Introduccion



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Abstracción e Intuición en Guillermo de Ockham o la encrucijada entre el pensamiento medieval y la filosofia moderna*

por Lorenzo Vicente Burgoa

INTRODUCCION.

Plantear hoy día estos problemas y además en un autor tan lejano de nosotros en el tiempo y en la mentalidad, puede parecer un despropósito y un anacronismo hilarante. Sin embargo, nadie pondrá en duda que estos tiempos nuestros “postmodernos” nacen y derivan de lo que se ha llamado en sentido lato “la modernidad”. Ahora bien, la modernidad (filosófica) nace justamente como “via moderna” en el siglo XIV europeo; y nace, para bien o para mal, bajo la influencia decisiva del denominado en su tiempo “nominalium princeps”, el teólogo Guillermo de Ockham.

Por otra parte, he aquí dos tipos de conocimiento enfrentados desde antiguo. Y también dos formas de orientar la filosofía y la ciencia, así como de interpretar el hecho cognitivo de manera sistemática. Intuicionismo y abstractismo (o abstraccionismo) se hallan en la base de los principales “ismos” sistemáticos de la filosofía teórica. Y en la dosificación de estos dos componentes respecto del conocimiento humano se han dado no pocas luchas y discusiones, y, lo que es más grave, tergiversaciones y confusiones nada desdeñables.

Estas confusiones no son de menor importancia, pues se trata justamente de los modos básicos del conocimiento humano y de su correcta interpretación epistemológica. Bastaría para verlo, advertir las consecuencias tan divergentes a que se llega, basándose en una u otra forma de conocimiento. Quizás irá apareciendo a lo largo de este estudio. Nuestra opinión al respecto es que una de las fuentes de confusión y de tergiversación más decisiva, que influye en todo el pensamiento filosófico moderno, se halla justamente en la doctrina del teólogo Guillermo de Ockham. Y arranca de su concepción acerca de estos dos tipos de conocimiento; lo que él denomina “notitia intuitiva”, frente a la “notitia abstractiva”. A nuestro modo de ver, se encuentra aquí el punto crucial de arranque y de divergencia en las construcciones filosófico–sistemáticas de la filosofía moderna posterior.

__________________________

*Publicado en Estudios Filosóficos, 2003(52)5-42.

Existen, sin duda, no pocos estudios sobre la intuición en Guillermo de Ockham. Menos son los que versan sobre su concepto acerca de la abstracción. Y menos aun, que sepamos, en que se haga la comparación entre ambas concepciones en Ockham y las enormes consecuencias posteriores de tales concepciones. Pero es, según creemos, en la confrontación entre las respectivas nociones de intuición y de abstracción, donde se halla el elemento decisivo de su influencia posterior.

Anticipando en resumen la conclusión diremos que la concepción ocamista de la intuición implica una clara mitologización teológica de la misma –muy acorde con la línea del platonismo agustiniano– y reduce el conocimiento abstracto a una cualidad de los conceptos tan inútil como desechable. A partir de aquí, es claro que la teoría aristotélica del conocimiento abstracto queda en el más profundo olvido (fuera de algunos aristotélicos de inspiración tomista), tanto en la línea del racionalismo, como en la del empirismo, que arrancan modernamente de este enfrentamiento. Y ello, a pesar de que se trata de una forma de conocimiento que utilizamos casi constantemente, tanto en nuestra vida teórica, como en la práctica. Porque el conocimiento abstracto es, ante todo, un hecho psicológico, no una teoría. La ciencia moderna, tanto natural como matemática, cuentan con la intuición empírica como principio o punto de partida; pero han progresado justamente en base a su capacidad de liberación abstractiva respecto de lo singular y de lo contingente.

Nos parece que esta victoria del nominalismo representa la revancha que el platonismo recalcitrante se ha tomado, ya en el ocaso de la Edad Media, frente al avance imparable que había conseguido el aristotelismo en las universidades europeas, después de la llegada a Europa del corpus aristotelicum completo: lo que se conoce como la “segunda llegada” o desembarco de Artistóteles en la Europa medieval. Pero es también la revancha que la teología religiosa se toma, como veremos, del pensamiento filosófico, que por esa época comienza su independencia y su enajenación respecto de la tutela teológica, a la que había estado sometido desde Clemente de Alejandría y por la influencia de Agustín de Hipona1.

En realidad esta revancha del teologismo platónico agustiniano venía de atrás. Aparte de las dificultades que se pusieron en su momento a la introducción de los libros de Aristóteles en la Universidad de París, prohibiciones que nunca fueron respetadas, por suerte, ni siquiera por los teólogos, como Tomás de Aquino o Enrique de Gante; vinieron luego las condenas explícitas e inquisitoriales de las autoridades eclesiásticas. La más importante y famosa fue la del obispo de París Esteban Tempier en 1277, azuzado por los teólogos agustinianos, en la que se incluían tesis defendidas por teólogos de inspiración aristotélica, como los citados anteriormente, pero con especial referencia a Tomás de Aquino. Otros obispos, como Roberto Kildwarby, dominico, y Juan Peckam, franciscano, se hicieron igualmente eco de estas prohibiciones en la Universidad de Oxford2. Estos señores obispos piensan que su “carisma episcopal” no se limita a las cosas de la fe católica, sino que pueden pontificar también en el campo de la filosofía y de la ciencia secular. Esa pretendida “infalibilidad” de los obispos en no importa qué saberes tendrá como consecuencia la censura de libros estrictamente científicos por la Inquisición hasta tres siglos más tarde.



I. El contexto literario:

A vueltas con el estatuto científico de la teología religiosa.

La doctrina ocamista sobre el tema de la abstracción en relación con la intuición se encuentra, sin duda, dispersa por varios lugares de su extensa obra. Con todo, el lugar clásico y sin duda más importante sobre este tema se halla en el Prólogo de su Comentario al Liber Sententiarum de Pedro Lombardo (1152–1153), la famosa obra que constituyó el texto–básico de teología en las escuelas medievales; comentado una y otra vez por casi todos los grandes teólogos, hasta el siglo XVI.

En el caso de Guillermo de Ockham, al igual que en el de otros grandes comentadores, – como Alejandro de Hales, San Buenaventura, Tomás de Aquino, Duns Escoto, etc.– se trata de un comentario libre; en el sentido de que no sigue una exposición literal del texto, como solía hacerse generalmente en el tipo de literatura, que eran los “Commentarii”, sino que del texto base toma la ocasión para suscitar cuestiones y presentar acerca de ellas una exposición, generalmente extensa, de su propio pensamiento.

Señalamos ya este contexto teológico, porque sin duda ello debe jugar un papel importante en cuanto a la doctrina y a las tesis defendidas por el autor. Desde el punto de vista filosófico, G. de Ockham aparece como un fino analista de los problemas; aunque a veces parece perderse en sus mismas distinciones o respuestas, no siempre exentas de convencionalismos y hasta de sofismas; y siempre se muestra como un acerado crítico de otros autores, sin la menor concesión a las “auctoritates”, con excepción si acaso de San Agustín, así como Aristóteles y Averroes, a quienes trata de traer a su interpretación..

El Prologo reúne una serie de doce cuestiones en torno al estatuto científico de la Teología. En la Primera cuestión se trata acerca de la evidencia que es propia de las verdades teológicas. Y el autor se pregunta, de manera general: “Si es posible que el entendimiento del hombre viador pueda obtener un conocimiento evidente de las verdades teológicas: Utrum sit possibile intellectum viatoris habere notitiam evidentem de veritatibus theologicis”.

Pasa a continuación a tratar acerca de lo que es como el fundamento o presupuesto de toda la tesis (teológica): la distinción específica del conocimiento en intuición y abstracción, incluso cuando se refieren al mismo objeto y bajo la misma razón o el mismo punto de vista. Y es aquí donde expone su doctrina acerca de la intuición en relación con la abstracción; siendo, por tanto, lo que ahora especialmente nos interesa. Con todo, nos detendremos también en algunas de las respuestas a las dudas, ya que contribuyen a completar el pensamiento del autor.

Pero todavía podemos retener, como parte del contexto, algunas nociones, que efectivamente son previas para entender correctamente el sentido:

1) Está, ante todo, la conclusión primera: “el acto de juicio respecto de algo complejo presupone el acto aprehensivo respecto de lo mismo”3, . Esta conclusión se prueba, primero, y luego se la defiende de posibles objeciones.

2) Una tercera conclusión es de la mayor importancia: “Ningún acto de la parte sensitiva es causa inmediata próxima, ni parcial ni total, de un acto judicativo del mismo entendimiento”4

Esta conclusión apunta, en germen, la ruptura entre la experiencia sensible y los actos de juicio intelectual. Estos actos no tienen otra causa que el mismo entendimiento, con independencia de la sensación. El autor trata de razonar la conclusión, como vamos a ver seguidamente. Pero lo que está en el fondo de esta doctrina no es otra cosa, a nuestro juicio, que el dualismo antropológico platónico como uno de los presupuestos básicos implícitos del ocamismo, según tendremos ocasión de ver reiteradamente.



II. El texto:

Intuición y abstracción, dos modos de conocer específicamente diferentes.

Se pasa, pues, al núcleo central del tema, regido por la cuestión de si puede haber verdades teológicas evidentes o no. El autor llegará a la siguiente conclusión central: “Digo que, según su potencia absoluta, Dios puede causar en el entendimiento del hombre viador un conocimiento evidente de algunas verdades teológicas, y quizás de otras no”5.

Ahora bien, esta conclusión presupone otra anterior, ya anunciada y a la que llama “prima conclusio”: “nuestro entendimiento, en el estado actual (de viadores) puede tener respecto del mismo objeto y bajo la misma razón dos tipos de conocimiento incomplejo (simple aprehensión) que son específicamente diferentes y que pueden denominarse uno “noticia intuitiva” y el otro “noticia abstractiva”6. Dado que ahora no nos interesa el problema teológico, si no es en orden a comprender correctamente la doctrina del autor, nos vamos a centrar en lo referente a esta conclusión, con sus pruebas y explicaciones.

El orden, que sigue el autor, es el siguiente:

1. Prueba de la conclusión (“prima conclusio”) sobre la diferencia específica de los dos tipos de conocimiento.

2. Declaración o explicación de la conclusión mediante la exposición acerca de esos dos tipos de conocimiento, el intuitivo y abstractivo

3. Corolarios que se siguen de esta exposición: La intuición de lo no–existente.

4. Finalmente, solución de dudas y objeciones.

Nosotros seguiremos paso a paso este orden del autor, deteniéndonos en cada punto y tratando de: primero, exponer lo más clara y fielmente que podamos su pensamiento; segundo, apuntando algunas observaciones críticas

1. Sobre las dos especies de conocimiento acerca de lo mismo: intuición y abstracción. [“De notitia intuitiva et abstractiva eiusdem”]

Se trata, ante todo, de probar la conclusión propuesta (previa a la conclusión teológica) acerca de la existencia de dos tipos de conocimiento posibles y específicamente distintos respecto del mismo objeto (dentro del conocimiento de lo incomplejo o de las nociones simples)7 y bajo la misma razón o el mismo punto de vista.

a) La primera prueba sería, en resumen, la siguiente: Nuestro entendimiento puede tener una noticia incompleja por un lado de un hombre concreto, p.e. Sócrates, y por otro lado, de una cualidad, p.e. la blancura; sin que eso permita conocer con certeza si Sócrates es blanco o no. Y, por otra parte, puede tener la noticia incompleja que le permita afirmar con certeza “Sócrates es blanco”, si lo es; como cuando veo a Sócrates en persona, veo a la vez a Sócrates y que es o que no es blanco...; (o sea, mediante lo que luego denominará “noticia intuitiva”)8.

Como ya dijo antes, por la notitia intuitiva puedo conocer de modo evidente que “Socrates est albus”; pero no por la abstractiva, por la que se percibe separadamente la blancura y a Sócrates. Lo malo de este ejemplo es que si se entiende de un conocimiento por medio de los sentidos, entonces no parece darse la notitia abstractiva, sino la intuitiva solamente; y si se entiende por medio del entendimiento, entonces no puede darse la intuitiva, sino sólo la abstractiva. En cualquier caso, no serían dos noticias diferentes sobre lo mismo, que es lo que quiere demostrar.

El autor se percata ya de esta dificultad (instantia) y trata de darle una respuesta9. La respuesta comienza diciendo: “Esta instancia es inválida, porque para el conocimiento de una verdad contingente no es suficiente la noticia intuitiva sensitiva, sino que es preciso admitir además una noticia intuitiva intelectiva”10

El núcleo del razonamiento viene a ser éste: Nosotros formamos juicios y proposiciones (noticia complexa) acerca de verdades (hechos) contingentes. Ahora bien, como se ha dicho antes, la sensación no es causa próxima suficiente para formar el juicio. Luego aparte de la sensación (intuición sensible) debe haber otra intuición intelectual.

Nos encontramos, pues, ante una doble intuición, la sensible y la inteligible. Lo que en el fondo presupondría implícitamente el dualismo mente–cuerpo o inteligencia–sentidos, como desconectados entre sí, y la inutilidad de la intuición sensible. El autor percibe esta última objeción y se remite a otros textos (“sicut alias declarabitur”)11.

2) La segunda prueba viene a ser la siguiente: Existen en nosotros intelecciones, emociones, delectaciones, tristezas, etc. que son algo inteligible y no sensible; y, por otra parte, tenemos de ello una noticia simple y suficiente, pues todo el mundo tiene en sí la experiencia de que entiende, que ama, se alegra, se entristece, etc., todo lo cual es algo contingente; mientras que, por otra parte, pudiera tener el conocimiento simple de estas acciones, sin que sepa si se dan o no se dan, pues ningún inconveniente hay en que se tenga la noticia de algo inteligible y a la vez se ignore si se da o no se da...Por tanto, respecto de esto son posibles dos tipos de conocimiento incomplejo, específicamente diferentes12. Tal era la conclusión buscada.



Observaciones. Tenemos aquí ya un primer apunte por parte de Ockham del “ego intelligo”, como acto de reflexión y ejemplo de intuición intelectual, en la cual se percibe conjuntamente el sujeto y el predicado de modo cierto, a pesar de ser algo contingente, existencial.

Sin embargo, dos cosas nos dejan insatisfechos en esa prueba. Primero, el afirmar que tales “experiencias” son algo puramente inteligible y en modo alguno sensible, como el deleite o la tristeza. Segundo, pretender que haya a la vez otro conocimiento en que se separarían ambos términos. En efecto, ello es posible en el supuesto, apuntado por el autor, de que se entendieran en un sujeto distinto de nosotros: podemos entender por una parte, la dilección o la intelección, y por otra no saber si se dan o no en dicho sujeto, ya que son algo contingente. Mas si lo conociéramos intuitivamente en otro, como lo conocemos en nosotros mismos por esa experiencia interna, entonces sabríamos también que es así de hecho, aunque fuera algo contingente. Pero entonces, o son el mismo acto de conocimiento o se refieren a algo diferente, no a lo mismo: si lo conocemos por intuición, sea en nosotros, sea en otros, son el mismo acto único; si fueran actos distintos es porque se refieren a objetos diferentes. Con lo que no se prueba la tesis del autor que implica dos actos de conocimiento diferentes en especie respecto del mismo objeto y bajo la misma razón.



2. La teoría ocamista de la intuición

Pasa ahora Ockham a exponer o explicar qué dos tipos de conocimiento son ésos y cómo efectivamente se comportan como dos modos específicamente diferentes. Es, pues, el texto crucial de su teoría acerca de la relación entre intuición y abstracción.



a) La doble noticia:

Identifica los dos tipos de conocimiento respectivamente con la “notitia intuitiva” y la “notitia abstractiva”: "Digo, pues, que respecto de lo incomplexo (conceptos simples) puede darse una doble noticia, de las que una puede denominarse abstractiva y la otra intuitiva....”13

Es importante tener en cuenta lo que sigue a continuación, ya que son las definiciones o nociones ocamistas básicas. Y se ha de tener en cuenta que lo que intenta es “probar la existencia en el entendimiento de una doble noticia simple (incomplexa) respecto de la misma cosa “(de eadem re”): la abstractiva y la intuitiva, siendo específicamente distintas. Añade que otros la llaman “intuición” (se entiende al conocimiento de lo simple; pero que ello no le importa (non curo). En lo cual se están poniendo las bases de una distinción fundamental (“specie distinctam”) entre intuición y abstracción; lo que llegará luego a ser, como veremos, no sólo distinción, sino incompatibilidad.

La base propia de todo esto, (aparte de las intenciones con fines teológicos, aquí implicados) parece ser el supuesto de una intuición intelectual de lo singular contingente. (De ello se tratará en otro lugar más extensamente). La prueba provisional es que hacemos juicios sobre hechos existenciales contingentes; juicios (nociones complejas), que presuponen las nociones incomplejas o simples aprehensiones. Tales juicios se adjudican, no sólo al sentido, sino al entendimiento y son “evidentes” (p.e.: “Socrates est albus”). Ahora bien, estos juicios, si se basan en una notitia abstractiva, no podrían hacerse de modo evidente: si captamos separadamente “Sócrates” y “blancura”, no podemos saber con certeza si Sócrates es o no es blanco, ya que es algo contingente. Luego si a veces hacemos estos juicios intelectuales de modo evidente -cosa innegable para Ockham- es porque los hacemos en virtud de otro tipo de “notitia”, que es la intuición. Luego son dos modos de conocimiento específicamente distintos. ¿Por qué específicamente distintos?. Sencillamente, porque producen conocimientos diferentes; e incluso, la abstracción implica en algún aspecto ignorancia: por ella no se puede saber si Sócrates es blanco o no lo es, ya que al abstraer se prescinde de lo existencial.

Otro de los presupuestos implícitos es la reducción del conocimiento a la acción pura, psicológica, con independencia del objeto o del fin. Mientras que para Tomás de Aquino14 la diferencia específica de los actos viene decidida por la diferencia de los objetos formales, para Ockham eso no cuenta, ya que el objeto es algo extrínseco; en realidad, el objeto propio del conocimiento es el mismo acto de conocer: eso es lo que (quod), según el conceptualismo conocemos, el acto o los actos, o bien los conceptos correspondientes; no los objetos externos por medio de ellos(quo). Sobre todo, el entendimiento no depende, según el dualismo antropológico accidentalista, del sentido, como ha dicho antes Ockham. Por tanto, la distinción específica de las operaciones cognoscitivas no se busca por parte de los objetos o razones formales, sino por parte de los actos mismos, como veremos enseguida.

El conocimiento intelectual se centra ahora en lo incomplejo o representación simple, de la que se supone depende el juicio; y consiguientemente el razonamiento. La evidencia y la verdad van a adjudicarse a estas representaciones simples (incomplejas), en lugar de a los juicios (proposiciones, afirmaciones o negaciones) y los razonamientos, como había hecho Aristóteles y luego Tomás de Aquino. Es éste, el primer giro de la concepción conceptualista, que se centra en los conceptos o representaciones y no en los juicios. Ockham ha afirmado que los juicios (y las proposiciones) suponen el conocimiento de los términos simples. De lo que infiere que no son más que eso y que conociendo y analizando los términos o elementos del juicio se conoce perfectamente a éste: el juicio no añadiría nada nuevo, salvo una cierta complejidad, que depende de nuestra voluntad, como causante de la unión de los términos en la proposición15.



b) Doble acepción de la “notitia abstractiva”

“Ahora bien, la noticia abstractiva puede entenderse de dos modos: Uno, en cuanto es de algo abstraído de muchos singulares; y en tal caso la noticia abstractiva no es otra cosa que el conocimiento del universal, en cuanto abstraíble de muchos. Mas si el universal es una cualidad que existe realmente sólo en el alma, como puede sostenerse muy probablemente, habría que conceder que tal universal puede verse intuitivamente, y que la misma noticia es intuitiva y abstractiva; en cuyo caso no se oponen entre sí.

De otro modo, la noticia abstractiva se toma en cuanto abstrae de la existencia o no existencia y de las demás condiciones que se aplican o se predican de una cosa de modo contingente. No porque se conozca por la noticia intuitiva algo que no se conoce por la abstractiva, sino que totalmente lo mismo y bajo el mismísimo aspecto es conocido por ambas noticias”16.

Aquí sorprende, en primer lugar que, contra su costumbre, al tratar estos temas el autor no tenga en cuenta las diversas teorías sobre la abstracción y la intuición, excepto la de Escoto, a la que se refiere posteriormente, y que veremos en su momento17. Por otra parte, el autor no ha definido lo que entiende por abstracción ni lo que entiende por intuición. Cuando habla de abstracción no está claro si se refiere a la acción abstractiva (lo que no es probable) o al estado abstracto de los conceptos (lo que es más probable: “notitia”). Pasa inmediatamente a examinar las diferencias entre una y otra, en base a una doble acepción de abstracción.



Los abstractos universales.

La primera acepción de abstracción parte de lo abstracto (“respectu alicuius abstracti a multis singularibus”); por tanto equivale a la abstracción del universal. Pero el autor dice “universalis abstrahibilis a multis”, lo cual es confuso, pues antes ha dicho “alicuius abstracti” y ahora dice “abstrahibilis”: lo “abstrahible” es lo que puede ser abstraído, pero antes de ser abstraído. Se trataría, pues, de la conocida como “abstractio universalis a particulari” o, según otra denominación “abstracción total” (del totum subiectivum respecto de sus partes, que son los singulares)18.

Tal universal se hallaría “subiective in anima”; o sea, no “objective” por acción de la mente, sino subiective, por inesión o de modo innato. El universal ocamista es una cualidad o estado de la mente, no un objeto19. Posteriormente dice: “obiectum intellectus in illa intellectione prima non est magis abstractum quam objectum sensus. Potest tamen postea intellectus abstrahere multa...; et hoc non potest competere sensui.” (p.65). Todo esto está en conformidad con la opinión del autor respecto de lo primero conocido (“primum cognitum”) que es lo singular y ello es común al sentido y al entendimiento. La acción abstractiva del entendimiento es posterior (postea) y no compete al sentido.

Es importante destacar el sentido del universal como simple modelo (exemplar) referible a muchos; y lo que dice a continuación sobre la abstracción como “fictio quaedam”20. No se trataría ya de la “abstracción” por la que se capta lo formal y más actual de la realidad, en base a dejar fuera lo contingente, lo variable, lo accidental, etc.; sino de una “ficción” consistente en formar un modelo o signo arbitrario. O es una generalización arbitraria de lo particular, como dirán luego los racionalistas. En cualquier caso esta no es la noción del universal ni de su formación, al menos en la corriente del aristotelismo tomista.

Además, tal universal puede ser conocido intuitivamente, puesto que está presente en la mente: “concedendum esset quod illud universale potest intuitive videri, et quod eadem notitia est intuitiva et abstractiva...”. En cuyo caso, este tipo de abstracción no se distingue “ex opposito”, por diferencias opuestas, específicamente, de la intuición.

La abstracción quiditativa.

Si la abstracción, en el sentido anterior, dejaba de lado lo singular para captar lo universal, ahora se trata de otro modo en el que se deja de lado o se abstrae de lo contingente, variable y existencial para captar lo esencial o quiditativo, lo constante y lo posible. Guillermo de Okham no le pone nombre; nosotros la denominaríamos, provisionalmente, como “abstracción quiditativa”21

Si coincide o no con el tipo de abstracción que otros llaman “abstracción formal” o abstracción intensiva – por oposición a la anterior o universal, que parecer ser una abstracción extensional – sería una cuestión discutible.

Igualmente es dudoso que se trate de la abstracción que corresponde a los “abstractos” lingüísticos, tales como “blancura”, “sabiduría”, etc, que se oponen a sus concretos respectivos, tales como “blanco”, “sabio”, etc.22.

Lo único que aparece claro es que no puede identificarse con la intuición, si no que es de una especie diferente. Ahora bien, no es diferente por captar algo diferente, que no se capte en la intuición, sino que “idem totaliter et sub omni eadem ratione cognoscitur per utramque notitiam” ¿Cómo es posible que sean “differentes specie” si se refieren a lo mismo y bajo la misma razón formal?.

c) La noticia intuitiva

“... la noticia intuitiva de lo real es tal, que por ella puede saberse si la cosa existe o no existe, de forma que si existe, inmediatamente juzga el entendimiento que existe y lo conoce de modo evidente, a no ser que lo impida alguna imperfección de tal noticia. Y del mismo modo, si tal noticia fuera perfecta conservada por la potencia divina acerca de una cosa no existente, en virtud de tal noticia simple se conocería de modo evidente que la cosa no existe”

“De modo similar, la noticia intuitiva es aquella que, cuando se trata de cosas en que una es inherente a otra o dista de ella localmente o es inherente a la misma de cualquier otra manera, en virtud de esa noticia simple (incomplexa) de tales cosas se sabe inmediatamente si tal cosa es inherente a la otra o no, si está separada de ella o no y lo mismo respecto de otras verdades contingentes; a no ser que tal noticia fuera demasiado remisa o hubiera algún otro impedimento(...) En general, toda noticia simple acerca de un término o varios o acerca de una cosa o varias, por virtud de la cual pueda conocerse de modo evidente alguna verdad contingente, sobre todo respecto de algo presente, es noticia intuitiva”23.

Tenemos aquí una descripción de la noticia intuitiva, que pudiéramos llamar “definición funcional”, pues se hace por el resultado o la función que cumple, según Ockham: la de captar la existencia o no existencia de algo (“virtute cuius potest sciri utrum res sit vel non sit”) y consiguientemente, la de captar la verdad de lo contingente, de lo que puede ser o no ser. Así la intuición se vincula al conocimiento de lo fáctico, de lo que de hecho es así (“Et universaliter omnis notitia incomplexa termini vel terminorum, seu rei vel rerum, virtute cuius potest evidenter cognosci aliqua veritas contingens, maxime de praesenti, est notitia intuitiva”). En efecto, lo fáctico contingente puede conjeturarse, calcularse, etc.; mas no puede conocerse de modo evidente, con certeza, si no es por la visión inmediata o intuición.

En esta noción de intuición nos parece ver, más que un análisis del acto intuitivo, una adaptación de la noción por el autor con vistas a lo que luego dirá acerca de la diferencia entre ambas “noticias”. Por otra parte, vincula la noción o captación de la existencia o de lo fáctico exclusivamente a la intuición. Pero es indudable que ciertos hechos existenciales pueden captarse también de otro modo; p.e. por deducción o razonamiento, a partir de hechos anteriores, con los que se hallan vinculados por algún tipo de necesidad. Así p.e. se descubrió la existencia del planeta Neptuno, por las variaciones gravitatorias en la órbita de Urano, antes de una observación empírica directa (intuición). En general, por vía de causalidad, dado un hecho que es un efecto, aunque sea contingente o justamente por serlo, se ha de presuponer la causa o razón del mismo; salvo que presupongamos que algo puede hacerse a sí mismo, o que es “causa sui”... Pero es posible que Ockham no tenga muy claras ni la noción de contingencia, ni la noción de causalidad. Igualmente no es muy consistente la noción de existencia, reducida a la existencia fáctica. Sobre ello volveremos en los presupuestos.

d) Comparación de ambas “noticias” en cuanto al conocimiento

“La noticia abstractiva es aquella por virtud de la cual no puede conocerse de modo evidente si una cosa contingente existe o no existe. Pues en este sentido, la noticia abstractiva abstrae de la existencia y de la no–existencia, pues por ella ni siquiera puede saberse de forma evidente de una cosa existente que existe, ni de una no–existente que no existe; lo contrario de la noticia intuitiva.

De semejante modo, por medio de la noticia abstractiva no puede conocerse verdad alguna contingente, sobre todo de algo presente"24

“Sed distinguntur per istum modum”. La distinción se busca más bien por el lado del contenido: la abstracción deja de lado lo contingente, lo fáctico, la existencia y otras condiciones accidentales de la cosa, puesto que busca la “quididad”, lo esencial y permanente. Mas por ello no puede saberse lo que de hecho es algo realmente. En cambio, por la intuición se conoce lo existente; y consiguientemente lo no existente y otras condiciones accidentales de lo real, que no son necesarias, sino fácticas.

Es decir, si hemos entendido bien, la distinción vendría dada, al menos aparentemente, desde las exigencias del realismo del conocimiento. Más de uno se ha preguntado si Ockham no es un “realista” mal conocido... La abstracción es, de suyo, posibilista, esencialista, capta lo que puede ser o lo esencial y necesario; mas no lo real, lo que de hecho es, aunque sea contingente. En cambio la intuición es más realista, ya que por ella se percibe lo real existencial y contingente.

Esta distinción, subraya Ockham, no es, con todo, por razón de lo que se conoce, como si por la intuición se conociese algo que no es conocido por la abstracción: “sed idem totaliter et sub omni eadem ratione cognoscitur per utrumque notitiam”. Esta afirmación parece al menos confusa: ¿Cómo es que no se distinguen por razón del contenido o al menos del punto de vista o “ratio”?. Lo que Ockham quiere decir es lo siguiente: tanto en la intuición como en la abstracción se conocen las notas o condiciones accidentales y contingentes, así como la existencia del objeto; lo que pasa es que en la abstracción se conocen esas notas o condiciones como separadas entre sí, no como predicables actualmente o de facto del objeto. Y por tanto, por medio de la abstracción no se puede pasar a un juicio predicativo cierto in re contingenti. Lo que sí se puede hacer en la intuición, puesto que se conocen simultáneamente o sin separación; se “cointuyen” el sujeto y sus condiciones existenciales contingentes. Así pues, parece que son las exigencias del realismo lo que distingue una noticia de otra, la abstracción de la intuición. Siendo ambas, sin embargo, de la misma función intelectual (la aprehensión simple o incompleja) y versando sobre los mismos objetos y bajo el mismo aspecto.

Y adviértase que la falta de “realismo” de la abstracción no es por error; se trata simplemente de ignorancia o de imposibilidad de un juicio predicativo existencial: al captar separadamente el sujeto y las notas, sencillamente no podemos saber si tales notas son predicables o no de tal sujeto: si existe, si está aquí o allá, si tiene o no tal relación con otro, etc.

Es interesante ver cómo Ockham señala que la noticia intuitiva es el comienzo del conocimiento experimental (notitia experimentalis), pues por ella se puede experimentar acerca de lo contingente, y mediante ella también de la verdad necesaria; lo que no puede hacerse por medio de la noticia abstractiva. Pero luego Ockham distingue una doble intuición, la sensitiva y la intelectiva, cada una de las cuales da lugar a un doble tipo de experiencia, la sensible y la inteligible; aunque separadas e inconexas, de modo que la “noticia científica de lo inteligible comienza por la noticia intuitiva intelectiva de tal inteligible”(Ib. pp. 32–33). Otra vez advertimos la concepción dualista antropológica, como telón de fondo, con la consecuencia de duplicar la experiencia y desconectar el conocimiento intelectual de la experiencia sensible.



e) Se refuerzan las diferencias: Crítica de la teoría intuicionista de Escoto

A continuación Ockham saca algunas conclusiones acerca de la noción de intuición y de las diferencias con la abstracción. Lo que le lleva, de paso, a situarse un tanto enfrente de Escoto, reforzando la doctrina propuesta.

En efecto, Escoto había distinguido ya entre “notitia intuitiva” y “notitia abstractiva” en un texto muy significativo”25

Como se ve, Escoto distingue la intuición de la abstracción por relación al contenido existencial y fáctico: la intuición lo capta en cuanto existe y en cuanto presente; en cambio, la abstracción (que pudiera denominarse “quiditativa”) se refiere a la esencia, prescindiendo de la actual existencia. Además Escoto señala ya la diferencia entre una y otra como diferencia específica, basándose en la diversidad del objeto en cuanto presente o no presente

En lo cual parece entender que la diferencia proviene del objeto, en cuanto “terminans o movens”, que sería distinto. En el caso de la abstracción, sería una representación o semejanza (species?) de la cosa; en el caso de la intuición, es la misma cosa presente la que “mueve”, es decir, actúa la facultad por su misma presencia física o entitativa. En ello se advierte ya un cambio notable en el enfoque del conocimiento: hay conocimientos que no necesitan de representación alguna o de especies ya que es el objeto por su misma presencia entitativa lo que se recibe en la potencia. Este tipo de conocimiento, que puede denominarse conocimiento por identidad, implica pues la presencia entitativa del objeto, actuando inmediatamente, en la facultad. El modelo es teológico: es lo que sucede en la ciencia divina respecto de todo lo que conoce (su nombre es el de “simplex intuitio”) y lo mismo sucede en el conocimiento de los bienaventurados, que intuyen la esencia divina de modo directo, por su misma presencia y unión inmediata, sin mediación alguna de especies o representaciones .

A pesar de esto y a primera vista, Ockham parece criticar esta teoría escotista; mas no para rechazar sus bases, sino más bien para reforzarlas o llevarlas a sus consecuencias últimas .

En resumen: la diferencia entre intuición y abstracción no está:

1) En cuanto a la materia o extensión, en el sentido de que la abstractiva pueda referirse indistintamente a lo existente o no existente, a lo presente y a lo ausente, mientras que la intuitiva sólo a lo existente y presente. Más bien es al contrario: que la intuitiva puede referirse incluso a lo no existente y ausente, mientras que la abstractiva no mira ni a la existencia ni a la no existencia

La forma un tanto retorcida de Ockham consiste justamente en probar algo diciendo en realidad lo contrario. Porque, bien mirado, si es así como él dice, sí hay diferencia por razón del contenido connotado en una y otra “noticia”, pues es claro que la intuitiva se extiende mucho más que la abstractiva. Así solapadamente, se prima a la intuición. Luego veremos cómo la noticia intuitiva puede referirse también a lo no–existente y a lo ausente.

2) Tampoco por razón de la forma o perfección, como si la abstractiva no lograse su objeto bajo una forma completa, sino como en una semejanza disminuida; mientras que la intuición lo lograse de modo perfecto.

La razón que luego aduce Ockham es la siguiente: “Porque lo mismo íntegramente y bajo la misma razón desde el punto de vista del objeto es objeto del conocimiento intuitivo y del abstractivo... Por tanto, lo mismo y bajo la misma razón que es objeto del conocimiento intuitivo, lo es del abstractivo. Y es claro que cuanto de lo real puede ser conocido abstractivamente, eso mismo puede ser conocido intuitivamente” . Esto último insiste en la mayor universalidad de la intuición... Lo que no se comprende, supuesto el punto anterior: ¿cómo puede afirmarse que se refieren exactamente a lo mismo y bajo la misma razón?. Quizás porque se trata “sub eadem ratione a parte obiecti”: o sea, bajo la misma razón objetiva. Contraataca luego diciendo que los que opinan lo contrario (¿escotistas?) admiten sin embargo que la existencia puede ser conocida también abstractivamente. Lo que Ockham, sin embargo, no admite, como ya vimos.

3) Ni por las razones motivas formales: 0 sea, en la intuición, la cosa por su presencia entitativa (per se obiective); en la abstracción, alguna especie o semejanza en la que la cosa tiene su ser intencional(esse cognoscibile).

La distinción de Escoto está en que la noticia intuitiva tiene el fundamento o motivo en la misma cosa existente, en su presencia entitativa en la facultad: supone Escoto que la unión entre cognoscente y objeto conocido es, en la intuición, por la información entitativa del sujeto por el objeto. En cambio, en la abstractiva, el motivo (ratio movens) está en la especie (¿expresa?) intelectual, en la cual se conoce . Frente a esto, Ockham opina que no hay tal diferencia, “porque Dios puede causar ambos modos de conocimiento por medio de lo mismo” . De nuevo aparece el recurso a razones teológicas.

4) Ni por la relación real y actual, que implicaría la intuición respecto de su objeto; mientras que la abstracción no implicaría necesariamente una relación real respecto del objeto, sino potencial, como lo mensurable respecto de la medida, etc.

La razón de Ockham es que la intuición se refiere al no–ser; lo que, sin embargo, no puede constituir un punto de referencia de una relación real. Es decir, que en la intuición no siempre se implica la relación real al objeto; puede darse sin tal relación real, ya que puede referirse a lo no–existente.

5) Ni por razón de la presencia actual, que se supone requerida en la intuición y no en la abstracción. Viene a repetir lo que se dijo en el punto tercero, bajo el aspecto de la presencia actual .



f) Razón última de la diferencia entre intuición y abstracción:

Ockham, resumiendo lo anterior, concluye exponiendo la razón última de la diferencia entre intuición y abstracción:

“Digo, pues, que la noticia intuitiva y la abstractiva difieren por sí mismas y no por los contenidos (objetos), ni por cualquier otra causa, aunque la noticia intuitiva no pueda darse naturalmente (naturaliter) sin la existencia de la cosa, la cual es la verdadera causa eficiente, mediata o inmediata, de la noticia intuitiva, como se verá en otra parte. En cambio la noticia abstractiva puede darse naturalmente incluso en el caso de destrucción total de la cosa”26

Si intuición y abstracción no difieren por causas o razones extrínsecas, eficientes o motivas, ni por parte de los contenidos (causa material), serán diferentes por sí mismas, por razones de diferencia formal. El razonamiento de Ockham parece ser el siguiente: son dos modos específicamente diferentes necesariamente; pero si no se ve esa diferencia por razones extrínsecas, lo serán simplemente por sí mismas. Es como decir, si difieren, será por algo, aunque no por lo que se suele decir... Lo que no deja de ser un modo de razonamiento altamente convincente... si se acepta justamente lo que se debe probar, que aquí es la suposición de tal diferencia

Este razonamiento de Ockham aparece tanto más sorprendente, cuanto proviene de un autor que ha sido famoso por su “navaja” para cercenar distinciones superfluas27.

Ya hemos indicado que la razón de fondo es teológica: Ockham necesita demostrar la diferencia de las verdades teológicas. Y para ello necesita mantener la diferencia entre la noticia intuitiva y la abstractiva. Pero si no hay diferencias por razones extrínsecas, deberán buscarse en la intrínseca naturaleza de estos tipos de conocimiento.

Pero aquí Ockham apunta algo importante: en el orden natural (naturaliter), sin embargo, ambos tipos de conocimiento difieren de hecho por razón de la presencia y existencia actual de la cosa: pues en la intuición se requiere esa presencia actual y en la abstracción no se requiere. Esto nos deja desconcertados aun más. ¿Quiere decir Ockham que todo lo anterior se refiere a un tipo de conocimiento intuitivo y abstractivo fuera del orden natural o a una noción absoluta, que estaría por encima tanto de lo natural como de lo “sobrenatural”?. Entonces, ¿está hablando como filósofo o como teólogo?. En todo caso, la transposición al orden natural del concepto de intuición teológica es preocupante; a pesar de la salvedad introducida ahora tardía y casi subrepticiamente.

En conclusión: de esta discusión con Escoto lo único que parece concluirse claramente, aunque aparentemente no se intenta, es la supremacía de la noticia intuitiva respecto de la abstractiva; ello es la raíz de las diferencias, no otra cosa. Pero todo, basado oscuramente en razones de tipo teológico, que no es otra cosa que la omnipotencia de Dios, el cual puede mantener la noticia intuitiva, incluso destruida la existencia real del objeto. Esto se verá todavía mejor posteriormente.


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