Inteligencia solidaria I breve Historia de la Inteligencia



Descargar 81,55 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión21.08.2017
Tamaño81,55 Kb.
  1   2   3

Inteligencia solidaria



I Breve Historia de la Inteligencia

La visión que tenemos de la realidad siempre fue para el hombre un mapa orientador sobre el territorio donde vivimos. Nos cuenta Mircea Eliade que el hombre primitivo se orientaba, ante la incertidumbre de la vida, al participar de ritos donde imitaban la naturaleza, para extraer de ella un orden que agudizara su inteligencia en la resolución de sus problemas y tranquilizarse de la ansiedad que el misterio de lo desconocido les provocaba. Realizaban una suerte de identificación con los animales (sus ruidos, sus pieles, pezuñas, comiendo sus entrañas, etc.), las plantas (ropajes, sonidos, alimentos, contemplación, etc.) y todo objeto aparentemente inanimado (astros, firmamento, piedras, montañas). En este proceso animado de imitación inspiradora, la conciencia rompía la separación hombre-naturaleza.

Partían de la conciencia que a todos los animaba un mismo orden. Esta resonancia era inspiradora de conocimiento que se formulaba en pensamientos y acciones, cuando la representación simbólica daba cuenta de lo vivido comunitariamente. Había un rito participativo de una misma vitalidad y había también una separación que permitía mentalizar la experiencia, y así aprender inteligentemente. Es decir, podían usar el conocimiento eficazmente en su vida cotidiana.

Cuando la problemática era individual, era el chamán que se “confundía” con el paciente, para luego separarse (descorporalizarse) a fin de recuperar “el alma perdida”. Retornaba con la lucidez que permitía recuperar el equilibrio.

Había un doble juego: por un lado la inteligencia desarrollada era emocional pues permitía usar la angustia del grupo o del individuo como motor vital del que todos participaban (resonancia animista) y por otro era una inteligencia empírica que aportaba conocimientos (formas simbólicas compartidas) eficaces para la vida social. Se generaba una cultura que pensaba y actuaba para resolver sus problemas concretos. Una inteligencia a partir de la participación ritual de una realidad orgánica de la que extraían conocimiento. Este aprendizaje desarrollaba una inteligencia animista.

Con el tiempo, el hombre desarrolla un pensamiento acerca de lo experimentado, llegando a darle más importancia a lo pensado que a lo vivido. Se fue constituyendo otra fuente de conocimiento, más ligada a una inteligencia formalizada lógicamente. La coherencia entre lo pensado y vivido cambió de dirección, la fuente de inspiración dejó de ser los actos rituales comunitarios, donde el hombre resonaba en un orden natural, pasando a ser lo observado y pensado su fuente de conocimiento.

El pensamiento aristotélico partía de una realidad material dada. Por otro lado, en Platón lo vivido y pensado se ponían en orden desde “ideas” dadas. Serían las fuentes formadoras de una inteligencia lógica racional. La inteligencia se desarrollaba en los diálogos intelectuales y análisis inductivos de la realidad observada cristalizadas en formulaciones filosóficas y sociales. La epistemología seguía siendo un trabajo del hombre que iba generando una inteligencia disciplinada que privilegiaba la percepción y un pensamiento ordenador lógico explicado racionalmente.

El vacío potencial anímico (lo vivido) de la Antigüedad fue completado por la materia objetiva o la idea que permitieran el desarrollo filosófico a partir de la observación o reflexión de ideas que orientarán el quehacer humano.

Luego en la Edad Media la presencia de Dios se constituyó en fuente de conocimiento. Pero de un Dios-vida que anima al hombre en su formalización teórica sobre la realidad. La inteligencia vuelve a animarse, pero esta vez el camino no es a partir de la naturaleza, la materia o las ideas, sino a partir de la revelación divina.

Al querer darle a este Dios un carácter objetivo con poder político, volvió a separarse al pensamiento humano de la vida. Al institucionalizarse se acotó la búsqueda a una revelación filtrada desde una teología formalizada. Sólo el pensamiento místico se salvó de esta desvitalización del conocimiento. Sin embargo hubo un reencuentro con lo vivido participativamente al reconocer un Dios integrador y que a todos sensibiliza en el misterio.

Resumiendo: El hombre primitivo tenía una fuente de conocimiento animista emocional de la que toda la comunidad solidariamente participaba en un acto religioso, social e intelectual. Ritual que la inteligencia de un líder revelaba. Esta unidad en la tarea de conocer se fue diluyendo para desarrollar una inteligencia más empírica y reflexiva, que priorizaba el orden en la lógica racional sin perder la influencia de fuerzas anímicas.

Esta inteligencia era aprendida por más personas, reunidas en lugares apropiados que hoy llamaríamos escuelas. Se necesitó un desarrollo más convencional a través de la razón lógica. Llegamos así al Medioevo donde el vacío de la fuerza vital vuelve a tener sentido de “fuente de inspiración”, desarrollándose una inteligencia más animista participativa de un Dios-vida. Esta inteligencia mística fue desvirtuada en un nuevo intento de objetivar a ese Dios desconocido en la formulación teológica más inspirada en la razón lógica que en la experiencia místico-vital.

El pensamiento romántico vuelve a ver a la Naturaleza como un orden dado inspirador, captado intelectualmente a partir de una experiencia individual de un yo y la naturaleza. Si bien la lógica deja un lugar importante a lo emocional no abandona el esfuerzo de colocar al hombre fuera de toda participación vivencial e irracional. La inteligencia que se desarrolla tiene un matiz poético que no logra integrar el Sujeto-Objeto de conocimiento. Otra vez el vacío potencial pierde capacidad de desarrollar una inteligencia viva y eficaz.

Llegamos a la modernidad con la venida de Galileo, Bacon y Descartes, con ellos la realidad llega a su exponente máximo de objetividad, determinismo, manipulación y cálculo. Para alcanzar esta inteligencia científico-racional fue necesario acotarla. Ya no solo se separa lo pensado de lo vivido, sino también la parte del todo, “para poder calcular” como decía Galileo.

Si la realidad se puede sectorizar para conocerla mejor, también sirve para calcularla y dominarla mejor. Esta inteligencia positivista científica toma vuelo con Descartes al poder integrarla con una lógica matemática que puede hacer de la razón una prueba de realidad.

La inteligencia racional lógico-matemática que se desarrolla es tremendamente eficaz en el dominio de la realidad. Permite al hombre emprender, con el aporte mecanicista de Newton, un gran salto en el progreso tecnológico y teoría científica de la realidad. Con la mecánica se pretende llegar a un universo inteligente lógico, inanimado, carente de propósito, con leyes eternas que determinan. Este concepto de realidad mecánica desarrolló “un método que sigue un cierto camino para alcanzar un fin propuesto o dado que hay que develar inteligentemente”.

Para hacer ciencia siempre tenemos que dividir acotando la realidad, con la finalidad de controlar variables que permiten una investigación susceptible de ser observada, medida y repetible. Esta información llamada empírico positivista es luego trasladada a un mundo representado que también tiene que ser acotado a un marco teórico susceptible de ser pensado razonablemente. Es decir, pensar con una lógica capaz de ser medida como razonable y susceptible de probar su error. Este pensamiento teórico pertenece a un suceso que a lo largo de la historia se va desarrollando. Popper decía que para ser un pensamiento científico, tiene que poder ser “falsable”, si no sería dogmático.

Es un pensamiento que necesita dividir para reinar. Fue necesario este procedimiento inteligente de análisis de la realidad para ir explicándola. Inteligencia analítica que luego tiene que volverse práctica, es decir demostrar que es útil. Útil para la resolución de problemas, útil para una acción en particular. Y si a esta inteligencia analítica y práctica, le agregamos una cuota importante de imaginación, podríamos tener una idea aproximada de lo que hoy se llama “inteligencia exitosa”0.

Estamos siempre partiendo de una realidad acotada, necesariamente dividida para que con método podamos inducirla de la parte un todo representado y pensado razonablemente.

De esta hipótesis teórica sobre la realidad estudiada puede luego deducirse específicamente una parte. Es decir, inducir de lo observado y deducir desde lo pensado; método hipotético deductivo que garantiza el objeto de conocimiento.

Esto puede perfeccionarse ampliando el campo de observación acumulando información, es decir teniendo memoria real o artificial (como la base de datos de una computadora). A más datos más combinaciones posibles que permitan inducir representaciones que desarrollen teorías, las cuales amplían el campo de conocimiento para ser puestas a prueba en su utilidad.

La concepción mecánica de la realidad ha determinado hasta hoy un pensamiento lógico formal, que requiere acumulación de datos capaces de ser analizados y combinados de manera racional. Esta combinación incluye una cuota de imaginación y de operatividad que la haga exitosa. Los hechos han demostrado lo acertado de este tipo de inteligencia, dado el desarrollo de teorías y tecnologías que constituyeran los grandes progresos de la modernidad.

Resumiendo: Vemos como la inteligencia se fue desarrollando ante la angustia del hombre frente a lo desconocido y misterioso. En la historia de la humanidad fue importante tener siempre una concepción de la realidad según la cual se desarrollaba un método para tranquilizarse y operar en el mundo. Tranquilizarse ante la angustia de lo desconocido y operar exitosamente ante los obstáculos de la naturaleza y la relación con los demás.

Sin embargo siempre intervino en este desarrollo un concepto de lo misterioso que animaba el devenir sin mostrarse objetivamente. Este aspecto de la realidad fue relegado del pensamiento científico y de la concepción moderna de la inteligencia. La capacidad de entender se redujo a una inteligencia empirista, tanto positivista como lógica matemática. Tuvo su motivo, fue el abuso que en el Medioevo se produjo al pretender que el misterio era revelado por algunos que lo oficializaban. Todo estaba dado y algunos lo controlaban dándoles poder dentro del sistema social imperante. Se desarrolló una inteligencia que trataba de compaginar una concepción realista y otra idealista del mundo. Esta inteligencia terminó siendo dogmática, cerrando el pensamiento con la creencia que se había llegado a un orden perfecto, que había que imponer.

Vino así la decadencia de esta inteligencia extremadamente racionalista a partir de un realismo e idealismo dados. Decadencia porque se puso al servicio del poder social y no al de los hombres. Es decir, el sistema social educaba, privilegiaba y premiaba determinada forma de inteligencia, concebida ésta como la facultad de entender. Es decadente porque no permitía más dudas, entonces entender la realidad estaba determinada al extremo. Esto tranquiliza y facilita la operatividad, pero a costa de la libertad que el dudar despierta, y con ella la inteligencia que desarrolla nuevas teoría y formas de operatividad en el mundo que habitamos. En la concepción moderna de la realidad también se fue cerrando como sistema al someterse al poder social imperante que controla con la fragmentación y masificación de información.

Estamos ahora en los albores de un nuevo paradigma de la realidad que consideramos como una novedosa forma de entender un mundo no dado, cuya realidad sólo es captada cuando nos sentimos parte de ella.





II. Realidad vivida e inteligencia

La identidad es un sentimiento humano, que surge del profundo desajuste entre la realidad viva y la realidad pensada. En otros términos, desajuste entre lo que entendemos con nuestra inteligencia y lo que las cosas son. Abismo que siempre existió entre lo percibido y conocido y lo real.

Por este desajuste el hombre desarrolló el sentimiento de identidad que lo compensa0. Sus intentos fueron de imitar la naturaleza, de identificarse emocionalmente con los objetos y personas, de definirse por la relación con lo otro, de representar (simbolizar) para organizar el pensamiento y la acción. Todos intentos desesperados por tranquilizar la angustia ante el mundo que nos rodea y no da seguridad, justamente por el abismo entre el hombre y la realidad. La pregunta ¿quién soy? va más allá de todos estos intentos tranquilizadores de la ciencia, la filosofía y la religión sistematizada. Buscar creer en algo más allá de lo percibido y pensado partiendo del sentimiento de identidad que inspira el conocimiento desde lo que soy; es decir “parte de un todo”, para luego responder a lo que tengo, conozco y controlo. Ambas preguntas son válidas y necesitan de una inteligencia que las responda.

Nos planteamos diferenciar tres maneras no excluyentes y diferentes de definir el concepto de identidad: En el campo de la psicología del Yo y en la teoría de las relaciones objetales, la identidad fue entendida como el sentimiento de continuidad que el yo tiene en su historia constitutiva de identificaciones. Este sentimiento de identidad luego se extendió con la teoría de relaciones objetales, a otro sentimiento de mismidad aportado por las identificaciones del Yo en el otro (sea este persona, cosa o idea). De esta manera se logra un sentimiento de identidad social, pues nos identifica a vínculos o sistemas grupales. No se salió de los intentos de tranquilizarnos ante el abismo entre el Yo y el otro, lo pensado y la realidad viva. Los cuales responden siempre con lo que tenemos o conocemos, no con lo que somos o creamos. Por esto ampliamos el concepto de identidad a un sentimiento surgido de la participación y no de la identificación de Yo y sus relaciones. La denominamos identidad grupal, participativa, que nos hace sentir nosotros. Es una identidad que no tenemos sino que somos parte de un todo. Participamos de un campo donde “todo tiene que ver con todo” y que busca autosuperarse.

Es imposible vivir sin el sentimiento de identidad, sin ubicarse frente al mundo de alguna manera. La inteligencia se fue desarrollando motorizada por las permanentes crisis de identidad que el hombre fue teniendo en el curso de la historia.

Operacionalmente la inteligencia es la facultad de entender la realidad con la finalidad de ubicarse y actuar en el mundo. Lo importante para la inteligencia del hombre fue dar por dada la realidad0. De esta forma la realidad era un fundamento que había que ir descubriendo y pensando inteligentemente. Por eso es que la verdad objetivamente pensada era lo importante.

Hoy día nos encontramos valorizando una inteligencia que en el curso de la historia y especialmente a partir del pensamiento científico, se fue forjando a partir de la percepción, su representación, sus conceptos y sus teorías. Una inteligencia determinada por un orden dado supone una lógica equivalente que dé la razón de ser de las cosas. Por eso se valoriza tanto la percepción y una representación coherente con la razón. La memoria almacena este ordenamiento según teorías y datos susceptibles de desarrollarse en un discurso aplicable en los sucesos de la realidad.

Hoy día se llama inteligencia exitosa a aquella que analiza bien los problemas, encuentra soluciones creativas y eficaces en la práctica0. Es decir una inteligencia atada a los objetos percibidos que nos determinan, tanto desde la parte (inducción) como desde concepciones generales (deducción).

Lo que tradicionalmente se mide como inteligente es el cociente intelectual (C.I.) que tiene en cuenta las distintas facultades que integran la inteligencia: memoria, razonamiento inductivo y deductivo, cálculo, vocabulario, capacidad de abstracción, análisis, síntesis, etc.. La inteligencia exitosa toma todos estos factores y los adecua a diferentes contextos o especialidades. Esta forma de entender con inteligencia no se libera del paradigma que considera la realidad objetiva y dada como única fuente de información.

La conciencia está focalizada en la percepción del objeto y en el desarrollo lógico de la realidad representada. Esta inteligencia racional tiene eficacia en un mundo entendido mecánicamente, susceptible de ser explicado con la lógica, calculado y controlado.

Hoy día es un problema limitarnos a entender la inteligencia como conocimiento organizador de información dada, tanto desde lo percibido como pensado en teorías. En primer lugar porque la información recibida viene fragmentada para usar técnicas y disciplinas cada vez más especializadas. En segundo lugar porque la información0 se ha expandido de manera descontrolada, incapaz de ser integrada. Y en tercer lugar el desafío para la inteligencia proviene de que a la fragmentación y sobreabundancia de información, se agrega la globalización ideológica del sistema imperante que no ofrece alternativas para ser entendida sin riesgos de marginación.

Esta forma de informar o aportar datos, hace la realidad cada vez más separada de lo vital, confusa por lo sobreabundante, determinista por ser impuesta ideológicamente y consumible para que el sistema sobreviva a cualquier cambio. Es una inteligencia que, cada vez más, nos separa de lo emocional individual y de lo vital que fluye entre nosotros.

La realidad viene oculta por un sistema globalizador ideológico, que invade con información a través de los medios dominantes: la imagen viene fragmentada y sobreabundante para poder dividir y controlar.

La inteligencia racional que mide el C.I. tiene la facultad ordenadora del dato empírico tanto perceptual como representacional. Busca fundamentos en la lógica, el cálculo matemático, y las verdades teóricas determinantes en la historia del conocimiento. Como vemos es una inteligencia que sobrevalora las facultades de objetivar y relacionar tanto por inducción como por deducción. No puede resolver los problemas acuciantes de pobreza, injusticia y agotamiento de los recursos ambientales, pues tienen que ser entendidos más allá del sistema que los causó.

Se ha hecho un intento en los últimos años de cuestionar esta forma de inteligencia rescatando la denominada inteligencia emocional. Creo que el intento es válido pues a las habilidades lingüísticas, matemáticas y lógicas se ha agregado la conciencia emocional como factor componente de la inteligencia. Ya el psicoanálisis lo tenía muy en cuenta, pero ahora se han hecho intentos de integrarlos socialmente de manera sistemática. Conocer las emociones, poder manejarlas y ordenarlas tras un objetivo en lo individual. Pero además reconocerlas en los demás (empatía) para poderlas manejar al servicio de la inteligencia0 más socializada. El flujo emocional, que no es tan fácil adquirirlo, tiene una lógica asociativa que permite sentir antes que pensar y por lo tanto ocupar la cavilación racional que lentifica el entendimiento. Sin embargo no deja de ser una forma más de entender y captar la realidad como objetiva y desde un Yo.

No estamos proponiendo un relativismo a ultranza cuando decimos que la verdad objetiva no existe, sino que existe pero no es toda la posibilidad de verdad. Hay otra que no podemos identificar, sino co-participar0 con el sentimiento de identidad cuya in-formación surge más allá de todo lo objetivo. Hay otra verdad que surge de la fisura de lo que las cosas son y lo que el lenguaje simbólico nos dice de ellas. Este vacío es puramente potencial y cargado de in-formación que la inteligencia concebida hasta ahora no ha podido dar cuenta. Campo de valores (no de objetos) que sólo la mística, el arte y la poesía han aceptado como fuente de inspiración humana.

Me pareció importante desarrollar desde la Teoría de la Participación y el Modelo de Crisis Vital0 una manera de ampliar la conciencia del Yo, de manera tal que se despierte el sentimiento de identidad grupal o participativo; que nos hace pensar vivencialmente como un nosotros. Sentimiento de identidad que nos moviliza a conocer y aprender de una realidad mucho más allá de lo dado que podemos identificar y mucho más acá de un deseo individual.

Sabemos por los avances de la física cuántica y la cosmología que la realidad no está dada como se nos presenta a la conciencia del yo, sino que está en permanente transformación, rompiendo el principio de espacio y tiempo absolutos propuestos por la física mecánica. Es importante dedicar una corta reflexión a este hecho. Por un lado nos quita la seguridad de poder objetivar, calcular y manipular la realidad. Además nos saca del lugar de observadores pues si las partículas subatómicas se mueven a velocidades próximas a la de la luz, entonces “todo tiene que ver con todo”. Todos estamos sumergidos en esa realidad indeterminada0 que constantemente nos in-forma más allá de la sensopercepción. ¿Cómo captamos esta realidad sin objetos y llena de partículas con in-formación?

Agregaría otra reflexión. Esta realidad tiene aproximadamente millones de años luz y sigue expandiéndose generando universo. Pertenecemos a este universo invisible, que nos da identidad autogeneradora y además constantemente informa para orientar una inteligencia solidariamente. Interesa a sus partes o sectores, individuos, grupos, naciones o cualquier forma de estructurarnos como sistema. Pero además interesa a esta inteligencia, entender solidariamente la realidad como un todo que nos da identidad, desde lo originario0. Esta realidad es captada por un sujeto abierto que participa “deviniendo en el otro sin dejar de ser uno” y sin dejar que el otro deje de ser otro.

Estamos rescatando otra inteligencia capaz de captar su in-formación por participación vivencial y que luego pueda ser simbolizada a través de la imaginación creativa. Símbolo vivo –no lingüístico, que es sólo capaz de representar- que capta la inmediatez de la experiencia por una intuición que da forma a la totalidad en esa parte imaginada.

Esta imagen creativa o poética es lo nuevo que entenderemos. Nuestras inteligencias conocidas: las emocionales y las racionales que miden el C.I. son incapaces de brindarlo pues parten de la información de una realidad dada. La imagen creativa es la resultante de la in-formación vivida desde un campo de valores que nos hace solidarios por coparticipación.

Cuando ampliamos nuestra conciencia a un campo de valores, imposibles de hacerlos propios, sólo son captados por participación. Allí la inteligencia se hace solidaria, siente una identidad que la nutre de una emoción totalizadora. El bien buscado no es alcanzar el objeto “verdadero” que determina. Sino el bien buscado es alcanzar la autosuperación en simultaneidad con todo el ecosistema.

Si nuestra conciencia está ampliada, la realidad es otra que la establecida hasta ahora. Está integrada y en permanente expansión. Este nuevo paradigma de la realidad que la física cuántica nos aporta, lo hemos aplicado al campo de la psicología clínica y teórica a través de la teoría de la participación de valores, los cuales no son identificables como objetos sino como campos que no pertenecen a nadie y por eso son de todos. Esta participación genera una fuerza desde la intimidad que a todos convoca, como a veces nos sucede ante la injusticia, el dolor, la patria, la verdad, etc.. Las hacemos propias cuando las vivimos desde el sentimiento de identidad.

III. El campo0 solidario en la docencia
Una maestra de primer grado me relata este hecho: Mientras relataba el hecho histórico del viaje libertario de San Martín en Chile, cuento como anécdota secundaria que las damas de la Provincia de Cuyo donaban sus joyas para ayudar a comprar armas. Un alumno grita desde su banco: “mi mamá jamás donaría nada para poder comprar armas para la guerra”. Me fue tan impactante el comentario que quedé muda y el curso de la lección quedó interrumpido. Los chicos aprovecharon mi desconcierto y empezaron a armar un gran lío. Verdaderamente no sabía cómo salir de la confusión hasta que veo dos chicos peleándose porque uno le había quitado su caja de colores. Inmediatamente recupero la calma, pues algo había intuido. Hago pasar al frente a los dos chicos que se estaban peleando y propongo continuar la clase con dos ayudantes –ahora el asombro era de ellos. Pido que cuenten por qué se habían peleado, ellos lo explican y empiezo a incluir a todos haciendo esta pregunta: Si nos peleamos cuando nos sacan un útil del colegio ¿es importante pelear cuando nos ocupan un territorio de nuestra patria o de la patria de un país hermano? La clase con las respuestas afirmativas pudo continuar sabiendo que no estábamos deseando la guerra. “Tiene razón tu mamá Lucio, no era para la guerra sino para liberarnos de alguien que nos quitaba la patria que hoy somos”.

Arranco con esta anécdota que las buenas maestras habrán vivido repetidas veces. Pero quizá no la importancia que tiene como modelo de una nueva inteligencia. Si consideramos que educar está relacionado con desarrollar aptitudes y una de ellas es la capacidad de entender la realidad, estamos afirmando que la inteligencia se puede educar.

Venimos sosteniendo que hay una realidad dada y hay una realidad vivencial indeterminada, es decir no dada. A la realidad dada venimos estudiándola con una inteligencia ordenadora, ya sea según un orden lógico-racional y otro orden más natural que la percepción hace tomar conciencia.

El desafío es qué tipo de inteligencia necesitamos desarrollar si la realidad cambia, si está en permanente transformación, y además no se puede determinar con precisión0. Esta emoción solidaria es posible cuando ampliamos la conciencia del Yo. Sentir que no somos Yo sino nosotros. Este sentir es sentir identidad grupal por participar solidariamente de este nivel de la realidad.

La conciencia focalizada por el Yo percibe el objeto y el orden lógico de la razón; es muy eficaz para calcular, controlar y representar con teorías, pero pierde la intuición creativa que capta totalidades para luego focalizar los problemas. Hay una eficacia sostenida desde la vivencia solidaria.

Nuestra maestra de primer grado amplió su conciencia porque toleró la confusión y no intentó poner orden desde lo dado. Dudó de su objeto de verdad y vivió con sus alumnos el caos previo a un nuevo orden. Fue desde la vivencia participativa del caos de la clase que pudo intuir un nuevo orden que le permitiera focalizar el problema. ¿Qué tipo de inteligencia utilizó para comprender la realidad vivida con sus alumnos? Respondo que no fue con la inteligencia racional, pues ésta tiene en cuenta el orden empírico perceptual y el racional que le ordenan lógicamente el fenómeno. Por ejemplo aclarar racionalmente que San Martín no deseaba la guerra sino la libertad y para alcanzar ese objetivo necesitaba dinero, tendría que buscar en la memoria, la lógica, y las verdades dominantes; una respuesta, seguramente con éxito dudoso.

Tampoco creo que la tan mentada inteligencia emocional0 diera esa respuesta que dio. La inteligencia emocional tiene en cuenta la facultad de relaciones hechas con emociones. Lo importante es que estas emociones provienen de el sujeto pensante como de la emoción que circunda al objeto que deforma el dato. Ambas emociones perturbadoras pueden despejar la inteligencia racional, apta para entender la realidad dada. La maestra podría usar su inteligencia emocional apelando a que el comentario de Lucio viene deformado emocionalmente por el rechazo que todos tenemos a la guerra, pero en el caso de San Martín se trata de otra cosa. O que su confusión viene porque piensa igual que la mamá de Lucio, sin embargo está fuera del discurso programado.

A mi entender la maestra utilizó una inteligencia solidaria porque se unió a un valor que a todos los unía: la paz. Sensibilizada al valor paz pudo, en medio del caos, intuir, como diría Pascal “La causa y lo causado son una unidad”0, la unidad profunda de todo. Entonces el odio a la guerra fue incorporado como guerra justa. Pero lo importante fue ¿cómo lo hizo?. Entiendo que tuvo lo que denomino una crisis vital al dudar de todo lo que sabía, vivenció con sus alumnos, el todo donde el amor y el odio no son opuestos. Participar en este caso de un valor que la unió a sus alumnos: la paz. Fue desde ese espíritu solidario que entendió la inmediatez del fenómeno e intuyó en una pelea entre dos chicos la metáfora que le permitió entender lo que pasaba y seguir enseñando y aprendiendo simultáneamente.

Es importante reconocer la conciencia ampliada de la maestra, que le permitió “entender lo que pasaba”. Descubrió que detrás de todo objeto o teoría hay un valor que nadie puede apropiarse, y justamente al participar solidariamente de él nos pone en contacto vivo con su energía transformadora que evoca imágenes creativas dentro del campo y en forma inmediata0.

Creo que vale la pena subrayar que el sentimiento de solidaridad no es igual al que manejamos habitualmente como solidaridad social. Este último siempre se lo ha entendido desde las estructuras sociales con sus dinamismos ideológicos o ideales a alcanzar. Siempre es un proceso de identificación de un yo respecto a un ideal solidario compartido frente a diferentes hechos: la pobreza, la injusticia, la violencia criminal, la guerra, etc.. La identidad que se siente la hemos denominado psicosocial haciendo referencia a la interacción de ideales personales y grupales.

Es importante señalar que el Yo se hace solidario a través de un ideal compartido, por lo tanto la inteligencia que utilizamos se nutre de una realidad dada que el yo percibe, piensa y se emociona. Creo que su eficacia depende mucho de la inteligencia emocional. Sería poco eficaz si prima el ego, el miedo, la ambición de poder. Sería más eficaz si prima el bien común.

La inteligencia solidaria parte de otro sentimiento de identidad que nos hace partícipes de un nosotros con todo. Como no parte de ningún dato, sino de una vivencia grupal o cósmica en permanente transformación, precisa de la intuición inmediata de un símbolo vivo, que da cuenta de lo vivido. Sabemos que esta inteligencia se enriquece desde la intuición, de las otras inteligencias más formalizadas.







Compartir con tus amigos:
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal