Instituto de españa real academia nacional de medicina medice, cura te ipsum



Descargar 392,56 Kb.
Página8/16
Fecha de conversión09.09.2017
Tamaño392,56 Kb.
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   16

El templo de Delfos y su epitafio


«Conócete a ti mismo» es el epitafio que figuraba en el templo de Delfos, el más importante de los templos griegos, considerado por muchos como el centro del mundo. Se hallaba situado en la ladera del monte Parnaso, sobre el Golfo de Corinto. El punto central estaba marcado en el templo por una piedra, llamada omphalós (ombligo). Este templo era sede del oráculo, que originariamente pertenecía a la diosa de la tierra, guardada por la serpiente Pitón, pero del que después se apropiaría Apolo, tras dar muerte a Pitón. Alceo dice que Zeus envió a Apolo a Delfos «para que desde allí profetizase a los griegos la justicia y la equidad».74
Apolo era el dios de la sabiduría. No de la sabiduría superficial sino de la profunda. Ésta se alcanza mediante el arte adivinatoria, que es un don de Apolo. Es la mántica apolínea75 manifestada a través de los adivinos, que reciben de Apolo palabras que no comprenden y que pronuncian «con la boca demente»,76 pero que se consideran sabias. La manifestación más pura y elevada de todo este ideal apolíneo se hallaba en el templo de Delfos, cuyo oráculo pitico tenía fama de oscuro, como nos recuerda Heráclito.77
El templo de Delfos parece haber existido desde los tiempos micénicos, en torno al siglo xiv a.C. Homero lo cita ya, así como su oráculo. Pero su fama comenzó más tarde, en el siglo sexto a.C., cuando Delfos se unió a la Liga Anfictiónica, convirtiéndose en uno de sus centros fundamentales. Los Juegos Píticos Panhelénicos, reorganizados en 582, se celebraban allí cuatrienalmente. En este período el oráculo estuvo en la cima de su prestigio y era consultado no sólo en cuestiones particulares o privadas sino también para asuntos de gobierno.
«Oráculo» es un término polisémico. Procedente del latín oraculum, que a su vez deriva de orare, rezar o hablar, oráculo significa la comunicación divina en respuesta a las peticiones de los suplicantes, y también el lugar donde ocurre la profecía. El templo de Delfos era el lugar donde estaba la persona a través de la cual se producían los oráculos, primero de la diosa Gea y luego de Apolo. Esta persona era la llamada Pitia o pitonisa, una mujer de más de cincuenta años, que vivía separada de su marido y vestida con ropas de doncella. Las consultas estaban normalmente restringidas al séptimo día del mes de Delfos, el día del nacimiento de Apolo, y estuvieron primeramente prohibidas durante los tres meses de invierno, en los que se creía que Apolo estaba visitando a los Hiperbóreos en el norte, aunque después Dionysos ocupó el lugar de Apolo durante ese tiempo. Según el rito usual, la Pitia y quien la consultaba, primero se bañaban en la fuente Castalia, después ella bebía de la fuente sagrada Cassotis y tras esto entraba en el templo. Allí descendía a la caverna, montaba el trípode sagrado y mascaba hojas de laurel, el árbol sagrado de Apolo.78 Durante el estado de trance, la Pitia pronunciaba ciertas frases, unas veces inteligibles y otras no, que eran interpretadas por los sacerdotes en expresiones por lo general de doble sentido.
Éste es el contexto en que aparece la famosa expresión «conócete a ti mismo». Por más que no tenga un origen socrático, todos la asociamos con Sócrates. Ello se debe no sólo a que entonces fue cuando el templo de Delfos conoció su época de mayor esplendor, sino también a que es en los textos del círculo socrático donde se analizó con más detalle su sentido.
Platón cita esa frase en sus obras con una cierta frecuencia.79 También se encuentra en Aristóteles.80 Otro de los albaceas literarios de Sócrates, Jenofonte, describe en sus Memorabilia o Memorias sobre Sócrates, esta conversación entre Sócrates y Eutidemo:

-Dime, Eutidemo, ¿has estado alguna vez en Delfos? -Sí, y hasta dos veces.

-¿Has leído la inscripción que se ve en cualquier lugar del templo: conócete a ti mismo?

-Sí.


-¿Has despreciado esta opinión o la has prestado atención y has tratado de examinar quién eres?

- No, en verdad. Es éste un conocimiento que creía yo poseer bien; pues difícilmente hubiera adquirido otros si no me hubiese conocido a mí mismo.

-¿Piensas que para conocerse basta saber cómo se llama uno, o bien, a ejemplo del que queriendo comprar un caballo, no se vanagloria de conocerle bien sin haber examinado si es dócil o reacio, débil o vigoroso, vivo o lento, en una palabra, si reúna todas las cualidades que constituirían un buen o un mal caballo, no se debe examinar y juzgar para lo que se es propio y cuáles son sus fuerzas?

- Me parece, en efecto, que no conocer sus facultades es no conocerse a sí mismo.81



Conócete a ti mismo como máxima moral


«Conócete a ti mismo» fue una máxima muy extendida en la cultura griega. La tenemos atestiguada no sólo por los escritos del círculo socrático, sino también por otras fuentes, por ejemplo el poeta y dramaturgo Esquilo. En Prometeo encadenado, Esquilo dice por boca de Océano: «Lo veo, Prometeo, y quiero aconsejarte lo mejor, aunque eres sagaz. Conócete a ti mismo y adopta nuevas actitudes».82 El sentido que la sentencia adquiere en este contexto es el de máxima o consejo moral. Conócete a ti mismo viene a identificarse con sé prudente y razonable. El mismo sentido parece tener la siguiente sentencia de Menandro: «El 'conócete a ti mismo' es útil para todos».83 0 esta otra: «Mantente libre y dueño de ti mismo».84 Por otra parte, hay textos en que se critica que las personas se dediquen, en vez de a la labor moralmente positiva de conocerse a sí mismos, a la negativa de alabarse a sí mismos. Así, en la colección de proverbios conocida como Epítome de Zenobio, se encuentra este proverbio: «te alabas a ti misma». El proverbio entero decía: «Mujer, te alabas a ti misma como Astidamante», en referencia al actor teatral al que debido a sus éxitos se le consideró merecedor de una estatua. «Entonces Astidamante escribió personalmente un epigrama que contenía su propia alabanza y lo llevó al Consejo. Pero ellos votaron que ya no fuera inscrito, por considerarlo intolerable».85 El «alábate. a ti mismo» tiene aquí un sentido moral negativo, claramente opuesto al de «conócete a ti mismo».
Este sentido moral es, sin duda, el más inmediato, el que antes se le ocurre a quien lee la sentencia. De hecho, parece que estuvo muy extendido en Grecia, y desde luego ha sido el predominante a partir de entonces en la cultura occidental.
Como muestra de la inveterada vigencia de esta máxima como consejo moral, valgan dos ejemplos, uno del siglo XII y otro de comienzos del siglo XVII. Ellos demuestran bien que la sentencia conócete a ti mismo no ha perdido vigencia a todo lo largo de la cultura occidental, y que se ha entendido generalmente como aviso moral. Así como el «médico, cúrate a ti mismo» avisa sobre la necesidad de cuidar la salud del cuerpo, el «conócete a ti mismo» es un aviso similar a propósito de la salud del espíritu.
En los años finales de su vida, Pedro Abelardo, el gran dialéctico de la Universidad de París, escribió un libro titulado Ética seu liber Scito te ipsum, «Ética o libro llamado Conócete a ti mismo». En él no encontrará el lector nada parecido a lo que Sócrates dedujo de esa máxima. La tesis de Abelardo es que toda la vida moral gira en torno a la intención. Ella es la que diferencia el vicio o la mala acción y la culpa moral, el pecado. El vicio es un hábito negativo y la mala acción un acto negativo. Pero ni ese hábito ni ese acto pueden considerarse sin más «morales». Para que algo sea moral es preciso que haya consentimiento, intención. Abelardo está muy preocupado en toda esta obra por la moral sexual, sobre la que tiene una concepción muy tolerante y abierta. La delectación sexual no tiene para él significado moral negativo, ya que es una tendencia de la naturaleza humana. Lo estrictamente moral es la intención, el consentimiento. De ahí que escriba: «Ninguna delectación natural de la carne ha de considerarse pecado. Y es claro también que no se ha de hacer reos de culpa a quienes se deleitan en la ejecución de cuanto produce necesariamente un deleite. Pongamos el caso de un religioso atado con cadenas y obligado a yacer entre mujeres. La blandura del lecho y el contacto con las mujeres que le rodean le arrastran a la delectación, no al consentimiento. ¿Se atreverá alguien a calificar de culpa esta delectación nacida de la naturaleza?».86 Saber esto es conocerse a uno mismo. El conocimiento más profundo que podemos tener de nosotros mismos es el de nuestras tendencias y el de nuestras intenciones. Confundir ambas cosas es un profundo dislate, por más que se encuentre muy extendido. Los seres humanos se fijan sólo en los actos extremos y confunden la acción mala con la culpa moral y el vicio con el pecado. Abelardo piensa que esto es un craso error. Los hombres se fijan en lo externo, pero Dios juzga las intenciones.
El conócete a ti mismo adquiere en Abelardo un sentido claramente moral. Sólo quien se conoce bien a si mismo puede saber lo que es una falta moral, a diferencia de un impulso natural o un deseo. Sólo quien se conoce a si mismo sabe autocontrolarse. Ése ha sido el modo como tradicionalmente se ha interpretado esa sentencia. Los consejos que Don Quijote da a Sancho cuando éste quiere hacerse cargo del gobierno de la ínsula Barataria, comienzan así: «Primeramente, ¡oh hijo!, hasta de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrás a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber 17 guardado puercos en tu tierra».87
Este sentido de la expresión es sin duda importante. Pero no es el único, ni probablemente el más original. Hay muchas razones para pensar que no era esto lo que quería decir la sentencia del templo de Delfos. Una de esas razones es que los oráculos en general, y los de Delfos en particular, solían encerrar siempre más de un sentido. Eran casi juegos de palabras, muchas veces de doble significado, que después había que interpretar. Lo más lógico es suponer que esta expresión encerraba algún menaje más recóndito. Y tal mensaje no puede ser otro que el de que ese tal conocimiento, el de uno mismo, es imposible. La paradoja que el aforismo querría transmitir, de ser esto así, es que el conocimiento de uno mismo es necesario a la vez que imposible.

1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   16


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal