Introduccion al tema ideologia y trabajo social



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INTRODUCCION AL TEMA IDEOLOGIA Y TRABAJO SOCIAL

TS Luis M. Früm

PROLOGO
El presente trabajo, aunque constituye una unidad, está dividido en tres partes que guardan cierto grado de especificidad y que posibilitan un tratamiento global o uno fragmentado, en la medida que las características del abordamiento lo aconsejen procedente.
Las partes (o sub-temas) serán, respectivamente: "La ideología y su función"; "La explicitación ideológica en Trabajo Social", e "Ideología y método del Trabajo Social".
Se intentará presentar y desmenuzar las variantes fundamentales que existen en relación con cada tema, dar algunas líneas de análisis conceptual y lógico para el estudio de esas variantes intentando, dentro de lo posible, de no explicitar las consideraciones personales del autor, cuya intención será (aunque sus limitaciones le jueguen una mala pasada) la de sistematizar el análisis de los temas y no desarrollarlos.
En cada tratamiento se orientará el tema a la problemática de la docencia en Trabajo Social, para el trabajo en grupos y finalmente se dará la orientación bibliográfica que el autor ha utilizado para el trabajo.
ADVERTENCIAS DEL AUTOR
Primera advertencia:
Desde hace tiempo me he alejado de los seminarios profesionales por considerar que carecían de seriedad. No quiero decir con esto que las personas que participaban no fueran serias ni mucho menos, sino que la metodología que se seguía no guardaba en si una seria capacidad de enriquecimiento y dilucidación de los problemas que se pretendía tratar.
Los fundamentos de esta opinión se basan en considerar que no es posible que un profesional invitado como disertante, tenga la posibilidad de preparar su trabajo, ya sea tesis, hipótesis u opiniones concretas dedicando muchas horas y días, analizando sus pensamientos con detenimiento, corregir sus originales, consultar abundante y variada bibliografía, determinar conceptos con diccionarios, concretando un trabajo serio, meticuloso y responsable (válido o no, no importa) para que luego, en los seminarios, se lea una vez y un grupo de personas lo alaba, lo critica, lo destruye o lo acepta, sin responder con igual criterio y sin disponer del material bibliográfico ni del .tiempo necesario para hacerlo.
Considero, por lo tanto, que un mínimo de salida decorosa y responsable implica que cada participante a un seminario reciba el material impreso, con antelación al encuentro, para efectuar un serio trabajo de gabinete, solo o en equipo, que le permita concurrir a la reunión con aportes positivos y espíritu constructivo, que se dan inclusive en el rechazo fundamentado de las proposiciones de los autores, pero que posibilitan un mutuo enriquecimiento.
Segunda advertencia:
Quien asuma con responsabilidad intelectual el difícil (pero no imposible) tratamiento de los problemas fundamentales del Trabajo Social, entre ellos el de la ideología, que trataremos más adelante, deberá reconocer o, cuanto menos, intuir que nuestra formación intelectual es tan mediocre, cuando no nula, en materia de una metodología para la reflexión critica y el análisis objetivo, que parece utópico pretender tratar los problemas, sin previamente instrumentarse para ese tratamiento.
En un reciente seminario con participación internacional, al que por lo indicado anteriormente, sólo concurrí para saludar a algunos amigos, se discutieron algunos planteos dialécticos, se acusó a un profesional expositor de "pseudo-dialéctico"; se criticó y se enalteció al método dialéctico; se criticó y alabó a los estructuralistas; etc. etc. En un receso, pido personalmente a una decena de participantes que me explicaran qué era dialéctica y qué era estructuralismo, y NINGUNO fué capaz de, no solo explicármelo, sino ni capaz de intentarlo.
Si esto constituye nuestro lastre, si parte de los problemas fundamentales de nuestra profesión surgen de nuestra incapacidad metodológica de abordarlos, aunque veremos más adelante que es probable que existan otras implicancias (ideología y metodología), ¿por qué no empezar ya a instrumentar a los futuros profesionales en las Escuelas de Trabajo Social?. ¿Por qué no asumir nuestro rol histórico y más que dar ideas supuestamente acabadas, pero incapaces de sostenerse ante un análisis serio, no enseñamos y aprendemos lógica formal, lógica dialéctica, metodología científica, etc., para construir conocimientos válidos?.
Tercera advertencia:
Hay que desmitificar al Servicio Social. La riqueza del conocimiento acumulado, la dinámica de nuestro tiempo y la capacidad cognoscible del ser humano, hacen que tal posibilidad sea históricamente concreta. Si el Servicio Social ha sido el resultado de males que aquejaban a nuestros semejantes y despertaron la inquietud por solucionarlos en quienes no los sufrían en carne propia, el Servicio Social ha sido la ideología de unos para los problemas de otros y, llámese paternalista, ajustadora, desarrolladora o reconceptualizada, es vertical y tecnocrática, al servicio de ideas subjetivas y preconcebidas, por lo tanto útiles a quienes las sustentaban, pero nada más.
Para un análisis objetivo sigue teniendo más coherencia un esquema que podría sintetizarse así: "Para una ideología caritativa, una metodología paternal y una práctica asistencial".Cualquiera de las nuevas corrientes podrá tener aisladamente un mayor desarrollo en alguno de los aspectos parciales (Teoría, Metodología, Práctica) pero aún no han logrado la coherencia interna del esquema tradicional.
Y, lamentablemente, debo gastar papel para dejar en claro que el que reconozca la coherencia del esquema no indica que esté de acuerdo con él.

LA IDEOLOGIA Y SU FUNCION:
Aceptemos en forma provisoria que ideología es:
“El conjunto de creencias e ideas que tenemos de nosotros mismos y del mundo y sobre la base de las cuales nos comportamos de determinada manera”.
Esta definición lo dice todo y no dice nada. Sin embargo es probable que tenga la virtud de no negar ninguna de las concepciones existentes, ya sean convergentes o complementarias.
No afirma ni niega que esas ideas son el reflejo de la realidad y producto de ella.
No afirma ni niega que sean el producto de las relaciones económicas de los hombres.
No afirma ni niega que incluya ideas políticas, religiosas, morales, éticas, estéticas, etc.
No afirma ni niega que constituyan una doctrina de gobierno o partido.
No afirma ni niega que sean normas encaminadas a una acción específica.
No afirma ni niega que sean falsas o verídicas.
No afirma ni niega que sean comunes a una clase social determinada.
No afirma ni niega que determinan la marcha del desarrollo social.
Por lo tanto, conceptualmente, no niega las concepciones idealistas, positivistas, deterministas, materialistas, existencialistas, etc., etc. y nos permite trabajar con mediano eclecticismo.
Tenemos, sin embargo, tres cosas en nuestra definición que corresponde analizar detalladamente, a saber:”Creencias e Ideas”; “Nosotros y el mundo” y “Comportamiento”. Veamos pues cada una de ellas.
CREENCIAS E IDEAS:
Es necesario hacer algunas distinciones entre estos dos conceptos que solemos tomar como sinónimos. La creencia es un supuesto, considerado válido sin necesidad de demostración objetiva, que orienta o fundamenta nuestro comportamiento. Puede ser falsa o cierta pero no nos proponemos la duda o la reflexión; simplemente creemos. La idea es una captación y representación de algo, es un proceso mental que constituye la base del conocimiento. Creencias e ideas tienen en común que son abstracciones, es decir, que no son en si sino en función de algo. Si tengo idea de algo, estoy representando simbólicamente una cosa

.

Una idea o creencia no puede existir antes de que exista quien la tenga, por lo tanto es posterior a la existencia objetiva del hombre que la posea.



¿Por qué es importante tener claro esto?.Lo es porque para continuar nuestro análisis es necesario acordar que:
a) Las creencias y las ideas pueden ser ciertas o falsas.

b) si son ciertas representan objetivamente lo que quieren representar.

c) Para que tengamos seguridad que son representaciones objetivas, necesitamos comprobarlas.

d) Para comprobarlas necesitamos una metodología que nos garantice objetividad, y;

e) Para que la metodología garantice objetividad necesitamos de la confrontación práctica.
Por otra parte, y dado que para que exista la idea es necesario e indispensable que primero exista yo-ser ideológico, es necesario analizar la relación ser-pensar.
La lógica nos dice que nadie puede ser hijo si no existen previamente quienes sean sus padres o, de otra manera: el hijo nunca es anterior al padre.
Por lo tanto, en cuanto padres constituyen una realidad social de existencia objetiva, tenemos que:
a) Para tener ideas es necesario que yo exista.

b) Para que yo exista son necesarias la existencia anterior de mis padres.

c) Mis padres son una realidad social objetiva anterior a mi.

d) Mis ideas son posteriores a la existencia de la realidad social objetiva.

e) Yo soy posterior a la existencia de la realidad social de la que soy producto, y;

f) Las ideas son un reflejo de la realidad.


Con estas proposiciones podemos ordenar una serie de problemas fundamentales no sólo de carácter ontológico sino teóricos y prácticos.
No podemos trabajar con un problema tan concreto como es el de "Ideología y Trabajo Social" si no tenemos un marco conceptual delimitado y claramente establecido.
Si las ideas en conjunto (ideología) son el reflejo de la existencia, ¿que existencia reflejan?.
Si reflejan algo previo, ¿pueden generar algo posterior?. Es decir ¿pueden crear algo futuro?.
¿La creación de algo futuro es mera fantasía (utopía) o puede concretarse en nueva realidad?.
Si nuestras ideas son un producto de la realidad anterior (historia) ¿podemos como seres históricos anticiparnos a ésta?.
Si nuestras ideas pueden crear algo futuro, ¿en cuanto ideas nuestras sirven a todos o a unos pocos? Dicho de otra manera, ¿sirven a nuestros intereses, a los del grupo histórico en el que forme mis ideas o sirven para otros?.

Las ideas de los otros en relación con las nuestras, ¿cómo son: mejores, peores, iguales, distintas?.


¿Cuáles son los criterios que garantizan la legitimidad y veracidad de mis ideas?.
NOSOTROS Y EL MUNDO:
En nuestra definición provisoria decíamos que tenemos ideas referidas a algo. Por lo tanto, no dudamos que no surgen de la nada sino que están en relación con la realidad. La idea de bueno, de bello, de frío, etc. surgirá en nuestra conciencia como imagen sensorial de un objeto (realismo ingenuo). El perro es bueno, Juan es bello, el clima es frío.
Pero cuando decimos: tu idea es buena, la vida es bella, la bigamia es mala, etc., el objeto aprehendible por los sentidos, ¿dónde esta?.
El perro es bueno para mi, malo para otro. La bigamia es mala para ti no para él. Entonces ¿la idea es un reflejo subjetivo de una realidad objetiva?.
Todas nuestras ideas surgen del medio (mundo) y nosotros estamos inmersos en él, por lo tanto esas ideas tienden a darme una comprensión de las cosas y de mi mismo.
Las ideas que tengo sobre mi existencia como ser y la capacidad de conocer como tal, son ideas de corte filosófico.
Las ideas que tengo de mi existencia y el trato de yo como ser con otros seres y el medio social son de corte moral.
Las ideas que tengo con respecto a mis relaciones con el mundo social organizado (sociedad-estado) y de mi medio social con otros son ideas políticas.
Y así sucesivamente puedo descubrir que tengo ideas jurídicas, estéticas, religiosas, etc., etc.
Naturalmente siempre seré yo y mis ideas, por lo que mis ideas se relacionan entre si y constituyen un sistema de concepciones, creencias e ideas que configuran mi ideología. En este sentido se nos presentan diversos interrogantes:
a) Si una idea está equivocada, en cuando integrante de un sistema, ¿hace que todo el sistema sea equivocado?.
b) ¿Puedo tener ideas de un determinado tipo, por ejemplo religiosas, que no guarden congruencia con mis ideas políticas, o morales o jurídicas, etc.?
c) ¿Puedo cambiar mis ideas equivocadas por otras que considere válidas, o la idea equivocada me impide reconocer su condición de tal?.
d) ¿Cómo llegar a garantizar que todo mi sistema ideológico es coherente y válido?.
e) ¿Puede el sistema ser coherente y no válido?. ¿Puede ser válido y no coherente?.

f) Un sistema ideológico ¿puede ser tal prescindiendo de ideas políticas?.


g) ¿La ideología me dice COMO hacer o me dice QUE hacer?.
Finalmente decimos en nuestra definición provisoria: COMPORTAMIENTO.
Es decir que suponemos que las ideas que tenemos del mundo y de nosotros fundamentan nuestra conducta humana, traducida en comportamientos concretos.
Nuestra conducta está en relación con las cosas y los hechos (realidad). Los animales también tienen comportamientos, ¿debemos inferir entonces que si la ideología genera comportamientos, los animales que se comportan, son ideológicos?.
¿Pueden tener ideas religiosas, estéticas, políticas, etc., los animales?. ¿O la ideología no orienta comportamientos?.
Aquí vemos la importancia de diferencias la captación sensual (sensaciones) de las categorías superiores del pensar y el razonar. Tenemos la posibilidad de analizar si nuestro comportamiento, basado en una ideología, es un comportamiento reflexivo o instintivo o ingenuo, etc. Es que nosotros, a diferencia de los animales, no sólo pensamos y razonamos, sino que tenemos conciencia de que pensamos y razonamos.
Captar el mundo e interpretarlo es para nosotros una necesidad vital y en tal sentido la ideología nos fundamenta comportamientos. Ahora bien, si esto es real, si nuestro comportamiento está orientado por nuestra ideología, ¿qué sucede cuando esas ideas son equivocadas?.
¿Cómo arriesgarnos a fundamentar reflexivamente nuestro comportamiento basado en una ideología sin previamente reflexionar sobre ella: asegurarnos que es válida, que corresponde a la verdad objetiva entendida como reflejo de la realidad?.
Una ideología equivocada orienta nuestra conducta (actividad) y contribuye a que logremos los objetivos previstos, pero no nos indica que lo equivocado se ha transformado en cierto:
Si la ideología es cierta, si guarda correspondencia con la verdad objetiva, también contribuye a que logremos los objetivos previstos, pero a diferencia de la equivocada, no sólo satisface mis intereses personales sino que, además, corresponden a la realidad, se objetivan y transforman en conocimiento cierto.
Si no exponemos nuestras ideas a un minucioso análisis y confrontación con la realidad, si dejamos nuestra conducta librada a las creencias donde nuestros intereses y voluntad particular nos haga sentir por válidas, ideas que no hemos confirmado en su validez, nuestra conducta será irreflexiva, ingenua, instintiva y no guardará capacidad autocorrectiva y crítica. Por ende no progresará, ni se desarrollará, ni perfeccionará junto a la realidad.
Podemos preguntarnos ahora: ¿existen métodos que nos permitan tener el máximo posible de garantías posibles de que nuestras ideas y juicios son válidos y basar nuestras conductas de manera tal que, en la confrontación de nuestro comportamiento con la realidad (actividad práctica) podamos reafirmar o rechazar nuestras ideas?.
Los que han elegido el difícil pero fructífero camino de la ciencia y su metodología dirán que ¡si!.
¡No! afirmarán los agnósticos. No, tiene importancia, mientras sea útil será válida, dirán los pragmáticos.
¿Qué pueden decir los profesionales del Trabajo Social?.
¿Cómo se vincula esta problemática expuesta hasta aquí con la formación profesional en las Escuelas de Trabajo Social?.
He aquí los problemas básicos que se deben dilucidar en este aspecto del tema general que nos proponemos.
¿Deben las Escuelas de Trabajo Social dar un sistema ideológico coherente a los estudiantes?.
Si es así ¿debe incluir ideas morales, religiosas, políticas, estéticas, etc.?.
¿Deben elaborar las Escuelas de Servicio Social, un sistema ideológico propio?.
Si es así ¿cómo se hará para garantizar su validez?.
¿Deben analizar las Escuelas de Servicio Social los sistemas ideológicos existentes?.
Si es así, ¿que metodología se utilizará?.
¿Deben ignorar la existencia de ideologías?. Si es así ¿cómo harán los docentes para abstraer su ideología del quehacer docente y cómo se separará la ideología del alumno de su tarea de aprendizaje?.
Si la ideología es el producto de una clase social, ¿a qué clase pertenecen los asistentes sociales y qué papel jugará su ideología en el trabajo profesional con personas de otras clases sociales u otras ideologías?.
Si el comportamiento en el aprendizaje (conducta en las prácticas) se basará en una ideología, ¿qué instrumentos se utilizarán para controlar la objetividad de la experiencia?.
Si la ideología de un sistema le es funcional a él ¿lo será para el Trabajo Social?.
Si la ideología es funcional a la Escuela de Trabajo Social, ¿lo será para el sistema?.

LA EXPLICITACION IDEOLOGICA EN TRABAJO SOCIAL
Si aceptamos que el Servicio Social como profesión, nació con las primeras escuelas de Servicio Social, le estimaremos unos 70 años de antigüedad.
A lo largo de esos años, ¿el Servicio Social explicitó alguna ideología?.
Entendamos que explicitar una ideología, significa expresarla con claridad y determinación. En este sentido parecería válido considerar que nunca efectuó una explicitación de ese tipo. Sin embargo, vemos que existen algunas organizaciones que nos permiten plantear el interrogante. Por ejemplo, la Unión Católica Internacional de Servicio Social (UCISS); su existencia e historia como institución prestigiosa, jerarquizada y de gravitación mundial, da un valor relativo a nuestra afirmación.
¿Por qué da un valor relativo?. Porque no dice: "Unión Internacional de Servicio Social Católico", lo que explicitaría la ideología de ese Servicio Social, sino que nos manifiesta que se trata de la Unión de los Católicos que se dedican al Servicio Social, lo que sólo implicita la posible ideología profesional y solamente explicita la Ideología de quienes integran la Unión.
Esto implica una honestidad que no podemos desconocer, estemos o no de acuerdo.
Lo que podemos analizar es si lo "honesto" es también "válido", porque si así fuera podríamos considerar una Unión de Protestantes, de Ateos, de Conservadores, de Fascistas, o de cualquier ideología religiosa, política, filosófica, etc., sin que se negara la objetividad y universalidad, entendida como verdad objetiva del Servicio Socíal.
Pero si el Servicio Social como profesión no es solamente una enunciación de principios, sino que constituye un quehacer concreto, una actividad práctica inserta en la realidad humana; es posible que el hombre no relacione y fundamente su quehacer en su ideología. Manifiesta Marra Jesús Egaña de Chaparro, docente y colega Chilena: "Nuestra Escuela se define como de inspiración cristiana y por ende, matiza la formación de los futuros profesionales con postulados cristianos en el plano de lo filosófico e ideológico" (Se­lecciones de Servicio Social N° 11).
Nos podemos preguntar si un católico o un liberal o un budista, no harán de su tarea una tarea similar, en este caso un Servicio Social Católico, o Liberal o Budista. Como diría Ortega y Gasset:"al decidir cada acto nuestro nos decidimos porque nos parece ser, el que, dadas las circunstancias, tiene mejor sentido". Nos surgen ya algunas consideraciones para analizar:
a) Si la ideología del profesional no influye (o no debe influir) en su labor, ¿cómo la aísla en su tarea?.
b) Si la ideología fundamenta su quehacer, ¿ese quehacer es la encarnación práctica de sus creencias?.
c) ¿Cómo podemos afirmar que el Servicio Social es una Tecnología, si la técnica es la encarnación práctica de la ciencia y no de la ideología?.
d) Si la ideología orienta nuestro trabajo, ¿podemos hablar de un Servicio Social reconceptualizado, sin reconceptualizar la ideología que lo sustenta?.
Sin embargo la característica históricamente más generalizada en Servicio Social ha sido la de manifestarse ajeno a los sistemas ideológicos. Frente a esta postura hay quienes manifiestan:
* -El Servicio Social, ingenuamente, ha creído prescindir de la ideología, con lo que inconcientemente ha servido a la ideología que le dio trabajo.
* -El Servicio Social ha ocultado deliberadamente la ideología que lo sustentaba.
* -El Servicio Social ha actuado efectivamente prescindiendo de la ideología.
* -El Servicio Social ha actuado con una ideología propia, cuya principal característica es una ética humanista.
* -El Servicio Social, al ir nutriéndose con el avance de las ciencias sociales, ha ido objetivando la ideología que lo generó. Etc. Etc.
Lo importante es que en la actualidad, cualquiera haya sido la situación anterior, hay diversos grupos profesionales y Escuelas que consideran indispensable que el Servicio Social tome partido, es decir que explicite su ideología. Y esta situación inquieta a unos y desespera a otros.
Hablar de ideología del cambio, compromiso con el desarrollo, participación en el cambio de estructuras, etc., etc. son ya casi lugares comunes en la reciente literatura del Trabajo Social, aunque un observador avezado no note diferencias sustanciales en las tareas concretas que los profesionales realizan en el campo. Es más, un observador demasiado crítico diría que antes por lo menos paliaban necesidades concretas y ahora sólo filosofan y planifican pero no concretan nada.
O es ideología estéril porque no se concreta en la realidad, o es ideología útil porque justifica la falta de acción concreta.
Propongámonos el examen de esta problemática partiendo de las variantes fundamentales:
1) El Servicio Social debe hacer abstracción de las ideologías.
2) El Servicio Social debe dejar implicitada su ideología.
3) El Servicio Social debe explicitar su ideología.
Veamos la primera y preguntémonos: la abstracción debe hacerse:
a) Negando la influencia ideológica.

b) Aislando la ideología.



c) Tecnificando la tarea profesional.
Si el Servicio Social como institución está integrada por hombres y, si como profesión es ejercida por hombres, ¿es posible negar que la ideología influye en nuestro comportamiento, en nuestras preferencias y rechazos, en nuestras elecciones, en nuestra vocación misma por el Servicio Social?.
Es posible negar que cada uno de nosotros ha nacido y se ha criado dentro de un sistema de ideas. Que esas ideas interpretan de una determinada manera la realidad y que son el reflejo de esa realidad tal como la consideramos. Que no se trata de una elección sistemática y pensada libremente, sino la internalización de la formación que recibimos. Negar la influencia de lo que somos en nuestra cotidiana tarea de ser, ¿no es en si una ideología?.
Aislar la ideología. Veamos las dos posibilidades, es decir que se pueda o no aislar la ideología.
Si no se puede aislar la ideología, si está tan estrechamente implícita en nuestros modos de ser y de hacer, si no podemos reconocerla ni recrearla, ni comprenderla ni valorarla, si constituye un determinismo mecanicista, ¿cómo pretender abstraernos de ella?.
¿Como podrán los profesionales de Servicio Social separarla de su tarea?.
Si se puede aislar nuestra ideología, ¿como hacerlo?.
Si podemos llegar a detenernos un momento (detenernos ¿cómo?) para conocer y desmenuzar nuestras ideas, como dice Descartes:"dividir cada una de las dificultades en tantas partes como fuera posible y necesario para mejor resolverlas".
Indudablemente no podemos negar ni afirmar la posibilidad de aislar la ideología sin intentarlo. Pero las ideas no surgen de la nada, sino de la realidad y solamente confrontándolas con la realidad puedo reconocerlas y valorarlas. Creer que es imposible aislarla es una idea; si no probamos su verdad y la damos por cierta, es una creencia y además fatalista. Creer que es posible y no probar es irracional, es negar en hecho la capacidad cognoscible del ser humano.
Pero nos queda un aspecto importante a tener en cuenta: Intentar aislar la ideología, ¿para qué?.
¿Como mero entretenimiento y seguir igual que antes?.
¿Para neutralizarla en relación con nuestra tarea? .
¿O para transformarla en un sistema coherente con la realidad objetiva?.
La tercera variante que nos planteábamos era la de abstraer la ideología tecnificando la tarea. Ponemos esta variante porque las ideas de la reconceptualización están fuertemente centradas en la metodología de trabajo, en lo operativo, en los modos de hacer del Trabajo Social.
Resulta prácticamente imposible aceptar esta posibilidad, ya que no se puede concebir modos de hacer sin razones para hacer e intenciones por qué hacer.
Parece lógico suponer que un mayor desarrollo técnico, solamente puede sustentarse en una definición más clara de ideas.
Esto es que, al contrario de suponer que la tecnificación puede permitimos abstraer la ideología, nos obliga a clarificarla.
Sin embargo nos habíamos prometido un tratamiento medianamente ecléctico, por lo que intentaremos considerarlo como posible.
La técnica, los métodos, la forma de actuar para producir algo, constituyen un instrumental, por lo tanto son los medios de que nos valemos en la actividad práctica.
Pero,¿ podemos desligar los fines de los medios?.
Si es cierto que podemos abstraer la ideología mediante la técnica, ¿no estaremos haciendo prevalecer los medios sobre los fines?. En síntesis, si es posible, ¿eso es lo que queremos?.
Si lo logramos, ¿no estaremos poniendo la metodología al servicio de una ideología, supuesta o realmente, ajena a nosotros? Lo que en definitiva termina por negar la posibilidad de abstracción para transformarla en engaño.
La segunda alternativa que nos proponíamos para el examen era que el Trabajo Social debe dejar implicitada su ideología.
De acuerdo con lo analizado parece ser que es lo que el Servicio Social ha hecho hasta la fecha, esto es, que ha tenido una ideología que gestó su nacimiento como profesión; ideología que la sustentó como institución, e ideología que orientó su tarea, pero que nunca se la expuso formalmente, salvo en los aspectos morales (ética profesional).
En tal sentido la alternativa es igual a manifestar que debemos seguir como hasta ahora en ese aspecto. Es importante detenernos un momento a recordar que hay grupos de profesionales e instituciones que consideran imprescindible que el Trabajo Social, los hombres que lo ejercen, los docentes que preparan para su ejercicio, deben comprometerse ideológicamente. Si bien no se aclara si ese compromiso debe ser explicitado o no, lo importante es que debe estar implícito en la tarea práctica que se efectúe. Esto significa: optar y actuar en concordancia con la opción.
Como menciona Mounier "Yo me elijo como producto determinado en un medio determinado, y, tomando de esta manera conciencia de mi todo, asumo la responsabilidad de ello".
Por lo tanto debemos aclarar si dejar implicitada la ideología es, o significa, no verbalizar nuestras ideas, o es concretarlas en la acción práctica. Lo primero podrá ser una táctica (útil o no) pero no es una implicitación. Lo segundo será de corto vuelo, porque difícilmente exista otra manera más concreta de explicitar una ideología que implicitarla en la acción, plasmarla en realidades concretas.
La tercera alternativa que era "explicitar" la ideología, guarda relación directa con lo expuesto, pero nos da pie para otras consideraciones.

Explicitar la ideología: ¿Para qué?. ¿Cómo? y ¿Dónde?.


Elegir una ideología existente y explicitarla: ¿Sobre qué bases?. ¿Qué ideología?. ¿Qué metodología para elegir?.
Construir un sistema ideológico propio y explicitarlo: ¿Qué posibilidades hay?. ¿Para qué sirve?. ¿Cómo construirlo?.
Es indudable que explicitar la ideología en conferencias, seminarios, escritos o charlas de café, sirve para gratificarse intelectual y emotivamente. Pero si no se confrontan con la actividad profesional, no sólo que no podremos conocer su validez, sino que no será nuestra ideología. Terminará o asépticamente arrumbada o nos frustrará en la impotencia.
Por otra parte la profesión, para ser ejercida como tal implica, en nuestra realidad, que alguien nos contrate para trabajar. Si quienes nos contratan son instituciones concretas y reales que tienen su ideología propia: ¿Cómo armonizar nuestra ideología con la de ellas?
¿Será necesario encontrar las instituciones que coincidan con nuestra ideología? .
¿Nos darán trabajo las instituciones que están en desacuerdo con nuestra ideología?.
Además ¿para qué sirve una explicitación ideológica, si no se puede llevar a la práctica?. Es indudable que el problema de la explicitación ideológica es mucho más serio y complicado de lo que parece a simple vista.
Sólo ideas válidas pueden orientar un trabajo objetivo y solamente un trabajo concreto puede transformar esas ideas en criterios de verdad y utilidad para el progreso humano. La ideología surge de la realidad y solamente transformándola (a la realidad) se enriquece. La ideología se convierte, al igual que la metodología, en un medio para mejorar la existencia humana, que es un fin.
La explicitación solamente implica compromiso en la actividad práctica, pero el Trabajo Social como institución está dentro de un sistema que tiene su ideología. Al sistema no le preocupa mayormente la verbalización (en algunos casos la promueve) pero si le preocupan las acciones concretas. No es lo mismo trabajar en Servicio Social industrial, por ejemplo, contratado por el dueño de la fábrica que por el sindicato.
Frente a este aspecto (la explicitación) del problema de ideología y Trabajo Social, ¿qué papel les cabe a las Escuelas?.
¿Deben las Escuelas de Trabajo Social explicitar la ideología que sustentan?.
¿Pueden y deben las Escuelas de Trabajo Social que son creadas y sostenidas por un gobierno o institución que tiene una ideología, hacer el análisis crítico de la misma?.
¿Que actitud tomarán las Escuelas de Trabajo Social frente a los docentes y alumnos que no estén de acuerdo con la ideología explicitada?.
¿Cuál será la actitud de las Escuelas de Trabajo Social en cuanto a plasmar en la práctica su ideología (explicitada o implicitada)?.
Si intenta reconceptualizaciones metodológicas, ¿qué papel harán jugar a la ideología?.
Suponiendo que las Escuelas explicitaran ideologías diferentes, ¿sobre qué bases se relacionarán entre si?.
Para terminar este tema vale recordar tres escritos:
De Denis Goulet en "Etica del Desarrollo":
"Cada uno debe gozar de libertad para proponer su concepto del fin y de los medios, con la única salvedad de que no debe tener la pretensión de imponerla a los demás".
Del refranero Chino:
"Si uno no entra en la guarida del tigre, ¿cómo podrá apoderarse de su cachorro".
De Mario Bunge en: "Etica y Ciencia":
"Tomarás el partido de la verdad, no cesarás de preguntar y preguntarte, de dudar, de poner a prueba; te rectificarás cuantas veces lo exija el ajuste a la verdad, y lo harás sin vergüenza, ya que lo vergonzoso es seguir creyendo que puedan existir, fuera de las ciencias formales, verdades irrefutables y definitivas, y que un individuo o una secta pueden poseer la suma del saber".

IDEOLOGIA Y METODOLOGIA DEL TRABAJO SOCIAL
El tercer tema que aquí nos planteamos, resulta igualmente difícil de abordar ya que agrega, como ingredientes, algunos problemas específicos de la docencia en Trabajo Social, tales como el perfeccionamiento metodológico, las experiencias prácticas, la teoría del Trabajo Social, la Supervisión docente de las prácticas, la reconceptualización y, en síntesis, lo que se presenta como "el problema coyuntural de la profesión".
Indudablemente no podremos tratar, ni mucho menos agotar, esos temas en este trabajo, pero es necesario que intentemos encontrar los nexos entre ideología y metodología. O, cuanto menos, una aproximación que sirva de orientación para el posterior análisis.
Cuando hablamos de metodología del Trabajo Social, nos ubicamos mentalmente en los métodos del trabajo concreto. Es interesante notar que a nadie se le ocurre que al hablar de métodos del Trabajo Social, pudiéramos estar refiriéndonos a métodos deductivo, lógico, inductivo, dialéctico, etc.
Muy por el contrario, inmediatamente nos imaginamos: Caso Social Individual, Servicio Social de Grupo y Organización y Desarrollo de la Comunidad, ya sea separados, integrados, reconcentualizados o algo así.
Es natural que así suceda ya que para nosotros la idea de metodología no hace más que reflejar una realidad y una experiencia históricamente acumulada.
Como reflejo de la realidad propia del Trabajo Social, tal cual nosotros la entendemos, la metodología es algo concreto y especifico. Es por eso que como idea sólo nos permite intentar ajustarla, mejorarla, pulirla, reestructurarla, pero ni remotamente recrearla transformarla o suplirla.
Téngase en cuenta que no se trata de pregonar aquí una postura determinada, sino solamente tratar de ver como se implican ideología y metodología del Trabajo Social.
Fijémonos en este ejemplo ficticio:
Un hombre está interesado en que la gente conozca un determinado libro que a él le parece bueno. Comienza por ir leyéndoselo persona por persona. Al tiempo descubre que cada persona tiene una familia y lee su libro familia por familia. Más tarde reflexiona y ve que avanza muy lentamente, descubriendo de inmediato que puede hacer reuniones de niños, de ancianos, de obreros, de madres, etc. y leerles el libro simultáneamente. Más tarde descubre que otros leen y pueden ayudarlo en lo que él quiere y que las personas, las familias, los grupos, viven en comunidades, donde podrá hacerlo conocer a mayor número de personas; podría llegar a lograr que todo el mundo escuchara la lectura del libro.
¿Qué pasa con la tarea de este hombre?.
Su método de lectura variará de forma. Con un solo individuo podrá leer en voz baja, deberá aumentar el volumen de voz cuando lo lea a un grupo, usará altoparlantes, radio, grabadoras, para leérselo a una comunidad, a una nación, a toda la humanidad.
Pero cuando todos hayan conocido el libro, le quedará como alternativas: volver a leerlo, buscar otro libro que considere bueno, o dar por terminada su tarea y quedarse en casa.
¿Qué es lo que sucede con este hombre?. Ira acomodando su metodología, perfeccionándola en función de su idea (la bondad del libro elegido) y el valor de su conocimiento.
Pero el libro es bueno para él, y puede no serlo para otros. Es indudable que los métodos que utilice estarán en relación directa con su idea.
Ahora bien, supongamos que, aunque ese mismo hombre tenga un libro que considere bueno, estime que lo importante es que la gente sepa leer y conocer por sí el libro en cuestión. ¿Los métodos que usará, serán los mismos?. ¡Sin duda que no!. Se dedicará a enseñar a leer individuo por individuo, familia por familia, comunidad por comunidad, a todo el mundo, en la medida que cuente con las posibilidades concretas y prácticas. ¿Que sucederá en este caso?. La gente podrá leer el libro que nuestro hombre consideraba bueno, podrá leer otro libro, podrá leer cuantos pueda y por otra parte podrá determinar cuál es bueno para él y cuál no.
Que la gente conozca o no un determinado libro no es obligatorio, puede sentirlo como obligatorio el hombre del cuento y esto lo llevará a intentar imponer la hegemonía de su idea.
Pero que la gente sepa leer es una necesidad indispensable para que pueda desarrollarse en la esfera del conocimiento. La lectura es patrimonio de los hombres, de su cultura y no de unos pocos.
En ambos casos el hombre tendría una idea que lo obliga a utilizar una metodología para plasmarla en realidad.
La primera idea era un reflejo falso de la realidad, porque el libro era sólo bueno para él. En el segundo caso la idea era un reflejo objetivo de la realidad, ya que la escritura y la lectura son medios indispensables para la producción de conocimientos y posibilitarles el uso de esos medios es generar progreso.
De este ejemplo podemos detectar la coyuntura básica entre ideología y metodología. Y comprender que es prácticamente imposible hablar de perfeccionar una metodología si no nos proponemos antes una metodología para perfeccionar y objetivar la ideología que la genere.
Podremos lograr éxitos cuantitativamente mayores pero nunca cualitativamente distintos.
Como bien dice Rene Salinas: “existe una confusión entre métodos específicos y metodología” (como el tratado y estudio de los métodos) por esa razón hablamos de los métodos de Servicio Social entendiendo lo que estamos acostumbrados a manejar y no de metodología, y no salimos del pantano si no incursionamos en los métodos más variados y amplios del conocimiento humano.
El esquema básico para una acción efectiva, para la producción de resultados concretos y positivos, es el de:

MARCO TEORICO - METO0OLOGIA - PRACTICA.


Podemos afirmar esto porque el Marco Teórico si no sirve para orientar una metodología es mera abstracción, es especulación teorética.
Una metodología sin un fundamento teórico es solamente metodologismo, operativismo que no puede enriquecer el conocimiento humano ni perfeccionarse en el proceso de desarrollo.
La práctica, sin una teoría orientadora, sin objetivos definidos, sin modos de hacer, consecuentes con el objetivo, es puro activismo, es rutina irracional que en nada nos distingue de los autómatas o de los animales inferiores.
Son tres aspectos de una sola realidad: EL QUEHACER HUMANO CONCIENTE, y se interrelacionan dialécticamente.
La práctica es necesaria para transformar la realidad; la metodología es indispensable para hacer mejor las cosas; la teoría es fundamental para orientar la tarea.

Por otra parte, la práctica podrá demostrar la validez de la teoría enriqueciéndola. Y hace que la teoría, surgiendo de la práctica, ayude a orientarla.


En un primer momento, el conocimiento es sólo superficial, son sensaciones que tenemos de las cosas, son ideas rudimentarias, pero en el transcurso de la práctica vamos descubriendo las conexiones y relaciones internas y externas de los fenómenos, pasando de la idea al concepto, al concepto científico, a las construcciones lógicas que, como dice J. Maritain: “el espíritu produce o expresa en si mismo y en el cual capta o aprehende una cosa".
Pero tanto el conocimiento sensible, como el conocimiento lógico se corresponden mutuamente y son partes de un solo proceso de conocimiento. Por esto, si consideramos que el método es el conjunto de pasos (proceso) para llegar a un fin, la metodología del Trabajo Social debe basarse y perfeccionar el conocimiento para una actividad práctica concreta. Debe entonces tener en cuenta el proceso sensible y el lógico. Por ello, hablar de lógica dialéctica y método científico dejan de ser abstracciones ideales, para convertirse en necesidades indispensables de una metodología del Trabajo Social.
¿Como juega entonces la ideología si el esquema teoría-metodología-práctica se nos presenta como completo?.
Schumpeter nos da una orientación interesante al manifestar que: “aunque el acto de percepción es precientífico, no es preanalítico".
¿Porqué decimos que es una orientación interesante?.
Lo es porque no podemos olvidar que uno vive aún antes de tener conciencia que vive. Por lo tanto la actividad practica (vivir) es la que da origen a nuestras ideas. Las distintas sensaciones que tenemos dan paso a la idea, la fundamentan, la producen y luego, esta idea nos orienta.
La ideología es la que nos puede permitir o trabar el proceso de teoría-metodología-práctica. Si la idea es el reflejo fiel de la realidad permitirá el proceso. Si la idea es falsa lo trabará.
No decimos que lo imposibilitará ya que la práctica y la experiencia acumulada que de ella devenga, terminará por demostrar su falsedad.
La idea que la tierra era plana, las teorías que la sustentaban, no eran más que una especulación; la práctica del viaje de Colón la destruyó.
Pero la idea trababa la acción práctica en cuanto hizo que durante mucho tiempo los navegantes no se animaran a emprender el viaje, lo que retrasó el avance en materia de descubrimientos geográficos.
La idea de que el Sol gira alrededor de la tierra, parece ser racional en la medida que la sensación visual que tenemos cotidianamente es ver que nace en el Este y se pone en el Oeste. Inclusive la teoría que sustentaba la idea parecía lógica, ya que se suponía que si la tierra giraba, con la circunferencia que se le conocía, tendría que despedir a los objetos por la fuerza centrifuga. Pero la práctica permitió descubrir las leyes de la gravedad y de la inercia, que modificaron la teoría y destruyeron la idea.
Es indudable que el Trabajo Social no tiene un cuerpo coherente de teoría, pese a que la práctica ha sido abundante. Frente a esta situación hay dos alternativas:
a) La ideología era falsa y trabó el proceso de conocimiento y desarrollo de la profesión.
b) La metodología no permitió sistematizar la práctica para enriquecer la teoría y demostrar la validez de las ideas.
Podemos considerar factible que la falta de coherencia entre ideología, metodología y práctica es la razón y causa de la crisis, supuesta o real, del Servicio Social?.
¿Qué encontramos en las recientes tendencias, aun no confrontadas en la práctica?.
Las tendencias que conocemos como de integración de métodos, método único, método básico, etc., son hasta el momento ideas, reflejo de la forma que ven la realidad cada uno de los que la sustentan. Pero cabe preguntarse si son ideas subjetivas u objetivas.
Las pocas experiencias aún no sistematizadas o terminadas, parecen adolecer de una falta de coherencia interna, o de una imposibilidad de llevarse a la práctica en una realidad concreta, lo que produce incertidumbre.
Por ejemplo: no tiene coherencia interna que para una ideología social cristiana, se proponga una metodología promotora y se haga una práctica asistencial.
Que para una teoría estructural funcionalista, se proponga una metodología de transformación y cambio, y se haga una práctica desarrollista.
Que para una ideología socialista se proponga una metodología concientizadora y efectuemos una práctica ajustadora.
Estos esquemas parecen risibles o ridículos, pero una incursión en la moderna bibliografía del Servicio Social, nos permitirá encontrar ejemplos similares o más grotescos.
No es que se critique ni acepte un determinado esquema, sino que tratamos de demostrar que estos esquemas supuestos, pueden tener una ideología válida, o una metodología apropiada, o una práctica sistematizada, pero se dan aislados los elementos y en su totalidad no tienen coherencia.
Intentemos, para concluir, ver la problemática de ideología y metodología en relación con las Escuelas de Trabajo Social.
Es de suponer que las escuelas como centros de estudio e investigación universitarios, tienen las mejores posibilidades de sistematizar y ahondar en el problema. Las cuestiones fundamentales son:
a) Si las escuelas son creadas y sostenidas por un Sistema que tiene una ideología determinada, ¿su orientación y concepción metodológica no estará basada en la ideología del sistema?.
b) Si se reconceptualiza la metodología y se teoriza sobre métodos, ¿cómo se podrá operar en la práctica, si los supervisores docentes no reconceptualizan primero su ideología?.
c) Si la práctica en la Escuela se basara en una ideología previamente analizada, ¿podrá esta práctica desarrollarse a posteriori en la actividad profesional del egresado, que tiene determinadas fuentes concretas de trabajo?.
d) Si para desarrollar la profesión es necesario transformar a la ideología en Cuerpo de Teoría, ¿que metodología se utilizará para lograr ese objetivo?.
e) Si las ideas válidas surgen de la práctica, en lo que hace a la actividad política, el trabajo social o la experimentación científica, ¿cuál o cuáles caminos deben elegir las escuelas de Trabajo Social?.
f) Si no hay una metodología elaborada en Trabajo Social, ¿que harán las Escuelas para solucionar el problema?.
La metodología y las técnicas se desarrollarán en la medida que se efectúe una tarea práctica que genere teoría y exija perfeccionamiento metodológico. Para ello es necesario que la práctica responda a necesidades concretas en la realidad.
Puede ser la necesidad concreta de un Sistema que quiere preservarse; puede ser la necesidad concreta de una clase social de transformar la realidad; pueden ser las necesidades elementales de los individuos (subsistencia) o puede ser nuestra propia necesidad de mantenernos.
Parece ser que "una necesidad satisfecha deja de ser una necesidad sentida" y el hombre es un animal de necesidades que puede construir su propia historia.
Si para los profesionales de Trabajko Social es una necesidad reconceptualizar, desarrollar o perfeccionar una metodología, esa idea surge de su experiencia en la realidad y sólo transformando esa realidad podrá concretar y perfeccionar los medios que satisfagan su necesidad.
Se aprende a nadar nadando, se aprende a caminar caminando.
O como dice el colega Colombiano, Juan de la Cruz Mojica: "Si la vida social es fundamentalmente práctica y no una abstracción, toda teoría de la vida social debe conducir a una práctica social para constituir lo universal, o sea a la praxis humana, la relación de los hombres con su naturaleza y de los hombres entre si”.
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DICCIONARIOS:
Diccionario de Sociologia. Fondo de Cultura Económica, 3a. Ed.
Diccionario Filosófico. Ediciones Universo.
Diccionario Enciclopédico Salvat.
Diccionario de Filosofía de F. Mora.
Trabajos del autor tenidos en cuenta:
Crisis y praxis en Servicio Social.

Reflexiones acerca de la reconceptualización en Trabajo Social.



Hacia una metodología de la integración.






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