Instituto de españa real academia nacional de medicina medice, cura te ipsum



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INSTITUTO DE ESPAÑA REAL ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA
MEDICE, CURA TE IPSUM.

Sobre la salud física y mental de los profesionales sanitarios


por el

EXCMO. SR. D. DIEGO GRACIA GUILLÉN Académico de Número


DISCURS0

leído en la solemne sesión inaugural del curso académico 2004,

celebrada el día 13 de enero
INDICE
INTRODUCCIÓN
1. EL CONTEXTO TEOLÓGICO: SÁLVATE A TI MISMO.

EL TEXTO Y SU CONTEXTO .

CRÍTICA TEXTUAL DE LA PERÍCOPA .....

CRÍTICA LITERARIA DE LA PERÍCOPA ....

ANÁLISIS DESDE LA HISTORIA DE LAS FORMAS (FORMGESCHICHTE)

ANÁLISIS DESDE LA HISTORIA DE LA REDACCIÓN (REDAMONSGESCHICHTE)

A TRAVÉS DE LA EXÉGESIS, MÁS ALLÁ DE LA EXÉGESIS ......
2. EL CONTEXTO MÉDICO: CÚRATE A TI MISMO«

LA PRECEPTIVA HIPOCRÁTICA

EL PROTOAFORISMO

ELJURAMENTO

EL ESCRITO SOBRE EL MÉDICO

CONCLUSIÓN


3. EL CONTEXTO FILOSÓFICO: CONÓCETE A TI MISMO

EL TEMPLO DE DELFOS Y SU EPITAFIO

CONÓCETE A TI MISMO COMO MÁXIMA MORAL

CONÓCETE A TI MISMO COMO PROGRAMA FILOSÓFICO


4. EL CONTEXTO PSICOLÓGICO: ANALÍZATE A TI MISMO

EL MALESTAR EN LA CULTURA OCCIDENTAL

EL YO Y LOS MECANISMOS DE DEFENSA

CONFLICTOS INCONSCIENTES Y RELACIÓN DE AYUDA

«UN GRADO CONSIDERABLE DE NORMALIDAD Y DE SALUD MENTALES» MADUREZ EMOCIONAL Y CONTROL DE LA ANGUSTIA
5. EL CONTEXTO PROFESIONAL: CUÍDATE A TI MISMO

EL SINDROME DEL «BURN-OUT».

LAS RAZONES DEL «BURN-OUT».

EL «BURN-OUT» LOS VALORES Y LA ÉTICA

CONCLUSIÓN.


INTRODUCCIÓN

La medicina es una profesión que exige un gran compromiso e implicación de sus miembros. Se propone nada más y nada menos que curar a los enfermos, aliviarlos cuando la curación no es posible, y siempre consolarlos. Es una de las llamadas «profesiones de cuidado». Todas ellas tienen un conjunto de características comunes: se proponen ayudar a los demás a través de medios técnicos, que varían de unas profesiones a otras, y de elevadas cualidades personales. Todos los roles de cuidado se basan en la relación interpersonal y, por tanto, exigen de quien los ejerce no sólo conocimientos y habilidades, sino también, y quizá principalmente, actitudes humanas y humanizadoras. En este tipo de actividades hay una gran implicación personal de los profesionales. Lo cual tiene grandes ventajas, pero también importantes inconvenientes. La ventaja principal es la alta implicación emocional y, por tanto, la satisfacción profunda cuando las cosas van bien. Es el famoso «eros pedagógico» de que ya hablaba Platón, que cabe extender desde los profesionales de la enseñanza, los docentes, a todos los demás roles de cuidado. Pero eso tiene su contrapartida. Y es que cuando las cosas van mal, el desgaste emocional es enorme, precisamente por la gran implicación de los profesionales.


Esto, como es bien sabido, ha dado lugar a un síndrome específico, conocido en inglés con el nombre de burnout y en español como «síndrome de desgaste profesional». Es distinto de otros procesos que pueden parecer similares y con los que cabe confundirle pero que no se identifican con él, como la depresión o la ansiedad. Hoy se considera una verdadera epidemia, con efectos devastadores sobre las profesiones de cuidado. De ahí que haya comenzado a hablarse muy seriamente del «cuidado del cuidador». Si el cuidador no sabe cuidar de sí mismo, ¿cómo va a ser capaz de cuidar a los demás? Basta plantear el problema en estos términos, para advertir su similitud con otras formulaciones por lo demás clásicas. En el escrito hipocrático Sobre el médico se lee: «La mayoría de la gente opina que quienes no tienen un cuerpo en buenas condiciones no se cuidan bien de los ajenos»1

La expresión más concisa de este problema la tenemos en el proverbio o sentencia griego que nos han transmitido diversas fuentes, y que es popularmente conocido por formar parte del evangelio de san Lucas: iatré, therápeuson seautón, «médico, cúrate a ti mismo».


La expresión parece tener un sentido claro, diáfano. Sin embargo, ha recibido diferentes interpretaciones a lo largo de la historia, todas las cuales resultan pertinentes a la hora de aclarar el tema que nos hemos planteado, el de la salud física y mental de los profesionales del cuidado en general, y de los profesionales de la salud, en particular. En un contexto teológico, como el lucano, la frase significa «sálvate a ti mismo». En el contexto médico hipocrático, «cúrate a ti mismo». En el filosófico-socrático, «conócete a ti mismo». En el psicoanalítico, «analízate a ti mismo». Y hoy, en el contexto de las profesiones de cuidado, «cuídate a ti mismo».
En lo que sigue me propongo analizar estos cinco significados de la expresión. Y ello porque considero que el síndrome de desgaste profesional no tiene tanto que ver con cuestiones de hecho, como pueden ser la rutina profesional, la falta de tiempo o el exceso de pacientes, cuanto con la incapacidad del profesional de manejar adecuadamente los conflictos de valor. No se trata, por ello, de un problema directamente patológico o psiquiátrico, al menos en el sentido que usualmente se da a esos términos, sino de una cuestión más sutil, a la vez que mucho más importante. Se trata del modo como los profesionales manejamos el mundo de los valores. Es un problema de valor. De ahí que no sirvan como terapéutica las recetas puramente farmacológicas. Este problema no se arreglará más que con una mejor educación de los profesionales y de la sociedad en el manejo de los valores. Para mí, es la gran asignatura pendiente en los programas educativos y, por supuesto, también en la educación de los profesionales sanitarios. Padecemos una ceguera fatal, que nos hace pensar que la salud y la enfermedad son cuestiones de hecho y no problemas de valor. Y esa desorientación conduce irremisiblemente al fracaso del acto médico. Las expectativas del paciente nunca o casi nunca se verán adecuadamente recompensadas. Ése es el origen de la mayor parte de las frustraciones que sufren los profesionales. Es curioso que la frustración haya progresado al mismo ritmo que la tecnificación de la medicina. Resulta paradójico que cuanto más poderosa es ésta desde el punto de vista técnico, y por tanto mayor dominio de los hechos, tanto diagnósticos como terapéuticos, tiene, mayor sea la frustración, no sólo de los pacientes sino también de los profesionales. Indudablemente, aquí hay algo que no funciona. Y ello no es otra cosa que los valores.

1. EL CONTEXTO TEOLÓGICO: SÁLVATE A TI MISMO
El término griego therapeía tuvo un sentido primariamente religioso. Therapeúo significa cuidar, y el cuidado primario fue el del templo y las cosas sagradas. De ahí que therápaina se llamara a la joven consagrada al servicio del templo. De ahí pasó luego a significar esclava, esclava doméstica, o más coloquialmente, sirvienta. La primera terapéutica fue religiosa. Luis Gil dedicó un bello libro a este tema hace algunas décadas.2 Y Laín Entralgo otro que lleva por título Enfermedad y pecado.3 La proximidad semántica de cuidar y curar es tan grande como la que existe entre sanar y salvar. La salvación religiosa ha sido entendida tradicionalmente como un proceso de sanación, no sólo espiritual sino incluso física. El ejemplo paradigmático de esto lo tenemos en los baños lustrales o purificativos que se relatan en los poemas homéricos. También es sabido que, purificar y purgar significan lo mismo, y que el término griego phármakon comenzó significando eso, purificante o purgante. Los primeros fármacos fueron los purgantes.
Todo esto explica que en el proverbio therápeuson seautón, el therápeuson tenga el doble sentido de sanar y salvar. La frase puede traducirse como «cúrate a ti mismo» pero también como «sálvate a ti mismo». Esta última expresión aparece literalmente en Lucas, soson seautón (Lc 23,39. Cf. Mc 15,30. Mt 27,40). El mismo sentido tiene el «cúrate a ti mismo». La frase, como veremos seguidamente, la pone Lucas en boca de los judíos del pueblo de Jesús, Nazaret. Él se presenta a sus coterráneos como salvador. Pero si no es capaz de salvar a los suyos, a sus vecinos, a sus correligionarios, ¿cómo puede pensarse que salvará a los demás? Un auténtico salvador ha de tener la fuerza y la virtud de salvarse a sí mismo y salvar a sus allegados. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros» (Lc 23,39). Eso es lo que los judíos de Nazaret piden a Jesús. Y eso es lo que Lucas quiere rebatir a lo largo de toda su obra, tanto del Evangelio como de los Hechos de los Apóstoles. La tesis central de la teología de Lucas, como veremos más adelante, es que Jesús es el salvador, pero no sólo ni primariamente de los suyos, los judíos, el antiguo pueblo elegido, sino de todos, precisamente porque tiene ese poder, porque tiene en sí la fuerza y el don de salvar a toda la humanidad. Por eso él es el centro del tiempo, el punto culminante de la historia. Por eso, en fin, es el Cristo, el ungido por Dios.
Tal es el sentido que tiene la expresión en el evangelio de Lucas. No ha sido fácil dar con él. De hecho, el descubrirlo ha sido obra de generaciones de analistas y exegetas, a lo largo de varios siglos. En lo que sigue voy a exponer las fases fundamentales por las que ha pasado el estudio de este interesante texto, hasta dar con la clave de su interpretación, hace no más que algunas décadas. Analizaremos primero el texto en su contexto, es decir, la perícopa evangélica en la que aparece. Después veremos lo que la crítica textual y la crítica literaria han aportado a la fijación de ese texto. Tras lo cual podremos ya plantearnos el problema de su significado, a la luz de los dos grandes métodos, el de la historia de las formas y el de la historia de la redacción. Este último método nos permitirá conocer la teología del último redactor lucano y el sentido nuclear que esa perícopa y, más concretamente, la sentencia que estamos analizando, tienen en la teología lucana. Jesús es el salvador, precisamente porque a su través es como todos los seres humanos reciben la salvación.

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