor nos distinguen como especie – la inteligencia, el lenguaje, la capacidad de cooperación, la solidaridad -, y somete a control las características que compartimos con otras especies – el miedo, la agresividad, el empeño en la supervivencia individual en medio del caos de la lucha por la vida – son tareas que sólo las humanidades pueden cumplir. Ese es el lugar que nos corresponde, ésa la tarea que sólo podremos llevar a cabo en diálogo con nuestros colegas de las ciencias naturales, al servicio de la gestión del conocimiento que sólo la institución universitaria puede llegar a ofrecer a su sociedad.


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