Introducción I. La sociedad y el bien II. Vulnerabilidad y dependencia de la vulnerabilidad a la dependencia



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IV. LA SOCIEDAD


Esquema

INTRODUCCIÓN

I. LA SOCIEDAD Y EL BIEN

II.VULNERABILIDAD Y DEPENDENCIA


1.De la vulnerabilidad a la dependencia

2.Del hecho al reconocimiento

III.RELACIONES SOCIALES

IV.BIEN COMÚN Y BIEN INDIVIDUAL


1.Bien común como bien individual

2.Educar para el bien


V.LA JUSTICIA: BIEN, MÉRITO Y NECESIDAD


1.La justa generosidad

2.La justa generosidad y la economía


VI.EL FLORECIMIENTO DE LA SOCIEDAD


1.El florecimiento: el bien y la virtud

2.Florecimiento y Estado moderno: la comunidad



3.Comunidad contra liberalismo


INTRODUCCIÓN

1.Atendiendo a lo dicho hasta aquí, se puede atisbar la importancia que MacIntyre da a la sociedad en la explicación y consideración del individuo. Hemos visto que la sociedad es el ámbito donde la persona naturalmente se desarrolla: en ella, aprende lo que es una sociedad, empieza a reflexionar sobre el bien, recibe los primeros conocimientos, desarrolla la capacidad de razonar prácticamente, etc. (Justicia y racionalidad, cap7,p130). Pero ¿qué es la sociedad para MacIntyre?, y ¿cómo se da concretamente esa relación entre la sociedad y sus miembros (en su florecimiento)? En este capítulo, vamos a intentar responder a estas preguntas, cuyas respuestas son parte esencial de la crítica de MacIntyre al individualismo.



I. LA SOCIEDAD Y EL BIEN

1.El concepto de sociedad que invoca MacIntyre procede de la polis griega. “La ‘polis’ se define funcionalmente como esa forma de asociación humana cuyo ‘telos’ peculiar es la realización del bien en cuanto tal, una forma de asociación por tanto inclusiva de todas las formas de asociación cuyo telos es la realización de este o aquel bien particular” (Justicia y racionalidad, cap7,p130).


2.Ese fin condiciona la configuración de la sociedad, de sus instituciones y grupos así como la situación del individuo en ellos (Historia de la ética, cap18,p257; TV,cap14,p241-242). Que el bien informe las instituciones sociales es importante porque éstas juegan un papel importante en la configuración concreta de una sociedad, como hemos ido apuntando: las instituciones sostienen las prácticas con los bienes externos (a ellas) (TV,cap14,p241-242), definen los papeles sociales (TV,cap3,p48) y enmarcan el uso de la racionalidad práctica (Justicia y racionalidad, cap7,p130), fundamento del florecimiento individual.
3.La búsqueda de un mismo bien era presentada por Aristóteles como base de la amistad, por lo que ésta era, en último término, el fundamento de la unión social (TV,cap12,p197-198). Santo Tomás sostenía que el mejor régimen político es aquél cuyo orden mejor conduce a la educación en las virtudes en interés del bien de todos1 (Justicia y racionalidad,cap11,p201). Al invocar el bien y las virtudes (tanto a nivel individual como social), MacIntyre se declara heredero de esa tradición clásica, y, por tanto, en definida oposición al talante de la filosofía contemporánea, como él mismo indica: la idea aristotélica de la amistad como base de la unión social se opone a la visión del liberalismo individualista (TV,cap12,p197-198); la concepción tomista del gobierno choca frontalmente con ésa que sitúa los fines del Estado (o del gobierno) en asegurar un mínimo de orden, proteger la búsqueda libre de intereses personales, no interferir moralmente, etc. (Justicia y racionalidad,cap11,p201); y, finalmente, esa visión clásica propone una idea de bien informada por las virtudes mientras que la modernidad en general aboga por la neutralidad valorativa absoluta2 (TV, cap15,p242).
4.Así pues, como en el tratamiento del individuo, cabe hablar de un florecimiento de la sociedad -de sus componentes- como conjunto, como unidad, florecimiento consistente en esa realización práctica del bien en cuanto tal (Animales racionales y dependientes, cap9,p129). Iremos viendo las implicaciones de dicho fin en el tratamiento de los diferentes conceptos con los que MacIntyre aborda la explicación de la sociedad.

II.VULNERABILIDAD Y DEPENDENCIA



1.De la vulnerabilidad a la dependencia
1.A través del tratamiento del desarrollo del individuo, hemos visto cómo esa evolución es un largo proceso en que confluyen multitud de factores: unas condiciones físicas, una formación constante, el papel de la educación los deseos, la ayuda e influencia de otras personas, etc. Ese modo de ser sitúa al ser humano en un estado natural y constante de verse expuesto a errores, taras o alteraciones en su florecimiento, es decir, en su desarrollo físico e intelectual o moral. Tal estado es denominado por MacIntyre vulnerabilidad (Animales racionales y dependientes, cap1,p17).
2.En su vertiente física o biológica, ya hemos visto que todo ser humano es (ha sido o será) discapacitado. Para MacIntyre, todo ser humano lo es en mayor o menor grado (Animales racionales y dependientes, cap7,p91), por lo que el individuo debe considerarse a sí mismo desde esa discapacidad, algo especialmente necesario para el individuo contemporáneo (Animales racionales y dependientes, cap1,p17).
3.En el aspecto psicológico (intelectual o moral), ya hemos visto que, en el desarrollo de la independencia en el razonamiento práctico, la vulnerabilidad que padece el individuo se halla en la definición del bien y en el crecimiento en virtudes (distanciamiento de deseos, etc.); y, una vez alcanzada cierta madurez, en los errores teóricos y prácticos (por falta de información, por la influencia negativa de vicios, etc.) a los que el razonamiento práctico del individuo se ve expuesto constantemente (Animales racionales y dependientes, p88, 115).
4.Esta vulnerabilidad total natural deja al individuo en una situación permanente de dependencia, sea mayor, sea menor (Animales racionales y dependientes, cap1,p17). La madurez física del individuo, por una parte, sólo es posible si hay personas que, al menos durante un tiempo (que suele ser prolongado), se encargan con especial atención de cuidar del cuerpo del individuo. Y, por otra, una vez alcanzada esa madurez, el individuo, por vejez o accidente, se encuentra constantemente expuesto a lesiones o alteraciones en su integridad física. Desde el punto de vista físico, por tanto, el individuo tiene una naturaleza vulnerable que le hace dependiente de los demás (en mayor o menor grado según las épocas), naturaleza que condiciona su desarrollo personal y los deberes éticos (entre él y las personas que lo rodean) (Animales racionales y dependientes, cap1,p17; cap9,p120; cap9,p128).
5.Con respecto a la madurez psicológica, esa vulnerabilidad hace al individuo dependiente de los demás en muchos grados y aspectos. MacIntyre enfatiza que, para que el ser humano pueda superar el ejercicio de sus capacidades animales iniciales y desarrollarse como razonador práctico independiente (base del florecimiento), necesita de los demás para muchas cosas: definir el bien, estimular la capacidad de evaluar o mejorar los juicios prácticos, desarrollar la capacidad de preguntarse si las buenas razones aparentes lo son, imaginar mejor y de modo realista futuros posibles (para poder elegir racionalmente entre ellos), alejarse de sus propios deseos, distinguir racionalmente su bien concreto y actual y cómo alcanzarlo o corregirlo3 (si es necesario reorientarlo); etc.4 (Animales racionales y dependientes, cap8,110).
6.MacIntyre da tanta importancia a estos temas que llega a destacar que los demás no sólo ayudan a transformar deseos sino que la misma estructura volitiva y desiderativa individual depende o se configura desde el contexto social (Justicia y racionalidad,p88). Nuestro autor, siguiendo a Hegel5, arguye que los deseos, impulsos y preferencias individuales no son hechos psicológicos primarios, sin influencia de otras instancias; al contrario: las psicologías expresan y suponen ya moralidades distintas6. Señala el autor que las aspiraciones y deseos están gobernados por normas, las cuales regulan las relaciones entre tres términos: un deseo, una persona y un papel. Una reacción emotiva o aspiración desiderativa (un deseo) en una determinada situación se justifica cuando es mostrada por una determinada persona que representa un papel, un rol social (Justicia y racionalidad,p88). Y, como dichas normas incorporan o presuponen un conjunto y una jerarquía de bienes (moralidad), deduce MacIntyre que las pasiones y los deseos no son algo independiente de la cultura: son expresión de ella (Justicia y racionalidad, cap5, p88-89)7. Se entiende así que -como se ha dicho antes- sostenga nuestro autor que “aprendemos (...) a desear ciertas cosas”8 (Historia de la ética, cap5,p46). [No sé si vale la pena comentar que MacIntyre no niega –explícitamente- que ciertas tendencias son naturales: comida, sexualidad, etc.; sino que lo que dice es que la configuración concreta de éstas como deseos y, por otra parte, la mayoría de ‘gustos’ o atracciones –vocaciones profesionales, etc.- y la ‘comprensión’de ambas cosas dependen de la sociedad-cultura. Su nivel –creo- es secundario, ya hablando de las acciones concretas, no tanto en su base más psicilógica –aunque se relacione-. Si no, lo que dice de las normas sería incorrecto]
7.Por otra parte, una vez alcanzada la madurez psicológica y moral (la definición del bien, la educación de los deseos, etc.), el individuo sigue en dependencia porque sólo a través de la ayuda de otros (familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.), puede corregir los errores prácticos mencionados antes (Animales racionales y dependientes, cap8,115) y las tendencias desordenadas que hay detrás de ellos: solamente en el debate comunitario el razonamiento individual puede ser salvado “de los desvaríos de la pasión y el interés” (“from the vagaries of passion and interest”) (“The Idea of an Educated Public”, p24; traducc., p332) (1985 –publicado1987-). Nunca el hombre, pues, acaba de deshacerse de los vínculos afectivos, y acaso tampoco es deseable que lo haga –puntualiza el autor- (Animales racionales y dependientes, cap8,103). El debilitamiento de los lazos familiares es precisamente uno de los factores que han fortalecido el individualismo en América (“Individual and social morality in Japan and the United States: rival conceptions of the self”, Philosophy East and West, vol. 40, n. 4, Oct. 1990, pp489).
7.1.Dentro del pensamiento macintyreano, quizá la idea que recoja más sintéticamente a nuestro juicio todos estos aspectos sea que la identidad individual se construye comunitariamente (“Medicine Aimed at the Care of Persons Rather Than What…?”, in Changing Values in Medicine, Eric J. Cassell and Mark Siegler, eds. (Frederick, Maryland: University Publications of America, 1979) pp.95) (Animales racionales y dependientes, cap8,113). Si el hombre es dependiente en todos sus ámbitos y durante toda su vida, es lógico decir finalmente que su identidad es toda ella dependiente (en su formación, conocimiento, mantenimieto, etc.). MacIntyre considera que el concepto de identidad que el individuo tiene es posible porque las autoatribuciones de identidad sin criterio y sin fundamento –exteriores o ajenos- coinciden, en gran mayoría, con las atribuciones de identidad que hacen los demás fundamentadas en criterios concretos9. El motivo es que el autoconocimiento (ampliarlo y confirmar lo ya conocido) depende mucho del conocimiento que los demás tienen de nosotros. “Es posible decir que una persona sabe quién es y qué es sólo porque existen otros de los que puede decirse que realmente saben quién es y qué es esa persona” (Animales racionales y dependientes, cap8,113). Además, las relaciones sociales imponen ocasionalmente la corrección de los juicios sobre uno mismo, lo cual da un autoconocimiento genuino y profundo; de modo que, en sentido estricto, el autoconocimiento es un logro individual y social (Animales racionales y dependientes, cap8,114). En resumen, podemos decir con Carlos Thiebaut que la identidad “se construye de modo narrable, inteligible y contrastable y en un conjunto de prácticas interaccionales y comunicativas. No sería, pues, tanto un producto, cuanto un proceso” (Thiebaut, Cabe Aristóteles, Madrid, Visor, 1988, p42-3) (en “Acción, identidad y tradición: el argumento narrativo” (p115-142), en Crisis de valores: modernidad y..., C. Corral, (1997), p134).
7.2. Esta relación entre la identidad y la comunidad no es nueva en la filosofía política contemporánea de los últimos años. Cabe mencionar al respecto la idea de subjetividad de Georg Herbert Mead, quien introdujo un “giro dialógico, interactivo y pragmático” en la filosofía de la conciencia (en palabras de Habermas). Según Mead, la subjetividad no es algo interno e íntimo en el sujeto sino que el yo es un hablante que se forma como yo en un intercambio, en comunicación. El sujeto no se socializa sino que se forma en intercomunicacion. Por ello, la génesis de la subjetividad ocurre o se da no como proceso socializante sino como proceso de interacción (lo importante de la relación social es la interacción) (Habermas, “Individuación por vía de socialización. Sobre la teoría de la subjetividad de G. Herbert Mead” en Pensamiento postmetafísico (tradM.Jiménez Redondo), Madrid, Taurus, 1990,p188-239, especialm. Pp210 s.) (en Thiebaut, C., Los límites de la comunidad, Madrid, CEC, 1992,p134).
7.3.Para Habermas, ello implica que los sujetos pueden comprender el punto de vista de los otros gracias a la capacidad de colocarse en el lugar del otro. Tal capacidad hace que los individuos puedan captar las expectativas del otro y de los otros, y llegar así a la perspectiva del otro generalizado.[La responsabilidad según MacIntyre implica la primera parte de la idea, pero no la segunda: el yo generalizado] Por tal perspectiva, el sujeto capta el carácter normativo que posee el punto de vista de la universalidad. La socialización moral (que implica comprender el carácter universalista y absoluto que revisten los principios morales) se producirá por la asunción del punto de vista de toda la comunidad. La validez de una norma no se establecerá partiendo de un momento de esa interacción sino partiendo de lo que todos quisieran o desearan o pudieran desear que fuese universalizable10 (Habermas, Escritos sobre moralidad y eticidad, Barcelona, Paidós/ICE-UAB, 1991,pp49-76). [el año está bien, pero no sé si el libro] (en “Práctica de la virtud e ideal ilustrado” (p23-56), en Crisis de valores: modernidad y..., J.C. Elvira, (1997), p54-5) (o en Thiebaut, C., Los límites de la comunidad, Madrid, CEC, 1992,p134-5 [asegurarme]).
8.Por tanto, un ser humano, para llegar a ser un razonador práctico independiente (o sea, a desarrollarse como hombre), requiere un cuidado –físico y psicológico- incondicionado, de ser humano como tal, al margen del resultado final (Animales racionales y dependientes, cap9,p120). Debe ser incondicional (y generalmente lo es de hecho) porque, en buena medida, lo que se requiere o se exige de una persona está determinado por las necesidades de los demás –del sujeto que se desarrolla, en este caso- (Animales racionales y dependientes, cap9,p128). Y lo mismo puede ocurrir u ocurre -aunque acaso en menor grado- en la madurez del individuo. Por tanto, “en ningún momento del desarrollo, ni en el ejercicio del razonamiento práctico independiente, se deja de depender por completo de otras personas”11 (Animales racionales y dependientes, cap8,116).
9.A la luz de estas conclusiones, aparece evidente y se corrobora que el desarrollo de capacidades que permiten el razonamiento práctico es dependiente del mantenimiento y trato de las relaciones sociales (Justicia y racionalidad, cap7,p130; Animales, p165).: “el razonamiento práctico es, por su propia naturaleza, el razonamiento junto con otros, generalmente dentro de un conjunto determinado de relaciones sociales” (Animales racionales y dependientes, cap9,p128). De la consideración del razonamiento práctico político como parte del razonamiento práctico cotidiano, deduce MacIntyre la consideración de la actividad política como parte natural de la actividad cotidiana del ciudadano adulto. El autor señala que, claramente, esto se opone a la visión de la política en los Estados modernos, en la que hay unos pocos expertos e interesados en eso y una gran mayoría ignorante y desinteresada (que sólo interviene para votar o en situación de crisis) (Animales racionales y dependientes, cap11,p166).
10.Por ello, MacIntyre, aun reconociendo que es “comprensible y correcto” el hecho de que “la filosofía moral moderna ha puesto un gran énfasis en la autonomía del individuo, en su capacidad para formular elecciones independientes” (Animales racionales y dependientes, cap1,p23), señala con vehemencia que la vulnerabilidad, las aflicciones y la dependencia que sufre el ser humano son rasgos fundamentales para explicar correctamente lo que es su condición (Animales racionales y dependientes, cap1,p16). Y ser consciente de ello contribuye esencialmente al desarrollo del individuo: “El reconocimiento de la dependencia es la clave de la independencia” (Animales racionales y dependientes, cap8,103). El ideal ilustrado de “pensar por uno mismo” se revela por tanto inalcanzable desde los propios principios de la Ilustración (independencia, atomismo social, libre mercado, etc.): “...one cannot think for oneself if one thinks only by one self” (“The Enlightenment Project Reconsidered” (Proceedings and Addresses of the Am. Philosophical Assoc., 1994,p76).
10.1.A la vista de esto y de lo que se ha comentado del lenguaje en el anterior apartado, De la Torre muestra la conexión de MacIntyre con la tradición romántica12. Efectivamente, la crítica romántica a la Ilustración mantiene que el pensamiento del individuo depende de la participación de un lenguaje compartido13. Como para MacIntyre, los románticos consideraron que el lenguaje es necesario para pensamiento, y, dado que sin sociedad no hay lenguaje, concluyeron que sin sociedad no hay pensamiento. Al respecto, MacIntyre suele reconocer sus influencias de Hegel, Marx y Vico14 (DE LA TORRE DÍAZ, Fco. Javier, El modelo de diálogo intercultural de A. MacIntyre, Dykinson, 2001,p27).
11.Hablando sobre ese ideal ilustrado, señala Juan C. Elvira que el programa educativo y antropológico de Kant es la referencia de la Ilustracion y de la visión moderna del hombre15. La meta última de la educación y del hombre en Kant es la consecución de la autonomía para la conciencia moral del sujeto, “aquella conciencia que se autodetermina libremente a sí misma según la ley moral universal conforme a la razón”. La voluntad se determina intrínsecamente (no extrínsecamente, heterónomamente). Dice Elvira que ésta es la autonomía moral, pero que hay otro sentido de la autonomía, a saber, la autonomía como emancipación. Lo expone como el mismo ideal de autodeterminación pero más centrado en la idea de madurez, de la capacidad de autorregirse, de pensar por sí mismo16. De este modo, la autonomía moral requiere la emancipación, la cual a la vez no puede reclamarse sin la primera. Señala Elvira que Kant no aceptaría tal separación o distinción (pues identifica emancipación y autonomía moral) (“Práctica de la virtud e ideal ilustrado” (p23-56), en Crisis de valores: modernidad y..., J.C. Elvira, (1997), p40-1), pero, a nuestro juicio, lo más importante aquí es que ambas vertientes de la autonomía no se entienden ni desarrollan en independencia: en el esquema macintyreano, ambos sentidos revelan y fortalecen la idea de dependencia.

11.MacIntyre considera que tal dependencia se suele reconocer en términos generales, pero falta un reconocimiento de su grado y magnitud17 (Animales racionales y dependientes, cap1,p17); y a este reconocimineto –a constatarlo y analizarlo- dedica Dependent Rational Animals (Animales racionales y dependientes, Prefacio,p10). ¿Por qué se han tenido estos rasgos tan poco en cuenta en filosofía siendo tan importantes? –se pregunta MacIntyre-. El autor considera que hay tres causas principales del olvido de la dependencia como rasgo fundamental del hombre:

1)La creencia de que la racionalidad que distingue al ser humano es independiente de su corporalidad, de su animalidad18 (Animales racionales y dependientes, cap1,p19).

2)Excluir (como hacía Aristóteles) a algunos tipos de personas (mujeres, criados, esclavos) de la petición de consejo o de la deliberación conjunta (Animales racionales y dependientes, cap1,p21).



3)La autosuficiencia como modelo, que ha sido tomada como objetivo que alcanzar en diversos momentos de la filosofía occidental19 (Animales racionales y dependientes, cap1,p22).
2.Del hecho al reconocimiento
1.Hemos dicho que “el reconocimiento de la dependencia es la clave de la independencia” (Animales racionales y dependientes, cap8,103). Aunque MacIntyre no lo diga explícitamente, distingue el hecho objetivo de la vulnerabilidad y la dependencia de la asunción por parte del individuo de esa condición de la existencia –de su existencia-; es decir, distingue el hecho del reconocimiento del hecho. ¿Cómo lo hace? A través de las llamadas “ virtudes del reconocimiento de la dependencia” (Animales racionales y dependientes, cap1,p23), que son las virtudes a través de las que el individuo reconoce su dependencia en el desarrollo físico y moral (Animales racionales y dependientes, cap10,p142).
2.En Animales racionales y dependientes, afirma MacIntyre que las virtudes que el hombre requiere para desarrollarse desde su condición animal y llegar a ser un agente racional e independiente y las virtudes que requiere para afrontar su vulnerabilidad y discapacidad –elementos esenciales de la condición humana- pertenecen a un mismo conjunto de virtudes: las virtudes propias de los animales racionales y dependientes, cuyos rasgos de dependencia, racionalidad y animalidad deben ser entendidos en sus relaciones recíprocas (Animales racionales y dependientes, cap1,p19).
3.MacIntyre, pues, distingue dos tipos de virtudes (en el marco del florecimiento): las “virtudes de la independencia” –ya comentadas-, para alcanzar el razonamiento práctico maduro; y las “virtudes del reconocimiento de la dependencia”, para reconocer la dependencia individual en el desarrollo físico y moral (Animales racionales y dependientes, cap10,p142). Es importante destacar que las primeras sólo se desarrollan si son acompañadas por las segundas; y que, además, ambos tipos son necesarios para realizar las potencialidades específicas que caracterizan al hombre (Animales racionales y dependientes, cap1,p23).
4.La distinción entre estos dos tipos de virtudes justifica o explica que haya unas “virtudes del dar” (como la generosidad, la veracidad20) y unas “virtudes del recibir”, como la gratitud (con quien da algo), la cortesía (con quien da sin elegancia), la paciencia (con quien no da suficiente), etc.21. Dice MacIntyre que las segundas se oponen frontalmente al megalopsychos de Aristóteles22 (Animales racionales y dependientes, cap10,p149). Ambos tipos de virtudes –también las de recibir- son necesarias para mantener el tipo de comunidad o relaciones necesarias para la educación y crecimiento en virtudes (Animales racionales y dependientes, cap10,p150).




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