Indice 1 Introducción: Como se desarrolla un sutra de la tradición mahayánica 2



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4 Los Protectores del Dharma


Hasta ahora nos hemos interesado por el desarrollo del individuo; la transformación por medio la Luz Dorada del Yo individual. Ahora empezamos a hacer la transición desde la transformación del Yo a la transformación del mundo. Por lo tanto - y lo primero es lo primero - ¿Qué es el mundo? No le doy a esta pregunta un sentido abstracto o filosófico, sino uno un tanto literal. Actualmente estamos muy acostumbrados a ver al mundo, y al universo, en un modo particular. Estamos tan acostumbrados a “saber” sobre el mundo en el sentido científico, que es fácil olvidar que hace sólo algunos siglos el mundo sobre el que la gente “sabía”, el mundo precopernicano, era fundamentalmente distinto. Incluso puede que nos sea difícil que pueda haber algún otro modo de ver el universo, un modo distinto del “correcto", el científico.
Pero el budista indio de la antigüedad veía el universo en un modo un tanto distinto. Por lo que para verlo como el lo veía, tendremos que usar la imaginación. Para empezar, imaginen el espacio, nada más que el espacio, el espacio infinito, prolongándose en todas direcciones. Entonces conforme miren con más y más profundidad, verán que difundido por toda esa infinidad de espacio hay aire, aire de un color azul profundo. Dentro de ese aire azul gradualmente se distingue dos corrientes de aire, dos aires azules que soplan en direcciones opuestas. Estos vientos toman la forma de dos vajras cruzados, cada uno de un millón de millas de largo.
Ahora, imaginen que descansa sobre estos vastos vajras cruzados una gran masa de aguas en la forma de un disco plano. En estas aguas, cerca de los bordes del disco, se ven cuatro continentes o islas, cada uno con sus subcontinentes. Todos estos continentes y subcontinentes tienen la base de oro sólido. El continente oriental se llama Videha, es de color blanco tiene la forma del cuarto creciente lunar. El continente meridional se llama Jambudvipa, es de color azul y tiene la forma del omoplato de una oveja. El continente occidental, Godaniya, es redondo como el sol y de color rojo. Finalmente, el continente septentrional, Uttarakuru, es cuadrado y de color verde.
En el centro de las aguas se alza una gran montaña, el monte Meru que se eleva ochenta mil millas sobre las aguas y se prolonga otras ochenta mil por debajo de ellas. Tiene cuatro caras, algo así como una pirámide, cada una de las cuales está hecha de una substancia preciosa. La cara del Este es de plata, la del Sur de lapislázuli, la del Oeste de rubí y la del Norte de oro. Alrededor del Monte Meru hay un océano de ochenta mil millas de anchura y de profundidad. Este océano está rodeado por un círculo de montañas doradas de cuarenta mil millas de altura y cuya anchura es también cuarenta mil millas. A las montañas las rodea otro océano de idénticas dimensiones. En total hay siete océanos circulares con siete anillos montañosos, cuyas dimensiones van disminuyendo conforme nos apartamos del centro. Aunque, por supuesto, el diámetro de los círculos que forman aumenta progresivamente, de modo que el último anillo de montañas doradas tiene sólo 625 millas de altura y de anchura. Más allá de éstas se extienden las aguas sobre las que flotan los cuatro continentes y los ocho subcontinentes. Todo este sistema está rodeado por una gran muro de hierro, cuyo propósito es contener la luz del sol, la de la luna y las de las estrellas. Se dice que este muro tiene trescientas millas y media (millas o yojanas) de altura. Al exterior de él hay sólo oscuridad hasta que se alcanza otro universo.
Según la tradición budista antigua hay miles de millones de universos así por todo el espacio, cada uno con su propio Monte Meru, sus continentes, sus montañas y sus océanos - así como sus propios seres y sus Budas. Esta cosmología más bien parece ser casi completamente una producción budistas india. El único elemento que podría ser tibetano - dejando de un lado cierto colorido en algunas de sus partes - es los vientos azules y los vajras cruzados. Los detalles sobre todo esto se encuentran en textos tradicionales como el Mahavyutpatti - algo así como un diccionario compilado para la asistencia de quienes traducían textos sánscritos al tibetano - y en el Abhidharma-kosa.
La idea india del universo presenta, por supuesto, una imagen muy diferente de la que presenta el Occidente moderno. No obstante, tiene su validez. En una ocasión conocí a un lama tibetano joven que había cursado estudios occidentales y le pregunté cual era la verdadera: la imagen del universo indo-tibetana o la del Occidente moderno. Era un joven lama, de hecho era la reencarnación de un lama del Gelugpa muy famoso, pero a pesar de ser tan joven, la respuesta que me dio fue no sólo cauta sino que, en mi opinión, fue bastante correcta. El me dijo: Las dos imágenes son útiles para propósitos distintos.
No quisiera hablar sobre la utilidad de la imagen del universo del Occidente moderno, pero no hay duda sobre la utilidad de la imagen budista tradicional, al menos para sus propios fines espirituales. Para empezar, proporciona el simbolismo concreto en el que se basa mucha de la práctica meditacional y devocional, particularmente en el Vajrayana. Una de las prácticas más importantes del Vajrayana es algo que se llama la ofrenda del mándala. La palabra mándala quiere decir literalmente círculo, y en este contexto se refiere a la totalidad del círculo de la existencia condicionada tal y como se la representa en la imagen budista del universo. La práctica es un tanto compleja. En el transcurso de esa práctica devocional se construye un modelo tridimensional del universo, completo, con el Monte Meru, los cuatros continentes, etc...(esto se hace con la imaginación, usando montones de arroz sobre una bandeja de metal para simbolizar los distintos elementos de la imagen del mundo). Este modelo del universo se le ofrece al Buda, o más comúnmente al gurú - particularmente después de recibir enseñanzas o iniciaciones - junto a las plegarias y meditaciones adecuadas.
El ofrecer todo el universo es una respuesta muy natural. Al fin y al cabo, has recibido el Dharma, algo que es infinitamente precioso, algo que va a transformar toda tu vida - ¿ Qué vas a dar tú? No es cuestión de dar algo a cambio, das porque tienes el deseo de dar, porque te sientes muy agradecido. Quieres dar todo lo que posees, incluso tu propia vida, tu propio ser. En realidad, sientes que si fueras el dueño de todo el universo, lo darías. Eso es lo que haces. Es solamente haciendo esa ofrenda que podrás expresar lo que sientes. Para ti, en ese momento, el mándala es el universo, el universo el mándala.
El punto de vista tradicional del universo proporciona también el fondo cosmológico de la enseñanza del Buda y está presente, explícita o implícitamente, en las escrituras budistas, quizás particularmente en los sutras del Mahayana. En el capítulo sexto de El sutra de la Luz Dorada, por ejemplo, el Buda habla de la “totalidad de la tres veces mil, gran mil esfera-mundo, en la que hay cien millones de lunas, soles, grandes océanos (y) Sumerus...”
Hemos visto un poco del “paisaje” del universo - sus montañas, océanos e islas - pero no se nos ha presentado todavía a los seres que lo habitan, algunos de los cuales jugarán un papel clave en este capítulo del sutra. Nosotros habitamos Jambudvipa, el continente del sur. Jambudvipa es el continente más pequeño, con sólo siete mil millas de diámetro y, según la tradición antigua, sus habitantes son ricos y prósperos y ejecutan tanto actos hábiles como torpes.
Para conocer a algunos de los otros habitantes de este universo tenemos que mirar más de cerca al Monte Meru. Esta montaña esta dividida horizontalmente en ocho gradas, cuatro bajo del agua, cuatro por encima. Las cuatro gradas bajo del agua contienen a los infiernos, que los ocupan varios tipos de seres atormentados que sufren el resultado de sus actos torpes. Las cuatro gradas por encima del agua están habitadas por distintas clases de semidioses: las yaksas (espíritus sublimes), los nagas (serpientes o dragones), etc...
Sobre el Monte Meru están los distintos cielos de los dioses que empiezan, según algunos relatos, ochenta mil millas sobre la cima de la montaña. En primer lugar está el cielo llamado “Cielo de los treinta y tres” - es decir, las treinta y tres deidades védicas. Su rey es Indra, que ocupa un maravilloso palacio en el medio de este cielo. A continuación vienen los dioses Suyimas y por encima de ellos está el cielo de los dioses contentados, el Cielo Tusita. Entonces viene el cielo de los dioses que se deleitan en sus propias creaciones; después el cielo de los dioses que se deleitan en las creaciones ajenas. En total incluyendo el cielo de los cuatro grandes reyes, hay seis cielos.
Según las enseñanzas budistas toda la existencia condicionada se divide en tres grandes planos o niveles: el plano de los deseos sensuales; el plano de la forma pura - forma arquetípica, si se prefiere; y, finalmente, el plano de la ausencia de forma. Todos los cielos mencionados hasta ahora, igual que el mundo humano, entran en el plano de los deseos sensuales.
Todos los seis cielos de este plano están habitados por dioses y diosas, por lo que en cada uno de estos cielos hay la probabilidad de la satisfacción sexual. No obstante, cuanto más se asciende más refinada se hace la forma de satisfacción, de igual modo que los cielos se hacen progresivamente más refinados en la medida que uno asciende. En el cielo de Indra la satisfacción sexual se logra en la cópula, igual que entre los seres humanos; los dioses Suyima simplemente se cogen de las manos, entre los dioses contentados por medio de la sonrisa, entre los dioses que se deleitan de sus propias creaciones por medio de prolongadas miradas y entre los dioses que se deleitan en las creaciones ajenas por medio de tan sólo una breve mirada.
Sobre los cielos del deseo sensual con sus dioses y diosas están los cielos del mundo de la forma pura. Estos están habitados por dieciséis o dieciocho (las fuentes varían) dioses brahma. En los tres primeros cielos viven los dioses que acompañan a Brahma, los dioses de su séquito, y lo grandes dioses brahma. En los tres cielos siguientes, tenemos a los dioses de la luz menor, los dioses de la luz ilimitada y los dioses de la luz sonante (esto es, luz que además suena, sonido que es también luz). Sobre ellos hay otros tres cielos, en los que viven los dioses de la pureza menor, los dioses de la pureza ilimitada y los dioses de la pureza radiante. Luego aún quedan otros siete (o nueve) cielos habitados por más clases de dioses brahma. A los cinco últimos de estos cielos se les conoce colectivamente por las moradas puras, en las que renacen todos aquellos que en la tierra han roto las cinco trabas y alcanzado el sendero sin retorno - esto es, el sendero de la ausencia de renacimientos en el mundo de los seres humanos, o en efecto en ningún reino inferior a las moradas puras.
Todos los cielos del plano de la forma pura están habitados solamente por divinidades masculinas - o ángeles, si preferís - y aparecen allí espontáneamente, sin necesidad alguna del asunto de la reproducción sexual. Sobre los cielos de la forma pura con sus ángeles están los cielos del plano de la ausencia de forma que corresponde a las cuatro dhyanas sin forma.
Para completar nuestra relación de los habitantes del universo budista antiguo, tenemos que descender un largo camino y volver al nivel del Cielo de los Treinta y tres. Por el aire, en este nivel está el círculo de las ocho diosas: la diosa de la sensualidad, la de las guirnaldas, la de la canción, la de la danza, la de las flores, la del incienso, la de las lámparas y las de los perfumes. Estas diosas tienen sus sitios en las ocho direcciones principales del espacio; son jóvenes, bellas y de colores diversos - blanca, amarilla, roja, verde etc. Todas llevan objetos que corresponden con sus naturalezas y sus nombres. Al exterior e inmediatamente después de las diosas, también suspendidas en el aire y ocupando su posición, están las siete cosas preciosas: la rueda preciosa, la gema preciosa, la reina preciosa, el ministro precioso, el elefante precioso, el caballo precioso y el asistente precioso; además del vaso del tesoro. Luego, en el círculo más interior, alrededor del Monte Meru, están el sol con su carro tirado por diez caballos; la luna con su carro tirado por siete caballos; el precioso parasol de la soberanía y la bandera de la victoria. En el centro de todo esto, en el palacio de Indra, se amontona el tesoro entero de los dioses y los hombres. Es como si en el palacio de Indra uno encontrara todo lo que los hombres y los dioses podrían desear. En uno de los Evangelios se dice : Donde tu tesoro esté, estará también tu corazón. Por lo tanto, el tesoro representa lo que deseas. El palacio de Indra es el lugar en que se cumplen todos tus deseos - al menos los deseos a ese nivel, ya que hay muchos cielos y reinos por encima del Cielo de los Treinta y tres.
Queda sólo un grupo de seres en este extraordinario universo que todavía no hemos visto. Si contemplamos de nuevo el Monte Meru, veremos que hay cuatro figuras de pie cerca de la cima, o quizás cada una sobre un pico menor a mitad de altura de la gran montaña, y en cada uno de los puntos cardinales. Estos son los cuatro grandes reyes, los cuatro protectores del mundo.
En primer lugar está Dhrtarastra, cuyo nombre significa defensor de la tierra, es de color blanco y es el protector del Este. El es el rey de los gandharvas (músicos celestiales) y de los pisacas (vampiros). A continuación está Virudaka cuyo nombre significa crecimiento. Es de color amarillo, protege el Sur y es rey de los pretas (espíritus hambrientos) y de los kumbhandas. En tercer lugar está Virupaksa, el de los ojos saltones, protector del Oeste, de color rojo y que reina sobre los nagas (serpientes o dragones) y sobre los putanas (espíritus de la fiebre). Finalmente está Vaisravana cuyo nombre significa muy ilustrado. El es de color verde, es el protector del norte y reina sobre los yaksas (espíritus sublimes) y los raksasas (demonios devoradores de carne).
Los cuatro reyes son de constitución física poderosa, de actitud desafiante y están vestidos con armaduras. Con frecuencia se les representa en el arte budista, particularmente en frescos dentro de los vestíbulos de los templos (dos en cada lado de la entrada del vestíbulo principal) o en la forma de estatuas en pie, y a algunas veces gigantescas. Y, desde luego, aparecen en El sutra de la Luz Dorada.
Como hemos visto, el Buda enseña el sutra rodeado de bodhisattvas y de muchos otros seres. Al principio del capítulo sexto del sutra descubrimos que entre esos seres están los cuatro grandes reyes. Parece ser que habían estado presentes en la asamblea desde el comienzo, pero que hasta ese momento no habían contribuido. Ahora se levantan, saludan al Buda y comienzan a hablar. Los reyes hablan un número de veces, como lo hace el Buda - este es el capítulo más largo del sutra - pero conseguimos un sentido general de su significación enfocándonos en el comienzo de su discurso. En este discurso, los cuatro reyes hacen dos declaraciones y cuatro promesas. Primeramente, ensalzan los méritos de El sutra de la Luz Dorada. En segundo lugar declaran que el sutra los nutre - como veremos - en un modo un tanto curioso y significativo. Entonces hacen sus cuatro promesas: ejecutar su soberanía sobre las distintas clases de semidioses en acuerdo con el Dharma, proteger la totalidad de Jambudvipa, proteger a lo monjes que proclaman el sutra y proteger a los reyes que den su apoyo a los monjes que proclamen el sutra.
Sobre el tema de la primera declaración hay tan sólo un punto que me gustaría destacar. Esto es que los diversos motivos por los cuales los reyes ensalzan el sutra son de dos tipos principales: el espiritual y el mundano. Por ejemplo, ellos ensalzan el sutra porque ha estado custodiado por multitudes de bodhisattvas, así como otorgado bendiciones supremas a todos los seres; pero también lo ensalzan porque repele los ejércitos extranjeros y erradica el hambre y la enfermedad. En realidad dicen que transforma la vida o el Yo y transforma el mundo.
Ahora veamos la segunda declaración de los cuatro grandes reyes - que El sutra de la Luz Dorada los nutre. Esto es lo que ellos dicen:
“Cuando, querido señor, este excelente Suvarnabhasa, rey de los sutras, es expuesto con detalle en la asamblea, por meramente oír esta Ley y por el jugo de néctar de esta Ley, nuestros divinos cuerpos con sus ejércitos y cortejos se acrecientan con gran poder.
En nuestros cuerpos se producirá valor, fuerza y energía. Brillo, gloria y resplandor entrará en nuestros cuerpos.”
¿Cómo es que meramente escuchar el sutra ha de tener este efecto en el cuerpo de los cuatro grandes reyes? ¿Qué es lo que se ha de entender por “escuchar el sutra”? Para entender esto tenemos que comprender mejor quienes son los cuatro grandes reyes y lo que realmente representan. Hay cuatro asuntos principales a destacar:
Primero, los cuatro grandes reyes ocupan lo más bajo de los cielos del plano del deseo sensual. Son, desde luego, seres celestiales, pero de un orden muy inferior, de hecho del orden más bajo. A la par están en contacto con los seres que habitan la tierra - no sólo los seres humanos, sino también distintos tipos de seres no humanos. Desde el punto de vista del mundo, esto tiene sus ventajas. Los reyes ocupan una posición intermedia, algo así como la zona fronteriza entre lo más crudo y lo más refinado, los niveles más caóticos y los más armoniosos del plano del deseo sensual. Al estar en contacto directo con la tierra les es posible intervenir en sus asuntos, pero como pertenecen a los cielos es seguro que su intervención será de carácter positivo.
A los cuatro reyes se les llama los lokapalas, los guardianes del mundo. En el budismo tradicional del Hinayana se les llama los dos lokapalas a hiri y ottappa - vergüenza y culpabilidad, como generalmente son traducidas -, porque sin esas cualidades no puede haber orden moral. Esto parecería implicar que no hay gran diferencia entre los lokapalas y los dharmapalas de la tradición del Vajrayana - “dharma” en este caso tiene una connotación marcadamente ética. El Vajrayana, no obstante y como es de esperar, le da a las cosas una tendencia distinta al representar a veces a los dharmapalas como seres muy feroces y coléricos que son en esencia los bodhisattvas iluminados. Esto los hace un tanto distintos de los cuatro reyes, los lokapalas, que no son bodhisattvas sino seres definitivamente mundanos, aunque de un orden muy elevado.
El segundo aspecto significativo de los cuatro grandes reyes es que son los líderes de distintas hordas de seres no humanos. Estos son de tipo muy diferentes, de toda suerte de forma, tamaño e incluso color. Algunos son muy bellos, o al menos capaces de asumir bellas formas, pero la mayoría son feos y de horribles formas. Un ejemplo de esto son los nagas, serpientes o dragones, asociados con el agua y con los tesoros y que pueden variar su tamaño, así como hacerse visibles o invisibles. Con frecuencia tienen buena comprensión de la enseñanza, pero no lo practican. Los yaksas son bastante horribles y con frecuencia de un enorme tamaño. Los gandharvas (los que se alimentan de perfumes) son así llamados porque viven de los perfumes igual que los seres humanos viven de la comida sólida. Son músicos en el palacio de Indra, en el cielo de los Treinta y Tres, además se dice que son muy dependientes de sus consortes.
Los asuras son espíritus fieros y guerreadores. A veces comparados con los gigantes de la mitología griega, constantemente luchan contra los dioses del cielo de los Treinta y Tres. Los asuras masculinos son extremadamente feos, pero las hembras son muy bellas. Los garudas son criaturas de alas doradas, como águilas y que comen nagas. Además están los kimnaras, cuyo nombre significa “¿Qué? ¿Es eso un hombre?”. Se les llama así porque en cierta medida se asemejan a los hombres, de modo que cuando ves uno no puedes estar seguro de que sea un hombre o no. Según algunas fuentes expertas de la cabeza les salen cuernos; según otras tienen cabeza de hombre y cuerpo de ave. Como los gandharvas, son músicos en el palacio de Indra, los machos cantan y las hembras bailan.
Hay muchos otros tipos de seres no humanos: vampiros, espíritus malignos de la noche, fantasmas, demonios necrófagos, espíritus malos, espíritus fiebre,...etc. Entre todos ellos representan la masa total de energías toscas, caóticas y turbulentas que se arremolinan sobre este plano terrestre nuestro - energías que con mucha facilidad asumen formas negativas y destructivas. Cada grupo particular de seres no humanos está gobernado por uno de los cuatro grandes reyes. Dicho de otra forma, ellos tienen controladas las energías toscas, caóticas y turbulentas del plano terrestre. No son capaces de transformarlas, pero pueden impedir que se descontrolen excesivamente.
Sólo los cuatro grandes reyes pueden rendir este tipo de servicio. Los dioses de los cielos superiores no podrían hacerlo. Sus energías están tan refinadas que no tienen punto de contacto con los nagas, yaksas, raksasas etc. - quizás ni sean conscientes de su existencia. Por eso los cuatro grandes reyes ejecutan un servicio muy útil. Pertenecen a los cielos pero están en contacto con la tierra, por lo que son capaces de tener bajo control las poderosas energías naturales de la tierra, así como de prevenir que éstas tengan un efecto perjudicial en el mundo humano.
El tercer punto a destacar sobre los cuatro grandes reyes, es que son protectores del mundo, protectores de los cuatro puntos cardinales ¿Pero contra qué protegen? Los reyes mismo aclaran esto en su primera intervención. Dirigiéndose al Buda dicen: “Nosotros derrotaremos a las hordas de los bhutas, que son despiadados, cuyas mentes carecen de compasión, quienes se apoderan de la gloria de los demás.” Los bhutas son espíritus malos. Son fuerzas hostiles a la humanidad, adversas al desarrollo espiritual, las energías que se niegan a aceptar el control de los cuatro grandes reyes. Todo lo que ellos pueden hacer con respecto a esas energías es mantenerlas a distancia, fuera.
Los reyes están de pie en ambos lados de a la entrada de los templos por que son guardianes o protectores de ese modo; no están ni dentro ni fuera sino en el umbral. Al fin y al cabo, un templo no es tan sólo un edificio. Un templo es un espacio sagrado delimitado, donde se ejecuta acciones sagradas simbólicas. Es, por consiguiente, un espacio en el que sólo se permite entrar energías integradas. La posición central del templo la ocupa el Buda o cualquier otra figura equivalente, como Padmasambhava o Avalokiteshvara, las otras posiciones las ocupan los Arahantes, los bodhisattvas, los maestros espirituales, los dioses y las diosas, todos armoniosamente agrupados alrededor de la figura central. Incluso los nagas, yaksas y otros seres no humanos pueden tener su lugar. Tan sólo depende de una cosa: de si verdaderamente adoran al Buda, de si van al Refugio, de si se ponen al servicio del Dharma.
Uno, por supuesto, se podría preguntar cómo es que seres no humanos como los pretas y los yaksas pueden en modo alguno ponerse al servicio del Dharma. La respuesta a esto yace en como interpretemos este tipo de simbolismo. Tomemos un ejemplo un tanto más cercano: la figura del dios griego Hermes ¿Quién o qué es Hermes? Se puede decir que en la mitología griega es el mensajero de los dioses y eso podría parecer una repuesta satisfactoria, pero esto no es en absoluto una respuesta. Cuando lees sobre Hermes se ve claramente que es una figura profundamente compleja con todo tipo de aspectos; algunos de ellos aparentemente bastante contradictorios. Para lograr aun sólo una mínima idea de quien o que es, o era, Hermes, tienes que inspeccionar cuidadosamente todo el material disponible. Tienes que examinar todos los cientos de menciones de Hermes en la Iliada y la Odisea, y gradualmente edificar tu imagen de él. No es simplemente suficiente decir: “Hermes era el mensajero de los dioses” y limitarse a eso. Eso podría ser incluso un tanto engañoso, en la medida que pueda dar a la gente la idea de que lo saben todo sobre él.
Es lo mismo con todas las figuras mitológicas mencionadas en El sutra de la Luz Dorada. No basta con decir simplemente: “Los pretas son fantasmas hambrientos” ¿Cómo pueden los fantasmas hambrientos ponerse al servicio del Dharma? Tendrás que estudiar los pretas ¿Quiénes son, qué son? Tendrás que conseguir algún entendimiento sobre como son realmente. Entonces quizás puedas empezar a ver como pueden ponerse al servicio del Dharma.
Apliquemos esto al caso de los nagas - los dragones o serpientes ¿Qué será lo que representan? El protector del punto cardinal del Oeste, el nuestro, es Virupaksa. El es el jefe de los dragones, así como de otras clases de seres no humanos ¿Pero qué son exactamente los dragones? No debemos confundirlos con nuestros propios dragones británicos; el tipo de dragón que mata San Jorge. El dragón del budismo es una criatura un tanto diferente de ese. Según la tradición budista, los dragones son muy inteligentes. Con frecuencia tienen una comprensión muy buena del Dharma, pero - y en esto es lo que importa - no lo practican. Particularmente, no observan los preceptos. Quizás sea por esto que en el arte indio budista los dragones son generalmente representados con forma de serpiente con una gran cabeza, cuerpos largos y finos, sin brazos ni piernas. No tienen extremidades porque no hacen nada. Piensan y comprenden pero nunca practican; no actúan sobre lo que saben, luego no necesitan extremidades.
En cierta ocasión leí un libro escrito por un monje budista chino que de pasada hacía la observación de que los dragones son menos comunes hoy en día que antes. Sin embargo, yo debo decir que estoy en desacuerdo con él. Pienso que en todo caso, los dragones son más comunes de lo que lo fueron antes, al menos en algunas partes del mundo. En Occidente los dragones son verdaderamente comunes. Hay aquí mucha gente que comprende el Dharma muy bien, que lo saben todo sobre sunyata y el Zen, todo sobre la Única Mente y el Abhidharma, todo sobre las enseñanzas del Tantra Esotérico, pero que nunca ni siquiera piensan en practicar el Dharma. Tales dragones - ya que los dragones pueden tomar forma humana - son muy comunes en algunos círculos budistas.
En cierto modo, los dragones intelectuales de Occidente son lo peores dragones que hasta ahora ha visto el mundo, porque apenas reconocen la autoridad de Virupaksa. Parece que hasta ese grado de organización ha sido quebrado. Los nagas se le han escapado a Virupaksa, o quizás todos los otros seres se hayan escapado a sus respectivos reyes guardianes. Hay un grado de confusión, un grado de caos que quizá no haya habido antes.
Quizás el dragón de un peligro más inmediato hoy, hablando en general, esté representado por la comunidad de científicos, en la medida que sus programas de investigación y desarrollo - es decir, la dirección de su búsqueda de conocimiento - no está afectada por consideraciones éticas. Ya que muchos miembros de esta influyente comunidad parecen haberse vendido al diablo por el éxito profesional, la seguridad económica y el prestigio.
Como budistas, lo que tenemos que hacer es invocar la ayuda de Virupaksa, el protector del Occidente, para que sean controlados nuestros dragones. Tenemos que controlar nuestra propia actividad intelectual desequilibrada - por medio de nuestra receptividad a la Luz Dorada y práctica del Dharma. Así traeremos a los nagas al interior del pórtico del templo.
El templo es también un mándala, un conjunto armonioso de energías psicológicas, espirituales y transcendentales que se ordenan alrededor de un principio central común: el principio de la Iluminación. Al traer los nagas al interior del pórtico del templo estamos también edificando un mándala. Ellos impiden la entrada de cualquier fuerza hostil, de cualquier energía no integrada - eso es, cualquier energía que no está dispuesta a alinearse, en su propio nivel y modo, con el principio de la Iluminación. Los cuatro grandes reyes son los guardianes de los umbrales, una función de gran importancia. De un lado, tienen que mantener fuera a las fuerzas hostiles y no integradas - de otro modo la armonía del mandala sería trastornada. Del otro, tienen que admitir a las energías que están integradas y preparadas para se admitidas - de otro modo la riqueza potencial del mándala sería empobrecida.
En la tradición budista hay también otros seres que guardan las entradas del mándala. Son los cuatro gauris, (the fair ones). Se dice que con sus ganchos impiden a la gente salir del mándala. Desde el punto de vista occidental, esto sonará un tanto violento, pero en el budismo estos ganchos se asocian a la fascinación. Se dice que una mujer fascinante puede enganchar a los hombres, no por la violencia sino ejercitando su atractivo; un bodhisattva hace lo mismo. El bodhisattva nos estira hacia la Iluminación con la belleza, revelándonos la Iluminación como lo verdaderamente bello. El gauri representa ese tipo de fascinación. Por tu propio bien has de ser mantenido dentro del mándala, pero por el carácter de la situación no se te puede mantener allí a la fuerza. Luego los gauris parecen representar el aspecto más fascinador de los lokapalas, el aspecto que te hace querer estar dentro del mándala en vez de dejarlo, como de otro modo estarías tentado a hacer.
Si el mándala está decorado con flores y está muy bonito, por ejemplo, incluso si no te sientes atraído espiritualmente por lo que representa el mándala, al menos te gusta en sí. Es atractivo, es bello - eso te ayuda a permanecer en él. Eso es el trabajo de los gauris con sus ganchos. La comunidad espiritual es también un mándala. En ella también tienen su función los cuatro grandes reyes. Las energías perjudiciales deben ser mantenidas fuera, si no la comunidad espiritual sería destruida. Pero las energías positivas e integradas deben de ser bien recibidas, de otro modo la comunidad espiritual no crecería.
El cuarto punto a tener en cuenta sobre los cuatro grandes reyes es que ellos son inmensamente poderosos. Esta característica está bien destacada en las pinturas e imágenes, en las cuales se les representa normalmente como hombres de una edad algo mayor que la mitad de la vida, de gran corpulencia y frecuentemente con enorme musculatura. En cierto modo se parecen al Hércules de la mitología griega, pero contrariamente a este ellos van vestidos con armadura. Los cuatro grandes reyes representan energías enormemente poderosas, energías positivas, energías que no son ni muy espirituales ni refinadas, pero al mismo tiempo tampoco son realmente terrenales. Tales energías son llamadas a veces toscas, y tocas son en comparación con las energías más refinadas de los planos superiores. Pero la energía tosca no ha de ser despreciada - juega un papel esencial en el mundo. La energía representada por los cuatro grandes reyes no es sólo enormemente poderosa sino también extremadamente activa. No está bloqueada ni reprimida. Está siempre preparada para mantener las energías terrenales turbulentas bajo control y repeler las fuerzas antiespirituales.
Estará ahora más claro quienes son realmente los cuatro grandes reyes y lo que verdaderamente representan. Representan las fuerzas del equilibrio y la armonía en el cosmos, particularmente en la importantísima área lindante entre el mundo humano y el mundo celestial, incluso, entre lo psicológico y lo espiritual. Ellos representan, en efecto, la posibilidad de la transición del uno al otro.
Ahora estaremos en mejor posición para comprender a los reyes cuando declaran que El sutra de la Luz Dorada les nutre. Claro está que esta declaración no ha de ser entendida en sentido exclusivamente literal. Lo que los nutre es la luz dorada, la luz de lo transcendental. Ellos necesitan esa nutrición. De esto comprenderemos que las energías positivas del cosmos, las energías que promueven el equilibrio y la armonía, por muy poderosas que sean, pasarán tarde o temprano a ser lo opuesto y convertirse en negativas si no se nutren de lo transcendental.
Esto tiene implicaciones importantes. Al nivel de la vida humana individual quiere decir que no hay tal cosa como la positividad puramente psicológica, en el sentido de una positividad cuyo soporte le viene sólo de fuentes psicológicas. No hay ni siquiera tal cosa como una positividad puramente espiritual. ¿Cual es, en definitiva, el criterio de lo que es positivo y lo que no lo es? ¿Qué es éticamente hábil y que no lo es? Desde el punto de vista budista, lo hábil es algo que proporciona la base del desarrollo de una conexión con lo transcendental. Lo que en la práctica proporciona una base para el desarrollo de lo transcendental es lo positivo. De modo que ¿Cómo vas a determinar lo que es genuinamente positivo sin referencia a lo transcendental? No hay forma de averiguar la diferencia entre lo positivo y lo meramente placentero, entre lo que es genuinamente positivo y lo que da satisfacción personal. No puedes estar seguro de que lo que te parece positivo sea realmente positivo sin hacer referencia a lo transcendental.
Hay otra consideración a tener en cuenta. Supón que experimentas un estado mental positivo en el sentido psicológico ordinario; si tienes al menos un concepto de lo transcendental y sabes que lo positivo puede proporcionar la base para lo transcendental, tendrás entonces un incentivo para mantener esa experiencia de lo positivo. Uno podría incluso decir que sin referencia a lo transcendental no habría razón fundamental para desarrollar y mantener la positividad.
Esto en la práctica significa que has de tener una conexión personal con alguien que haya tenido experiencia de lo transcendental. Si tu único punto de referencia es un recuerdo o una tradición antigua, perderá su poder para apoyarte. Esto es lo que ocurría durante la época del Buda en el caso de los brahmanes. Sus antepasados habían sido conocedores de Brahma, habían llegado a Brahma, pero en la época del Buda los brahmanes no podían hacer referencia a tal experiencia, luego no podían mantener su tradición espiritual.
Podemos ver esto desde el simbolismo de la Rueda de la Vida Tibetana, en particular el del reino de los dioses. Los dioses parecen tener una experiencia muy positiva de la vida, pero a no ser que tengan consciencia de lo transcendental, su positividad no funcionará como base para la realización de lo transcendental. Según la tradición los dioses están simplemente recogiendo la recompensa de sus actos hábiles previos. Lo que sostiene su positividad es karma. Cuando se les agote su karma positivo, por así decir, caerán de su estado positivo a no ser que desde dentro de él puedan vislumbrar lo transcendental. Pero si tienen esa visión, entonces ella proporcionará la base no sólo para la realización de lo transcendental sino también para la extensión de su experiencia positiva.
La consecuencia de aceptar todo esto es ver que no podemos ser verdaderamente humanos sin ir al Refugio. Somos humanos accidentalmente, por así decirlo; o lo somos sólo por poco tiempo. No podemos mantener nuestro estado humano sin referencia al factor transcendental. En definitiva, creamos un karma positivo nuevo que nos mantenga en un estado positivo por razones transcendentales.
Incluso después de que la experiencia transcendental haya dejado de ser algo vivo y sea un recuerdo, éste seguirá ejerciendo alguna influencia por cierto tiempo. Pero al final, si no ha habido un nuevo impulso, o experiencia, de lo transcendental, todas las voliciones positivas que dependían del factor transcendental se harán más y más débiles. Una sociedad puede alimentarse del recuerdo de una visión por un tiempo, pero no por mucho. Por ejemplo, durante los últimos siglos, o más, mucha gente ha dejado de creer en el cristianismo pero ha seguido viviendo según la ética cristiana porque aún le quedaba a ésta alguna fuerza. Más recientemente dicha fuerza ha disminuido y mucha gente no ve razón por la cual permanecer siguiendo la ética cristiana.
No es que es que la única positividad verdadera y duradera sea la que tiene el respaldo final en lo transcendental. Alimentada por lo transcendental, la positividad será más positiva, incluso en su propio nivel, de lo que podría haberlo sido sin ello. Como dicen los cuatro grandes reyes: “En nuestros cuerpos se producirá valor, fuerza y energía. Brillo, gloria y resplandor entrará en nuestros cuerpos.” Aquí cuerpo no quiere decir el cuerpo diferenciado de la mente, sino la personalidad completa, el ser completo. En otras palabras, nutridos por la luz dorada, los reyes tendrán más grandeza y majestuosidad que nunca y ejercerán sus respectivas funciones con la mayor efectividad. Similarmente, alguien que va al Refugio no sólo se desarrollará espiritualmente sino que también se hará más humano. Las cualidades humanas en sí mismas son nutridas por lo espiritual, nutridas por lo transcendental. Es casi posible decir que no se puede ser humano sin ir al Refugio. Al final, sólo el ser humano Iluminado es el verdadero ser humano.
Al nivel de la vida humana colectiva, no puede haber cultura o civilización sana sin base en valores transcendentales, por muy profundamente escondidos que estén. Una cultura puramente secular es una contradicción terminológica - si bien esto no quiere decir que en Occidente nos tengamos que arrojar de nuevo a los brazos del cristianismo con toda su ortodoxia. Hay otras alternativas.
Una vez que han declarado que el Dharma los nutre, los cuatro grandes reyes hacen sus cuatro votos. El primero es su promesa de ejercer de acuerdo con el Dharma su soberanía sobre las diferentes clases de semidioses. Esto quiere decir que su autoridad no será la expresión de una voluntad egoísta arbitraria, sino que expresará poder espiritual - no su propio poder sino el del Dharma. Ellos serán simplemente los canales por los que se transmita ese poder, por los que alcanzará a las hordas de seres no-humanos. Al convertirse en esos canales serán más aún ellos mismos.
La segunda promesa de los reyes es proteger todo Jambudvipa, que es el mundo material conocido: el mundo humano. Los cuatro grandes reyes prometen mantener fuera a todas las fuerzas hostiles que amenazan con trastornar lo que constituye una sociedad humana positiva y sana - eso es, una sociedad en la que el individuo puede desarrollarse. Hoy en día los servicios de los cuatro grandes reyes hacen mucha falta - de hecho, a su fuerza se le está exigiendo lo máximo, en particular en la zona occidental, donde las fuerzas hostiles tratan de irrumpir en distintos puntos.
Su tercera promesa es proteger a los monjes que lean o reciten el sutra y expliquen su significado, así como darles ánimo. Objetivamente esto quiere decir que las energías más tocas del cosmos cooperarán con los monjes en su cometido de proclamar el sutra. Subjetivamente quiere decir que los monjes mismos integrarán sus propias energías psicológicas toscas para poder utilizarlas para ese propósito. Al fin y al cabo, se necesita mucha energía para proclamar el Dharma - no sólo energía espiritual, sino también pura resistencia física. Esto prometen darlo además los cuatro grandes reyes.
En cuarto lugar, prometen proteger a los reyes que den su apoyo a los monjes que proclamen el sutra. Aquí “reyes” quiere decir gobiernos - sistemas políticos, económicos y sociales que estén organizados para asistir al desarrollo espiritual. Esos “reyes” ejecutan en sus respectivos sistemas la misma función que los cuatro grandes reyes ejecutan en la totalidad del cosmos. Es por eso tan sólo natural que los cuatro grandes reyes los protejan. Ellos representan el mismo espíritu en niveles de operación distintos. Volveré sobre esto más a fondo en último capítulo, que trata de los defensores del orden moral.
Estos cuatro votos, junto al compromiso de los cuatro grandes reyes para proteger el sutra, significan que así como las hordas de los seres no-humanos se someten a los cuatro grandes reyes, estos, similarmente, se someten a la luz dorada. Dicho de otro modo, las energías terrenales se someten a las energías celestiales y éstas a las energías transcendentales. Así queda introducido el profundo principio de la jerarquía espiritual. En efecto, se puede incluso decir que los cuatro grandes reyes simbolizan este principio. Ellos ejercen soberanía sobre lo que está por debajo de ellos, mientras que al mismo tiempo de buen grado aceptan la soberanía de lo que está por encima de ellos. Por lo tanto los reyes representan también el principio de la transformación del mundo. El mundo solamente puede transformarse de verdad si se somete a la luz dorada, si es receptivo a la luz dorada - eso es, si se organiza de tal modo que ayude a la manifestación de la luz dorada en la vida del individuo.
Habiendo llegado hasta aquí, vale la pena explorar en que sentido se puede decir que existan los cuatro grandes reyes. La cuestión dependerá de lo que uno quiera decir con la palabra “existir”. Yo he de decir que cuando estaba estudiando esta sección del sutra tenía la impresión de que los reyes estaban reunidos en torno a mi, y más que como entidades separadas como cuatro nubes juntas. Ciertamente no tuve la impresión de que mi experiencia de ellos fuera puramente subjetiva. Sentí que ellos existían en algún modo objetivo, aunque obviamente no pueda ofrecer prueba de ello.
Quizás no sea poco acertado pensar que los cuatro grandes reyes representan fuerzas de equilibrio y armonía en el cosmos y que, como tal, tienen influencia real en el mundo. Parece ser que hay un principio de equilibrio que funciona en la naturaleza, o incluso en el cuerpo humano. El organismo sano cuando se enferma tiene la tendencia natural a compensar y curarse. Cuando sobreviene un desequilibrio en el medio ambiente, quizás por un desastre provocado por el hombre, la naturaleza parece también tener la tendencia a corregirlo. Puede ser que los cuatro grandes reyes representen esa tendencia expandida a la totalidad de la naturaleza. Ellos no son algo separado de la naturaleza; son parte de ella, si bien tienen sus propias personalidades. No se encuentran fuera de la naturaleza interfiriendo en ella como un mecánico que juguetease con un coche.
No hay correspondencia obvia a los cuatro grandes reyes en la mitología occidental, aunque el rey Arturo quizás se les aproxime. Si olvidamos los aspectos específicamente cristianos de su mitología, puede seguir viéndosele como un rey que lucha contras las fuerzas del mal. Por supuesto, el rey Arturo es vencido al final, lo que, según parece, no les ocurre a los cuatro grandes reyes, luego quizás él no nos sirva realmente. Se podría hacer otra comparación con San Jorge, que al menos es una figura legendaria ya que no ha tenido una existencia histórica en absoluto, excepto en el sentido remoto del rey Arturo. Además está también el arcángel San Miguel, al que se representa tradicionalmente luchando contra diablos.
La única forma de invocar el poder de los cuatro grandes reyes es pensar en ellos, concentrarse en ellos. Mi experiencia de su presencia ocurrió indudablemente porque estaba concentrándome intensamente en ellos. Puede que tengan mantras - el Vajrayana tiene puyas en las que se les hacen ofrendas. Pero esas prácticas sólo servirán para invocarlos en la medida que uno esté concentrado y absorto en la idea de ellos. Las prácticas explícitas sólo servirán a quienes se concentren así.
Esto significa que hay que tener interés en los cuatro grandes reyes. Si pensases que no son más que una porción de mitología tibetana del pasado, ciertamente serías incapaz de invocarlos. Se ha de tener algo de sentimiento hacia ellos, lo mismo que para cualquier otra figura mitológica. Si estás absorto en material que trata sobre Hermes tendrás una cierta experiencia de Hermes. Es lo mismo con cualquier figura arquetípica, porque todas corresponden a algo en la psique humana. Puedes establecer contacto con ellas por medio del aspecto de la psique a que corresponden, pero primeramente tendrás que activarlo.
No solamente los cuatro grandes reyes se presentan y prometen proteger el sutra. En los capítulos que siguen otras divinidades se presentan y hacen promesas parecidas. Particularmente, tres diosas prometen proteger le sutra: Sarasvatí, la diosa del saber; Sri, la diosa de la riqueza y, finalmente, Drdhá, la diosa de la tierra. Las promesas de los cuatro grandes reyes representan el principio general de la transformación del mundo por la sumisión a la luz dorada, mientras que las promesas de las tres diosas representan el desenlace de ese principio en esferas diferentes de la actividad y la vida humana. Cuales son esas esferas y como el principio tiene su desenlace en ellas, lo veremos en el transcurso de los tres siguientes capítulos.
Si nos sometemos a la luz dorada, seremos capaces de transformar nuestra propia vida, nuestro propio Yo, además de cooperar en la transformación del mundo. Si así lo hacemos, en nuestra pequeña esfera también cada uno seremos protectores del Dharma.

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