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La literatura gnómica


Los griegos denominaron gnóme y los latinos sententia a toda frase corta que encerraba una máxima, aforismo, proverbio, epigrama, apotegma, adagio, precepto, consejo, oráculo, etc. Aristóteles concede a las sentencias un lugar especial en su Retórica, definiéndolas de la siguiente manera:

Sentencia es una aseveración, pero ciertamente no de cosas particulares, por ejemplo, cómo es Ifícrates, sino sobre lo universal, mas tampoco sobre todo lo universal, por ejemplo, que lo recto es lo contrario de lo curvo, sino de aquello sobre que versan las acciones y puede elegirse o evitarse el obrar, de manera que dado que es entimema el silogismo sobre tales cosas, vienen a ser sentencias aproximadamente las conclusiones y las premisas de los entimemas, quitando el silogismo».48


Poco más adelante, Aristóteles añade:

La sentencia es una afirmación universal, pero la gente goza con que se diga en general lo que ellos han prejuzgado en lo particular. Por ejemplo, si alguien acertare a tener vecinos o hijos malos, y oyera al que habla que 'nada l hay más pesado que la vecindad', o que 'nada hay más necio que tener hijos. De manera que hay que calcular en qué están y qué prejuicios tienen los oyentes, y después hablar sobre esas cosas en general. Esta es una de las ventajas de usar sentencias en el discurso, pero otra hay aún mejor: que prestan carácter moral a los discursos. Los discursos tienen carácter cuando en ellos la intención del orador está clara. Las sentencias hacen este efecto todas, por descubrir al que dice la sentencia en general en lo referente a sus preferencias, de modo que si son buenas las sentencias también hacen aparecer bueno en sus costumbres al que las hace.49


Las sentencias no son, pues, enunciados particulares sino generales, que tienen además la característica de ser breves y concisos, y cuyo objetivo es regular la conducta práctica de los seres humanos. Por eso se hallan relacionadas con los entimemas, los silogismos propios del razonamiento retórico, aunque no se identifiquen con ellos. Más bien hay que decir que las sentencias se corresponden con cualquiera de los tres términos del silogismo, las dos premisas o la conclusión. 0 dicho de otro modo, en los entimemas, tanto las premisas como la conclusión son adagios o sentencias.
La literatura gnómica o sentenciosa estuvo muy ampliamente extendida en Oriente y Egipto. Muchas veces adquiere forma poética. Esto es particularmente claro en el caso concreto de Grecia. «En la Grecia arcaica y clásica la poesía es vehículo que se considera especialmente idóneo para las obras de contenido gnómico, puesto que el poeta es tenido por hombre sabio e inspirado por la divinidad y además el empleo del verso contribuye evidentemente a fijar en la memoria las enseñanzas que se transmiten a través de las máximas. Pero la tradición de las sentencias en prosa también conoció una larga vida en la Antigüedad griega».50 Toda la literatura gnómica, y en especial la escrita en prosa, parece que se generaliza en Grecia a partir de la sofística del siglo V a.C. Es conocida la importancia del movimiento sofístico en el desarrollo de las técnicas pedagógicas. Las frases sentenciosas eran a este respecto muy útiles, ya que podían ser memorizadas con facilidad, permitiendo el aprendizaje rápido de reglas de conducta por parte de los jóvenes.51 Las sentencias eran utilizadas en los ejercicios retóricos de los jóvenes estudiantes, los llamados progymnasmata o ejercicios retóricos preliminares, en los que los estudiantes las reproducían y explicaban con sus propias palabras y las adaptaban a diferentes formas literarias.52 Los filósofos, los moralistas, etc., elaboraban compilaciones de sentencias. Así, conocemos las Gnómai del poeta cómico Menandro53, el Gnomologium vaticanum, que contiene sentencias epicúreas, etc.54.
Dentro de las sentencias se distinguían varios tipos, con delimitaciones no muy precisas entre ellos. Un tipo era la chreía, lo que cabe traducir por relato provechoso, es decir, «máxima» o sentencia práctica de gran utilidad, muy útil o máximamente útil. No olvidemos que el término chreía significa en griego, precisamente, uso, función o utilidad. Teón de Alejandría, un sofista que vivió probablemente a finales del siglo primero de nuestra Era, explica así la denominación: «Se denomina chreia debido a su excelencia, pues resulta más útil que los otros ejercicios en muchos aspectos de la vida»55. Lo peculiar de los chreíai es que se presentan como anécdotas o dichos instructivos, de carácter particular y referido a personas. Suelen comenzar así: «Diógenes, viendo a un joven descarriado, zarandeó a su pedagogo».56 La Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio, incluye muchas máximas, sobre todo en su vida de Diógenes de Sínope.57
Los «proverbios» o «refranes» (paroimíai) se caracterizan por su «concisión» (syntomía)58 y por su «agudeza» (dexiótes), así como por su condición sorprendente, lo que a la vez hace más sencilla su memorización.59 Los apophthégmata o apotegmas se atribuyen, como las sentencias o gnómai a un autor concreto, pero se diferencian de ellas en que el apotegma se cita con su contexto y relata las circunstancias de su aparición60, en tanto que las sentencias, no, según hemos visto antes.61 Además, los apotegmas suelen sobresalir por su gracia o ingenio.62 Esto último también es propio de los enigmas, enseñanzas en forma metafórica.63 Las «comparaciones» (parabolaí) o «semejanzas» (homoiomata) son sentencias breves que utilizan como recurso la antítesis. Los «entimemas» son sentencias acompañadas de una breve explicación.64

La preceptiva hipocrática


Es conocido que este género literario de la literatura gnómica en prosa fue ampliamente utilizado por los médicos hipocráticos. «En la segunda mitad del siglo v a.C. la colección de máximas en prosa de Demócrito de Abdera (cf. 68 B 35 ss) fueron probablemente decisivas para el desarrollo de los florilegios en prosa, y el uso de recopilaciones de máximas es método de instrucción que encontramos también en los escritos médicos, tanto en los que proceden de la escuela de Cnido (las perdidas Sentencias cnidias) como en los que pertenecen al ámbito de la medicina hipocrática (Aforismos, a lo largo de muchos siglos una de las obras de la cultura griega más leídas e influyente)».65
La literatura médica hipocrática participa, en efecto, de las características descritas anteriormente. A los estudiantes de las escuelas hipocráticas se les enseñaba retórica y, por tanto, hacían ejercicios con sentencias que tenían que aprender y explicar. De hecho, casi toda la literatura hipocrática que nos ha llegado se halla compuesta de sentencias breves, fácilmente memorizables. El ejemplo paradigmático lo constituyen los Aforismos hipocráticos. Pero hay otros muchos textos. El Juramento es otro exponente claro de género sentencial. Y esto sucede en otros muchos libros, tanto técnicos como éticos. Ejemplo de libros técnicos de carácter aforístico, son los varios Pronósticos. Y como ejemplo de libros éticos, cabe citar los titulados Preceptos y Decoro.




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