Indice 1 Introducción: Como se desarrolla un sutra de la tradición mahayánica 2



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La tercera confesión: Las opresiones de la existencia
Hemos visto que en la segunda confesión Ruchiraketu confiesa haber cometido los diez actos torpes - tres del cuerpo, cuatro del habla y tres de la mente. La tercera confesión añade un nuevo elemento: la confesión del mal acumulado por distintas opresiones.
“En la opresión de la existencia o por el pensamiento necio, todo el grave mal que he cometido, lo confieso todo en al presencia del Buda. Confieso el mal que ha sido acumulado por mi en la opresión del nacimiento, por las disitinta opresiones de la actividad corporal, en la opresión de la existencia, en la opresión del mundo, en la opresión de la mente inquieta, en la opresión de las impurezas causada por lo necio y lo estúpido, en la opresión de la llegada de amistades malas, en la opresión del miedo, en la opresión de la pasión, en la opresión del odio y por la opresión de la necedad y la ignoracia, en la opresión del instante, en la opresión del tiempo, por la opresión del logro de méritos, de pie ante el Buda, en su presencia, lo confieso todo.”
La palabra que se traduce como “opresión”, es la palabra sánscrita samkata, para la cual el diccionario da las siguientes definiciones: puesto junto, contraído, cerrado, estrecho, apretado, denso, insensible, infranqueable, lleno, repleto; una estrechura, dificultad, condición crítica, peligro para o peligro de. Esto nos da una buena idea de lo que quiere decir samkata y deja claro que el término “opresión”, aunque no está mal, no es realmente una tradución adecuada.
Los samkatas son aquellos factores por los que nos vemos rodeados, que se agrupan a nuestro alrededor, que nos oprimen, que nos aprisionan y limitan. Esto sugiere que hay todo tipo de actos torpes que uno ejecuta por compulsión, por así decir. Que nuestros actos torpes no son los de una voluntad libre e ilimitada. Que si las condiciones hubieran sido algo más favorables, no lo habríamos hecho en absoluto. Hay tantos factores en la existencia que nos oprimen, que hacen más fácil que hagamos algo torpe, y que hacen más difícil que actuemos hábilmente. Las circunstancias están frecuentemene en contra nuestra. Lo que nos rodea tiende casi a obligarnos a hacer lo que es torpe. Si bien esto no es una excusa, en definitiva, porque es por nuestra debilidad que sentimos la opresión como tal. Pero volvemos de nuevo al punto de que la gente no son deliberadamente malvados; es más bien que es débil y se rinde ante la presión.
La lista de opresiones es larga: la existencia, el nacimiento, la actividad corporal, la mente inquieta, las impurezas causadas por lo necio, la llegada de amistades malas,el miedo, la pasión, el odio, la necedad y la ignorancia, el instante, el tiempo, el logro de méritos. El sutra confiesa el mal cometido bajo la opresión de todas esas cosas. Luego claramente no se trata de factores con los que nos encontramos ocasionalmente y que hayamos de resistir; son cosas que os rodean y casi aplastan constantemente. No es que estén ahí y que no nos molesten; nos rodean, no cercan, irrumpen en nosotros, pesan sobre nosotros y nos restringen los movimientos. Son un peligro crónico constante, si no somos conscientes de ese hecho es porque cedemos en tal medida que no queda nada en nosotros que pueda ser oprimido.
La lista comienza con la opresión de la existencia. Esto implica que la existencia condicionada en sí misma - el ser un ser humano - nos empuja a cometer actos torpes. Tan sólo tienes que salir a dar un paseito y verás todo tipo de cosas que no pueden dejar de hacer surgir pensamientos torpes en ti, e incluso actos torpes. Siendo más específico, podríamos decir que la vida de la ciudad e una opresión. En la ciudad tenemos que poner mucha energía en manterner al mundo a cierta distancia; impidiendo que el mundo invada lo que hemos logrado en la atención consciente y la positividad. De modo que no nos queda mucha energía con la que progresar realmente. Aun con todo, hemos de admitir que esto ocurre solamente porque algo en nosotros tiene una afinidad con esas opresiones en el mundo.
El sentido en el que el pensamiento necio puede convertirse en una opresión es bastante obvio. Los pensamientos se nos pasan por la cabeza involuntariamente a todas horas. No nos ponemos a tener un pensamiento torpe deliberadamente; aparece en nuestra cabeza. No le pidimos que viniera, no lo quisimos ahí; tan sólo vino. Eso es lo que experimentamos. Le llamamos nuestro pensamiento, pero a veces parece que venga de fuera, que nos invada. Cuando nos sentamos a meditar, tratamos de concentrar la mente, de mantenerla clara y pura, y todos esos pensamientos torpes y necios se apresuran hacia nuestra mente superando nuestros mejores esfuerzos. Así nos sentimos. Aun con todo no podemos evitar el hecho de que estos pensamientos son nuestros; nos pertenecen.
La opresión del nacimiento es la próxima. Según algunos psicólogos, el nacimiento en sí es una experiencia traumática. Uno está en la matriz antes de nacer: cálido, relativamente tranquilo y bastante cómodo. Entonces, de repente se te oprime por el paso por una apertura angosta y sales al otro lado en medio de una luz terriblemente resplandesciente, para entonces ser cojido, azotado y sumergido en agua. Esto seguramente ha de ser una experiencia traumática. Se te azota para que respires, se te frota con una toalla áspera y, entonces, se te viste, así todo envuelto. Entonces empiezas a sentir hambre. Todo esto podría describirse como la opresión del nacimiento.
¿Pero en que medida serán las actividades corporales una opresión, o incluso varias opresiones? Pensemos un momento. Despiertas por las mañanas, tienes que levantarte y vestirte, ir al baño, cepillarte los dientes y entonces has de comer algo. Todo esto son actividades corporales que se necesitan para funcionar. Algunas veces parece haber tantas que te olvidas de para que estás viviendo. Al envejecer la existencia física se convierte cada vez más en una carga. Al final apenas puedes caminar, ni tampoco levantarte de una silla sin ayuda. No puedes subir al autobús sin que te ayuden. Quizás ni puedes vestirte ni ir al baño sin ayuda. Es entonces que esta opresión te da de lleno - aunque cuando eres joven, a veces tienes un sabor anticipado de ello al enfermar. No puedes pensar en apenas nada que vaya más allá de tu estado físico, tus dolores, tus medicamentos, etc.
En cuanto a la opresión del mundo, podríamos tomarla en un sentido más restringido que el de la opresión de la existencia, para referirnos con ella a la totalidad de la vida social. En efecto, sea cual sea la opresión específica, se extenderá por todo. Tomemos por ejemplo, la llegada de amistades malas. No es que de vez en cuando nos veamos con un mal amigo; alguien que va a tratar de inducirnos a ejecutar actos torpes, sino que estamos rodeados de ellos. Toma el autobús, y ahí están, o ve a ver un partido de futbol. Nos rodea gente que en cierto sentido son malos amigos, en la medida que su imfluencia sobre nosotros no es positiva, no es hábil.
Las opresiones del miedo, la pasión, el odio y la ignorancia ya las hemos visto en las secciones de las confesiones previas. Pero esta sección todavía aporta nuevos elementos. Por ejemplo está la opresión del momento, el tener que actuar o tomar una decisión cuando uno no está en guardia, además de la opresión del tiempo o el apremio del tiempo, como diríamos nosotros, que con tanta frecuencia parece impedirnos los actos hábiles. Ciertamente, bajo las condiciones de la vida moderna frecuentemente sentimos que no tenemos bastante tiempo para hacer las cosas bien, o de pensar cual sería la forma hábil de actuar. Actuamos de prisa y lo más probable es que actuemos torpemente.
Incluso el ganar méritos es, según el sutra, una opresión - por raro que parezca. Lo que el sutra señala es, por supuesto, el peligro del apego excesivo a nuestro mérito. Si concebimos la vida espiritual demasiado como la adquisición de mérito, entonces se vuelve opresiva para nuestra vida espiritual real. El texto no lo dice explícitamente, pero supongo que los méritos a que se refiere son del tipo inferior, el que garantiza un lugar tras la muerte en los paraísos más elevados. No veo como los méritos que se decican a la Iluminación pudieran ser una opresión. Al fin y al cabo, la opresión sólo surge cuando tratas de hacer algo hábil y factores externos se te interponen. La vida misma puede interponerse, la falta de tiempo puede interponerse, pero los méritos que se dedican a la Iluminación cómo van a interponerse.
La lista lleva nuestra atención a que hay todo tipo de factores entorpecedores que nos presionan siempre, de los cuales nos es muy difícil escapar porque los experimentamos constantemente. Nunca aflojan su presión. Es como si funcionara en el mundo una fuerza que nos obligase a hacer cosas torpes en contra de nuestro mejor juicio y nuetros propios deseos. Si nos rodean todas esas cosas, tarde o temprano tendrán algún efecto definitivo. No es que hagan surgir la actuación torpe en un modo misterioso e indirecto. Si nos rodeamos constantemente de malas amistades, tarde o temprano tendrán una influencia sobre nosotros. La lista es, por supuesto, selectiva; todos los factores entorpecedores e inútiles son del mismo carácter.
Esto no quiere decir que el individuo quede absuelto de su responsabilidad por su comportamiento. Al confesar el mal que has cometido, aceptas la responsabilidad por ello. Puede ser comprensible que no te opongas a las opresiones a veces, pero es tuya la responsabilidad de oponerte a ellas. Si no tienes la culpa de algo ¿Por qué confesarlo? No habría razón. El hecho de que confieses algo quiere decir que aceptas responsabilidad, aun si fuiste tentado muy fuertemente. Haciendo una distinción de especialista podría uno decir que estas opresiones son la ocasión para los actos torpes, pero no su causa. Tú eres la causa y por lo tanto la responsabilidad es tuya. Quizá la tentación sea muy fuerte, pero aun así tienes la capacidad de resistir.
Cuando te conviertes en una persona más integrada, no te sientes exactamente menos oprimido, pero sientes menos el tirón de las opresiones. Si no eres una persona integrada estás dividido. Cuando una parte de ti quiere meditar, otra no quiere. De modo que si hay alguna presión externa para no meditar puede funcionar en ti fácilmente através de la parte de ti que no quiere hacerlo en todo caso. Si estás dividido, la parte de ti que simpatiza con la opresión será vulmerable a su influencia.
Si tienes un “traidor dentro” que está en alianza con el “enemigo exterior” estarás en una posición difícil. Además de estar oprimido por la opresión, estás dividido en tu interior de modo que una parte de ti está presionando a la otra. Es mucho más fácil ocuparse del apremio exterior cuando no hay conflicto interior. Si, por ejemplo, cuando vas por la ciudad ves anuncios publicitarios con modelos con lo mínimo de ropa, pero nada en tu interior es susceptible a eso, por mucha presión que hagan sobre ti nada ocurrirá. En cambio, si ya hay un traidor acechando en tu interior, por así decir, las fuerzas cobinadas del traidor y del anuncio podrían abrumarte. Si estás dividido en tu interior es más probable que sucumbas a la presión exterior, pero si eres una persona más integrada, podrás soportar el correspondiente grado de presión del ámbito.
Es buena cosa el ser consciente de que hay todo tipo de factores en el mundo que casi nos obligan a comportarnos torpemente. No obtenemos mucha cooperación del mundo; el apremio viene a ejercer su influencia sobre nosotros para que actuemos en el modo normal - eso es en modo torpe. Vivimos en medio de una situación opresiva y puede que sintamos que hemos de obstaculizar muchas cosas tan sólo para sobrevivir el día. Es por esto que es bueno irse de retiro de cuando en cuando, para experimentar la ligereza y la felicidad de sentir la ausencia de apremio, al menos por un tiempo.
Es discutible si ser consciente del apremio como apremio es realmente de mucha utilidad. Si hay un ruido terrible en el exterior mientras tratas de meditar, puedes sin duda ser consciente de lo que ocurre, pero eso no te ayudará a meditar si el ruido sigue y te sigues sintiendo molestado por él.
Se podría decir que por tener que ocuparse de las opresiones uno se hacer más fuerte, pero pienso que hay un punto más allá de cual eso ya no funciona. Si haces levantamiento de pesas en un gimnasio, eso sin duda te fortalezerá, pero si eres viejo y estás débil, eso exijiría tanto a tu corazón que caerías muerto. A nivel psicológico es lo mismo. Se puede soportar una cierta cantidad de fortalecimiento, pero hay un límite a lo que se puede aguantar.
De esto se deduce que has de saber cuanto eres capaz de aguantar. Si una situación es insoportable tendrás que apartarte de ella, si es que es realmente posible. Por ejemplo, digamos que vives con alguien de muy mal genio. Quizás te las arregles por un tiempo, pero supón que otra persona del mismo temperamento se va a vivir con vosotros también. Puede que tengas que admitir que no podrías aguantar vivir con dos personas así - te deprimirían, lo que no te ayudaría ni a ti ni a nadie. Es mejor escapar que sucumbir. No debería avergonzarnos el admitir que nuestros recursos son limitados. Sí, hemos de ser fuertes, pero debemos juzgar nuestra fuerza y decidir que es lo que razonablemente podemos esperar de nosotros mismos. Generalmente podemos ir más allá de lo que pensamos, pero hemos de ser realistas también y no destruirnos por medio de ideas falsas sobre lo que hemos de ser capaces de aguantar. Esto no quiere decir que necesariamente hemos de aceptar nuestros límites y debilidades. A veces hay partes de uno que no deben ser ni protegidas ni dejadas sueltas.
En resumen, en la opresión interviene algún factor exterior - ya sea social o psicológico - que ejerce presión para que actuemos torpemente. No hemos de sentirnos victimas por eso, sino que hemos de reconocer realistamente que por el hecho de vivir en el mundo estamos confrontados con las opresiones. Con demasiada frecuencia el mundo, lejos de cooperar con nuestros esfuerzos para actuar de forma más hábil, casi nos empuja en la dirección opuesta.
Los efectos de la confesión: la purificación y el regocijo
Debe de estar ya claro cuales son los efectos de la confesión. Cuando hemos confesado verdaderamente nos sentimos purificados y limpios. Sentimos que estamos de nuevo sobre el camino, que podemos avanzar de otra vez. El estado en que nos encontramos queda ilustrado bellamente por la práctica de visualización de Vajrasattva. Esta es una práctica del vajrayana, pero en espíritu está muy cerca de los versos de confesión que Ruciraketu oye en su sueño.
En esa práctica uno visualiza a Vajrasattva sentado sobre un trono de loto blanco justo encima de la cabeza. Su color es blanco puro, como nieve recién caída en la que reluce el sol de la mañana. El está en la flor de la juventud, con sus largos cabellos negros y su expresión es una sonrisa compasiva. En una mano lleva un vajra o dorje, sonstenido en equilibrio delante de su pecho, en la otra mano lleva una campana que se apoya en su rodilla. En su corazón se ve la sílaba hum, en un azul profundo y a su alrededor, como una girnalda, el mantra de Vajrasattva de las cien letras, también de color blanco. La girnalda de letras gira en la dirección de las manecillas del reloj alrededor del hum azul profundo, conforme giran la letras rezuman de ellas gotas de blanco néctar. En un chorro el néctar cae en tu coronilla, descendiendo por el nervio central y pasando por todos los centros psico-físicos de tu organismo, linpiando todo tu mal, dejando todo tu ser absolutamente limpio. Te vuelves puro, transparente y brillante como un jarrón de cristal. Una vez que todas las impurezas han sido limpiadas, el néctar se acumula dentro de ti, de modo que poco a poco te conviertes en algo así como un recipiente de cristal lleno de puro néctar blanco.
Cuando hayas alcanzado ese estado, verás que todo el cielo se llena de extremo a extremo de puras flores de loto blancas. Sobre cada una de esas flores de loto se sienta un puro Vajrasattva blanco y bajo cada uno de ellos un ser vivo, siendo purificado igual que tú. Ves que eres un ser puro en un mundo puro; un ser puro entre seres puros. Entonces sentirás que has cofesado realmente y que has sido perdonado.
Una vez que hayamos confesado a los Budas, es, por supuesto, natural que nos sintamos intensamente agradecidos por que hayan escuchado y aceptado nuestra confesión. Es natural, por lo tanto, que como Ruciraketu en El sutra de la Luz Dorada, cantemos sus alabanzas.
“Adoro a los Budas, quienes son como océanos de virtud, montañas del color del oro que destellan como el monte Surmeru. Voy al Refugio a esos Budas e inclino la cabeza ante todos esos Budas. Cada uno de los cuales es del color del oro, brilla como el oro puro. Tiene finos ojos, puros y sin tacha como el berilio. Es una resplandesciente mina de gloria, esplendor y fama. El es el sol Buda que aparta las tinieblas y oscuridades con sus rayos de la compasión. El es del todo intachable, brillante y con miembros muy relucientes. El, un sol, completamente iluminado. Sus mienbros prominentes como el oro puro. Es como si refrescara El los ardores de aquellos cuyas mentes se consumen en el fuego de la impureza, por medio del entramado de rayos de luna que surgen del sabio. Sus órganos de los sentidos están embellecidos con las treinta y dos marcas principales, sus miembros relucen mucho por las brillantisimas marcas menores. Con entramados de rayos de gloria, méritos y esplendor se alza en la oscuridad como el sol en los tres mundos. Tus miembros parecen plata, cristal o cobre, con la variedad pura y mágnifica de los colores del berilio, con entramados de rayos repetidamente adornados en modos distintos, brillas con el rojo cobrizo de la mañana, gran sabio, igual que el sol. Para quien ha caído en el río de los ciclos de la existencia, en medio de las inundaciones del desastre, afligido por la ansiedad, en las aguas de la muerte, en la nube de la vejez, seca Tú completamente con el entramado de rayos de Buda-sol el océano de la desdicha cuya corriente es extremadamente dura y cruel.”
Todo este pasaje, como muchos en otros sutras del Mahayana, da la impresión de lo inagotable, de la abundancia y las riquezas; de eso se trata realmente. Hace énfasis en que el Buda posee mucho más que dos o tres virtudes monumentales y abstractas. Es realmente como un cofre con un tesoro de virtudes y méritos.
Aquí la imaginería - el sol, las montañas, los rayos de luna, el berilio, la plata, el cobre, el cristal, la mañana, el agua - es toda universal; no hay nada específicamente indio en ello. Salvo que quizás los es bastante el derroche desordenado y la exhuberancia. Todos esos epítetos y comparaciones no constituyen un orden, un conjunto o simetría. Están apilados unos sobre otros tal cual. Puede que parezca todo un tanto excesivo, incluso extraño. Quizá prefiramos un enfoque “estilo zen” - tan sólo una ramita de flores cuidadosamente puesta en un simple jarrón - pero a los indios les gusta apilar cientos de flores por todos sitios, sin ningún tipo de orden. Si el enfoque del estilo zen expresa una intensidad real de la quietud y la concentración, entonces puede que sea eso lo que necesitamos. Pero una cierta reserva educada - una paleta de tonos pasteles - no es en sí una virtud, al menos en el contexto devocional. Es mejor dejarnos llevar un poco, incluso ser algo menos cauto, si por “cauto” entendemos abotonado hasta arriba y tímido.
Por supuesto que la tradición occidental no carece totalmente de ese tipo de profusión de expresión. Thomas Traherne da rieda suelta de ese modo en su Centuries of Religious Meditations. Como lo hace Shelley en su Oda a una alondra en el que algunas de las imágenes son evidentemente algo absurdas - por ejemplo comparar a la alondra con una doncella de la nobleza en la torre de su palacio, o con una luciérnaga. Pero yo solía enseñar este poema a estudiantes en la India y a ellos les encantaban esas comparaciones. Entre los críticos ingleses se está de acuerdo en que algunos de los símiles podrían haber sido recortados para hacer el poema más compacto y unificado, pero sin duda los indios no pesarían eso. Por ellos podría seguir y seguir.
Podría decirse que es esa la diferencia entre el estilo gótico y el neoclásico. La distinción fundamental es la que se da entre un estilo que “acumula” y otro que “elimina”, y eso está ejemplificado tanto en la tradición cultural occidental como en la tradición budista oriental. Comparad, por ejemplo, un local de reuniones de los cuáqueros, tan simple, con paredes desnudas y desprovisto de adornos, con una iglesia católica del estilo rococo de después de la Reforma, llena de minucias de oropel, terciopelo y puntillas, yesería y pintura, con un efecto que puede resultar o elevador o de mal gusto. La diferencia entre el enfoque del Theravada y el del Vajrayana es similar; y ambos tienen sus méritos. Los ingleses les repele la exhuberancia y la profusión, pero quizás sea eso algo que hemos de superar.
Por supuesto, puede llegarse también al otro extremo. Algunos templos tibetanos se llenan tanto de cosas que se vuelven un tanto opresivos. Hay tanta gente que les ha dado tantas cosas - ninguna de las cuales se puede tirar o dar - que cada rinconcito tiene una imagen o un thangka con aún otro juego más de cuenquecitos con agua y aún más lámparas. Los templos tienen una apariencia verdaderamente recargada, sobre todo porque con frecuencia colocan las cosas sobre cajas de cristal puestas contra la pared. Todo puede acaba por tener como la apariencia de un mueseo, además de polvariento y comido por la polilla. Todo se ha de guardar porque algun alma piadosa lo ha donado, pero a veces uno desea realmente que se pudieran tirar algunas cosas. Yo he pensado a veces que el budismo tibetano es así - como parecido a un museo. Hay demasiado de él y con demasiadas minucias.
Por lo tanto se necesita un camino medio. De cuando en cuando es bueno pasar un periódo de esplendidez exhuberante y pródiga, pero no puede uno vivir con eso siempre. A veces uno tiene ganas de austeridad y simplicidad, pero tampoco se puede vivir siempre con eso. Para la práctica de cada día, el camino medio es probablemente lo mejor. Ten un altar esplendido, pero no empalagoso; austero pero no aburrido. Los días de festividades son la ocasión para la exhuberancia - no ahorréis en la compra de ornamentación, ni en lámparas, ni en velas; y las flores que abunden realmente.
“Adoro al Buda, cuyos miembros brillan como el oro, cuyos miembros relucen con el color del oro, mina de la sabiduría, jefe en los tres mundos, bello, cuyos miembros están adornados con todas las marcas brillantes. Las aguas del océano son inmensurables, la tierra es ilimitada con todas sus partículas de polvo, Meru con sus rocas no tiene límites, el cielo es ilimitado, igual son de ilimitadas las virtudes del Buda. Ni aun todos los seres pueden llegar a saberlas. Si uno las midiera y reflexionara sobre ellas por numerosos eones, no podría llegar a saber las últimas virtudes. La tierra con sus rocas, montañas y océanos, quizás en eones pudiera ser contada y sabida; y las aguas del océano quizás fuesen medidas con exactidud: no es posible saber el final de las virtudes del Buda.”
El Buda es aquel que ha alcanzado o realizado lo Incondicionado. Lo Incondicionado no es accesible realmente al pensamiento ni puede ser expresado completamente por él, es exactamente igual en el caso del Buda. Las virtudes del Buda son inmensurables, inexpresables. Hay dos formas de tratar de explicar esto. Puedes simplemente declarar: “las virtudes del Buda no pueden ser todas expresadas” o puedes agotar todos tus poderes de expresión intentando describirlas, que es lo que en efecto se hace en el parráfo citado. El segundo método da, probablemente, mejor impresión de lo inagotables que son las virtudes del Buda.
En muchas tradiciones espirituales se dice que hay dos caminos principales para aproximarse a la realidad: la forma negativa y la forma afirmativa. La forma negativa consiste en negar que lo Incondicionado tenga cosa alguna condicionada. Uno dice de lo Incondicionado: no es esto, no es eso; no tiene nada que ver con el espacio, nada que ver con el tiempo. No tiene ni principio ni fin. No es ni la luz, ni la oscuridad; ni lo bueno, ni lo malo; ni la existencia ni la no existencia. Está más allá de todo eso. Pero la forma afirmativa consiste en decir que lo Incondicionado es la luz - no una luz ordinaria, pero la luz absoluta, la luz más brillante, la luz más pura, la luz más grandiosa. O se dice que lo Incondicionado es bello, pero no de una belleza ordinaria, no de una belleza de este mundo. Es aún mucho más bello que incluso la cosa más bella que vemos y experimentamos. Es la belleza en sí, belleza sin igual.
Ambas son, por supuesto, formas de ver las cosas. Hablando con propiedad, no es en absoluto posible pensar en la realidad, pero para propósitos prácticos hemos de pensar sobre ella. Básicamente hay sólo estas dos formas en que se puede pensar sobre la realidad: una, negar que lo Incondicionado tenga cosa alguna de lo condicionado; la otra, pensar en lo Incondicionado como lo condicionado en su máxima plenitud, en su punto inmejorable, más allá de lo que llegamos a experimentar dentro de lo condicionado.
Bueno, hay de hecho otra forma. También está la aproximación por medio de la paradoja, por medio de la yustaposición forzada de términos contradictorios; como cuando se habla de “oscuridad deslumbrante”. Tales contradicciones les dan al menos a ciertas personas alguna pista de lo que sea la realidad. Los textos budistas de la Perfección de la Sabiduría operan de este modo por medio de paradojas conceptuales, además de utilizar también la forma negativa.
Pero El sutra de la Luz Dorada está claramente a favor de la aproximación afirmativa y usa imágenes y descripciones exhuberantes. Contiene sólo un capítulo corto sobre sunyata que es como una versión floja de la ensñanza de la Perfección de la Sabiduría.
La consecuencia lógica de la confesión es doble: el reconocimiento de los méritos, tanto propios como ajenos, y la dedicación de los méritos propios a la Iluminación. La primera indicación de esto nos llega después de la segunda confesión:
“Celebro el bien que se hace en nuestro Jambudvipa y en otras esferas de existencia. Todo el mérito que haya podido ser ganado por mí, por el cuerpo, la voz o la mente; por las raíces de ese mérito que llegue a tocar la excelente Iluminación.”
El regocijo en los méritos ajenos da fuerza e inspiración. Además contrataca cualquier tendencia a la envidia y la avaricia porque fomenta el desinterés. Te alegras de que alguien ejecute un buen acto tanto como si lo hubieras ejecutado tú. Si consigues cultivar una actitud de aprecio positiva, podrás sentir que en cierto modo lo has ejecutado tú.
Hay personas a las que no resulta fácil el regocijo de los méritos ajenos. Cuando pensamos en las buenas cualidades de los demás podemos incluso llegar a sentirnos incómodos. La razón de esto es que nos sentimos inferiores; nos sentios inferiores porque no tenemos esas buenas cualidades. Eso es lo que nos irrita. Lo contemplamos desde la envidia y el prejuicio. En vez de pensar “Jane es muy cariñosa”, empezamos a pensar “ella es mucho más cariñosa que yo. Y lo que es peor, cuando los demás nos miran probablemente piensan que ella es mejor que yo”. Cuanto más lo pensamos, más inferiores nos sentimos. Quizás imaginamos que Jane se siente superior a nosotros cuando a ella no le ha entrado en la cabeza nunca tal pensamiento. Incluso puede que no se haya percatado realmente de nuestra existencia. Si las virturdes de alguien lo hacen superior a nosotros en un modo que nos hace sentir humillados, es muy probable que subestimemos o no valoresmos suficiente sus buenas cualidades, tan sólo para mantenernos, según nuestra forma de ver, a su nivel.
Si tenemos méritos propios en los que regocijarnos, nos resultará más fácil regocijarnos en los méritos ajenos porque nos sentiremos al mismo nivel que ellos, pero de hecho eso es una concesión a nuestra debilidad. Debemos de ser capaces de regocijarnos en los méritos ajenos sin reparar en si tenemos o no tenemos algún mérito. De hecho, cuantos menos méritos tengamos, mayor la razón para regocijarse en los méritos ajenos. Si no tienes ningún mérito, menos mal que hay quien los tiene. Que haya méritos en el mundo ha de ser causa natural de regocijo.
El tipo de mérito aludido en el texto es probablemente el mérito que la gente produce, por así decirlo, sin referencia personal a ti. Pero nuestra respuesta a los buenos actos ejecutados expresamente por nuestro beneficio no es, por supuesto, necesariamente simple. Hay quien resiste la idea de que los demás hagan cosas buenas por ellos porque sienten que eso les hace verse en una obligación. Quizás te resistes a tomar prestado del vecino un corta cesped, por ejemplo, porque significa que por eso estarás obligado a dejarles prestado algo. Pero por tratar de evitar el estar obligado puede que al final acabes por casi cortar la relación completamente. Si tienes alguna relación con los demás, no puedes evitar llegar a involucrarte en una red de obligaciones mutuas.
Quizás cuando no estamos dispuestos a regocijarnos en los méritos de otras personas o nos resistimos a hacerlo, estemos demasiado conscientes de nosotros mismos. Puede que necisitemos olvidarnos de nosotros mismos y de quienes somos y simplemente regocijarnos en los méritos de alguien en modo un tanto impersonal. Cuando brilla el sol no sientes celos de él porque tiene la luz y tú no la tienes. Simplemente disfrutas del sol. De igual modo, simplemente regocijate de que alguien produce méritos y hace del mundo un lugar mejor. No importa quien sea, tú o otra persona, por lo menos esos méritos se producen.
Después de regocijarse en los méritos ajenos, Ruciraketu pasa a dedicar a la Iluminación cualquier mérito por él ganado. Esta dedicación está ligada con “los tres objetivos”. Según algunos textos hay tres posibles objetivos en la vida: puedes desear el bienestar en la vida presente, un renacimiento feliz en alguna existencia futura o el logro de la Iluminación; se puede dedicar el mérito a cualquiera de los tres. Explicado con simplicidad, diríamos : “Que por la virtud de este acto meritorio sea feliz, tenga salud y esté fuerte en esta vida”, o diríamos: “Que por la virtud de este buen acto que tenga un renacimiento feliz en el paraíso cuando muera”, o diríamos: “Que por la virtud de este buen acto que gane la Iluminación por el beneficio de todos”. El bodhisattva hace lo tecero, por supuesto, y ese es el objetivo al que se refiere el texto.
Tenemos que guardarnos contra ser demasiado conscientes de uno mismo en mdo nada útil en asuntos de esta índole. Sí, tienes un ideal definitivo y sinceramente deseas que todo lo bueno que haces no se desperdicie sino que contribuya al logro de ese ideal definitivo. No obstante, no debes hacer eso de modo en que seas demasiado consciente de ti mismo, de igual forma que no lo has de ser cuando haces otras cosas. Tú no le dices a los demás vas a meditar porque quieres lograr la Iluminación. Simplemente dices “voy a meditar”. Pero tú en tu interior eres consciente de que esa es la dirección en que vas y de la meta por la cual movilizas todas tus energías y recursos, inlcuidos los que representan tus méritos. Deseas que si tienes algunos méritos cuenten favorablemente para la Iluminación final.
¿Qué diferencia hay, pues, entre dedicar nuestros méritos a una causa u otra? ¿Hay alguna diferencia concreta entre dedicarlos a una vida presente feliz o a una vida futura? Según la tradición budista sí que la hay, porque la motivación es siempre el factor decisivo. Los budistas chinos distinguen entre el mérito puro y el mérito impuro - les llaman corrientemente “los méritos blancos” y “los méritos rojos”, el blanco es el color del espíritu y el rojo el color de la tierra”. El mérito del primer y segundo objetivo es impuro porque está manchado por el interés propio, mientras que el mérito dedicado al tercer objetivo está libre de tal mancha.
El mérito puro tiende a ser más profundo y poderoso que el mérito impuro, ya que no es que ganes mérito como si de mercancía o ingresos se tratara, con los que tú decides invertir en tu propio beneficio o en el de todos. Se podría decir que la ganancia en una inversión en mérito por el beneficio de todos es infinitamente superior a la de una inversión personal, pero tampoco es realmente así. Los méritos mismos cambian, según los pongas en cosas mundanas o espirituales, porque no son solamente méritos: tus meritos son tú.
La idea de la dedicación de los méritos del bodhisattva es ante todo es una ayuda para que elimine cualquier rastro de egoísmo. El abandona la idea de prácticar para él o de beneficiarse en esta vida o en otra futura. El sólo quiere dedicar cualquier recurso a la Iluminación por el beneficio de todos. De este modo él se deshace de cualquier rastro de autogratificación.
Normalmente cuando hacemos el bien en el fondo, en algún lugar de nuestra mente, tenemos la idea de que nos beneficiara de un personalmente, en sentido estrecho e individualista. El bodhisattva trata de contraatacar esa tendencia natural - y, se ha de reconocer, perfectamente sana - diciendo: “Qué cualquier mérito que yo produzca, no sea para mi beneficio personal en esta vida o en otra futura. Qué me sean mis méritos de ayuda para ganar la Iluminación por el beneficio de todos los seres, de modo que sea yo útil para todos.” Esto le ayuda a superar la actitud individualista representada por las otras dos dedicaciones, las cuales son, por supuesto, un tanto incompatibles con el Mahayana y con el ideal del bodhisattva. Esto guarda contra nuestra tendencia natural de buscar el beneficio propio incluso en aquello que nos gusta llamar nuestra vida espiritual.
Ambas cosas, el regocijo de los méritos ajenos y la dedicación de los propios méritos a la Iluminación, son reunidos tras la sección de la tercera confesión:
“Felicito a todos los seres que aquí en Jambudvipa, y también a las de otras esferas de existencia, producen varios y profundos méritos. Por mi felicitación de sus méritos y por el mérito por mí obtenido por medio del cuerpo, la voz y la mente que haya éxito provechoso para mi propósito. Que toque la Iluminación suprema y sin tacha.”
Esto viene después de un largo pasaje de buenos deseos en general. Al disfrutar nosotros de la felicidad espiritual y bienestar, es natural que nos regocijemos en la felicidad espiritual y el bienestar ajenos, como hace en el texto Ruciraketu. Esto siempre aparece en la conclusión de las pujas e incluso en la de los sutras del Mahayana. Es una expresión de buenos deseos para todos los seres vivos, el desearles a todos todas las cosas buenas, tanto materiales como espirituales.
“Por todas partes en las esferas de todos los seres que todas las desgracias del mundo sean extinguidas. Qué todos los seres cuyos sentidos son defectuosos, cuyas extremidades son defectuosas, se conviertan ahora en seres con los sentidos completos. Qué en las diez direcciones todos aquellos enfermos, impotentes, cuyo cuerpo está herido y que no tienen salvación, sean liberados rápidamente de sus enfermedades y obtengan la salud, la fuerza, los sentidos. Qué todos los seres que están en peligro de ser amenazados o asesinados por reyes, ladrones o canallas, los seres preocupados por cientos de miedos distintos, todos aquellos seres oprimidos por la llegada de conflictos, que sean librados de esos cientos de miedos espantosos y extremados. Qué todos aquellos azotados, atados y torturados por las ataduras, metidos en conflictos, muy abrumados por miles de esfuerzos extremados, quienes se ven afligidos por distintos miedos y ansiedad cruel; que sean todos liberados de las ataduras, que el azotado sea liberado de sus azotadores, que el condenado sea unido a la vida; y que todos aquellos que se han encontrado con conflictos lleguen a liberarse del miedo. Qué todos los seres oprimidos por el hambre y la sed obtengan variedad de comida y bebida. Qué los ciegos vean formas, qué los sordos oigan sonidos deleitosos, que quienes van desnudos obtengan prendas variadas, los seres probres tesoros. Qué todos los seres tengan la bendición de la riqueza abundante, maíz y las diversas joyas. Que la experiencia de la desgracia no dañe a nadie y que todos los seres se vean otorgados con la buena fortuna. Qué todos tengan formas bellas, graciosas y de buen augurio y que continuamente acumulen mumerosos beneficios. Qué sólo tengan que pensar en la comida y bebida que deseen para que aparezcan, en gran abundancia, así como los méritos, los laudes, los tambores y los platillos de agradables sonidos, fuentes, balsas, estanques y tanques. Qué sólo tengan que pensar en balsas de lotos azules y dorados para que aparezcan, así como en comida y bebida, ropas, riqueza, oro, adornos de gemas y perlas con oro y berilio, asi como distintas joyas. Qué no se oiga sonido alguno de desdicha en parte alguna del mundo. Qué no haya ningún ser de disposición contradictoria, que todos tengan noble aspecto y que creen la luz los unos a los otros.
Qué todo los éxitos posibles en el mundo de los hombres les surjan cuando piensen en ellos. Qué todos sus deseos se cumplan por su mérito y su fruto con sólo que piensen en ellos. Qué tres veces hagan llover de los árboles perfume, girnaldas, unguentos, incienso, polvo y variedad de flores. Qué los seres los acepten y estén alegres. Qué rindan inconcebible honor a todos los Tathagatas en las diez direcciones, a aquellos completamente iluminados, a los sravakas, a la pura Ley, firme y sin tacha. Qué los seres eviten los bajos estados de la existencia. Qué eviten los ocho instantes del mal. Qué obetengan el instante principal supremo. Qué siempre obtengan un encuentro con los Budas. Que siempre logren buenos nacimientos y tengan sus almacenes repletos de riquezas y maíz. Qué por numerosos eones estén completamente adornados por la belleza, la buena tez, la fama y la gloria. Qué todas las mujeres constantemente se conviertan en hombres, fuertes, heroicos, inteligentes e instruidos. Que todos vayan hacia la Iluminación constantemente y practiquen las seis perfecciones. Qué vean a los Budas en las diez direcciones, cómdamente sentados bajo excelentes árboles de joyas, sentados juntos en asientos de precioso berilio. Qué les escuchen exponer la Ley. Los actos malos que yo he obtenido, lo que obtuve previamente en las opresiones de las existencias, cualquier mal acto que traiga frutos no deseados, qué sean todos destruidos sin dejar residuo. Qué todos los seres que moran en la esclavitud de la existencia, atados con trabas firmes por las trabas de la existencia cíclica, qué sean liberados de su esclavitud por las manos de la sabiduría. Qué sean liberados de sus desgracias. Qué se conviertan en Budas.”
“Los ocho instantes de mal” son ocho condiciones espirituales de mal augurio, bajo las cuales se puede renacer, son: no nacer con cuerpo humano, no nacer varón, no nacer cuando un Buda existe o en el tiempo en que la enseñanza es recordada, nacer en un país fronterizo entre bárbaros, etc. Es una lista corriente, Gampopa, por ejemplo, la da en El adorno de joyas de la liberación (Jewel Ornament of Liberation). El renacimiento de buen augurio depende, por supuesto, del mérito, luego lo que uno realmente desea es que su mérito sea causa de renacer en tiempos favorables.
La frase que salta a la vista en este pasaje es “qué todas las mujeres se conviertan constantemente en hombres”. Esta plegaria o aspiración se encuentra en muchos textos budistas. En cierto sentido es el desear a la persona que ha nacido mujer una oportunidad mejor en la próxima vida. Esto básicamente quiere decir aceptar que la constitución psico-física femenina es generalmente menos favorable para la Iluminación que la constitución psico-física masculina. Muchas mujeres consideran que esto es una cruel observación desmoralizadora y escandalosa, pero es lo mismo que un hombre que ruega nacer durante un período en el que existe un Buda. El no se está desmoralizando en modo alguno; simplemente aspira a condiciones más favorables.
Si una mujer hace grandes esfuerzos para ganar la Iluminación, según el punto de vista budista, logrará de todas formas renacer como hombre; ya que en la vida presente se habrá convertido en una persona con cualidades espirituales y mentales que se encuentran con más frecuencia en los hombres, aun si sigue teniendo el cuerpo de una mujer. Una mujer que se entrega seriamente a la vida espiritual es psico-espirtualmente un hombre.
Por lo tanto, esta apiración no quiere decir que la mujer no pueda progresar en la vida espiritual. No tiene que rogar para nacer como hombre para así poder empezar. Si ella está resuelta a hacerlo, puede progresar mucho espiritualmente en esta vida. Es simplemente que como mujer tiene desventaja - si bien los hombres tienen también ellos sus muchas desventajas. Practicar la vida espiritual no es fácil para nadie.
Hay gente para la cual esto es un área delicada. Yo conozco personalmente a bastantes mujeres que sienten indignación ante la sugerencia de que ellas son en modo alguno inferiores. Yo ciertamente no quiero exagerar ninguna incapacidad, pero cuando hay cualquier tipo de obstáculo, no te facilitas el crecimiento espiritual si insistes en negarlo y te indignas si te lo recuerdan. La única forma de progresar es reconocer el obstáculo y ocuparte de ello, o como mínimo tenerlo en cuenta. De otro modo, se interpondrá.
Por lo tanto, si una mujer está en desventaja por ser mujer, es mucho mejor reconocerlo y decir: “Bien, de acuerdo, es una desventaja, pero no importa. Voy a tenerlo en cuenta y voy a progresar a pesar de eso”. Si lo niegas, simplemente bloqueas el camino de tu propio desarrollo. Es exactamente lo mismo para los hombres, si hay alguna incapacidad específica en su caso. Lo importante es que el desarrollo es posible, la Iluminación es posible.
A las mujeres les preocupa con frecuencia lo que ellas ven como la descriminación contra la mujer en le budismo y atacan a veces escrituras budistas que parecen sugerir que a la mujer se la desmoraliza. Pero hay un texto que deja todo este asunto muy claro. Tiene lugar en un pasaje del Canon Pali en el que Mahapajapati con el deseo de ordenarse. En un principio el Buda le niega su petición. El asitente del Buda, Ananda, se pregunta, obviamente, si a Mahapajapati se le ha negado la ordenación por falta de capacidad espiritual en las mujeres, y le dice al Buda: “¿Son las mujeres capaces del logro espiritual superior? El Buda le responde: Si.
Esto, en lo que atañe a la tradición budista, soluciona el asunto de una vez por todas. No ha sugerido nunca nadie que el Buda no hubiera dicho esto; sus palabras son absolutamente terminantes y todos los demás textos han de ser interpretados desde su punto de vista. Este es el principio budista fundamental y queda subrayado por otros textos de Canon Pali en que el Buda insiste en la capacidad de las mujeres para lograr la Iluminación.
Además se ha de decir que aunque el budismo reconoce que las mujeres tienen ciertas desventajas, es la única entre las religiones principales del mundo que dice categóricamente que las mujeres son capaces del logro espiritual más elevado. Esta cuestión ni si quiera surge en el cristianismo. La mujer puede ser salvada, hay mujeres que son santas; pero si se empieza a hablar de una mujer salvadora, o incluso en ciertos círculos del saderdocio femenino, topas con dificultades. Pero en el budismo se ha dicho siempre que las mujeres son capaces de lograr, y han alcanzado, los mismos logros espirituales que los hombres. Hay ejemplos en la historia del budismo de mujeres, tanto jóvenes como viejas, que han logrado la Iluminación. El Buda mismo tuvo discípulas expertas; igual que las tuvieron Milarepa, el asceta iluminado tibetano, y Padmasambhava, el gran gurú del Tíbet. En el budismo las mujeres han podido ocupar cualquier cualquier posición espirtual de las que ocupan los hombres. No sólo han habido bhikkhus sino también bhikkhunis, no sólo han habido hombres gurús sino también mujeres gurús. No hay nada en el budismo que impida a la mujer ejercer cualquier función espiritual; ésta es la única religión de la que se puede decir eso.
Luego el budismo tiene esta actitud doble: es muy realista, pero al mismo tiempo muy idealista. Dice que hay ciertas desventajas para las mujeres, pero también que las ellas pueden lograr la Iluminación, además de que cualquier camino espiritual, o función espiritual, que estén abiertos para el hombre lo están también para la mujer. Se han de tener en cuenta ambas cosas. El budismo ve esencialmente las cosas tal y como son, a cualquier nivel posible. Al final seguramente les es alentador a la mujeres reconocer sus dificultades pero sentir, a la par, confianza en que si ellas lo quieren transcenderán cualquier dificultad.
Según la tradición budista, la mayor dificultad para la mujer es su constitución biológica. Está hecha para tener niños y generalmente no es feliz si no lo hace, o si no tiene algo que ver con eso. Por supuesto, hay muchas mujeres que dicen con toda sinceridad que no sienten el impulso biológico de tener niños. Desde luego las mujeres hoy en día tienen la libertad de no tenerlos, lo que es algo sin precedentes. Sin embargo, es probablemente verdad que la mayoría de las mujeres no se sentirán realizadas si no han tenido al menos uno o dos niños. Pero una vez que han cuplido con ese deseo o impulso, pueden comprometerse a la vida espiritual, si es eso lo que quieren hacer.
Se podría decir que una mujer que ha tenido niños pero que sigue siendo joven y vigorosa está en buena posición para seguir el sendero espiritual. Cuando una mujer ha pasado la edad de tener hijos, cuando los niños se han hecho mayores, ella está completamenete libre para proseguir con la vida espiritual. En cierto sentido, el único sendero que se le abre es el espiritual, o al menos un sendero de desarrollo y responsabilidad individuales. ¿Qué va a hacer con el resto de su vida? Esta es la pregunta con que se ve confrontada. Se podría llegar a decir que quizás las mujeres tengan desventajas cuando siguen el sendero espiritual cuando son jóvenes, pero más adelante en sus vidas, no es ese el caso. La única deficultad, según parece, es puramente práctica. Es hacer ver a esas mujeres que tienen una gran oportunidad, señalarles que han alcanzado un momento sumamnete favorable en sus vidas.
Muchas mujeres sienten que la vida ya ha pasado cuando llega el momento en que sus hijos se van de casa. In cierto sentido tienen razón. Sus vidad de mujeres, en el sentido más restringido, ya ha pasado; pero su vida de individuos con aspiraciones empieza entonces. Una mujer en esa postura puede pensar: “Lo fisiológico no va a estorbarme más, ya ha tenido su necesaria realización. Ahora puedo decicar mi vida a ser un individuo. Voy a crecer más allá de los límites de la familia, incluso más allá de los límites del grupo familiar más amplio.”
Pero por supuesto, no hay necesidad realmente de esperar hasta que los niños dejen el hogar. Puedes tener varios niños, tanto si eres padre como madre, y comprometerte al desarrollo espiritual. Hay además mucha gente sin responsabilildades, sin hijos, que van y vienen en su dedicación a la vida espiritual y no piensan nunca realmente en comprometerse. Por lo tanto, la pregunta que aún habría que hacerse es si hay algo intrinseco en la mujer como tal que la haga menos propensa a la vida espiritual que el hombre.
Provisiionalmente, he alcanzado la conclusión de que la vida espiritual es más difícil para las mujeres porque son menos capaces que los hombres para concebir algo que está más allá, algo puramente transcendental, y, por lo tanto, son menos capaces de orientarse en esa dirección. Ellas conciben el desarrollo psicológico - incluso psico-espiritual - pero les resulta más difícil concebir el desarrollo espiritual como la marcha hacia una meta específicamente transcendental. Parece ser este el caso incluso con mujeres que están relativamente libres, que han tenido su vida familiar y criado a sus hijos. Puede que no sean capaces de comprometerse con la vida espiritual porque su condicionamiento femenino sigue siendo muy fuerte y limita sus horizontes, de modo que son incapces de ver más allá de una carrera mundana.
Por supuesto, tanto los hombres como las mujeres tienen en un principio la tendencia a concebir el budismo como desarrollo personal; esa es la tendencia actual en Occidente, de todas formas. Además muchas personas pemanecen involucradas en él de ese modo, sin nada más que una vaga apreciación de cualquier cosa que vaya más allá del desarrollo meramente psicológico y social. Esta concepción equivocada de la entrada en la vida espiritual, es válida hasta cierto punto. Pero parece que es difícil para las mujeres adquirir una perspectiva más puramente transcendental. Puede que estén muy dedicadas al budismo, o a un grupo budista en particular, pero no ha de confundirse la dedicación con el compromiso. Se puede estar dedicado al grupo, o a ciertas personas en él, pero no comprometido en el sentido de concebir un factor transcendental por encima y más allá de lo mundano y psicológico y hacer de ello un objetivo personal.
La mayoría de las mujeres no cometen los crímenes que cometen algunos hombres, no se convierten en psicopatas, como hacen algunos hombres, pero también son menos propensas a ser genios, como lo son algunos hombres. No son ni tan buenas ni tan malas; la gama en los hombres es mucho más amplia. Las mujeres suelen ser más constantes que los hombres, en cierto modo más integradas, pero esa integración suele ocurrir a un nivel más bajo. Se puede decir, refiriéndose tanto a hombres como a mujeres, que algunas personas están integradas a un nivel relativamente bajo. Mientras que hay otras menos integradas pero que tienen elementos en su nada integrado ser que son superiores a cualquiera de lo elementos en la persona que está integrada a un nivel inferior. A la persona agraciada y bien dotada puede faltarle mucha integración, lo que quiere decir que cuando se integren, si lo hacen, habrá una rica síntesis y se convertirán en personas mucho más evolucionadas que otras que son más constantes pero menos excepcionales. Hay muchas personas que están bastante integradas en su propio nivel. Mientras que otras que son capaces de experiencias más elevadas, o visiones claras más profundas, están relativamente poco integradas. En cierto sentido, cuanto más amplia sea tu gama de experiencia y más lejos vaya, más difícil te será convertirte en una persona integrada, porque tienes más que integrar.
La integración tiene lugar alrededor de un punto de enfoque central, de modo que para convertirte en una persona integrada has de decidir cual el tu centro - tu objetivo definitivo - y gradualmente hacer que todo vaya hacia él. Para la persona bien dotada, es importante tener una meta definitiva, o ideal, para poner su empeño en ir hacia él; de otro modo no tendrá medio de integración. La persona ordinaria sobrevivirá sin tal meta precisamente porque está a su nivel; pero la persona agraciada necesita realmente un centro en relación al cual poder integrarse. De otro modo, se fragmenta; va de un extremo a otro, o la desintegración le lleva a algún tipo de locura. En esto es donde interviene el factor transcendental, el sentido de que hay algo más allá de la existencia mundana, y respecto a esto, como he dicho, la mujer parece generalmente tener desventaja.
Las mujeres parecen sacar mucho de su sentido de valor propio de sentir que son valoradas por otra persona, especialmente por un hombre, en vez de a partir de su propia estimación por ellas mismas. Pero si han de evolucionar como individuos, tendrán que desarrollar ese respeto propio, valorarse y no esperar a que los hombres las valoren. Muchas mujeres lo ven claro y ponen su empeño en ello, pero no le es fácil.
Un modo en que las mujeres pueden poner su empeño para ir hacia la individualidad es el desarrollo de más independencia e iniciativa. Esto no quiere decir que los hombres rebosen siempre independencia e iniciativa, pero esto es algo en lo que particularmente las mujeres necesitan concentrarse y han de cultivar. Desde el punto de vista puramente social y cultural, ambos, hombres y mujeres, necesitan más ser idependientes entre sí. El estereotipo del hombre incapaz que no sabe ni coserse un botón en la camisa es el otro lado de la imagen. Hay cosas para las que los hombres tienden a depender de las mujeres, en vez de hacerlas por sí mismos. Por norma general, costumbres sociales y culturales, así como intereses pueden fomentar la dependencia de la mujer, pero las mujeres no tienen porque aceptar las limitaciones que la sociedad coloca ante su independencia. Las mujeres no son las criaturas débiles y dependientes que la sociedad con mucha frecuencia describe.
Para eso sirven las comunidades de mujeres - comunidades en que mujeres comprometidas al camino espiritual viven y practican juntas. Las comunidades erradican la ilusión de que la mujer es una pobre criatura débil, algo así como una enredadera que necesita sostenerse sobre un hombre fuerte. Gracias a vivir en comunidades muchas mujeres han descubierto con deleite que pueden hacerlo todo ellas. Son lo suficentemente independientes, se bastan en todos los respectos. Esto no quiere decir que les desagraden los hombres o que los odien. De hecho, suelen llevarse con ellos mejor, porque se relacionan con ellos desde una postura de independencia, sin ningún factor de apego y sin tener que recurrir a manipulación para salirse con la suya. Si ellas quieren algo insisten sobre ello abiertamente y direcctamente.
Algunas mujeres sacan muchisima inspiración de figuras de arquetipos femeninos - dakinis, por ejemplo. Esto es un tanto positivo, pero no se ha de comenzar a concebir a la dakini como la glorificación, o seudo-espiritualización, de la feninidad, ni en la justificación para permanecer femeninas en sentido no espiritual o incluso antiespiritual. Se pueden usar erroneamente así los arquetipos, de igual modo que el tantra se puede usar erroneamente como justificación para casi cualquier cosa. Los bodhisattvas femeninos también pueden ser comprendidos mal. Esencialmente, un bodhisattva no es ni más femenino que masculino, ni más masculino que femenino. Tener un bodisattva femenino no significa poner un aura alerdedor de la cabeza ordinaria y sin transformar de la femenidad.
Esto plantea la pregunta de qué pueda ser la “feminidad transformada”. Uso feminidad para referirme a las cualidades espirituales más tiernas - la ternura, la dulzura y la compasión. Las cualidades “femeninas”, igual que las “masculinas”, pueden ser ejercidas a un nivel superior, en forma purificada y refinada. Por ejemplo, la competición masculina puede refinarse y sublimarse convirtendola en rivalidad sana. Igualmente, cualidades nutridoras pueden refinarse y sublimarse convirtiendolas en algo así como la compasión o el cuidado de la vida en un sentido más amplio. Pero la feminidad transformada no es lo mismo que la cualidad de hembra transformada; ésta, en el sentido de la cualidad orientada por los sentidos, rerproductiva y de la madre tierra, no puede ser transformada y ha de abandonarse.
Tanto hombres como mujeres han de superar la palaridad sexual. Pero es importante hacer la distinción entre superarla, incorporando ambos polos dentro de uno mismo, y caer debajo de de ella por ser incapaz de cumplir con el papel de hombre o el de mujer. Esto probablemente se ve más en los hombres que en las mujeres. Se encuentra a hombres que son “intermedios” en cierta forma - pero en una forma muy débil. Es como si no hubieran sido capaces de ser hombres. Quizás les parezca el papel de ser hombres en el mundo moderno tan desalentador y exigente que no se sienten a su altura, abandonandose a la niñeria. Es un gran error confundir esto con la síntesis genuina, tanto psicológica como espiritual, de los polos opuestos sexuales. Un hombre débil no es uno que haya conseguido desarrollar su lado femenino. Es un hombre que no ha logrado ser un hombre. Tiene que poner empeño en convertirser en hombre, después podrá pensar en desarrollar su lado femenino si así lo desea.
Quizás haya algunos hombres que nacidos “varones débiles”, quienes no pueden cambiar mucho en el espacio de una vida, pero no debe tomarseles como ejemplo de hombre sano, aun mucho menos contemplados como personas que han superado la polaridad sexual. Por supuesto, esto no quiere decir que uno sea menos hombre por ser más dulce. Uno puede ser fuerte e incluso agresivo cuando sea necesario y no obstante tener características muy dulces. A lo que me he estado refiriendo es al hombre que no puede ser más que dulce. Es incapaz de ser fuerte, dinámico y agresivo cuando la situación lo requiere.
El hombre que es incapaz de ser un hombre y la mujer que es incapaz de ser una mujer, ambos tienen una similitud con algo como lo andrógino, pero no lo son. Sus próximos niveles respectivos serán el de verdadero varón y el de verdadera mujer. Entonces, a un nivel superior está el individuo más integrado que desde el punto de vista biológico es hombre o mujer (no es cuestión de hemafroditismo físico), pero que, en el caso del hombre en sentido biológico, ha desarrollado su lado femenino; en el de la mujer, en el sentido biológico, ha desarrollado e integrado su lado masculino. Desde el punto de vista biológico permanece la diferencia, pero son individuos integrados, luego no hay polaridad fisiológica extremada, se relacionan mucho mejor y más felizmente porque son más como individuos.
Es inportante distinguir estos tres niveles; con mucha frecuencia se toma el primero por el tercero. A veces uno se encuentra con personas que tratan de sofocar la masculinidad natural del hombre - la restringen, la desalientan - con la impresión de que haciendo eso hacen al hombre más “integrado”, pero eso es una bobada. De igual modo, hay quien intenta animar a la mujer para que abandone sus cualidades propias de la mujer, hacerla algo neutral y sin sexo, con la impresión de que así ella se convierte más en un individuo. Pero es posible ser un verdadero individuo y, a la vez, ser un hombre verdadero o una mujer verdadera. Uno no se desrrolla con el empobrecimento propio. Lo “pasado” se integra, no se tira. Si eres una mujer, sé una mujer, si eres un hombre, sé un hombre. Acéptalo, desarróllalo, haz de ello lo mejor posible, pero gradualmente elévate sobre ello e incorporalo en algo más completamente humano, más verdaderamente individual.
Además, si eres mujer, parte de aceptar que lo eres es que vas a tener que esforzate más en algunas cosas, sobre todo al principio de la vida espiritual. Para lanzarte a la vida espiritual necesitas brío y entusiasmo, energía y empuje, y, en resumen, un hombre parece tener esto más fácilmente que una mujer. En este contexto quizás debamos recordar el marco budista del karma y el ranacimiento. No es que nazcas hombre o mujer accidentalmente, sino que es porque ya tienes una afinidad con esa forma corporal particular. Para empezar, has tomado cuerpo porque tienes una tendencia hacia la existencia en un cuerpo. Quisiste renacer; quisiste experimentar el mundo físico por medio de los sentidos físicos. De otro modo hubieras renacido en un devaloka, un mundo celestial en donde no hay distinción género. Esta es una enseñanza tradicional. La primera elección importante que “te” confronta es renacer como hombre o como mujer. No es que de pronto te veas con la carga de una forma masculina o femenina sin haber hecho nada para merecerlo, por así decir.
Por lo tanto, si uno fuera algo así como una consciencia neutral flotando en el estado del bardo ¿Qué tendencias llevaría a uno a querer o incluso elegir (suponiendo que fuera una elección libre) tomar cuerpo de mujer o de hombre? A mi me parece que si tuvieras la posibilidad de elegir y quisieras llevar una vida aventurera, eligirías probablemente tomar cuerpo de hombre. Lo que puede impedir a una mujer llevar una vida aventurera y activa parece tener que ver con su naturaleza biológica.
Todo esto no quiere decir que si eres un hombre seas tú superior a las mujeres. Es tan sólo que seguramente tienes una ventaja natural que puedes, o no, usar. Si eres mujer, no quiere decir que seas tú inferior a los hombres; simplemente tienes una desventaja natural desde el punto de vista puramente espiritual, que puedes decidir superar, o no. Estoy seguro de que es por esto que en muchos sutras del Mahayana se encuentra la aspiración de que todas las mujeres se conviertan en hombres - en otras palabras, que este individuo en particular asuma su próxima existencia una constitución psico-física más adecuada para el logro de la Iluminación. Se desea el bien hacia todos los seres. De igual modo, uno puede desear que todos renazcan durante una época en que haya Budas y el Dharma sea enseñado. Las mujeres no han de sentirse menospreciadas y desalentadas; al contrario, pueden sentirse animadas para superar todos los obstáculos y lograr la verdadera individualidad.
La frase “qué no haya ningún ser de disposición contradictoria, que todos tengan noble aspecto y que creen la luz los unos a los otros” no la había encontrado nunca en ningún otro texto. Sugiere algo así como la comunicación creativa que ayuda a ambas partes a avanzar, cada uno arrojando luz en el camino para el otro. Está muy en consonancia con el espíritu de la totalidad del párrafo que es además un tanto profuso. El texto podría haber dicho sólo “qué todos los seres ganen la felicidad mundana y transcendental” y dejarlo así, pero en el Mahayana gusta la enumeración de las cosas concreta y vívidamente - lo que sin duda es mucho mejor, por lo menos para la mayoría de la gente.
El capítulo acaba con unos últimos buenos deseos:
“Quien adore y alabe a los Budas, con la mente llena de fe, pura e inmaculada, por medio de esta Confesión, la cual es alabada por ser causa de la maduración y, además, abandone los estados malos durante sesenta eones; ya sea hombre, mujer, brahman o guerrero, quien con estos celebrados versos, alabe a los sabios, de pie con las manos juntas en gesto de reverencia, recordando nacimientos y existencias, tendrá su cuerpo adornado con todos los miembros y todos los sentidos, dotado de varios méritos, con virturdes, y será adorado continuamente por reyes entre los hombres. Tal será en cada sitio en que nazca.
No han hecho el bien bajo un Buda, ni bajo dos, cuatro, cinco o diez, sino que aquellos en cuyos oídos ha sonado esta Confesión han hecho el bien bajo miles de Budas.
Así concluye el tercer capítulo, El capítulo de la confisión, en el excelente Suvarnabhasa, rey de los sutras.”
Por lo tanto, para encontrarte con este sutra tienes que haber acumulado ya algunos méritos. Tienes que haber estado en contacto con un número de Budas - en vidas distintas, porque sólo no se puede dar más de un Buda al mismo tiempo. Según la tradición la Tierra no podría aguantar el peso de más de una Buda al mismo tiempo.
También el sutra es típicamente mahayánico en que se da a la alabanzas profusas y al regocijo a gran escala. Los sutras del Mahayana siempre tratan de darte la impresión de vastedad e infinitud, multiplicidad y abundancia. Tratan de ampliar tu perspetiva. Quizás sea esta la única forma en que compilador del sutra podía experesar lo que realmente sentía; no podía hacerlo en una forma más sobria. Debió de ser muy inspirador para la gente que lo tomó totalmente al pie de la letra.
La impresión general que da la totalidad del capítulo es la de alegría y exhuberancia. Es, desde luego, un logro. A pesar de lo mucho que dice de defectos y de maldad, la impresión general es muy positiva. No hay en ello nada de morboso, ni atmósfera de pecado y culpa. No es abstracto ni obstruso, declara lo que es espiritualmente obvio en modo directo y comprensible. Su atractivo no-conceptual, directo e inmediato. Tan sólo tienes que dejar que te lleve.
Esta alegría surge de un número de sutras del Mahayana. Todo el mundo siente una gran alegía de que haya surgido un Buda, de que esté el Dharma para ser seguido, una sangha a la que hacer ofrendas, estupas a las que venerar. Todo el mundo está rebosante de alegría, piensan que son muy afortunados y lo maravilloso que es todo. Hay en ello algo muy puro, de mucho colorido, inocente e infantil, si bien no sugiere en absoluto la inmadurez. Esto es la atmósfera y el espíritu tradicionales del Mahayana. Para el devoto medio del Mahayana, la religión siempre ha significado algo lleno de alegría y de color, exhuberante y feliz; y estar involucrado en la religión ha significado para él ser generoso, activo, hospitalario, cariñoso, afectivo, sincero, claro y alegre.
Esta es la significación definitiva de la confesión: Erradicar toda la oscuridad y la maldad para poder experimentar la libertad y la alegría de una mente y corazón puros. Cuando no sólo hemos visto trabajar a la Luz Dorada en el mundo siendo tocados por ella, sino que nos hemos purificado de la maldad en nuestro interior, el sendero de la perfección definitiva se ofrece ante nosotros.

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