IntroduccióN ¿QUÉ es un discípulo?



Descargar 0,76 Mb.
Página1/13
Fecha de conversión04.02.2017
Tamaño0,76 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13
Guía de bolsillo

para la vida

cristiana

INTRODUCCIÓN


¿QUÉ ES UN DISCÍPULO?
El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado. Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos (lsa. 50:4).
El término discípulo significa "aprendiz". En los días de Jesús cualquiera que quería aprender sabiduría, seguía a algún maestro, escuchaba sus enseñanzas y observaba su vida. La meta del discípulo no era únicamente aprender de su maestro sino hacerse igual a él en todos los aspec­tos. Así, un discípulo de Jesús es uno que lo sigue a él para hacerse tal cual él es.

El discipulado implica más estar con y ser como que cumplir con una serie de reglas. Pero, además, un discípulo:




  • debe estar en todo bajo la autoridad de Jesús;

  • procura activamente aprender sus enseñanzas;

  • procura activamente hacer lo que él hizo.

El aprendizaje y la obediencia son esenciales, pero deben fluir desde una creciente e íntima relación con el Maestro.

En las páginas que siguen encontrarás que estar con y ser como Jesús implica:


  • hablar con él en oración;

  • escucharlo en la Biblia;

  • llegar hasta aquellos que él quiere tocar;

  • compartir tu vida con sus otros discípulos;

  • confiar todas las áreas de tu vida a su dirección.

CÓMO UTILIZAR ESTE LIBRO. Cada una de las primeras cuatro secciones de este libro trata con una de las cuatro di­mensiones más importantes de la vida cristiana. Los prin­cipales asuntos enumerados en el índice de contenido pro­ceden de Beating the Churchgoing Blahs (Cómo derrotar a los parlanchines de iglesia) por Robert Thornton Hender­son (lnterVarsity Press). Son los mismos principios básicos de la vida cristiana que los discípulos de Cristo han procu­rado seguir a través de los siglos. "Cómo conocer al Rey" es lo que Benedicto, el viejo santo, llamaba "formación espiritual". Implica principalmente la oración y también la constante dependencia de Dios en medio de las pruebas de la vida. "Cómo conocer la fe" habla del estudio de la Biblia y de escuchar sus enseñanzas (la formación teológica de Benedicto). Los temas "Llamado para ser enviado" y "El Cuerpo de Cristo" tratan de la extensión hacia el mundo no creyente y hacia los demás hermanos cristianos. (Algunos llaman a estas dos áreas "Evangelización" y "Comunión".)

No importa cómo los llamemos, estos cuatro objeti­vos fundamentales son dependientes entre sí para conse­guir frutos reales. Sí estás comenzando tu vida cristiana, Dios no espera de ti un éxito inmediato; pero tu fe será mucho más rica y estable si comienzas a "mojarte los pies" en estos importantes aspectos de la vida cristiana.

La sección "La vida en el mundo", en este libro, podría llamarse también "El cristiano en acción". Trata de los asuntos prácticos de la vida: cómo ser un cristiano afecta tu manera de tomar decisiones, tus relaciones con los demás y la manera de usar tu dinero. Encontrarás que actuar como un cristiano dinámico en estos aspectos de­pende de la calidad de tu vida de oración, del estudio de la Biblia y de las relaciones con creyentes e incrédulos. También te darás cuenta de que lejos de cargar más tu vida, vivir la vida cristiana según la manera de Dios te liberará de mucha de la ansiedad causada por asuntos tales como el dinero, el trabajo y las relaciones. Hemos tratado de fa­cilitarte la búsqueda de lo que deseas leer; puedes buscar temas específicos en el índice temático o revisar el índice de contenido para buscar las cuestiones que te interesan. A medida que leas, hallarás muchas palabras y conceptos con los que no estás familiarizado. Búscalos en la página 227 para encontrar otros lugares donde se tratan esos temas.

Si hacerte un discípulo está comenzando a parecerte como un montón de reglas, te sugerimos que comiences con "¿Qué significa llamar a Dios 'Padre'?' (página 16 ), "Depender de Dios" (página 58), "¿Qué es el Evangelio?" (página 61) y "¿Quién soy?" (página 87 ). Cuando hayas comprendido estos temas fundamentales, podrás acercarte al resto del discipulado sabiendo que el Padre te ama y que el Espíritu Santo te capacita para llegar a ser aquello para lo cual Jesús murió por ti.

CÓMO CONOCER AL REY

Dios

1. ¿QUIÉN ES Dios Y A QUÉ SE PARECE?1 La Biblia sistemáticamente adapta el lenguaje humano para hablarnos de Dios. De esta manera provee una idea adecuada acerca de su naturaleza y carácter, aun cuando su esencia queda más allá de nuestra capacidad de comprensión.

Yavé. YHWH es el nombre personal que Dios utilizó cuando estableció su pacto con Israel (Exo. 3:14, 15). Significa "YO SOY EL QUE SOY" o "Yo seré el que seré". Esto es, él es el único que existe esencial e independientemente y quien está activamente presente con su pueblo. Dios mismo explica su nombre de la manera siguiente:

El SEÑOR, el SEÑOR, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad, que mantiene su amor hasta mil generaciones después, y que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que no deja sin castigo al culpable... (Éxo. 34:6, 7).

Como los judíos decidieron finalmente que el nombre de Dios era demasiado santo para ser pronunciado, comen­zaron a llamarlo "el Señor" y la mayoría de las traducciones utilizan dicha expresión. Los siguientes son otros nombres de Dios utilizados en el Antiguo Testamento:




  • Elohim: "Dios", el trascendente (Gén. 1:1);

  • El Shaddai: "Dios Todopoderoso" el monte (Gén. 35:11); > Adonai: "el Señor", soberano sobre todas las cosas (Gén. 15:2);

  • Yavé Sabaoth: "el Señor de los ejércitos" o "el Dios Todo­poderoso", soberano de las huestes celestiales (Sal. 24:10);

  • Qadosh Yisrael: "el Santo de Israel" (Sal. 71:22).



La Trinidad. El Nuevo Testamento establece claramente que en realidad Dios es tres personas en una (ver Juan 14-16, 1 Cor. 12:3-6; 2 Cor. 13:14). Cómo es posible esto es para nosotros un misterio, pues no sabemos de otros seres que sean al mismo tiempo una y tres personas. Pero los escritores bíblicos insisten en que el Padre es totalmente Dios, que Jesús es totalmente Dios y que el Espíritu Santo es totalmente Dios. No son las mismas personas pero son un solo Dios.
Los atributos de Dios.

Existe. Dios no puede dejar de existir. Es el único ser que tiene vida en sí mismo y del cual emana la vida (Juan 5:26).

Es personal. Dios tiene personalidad, conciencia, ca­pacidad de elección y vida. Nos relacionamos con él como con una persona, no como con una fuerza (Hecho. 17:27)

Es sencillo, perfecto e inmutable. Dios nunca experi­menta conflicto consigo mismo. Está enteramente com­prometido con lo que es y lo que hace. Su naturaleza y ma­neras nunca cambian y no pueden ser mejores. Esta inmu­tabilidad no significa "una actitud eternamente estática, sino su moral consecuente que lo hace fiel a sus principios de acción y lo conduce a tratar de manera diferente a aquellos que cambian su conducta hacia él"2 (Núm. 23:19, Stg. 1:17).

Es infinito, incorpóreo, omnipresente, omnisciente y eterno. Dios no está limitado por el tiempo o el espacio. Es Espíritu y está presente en todas partes. Siempre está en conocimiento de la totalidad del pasado, del presente y del futuro (Juan 4:24).

Es resoluto, todopoderoso y soberano. Dios tiene un plan para el universo. Él trabaja con y por medio de sus criaturas para cumplir su propósito (1) sin violentar el libre albedrío del ser humano ni la naturaleza de lo que él ha hecho y (2) a pesar de la oposición humana y satánica (Luc. 1:37).

Es trascendente e inmanente. Dios es distinto a su creación, no la necesita y está más allá de la comprensión de cualquier intelecto creado. Sin embargo, "Él permea el mundo con su poder creador y sustentador, conformán­dolo y conduciéndolo para mantenerlo en la trayectoria planeada"3 (Isa. 55:8, 9; 57:15).

Es imperturbable (no "impasible ni insensible"). Nin­gún ser creado puede infligirle dolor a Dios contra su vo­luntad. Sorprendentemente, él escoge experimentar pesar, ira o compasión por nuestra causa. Escogió el horrible su­frimiento de la crucifixión. Por otra parte, su gozo y de­leite son ilimitados y constantes (Isa. 63:9; Fil. 2:6-8).
El carácter de Dios.

Amor perfecto. Amor es dar a nuestro propio costo para beneficio del que recibe. El ejemplo supremo de amor es que Dios el Padre entregó a su Hijo para que sufriera, a fin de que los seres humanos pudieran ser li­berados de la condenación. Dios nunca es egoísta o cruel, aun cuando con frecuencia no entendemos lo que él hace.

Dios no solo nos ama, él es amor en su misma esencia. Las personas de la Trinidad están regocijándose constante­mente y expresándose mutuamente su amor (1 Jn. 4:7-9).

Sabiduría perfecta. Dios no solo posee el poder para regir el universo y el amor para desear lo mejor para sus criaturas; tiene también la sabiduría para saber cómo alcan­zar su mayor gloria y el mayor bien para los suyos. Siem­pre sabe qué está haciendo, aunque nosotros no lo sepamos (Rom. 11:33).

Santidad. El amor de Dios no es una indulgencia ciega. Él detesta la maldad moral y muestra su justa ira contra ella. Su santidad demandó que se pagara un precio por la rebelión humana. Su amor determinó que él mismo pagaría el precio exigido. Su amor desea que se tenga una relación íntima con él; su santidad exige que seamos purificados de toda corrup­ción para conseguir esta relación íntima (Apoc. 15:4).
Perfección moral. Dios es totalmente veraz, fiel, mi­sericordioso, generoso, paciente, justo y bueno. De esta manera trata con todos los hombres, aun con los rebeldes (Sal. 103:1-18; Heb. 6:18).

2. ¿QUÉ SIGNIFICA LLAMAR A Dios "PADRE'? Cuando recono­cemos a Jesús como Señor y Salvador, nacemos de nuevo. El Padre de Jesús se convierte en nuestro propio padre por adopción y por una nueva "genética espiritual". Tenemos el derecho de llamarlo "Abba" (Rom. 8:15), que significa "papá", "papito", un nombre respetuoso pero a la vez ínti­mo y afectivo. Podemos acercarnos a él con todas nuestras preocupaciones, recibir de él todo el amor y sentido de importancia que necesitamos y confesarle confiadamente nuestros pecados. Él es todo lo que un Padre debe ser (Mat. 7:9-11; Luc. 15:11-32; Heb. 12:4-11).

3. ¿QUIÉN ES JESÚS?

Es totalmente Dios. Jesús participó en la creación del universo y continúa tomando parte en mantenerlo en su rumbo. Es la exacta expresión del carácter moral y la per­sonalidad del Padre (Juan 1:1-12; Col. 1:15-20; Heb. 1:3). Cada uno de los rasgos y atributos de Dios que hemos mencionado antes son ciertos también para Jesús. Cuando vino a la tierra se despojó voluntariamente de Su infinitud, omnipresencia, etc. La humillación que experi­mentó en su sacrificio fue pavorosa.

Es totalmente hombre. Jesús adoptó todos los rasgos físicos, emocionales y mentales del hombre, pero su cuer­po, su mente, su voluntad y sus emociones no se co­rrompieron con el pecado. Habiendo renunciado a sus derechos divinos, realizó los milagros por el poder del Espíritu Santo y no por su poder como el Hijo de Dios (Mat. 12:28). Resistió a Satanás con la fuerza del Espíritu y la dedicación de su voluntad humana. Sufrió lo que su­frimos y utilizó únicamente el mismo poder que está dis­ponible para nosotros de manera que pudiera compren­dernos y ayudarnos en nuestras tentaciones. Tal como nos dicen las Escrituras, "...tenemos... (un sumo sacerdote) que ha sido tentado en todo de la misma manera que no­sotros, aunque sin pecado" (Heb. 4:15). "Por haber sufri­do él mismo la tentación, puede socorrer a los que son ten­tados" (Heb. 2:18).

Después de su resurrección, Jesús no desechó su humani­dad. Por toda la eternidad él lleva en su cuerpo glorificado las cicatrices de la crucifixión, las marcas de un amor tan increíble que hace enmudecer aun a los ángeles.
Nombres de Jesús.

Cristo, "el Ungido", el título judío para el Rey más gran­de de la nación, un descendiente de David. Christus es la traducción griega de la palabra hebrea Meshiach, "Mesías" (Luc. 9:20).

Jesús, "el Señor salva" (Mat. 1:21).

Emanuel. "Dios con nosotros" (Mat. 1:23).

Señor. Bajo el Padre, soberano sobre todas las cosas (Hech. 2:36; 1 Cor. 15:24- 28).

Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz (Isa. 9:6).

Hijo de Dios (Mar. 1:11).

Hijo del Hombre. Así se llamaba Jesús a sí mismo (Mar. 2:28). Era un hombre, el hombre glorioso anunciado en Daniel 7:13, 14.
4. ¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO Y QUÉ HACE?

El Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad y por ello es to­talmente Dios y una persona, no una fuerza.

El ruach (aliento, viento, espíritu) de Dios aparece en el Antiguo Testamento como la energía de Dios liberada. El Espíritu Santo:


  • colabora en la Creación (Gén. 1:2; 2:7);

  • revela los mensajes de Dios y, por tanto, nos enseña a vivir de manera fructífera;

  • capacita para la fe, el arrepentimiento, la obediencia, la alabanza, la oración, el liderazgo fuerte y sabio, y ha­bilita para el trabajo creativo.


El Nuevo Testamento añade que el Espíritu es una persona distinta del Padre y del Hijo. Durante la vida de Jesús en la tierra, fue el aliado, abogado, consejero, re­fuerzo y sostén de sus discípulos. Cuando Jesús regresó al Padre, envió su Espíritu para que cumpliese los mismos papeles (Juan 14:16). El Espíritu:


  • nos revela quién es Jesús y lo que él quiere que sepamos;

  • convence de culpa a creyentes y a incrédulos;

  • nos une a Jesús en el nuevo nacimiento para que seamos miembros de su cuerpo y tengamos parte en su reino;

  • asegura a los creyentes que somos hijos y herederos de Dios;

  • intercede en nuestra íntima relación con el Padre y con el Hijo, y es el fiador y el garante de nuestra vida celestial;

  • nos transforma "progresivamente por medio de la ora­ción y el conflicto con el pecado a la semejanza moral

  • y espiritual de Cristo" -Nos capacita para el amor, el gozo, la paz, etc. (GAL. 5:22, 23);

  • otorga los dones (capacidades para testificar y servir) para edificar el cuerpo de Cristo;

  • ora en y por nosotros cuando nos sentimos incapaces; > nos capacita para que sepamos qué decirles a los que nos preguntan acerca de Cristo;

  • nos capacita para la acción misionera, las decisiones pastorales y el liderazgo.4

  • (Ver Juan 14:15-27; 15:26-16:16; 20:19-23; Rom. 8:1­27; 1 Cor. 12:1-14:40.)


5. ¿QUÉ SON LOS DONES DEL ESPÍRITU? Los dones del Espí­ritu son habilidades, otorgadas por el Espíritu Santo, que nos capacitan para servir a Cristo y edificar su cuerpo. Se diferencian del "fruto del Espíritu" (GAL. 5:22, 23), que es una cualidad del carácter de siervo en el cristiano. Roma­nos 12:3-8 y 1 Corintios 12:8-10, 28 enumeran algunos de los dones que el Espíritu concede. En 1 Corintios 12­14 aprendemos lo siguiente:

El propósito de todos los dones es edificar el cuerpo de Cristo. Los dones no se conceden para conseguir fama, reconocimiento o logros personales. "No son propiedad nuestra para utilizarlos como nos plazca, sino que son habilidades espirituales que nos han sido confiadas por Dios para que las utilicemos en favor de otros para su glo­ria y según él indique"5 (1 Ped. 4:10, 11).

Los dones no son condecoraciones o recompensas.

Personas famosas o muy dotadas no son necesariamente más santas o valiosas que aquellas que tienen dones más humildes y menos evidentes. Personas que sientan que han pecado seriamente no tienen que sentirse menos me­recedoras de los dones. Todos los dones son inmerecidos, otorgados por gracia.

Todos los dones son esenciales para los propósitos de Dios. Nunca debes sentirte menos o más importante que cualquier otra persona. No pretendas conseguir una buena posición espiritual ni permitas que nadie que bus­que tal cosa te ponga a un lado.

Cada cristiano posee por lo menos un don. Decir que no tienes ningún don es lo mismo que decir que no tienes ninguna función en el cuerpo.

El Espíritu de Dios otorga los dones soberanamente.

Es él y no tú quien, decide cuál será tu función en el cuer­po y qué dones necesitas. Puedes confiar en que su decisión es perfectamente sabia y buena para el cuerpo como un todo, aun si te gustara un don más destacado para tu propia satisfacción y orgullo.

Los dones deben ser desarrollados y ejercitados. Ob­tienes un don por gracia, pero aprender a usarlo, exige mucho tiempo y esfuerzo, estudio y práctica. Dios nos hace responsables del modo como desarrollamos lo que él nos ha concedido.
El uso efectivo de cada don depende de la fe en Cristo. No es suficiente reconocer que el don nos ha sido otorgado soberanamente y trabajar duramente. Tenemos que depender constante y conscientemente del poder capacitador de Cristo. No podemos dar por sentado la asistencia de Dios ya sea no trabajando arduamente o simplemente no dependiendo de su poder.
El uso efectivo de los dones exige la participación en un cuerpo local. El objetivo de los dones es la edificación concreta, no abstracta, del cuerpo. La única manera de edificar realmente la iglesia universal, es integrándote y colaborando en un cuerpo específico de creyentes.

Los dones son inútiles y hasta dañinos si falta el amor. A menos que el amor permee todas nuestras rela­ciones, destruiremos la unidad que se supone debe con­seguirse con los dones.
6. ¿CÓMO PUEDO DESCUBRIR MI(S) DONES)?

El compromiso. ¿Estás comprometido a hacer cualquier cosa que Dios te pida, o estás solamente interesado en comprenderte a ti mismo? Dios no te revelará sus dones hasta que no te comprometas con su programa.
La experiencia. ¿Qué te ha pedido Dios que hagas y que no hagas? ¿En qué áreas ha bendecido Dios tus esfuerzos y en cuáles no lo ha hecho? ¿Cuáles son las oportunidades de servir que se te han abierto y cuáles se han cerrado? Por medio de las experiencias pasadas, Dios nos muestra en qué áreas podemos servirle mejor.

Las habilidades naturales y el temperamento. Los dones espirituales no son lo mismo que las habilidades naturales, pero a menudo se apoyan y cooperan con nues­tras inclinaciones naturales. Un maestro puede ser natu­ralmente un buen estudiante dotado sobrenaturalmente para enseñar a otros lo que ha aprendido.

Por otra parte, Dios puede llamarte y capacitarte para una función que deje sin uso algunas de tus habili­dades naturales preferidas y desafíe tu temperamento. Él podría llamar a un músico o a un científico tímido a un mi­nisterio público simultáneamente, incluso sustituyendo sus otras actividades.

La confirmación de los hermanos. Dios puede utilizar a otros hermanos cristianos para guiarnos en el descubri­miento de nuestros dones espirituales. ¿En qué áreas otros dicen haber sido bendecidos por ti? ¿Qué te dicen cristianos ya maduros cuando les pides consejo? (Ver Discernimiento en el índice).

7. ¿CÓMO PUEDO RECONOCER LOS DONES FALSOS?

Satanás o alguna persona de naturaleza pecaminosa (carnal) pueden falsificar o distorsionar los dones de Dios. Para discernir los dones falsos o manchados, pregúntate lo siguiente:

  • El Espíritu Santo representa a Cristo. Ese don, ¿es un mal representante de Cristo, lo desplaza o lo deshon­ra? (Ver 1 Jn. 4:1-6.)

  • El Espíritu Santo no contradice lo que él dijo a los apóstoles y a los profetas que escribieron la Biblia. ¿Socava ese don la autoridad o la doctrina bíblica?

  • ¿Rompe el ejercicio de ese don el Cuerpo de Cristo? ¿Causa disensión o algún otro daño?

  • ¿Es ese don utilizado de otra manera que no sea por amor?


8. ¿QUÉ SIGNIFICA SER LLENO DEL ESPÍRITU SANTO? Ser lleno del Espíritu Santo significa estar bajo su control. En su Evangelio y en el libro de Los Hechos, Lucas utiliza el tér­mino lleno (llenar, llenando, etc.) de la siguiente manera:


  • "cuando a las personas se les concede una dotación ini­cial del Espíritu para adecuarlas al servicio de Dios";

  • "cuando son inspiradas para emitir importantes declaraciones";

  • para "el proceso continuado de ser lleno del Espíritu o el correspondiente estado de estar lleno del mismo".


Así, "una persona ya llena del Espíritu, puede recibir una fresca llenura de este para realizar una tarea específica o para una plenitud continua".6

  • Pablo nos exhorta a la búsqueda constante de la ple­nitud del Espíritu para la adoración y el servicio (Ef. 5:18). Esto lo hacemos:




  • al pedir constantemente en oración que la presencia y el poder de Dios se manifieste en nuestra vida;

  • al invertir diariamente un tiempo de adoración en la presencia de Dios;

  • al resistir continuamente los deseos de nuestra natu­raleza pecaminosa para que el Espíritu tenga libertad de acción.

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal