Introduccion



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3. Cuestiones especiales [Corolarios y Soluciones de dudas]

A continuación Ockham pasa a exponer con alguna mayor amplitud algunas cuestiones o aspectos especiales del tema; y lo hace, ya en forma de Corolarios, ya bajo la forma de Solución de dudas u objeciones. Seguiremos el texto en cuanto a lo que ahora nos interesa acerca de la relación entre abstracción e intuición y reuniendo en epígrafes unitarios lo que el autor trata en lugares diversos, sean los Corolarios o las Soluciones de dudas.



a) La noticia intuitiva del no–ser

A continuación el autor extrae dos corolarios, que en realidad no son tales, sino presupuestos en lo dicho anteriormente.

El primero se refiere a la noticia intuitiva de lo–no–existente (“de re non existente”): “Se sigue de lo anterior que la noticia intuitiva, tanto sensitiva como intelectiva, puede referirse a lo no existente”28

La prueba no puede ser más sorpresiva: Siendo cosas distintas e independientes el objeto existente y la intuición del mismo (p.e. una estrella y la intuición de la estrella) la intuición del objeto puede permanecer, incluso destruido el objeto. ¿Cómo?. Porque Dios, en su poder absoluto puede conservar la intuición incluso destruido o no existente el objeto (“visio coloris sensitiva potest conservari a Deo ipso colore non existente...”).

En realidad, como decíamos antes, esto no es un corolario, sino que es un supuesto en lo anterior, ya que es una de las razones de diferenciar la noticia intuitiva (que puede captar lo existente y lo no existente) de la abstractiva (que prescinde de la existencia y, por tanto, por ella no se puede conocer ni lo existente ni lo no existente).

Ahora bien, la razón de esto no es otra, en primer término que la extensión que hace Ockham arbitrariamente de la noticia intuitiva a lo no existente. La intuición, según Escoto y según la mayoría de los escolásticos29 solamente puede referirse a lo existente y actualmente presente, ya que debe actuar nuestras facultades de modo inmediato y directo: por la inmediatez, se distingue claramente del conocimiento mediato o discursivo, como la nóesis de la diánoia. Por ser conocimiento directo (recto), se distingue de la reflexión. Para Ockham, en cambio, la intuición puede referirse a lo ausente y a lo no existente. ¿Cómo?. Sencillamente por un milagro de la omnipotencia divina. ¿Y por qué habría de hacer Dios ese milagro?. Sin duda, para que Ockham tuviera razón en su idea de la intuición, que todo lo abarca... Solamente en un ambiente fuertemente impregnado de teologismo nominalista pudieron prosperar estas ideas30

En efecto, “intuir” significa, ante todo, “ver” (de intueor). Es una extensión a los demás sentidos de la percepción visual por su claridad, distinción y certeza. Ahora bien, ¿cómo podríamos hablar de “visión de algo que no existe”?. O, paralelamente, ¿podemos “tocar algo inexistente”?. Sí, dice Ockham, por un milagro de la omnipotencia divina (“de potencia Dei absoluta”)... Pero ya el mismo Ockham había admitido antes, que “naturaliter notitia intuitiva non possit esse sine existentia rei”. Entonces ¿por qué insiste en la intuición de lo no existente?...

Posteriormente vuelve sobre el tema, en la sección de Soluciones a las dudas



Duda septima: Sobre la intuición de lo no existente.

La objeción se plantea así: ¿Quién o qué puede causar el juicio por el que el entendimiento juzga que una cosa no existe, cuando no existe? Caben tres posibilidades teóricas:

–o por la misma potencia intelectiva; mas no, pues la potencia no cambia porque la cosa exista o no exista;

–o por la noticia intuitiva misma, en cuanto acción de intuir; pero tampoco así, y ello por la misma razón anterior;

–o por la cosa intuida: tampoco, pues tal cosa es un no–ser, y esto no puede causar nada.

Por consiguiente no existe manera alguna de que se dé intuición del no–ser31.



Respuesta de Ockham: En resumen: No hay inconveniente en que una causa produzca un efecto juntamente con otra causa parcial; y que sin la otra causa parcial, cause el efecto contrario. Así pues, la noticia intuitiva de lo existente juntamente con la cosa misma, causan el juicio respecto de que una cosa exista. Y la noticia intuitiva sola, sin la cosa misma, causa el juicio opuesto, su no existencia32.

Observaciones. Para la existencia de algo, parece que no hay tanta dificultad, pues la presencia misma del objeto implica su existencia, como incluida en el acto de intuirla.

La dificultad se refiere sobre todo al conocimiento de lo no existente, tal como aparece en los juicios negativos. Sería una mala interpretación hablar de “intuición de lo no existente”, aunque ello parece desprenderse de expresiones anteriores de Ockham. Ahora Ockham se plantea la dificultad en el plano, no de la intuición, sino del juicio. Pero poniendo como causa de tal juicio a la intuición. Ello es suficiente para mostrar su superioridad respecto de la abstracción; ésta, así como no puede conocer lo existente, tampoco lo no existente...

El planteamiento no parece incorrecto, ya que en efecto, la existencia o no existencia de algo la conocemos, no en la aprehensión simple, sino en el juicio correspondiente: el “es”, significando la existencia, y el “no es”, significando la no existencia, son predicados existenciales; no ideas simples. Por tanto, el problema de la existencia pertenece a los juicios.

Dicho esto, se plantea el problema acerca de la causa que nos puede llevar a dichos juicios. Para la existencia de algo, singular y contingente, es claro que es la experiencia o intuición empírica, lo que nos permite formar el juicio existencial afirmativo: “X existe”. Ockham, dice que es, además, la cosa real como concausa o causa parcial. La verdad es que la cosa es causa indirecta, en cuanto contribuye como concausa al acto de intuir. Pero no es causa de tipo eficiente, sino de tipo ejemplarístico, como modelo, que determina formalmente el acto de intuir a ser intuición de tal o cual objeto y no de otro.

El problema es, con todo, más complicado. Pues para saber si algo existe, de modo confuso e indeterminado –tal como se expresa en la proposición “algo existe aquí y ahora”– basta la intuición o impresión empírica. Mas saber que lo que existe es tal o cual cosa, eso requiere ya un análisis más detenido, y además, tener una idea o noción previa de ello. Esta idea previa no se refiere sólo a lo individual, sino principalmente al carácter específico o tipo al que pertenece lo que aparece en la intuición. No basta la mera memoria de una experiencia o intuición anterior, ya que ésta se refiere necesariamente a lo existente individual en tal espacio y en tal tiempo y en tales circunstancias singulares. Así p.e., para saber si yo, caminante en el desierto, he encontrado agua de modo que pueda decir “aquí hay agua”, es preciso que tenga una idea o modelo un tanto común de lo que es “agua”, que prescinda de las condiciones singulares de mi experiencia anterior y aplique ese modelo común a las circunstancias actuales. Esto requiere entonces una mínima capacidad de abstracción o de liberación de lo concreto singular. No basta, pues, la intuición sola, ni siquiera con la cosa intuida. A no ser que, cambiando el uso de las palabras, llame yo “intuición” a esa visión o idea del modelo abstracto, específico, de algo. Entonces estaría hablando equívocamente de intuición.

Luego, respecto de lo no existente o del no–ser, esto no puede ser causa ni total ni parcial del juicio de no existencia. Según Ockham, la causa única es la intuición o acción de intuir, que, al ser única, produce el efecto opuesto.

Veamos. El efecto opuesto a la afirmación de la existencia es su negación. Pero se trataría de oposición formal o lógica, en el plano lógico, como entre una proposición afirmativa y otra negativa, una verdadera y otra falsa. En cambio, no hay diferencia alguna desde el punto de vista psicológico: es el mismo mecanismo psicológico en una proposición afirmativa que en una negativa, en una verdadera que una falsa. Ahora, sin embargo, no se trata de la oposición proposicional o lógica, sino de la oposición en cuanto al contenido: ser/no–ser; lo cual sólo puede depender causalmente de la cosa misma; no de acto alguno del entendimiento. Luego no es la noticia intuitiva la que, al quedarse sola, causa el juicio de no existencia, sino que ello depende también del objeto. Pero si la cosa no existe, ¿cómo puede causar algo?. Luego, ni por parte del entendimiento ni parte del objeto puede darse noticia intuitiva de lo no existente.

Sea como sea, es claro que la respuesta de Ockham es inconsistente. Y no resuelve el problema de cómo una noticia intuitiva puede referirse a lo no existente, pues la dificultad está en que para la intuición se requiere la presencia de la cosa. Pero ni la presencia ni la ausencia de las cosas son la causa (eficiente) de la verdad del conocimiento, como presupone Ockham. La causa de la verdad del juicio es el mismo entendimiento, que es quien forma los juicios: juicios negativos, en el caso del no—ser33. Aunque la verdad implique lo real, como referencia del juicio. Como la “verdad” o conformidad de un retrato no depende eficientemente de la persona retratada, sino de la habilidad del artista; aunque dependa del objeto “modélicamente”.

La no existencia de algo es un juicio, que presupone una investigación previa; lo mismo que, a veces, la existencia o búsqueda de algo. Ahora bien, así como la existencia de algo puede ser afirmada absolutamente una vez demostrada o descubierta esa cosa por intuición sensible, aunque sea en un solo individuo; en cambio la no–existencia no puede ser afirmada absolutamente, a no ser que se demuestre su imposibilidad real. Por vía de simple intuición o de experiencia sólo podemos decir que tal cosa no existe respecto de tal momento o en tal lugar; y siempre suponiendo que la observación empírica es suficientemente cuidadosa y completa. Mas por esta vía nunca podremos afirmar absolutamente que tal cosa no existe, si de suyo es posible o no implica contradicción. A lo sumo podemos decir que no la hemos encontrado.

Ahora bien, para los casos en que podemos afirmar su no existencia relativa, aquí y ahora, la intuición capta lo no existente privativamente, es decir, como privación de la existencia en un ámbito determinado. Pero aquí, más que un juicio positivo, hacemos un juicio negativo o de separación. Lo cual es más una forma de abstracción que de intuición.

El trasfondo del problema es metafísico; es el concepto mismo de existencia fáctica. Suele decirse por los nominalistas: ”sólo existe lo individual”. Esta afirmación es muy equívoca. Si ello significa algo así como que “lo universal no existe realmente fuera de la mente”, ello puede ser aceptado y suele serlo por cualquier realismo, no platónico. Pero por desgracia detrás de esa frase, aparentemente clara y evidente, se esconden supuestos inaceptables. Por ejemplo, es inaceptable, si se quiere decir que las cualidades esenciales, de tipo específico o genérico o las propiedades comunes no existen de ninguna manera en la realidad y que son sólo ficciones de la mente.

¿Es una mera ficción pensar que, entre un hombre, un caballo y un árbol concretos, hay algo que es común y algo que no es común?. De hecho nosotros distinguimos perfectamente una cosa de otra y no sólo como individuos distintos. (como distinguimos entre varios caballos o varios árboles). Luego, las cualidades comunes son algo real, aparte de lo individual.

Otro fallo de Ockham, es también de tipo metafísico. Es su mala concepción de lo contingente. El adscribe a la intuición la percepción de lo contingente, como si fuera algo exclusivamente fáctico, como simple hecho, sin sujeción a ninguna ley o a ninguna determinación. Pero no es lo mismo que algo sea variable, dentro de un marco determinado de posibilidades o dentro de unas variables múltiples, que ser absolutamente indeterminado. Al lanzar un dado, el resultado es variable y contingente, dentro de los casos posibles; pero fuera de ellos es absolutamente cierta su imposibilidad.

Por tanto, es inaceptable lo que dice Ockham: que “por el conocimiento abstractivo no se puede conocer evidentemente ninguna verdad contingente, sobre todo de una cosa presente”34. En realidad es por la sola intuición por la que no podemos conocer lo que existe. Por la intuición sola podemos conocer el hecho bruto de que “algo existe”, pero no qué es lo que de hecho existe. Para esto se requiere también la abstracción o sea la concepción de la forma o esencia o ley de los hechos y fenómenos, a fin de identificarlos. Conocer el hecho bruto de que “algo existe”, sin conocer qué es o cómo es, no es conocer “lo que existe”. Para conocer qué es, se requiere todo un proceso de análisis, de observación, de síntesis, etc. y ello ya no es intuición, sino abstracción.



b) Sobre la duplicidad del conocimiento (“Dubium tertium”)

La tercera duda se refiere, ante todo, al tema acerca de la duplicidad del conocimiento; esto es, a la diferencia asignada entre intuición y abstracción, como dos tipos específicamente diferentes.

La objeción sería ésta:

“Primero, parece que no se da tal noticia doble (específicamente distinta). Argumentan algunos35 así: Non pueden ser específicamente distintos los actos que pertenecen a la misma potencia, son acerca del mismo objeto y bajo la misma razón (...) Pues los actos se distinguen por sus objetos. Luego respecto del mismo objeto y bajo la misma razón no puede haber noticias específicamente distintas”36



Respuesta: (Nos parece del máximo interés para conocer su mente y los fundamentos implícitos de su doctrina):

“A la tercera duda respondo como antes37, que respecto de la misma cosa y bajo la misma razón pueden darse dos noticias específicamente diferentes. A la objeción respondo que pueden darse tales conocimientos distintos de la misma potencia respecto del mismo objeto”38

Dejando de lado lo que dice de la posible intervención de Dios, y fijándonos en la expresión “naturaliter loquendo”, la prueba de Ockham sobre la diversidad de causas eficientes en la intuición y en la abstracción es sobremanera reveladora de su modo de entender el problema. La causa de la intuición, dice, es la cosa misma conocida; lo que hay que entender en sentido radical: la presencia entitativa y física de la cosa es la causa (total) de la intuición. En donde vemos que el sujeto nada tiene que hacer, sino comportarse de forma exclusivamente pasiva y receptiva. Es justamente la base de todo el empirismo posterior. Pero no tiene en cuenta dos cosas elementales en el conocimiento: primero, que el sujeto nunca es totalmente pasivo, aunque sea receptivo, ni siquiera en la intuición sensible; segundo, que la presencia física del objeto no es causa del conocimiento, sino su presencia intencional: el objeto no se pone directamente en contacto con la potencia sensible, sino por medio de una representación intencional de sí mismo (digamos, que conocer el fuego no implica que el ojo tenga en sí físicamente el fuego; pero ello se sigue de la posición de Ockham, si en la intuición es el objeto la causa de la misma).

Luego afirma que la causa de la abstracción es la misma noticia intuitiva o un hábito que inclina a la abstracción (cuestión que deja para otra ocasión). Ahora bien, no se ve cómo la noticia intuitiva pueda ser, por sí sóla, causa (eficiente, que es de lo que se trata) de la noticia abstractiva. Aunque pueda admitirse que es causa material o condición previa, ya que capta el material para la acción abstractiva. Lo que aquí subyace es la negación pertinaz a admitir la acción abstractiva del sujeto (a quien se considera totalmente pasivo), como acción psicológica; aun admitiendo, por ahora, la existencia de notiones abstractas.

Al final, vuelve a remitirse a un agente totalmente ilimitado, el cual, por sí haría la distinción específica de los actos: “no hay inconveniente que un agente absolutamente ilimitado produzca en el mismo paciente efectos específicamente distintos”. Lo que no se comprende, si admite que “los actos no dependen esencialmente sino de la potencia y del objeto” (“posito quod actus non dependeret essentialiter nisi a potentia et obiecto”); pues la distinción específica es justamente de tipo esencial.

Otra objeción se basaba en que los actos se distinguen por los objetos. A lo que Ockham responde admitiendo el principio de distinción por el objeto, pero negando que de la identidad del objeto se siga la identidad del acto: así p.e. puede darse un mismo objeto de intelección y de volición, siendo claramente dos actos diferentes39.



Observaciones. Está claro que la objeción habla de no distinción específica de los actos cuando se refieren al mismo objeto (formal); y la respuesta sólo prueba la distinción numérica o multiplicación de actos sobre el mismo objeto (“non tamen ex identitate obiecti sequitur identitas actus”)...O bien, se refiere a objetos formales diferentes, o es el mismo objeto material, pero bajo razones formales diferentes, como intelección y volición de lo mismo. La respuesta nos parece, pues, todo un fraude dialéctico, digno del mejor sofista...

Un poco después, ante la objeción proveniente desde el campo aristotélico, que “a diversidad de objetos científicos (escibles) se sigue la diversidad de ciencias (“ad diversitatem scibilium sequitur diversitas scientiarum”) Ockham mantiene la diversidad específica, basado en que respecto del mismo scibile y en la misma ciencia se dan actos específicamente diversos, como saber y opinión, error y verdad, etc.. Lo que no deja de sorprender por su confusión. Pues no es verdad que respecto del mismo objeto escible y bajo la misma razón (formal) quepan actos tan diferentes como saber y opinar, errar y conocer la verdad. Si p.e. se demuestra eficazmente una conclusión, en la que se prueba una propiedad del objeto (formal) de la ciencia respectiva, sobre ello no caben simultáneamente verdad y error, opinión y ciencia. Y si no se llega a tal demostración científica, entonces no cabe hablar de certeza, sino sólo de opinión o de probabilidad.



c) Sobre la intuición intelectual del singular.

Es otro de los temas discutidos, abordado también en el “dubium tertium”. Dice la objeción:

“En segundo lugar: parece que en el entendimiento no se da intuición; primero, porque la noticia intuitiva se refiere a lo singular y el entendimiento entiendo sólo lo universal; además, el entendimiento abstrae del aquí y del ahora, pero no la intuición”40.

Respuesta de Ockham: ”... digo que el entendimiento en el estado actual conoce lo singular y primariamente, como se verá en otro lugar41; y es lo primero que conoce con prioridad de origen”42

Observaciones. Está claro que el problema planteado se refiere a una vieja discusión, con tres aspectos estrechamente enlazados: a) Si el entendimiento se distingue del sentido; 2) Si el entendimiento conoce el singular (material) de modo directo e intuitivamente; 3) Si ese conocimiento es lo primero conocido (“primum cognitum”). Con ello va la autoridad de Aristóteles y su interpretación. Según Ockham, la distinción básica para Aristóteles, entre entendimiento y sentido se salvaría ya con admitir que el sentido no conoce lo universal; pero no es necesario admitir que el entendimiento no conozca lo singular intuitivamente43. Se trata, pues, de uno de los presupuestos fundamentales de la doctrina Ockhamisa, siguiendo en esto a Escoto y, en general, al platonismo agustiniano medieval: el conocimiento intelectivo de lo singular por intuición. De ello nos ocuparemos posteriormente.

Otra objeción: parte de que el entendimiento abstrae del aquí y del ahora, así como de otras condiciones materiales del objeto singular material; por lo que no puede conocerlo por intuición.

A ello responde Ockham: “El entendimiento no siempre abstrae del aquí y el ahora en todo acto de intelección, aunque en algunos casos sí lo haga (...) Y si se dice que el entendimiento abstrae de la materia y de las condiciones de lo material44, digo que tal abstracción no se ha de entender de parte del objeto y en todo acto de intelección.Pues como se demostrará en otro lugar45, lo mismo totalmente y bajo la misma razón por parte del objeto es el objeto primario del sentido exterior y del entendimiento con prioridad de origen; al menos en el estado actual (del hombre)...”46



Observaciones. En la primera parte, Ockham, siguiendo la doctrina de la escuela franciscana, mantiene la teoría de la intelección intelectual de lo singular47, en algunas ocasiones o respecto de ciertas nociones: De ello trataremos en los presupuestos. Pero aquí aporta la razón básica: que el entendimiento comprende a veces y juzga de lo contingente y de lo singular, lo aquí y ahora. Luego lo entiende intuitivamente. Esto parece innegable, si nos atenemos a los juicios concretos, prácticos o teóricos, respecto de la existencia hic et nunc de ciertas cosas, situaciones, propiedades de cosas, etc

Otros autores, como Tomás de Aquino, lo han explicado diciendo que se trata, no de un conocimiento intelectual directo e inmediato, sino “per quandam reflexionem”48; esto es, el entendimiento forma juicios sobre lo singular y lo contingente, volviendo sobre los fantasmas que le presenta el sentido, que es quien capta propiamente en forma directa e intuitiva, lo singular. Por tanto, la discrepancia no está en cuanto al hecho del conocimiento de lo singular por el entendimiento humano; sino en cuanto a que sea o no un conocimiento directo e intuitivo. Esto no siempre se ha entendido bien.

En cualquier caso, Ockham no demuestra que la existencia de juicios intelectuales acerca de lo singular sea un conocimiento inmediato y directo, y, por lo mismo intuitivo. Podría argumentarse que o es intuitivo o abstractivo; pero no es abstractivo; luego es intuitivo. Pero esto no vale, ya que puede ser reflexivo o indirecto, en segundo término.

Sobre la famosa discusión acerca de “lo primero conocido” (“primum cognitum”) –a lo que se refiere la segunda parte de la respuesta – , es sabido que la discusión se remonta, por lo menos a Platón y Aristóteles. Según el platonismo, lo primero conocido por nosotros serían las Ideas, que son “innatas”; y eso mismo se mantiene en la tradición platónico–agustiniana. Pero si descartamos el innatismo de las ideas, de cualquier idea, como ha demostrado Aristóteles49, entonces resulta difícil admitir que lo primero que conoce el entendimiento de modo directo y por intuición sea lo singular material50. Suponiendo que no es conocimiento innato del singular, ha de ser un conocimiento adquirido, elaborado por el sujeto. Pero no recibido de modo puramente pasivo por el entendimiento –al menos deberá dirigir la atención al objeto singular, hic et nunc – Luego sólo después de una elaboración del objeto; que es entonces de tipo abstractivo, no intuitivo, ya que la intuición es mera recepción del objeto. Ahora bien, esta elaboración, si es abstractiva, no puede implicar la singularidad hic et nunc de modo directo, pero sí de modo reflejo, ya que se ha derivado por abstracción a partir del fantasma singular. Esta “cierta reflexión” es como el camino inverso de la abstracción; es concreción; y posteriormente vendrán los juicios sobre lo singular.

En el fondo, lo que está en juego es, por una parte, el papel activo de la mente respecto de los objetos; y, por otra, la liberación conseguida por el intelecto humano respecto de lo aquí y ahora. Esa liberación tiene un precio: la no intuición directa de lo singular, lo que es aquí y ahora. Pero no el desconocimiento total de lo mismo. Decir que el intelecto conoce lo singular aquí y ahora, lo mismo que el sentido, equivale a suponer que no se ha liberado de lo físico concreto: del espacio concreto y del tiempo concreto; pues estar liberado implica indiferencia para ser actuado por el estímulo físico de modo inmediato, como el sentido. Así no se salva la diferencia entre sentidos e inteligencia; aunque se diga que el intelecto conoce también abstractivamente lo universal: ¿cómo puede conocer lo universal, si está vinculado todavía o no liberado de lo singular?. En el fondo, en la tradición conceptualista y racionalista, el entendimiento, si conoce lo universal, no es por su emergencia o liberación respecto de lo sensible; sino porque posee en sí los universales de modo innato. Lo que va contra la experiencia psicológica elemental. Consecuentemente Kant negará la intuición intelectual, bajo cualquier aspecto, que implique contenidos, quedándose sólo con la “intuición intelectual pura”, que sólo implica formas a priori. Actualmente después de Piaget, pocos psicólogos admitirán que haya en nosotros algún conocimiento innato en sentido propio; todo conocimiento comienza por los reflejos...

Pero al fondo de todo está la tesis del dualismo antropológico accidentalista, de origen platónico: la duplicidad de substancias completas e independientes, mente y cuerpo, unidas o mejor, yuxtapuestas en el hombre. De esto deriva que el conocimiento intelectual no dependa para nada de los sentidos; que la inteligencia no reciba nada de la experiencia. Se abre así un abismo insuperable entre la experiencia sensible y la razón. La misma experiencia es doble, como vimos antes en Ockham: la inteligencia intuye, porque ha de partir de su propia experiencia inmediata, ya que no recibe nada de los sentidos. Posteriormente el racionalismo cartesiano, al admitir ese dualismo (res cogitans / res extensa) no ha hecho más que ser consecuente con una vieja tradición dualista, que como es bien sabido tiene sus antecedentes en el pitagorismo místico y en el platonismo.



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