Indice 1 Introducción: Como se desarrolla un sutra de la tradición mahayánica 2



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La primera confesión : La victoria de la Luz Dorada
En sánscrito la palabra usada para confesión es desana, que quiere decir señalar, indicar, explicar, exponer - este es el caso de Dharma desana, que quiere decir señalar el Dharma, explicar el Dharma. De igual modo tenemos papa desana, el señalar o reconocer los defectos. Papa se traduce con frecuencia como pecado, pero prefiero evitar esa palabra por sus connotaciones cristianas. Defecto, en cambio, es un tanto floja. El mal, es probablemente la mejor traducción. Papa desana es el señalar o la confesión del mal dentro de nosotros. Pero ninguna de estas expresiones hace justicia a la experiencia espiritual real de esta fase. Necesitamos profundizar más en este asunto.
Cuando uno entra en contacto con la Luz Dorada, algo de ella entra en su organismo. Es como comida espiritual - el tipo de comida espirtual más poderoso y concentrado que se pueda imaginar. Más aún que eso, es un tipo de medicina espiritual. Cuando te entra en el organismo encuentra todo tipo de cosas que has tomado: la avaricia, el odio, el autoengaño, la opiniones incorrectas,... Entonces surge una lucha entre la Luz Dorada y el veneno en tu organismo, tratando de expulsarse mutuamente. A veces, desgraciadamente, los estados torpes ganan y logran expeler a la Luz Dorada, lo que quiere decir el final de la vida espiritual, al menos por un tiempo. Pero afortunadamente esto ocurre rara vez. Cuando has tomado realmente aun un poco de la Luz Dorada, es muy difícil deshacerse de ella: en definitiv, has de quedarte con ella.
¿Quedarse con la Luz Dorada quiere decir que una vez uno ha entrado en contacto con el sendero espiritual no puede nunca ya retroceder? Pues sí y no. Sólo cuando hemos entrado en la Corriente estamos irreversiblemente dirigidos hacia la Iluminación. Hasta llegar a ese punto, cualquier experiencia espiritual o serie de experiencias espirituales no es irreversible, por muy largo que se el proceso de retroceso.
Sin embargo, es probablemente cierto que una vez que uno ha logrado el nivel de la consciencia reflexiva que caracteriza al ser humano, es improbable que la pierda. Desde el punto de vista budista, quizás hayáis gozado de consciencia reflexiva por mucho tiempo, a lo largo de muchos nacimientos. Lo que se ha desarrollado durante un largo periódo tarda mucho en deshacerse.
Incluso durante el curso de una vida un ser humano puede degenerar en gran medida debido a los actos torpes - quizá tomando lo que no se le ha dado, o por el alcoholismo persistente, incluso por el asesinato. No obstante, por muy degenerada que esté, esa persona puede seguir siendo reconocida como un ser humano, y la consciencia reflesiva está claramente en ella, al menos hasta cierto punto.
Una vez que has entrado en contacto con la Luz Dorada, en la medida que tu consciencia reflexiva sigue intacta, no puedes olvidar tu experiencia de la Luz Dorada, aun si no has logrado la Entrada en la Corriente, aun si no eres un bodhisattva, aun si en teoría podrías retroceder a un estado muy bajo. A la larga podrías deshacerte de la Luz Dorada con mucha dificultad y debido a mucho comportamiento torpe, pero es sumamente improbable. No obstante hay una distinción marcada entre ese estado y el que se logra con la Entrada en la Corriente.
Por supuesto que a nivel de creencia popular, se entiende que un ser humano podría renacer como un animal. Que podamos decir que esto es cierto o no, dependerá mucho de lo que entendamos por ser humano. Si entendemos que es alguien que no sólo tiene cuerpo humano sino también una consciencia humana completa y genuina, entonces será extremadamente improbable que tras su muerte renazca como un animal. Pero si es alguien que ha desarrollado sólo una consciencia humana muy rudimentaria y aun esa ha sido degradada por los actos torpes, de modo que cuando muere su estado mental no es muy superior al de los animales, entonces no es imposible que renazca como un animal.
Hace años, en Darjeeling conocí a un hombre que criaba cerdos. Era un budista nepalí pero criaba cerdos y los mataba para el mercado. El tenía sus granjas y mataderos justo bajo el lugar en que yo estaba residiendo y cada noche oía los gritos de los cerdos. Cuando los degüellan emiten un sonido espantoso, un largo grito que parece durar varios minutos. El criador de cerdos pasaba todo su tiempo con los cerdos, y realmente parecía un cerdo. Tenía facciones de cerdo, una expresión de cerdo e incluso el talle de cerdo, las piernas y los brazos cortos como jamones. Tuve la impresión de que él estaba en comunicación mental íntima con los cerdos y no me costaría mucho creer que él hubiera renacido como un cerdo, sobre todo por que en el trascurso de su vida él había matado miles de cerdos.
De modo que depende de lo que se quiera decir por ser humano. Parece sumamente improbable, pero puede ser que en casos extraordinarios una persona pueda renacer como un animal. Igual que a veces uno no puede evitar sentir que algún animal tiene definitivamente tales cualidades humanas que podría fácilmente renacer como un ser humano. La idea de que seres humanos renazcan como animales va en sentido contrario a la evolución. Una vez en la forma humana, una vez que se ha logrado el estado de la consciencia reflectiva ¿Cómo se va a retroceder? Pero una de las caractéristicas de la consciencia reflexiva es que puede funcionar en contra de sí misma, cometer suicidio, por así decir. Por ejemplo cuando un hombre bebe para olvidar, trata a propósito de eliminar su consciencia humana verdadera. Es como si la consciencia reflexiva tuviera el poder de volverse en su contra y cometer suicidio; es un arma de doble filo.
Sin embargo, si has tenido la suficiente suerte de experimentar la luz dorada, entonces ella consigue expulsar, o incluso vomitar, el veneno. Esto la convierte no sólo en comida espiritual o en medicina espiritual; la hace un vomitivo. Una vez que la has tomado, te obliga a vomitar todo el mal en tu organismo. La confesión del mal consiste realmente en vomitar los venenos mentales y emocionales. Es mucho más que el reconocimiento verbal; es la verdera repugnancia por el mal. Cuando vomitamos el estómago se revuelve y se da un trastorno. Es muy parecido a lo que ocurre cuando verdaderamente confesamos. Se da un trastorno espiritual, entonces sale el veneno y lo arrojamos fuera. Esta es una forma realista de explicarlo, lo sé, quizás también ofensiva. Pero la verdad es que la confesión puede ser un proceso doloroso y desagradable en el que puede que sintamos que no sólo estamos arrojando el mal en nuestro interior sino también la sangre y las tripas.
Si dudamos que es lo que tenemos que confesar, la respuesta es simple: todo. Necesitamos confesar todo lo que nos retiene, todo lo que nos impide lograr la Iluminación. Pero, por supuesto, esto no es en absoluto fácil. Hay cosas que son muy difíciles, incluso imposible, de confesar. Esto es porque la confesión genuina es algo muy poderoso. Realmente, confesar una forma de actuar es renunciar a ella, no sólo en palabras sino con hechos. Si no estamos dispuestos a confesar algo es que no somos capaces de renunciar a ello. Y en la medida que no confesamos el mal en nuestro interior, el mal que hemos cometido, no crecemos. Nos aferramos al pasado, a nuestro viejo Yo, no negamos a morir.
La confesión de Ruciraketu es verdaderamente muy completa. En la medida que podemos juzgar, no se deja nada ni se aferra a ninguna cosa. Hay tres fragmentos de confesión en verso en el sutra, cada uno con un émfasis ligeramente distinto. El primero es simplemente una confesión muy completa de todos los males que Ruciraketu ha hecho. El segundo trae consigo un elemento de perdón y el tercero añade la idea sobre maldades cometidas bajo la influencia de varias “opresiones”. Este es el primero de ellos:
“Y todos los actos malos, crueles, cometidos por mi previamente, confesaré totalmente ante los Budas. Todo el mal que he cometido por no atender a mis padres, por desatender a los Budas, por desatender lo bueno; todo el mal que he cometido al estar ebrio por la intoxicación de la autoridad o por la del nacimiento en clase alta, ebrio por la intoxicación de la edad temprena; todo el mal que he cometido, los pensamientos malos, las palabras malas, por un acto mal hecho o por no percivir un fallo; todo el mal que he cometido por la aplicación del razonamiento necio, por la mente oscurecida por la ignorancia, bajo la influencia de un mal amigo o por una mente distraída por impurezas, bajo la excitación de los juegos y el disfrute, o por la influencia de la ansiedad y de la ira, o por el defecto de sentirse insatisfecho con los propios bienes; todo el mal que he cometido por la asociación con gente innoble, por razones de envidía y de avaricia, o por el defecto de la astucia y la bajeza; todo el mal que he cometido por el fracaso de ganar dominio sobre mis deseos, po razón del miedo en el tiempo en que se aproximan los problemas; todo el mal que he cometido bajo la influencia de una mente frívola o por la influencia de la pasión y del enfado, o por ser oprimido por el hambre y la sed; todo el mal que he cometido por la comida y la bebida, por la ropa, por razón concerniente a mujeres, por las distintas aflicciones e impurezas; todo el mal que he cometido con el cuerpo, el habla y la mente, malos actos acumulados por las tres vías que haya hecho, junto a otras cosas similares, lo confieso todo. Toda la falta de respeto que haya mostrado por los Budas, las doctrinas e igualmente por los Sravakas, la confieso toda. Toda la falta de respeto que haya mostrado por los Pratyekabuddhas o por los bodhisattvas, la confieso toda. Si he mostrado falta de respeto por aquellos que predican la Buena Ley o por seres meritorios, lo confieso todo. Si sin saberlo he rechazado continuamente la Buena Ley o mostrado falta de respeto por mis padres, lo confieso completamente. Todo el mal que he cometido por la estupidez, o debido a la insensatez, o por estar lleno de orgullo y arrogancia, por la pasión, el odio y la ignorancia, lo confieso todo.”
Esta es pues, la primera confesión de Ruciraketu y da una idea buena de lo que se ha de confesar. Su primera declaración es:
“...todos los actos malos, crueles, cometidos por mi previemente, confesaré completamente ante los Budas”
Es sumamente significativo que el primer acto malo que confiesa Ruciraketu es la crueldad. Sin duda esto es porque la crueldad es el comportamiento que está más directamente en oposición al ideal del bodhisattva. Si eres cruel, no es posible que seas un bodhisattva, porque la crueldad es lo directamente opuesto a la compasión. Una de las palabras para crueldad e nirdaya que quiere decir ausencia de compasión. Por tanto, si quieres ser bodhisattva, lo primero que has de confesar, lo primero que has de vomitar, es la crueldad. Los actos crueles van a obstruirte el paso más que ninguna otra cosa.
Es por eso que en el Mahayana se insiste particularmente en los actos torpes que provienen del odio. Algunos sutras del Mahayana llegan a decir que en cierto sentido no importa si cometes actos torpes basados en la avaricia. Al menos eso indica que tienes cierta afinidad con los seres vivos, alguna inclinación hacia ellos. Pero el odio muestra una actitud del todo diferente. No es posible que un bodhisattva abrigue pensamientos de odio o crueldad. Puedes ser un bodhisattva si tienes todavía un poco de avaricia, pero no lo serás si te queda a penas un poco de odio. No es accidental que los actos crueles sean los primerisimos a ser confesados.
Quizás sea ésta la razón por la cual dice en algunas escrituras que un bodhisattva no debe tener gatos. Al gato se le supone cruel - esto es una idea india - porque tortura al ratón jugando con él antes de matarlo. Por eso para los indios el gato es una criatura cruel y de duro corazón. Se dice que el gato fue el úninco que no lloró de entre aquellos presentes en el momento del parinirvana del Buda - aparte de los arahantes, que estaban iluminados. Todos los animales presentes lloraron, pero el gato permaneció allí sentado y nada conmovido. Por lo tanto el gato tiene una reputación un tanto mala en los mitos y leyendas indias.
La crueldad es peor que el odio, y el odio peor que el enfado. El enfado es simplemente el deseo frustrado; es la energía en el deseo que encuentra un obstáculo y prueba a atraversarlo. El enfado puede ser explosivo, pero con frecuencia es poco duradero, y uno no desea a la persona que le obstruye ningún daño. Uno sólo quiere atravesar el obstáculo, no quiere hacer daño a nadie. Pero cuando se odia, se tiene una idea fija de una persona particular o cosa que nos obstruye y se quiere ir a por la persona o cosa y quitarla de en medio; se quiere dañar y herir porque se está enfadado con aquello que nos obstruye. Hay una especie de odio que es la enemistad, es el odio vengativo que persigue a alguien y no le deja irse, no le perdona.
Puedes enfadarte con alguien sin llegar a estar en peligro de odiarle; puede que incluso le tengas mucho afecto. Pero no se puede odiar a una persona y al mismo tiempo estar genuinamente encariñado con ella. Ciertamente puedes odiar a una persona y estar enamorada de ella - son dos caras de una misma moneda - pero no puedes odiar a alguien por quien tienes un afecto genuino. Cuando te enfadas con alguien no es que desees hacerles daño; no intencionadamente. Simplemente explotas porque se te ponen en tu camino. El enfado en cierto sentido puede ser positivo en un modo que el odio nunca lo será. El peligro está en enfadarse regularmente con la misma persona por la misma razón, consolidándose el enfado en odio.
El odio se desarrolla a partir del enfado, de igual modo la enemistad lleva al odio, en persecución de la venganza, más allá de la posibilidad del perdón. La crueldad va todavía más lejos. La crueldad es inflingir dolor o sufrimiento a alguien más allá de lo que es necesario para quitarlos de nuestro camino y disfrutar de su sufrimiento. La malicia es gozar de inflingir sufrimiento a alguien que no nos ha hecho daño alguno. Desde el punto de vista del Mahayana este es el estado mental más torpe de todos.
Ese punto de vista se refleja en el enfoque general de la ética en el Mahayana. Por ejemplo, cuando el rey Asoka, el gran soberano budista del imperio mauryan, exhortaba a su gente a hacer buenos actos, siempre hablaba de ser amable, paciente y no ceder al enfado. Para él era ésta la base de la moralidad. El nunca dijo ni una palabra sobre el sexo, por ejemplo. En nuestra cultura cuando se piensa sobre la moralidad, lo primero que se nos pasa por la cabeza es que no podemos hacer esto o lo otro. Pero en las culturas budistas, si se dice que una persona es inmoral, eso quiere decir que es grosera, antipática, malhablada, inhospitalaria y de mal genio.
“Todo el mal que he cometido por no atender a mis padres... lo confieso todo.”
Tras confesar todos los actos crueles cometidos, la próxima cosa confesada - incluso antes de la confesión de haber desatendido a los Budas - es el mal “por no atender a mis padres”. Si la secuencia es en absoluto significativa, el no atender a los propios padres es un asunto un tanto serio. Que no te lleves bien con tus padres sugiere que no puedes progresar mucho espiritualmente. La relación con tus padres tiene raíces tan profundas que si no es positiva, hay mucho en ti que no lo es. Esto no quiere decir que uno tenga que tener una relación íntima con sus padres o estar en todo de acuerdo con ellos. Quizás vean las cosas tan diferentemente de como las ves tú que no puedas comunicarte con ellos en absoluto. Pero como mínimo tu actitud debe de ser de buena voluntad. Si no lo es, se te dificultarán las cosas.
Si sientes que tus padres te están sofocando, si ellos no permiten que crezcas, es esencial que te vayas de casa, literal o metafóricamente, y quizás debido a tu apego no te queda otra opción que irte con algún resentimiento. Pero si quieres en realidad crecer espiritualmente, tarde o temprano tendrás que superarlo. Aun si tus padres nunca entienden lo que has hecho y por qué, debes cultivar una actitud positiva hacia ellos. Mientras te sientas de modo negativo hacia ellos y experimentes que son restrictivos y opresivos, eso mismo va a interponerse en tu camino. Nuestras emociones están tan ligadas a nuestros padres, que si les odiamos puede que tengamos dificultad para amar o para ser capaces de sentir devoción. Gurdjieff decía: “Un buen hombre siempre ama a sus padres”.
No soy partidario de la preservación de una vida familiar que sea un asunto aburridisimo y claustrofóvico. No hace falta sentirse dependiente del afecto del acojedor grupo familiar - ni mucho menos. Desde el punto de vista budista, has de amar a tus padres no sólo por ser su hijo o hija, sino porque como individuo les estás objetivamente agradecido por lo que han hecho por ti al traerte al mundo. Cuando se habla en el budismo de una actitud positiva hacia los propios padres, esto significa algo así como el sentimiento de metta (bondad cariñosa), en vez de amor en el sentido ordinario.
Esto es también cierto del mejor hinduismo. En un pasage del Manusmrti dice que cuando un hijo alcanza la edad de diez y seis años, su padre ya no ha de tratarle como a un hijo sino como se trata a un amigo. Cuando cumples diez y seis años, se te supone mayor e independiente y puedes empezar a relacionarte con tus padres como un individuo. Idealmente tus padres te aceptarán como tal. Sólo entonces podrá realmente haber una relación positiva mutua entre padres e hijos. Cuando los hijos han crecido y se han independizado de sus padres y estos son lo suficiente maduros para aceptar el cambio y relacionarse con sus hijos como individuos, entonces puede haber una relación muy positiva. Al fin y al cabo, hemos conocido a nuestros padres durante toda nuestra vida, eso es una fuerte base para una relación positiva.
Si tus padres han muerto, o no tienes relación con ellos, puedes al menos sentir positividad hacia ellos, deseándoles el bien estén donde estén. Si en cambio, tus padres están en contacto frecuente contigo y les resulta difícil dejarte marchar, puedes encontrar modos de tratar con ello. Si por ejemplo tu madre se preocupa en exceso por ti, no has de dejar que eso se interponga en el desarrollo de sentimientos positivos haia ella. Lo primero que hay que reconocer es que ella no es simplemente una madre que se preocupa; es una mujer con propensión a la ansiedad. No sólo se preocupa por ti, se preocupa por todo tipo de cosas. Si la ves bajo ese punto de vista, podrás sentir más compasión por ella.
Al fin y al cabo, las madres tienen la función de preocuparse. Si nuestra madre no se hubiera preocupado de nuestro bienestar material cuando éramos pequeños, no estaríamos vivos ahora. Se trata de un instinto biológico básico con un valor obvio para la sobrevivencia de las especies; como el instinto de la gallina que despliega las alas sobre los huevos. No es pues sorprendente que tu madre cloquee y se preocupe innecesariamente por ti - es parte de su naturaleza. Si consigues convencerla de que has crecido y de que no necesita ya preocuparse por si comes bien y por si te abrigas, entonces podrás empezar a relacionarte con ella como con otro ser humano. Si no, tendrás que aceptar que ella quiere todavía preocuparse innecesarimente por ti aunque sea un poco.
La relación con el padre quizás sea más problemática, sobre todo para el hombre joven, si bien también puede contener más posibilidades. Cuando uno es pequeño, su padre le parece una figura un tanto amenazante. Pero si un padre se ha sentido restringido con su forma de vida e insatisfecho con ella, entonces quizás esté contento de que su hijo no se limite de igual modo. Incluso si no es capaz de decir: “bien hecho hijo, me alegro de que tú hayas tenido más éxito que yo”, quizás mostrará que está contento con tus éxitos - no sólo en los que son mundanos, sino también en los de carácter humano e incluso espiritual.
“Todo el mal que he cometido... por desatender a los Budas, por desatender lo bueno... lo confieso todo.”
Esto simplemente es reconocer que uno no ha adorado a los Budas y meditado sobre ellos, que uno no ha escuchado su enseñanza. Desatender lo bueno es desatender el cultivo de estados mentales hábiles.
“todo el mal que he cometido al estar ebrio por la intoxicación de la autoridad o por la del nacimiento en clase alta, ebrio por la intoxicación de la edad temprena... lo confieso todo”
La palabra que ha sido aquí traducida por intoxicación se traduce a veces por enamoramiento. Tomemos por ejemplo la intoxicación de la edad temprana, o mejor aún, de la juventud. Cuando estás en la flor de la juventud, puedes dejarte llevar por el entusiasmo de ser joven y vigoroso, lo que puede conducirte a todo tipo de actos descabellados e imprudentes. “Ah lo puedo hacer, soy joven. Puedo quedarme toda la noche bebiendo. Soy capaz de hacerlo”. Uno se vuelve demasiado seguro de sí mismo, un tanto fanfarrón y tiende a despreciar a quienes son viejos, o no tan rápidos y fuertes como uno mismo, y a impacientarse con ellos. A este tipo de cosas se refiere la intoxicación de la edad temprana.
La intoxicación de la autoridad es lo que llamamos estar ebrio de poder, dejarser llevar por el entusiasmo del ejercicio de nuestra propia influencia. Si te sientes intoxicado por el nacimiento en clase alta, te sientes terriblemente satisfecho de ti mismo debido a tu estirpe, tu procedencia distinguida, la escuela a que fuiste, tu educación universitaria, etc... Esa intoxicación no es hoy en día lo común que era antes. Posiblemente ha sido reemplazada por alguna otra cosa, como la celebridad.
También puede uno estar intoxicado por la riqueza. Esto me recuerda la fábula de la rana y el medio penique. Erase una vez una rana que saltando por un campo se encontró medio penique. Contentisima por haberlo encontrado, lo escondió en su agujero y se sentó fuera hinchada de sentido de importancia porque ahora era la orgullosa duenña de medio penique. Estando así sentada pasó por allí un elefante. La rana exclamó: “¡No pases sobre mi agujero! ¿Acaso no sabes quien soy? Soy la dueña de medio penique. Pero el elefante ni siquiera la hoyó. Fue por su camino y pasó por encima del agujero de la rana. La rana se enfureció tanto que fue tras el trantando de darle de patadas.
Si tu mente está intoxicada puedes llegar a ser así de ridículo y temerario. Pierdes todo sentido de la proporción. Muchas de las necedades que hacemos vienen de ese tipo de ideas exageradas de uno mismo. Cuando estás borracho crees que puedes hacer cualquier cosa, aun cosas estupidas, ridículas y absurdas que normalmente no se te ocurriría hacer. De igual modo, cuando estás ebrio de riqueza, posición social o poder te comportas en cierto sentido tan temeraria y neciamente. Piensas que por ser joven o poderoso, de clase alta o famoso puedes hacer lo que quieras. La intoxicación conduce al exceso de confianza; ésta a su vez a pasarse y a cometer errores; y esto último a desastres de un tipo u otro. La mayoría de nuestros actos torpes no los cometemos por maldad deliberada, sino porque nos dejamos llevar por el entusiasmo y empezamos a cometer errores - por los que, tarde o temprano, tendremos que pagar. Eso es lo que se ha confesado.
“ todo el mal que he cometido, los pensamientos malos, las palabras malas, por un acto mal hecho o por no percivir un fallo; todo el mal que he cometido por la aplicación del razonamiento necio por la mente oscurecida por la ignorancia, bajo la influencia de un mal amigo o por una mente distraída por impurezas...lo confieso todo.”
Esta confesión comprende la bien conocida clasificación en cuerpo, habla y mente. La frase “no percibir un fallo” es de suponer que quiere decir no percibir las desastrosas consecuencias de un acto torpe. La “aplicación de razonamiento necio” podría sustituirse por justificación, un término más moderno. El mal cometido “por la mente oscurecida por la ignorancia” no presenta dudas.
¿Pero las presenta el mal cometido “bajo la influencia de un mal amigo”? ¿Qué será eso? En el Sutta Sigalovada se describe al mal amigo como aquel que dice “Venga, vayamos a escuchar el canto, vayamos a unirnos a la danza, vayamos a ver a las chicas”. En jerga actual éste sería alguien que se te lleva a ver una película verde, quizá.
El mal cometido por “una mente distraída por impurezas”, sirve para recordarnos que muy poca gente comete actos malos por maldad deliberada. Más bien es necedad, mala memoria y falta de atención. El Dr. Radhakrishnan dijo en una conferencia sobre el Buda que éste creía a la gente necia en vez de mala, ignorante en vez de rebelde. En el cristianismo, por supuesto, se sigue una línea un tanto distinta.
“todo el mal cometido bajo la excitación de los juegos y el disfrute...lo confieso todo”
Con juegos quiere decir jugar, jugetear. Algunas veces se está uno divertiendo tanto que empieza a hacer algo realmente necio e incluso imprudente. Uno se deja llevar por el entusiasmo. Esto solía ocurrir a veces en los primeros retiros que dirigí en Inglaterra. En aquellos tiempos, la gente o se ponía tan “atenta” que estaba rígida y consciente de sí en modo incómodo, o tan espontanea que organizaba un disturbio. Mi tarea como instructor en el retiro era tratar de llevarlos al camino medio. Hubo una ocasión en que algunas mujeres en un retiro perdieron su atención consciente hasta tal punto que cuatro o cinco de ellas empezaron a correr por los pasillos chillando.
Uno de los grandes problemas de la vida espiritual es como sentir disfrute y positividad pero a la vez mantener la atención consciente - pero no una atención consciente que te haga caminar como si llevaras una armadura. El arte de la vida espiritual es seguir el camino medio que consiste en mantenerse conscientemente atento, sabiendo exactamnte lo que estás haciendo, y al mismo tiempo ser libre, espontáneo y alegre.
Recuerdo que una vez, durante los primeros tiempos del AOBO, visité una de nuestras comunidades de hombres para algún tipo de celebración. Sin embargo, cuando llegué allí el ambiente tenía muy poco de festivo - era un tanto tieso y nada alegre y me pregunté que podría estar pasando. Me di una vuelta por el jardín y noté que a algunas tomateras les faltaban las cañas para maternerlas alzadas. Les pedí a dos de los hombres si querían ponerselas. Me dijeron “sí, vale”, en un modo un tanto aburrido y los dejé allí haciéndolo. Cuando regresé unos diez minutos después, me los encontré haciendo esgrima con dos cañas - parecían estar tan felices y contentos; jamás les había visto tan felices. Al mismo tiempo, estaban permitiéndose expresar su agresividad. Cuando reflexioné sobre ello después, concluí que habían estado excesivamente conscientes y no habían permitido emerger su parte más jugetona.
Se aprende a trazar la línea que divide la alegría de la intoxicación cuando eres capaz de notar que estás perdiendo la atención consciente. Por otra parte, si te pones tieso e incomodamente consciente de ti mismo, eso tampoco es la verdadera atención consciente. Tu atención se ha alienado. Muchas personas tienden a empezar su prácitica del budismo poniendose “excesivamente conscientes” (o mejor dicho, falsamente conscientes) porque normalmente parten de estar sin atención consciente en absoluto. Es como si tuvieran que ir al otro extremo por un tiempo y aprender a estar consciente y entonces - no olvidarse de la atención consciente - pero sí dejarse ir un poco y relajarse. Por supuesto, que si no tiene uno cuidado puede irse al otro extremo y tendrá que introducir más consciencia y atención consciente. Se tiene que ver a que extremo se tiende en cada momento y corregir el desequlibrio. El objetivo es alcanzar el terreno medio donde se tiene mucha energía feliz y espontánea pero al mismo tiempo se mantiene la atención consciente.
Aunque la atención consciente es un factor clave para el desarrollo de la individualidad, también lo es la espontaneidad. Aun la espontaneidad de carácter “animal” puede convertirse en una espontaneidad verdaderamente humana e incluso espiritual. Parece que hay cierta energía en la espontaneidad que se refina y se hace más consciente cuando uno se vuelve más atentamente consciente. Seguramente hay personas que deben controlar su exuberancia y buen humor, pero otras neecesitan hacer fluir su energía y exprersarse con más soltura. Puede que necesiten olvidarse por completo de la atención consciente por un tiempo y soltarse el pelo.
Por supuesto, no es que la espontaneidad y la atención consciente vayan una junto a la otra; están completamente mezcladas. Es como la absorción profunda de la actividad creadora. Cuando uno está pintando un cuadro, por ejemplo, su energía fluye libremente, pero a la vez está consciente. Sabe exactamente lo que está haciendo pero no está rígido, todo fluye libremente. Este es el estado del que estoy hablando, pero elevado a un nivel superior de intensidad. A veces ocurre durante una emergencia. Cuando tienes que hacer algo rápidamente, toda tu energía está movilizada, pero al mismo tiempo estás consciente y alerta - sabes exactamente lo que estás haciendo. En una situación de peligro puedes actuar rápida y espontáneamente, pero con eficacia, con consciencia completa de todas las circunstancias.
“todo el mal que he cometido por la asociación con gente innoble, por razones de envidía y de avaricia, o por el defecto de la astucia y la bajeza; todo el mal que he cometido por el fracaso de ganar dominio sobre mis deseos, por razón del miedo en el tiempo en que se aproximan los problemas”
La primera parte de esta confesión es fácil de comprender; la segunda quizás no sea tan obvia. Parece que nos señala que a veces uno está “sin tripulación”, como se decía antiguamente, por miedo a la idea de que se acercan problemas, y uno pierde el control de si mismo, incluso el control de sus deseos.
Esto ocurre frecuentemente en tiempos de guerra. Las personas que viven bajo condiciones peligrosas se vuelven un tanto imprudentes. Es como si la vida ya no fuese lo valiosa que fue antes; “come, bebe y está alegre, pues mañana podrías estar muerto”. Según algunos expertos el comportamiento de la gente durante la guerra tiene explicaciones biológicas. Al ser matada tanta gente, la naturaleza se interesa en reemplazarla tan pronto como es posible, de ahí el abandono de las restricciones morales convencionales. Es como si hubiese un enlace instintivo entre la muerte y la reproducción. La persecución de los placeres antes de la batalla no es ciertamente el resultado de la intrepidez antes de hacer frente a la muerte. Más bien es lo contrario. En cierto sentido, sabes que vas a moir, pero te niegas a comfrontarlo; tratas de agarrarte a la vida y a los placeres compulsivamente hasta el último minuto para ocultarte ese hecho.
Será un cliché la idea de preguntarse que haría uno si le quedaran tres meses de vida. ¿Cómo pasarías ese tiempo? ¿Te darías a la borrachera? ¿Te irías de retiro solitario? ¿Cuál sería tu primer pensamiento, tras haberte sobrepuesto del sobresalto inicial? Probablemente habría algo que lamentarías no poder hacer antes de morir.
“todo el mal que he cometido bajo la influencia de una mente frívola o por la influencia de la pasión y del enfado, o por ser oprimido por el hambre y la sed; todo el mal que he cometido por la comida y la bebida, por la ropa, por razón concerniente a mujeres, por las distintas aflicciones e impurezas; todo el mal que he cometido con el cuerpo, el habla y la mente, malos actos acumulados por las tres vías que haya hecho, junto a otras cosas similares, lo confieso todo.”
“La influencia de una mente frívola” y “la influencia de la pasión y del enfado” enfatizan de nuevo que es muy improbable que uno haga el mal por maldad intencionada. Quizás se piense que el mal cometido “por ser oprimido por el hambre y la sed” - es de suponer que el hurto - no ha de confesarse, ya que de algún modo ha de procurase uno la comida y la bebida. Pero quizás lo que se indica es que uno debería de haber trabajado o pedido limosna en vez de robar. La confesión afín - el mal cometido “por la comida y la bebida, por la ropa” - podría ser mal cometido con medios de subsistencia incorrecta. Cada uno de nosotros puede aportar por si mismo los detalles sobre el mal cometido “por razón concerniente a mujeres” y “por las distintas aflicciones e impurezas”.
“Toda la falta de respeto que haya mostrado por los Budas, las doctrinas e igualmente por los Sravakas, la confieso toda. Toda la falta de respeto que haya mostrado por los Pratyekabuddhas o por los bodhisattvas, la confieso toda. Si he mostrado falta de respeto por aquellos que predican la Buena Ley o por seres meritorios, lo confieso todo”
En cierto modo, esta es una confesión de falta de respeto por las Tres Joyas: el Buda, el Dharma y la Sangha - la Sangha, la comunidad espiritual, queda está representada por los sravakas (los oyentes). Mostrar falta de respeto por los Budas incluye no practicar su enseñanza, además de, por supuesto, ser realmente irrespetuoso ante ellos, si es que viven en tu época. La falta de respeto por las doctrinas quiere decir no escuchar las enseñanzas o no darles la debida atención. En el contexto histórico indio a que se refiere el sutra, la falta de respeto por los sravakas quiere decir - en el caso del laico - no proporcionar lo que necesitan a los discípulos del Buda que son monjes, o dirigirse a ellos con desprecio, o decirles que se marchen cuando llegan en busca de limosna en su ronda.
“Si sin saberlo he rechazado continuamente la Buena Ley o mostrado falta de respeto por mis padres, lo confieso completamente”
Esta confesión es importante no sólo porque vuelve a los padres de nuevo, sino por la nocción de rechazar la Buena Ley continuamente. Viene a ser una confesión de ignorancia culpable. Tienes la oportunidad de escuchar y conocer el Dharma, pero intencionadamente desatiendes tal oportunidad. Por lo tanto, en cierto sentido, estás siempre - sin saberlo- rechazando el Dharma.
“Todo el mal que he cometido por la estupidez, o debido a la insensatez, o por estar lleno de orgullo y arrogancia, por la pasión, el odio y la ignorancia, lo confieso todo.”

Esto es el final de la confesión. Las tres últimas faltas confesadas son, por supuesto, lobha, dvesa y moha, las tres raíces de todos los pensamientos, palabras y actos torpes.


Algo a destacar sobre la totalidad de esta confesión, es que no cita ningún ejemplo concreto. Más bien parece tratar del establecimiento de principios generales, es de suponer que esto es porque los actos indivuales han de evaluarse diferentemente, según las circunstancias. No obstante, los principios generales dados no son tan abstractos. Están lo suficientemente cercanos a nuestra propia experiencia para poder ser aplicados a ejemplos personales relevantes comprendidos dentro de las categorías mencionadas.
Cuando uno hace una confesión, es mejor generalmente ceñirse a los hechos y confesar cosas específicas; en vez de cosas abstractas e ireales. No es necesario confesar el hecho de no haber contemplado el nirvana diariamente durante el último mes; eso se da por sentado. Será más útil confesar todas las cosas pequeñas, mezquinas e impuras que has hecho, como no hacer el fregue cuando es tu turno; ese tipo de cosas. Puede ser muy saludable experimentar una cierta desilusión con uno mismo, ver que no eres la persona decente que pensabas que eras. Tienes todo tipo de pequeñas venas mezquinas y malas. Ves eso claramente y lo confiesas, lo reconoces, lo sacas a la vista. No vasta con hablar en modo seudo-jungiano de “reconocer la sobra”. Tienes que sentirte totalmente avergonzado de ello y realmente querer cambiarlo. No es cuestión de una sobra romántica, es una mancha desagradable y apestosa.
No obstante, como hemos visto a lo largo de este pasaje del sutra, es importante recordar que para la mayoría de nosotros, el mal que hacemos no lo hacemos con maldad intencionada. Hacemos el mal por ignorancia, por error o bajo la influencia de algún estado de ánimo básicamente torpe. No nos ponemos aproposito a hacer el mal.
Por otro lado, en raras ocasiones he conocido a personas que han dicho “es maldad, se que eso es maldad, pero voy a hacerlo de todas formas. Es lo que quiero hacer”. Es casi como si estuvieran poseidos por algún demonio. Están tan atrapados en un sentimiento negativo extremado, ya sea el odio, los celos o el deseo de venganza, que no les preocupa si cometen o no una maldad. Esas personas son, comparativamente, poco comunes, y todavía lo son menos aqellas que se proponen hacer el mal sin razón alguna.
Hay que hacer la distinción entre quienes obran con maldad con conocimiento pleno de lo que hacen y quienes cometen maldades creyendo que obran bien. El hombre que coloca una bomba en un vagón de un tren sabiendo que va a matar y a herir a personas puede pensar sinceramente que no está haciendo una maldad. Quizás diga que lucha por una causa justa, que lucha por la justicia. Si ha de morir gente por la causa, eso es mala fortuna; él lo siente pero piensa que no hay forma de evitarlo. Esa persona no admitirá que esta haciendo una maldad.
Se puede ver una confusión en acción, si bien menos extremada, en el caso de quienes comen carne. Muchos de ellos jamás matarían un cerdo, pero no vacilan en comprar chuletas de cerdo. Aun si existe la nocción en algún sitio en su mente de que hay una conexión entre el matadero y su comida. O quizás es la falta de imaginafción la que les impide hacer tal conexión.
En resumen, no creo que tengamos todos el mismo potencial para el peor tipo de maldad, en el mismo modo que todos tenemos el mismo potencial para la Budeidad. Es difícil predecir lo que alguien haría o no bajo ciertas condiciones, pero siento que hay algunas personas que se negarían a hacer ciertas cosas bajo las circunstancias que fuesen.
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