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El yo y los mecanismos de defensa



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El yo y los mecanismos de defensa


Al comienzo de su libro El yo y los mecanismos de defensa, escribe su hija, Ana Freud:

Durante cierta época del desarrollo de la ciencia psicoanalítica, el estudio teórico del yo individual resultaba francamente impopular. Muchos analistas habían llegado al convencimiento de que la labor analítica sería tanto mejor, científica y terapéuticamente, cuanto más profunda fuese la investigación de los estratos de la vida anímica. Todo intento de innovación que se propusiera trasladar este interés científico -hasta entonces centrado en las capas psíquicas profundas- hacia las más superficiales; todo cambio de dirección del ello hacia el yo, era generalmente considerado como una apostasía del psicoanálisis. La denominación de psicoanálisis habla de reservarse para los nuevos descubrimientos de la vida psíquica inconsciente, esto es, el conocimiento de los impulsos instintivos reprimidos, de los afectos y fantasías. Cuestiones como las de la adaptación del niño o del adulto al mundo exterior, valiosos conceptos como salud y enfermedad, virtud o vicio, no debían interesar al psicoanálisis. Las fantasías infantiles continuadas en la vida adulta, las vivencias de placer imaginarias y de temor a los castigos que podrían sobrevenir como réplica, constituían su objeto exclusivo.117


Sólo a partir de Más allá del principio del placer (1920) y de Psicología de las masas y análisis del yo (1921), «inicia Freud una nueva orientación, merced a la cual el estudio del yo pudo librarse de la antipatía que provocaba su carácter aparentemente antianalítico, y las instancias del yo centralizaron el interés de la investigación científica en forma definitiva. A partir de entonces, la expresión 'Psicología profunda' no abarca con precisión la totalidad de la investigación analítica».118 El estudio sistemático del yo comienza, pues, en fecha tan tardía como 1920. Y el de los llamados mecanismos de defensa del yo, aún más tarde, en 1926, en un apéndice del trabajo de Freud, Inhibición, síntoma y angustia.
Ana Freud cuenta que el término «defensa»

aparece por vez primera en el año 1894, en el estudio de Freud sobre Las neuropsicosis de defensa y lo emplea en éste y en otros de sus trabajos ulteriores (Etiología de la histeria, Observaciones ulteriores sobre las neuropsicosis de defensa) para describir las luchas del yo contra ideas y afectos dolorosos e insoportables. Más tarde el término es abandonado y en lo sucesivo sustituido por el de 'represión. No obstante, la relación entre ambas nociones permanecía indeterminada. Sólo en un apéndice complementario a Inhibición, síntoma y angustia (1926), Freud retorna al viejo concepto de defensa y sostiene la indudable ventaja de emplearlo de nuevo como designación general de todas las técnicas de que se sirve el yo en los conflictos eventualmente susceptibles de conducir a la neurosis, reservando el nombre de 'represión' para uno de estos métodos de defensa que la orientación de nuestra investigación nos dio primero a conocer. Constituye ésta una réplica directa a la idea de que la represión ocupa un sitio exclusivo entre los procesos psíquicos, y se hace lugar en la teoría psicoanalítica a otros que sirven a idéntico propósito, es decir, a 'la protección del yo contra las exigencias instintivas'. El significado de la represión queda constreñido al de un 'método particular de defensa'.119


A partir de 1926 va elaborándose la teoría de los mecanismos de defensa del yo. Al más clásico, la represión, van uniéndose otros, hasta constituir un grupo de nueve o diez. A la altura de 1936, cuando Ana Freud escribe su clásico libro, son ya diez:

A los nueve métodos de defensa, bien conocidos y extensamente descritos en la teoría y la práctica -represión, regresión, formación reactiva, aislamiento, anulación, proyección, introyección, vuelta contra sí mismo, transformación en lo contrario-, podemos agregar un décimo, más propio del estado normal que de las neurosis: la sublimación o desplazamiento del objeto instintivo.120


Los mecanismos de defensa tienen todos el mismo objetivo, proteger contra la angustia. Esta angustia se halla provocada por el conflicto entre el yo y el ello, entre el principio de la realidad y el principio del placer. Ese es el origen de las llamadas «neurosis infantiles», como Freud describió en Inhibición, síntoma y angustia.121 En las «neurosis de adultos», por el contrario, las defensas se disparan «por la angustia frente al superyo».122 Esto es algo elemental, pero que Freud no estudió con detención, motivo por el que desde entonces ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones. Pero más allá de todas ellas es evidente que los conflictos morales generan angustia, y que esta angustia no tiene mucho que ver con la represión de los instintos, sino con la incapacidad para definir las propias obligaciones, por ejemplo, profesionales. Dicho en términos aún más claros, la falta de conocimientos y habilidades de los médicos para resolver los conflictos morales que les plantea el ejercicio de su profesión, genera en ellos angustia y dispara los mecanismos de defensa. El mecanismo que en ese caso se dispara no es fundamentalmente la represión, porque la angustia no se genera por el conflicto entre el yo y el ello, sino otros, como la negación, el desplazamiento, la agresión, etc.
A mi modo de ver, éste es uno de los factores que más seriamente influyen hoy en la deficiente salud psíquica de los profesionales de la salud. El fenómeno conocido con el nombre de burn out es expresión clara de todo esto. La salud psíquica de los profesionales sanitarios es baja, no tanto porque anden reprimidos sexualmente, como una interpretación superficial del psicoanálisis llevaría a sostener, sino porque no saben manejar adecuadamente los conflictos morales que les plantea a diario su práctica profesional. Y en este sentido ni Freud ni el psicoanálisis pueden ayudarles mucho, precisamente porque la teoría psicoanalítica no ha elaborado correctamente el tema de las relaciones entre el yo y el superyo.




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